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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2014

Ucrania
Es posible un sector de izquierda en el movimiento de protesta?

Ilya Budraitskis
Viento Sur


A mediados de diciembre, nuestra afirmacin de que la crisis poltica ucraniana constitua una situacin revolucionaria suscit numerosas crticas. Hubo quien conden el uso de la palabra revolucin en el contexto de Ucrania como una suerte de sacrilegio, pues los acontecimientos de Kiev no tenan nada que ver con la grandeza de revoluciones pasadas. No hubo proclamas sobre el nacimiento de un mundo nuevo ni debates sobre la socializacin de la propiedad, como tampoco se puso en tela de juicio el orden social establecido durante las dos dcadas de rgimen postsovitico. Sin embargo, el contenido poltico de una revolucin puede no corresponderse totalmente con su dinmica: la experiencia real de las masas, su determinacin y su capacidad de autoorganizarse pueden ir muy por delante de su imaginacin poltica. Y si la revolucin fracasa simplemente por falta de un proyecto poltico independiente, no por ello deja de ser una revolucin.

El principal rasgo distintivo, inconfundible, de una revolucin la entrada en escena de las masas insurgentes es la fuerza motriz de este relato. Quienes siguen caracterizando los acontecimientos de Ucrania de conflicto entre elites o de choque entre clanes burgueses pierden de vista lo ms importante: el colectivo Maidn (que incluye a activistas de la mitad de las regiones del pas que desafan al gobierno central) se ha convertido en un factor poltico independiente que ni las autoridades ni los dirigentes de la oposicin parlamentaria pueden manipular fcilmente. Sin la perseverancia y los sacrificios de estas personas a lo largo del mes pasado, probablemente se habra producido alguno de los muchos escenarios de normalizacin posibles, desde una dictadura policiaca hasta una especie de acuerdo de tapadillo entre los enemigos de Yanukvich, que en todo caso cumplira el propsito de apartar a este ltimo del poder y retirarle el apoyo econmico de las elites polticas y econmicas de Ucrania.

La propuesta a Yatseniuk de ponerse a la cabeza del gobierno vino seguida en rpida sucesin de la dimisin del primer ministro Azarov, de la abolicin de las escandalosas leyes del 16 de enero y, finalmente, de la ayuda prestada sinceramente por los partidos de oposicin al restablecimiento del control por las autoridades de los edificios pblicos ocupados por los manifestantes, en un claro signo de consenso entre ambas partes. Yanukvich, la oposicin, la Unin Europea y Putin estn todos unidos en el propsito de normalizar Ucrania. El nico elemento impredecible e incontrolable que se interpone en el camino negociado hacia un acuerdo mutuamente beneficioso es el hecho de que miles de personas decididas se niegan a abandonar la plaza de la Independencia (la llamada Maidn). Su determinacin se parece inconfundiblemente, ms que cualquier otra cosa, a lo que podemos llamar un instinto democrtico: los ciudadanos son ciudadanos mientras se mantengan unidos y sean capaces de responder con violencia a quienquiera pretenda destruir su unidad armada.

Esta democracia directa, aunque surgida directamente de la experiencia, no tiene ninguna prolongacin poltica. Adems, sus fuerzas de choque bien organizadas que ayudaron a la mayora de manifestantes a acabar de eliminar todo lo que quedaba de distancia respetuosa que mantenan con respecto al Estado y la polica se ha convertido en una fuerza bsicamente antidemocrtica. Paradjicamente, sin los defensores ultraderechistas de una dictadura nacional del Sector de derechas nunca habra habido barricadas en la calle Jrushevskogo ni se habran ocupado ministerios para convertirlos en sedes de la revolucin; tampoco se habran producido los acontecimientos que impidieron de hecho la consolidacin de un partido del orden y la proclamacin del estado de excepcin desde arriba. La conciencia de este hecho concita perspectivas terribles, en la medida en que no solo refleja el descontento masivo con el gobierno, sino tambin el deseo de la ultraderecha de tumbar el gobierno y establecer el suyo propio, monopolizando rpidamente el espacio poltico y transformndolo en un rgimen extremadamente reaccionario.

Cuando uno llega a Maidn, al principio tiene la impresin de hallarse en una especie de Pas de las Maravillas poltico: all hay combatientes urbanos batallando con la polica, campamentos autogestionados, centros de informacin, puestos de ayuda mutua, servicios de urgencias autogestionados y comidas calientes. Es un ejemplo paradigmtico de la infraestructura de una insurreccin urbana, cuyos componentes transmiten una verdadera conciencia revolucionaria revestida de un color extrao, inslito: un caleidoscopio de propaganda de todos los partidos y sectas posibles de ultraderecha con incontables smbolos celtas y runas pintadas en las paredes. La disonancia increblemente repugnante entre el contenido revolucionario del proceso y su forma reaccionaria constituye una situacin que no reclama una cuidadosa evaluacin tica, sino una accin encaminada a cambiar este alarmante estado de cosas.

Por supuesto, nadie en esta revolucin ha reservado un espacio para la izquierda, es decir, para quienes podran ofrecer realmente una alternativa al orden establecido que ha generado pobreza, corrupcin, falta de transparencia y violencia estatal. De hecho, es el mismo orden que ha dado lugar a todos los factores que, sin excepcin, han llevado a la gente a salir a la calle y a ofrecer resistencia. La crisis actual de Ucrania es realmente una crisis de la sociedad que queremos cambiar. La sociedad est degradada y amargada y se halla en proceso de desintegracin. Carece casi totalmente de optimismo con respecto a las perspectivas. Los frutos de esta sociedad y su escaso y por tanto crucial optimismo son los hechos revolucionarios en curso. El nacionalismo (que en estos momentos todava es ms civil que tnico), una extraa fe en el potencial de la integracin europea, las instituciones parlamentarias, la falta de resistencia al chovinismo y el deseo de encontrar y neutralizar virus en el cuerpo nacional sano: todo esto es fiel reflejo del nivel de conciencia actual de la sociedad ucraniana, que de todos modos no es esttica ni invariable. Y a pesar del hecho de que las condiciones de partida eran mucho ms favorables a la expansin de la ultraderecha, el resultado de esta batalla por la conciencia y por un programa revolucionario nunca ha estado predeterminado, ni tampoco puede darse por hecho en el momento actual.

Entiendo perfectamente que mi razonamiento puede parecer muy endeble, pero me parece que esta discusin sobre la necesidad y la posibilidad de un Sector de izquierda y su lucha por la hegemona en el movimiento de protesta no solo es importante en el contexto actual de Ucrania, sino tambin de cara al futuro, en el que tendremos que afrontar unas circunstancias similares (si no peores). Recuerdo muy bien cmo justo despus de la primera concentracin masiva contra Putin en el bulevar Chistoprudny de Mosc, el 5 de diciembre de 2011, se organiz una reunin entre los representantes de prcticamente todos los grupos de izquierda existentes. Tras un tempestuoso debate, e independientemente de las diferentes tradiciones y enfoques ideolgicos, una mayora de participantes coincidieron en lo siguiente: 1) nos reconocemos en el incipiente movimiento de protesta y vamos a participar en l, y 2) aceptamos plenamente su heterogeneidad poltica y social y lucharemos por ocupar nuestro lugar en su seno. Ese fue el nivel mnimo necesario de unidad poltica, cuyo resultado ha sido la presencia sistemtica de la izquierda radical en el movimiento de protesta y, sobre todo, la percepcin por parte del movimiento de que la izquierda radical formaba parte de l. El polo rojo que apareca en el movimiento contrataba claramente con el enfoque conservador del Partido Comunista, que de hecho estaba trabajando para la recuperacin de la estabilidad perdida de la maquinaria poltica de la democracia administrada.

Que yo sepa, en diciembre de 2013 no ocurri nada parecido en Kiev. Los grupos de la izquierda radical ucraniana miraron con escepticismo las incipientes protestas, limitndose a desempear un papel pasivo o perifrico. Quienes decidieron apoyar el movimiento y participar en l lo hicieron a ttulo meramente personal, sin ninguna coordinacin. Mientras, los grupos de ultraderecha pudieron alardear de todo su potencial en trminos de disponibilidad personal, mayor incluso que el de sus colegas rusos, y por tanto aprovechar las mejores oportunidades desde el comienzo. Se dedicaron a marginar sistemticamente de la refriega a los pequeos grupos de manifestantes de izquierda. Qu habra ocurrido si desde el comienzo mismo la izquierda radical, uniendo todas sus fuerzas (creo que podran sumar varios centenares de personas), hubiera defendido enrgicamente su derecho de estar en Maidn y expuesto abiertamente sus posturas? Es probable que frente a esta presencia masiva organizada de militantes de izquierda, la derecha de habra abstenido de enfrentarse abiertamente a ellos, debido en ltima instancia al posible efecto negativo para su imagen pblica a los ojos de la mayora de manifestantes no integrados en ningn partido.

Crear un espacio para un Sector de izquierdas sera crucial no solo en el momento actual y no solo de cara a buscar apoyos entre los centenares de miles de manifestantes. Permitira avanzar en la construccin de fuerzas de izquierda radical en la situacin posrevolucionaria que probablemente se abrir en un prximo futuro, cuando finalmente el Partido Comunista de Ucrania (KPU) ponga punto final a su ignominiosa existencia. La reivindicacin de que se prohba el KPU (junto con el rusfono Partido de las Regiones), que corean cada vez ms manifestantes, no solo est conectada con la tradicin anticomunista, sino tambin, y en la misma medida, con el programa poltico del KPU, que ha vinculado su destino inextricablemente a los clanes oligrquicos y al reaccionario lobby prorruso. Desde el comienzo mismo de la crisis, el KPU se opone inequvocamente al movimiento, pide a la polica que tome represalias y, por supuesto, apoya incondicionalmente las leyes del 16 de enero. En cambio, un Sector de izquierda que se presentara desde el comienzo como parte integrante del movimiento, podra haber rebatido debidamente la conexin, generalmente aceptada en Ucrania, entre las alternativas socialistas y el partido bastardo de Petr Simonenko (el KPU). Un Sector de izquierda no solo habra podido reforzar el movimiento desde dentro, sino tambin ofrecerle un programa, desarrollando su vector radical-democrtico, apoyando a proporcionando una dimensin poltica consciente a la creacin de consejos populares en las administraciones regionales ocupadas.

Sin embargo, hoy est claro que se ha perdido una oportunidad. Sin duda prevalecern las fuerzas estabilizadoras y Ucrania volver al modelo variable de consensos oligrquicos entre clanes rivales y partidos electorales. Al mismo tiempo, nada volver a ser igual: una vez disipado el miedo a la fuerza gubernamental, el gusto por la resistencia quedar grabado en la conciencia de una generacin polticamente activa junto con la experiencia de la construccin de barricadas en Maidn. Esto significa que es ms bien probable que la historia brinde a la izquierda radical ucraniana algunas oportunidades ms para aprender de sus errores.

12/02/2014

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article31075

Traduccin: VIENTO SUR

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article8772



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