Portada :: Europa :: Las bombas de Oriente Medio explotan en Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-07-2005

Explosiones en el Metro
El Islam se desquita de nuevo en Londres

Lisandro Otero
Rebelin


Las nuevas explosiones en Londres, ocurridas ayer, sitan al gobierno de Tony Blair ante una crisis de credibilidad frente al pueblo britnico. Hace apenas dos semanas otra serie de explosiones dejaron cincuenta y tres muertes y setecientos heridos, lo cual es de lamentar. El terrorismo no es un mtodo apropiado de lucha porque castiga a inocentes por las culpas cometidas por sus gobernantes.

Desde entonces se tomaron medidas extraordinarias de seguridad, de extremada vigilancia y cautelosa supervisin y todo ello ha sido burlado por los patriotas nacionalistas del Islam. Es evidente que Blair tendr que responder ante el parlamento y una fuerte tempestad va a acosar al gobierno en los prximos das en la Cmara de los Comunes. Una retirada de apoyo es previsible, una demanda generalizada de renuncia, quizs hasta unas elecciones anticipadas. Un gobierno que no puede garantizar la seguridad de sus ciudadanos no merece regir un pas.

Blair ha demostrado que es un astuto alcahuete electorero lo cual le ha permitido engaar a las masas y ocultar los evidentes fracasos de su gestin, el desplome del servicio nacional de salud, el descontrol epidmico de las vacas locas. Ha sido un servil lacayo de los neofascistas en Washington y ha depuesto desvergonzadamente la soberana britnica, convirtiendo aqul pas en una subsidiaria estadounidense.

Si Blair hubiese demostrado algo de dignidad y autonoma quizs pudo haber servido de contrapeso a la agresividad del clan petrolero de Bush. Quizs pudo haber rendido un gran servicio a la humanidad contribuyendo a frenar en alguna medida el mpetu de los halcones norteamericanos. Pero hizo todo lo contrario, los alent, se sum a ellos para beneficiarse del botn de recursos energticos.

Es natural, hasta normal, que los iraques, o los patriotas del Islam, ahora traten de ajustar cuentas con los invasores que se han dedicado a asesinar, incendiar y saquear a Irak. Este nuevo episodio en el sistema de transporte londinense ha sido mejor pensado que el anterior porque las explosiones han sido mnimas y aparentemente no han causado vctimas. Pero el efecto econmico, la repercusin sicolgica, el dao financiero son enormes. De eso se trata, de causar estragos en el imperio que tanta destruccin ha infligido en el Oriente Medio.

En una guerra las acciones destructoras se producen de ambas partes. No es posible que los britnicos crean que puedan ir a Irak a arrasar aqul pas y no recibir la respuesta del Islam ofendido. Quien ataca debe esperar ser atacado. Es importante que las masas britnicas lo comprendan porque en la medida que asimilen el castigo el gobierno laborista se desestabilizar. De haber ocurrido estos hechos antes de las elecciones Blair no habra sido reelecto.

La historia se repite. Cuando ocurri el ascenso del nazi fascismo en la dcada del treinta del siglo pasado, Hitler pudo alzarse retador porque hall un Primer Ministro britnico pusilnime y canijo en Neville Chamberlain, que quiso creer en las promesas de paz para no armar a su nacin amenazada. Existan en Gran Bretaa, como ahora hacia Bush, profundas simpatas hacia el totalitarismo alemn, incluso dentro de la casa real de los Windsor. Ahora los desmanes despticos de los halcones en Washington, sus afanes hegemnicos, su codicia por el control de la energa, tienen, igualmente, una duplicacin en la poltica del laborismo renegado de Blair.

Por ello estas acciones en el sistema de transporte londinense tienen un eco bien lejano, golpean tambin a Bush y a su camarilla y envan un mensaje al mundo: los dbiles tienen instrumentos de represalia a su alcance, los oprimidos pueden impugnar a su agresor.

Es de lamentar que esos ciudadanos britnicos, esos obreros londinenses, gente comn, honesta, trabajadora, sufra en su carne los errores de un gobierno satlite. Es muy deplorable ver muchedumbres aterradas, familias en duelo, infelices asalariados que padecen el efecto del censurable terrorismo. Los patriotas islmicos deban renunciar a ese mtodo de guerra indiscriminada pero las circunstancias los conducen a los recursos de la desesperacin.

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