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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-02-2014

Desbrozando Ideas VI
Lo que persiguen con las interceptaciones

Timolen Jimnez
http://www.farc-ep.co/


Los sucesivos escndalos con relacin a las interceptaciones telefnicas, correos electrnicos y otras modalidades de comunicacin empleadas hoy en da, tienen entre otros efectos el de fijar en la mente de los ciudadanos la idea de que nada existe por fuera del control del poder. De algn modo, aunque cada quien se sienta asaltado en la intimidad y exprese su indignacin, tambin se va haciendo a la idea de que se trata de algo irresistible contra lo que resulta intil luchar.

Porque cmo evitar que se nos vigile, siga, persiga, intercepte? En quin individualizar responsabilidades cuando se descubre que se es vctima? En la Fiscala, en la Polica, en la Inteligencia Militar, en la Procuradura, en la CIA, en la inteligencia presidencial, en los hackers que trabajan para cualquiera de ellas u otras tantas de las fuerzas oscuras que operan en el pas? Al fin y al cabo todas trabajan en secreto y tienen cmo echar tierra sobre sus deposiciones.

As las cosas, no es de extraar que la gente termine aceptando su suerte. Todos estamos monitoreados, aunque quizs la mayora jams lleguemos a enterarnos de ello. As que es mejor vivir como si no ocurriera. El consabido refrn segn el cual el que nada debe nada teme, contribuye a la aceptacin sumisa del acoso estatal. Una mentalidad conservadora puede defender incluso que tales prcticas redundan en una mejor y ms sana conducta social.

Al peligro que se cierne sobre la sociedad como consecuencia de la familiarizacin con la cotidiana violacin a su intimidad por parte de un Estado violento, se aade otro de mayor calado, la creencia de que quienes tienen motivo para preocuparse por ello son los criminales que violan las leyes. Cada manifestacin de inconformidad por esa vigilancia puede ser juzgada como delacin de la propia culpa. Por algo ser que reniegan, qu es lo que tienen que ocultar?

An puede intentarse ir ms all. Como en este pas se intercepta a todo el mundo, y ni siquiera se sabe con exactitud quin lo hace ni quin lo ordena, pero cada vez con mayor frecuencia se divulga un nuevo escndalo por la publicacin de interceptaciones, de algn modo la sociedad tambin va siendo empujada a acostumbrarse a condenar de antemano a los involucrados, sin siquiera preguntarse por la veracidad de las informaciones suministradas.

Basta con que cualquier medio de amplia circulacin, es decir abundantemente patrocinado por los poderes econmicos que inspiran el poder poltico, d a conocer al pblico la noticia sobre las interceptaciones que dan cuenta de la comisin de un hecho punible o socialmente repudiable, para que los supuestos sealados resulten condenados sin conmiseracin. Sin que siquiera se pregunte por la realidad de tales interceptaciones, por su autenticidad y seriedad.

Ya ni siquiera interesa averiguar si fueron producto de los procedimientos legales requeridos o si fueron realizadas por funcionarios competentes y probos. La fuente legitimada a la fuerza de las interceptaciones diarias lo dice y con eso resulta suficiente. A menos que se trate de escndalos en los que se encuentre involucrado el propio poder o sus ms fieles allegados. En ese caso, desde el Presidente de la Repblica para abajo todos saldrn a manifestar sus dudas.

Es que el poder y sus usufructuarios estn eximidos de cualquier responsabilidad. Escndalos como el de Andrmeda pueden generar alguna bulla en la prensa, pero sern echados al olvido tan rpidamente como surgieron. Las recientes denuncias de la revista Semana, basadas en acceso a interceptaciones, que destapan la olla podrida del corrupto espritu de cuerpo reinante en las criminales fuerzas armadas del Estado, sern cubiertas muy pronto con tierra.

De hecho poco credibilidad despiertan la indignacin presidencial y sus comisiones especiales de investigacin, tratndose de alguien a la vez tan cercano a todo eso de los falsos positivos y dems violaciones flagrantes de los derechos humanos y normas humanitarias que caracterizan la guerra contrainsurgente. Un Presidente que estima ese accionar como el factor fundamental para tener sentada en la Mesa a las FARC, no va a propiciar que se destapen secretos nauseabundos.

Entonces aparece clara y ntida la funcin de tales escndalos sobre interceptaciones. En ningn momento se persigue con ellos que se condene una verdad infamante. El reptil del poder no va a morderse la cola. En cambio s, conseguir la condena inmediata de quienes no hacen parte de los crculos del poder y sobre los que se revela en cualquier momento considerado oportuno, cualquier trama concebida y planeada de antemano para obtener su hundimiento definitivo.

Es el caso de las recientes revelaciones de Blu Radio en torno a las presuntas interceptaciones a las comunicaciones de la delegacin de las FARC-EP en La Habana, que incluyen supuestas conversaciones de su mximo comandante refirindose a diversos actos criminales. Ninguna de tales comunicaciones tiene el ms mnimo asidero en la realidad, todas ellas son creacin mal intencionada de quizs cul servicio de inteligencia, pruebas prefabricadas en la impunidad total.

Si algn perito imparcial asumiera una investigacin sobre su autenticidad, de entrada descubrira que se trata de un burdo montaje. Pero, como a quienes se involucra con esta tramposa maniobra son a las FARC-EP y sus mandos, tal confrontacin jams ser realizada. A nadie del poder le interesar hacerlo. Lo importante es que las FARC han sido de nuevo embarradas y su doble moral puesta al descubierto. Relamindose, los editorialistas de la gran prensa ya supuran su veneno.

As que consiguen que la gente acepte las interceptaciones y violaciones a su intimidad como procedimientos normales en un Estado que lo puede todo en la lucha contra sus enemigos reales o imaginarios. Luego, que considere ciertas todas las revelaciones sin preguntarse por su veracidad. Y finalmente que condene de manera implacable a los involucrados, siempre que se trate de gentes ajenas al poder. Sobre todo si se hallan en la oposicin o la rebelda.

Y se atreven a llamar a eso democracia y libertades de prensa e informacin. Cuando a semejantes manipulaciones mediticas de la mentalidad colectiva no les cabe otro nombre que el de totalitarismo fascista. Afortunadamente en Colombia la gente ya no traga entero. Existen medios alternativos y un inmenso afn popular por conocer la verdad. Los clculos de esta oligarqua convencida de perpetuarse en el poder van a resultarles fallidos. Eso se ve a simple vista.

Montaas de Colombia, 18 de febrero de 2014.


Fuente: http://farc-ep.co/?p=2913



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