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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2014

El Modelo Social Europeo: rquiem por una ilusin colectiva

Luis Buenda
Colectivo Novecento


Escriba hace poco Jean-Paul Fitoussi que Europa es hija de la economa y hurfana de la poltica. Teniendo en cuenta que cualquier mecanismo redistributivo parte de la esfera poltica para operativizarse a travs de mecanismos econmicos, la de Fitoussi es ciertamente una metfora acertada a la hora de evaluar el alcance social del proceso de construccin de la Unin Europea (UE). En las siguientes lneas, vamos a fundamentar nuestra discrepancia con la idea de que ha existido (o existe) un Modelo Social Europeo, y lo haremos a travs de tres argumentos: 1) la existencia de una diversidad de sistemas de proteccin social dentro de la UE, con grandes divergencias entre s; 2) el punto de partida de la UE, muy concentrado en variables con efectos nulos o negativos en trminos redistributivos; y 3) el papel de la UE tras el estallido de la crisis.

El anlisis de los sistemas de proteccin social vigentes en los pases de la UE nos remite a los trabajos que han tratado de estudiar los Estados de bienestar, concretamente, en dichos pases[1]. Estos trabajos admiten la existencia, no slo de diferencias entre esos pases sino entre grupos de pases. As, desde los textos ya clsicos dentro de este mbito de conocimiento, nos encontramos con clasificaciones en funcin de las ideologas que defendan los partidos polticos hegemnicos en cada grupo de pases, de manera que se hablaba de rgimen socialdemcrata (para los pases nrdicos junto a Austria, Blgica y Pases Bajos), rgimen conservador (para los pases del centro de Europa, entre ellos Francia y Alemania, adems de Finlandia) o de rgimen liberal (para Irlanda, el Reino Unido y otros pases no europeos de tradicin anglosajona). Estos estudios fueron mejorados con el tiempo, de manera que se incorporaron pases que, en un principio, haban sido dejados de lado, como es el caso de los pases del Sur, y se recogieron los cambios acaecidos en los diferentes pases, dando lugar a modificaciones en los grupos propuestos originalmente[2].

En todo caso, lo interesante es detectar que, por una parte, los pases nrdicos, donde haba predominado la socialdemocracia, construyeron Estados de bienestar notablemente ms amplios (por contar con una generosidad mayor en sus prestaciones monetarias, unos servicios pblicos universales y gratuitos o casi gratuitos- y una apuesta por el pleno empleo, incluso en momentos de desaceleracin econmica, con ms intensidad que en otros grupos de pases). La otra conclusin clara es que las divergencias entre grupos de pases eran evidentes: es cierto que Europa presentaba, en conjunto, una serie de rasgos distintivos respecto de otros pases, empezando, por supuesto, por EEUU, pero tambin haba dentro de Europa pases o grupos de pases, cuyos Estados de bienestar seguan un modelo similar al estadounidense (los anglosajones, que fueron intensificando esas semejanzas desde los aos ochenta bajo la gida del neoliberalismo[3]). Es ms, la literatura ms reciente sobre estos asuntos, desvela cierta tendencia a la convergencia solamente en los ltimos aos, justo antes del estallido de la crisis, pero adems, esa convergencia ha sido para acercar los pases con Estados de bienestar ms generosos a los modelos anglosajones (aunque es evidente que las diferencias an existentes sean notables). Por el contrario, en los pases del Sur de Europa han prevalecido las diferencias institucionales que les separan de sus vecinos septentrionales[4].

Lo importante en todo caso es tener clara la ausencia de un patrn comn a todos los pases europeos, ausencia que impide hablar de un Modelo Social Europeo como tal. Tiene, por tanto, sentido fijarse en la construccin de la UE y en el tratamiento de los asuntos sociales que implica para examinar si su entramado institucional es el que nos permitira recurrir a tal concepto. En este sentido, la UE en tanto que proyecto poltico, sirvi para aglutinar las esperanzas de grandes franjas de poblacin, en particular en esos pases meridionales ya mencionados, en tanto en cuanto podra servir para atenuar las diferencias existentes entre ellos y los que tenan un mayor desarrollo social.

Sin embargo, la realidad es bien distinta. En el Tratado de Maastricht, que sent las bases para la adopcin del euro, se otorg importancia exclusiva a objetivos de ndole monetaria (inflacin reducida, techos de dficit pblico, etc.) que, precisamente, dificultaban polticas expansivas de gasto, es decir, las polticas que permiten la consolidacin y expansin de los Estados de bienestar. Adems, desde muy pronto se excluy cualquier objetivo relacionado con la tasa de desempleo. Solamente ms tarde se trat de corregir este defecto en tratados posteriores (primero en el Tratado de msterdam y despus en la Estrategia de Lisboa), lo cual, posiblemente en parte gracias a los incentivos introducidos en dichos programas, deriv en un aumento de las tasas de empleo (de lo que no podemos estar seguros porque estos objetivos nunca tuvieron el mismo grado de obligatoriedad que los que surgieron de Maastricht). No obstante, a la laxitud en las exigencias se le sumaron unas metas respecto a qu tipo de empleo crear, en el mejor de los casos, etreas respecto a qu es empleo de calidad, y de nuevo, la UE perdi una oportunidad para convertirse en algo parecido a un modelo social.

Donde s se aprovecharon mejor las oportunidades en esta materia fue en la creacin de una serie de fondos que sirvieran para reducir las diferencias entre pases dentro de la UE. En efecto, con el fin de mejorar la cohesin social interna, se pusieron en marcha unos mecanismos redistributivos para beneficiar a las regiones menos desarrolladas, la mayora de las cuales se encuentran en pases meridionales. Sin embargo, los anlisis sobre los efectos de tales polticas demuestran que si bien la convergencia que nominal (basada en los indicadores monetarios de Maastricht) fue notable, la real (a partir de los niveles de vida) qued ms rezagada. Por el contrario, las asimetras existentes dentro de la UE siguieron siendo evidentes, y esas asimetras tenan que ver con la existencia de una divisin europea del trabajo que aqueja al patrn tanto de especializacin productiva como comercial y deja a los pases meridionales en una situacin de cuasi-periferia dentro de la UE[5].

As pues, parece que ni considerando los pases individuales (o por grupos) ni el proceso de desarrollo de la Unin Europea podemos encontrar signos de la existencia de algn Modelo Social Europeo. Pero adems, los acontecimientos que se han venido sucediendo tras el estallido de la crisis parecen apuntar a tendencias opuestas. Ello es as porque la UE ha quedado convertida en un mecanismo disciplinador que ha tenido por objetivo exclusivo la devolucin de la deuda, en particular, de los pases de la periferia europea, es decir, desempeando un papel similar al del Fondo Monetario Internacional en las crisis de los pases del Sur global. Es ms, como se apunta desde el propio Consejo Europeo, las polticas de austeridad impuestas desde los gobiernos europeos con la complicidad, si no la presin de las instituciones vinculantes de la UE estn provocando una dislocacin social de tal magnitud que estn afectando directamente a los derechos humanos ms bsicos[6].

Por lo tanto, desde nuestro punto de vista, resulta difcil considerar la existencia de un Modelo Social Europeo que, salvo alguna excepcin menor, vaya ms all de una ilusin colectiva. Esta ilusin ha servido para legitimar un proceso de construccin europeo que ha perseguido hasta la fecha intereses poco democrticos (al acentuar el poder de las lites europeas). Esto no quiere decir que deba darse por bienvenida la tendencia de euroescepticismo que puebla numerosos pases europeos, ms bien al contrario: dadas estas circunstancias parece ms necesario que nunca tratar de canalizar el sentimiento europesta (que es mucho ms real, como hemos dicho, que el propio Modelo Social Europeo), por medio de movilizaciones sociales, hacia la construccin horizontal de una realidad supranacional no basada en variables monetarias sino reales.


[1] Vase una relacin de los principales de estos estudios en W. Arts y J. Gelissen, Three worlds of welfare capitalism or more? A state-of-the-art report, Journal of European Social Policy, 12 (2), 2002, pp. 137-158.

[2] M. Ferrera, The Southern Model of Welfare in Social Europe, Journal of European Social Policy, 6 (1), 1996, pp. 1737.

[3] Un buen anlisis del proceso se puede encontrar en P. Pierson, Dismantling the welfare state?: Reagan, Thatcher and the politics of retrenchment, Cambridge (Reino Unido): Cambridge University Press, 1994. Sobre el neoliberalismo en general, D. Harvey, Breve historia del neoliberalismo. Tres Cantos (Madrid): Akal, 2007.

[4] J. OConnor, The Convergence in European welfare state analysis: convergence of what? en J. Clasen y N. Siegel (eds.), Investigating Welfare State Change. The Dependent Variable Problem in Comparative Analysis, Edward Elgar, Cheltenham (Inglaterra), 2007

[5] F. Luengo e I. lvarez, Desde los desequilibrios comerciales a la crisis econmica en la Unin Europea en P. J. Gmez, Economa Poltica de la Crisis, Editorial Complutense, Madrid, 2011. Vase tambin, J. P. Mateo y A. Montero, Las finanzas y la crisis del euro. Colapso de la eurozona, Popular, Madrid, 2012.

[6] N. Lusiani e I. Saiz, Safeguarding human rights in times of economic crisis, Estrasburgo (Francia): Consejo de Europa (Comisariado de Derechos Humanos), 2013.

Publicado en el Nmero 4 de Galde. (Versin en PDF disponible para su descarga aqu.)

Fuente: http://colectivonovecento.org/2014/02/24/el-modelo-social-europeo-requiem-por-una-ilusion-colectiva/



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