Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2014

Entrevista indita a Daniel Bensad
"La hiptesis de un 'leninismo libertario' sigue siendo un desafo de nuestro tiempo

Jorga Sanmartino
Democracia Socialista

El siguiente reportaje fue realizado por Jorge Sanmartino con motivo de la visita de Daniel Bensad a nuestro pas en abril de 2006.


-Jorge Sanmartino: En la conferencia que diste en Buenos Aires, en la sede de CLACSO, mencionaste que la globalizacin no elimina los paradigmas con los cuales pensamos la poltica pero s sacude todo el sistema de conceptos de la modernidad abierta en el siglo XVII. En qu medida estos conceptos han sido reformulados, o mejor dicho, qu debemos reformular y qu consecuencias tiene para la lucha de clases socialista?

-Daniel Bensad: Slo quera destacar la amplitud del cambio de poca. Desde la cada del Muro de Berln y la desintegracin de la URSS, los historiadores hablan mucho del corto siglo XX, como si simplemente se hubiera vuelto a cerrar un parntesis abierto por la Primera Guerra Mundial y la Revolucin Rusa y acabado con lo que ellos consideran el fin del comunismo. Esta periodizacin permite tratar a Marx y a su herencia como un perro muerto, presentando el retorno a los filsofos liberales del siglo XVII -Hobbes, Locke- o a Tocqueville y a los padres fundadores de Estados Unidos como la ltima palabra de la filosofa poltica. Es notorio adems que los 90 estuvieron marcados en el debate intelectual, al menos en Europa, por la vuelta de tuerca de esta filosofa que intenta reducir la poltica a una moral de gestin rechazando la carga conflictiva de la cuestin social. Alain Badiou lo subray mucho en Podemos pensar la poltica? (1985) y en su Metapoltica (1998), as como lo hizo Jacques Rancire en Al costado de lo poltico.

En realidad el problema es mucho ms profundo. Lo que trastorna la globalizacin es el conjunto del paradigma poltico de la modernidad tal como se constituy y se sistematiz, de la Revolucin Inglesa de Cromwell a la Revolucin Francesa: los conceptos de soberana, territorio, frontera, pueblo, nacin, derecho internacional interestatal y guerras nacionales se articularon para proporcionar el marco del pensamiento poltico. Hay una ilustracin muy interesante de esto en el curso de Foucault sobre Seguridad, territorio y poblacin, que se refiere justamente a este perodo. Lo importante es que las polticas -revolucionarias- de subversin del orden establecido utilizaron prcticamente el mismo dispositivo conceptual dndolo vuelta: ciudadana pero social, soberana pero popular, liberacin del territorio, socialismo estatal o nacional, etc. Es totalmente banal en las relaciones de subalternidad, tal como Gramsci las entendi bien. Pero es tambin lo que determin las grandes hiptesis estratgicas resultantes de las experiencias de las revoluciones rusa, china, vietnamitas, as como de las derrotas de las revoluciones alemana y espaola de los aos 20 y 30. La huelga general insurreccional -hiptesis de Octubre- tiene por desafo la toma de la sede de un poder oficial centralizado: la capital, cabeza de la nacin, transformada en Comuna. No solo la de Pars en 1871, sino tambin la de Petrogrado en 1917, Hamburgo en 1923, Barcelona en 1937, etc. La guerra popular prolongada tiene por desafo la liberacin de un territorio como desenlace de un doble poder institucionalizado territorialmente. Se trata obviamente de modelos lmite o de ideales-tipo cuya realidad presenta siempre variantes hbridas, y es por eso que prefiero el trmino ms flexible -por estar sujeto a la prueba de la prctica- de hiptesis estratgicas.

Ahora bien; desde el inicio del contraataque y la contrarreforma liberal -los aos de Thatcher y Reagan-, el debate estratgico parece haber cado a su grado cero -lo que yo llamo un eclipse de la razn estratgica- en favor, por un lado, de las retricas estoicas de la resistencia: mantenerse, no ceder, seguir siendo fiel, ante lo inaceptable, incluso si no se cree ms en otro mundo posible. Y por otro lado, en favor de lo que yo llamo una teologa del milagro circunstancial: Badiou y, bajo formas ms moderadas, Holloway o Negri. Es justamente porque las categoras en las cuales se teorizaron las ltimas experiencias revolucionarias, sin ser completamente permitidas, y sobre todo sin ser sustituidas, se tornan insuficientes para pensar el presente de la poltica. No tomar ms que dos ejemplos.

Toda estrategia implica cuestiones de espacio y de tiempo, y de relacin entre ambos -lo que resuma bien la frmula de Mao: ceder espacio para ganar tiempo-. Desde hace dos siglos, las clases antagnicas se enfrentan principalmente, no exclusiva pero s principalmente, en un espacio estratgico comn que es el espacio nacional delimitado por sus fronteras y centralizado por un Estado. Por supuesto, vivimos desde hace tiempo una pluralidad de espacios: hogar, barrio o pueblo, regin, nacin, continente y mundo. Pero entre estos espacios haba hasta cierto punto uno dominante: el nacional. Contrariamente a lo que tienden a decir Negri y Hardt, ese espacio no desapareci. Pero si por un lado se imbrica cada vez ms estrechamente a espacios continentales o mundiales, a la vez se disgrega por las llamadas polticas de descentralizacin. Adems los distintos estratos sociales de la poblacin tienden a evolucionar en espacios de representacin y representaciones del espacio diferentes: si las lites europeas que siguen el curso de la Bolsa de Tokio y Nueva York y circulan habitualmente por los aeropuertos internacionales tienen una experiencia vivida del espacio europeo o mundial, es probable que jvenes relegados en los guetos de suburbio y surgidos de una reciente inmigracin vivan en otra dimensin de espacio.

En particular, no es seguro -dada la crisis del sistema escolar y la precariedad masiva- que ellos conciban el espacio nacional como una referencia concreta o que el espacio europeo sea algo ms que un espacio monetario: su espacio vivido est ms probablemente encuadrado entre el horizonte limitado del barrio o la ciudad y el espacio imaginario del pas de origen -que la mayora no conoci y al que no volvern- o de un espacio tambin imaginario de una comunidad religiosa. Definir un espacio estratgico comn, en el cual el nivel nacional sigue siendo probablemente el eslabn decisivo, supone entonces una especie de escala mvil de los espacios estratgicos que articulan estrechamente las acciones a nivel local, nacional e internacional, ms todava de lo que los articulaba la teora de la revolucin permanente, aun siendo pionera en la materia.

Por eso, habiendo ms o menos asimilado al pensamiento revolucionario los conceptos de no contemporaneidad, contratiempo o discordancia del tiempo, me parece hoy igualmente necesario pensar la produccin y la discordancia de los espacios. Los trabajos de Lefebvre o David Harvey pueden ayudarnos a eso.

El segundo ejemplo a debatir, aunque habra otros, sera el del sujeto revolucionario. No pretendo aqu -lo intent en otros lugares- tratar sobre la pluralidad y la unidad estratgica de los movimientos sociales, sino ms bien de la representacin en trminos de sujeto, categora tambin involucrada en lo que yo llamo el paradigma poltico de la modernidad surgido, entre otras cosas, con el ego cartesiano. Esta categora es en cierta medida solidaria de la psicologa clsica y de su vnculo con la poltica: la ciudadana, la conciencia cvica, la opinin del elector, etc. En realidad los grandes sujetos del cambio revolucionario -sobre todo las tres P maysculas: Pueblo, Proletariado y Partido- fueron fantasmas como grandes sujetos colectivos, en consecuencia con una discutible dialctica del en s y el para s, del consciente y el inconsciente. El problema hoy debera plantearse de otro modo: cmo de una multiplicidad de protagonistas que pueden reunirse por un inters negativo comn -de resistencia a la mercantilizacin y privatizacin del mundo-, hacer una fuerza estratgica de transformacin sin recurrir a esta dudosa metafsica del sujeto. No obstante, aclaro que para m la lucha de clases no es una forma de conflicto entre otras, sino el vector que puede atravesar los otros antagonismos y superar los lmites de clan, capilla, raza, etc. Abord estos temas en Cambiar el Mundo, editado en espaol.

Todo esto para decir que el nuevo ciclo, an balbuceante, iniciado desde hace una quincena de aos, no reclama un retorno a las filosofas polticas pre (o contra) revolucionarias -incluso la vuelta a las Luces, cuando se opone su humanismo abstracto a la Revolucin Francesa y al Terror, puede volverse reaccionaria-, sino una profundizacin y ampliacin del legado de Marx, cuya actualidad es la del propio Capital, a la prueba de la globalizacin capitalista. Como deca Derrida: no hay futuro sin Marx; con, contra, o ms all, pero no sin l! Esto no significa un peregrinaje religioso a las fuentes de un marxismo original, sino que no se pensar el presente sin pasar por all; tan cierto es -como repeta Deleuze- que se reinicia siempre por el medio.

-JS: Cmo deberamos pensar una escala mvil de espacios estratgicos y qu asociacin puede hacerse con el concepto de la reformulacin espacio-temporal estudiada por David Harvey?

-DB: Ya hice referencia a la utilidad que pueden tener a este respecto los trabajos de Harvey. Pero pienso que se trata de sacar las consecuencias polticas. Tomar un ejemplo de esta escala mvil un poco misteriosa si uno se queda en las generalidades, en el caso de Francia y Europa. Creo, a diferencia de Negri, como lo dije en la pregunta anterior, que el eslabn nacional sigue siendo importante ya que el Estado-nacin se debilita pero no desapareci. Sigue estructurando las relaciones de fuerzas sociales: el mercado laboral sigue segmentado nacionalmente y no tiene la fluidez de la circulacin de las mercancas y capitales. Estas relaciones de fuerza estn en parte incluidas en relaciones jurdicas -derechos sociales, sistemas de proteccin social, cdigo laboral- determinadas por las historias nacionales y las luchas sociales correspondientes.

Por otra parte, incluso si una parte creciente del derecho es producida a nivel europeo, son an los Estados los que deben decidir, por unanimidad en la mayora de cuestiones o por mayora cualificada. Asimismo ms del 90% del derecho internacional sigue siendo un derecho de tratados, o sea un derecho interestatal, en ausencia de poder constituyente o legislativo supranacional. As, si el referndum sobre el Tratado Constitucional Europeo -en efecto, es un tratado ratificable por los Estados- hubiera tenido lugar por mayora en un espacio europeo comn, es probable que el S al Tratado liberal hubiese ganado y sido ley para todos los pases miembros, incluso aquellos como Francia u Holanda donde el No era mayoritario. En cambio la victoria del No en Francia y Holanda revela -ms que provoca- una crisis del proyecto liberal de la construccin europea, modifica la relacin de fuerza, deslegitima las polticas liberales y puede servir de palanca o de aliento a la lucha en pases vecinos cuya poblacin perciba el Tratado sin entusiasmo como una fatalidad a la cual resignarse.

El nivel nacin sigue siendo entonces importante, sobre todo como punto de apoyo para la defensa de conquistas sociales, y no es inevitablemente nacionalista o chauvinista como pareca creer Negri. Al contrario: en Francia, el No de izquierda super al No de derecha oponindose a l, en particular, sobre la cuestin de la inmigracin, la solidaridad con los indocumentados, contra la guerra en Irak y oponiendo un proyecto de Europa social y democrtica a la Europa liberal. Pero al mismo tiempo, cuando se trata de formular, ms all de la defensa de las conquistas sociales, propuestas transicionales de contraofensiva -sobre los servicios pblicos, la moneda comn, las polticas presupuestarias, la armonizacin de los derechos sociales, las polticas ecolgicas, etc.- es preciso tomar la iniciativa al menos a nivel europeo, ya que es a este nivel que hoy se puede iniciar eficazmente una reactivacin econmica y social, un ordenamiento ecolgico del territorio, una red de transportes pblicos, una poltica de energa, etc. A la vez, hay que oponer a la descentralizacin liberal competitiva en las regiones -que transfieren las cargas presupuestarias en materia de educacin o equipamientos sociales a las provincias-, una descentralizacin autogestionaria y democrtica. Lo mismo sobre cuestiones como las polticas de salud, los acuerdos sobre medio ambiente y hasta los temas militares.

Efectivamente, la discordancia de los espacios no se refiere a una escala poltica sino a la disociacin de distintas funciones espaciales. Retomemos el espacio de la Unin Europea. Existe un espacio institucional -Comisin de Bruselas y Parlamento de Estrasburgo-, un espacio judicial y policial -llamado de Schengen-, uno e incluso varios espacios militares -la OTAN y tambin los pactos intra europeos-, un espacio jurdico -el Tribunal de Luxemburgo-, sin hablar de las cooperaciones reforzadas que asocian un nmero variable de pases socios en funcin de los temas en cuestin. Estos distintos espacios no se superponen. En cada caso cubren conjuntos territoriales diferentes y asocian socios estatales diferentes. Por eso creo, aunque el nivel de los Estados nacionales sigue siendo determinante en la cadena de poderes, que debemos acostumbrarnos a una clase de gimnasia estratgica para intervenir simultneamente a estos distintos niveles y establecer las alianzas estratgicas correspondientes desde el punto de vista de los oprimidos.

-JS: En los ltimos aos han tenido una importante repercusin dos espacios tericos muy diferentes. Uno se refiere a lo que se denomina genricamente el autonomismo, que ha hecho hincapi en la idea de la dispersin del poder, el anti-poder y la celebracin idealizada de la espontaneidad desorganizada y horizontal. El otro, revaloriza la accin poltica como momento del acontecimiento contingente. El posmarxismo en particular estructura su teora mediante espacios articulatorios discursivos constitutivos de hegemonas, pero rechazan algn anclaje social para sus prcticas articulatorias. Qu espacios quedan entre el territorio espontneo y anti-estatal del autonomismo, y la poltica sin anclajes sociales o condicionantes estructurales, expresados tanto en el acontecimiento inesperado y a-condicionado de Badiou, como en el anteriormente mencionado pluralismo contingente de Laclau?

-DB: A menudo escrib, sobre todo en polmicas acerca de los libros de Negri y Holloway, que en esas retricas del antipoder -o de cambiar el mundo sin tomar el poder- hay ms bien la seal de una dificultad o una impotencia que de un comienzo de solucin. La dispersin de los poderes tiene una parte, pero solo una parte de verdad, en la medida en que la frmula abarca una multiplicacin de las formas, lugares y relaciones de poder. Pero en esta dispersin todos los poderes no son equivalentes: el poder del Estado y el poder de la propiedad no se disuelven en las redes -o rizomas- de poderes, y siguen siendo los desafos estratgicos centrales. Adems, mientras que estos discursos sobre la espontaneidad, la accin descentralizada y una lgica de las afinidades opuesta a la lgica de la hegemona -tema de un reciente libro de Richard Day publicado en Canad-, la sociedad lquida contra la sociedad slida, etc, pretenden superar las trampas de la hegemona del capital sobre las formas de oposicin de los dominados, en realidad los movimientos flexibles en red no hacen ms que reflejar de nuevo la organizacin flexible y reticular del capital globalizado.

Ms all de tu pregunta sobre Badiou -he publicado en un reciente nmero de Contretemps una nota crtica hacia l sobre este tema -, creo que dos tipos de problemticas filosficas expresaron valientemente, desde los 80, una negativa a capitular y a someterse al clima -liberal- del momento. Por una parte, un imperativo categrico de resistencia (en Francia, autores inspirados por Foucault como Franoise Proust y yo mismo si se observan los ttulos de algunos de mis libros: Elogio de la resistencia al clima del momento, Teoremas de la Resistencia, Resistencias. Ensayo de topologa general). Por otro lado, una apuesta sobre el acontecimiento no condicionado, surgido de la nada, a la luz de milagros, que me parece presente en Badiou incluso si l intenta atenuar esa observacin. Adems muchos textos de Negri o Badiou tienen un tono claramente teolgico. Lo importante es que si el acontecimiento surge de la nada, si nada lo anuncia ni lo prepara, si no hay ms que subjetividades post y no-pre-acontecimientos, entonces todo pensamiento y organizacin estratgica resultan imposibles. No queda ms que la fidelidad al acontecimiento una vez producido ste.

JS: En tu libro Marx Intempestivo reconsiders los temas fundamentales que Lenin abordara sobre las crisis nacionales, las oportunidades decisivas y en fin rescats la poltica como arte frente al determinismo social o la filosofa de la historia. En qu medida ese hincapi imprescindible para revalorizar la vigencia de la accin poltica revolucionaria no debilita la poltica en tanto espacios de poder cotidianos? Me explico: la moda de las polticas contingentes, atemporales, imprevistas, descuidan hasta extinguir las disputas de poder que todo acto cotidiano de la lucha de clases atraviesa. Rancire, por ejemplo, rechazando la idea de que todo es poltica, considera que la dominacin del capital en la vida cotidiana entra en la esfera de las normas de gobierno, pero no de la poltica propiamente dicha. En el campo del marxismo, no tenemos el peligro de despolitizar las fuerzas y dispositivos de poder permanentes, resaltando sobre todo los momentos decisivos y las coyunturas revolucionarias? Despus de todo, slo una acumulacin de fuerzas sociales y polticas de largo plazo, la educacin poltica y la constitucin de hegemona segn Gramsci pueden resolver favorablemente una crisis revolucionaria intempestiva. Cmo conjugar la acumulacin paciente de campos polticos de fuerza con la irrupcin violenta de la crisis revolucionaria?

-DB: Tu pregunta es enorme y plantea muchos -demasiados- problemas al mismo tiempo.

1. La frmula de Benjamin segn la cual desde ahora la poltica precede a la historia est, en su brevedad, llena de consecuencias mayores. Elimina en efecto una concepcin determinista de la historia, o una forma secularizada de predestinacin hacia un paraso reencontrado. Si la poltica precede a la historia, el resultado de la lucha nunca est dicho de antemano. El presente no es un simple eslabn de la cadena temporal que emanara necesariamente del pasado y preparara un futuro igualmente necesario: es un momento, plenamente poltico, de decisin entre varios posibles. De ah la importancia del acontecimiento. Pero ste no es un milagro cado del cielo (del Vaco, segn Zizek o Badiou): se inscribe en un campo de posibilidades histricamente determinadas. Por eso el concepto de crisis, a diferencia del Vaco, es un concepto estratgico esencial que articula lo necesario y lo contingente, las condiciones histricas y el acontecimiento impredecible, etc. Como lo destacaba pertinentemente Gramsci: no se puede prever ms que la lucha y no su desenlace.

2. De all se desprende la respuesta sobre la relacin o vnculo entre el movimiento y el fin, entre la lucha diaria y el objetivo estratgico de la lucha por el poder. Cuando Rancire y Badiou hablan de escasez de la poltica, en oposicin a la polica de la gestin ordinaria -Rancire- o a la institucin que sea -Badiou, as como opone la verdad, que es precisamente del orden de la revelacin circunstancial, al conocimiento-, reducen la poltica a momentos excepcionales, iluminaciones intermitentes, que vuelven difcilmente concebible la accin permanente cotidiana, la acumulacin de fuerzas, la accin sobre las relaciones de fuerzas, en resumen la articulacin entre estrategia y tctica. Prueba de esto es por ejemplo, en Badiou, la oposicin de principio a toda participacin electoral, mientras que si bien es cierto que el terreno electoral es tramposo no por eso es menos constitutivo de las relaciones de fuerzas de conjunto.

Marx a veces coquetea, a su estilo y en un contexto muy diferente, con esta concepcin intermitente de la poltica reservada a momentos de ascenso del movimiento social o de crisis abierta (1848-1852, 1864-1872). Por eso es que en los perodos de reflujo, disuelve las organizaciones que se han vuelto nidos de intrigas mezquinas: la Liga de los Comunistas y luego la Primera Internacional. Se puede decir que su pensamiento, extraordinario en su potencia crtica del orden existente, permanece en estado embrionario -en relacin al estado naciente del movimiento obrero en su poca- a nivel estratgico: El 18 Brumario, los textos sobre La Comuna La revolucin en la revolucin es Lenin, pensador de la continuidad poltica y organizativa entre el movimiento y el objetivo final. Sobre este punto, te remito a mi artculo sobre la poltica como arte estratgico en Cambiar el Mundo. Es l quien sistematiza los conceptos de crisis revolucionaria, doble poder y el partido como operador estratgico. Los debates de la Tercera Internacional sobre el frente nico y las reivindicaciones transitorias -y el aporte decisivo de Trotsky sobre estos temas- y la problemtica de la hegemona en Gramsci se inscriben directamente en este legado.

3. Me pregunts cmo combinar la acumulacin paciente de fuerzas polticas con la irrupcin violenta de la crisis revolucionaria. Es nuestro problema. No hay recetas ni manuales de uso. Sera necesario aqu hacer intervenir la sociologa de las organizaciones. Toda organizacin genera sus rutinas y sus conservadurismos, sus formas ms o menos desarrolladas de burocratizacin. Podemos encontrar formas de resistirlo, pero no escapamos totalmente ya que son efectos del fetichismo, la enajenacin y la divisin del trabajo que caracterizan a las sociedades en las cuales luchamos. Y se lucha siempre en concreto, y en parte en las condiciones de los sectores dominantes. Por eso la pregunta cmo de nada hacer todo es tambin riesgosa. El discurso revolucionario ms intransigente no garantiza nada sobre el comportamiento, ante situaciones crticas, de quienes lo sostienen. Como prueba estn las divisiones del Partido Bolchevique y sus cuadros ms combativos en el momento de la decisin de Octubre.

4. Al mismo tiempo, sin la experiencia colectiva acumulada ni la educacin de una red de cuadros, etc., el Lenin de las Tesis de Abril y la insurreccin no hubiera podido sostener la decisin contra la inercia y la rutina de los cuadros formados en la accin clandestina. La crisis es un cambio de ritmo brutal. Por eso hablo del partido como de una caja de velocidades.

-JS: El neoliberalismo con su globalizacin planetaria se parece mucho a lo que Marx describi en el Manifiesto Comunista. En estas nuevas circunstancias quizs las condiciones de la lucha revolucionaria sean distintas que en el pasado. Vos dijiste que el pensamiento estratgico desapareci de la agenda en el movimiento de la izquierda. En qu condiciones deberamos pensar hoy la revolucin? Sobre qu bases podemos pensar la idea de ruptura, que sea capaz de aprender las experiencias del pasado y conservar la idea de pluralidad como esencia de la capacidad revolucionaria de la clase trabajadora? Pienso sobre todo en los peligros profesionales del poder, en el hiper-politicismo autoritario del estalinismo, que instrument desde los soviets hasta la ideologa socialista en funcin de sus intereses de casta. En resumen, cmo conjugar la lucha de poder y la aspiracin libertaria que Lenin expresara en textos como El Estado y la Revolucin? A la vez, cmo pensar la poltica revolucionaria cuando la globalizacin reconstruye terrenos mundializados de accin poltica?

-DB: Tambin es una pregunta enorme y mltiple.

1. Yo no dije que el pensamiento estratgico desapareci del orden del da: habl de un eclipse de la razn estratgica desde, digamos, los 80. Cmo superarlo? Para eso ser necesario acumular nuevas experiencias fundantes. Ninguna respuesta surgir del cerebro frtil de algn genio. Basta pensar en el tiempo que hizo falta y en las experiencias acumuladas -1848, La Comuna, 1905, 1917, la Revolucin Alemana de 1918-1923, la Repblica de los Consejos de Baviera, etc.- para que tome forma la problemtica estratgica de la Tercera Internacional. Ahora bien; no estamos ms que al inicio de un nuevo ciclo en un nuevo contexto. Ya se ve, bajo el efecto de las situaciones en Venezuela y Bolivia, el balance -negativo- del gobierno de Lula y la explosin de 2001 en Argentina, que el debate se reaviva.

2. La retrica un poco hueca de Holloway, por ejemplo, parece ya en parte muy fija y envejecida. En todo caso, no permite siquiera entrar en la discusin concreta de las situaciones presentes. El giro de la otra campaa zapatista, cualquiera sea su resultado inmediato, es otro indicio de esta reactivacin de las cuestiones polticas de orientacin, tanto a nivel nacional -qu hacer en Bolivia o Venezuela en el contexto concreto de las relaciones de fuerza mundiales-, como qu alternativa continental al ALCA, etc.

3. Vos plantes ms ampliamente la cuestin de la propia idea de revolucin. La palabra evoca una historia larga y compleja. En parte se inscribe en el paradigma poltico de la modernidad que yo citaba: concepcin dinmica de la aceleracin, la nueva semntica de los tiempos analizada por Koselleck y el vnculo con la idea de progreso. Entonces se vuelve problemtico cuando el paradigma mismo es quebrantado. Por eso me parece til distinguir diferentes contenidos evocados por el concepto de revolucin.

4. Lo ms general es la aspiracin milenaria a otro mundo -mejor- posible y un levantamiento contra la injusticia y la desigualdad. El objetivo revolucionario es la expresin, en el marco de la modernidad, de esta gran esperanza de larga data. Est cargada de un contenido ms concreto durante el siglo XIX con el nacimiento de los movimientos socialistas, como lo prueba sobre todo la distincin establecida por Marx, desde Sobre la cuestin juda (1844), entre la liberacin solamente poltica o cvica (la revolucin poltica) y la liberacin humana (o social), as como los revolucionarios franceses de la poca oponan el tema de la Repblica Social al de la mera Repblica, que puede ser una Repblica reaccionaria o colonialista. Este contenido programtico de la revolucin social se cristaliza, a travs de las diferencias entre corrientes libertarias, socialistas o comunistas, en torno a la cuestin de la propiedad y la apropiacin social -cooperativa, autogestionaria, nacionalizada- como alternativa al despotismo del mercado y la propiedad privada. Este tema sigue siendo ms actual que nunca e incluso abarca desde la problemtica de las empresas y servicios pblicos hasta las cuestiones cruciales de los bienes comunes de la humanidad y la propiedad intelectual. En mi opinin, es el punto clave y el contenido que caracteriza a una poltica revolucionaria hoy y que da sentido a la palabra revolucin, mientras que nuestros adversarios quieren hacerlo un sinnimo de violencia. La tercera dimensin ms especficamente estratgica, de las formas de luchas por el poder, de la palabra revolucin hoy est oscurecida tanto por los avatares del siglo XX como por las consecuencias de la globalizacin. Sobre este punto hay que observar el movimiento real de abolicin del orden existente, las nuevas formas que surgen de la lucha de los oprimidos, etc. Nadie haba imaginado la Comuna antes de la Comuna, los Soviets antes de los Soviets, los Consejos Obreros de Turn o las Milicias de Catalua antes de su aparicin. Esta es precisamente la fuerza de innovacin del acontecimiento a la cual los revolucionarios deben seguir estando atentos y abiertos. Por otra parte, aunque no es ste el lugar para abordarlo demasiado superficialmente, habra un debate especfico importante sobre la violencia revolucionaria y la violencia social a la luz de las pruebas del ltimo siglo.

5. Con respecto a la burocratizacin, ya mencion anteriormente la cuestin de los peligros profesionales del poder. Hoy tenemos la ventaja de saber que existen y de conocer mejor sus mecanismos para tambin intentar evitarlos mejor. Para nosotros las relaciones entre movimientos sociales independientes de los partidos y Estados, y organizaciones polticas, quedan ms claras. Son las cuestiones de democracia sindical y tambin democracia en el seno de los partidos. De aqu en adelante consideramos el pluralismo poltico como un principio, conclusin a la que Trotsky mismo en verdad no lleg ms que en La Revolucin Traicionada. Ms en general, la cultura democrtica progres y se apoder de los nuevos medios de comunicacin que permiten, en particular, romper el monopolio de los aparatos centralizados -polticos o sindicales- sobre la informacin. La diversidad de los movimientos sociales y el impacto del feminismo sobre el conjunto de la sociedad y la cultura juegan a nuestro favor. Eso no significa que no siga habiendo una tensin inevitable entre las lgicas de poder y las exigencias de la autoemancipacin, entre lo colectivo y el individuo, entre la norma mayoritaria y el derecho de las minoras, entre el socialismo por la base y un grado necesario de centralizacin y sntesis. Es decir, la hiptesis de un leninismo libertario sigue siendo un desafo de nuestro tiempo.

Fuente original: http://www.democraciasocialista.org/?p=2562



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter