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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-03-2014

La madura intervencin de Unasur

Emilio Cafassi
Editorial La Repblica


El golpismo, como forma extrema de accin para la intromisin en el poder poltico de los pases latinoamericanos, no es slo un horizonte utpico de las derechas ms duras, un ideal a alcanzar, sino una prctica con profundo enraizamiento histrico y multiplicidad de resultados fcticos. No slo en buena parte del Siglo XX en que result una constante asoladora sino en lo que va de este siglo con suerte dispar. Los hubo exitosos y fracasados, con mayor o menor ejercicio de la violencia. Sus embates lo sufrieron Chvez, Morales, Correa, Zelaya, Lugo y en leve medida se insinu tambin sobre Fernndez de Kirchner. Es en consecuencia una asechanza estructuralmente endgena de la regin. Sin embargo, resulta indispensable sealar que no todas las derechas -particularmente las actuales- son necesariamente golpistas, aunque en ocasiones contribuyan, voluntaria o involuntariamente a facilitarle las maniobras y ser indulgentes con l. La historia de cada pas, su cultura cvica y las tradiciones polticas contribuyen a explicar el grado de oxigenacin del tumor golpista que anida en cada uno.

Cuando se piensa en trminos programticos una poltica exterior para una alternativa de izquierda o progresista, como por ejemplo lo hizo pobremente el Frente Amplio uruguayo en su ltimo congreso, es indispensable aplicar un alto nivel de abstraccin de las particularidades de cada pas, para caracterizar las prioridades de conjunto y las posiciones de principio. La primera de las cuales debera ser la defensa del orden constitucional de todos los pases pero sin que resulte divorciada de una actitud antiimperialista consecuente. No es incompatible con el debate, por cierto casi nulo tanto en izquierdas ms radicales como en progresismos ms prudentes, acerca de las necesarias reformas constitucionales que permitan ir superando los lmites de la democracia liberal-fiduciaria del estado burgus. Ampararse en la libre determinacin y la soberana de cada pas sin considerar que el principal violador histrico y actual- de tales valores es el imperio estadounidense y sus aliados europeos, conlleva en la prctica la negacin de esos principios, cuando no un aliento tcito a la aventura golpista.

Si la defensa del orden constitucional convergiera con una poltica antiimperialista, podra llegarse a dos conclusiones preliminares. La primera es que debe anteponerse este principio ante cualquier amenaza de violencia y desestabilizacin contra cualquier gobierno -no exclusivamente con aquellos amigos o ms aliados- y quienquiera fuera el sujeto poltico o social amenazante. La derecha suele discriminar por amistad. Cuando la protesta es contra el chavismo es el pueblo asqueado de la tirana pero cuando son los estudiantes chilenos exigiendo educacin pblica y gratuita, resultan vndalos manipulados por La Habana. Va de suyo que el ideologismo inverso resulta igualmente pueril. Las movilizaciones y protestas no slo deben ser toleradas sino inclusive alentadas, ya que forman parte del enriquecimiento cvico y la participacin popular tan acotada y hasta asfixiada bajo la forma de la representacin fiduciaria. Pero tambin reprimidas todas las formas de violencia. La segunda conclusin es que las acciones diplomticas que adopta el amenazado, deben ser acompaadas por el conjunto. Carece de toda eficacia echar a diplomticos norteamericanos de Caracas si luego reaparecen en Buenos Aires para interponer sus oficios conspirativos.

Creo que es obvio que en este caso venezolano, tambin debe intervenir la Unasur, como lo hizo en ocasiones previas, pero no slo para realizar buenos discursos condenatorios sino para tomar medidas coordinadas en el plano diplomtico. Los principios perseguidos por el imperio son de orden pragmtico: la docilidad y dependencia de los gobiernos locales y los buenos negocios para sus compaas. Con democracia, dictadura o cualquier forma de dominio que los garantice, es decir, sin principios. La chchara de Obama o Kerry respecto a la ausencia de democracia en Venezuela, debera ponerlos en ridculo frente a la opinin pblica, particularmente la de su propio pas. Venezuela es el pas que ms elecciones ha realizado (14) desde la victoria de Chvez en 1998. Pero lejos de ser el mejor indicador, logr la hazaa de conseguir con un sistema electoral no obligatorio (como el estadounidense) que llegue a participar en las ltimas elecciones cerca del 80% de la ciudadana, cifra que duplica la media tradicional de EEUU (y hasta otras experiencias con voto obligatorio) para no mencionar el absurdo sistema norteamericano de eleccin por estado sin reconocimiento de las minoras. A la vez, es el nico sistema electoral que gracias a la reforma constitucional prev el instituto del referndum revocatorio, al que seguramente apelarn los lderes derechistas cuando los plazos lo permitan, como lo hicieron oportunamente con Chvez. Desde el punto de vista de su sistema electoral, por el momento, el venezolano es el que ha alcanzado el mayor nivel de democraticidad, dentro de los ceidos confines del Estado burgus, no slo en el continente sino a nivel mundial, a pesar del reeleccionismo indefinido que tambin permite dentro de un sistema presidencialista. El socialismo del siglo XXI quedar para algn otro momento futuro, aunque cada vez ms lesionado como significante aglutinador de esperanzas de emancipacin social, ante el manoseo del que es objeto. En todos los conflictos del mundo entero, se registra la intervencin de la embajada de EEUU. No es ya momento de repensar los beneficios que apareja su mantenimiento, al menos en su actual status y dimensin? No es ms econmico, polismicamente hablando, restringir la relacin a una simple representacin comercial?

De toda la sarta de propaganda condenatoria que se ha esgrimido como herida a la democracia en Venezuela, la nica que podra contar con alguna verosimilitud es la existencia de presos polticos, para lo cual es necesario probarlo fcticamente. La fiscal general Luisa Ortega inform cifras de 17 muertos y 261 heridos por los hechos de violencia registrados en las protestas, sin contar adems los ataques fsicos a edificios gubernamentales, el incendio de automviles, etc. Es obvio que ante semejantes prcticas criminales haya detenidos y que estn siendo investigados por la justicia. La pertenencia a un bando poltico, cualquiera sea, no puede ser un salvoconducto a la impunidad ni vestir a los asesinos con el disfraz de vctimas perseguidas por su orientacin ideolgica. Tampoco si pertenecieran al aparato represivo. En el marco de la guerra informativa que no slo el golpismo venezolano ha emprendido sino tambin las grandes cadenas informativas imperiales (que incluso han querido hacer pasar como actuales fotografas de otros lugares y pocas), ser muy difcil aseverar o negar el carcter de todas las detenciones. Ms an tan cerca de los hechos, cuando todava no se ha expedido la justicia y cuando la esposa de Leopoldo Lpez, principal lder de las protestas y hoy detenido poltico, afirma en la CNN que fue el gobierno el que resguard la seguridad de su marido, a quin sus propios aliados planeaban asesinar para culpar al gobierno y alentar una guerra civil.

En cualquier caso, vuelve a ser risible que la preocupacin sea la de los lderes estadounidenses. Como sostuvo el ex embajador argentino en Uruguay con quien suelo disentir sobre Argentina- Hernn Patio Meyer: Se precisa no tener vergenza alguna para pedir la liberacin de los presos polticos venezolanos, mientras pese a las promesas electorales, Obama mantiene la prisin de Guantnamo con presos que nadie sabe quines son, ni por qu estn privados de su libertad. Ni de dnde vienen ni hacia dnde van. Agregar que lamentablemente no slo ocurre en ese territorio cubano ocupado, sino en muchas otras partes del mundo donde cuentan con campos clandestinos de tortura y detencin sin la ms mnima garanta jurdica para sus vctimas.

El carcter de la ofensiva se asemeja bastante a la que precedi al golpe de 2002 cuando la oposicin llam a protestas y movilizaciones llevando a ellas sicarios francotiradores que mataron a varios de los manifestantes por ellos mismos convocados, pasando luego a reclamar la intervencin de un sector de las FFAA que detuvo al presidente con el posterior fracaso conocido. Sin embargo, adems de la analoga, hay algunas diferencias notorias. La primera de ellas es que estas protestas y movilizaciones son convocadas ahora por demandas de naturaleza popular que inclusive pueden interpelar a seguidores o electores del chavismo como el deterioro salarial por la enorme inflacin, la ausencia de bienes bsicos y alimentos y la inseguridad. La segunda es la relativa paridad en la correlacin de fuerzas que ha logrado la derecha prcticamente unificada y con capacidad de convocatoria y movilizacin, particularmente en relacin a Maduro, ya que se impuso por un escaso margen de menos del 2% del electorado, aunque su partido, el PSUV, logr en las recientes elecciones municipales, 242 de 317 (76,34%) alcaldas. No es slo el caso de Maduro. Ante la consolidacin de los progresismos sudamericanos, las derechas se estn unificando, apelando adems a tcticas participativas y la correlacin de fuerzas tiende a hacerse cada vez ms equilibrada y polar.

Este escenario plantea la necesidad de redoblar el firme apoyo al gobierno venezolano en general y a Maduro en particular. He escrito varios artculos, an en el apogeo de Chvez, que reflejan mis dudas sobre el chavismo en general y su futuro en particular, que sin embargo no menguan un pice esta conclusin. Pero a la vez, como si no bastaran las revelaciones de Snowden y las reiterativas intervenciones de las embajadas estadounidenses en todos los momentos aciagos de la regin, es hora de que la Unasur se replantee drsticamente la relacin diplomtica con los EEUU y sus aliados.

No ya por Venezuela, sino por el futuro de todos.

Emilio Cafassi. Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano. [email protected]

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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