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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-03-2014

Podemos en Ucrania

Santiago Alba Rico
Rebelin


Produce tanto asombro la posibilidad racional de encontrar analogas entre fenmenos aparentemente disociados, que a veces la razn -o un cierto tipo de razonar- se inclina a buscar slo semejanzas. La resistencia a la analoga y la afirmacin de las diferencias puede conducir a un nominalismo casi solipsista en el que cada cosa se expresa slo a s misma, sin relacin con las dems; por el contrario, la tentacin de la analoga puede llevar a establecer conexiones epidmicas que acaban disolviendo todas las especificidades concretas en una red de voluntades abstractas y opuestas. La primera tentacin se llama autismo; la segunda paranoia. La paranoia se corresponde muy bien al viejo esquema de la Guerra Fra.

No soy un experto en la regin ex-sovitica y no s cmo va a evolucionar el conflicto entre Ucrania y Rusia, que es tambin un conflicto entre ucranianos y ucranianos y un conflicto entre Rusia y EEUU. Pero observo que, en coincidencia con otros focos de conflicto abiertos en otros pases, la tentacin ideolgica de establecer semejanzas vuelve a ser muy fuerte. Hay -digamos- dos esquemas: uno de derechas y otro de izquierdas. El de la derecha identifica, por ejemplo, los gobiernos de Ucrania, Siria y Venezuela como dictatoriales, en una lista potencialmente infinita y carente de rigor en la que siempre se pueden aadir nuevos elementos a la medida de los intereses coyunturales (Corea del Norte, Irn, Bielorusia, claro, pero tambin Ecuador o Bolivia o la propia Rusia). Del otro lado, el esquema de la izquierda establece las mismas semejanzas entre Ucrania, Siria y Venezuela, pero ahora como vctimas del imperialismo, en una lista igualmente larga e igualmente carente de rigor que no por casualidad (pues son esquemas especulares e interactivos) incluye siempre los mismos nombres. Los dos, desde la derecha y desde la izquierda, utilizan manipulaciones y semiverdades propagandsticas -cuando no abiertas mentiras- para demostrar estas semejanzas.

En estos esquemas, de derechas y de izquierdas, siempre falta un actor: el pueblo o, si se quiere, la gente. Para el esquema de derechas, la gente o no existe o siempre quiere democracia, aunque en su seno haya grupos de extrema derecha; para el esquema de izquierdas, la gente o no existe o es un mero pen mercenario de los EEUU, aunque haya motivos sobrados para protestar y rebelarse.

Hay que reprimir, pues, la tentacin hiperracional de la analoga y evitar las semejanzas facilonas entre gobiernos que se distinguen entre s por su poltica, por su historia, por el modo en que han llegado al poder, por el papel que juegan en las relaciones de fuerza geo-estratgicas internacionales.

No hay pues semejanzas? Creo que las hay, pero que hay que buscarlas precisamente del lado de la gente. En un reciente artculo sobre Ucrania, Oleg Yasinsky hace un anlisis que, a mi juicio, puede trasladarse a otras muchas protestas y movilizaciones recientes: Siempre cremos que derrotar al mal gobierno de Yanukovich era un derecho justo y el deber del pueblo ucraniano. Tambin advertimos que la legitima rebelin civil desde sus inicios fue manipulada, utilizada y al final encabezada por grupos de extrema derecha que supieron aprovechar el vaco social generado por falta de una izquierda de verdad. En Ucrania -dice Yasinsky- no hay una revolucin, pero tampoco un golpe de estado ultraderechista; hubo una rebelin, un movimiento muy amplio y espontneo de los ciudadanos indignados, por el abuso y la prepotencia del poder, sin mayor experiencia y menos clculos polticos. De los clculos se encargaron otros, los polticos de la oposicin, alma gemela pro occidental del rgimen pro ruso y los lideres de los movimientos neonazis que supieron usar la coyuntura. Contra la izquierda pro-rusa, Yasinsky recuerda que las protestas eran legtimas y que Yanukovich no fue derrotado por un complot de Occidente, ni cay vctima de una guerra meditica (aunque Occidente se involucr, igual que Oriente, y la guerra meditica todava sigue), sino por una espontnea, heroica y desesperada accin de miles de ucranianos, que permanecieron durante meses en las calles y plazas con temperaturas muy por debajo de cero. Contra la derecha pro-europea, Yasinsky recuerda que es el FMI el que est por auspiciar la mortfera unin entre los neoliberales y los nazis en el primer gobierno revolucionario de Ucrania y que los monstruos y payasos que disputan ahora el poder, una vez ms, no representan en lo ms mnimo los intereses y las necesidades del pueblo ucraniano.

Ignoro si el texto de Yasinsky refleja bien la realidad de lo ocurrido en Ucrania -donde hay, junto a las tensiones oligrquicas, tensiones tnico-lingsticas muy vivas- o slo la posicin de un minoritario sector de la izquierda, pero todos -me parece- reconocemos la descripcin. En el marco de una crisis capitalista global retransmitida en tiempo real por medios de comunicacin y de intercambio muy fluidos y tambin globales, en todas partes se reproduce el mismo modelo de protesta: revoluciones rabes, 15-M, Brasil, Estambul, Ucrania, etc., pases en los que malestares legtimos, en ausencia de una izquierda de verdad, son aprovechados por otros sectores internos, a veces peores que los gobiernos contra los que se protesta, para negociar y vender en el mercado geoestratgico las revueltas. Es esa indeterminacin cuntica de la gente, resultado de la derrota ideolgica de las dos fuerzas implicadas en la Guerra Fra, la que permite establecer una primera semejanza entre las diferentes protestas en distintas regiones del planeta. La historia misma nos ha llevado a un punto en el que tan inevitable es cuestionar el capitalismo como imposible combatirlo en nombre del comunismo sovitico.

Hace unos das mi admirado amigo Manolo Monereo sostena la tesis muy sensata de la decadencia del dominio estadounidense y la exacerbacin de los forcejeos sobre el tablero geoestratgico. Estoy de acuerdo, salvo porque no creo que los EEUU tengan en estos momentos una poltica internacional ms agresiva que en el pasado, al menos en trminos militarmente convencionales. En qu momento de la historia no ha habido -digamos- saturacin geoestratgica? Lo nuevo no es la intervencin de los Estados sino la de la gente, de esa gente amontonada, absurda, promiscua, desorientada, desorganizada, totalmente desasida de una memoria histrica y un referente poltico. De hecho, EEUU nunca ha intervenido tan poco, al menos en trminos militares convencionales, pues es verdad que el uso de drones y de la CIA les garantiza un alto nivel de intervencin. Pero lleva diez aos sin intervenir militarmente en ningn sitio. En Libia dej a los franceses e ingleses el protagonismo, se ha reprimido (o ha sido reprimido) en Siria, se ha retirado de Iraq, se est retirando de Afganistn, va a reducir sus fuerzas armadas y su presupuesto de defensa. Su hegemona militar sigue siendo aplastante y no creo que dude en utilizar su nica ventaja comparativa si se ve contra las cuerdas, pero ahora mismo su debilidad objetiva no se traduce en ms intervenciones armadas sino en menos; lo que tambin se debe sin duda a que otros Estados (las llamadas potencias emergentes), que hasta ahora intervenan de tapadillo o asuman un papel ancilar, aprovechan la debilidad de EEUU para fortalecerse y presionar a la potencia an hegemnica a fin de contrarrestar sus ganas de intervenir.

Lo que ha durado poco, y en eso tiene razn Monereo, es la soledad en la cspide de los estadounidenses, fruto de su victoria en la Guerra Fra. Pero no hay que olvidar que fue esa derrota de la URSS en 1989 la que paradjicamente est poniendo en dificultades a los vencedores. Cuando pensamos en la cada del muro y en la victoria estadounidense siempre pensamos en las llamadas revoluciones de colores y en el avance avasallador del capitalismo en el Este europeo; pero los procesos democratizadores de Amrica Latina, que tanto incomodan a los EEUU y que comenzaron tambin en esas fechas, habran sido imposibles en el marco de la confrontacin de bloques. Desde comienzos de los aos 90 se produce en todo el mundo, en efecto, una demanda general de democracia al margen de los enfrentamientos ideolgicos binarios; una demanda popular que result sospechosa -y beneficiosa para los EEUU- en la rbita ex-sovitica (Yugoslavia, Georgia, la Ucrania de 2004), donde el anticomunismo contiene, nos guste o no, un impulso tambin democrtico, pero una demanda que cuestion en cambio el poder de los EEUU en Amrica Latina (Venezuela, Ecuador, Bolivia, etc.), donde la democracia contiene un impulso tambin socialista. Ese deshielo de la Guerra Fra alcanz con retraso en 2011 el mundo rabe, una zona literalmente congelada durante dcadas bajo el hielo de la dictadura y la geoestrategia, y sigue levantando olas un poco por todas partes a medida que la crisis mina al mismo tiempo las condiciones de supervivencia y los marcos de legitimidad.

Porque esta es la segunda semejanza que podemos encontrar entre todas estas movilizaciones espontneas: me refiero a esa creciente ilegitimidad global que afecta a todos los gobiernos por igual (tambin, s, nos guste o no, a Venezuela o Ecuador) y que estn aprovechando obviamente los Estados ms fuertes, y no la gente, en el marco de un nuevo enfrentamiento inter-imperialista multinacional en el que se nos va a querer obligar a tomar partido por uno de los Matones del "mercado" -mientras la fuerzas internas mejor organizadas, entre las que no se cuenta la izquierda, van a vender esa gente a sus patrocinadores. Eso se llama geoestrategia? Sin duda. Pero no hay ah nada nuevo. Lo nuevo es esa falta de legitimidad general que cuestiona la frontera ideolgica convencional derecha/izquierda; y lo nuevo es asimismo (porque nos devuelve a la 1 guerra mundial, pero con armamento nuclear) el carcter inter-imperialista multinacional de la batalla. En cuanto a la posicin de la izquierda, es comprensible nuestro miedo a este deshielo que amenaza con llevarse por delante, antes que al capitalismo, nuestras certezas de anlisis y de combate y que puede desembocar en un capitalismo peor o en algo peor que el capitalismo; y es comprensible que un sector reaccione casi con alivio y nostalgia en Ucrania (como antes en Siria) ante este regeldo de enfrentamiento ruso-estadounidense: como escribe en broma mi amigo Gorka Larrabeiti al ver los tanques en Crimea, por fin un poco de serena Guerra Fra. Pero no deja de ser triste que haya un sector de la izquierda que estudia concienzudamente la geoestrategia y cree que, en ese tablero general, se puede pactar con Rusia o con Bachar el-Assad, pero que no quiere perder un minuto en estudiar a la gente y considera adems una traicin, a nivel poltico concreto, pactar con la gente. No queremos hacerlo nosotros? Pactarn otros con ella y se la vendern a los nacionalismos ms siniestros, a los racismos ms abyectos, a las dictaduras ms criminales. No tenemos ningn Lenin -no lo hay- que enarbole una consigna simple y universal en favor de un proyecto realmente democrtico, anticapitalista y anti-imperialista (es decir, que incluya no slo a los EEUU sino a todos los imperialismos emergentes). Por desgracia esta izquierda analgica no es anti-imperialista sino anti-estadounidense y no es gente-estratgica sino reductoramente geo-estratgica.

Parecer extrao que haya hecho este largo recorrido a partir de Ucrania para defender -muy brevemente ya- el proyecto Podemos en Espaa, y para defenderlo no como un mal menor sino como un bien pequeo. Si este esquema de indeterminacin cuntica es aplicable un poco a todas partes y tambin, por tanto, a nuestro pas, Podemos surge de la terrible evidencia de un peligro inmediato y de la apremiante necesidad de crear -como dice el doloroso artculo del izquierdista ucraniano Oleg Yasinsky- "un movimiento de abajo y de izquierda, humanista y revolucionario, que, aunque tal vez no use ninguna de estas cuatro palabras, trate de dar una opcin a los pueblos. A los que objetan que Podemos es oportunista, yo les dira que es oportuno; y si acaso es inoportuno no lo ser porque incomode a fuerzas amigas sino porque nace, de cualquier modo, demasiado tarde, con unas derechas mucho mejor preparadas ya que nosotros para cuestionarse a s mismas y tomar las plazas.

Ms me preocupan las crticas de los que columbran graves peligros en diluir el discurso, hacer concesiones mediticas, tratar de enganchar con la gente a travs de la ambigedad de los conceptos. Lo que necesitamos -nos dicen con razn- es una gran organizacin revolucionaria con conciencia de clase y una estrategia clara de transformacin radical. Aceptando que conciencia de clase sea un concepto menos confuso que dictadura de los bancos, estoy seguro de que necesitamos una organizacin as. Pero hay que recordar que Podemos no ha venido a sabotear una gran organizacin revolucionaria con conciencia de clase que estaba a punto de tomar el poder sino a responder a la ausencia de esa gran organizacin. Y a responder a esa ausencia a partir de una conciencia que, si no es de clase, es desde luego ya anticapitalista: la conciencia de que esa ausencia est llena: llena de mercado, de paro, de desahucios, de televisin, de partidos de derechas, de hartazgo institucional, de miedo, de ganas de echar la culpa a alguien, de ganas de querer a alguien. Est llena tambin de gente comn, ideolgicamente gelatinosa, que podr ser anticapitalista, pero que en ningn caso -en ningn caso- ser ya jams sovitica. Ese fondo anticapitalista, alimentado por la crisis y la tica comn, permite trazar unas lneas rojas y, al mismo tiempo, politizar el malestar desde la recuperacin de una prctica democrtica que el doble bipartidismo de la transicinno ha dejado de erosionar desde 1978. Un poquito de democracia (frente a la dictadura estructural) y un poquito de anticapitalismo (frente al capitalismo total) son prcticas colectivas mucho ms claras y revolucionarias de facto que la invocacin onanista del mantra de la lucha de clases y la revolucin.

Hace unos das escriba en un artculo que el problema de los intelectuales y los militantes de izquierdas no es que no sepamos cmo vive la clase obrera; es que no tenemos ni idea de cmo viven tampoco las clases medias precarias y su juventud sin futuro: qu comen, qu leen, qu miran, qu desean. El 15M tuvo algo de revelacin y de vacuna; revelacin de un mundo que no es el nuestro y al que podemos ensear ya poco (pero no nada) y de vacuna frente a ese neofascismo en ciernes que ensombrece el horizonte. Los peligros son enormes, pero tenemos alguna ventaja sobre Ucrania. Podemos -o as quiero entenderlo yo- no es una candidatura, aunque se presente finalmente a las elecciones; ni un partido de izquierdas, aunque acabe elaborando un programa de izquierdas. Es, sobre todo, un anticipo de la plaza, un anticiparse al secuestro de la plaza. Una tentativa de evitar que a la gente normal, cuando vote o cuando salga en tsunami a la calle, le pase como a Oleg Yasinsky; de evitar, en fin, que se apoderen de la plaza los nazis de Maidan, los islamistas de Tahrir o los esculidos de Altamira. Para eso, tambin nosotros tenemos que formar parte de ella (de la gente normal) y no al revs. Apoyo a Podemos un poco a regaadientes, contra mi propio puritanismo y elitismo tendencial, no porque me guste menos el programa de IU (o el de otros partidos de la izquierda marxista radical) sino porque creo que Podemos ha entendido que la nica manera de conjurar los peligros del fascismo es aceptar los peligros de tratar con gente normal. Y si Podemos no puede, o fracasa, o mete la pata, o se corrompe en electoralismo y liderazgo, no habremos perdido nada que ahora tengamos. Sencillamente habr que seguir luchando.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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