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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2014

Clases y pueblos
Sobre el sujeto revolucionario

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin

Ponencia para el debate "El sujeto y la construccin de la alternativa", celebrado en Len el sbado da 22 de Febrero, en el Ateneo Varillas.



 

  1. PRESENTACIN
  2. ORDEN VERSUS DIALCTICA
  3. MARX Y LA TEORA DEL CONCEPTO
  4. LENIN Y LA TEORA DEL CONCEPTO
  5. EL CONTENIDO Y SUS FORMAS REALES
  6. EL BLOQUE SOCIAL BURGUS
  7. LAS LLAMADA CLASES MEDIAS
  8. CLASES Y PUEBLO TRABAJADOR (I)
  9. CLASES Y PUEBLO TRABAJADOR (II)
  10. CLASES Y PUEBLO TRABAJADOR (III)
  11. ALGO SOBRE LA ALTERNATIVA

 

1.- Presentacin

 

El texto que sigue es la ponencia presentada al debate que se anuncia en la NOTA de arriba. Pero la parte dedicada a la alternativa se presenta en el ltimo apartado, y de forma muy sinttica porque la elaboracin de una alternativa ha de ser obra colectiva, obra basada en la experiencia colectiva sostenida en la accin prctica. Sera pretencioso y contraproducente presentar una detallada alternativa sin un sostn prctico anterior basado en una serie de debates colectivos, crticos y autocrticos. Marx vino a decir que un avance prctico en la emancipacin humana vala ms que cien programas. Es por esto que en el Resumen se ofrecen algunos puntos esenciales de reflexin, sobre los que debatir. Ahora bien, s es conveniente leer la ponencia porque en ella se desarrolla el mtodo terico-poltico que explica y da sentido a los puntos expuestos en el ltimo apartado.

La ponencia forma parte de un texto mayor que se encuentra en proceso de elaboracin, siendo an un borrador, en el que se van a incluir otros dos captulos: uno sobre la teora de la organizacin revolucionaria y otro sobre la teora del Estado. La ponencia que se aqu se presenta trata sobre la teora que debe emplearse para definir el sujeto revolucionario en el modo de produccin capitalista, en sus formaciones econmico-sociales y a lo largo de sus fases sucesivas. Como se aprecia, en el ndice se anuncian desarrollos sobre la dialctica, la teora del concepto y la categora del contenido y de sus formas reales. Tambin expone las contradicciones antagnicas entre el capital y el trabajo en las que ste, el sujeto revolucionario, ha de volcar su prctica poltica y terica destinada a la conquista del poder.

El debate sobre el sujeto revolucionario no es otro que el debate sobre la crtica marxista de la economa poltica burguesa, sobre la teora de las clases sociales y de su lucha permanente. La elucidacin de estas cuestiones exige el empleo simultneo de la teora materialista del conocimiento, tan odiada por las versiones del kantismo, y a la vez el concurso de la teora marxista del Estado y de la organizacin revolucionaria de vanguardia. Praxis del sujeto revolucionario, sus formas de organizacin, su lucha contra el poder estatal, y su mtodo de pensamiento, estas cuatro cuestiones son inseparables, resultando imposible aislarlas entre ellas, pero resultando tambin imposible pensarlas sin sustentarse en todo momento en la crtica de la economa poltica burguesa, del capitalismo.

La razn por la que he concluido este captulo para presentarlo como ponencia especfica para el debate sobre El sujeto y la construccin de la alternativa, es bien simple: no se puede elaborar, o mejor decir reelaborar una alternativa al capitalismo actual sin confrontar abiertamente con los tpicos burgueses al respecto, sobre todo con las ms recientes modas intelectuales que proliferan en estos aos de crisis. Una confrontacin terica y poltica, que no ideolgica, hueca y metafsica. En los momentos actuales la teora marxista empieza a demostrar de nuevo su inagotable potencial prctico; sin embargo existen fuerzas mediticas necesitadas de silenciar o minimizar ese potencial. La cada en picado de las condiciones de vida y de trabajo, de los derechos sociales y democrticos, y la multiplicaciones de las formas de explotacin, todo esto est generando malestar social entre las clases y pueblos explotados, aunque todava el denominado factor subjetivo no est a la altura de las contradicciones objetivas manifiestas y aplastantes.

El marxismo es la nica praxis que puede elevar la conciencia subjetiva a decisiva fuerza poltica de masas. Una de las exigencias previas es la de actualizar el concepto de sujeto revolucionario teniendo en cuenta que el sujeto colectivo, el trabajo explotado en cualquiera de las formas directas o indirectas, slo se constituye radicalmente como sujeto cuando su conciencia se materializa en la interaccin entre la experiencia organizativa y la experiencia autoorganizativa, en la interaccin entre las luchas espontneas, las coordinadas en base a la experiencias estables, y las luchas polticamente guiadas a la destruccin del Estado burgus y su sustitucin por el Estado obrero. A lo largo de esta dinmica, la teora juega siempre un papel insustituible, papel que va acrecentndose conforme avanza el proceso de masas y va debilitndose conforme este retrocede.

Puede darse el caso, y as ha sucedido varias veces, que determinados grupos intelectuales de izquierda revolucionaria siguen profundizando en determinadas reflexiones que enriquecen aspectos concretos de la teora en su generalidad una vez que se ha iniciado el reflujo de la oleada revolucionaria, pero ms temprano que tarde estos logros parciales empezarn a enfriarse sufriendo la misma esclerotizacin que la sufre la teora en su conjunto. Solamente un reinicio sostenido de la lucha de clases puede insuflar calor, vida y radicalidad a la teora.

Por suerte, tras la derrota muchas veces sobreviven en la semiclandestinidad o en grupsculos personas revolucionarias que mantienen vivos los rescoldos de la teora, e incluso la enriquecen en aspectos sustanciales mediante esfuerzos meritorios y titnicos, pero de nuevo hay que decir que esas aportaciones intelectuales no se convertirn en fuerza material hasta que no resurja la lucha de clases y, sobre todo, hasta que una organizacin revolucionaria que ha sobrevivido en los peores momentos logra introducirlos pedaggicamente entre las clases y los pueblos oprimidos.

Otra aparece la teora de la organizacin y el papel del Estado, sin cuyo concurso el sujeto revolucionario se disuelve en una abstraccin. Esas dos partes vitales --la teora del Estado y de la organizacin-- terminarn de dar cuerpo al texto completo.

 

2.- Orden versus dialctica

S. Amin inicia su reciente libro denunciando la vaguedad de los anlisis y definiciones que se hacen sobre lo nuevo en el capitalismo, novedades que afectaran a las clases sociales, a la lucha de clases, a los denominados movimientos sociales, a los partidos polticos, a las formas ideolgicas, a la revolucin informtica, a la produccin inmaterial o no material, a la economa del conocimientos; tambin sostiene que el trmino post oculta generalmente una dificultad para designar una proposicin positiva de la realidad que dice estudiar: post-capitalismo, post-modernismo, post-industrial. Afirma sin tapujos que: La moda que acompaa al discurso sobre la sociedad post-industrial se ha apresurado a declarar superados los conceptos de clase y de lucha de clases y tras demostrar una a una la intil vaguedad de esas modas termina hundiendo el manido tpico del capitalismo cognitivo, ms an de la economa cognitiva en general, concluye indicando que: La economa ha sido siempre cognitiva, pues la produccin siempre ha implicado la puesta en prctica de saberes, incluso en el ms primitivo de los cazadores- recolectores de la prehistoria [1].

Ms adelante, se extiende un poco ms en la crtica del capitalismo cognitivo. Despus de haber estudiado la importancia que tiene para el proyecto socialista el desarrollo planificado y racional de todos los servicios y sectores pblicos opuestos a la racionalidad capitalista del mximo beneficio privado, burgus, al margen de sus desastrosas consecuencias, S. Amin sostiene que el capitalismo cognitivo es un oximorn, es decir una contradictio in terminis , y sostiene que la economa del maana, la del socialismo, s que ser cognitiva [2] en el sentido de integrar plena y definitivamente la inteligencia colectiva, social, es decir, el pensamiento libre de la explotacin en el proceso productivo no explotador. En el capitalismo eso es imposible porque se basa en la sumisin y explotacin del trabajo.

Hace algo ms de una dcada, M. Husson destroz el entonces incipiente mito del capitalismo cognitivo junto con el de la llamada nueva economa [3], por lo que ahora S. Amin hace lo correcto en rematar estas vaguedades vacas profundizando en su crtica hasta llegar a la raz, a la dialctica entre el saber humano y la produccin econmica como base de la antropogenia, o sea del papel del trabajo y de la praxis mano/mente en la evolucin humana tal cual dejo en claro Engels, praxis creativa que se materializa en el desarrollo de la pluridimensinalidad del ser humano genrico mediante su trabajo creativo, incompatible con cualquier propiedad privada, especialmente con la burguesa. Sin embargo, insistiremos brevemente en esta cuestin porque es esencial para todo lo que se expone en esta ponencia: la centralidad de las relaciones sociales de produccin y de las formas de propiedad en cualquier debate sobre el sujeto.

Un ejemplo remoto y a la vez actual de economa cognitiva no constreida por la propiedad privada lo encontramos en el an no superado estudio de A. Spirkin sobre la formacin de la conciencia humana, en especial el salto cualitativo que se produjo entre la produccin de herramientas de los monos antropoides y la utilizacin sistemtica del fuego por el sinntropo [4], ya que el uso accidental del fuego es mucho ms antiguo, aproximadamente de hace 1.500.000 en Kenia. Otro lo tenemos en el estudio de A. Lroi-Gourhan sobre la progresiva celeridad de la ley de la productividad del trabajo desde el perodo abbevillense, de hace ms de 500.000 aos, y el magdaleniense, de entre -30.000 y -12.000 aos. Mientras que en el abbevillense con un kilogramo de slex se hacan slo 10 centmetros de filo til, al final del magdaleniense con ese mismo kilogramo de slex se hacan 20 metros de filo til [5].

La ley de la productividad del trabajo o ley del ahorro de energa o del mnimo esfuerzo, funciona como verdadera economa cognitiva antes de la instauracin de la propiedad privada, y despus de su expropiacin durante el salto al socialismo. Durante los pocos milenios de dictadura de la propiedad privada, y de los pocos siglos de propiedad burguesa, estas leyes tendenciales son sometidas a la ley de la ganancia mercantil y cada vez ms a su expresin interna, la ley del valor-trabajo, con repercusiones totales en los sucesivos mtodos sociohistricos de pensamiento.

La irrupcin de la propiedad privada rompe la unidad socionatural entre conocimiento y antropogenia, que caracteriza a la economa cognitiva, e impone la irracionalidad ascendente del mercado. La antropogenia es inseparable de la organizacin social de la conducta, de la mutua interdependencia conductual, segn explica J. B. Fuentes al estudiar el conocimiento como hecho biolgico [6], pero con la socializacin de la conducta, y con sus contradicciones internas, el conocimiento como hecho antropolgico [7] refleja las contradicciones sociales entre por un lado, la ciencia como fuerza revolucionaria [8] y por el lado opuesto, la mquina, la tecnociencia como capital fijo, como fuerza antiobrera [9].

En sus investigaciones sobre el trabajo como categora antropolgica, P. Rieznik constata el valor humano del ocio, del tiempo libre y propio, mostrando que el concepto de trabajo con todas sus derivadas de crecimiento y progreso no ha existido en las sociedades precapitalistas [10], aunque en las sociedades basadas en la propiedad privada y en la explotacin social no-trabajo es siempre un derecho perteneciente a los hombres que integran la clase dirigente de la sociedad [11]; el no-trabajo es el opuesto liberado e irreconciliable del trabajo alienado, explotado e injusto: Que haya demasiado tiempo libre, fuera del trabajo, es incompatible con su cualidad de labor alienada y explotada [12]. Despus de repasar las ideas del socialismo premarxista, el autor concluye:

Para Marx, en cambio, la emancipacin de los trabajadores, es el punto de arranque de la emancipacin del hombre del propio trabajo, como trascendencia de su mbito de vida, ms all de la restriccin propia de la necesidad. En este caso, Marx sustituy el deseo y la voluntad abstractamente concebida, sea por un trabajo agradable, sea por un ocio creativo, por el anlisis concreto del capital, de la potencia material que ste creaba como requisito ineludible para la conquista de la libertad. La conquista de un mundo humano por el hombre se presenta, entonces, como consecuencia de la metamorfosis del trabajo (y el no-trabajo social), derivado de la superacin de las relaciones de explotacin propias del capitalismo [13].

Verdaderamente, una de las bases de la crtica de Marx al capitalismo es la crtica radical del mismo trabajo asalariado, al margen de sus formas, y en general del trabajo en este modo de produccin, diferente a los precapitalistas. Parte fundamental de la fuerza terica que tiene su radical crtica a la civilizacin burguesa radica en que ataca al trabajo tal cual existe en el capitalismo, y no slo a la propiedad privada [14], que tambin. Al relacionar internamente el trabajo vivo con el capital variable, y el trabajo muerto con el capital constante, Marx sienta la finita y mutable historicidad del ser-humano-burgus y de su sistema ideolgico de interpretar el mundo de forma invertida.

Insistimos en esta unidad de contrarios antagnicos --mtodo de pensamiento racional y crtico contra irracionalidad global capitalista-- porque es una de las realidades objetivas estructurantes que desaparecen ocultadas por las vaguedades de las modas ideolgicas denunciadas por tantos marxistas, adems de S. Amin y M. Husson. Una muestra de tales vaguedades la encontramos en el texto de Y. Stravrakakis sobre las causas y efectos de la deuda en las sociedades capitalistas contemporneas [15]: deambulando por una selva de trminos ambiguos, sin referencia alguna a la funcin del capital financiero y dinerario, sobre todo ficticio, funcin estudiada desde Marx hasta hoy porque atae fundamentalmente al origen de las crisis, al papel del crdito, del Estado, de las polticas pblicas y del militarismo [16]. Otra muestra la encontramos en T. Negri cuando intenta convencernos de que nos encontramos ante un nuevo capitalismo, el biocapital [17], sin hacer referencia alguna a la constante dialctica entre lo natural, lo biolgico y lo social que recorre el marxismo desde su origen. Trminos como biopoder. biocapital y otros slo pueden desarrollar su fuerza terica si estn integrados los niveles analticos y sintticos [18] en una visin gentico-estructural del modo capitalista de produccin, como hace J. Osorio en su obra sobre las mismas cuestiones.

Las ftiles modas intelectuales de usar y tirar que inundaron el mercado de las ideologas desde la dcada de 1960 fueron minusvalorando la importancia clave de las relaciones sociales de produccin, de las formas de propiedad, de los modos de produccin y de sus contradicciones. Pero la realidad es tozuda, mientras que estas modas acaparaban los escaparates y la produccin acadmica, las contradicciones capitalistas se agudizaban. J. Fontana nos recuerda que la crisis sistmica actual tiene una de sus causas en la crisis estadounidense de 1987 y en las decisiones tomadas entonces, as como en la incompetencia del FMI, que no fue capaz ni de prever las crisis ni de aliviarlas ya que el sistema se encontraba en una alegre inconsciencia [19] que aceleraba la gestacin de la pavorosa crisis de 2007. Nos recuerda tambin que en 2004 y 2005 estos y otros dirigentes se daban palmaditas en la espalda por haber resuelto el problema del crecimiento indefinido [20] del capitalismo, algo parecido a resolver el enigma del perpetuum mobile.

La euforia triunfalista de aquellos aos engrasaba la perfecta maquinaria del control del pensamiento, generalizndose lo que lo que alguien defini muy correctamente como la voluntad de no saber: capitalismo, imperialismo, explotacin, dominacin, desposesin, opresin, alienacin Estas palabras, antao elevadas al rango de conceptos y vinculadas a la existencia de una guerra civil larvada, no tiene cabida en una democracia pacificada. Consideradas casi como palabrotas, han sido suprimidas del vocabulario que se emplea tanto en los tribunales como en las redacciones, en los anfiteatros universitarios o los plats de televisin [21]. La voluntad de no saber se escuda muchas veces en la fuerza de la burocracia acadmica que lo domina casi todo, ya que en la academia, en la universidad, el pensamiento crtico est altamente burocratizado [] el respeto al sistema de protocolos y autorizaciones acadmicas, capital simblico que asegura la competencia formal del texto y su textualidad, para decir que la crtica en tanto que tal se ha burocratizado [22].

Muy frecuentemente se nos olvida el poder castrador de la burocracia. Debemos tener una idea clara de su poder de disciplinarizacin mental y cognitiva para comprender la profunda efectividad de su represin cognitiva, y, desde luego, la mejor definicin nos la ofrece Marx: La burocracia es un crculo del que nadie puede escapar. Su jerarqua es una jerarqua de saber [] El espritu general de la burocracia es el secreto, el misterio guardado hacia dentro por la jerarqua, hacia fuera por la solidaridad del Cuerpo [23]. La jerarqua de saber estructura lo pensable y lo impensable mediante el poder de la burocracia cognitiva, casta sostenida por el Estado burgus y por las fbricas privadas de produccin ideolgica. Es esta burocracia del saber jerarquizado la que echa espuma por la boca cada vez que oye nombrar la bicha, la palabra dialctica, que [] provoca la clera y es el azote de la burguesa y de sus portavoces doctrinarios, porque en la inteligencia y explicacin positiva de lo que existe abriga a la par la inteligencia de su negacin, de su muerte forzosa; porque, crtica y revolucionaria por esencia, enfoca todas las formas actuales en pleno movimiento, sin omitir, por tanto, lo que tiene de perecedero y sin dejarse intimidar por nada [24].

Adems de otras secundarias, dos son las razones bsicas que explican la voluntad de no saber de la jerarqua burocrtica: la primera y fundamental, el efecto del fetichismo, de la alienacin y de la ideologa, que invierten la realidad e imponen la falsa conciencia necesaria con efectos demoledores sobre la correcta comprensin de la teora del concepto y de la negatividad absoluta que luego veremos.

En segundo lugar y partiendo de lo anterior, el hecho de que la burguesa ya no es desde finales del siglo XVIII y primer tercio del XIX una fuerza emancipadora [25], interesada en la verdad sino en la mentira, en la necesidad obvia de ocultar deliberadamente la explotacin de la que vive. Hablando de las condiciones de vida del proletariado, Engels dice que la burguesa no debe decir la verdad, pues de otro modo pronunciara su propia condena [26]. Marx nos dej una descripcin demoledora de la prudente moderacin de los economistas vulgares de su poca, a quienes no les importan las contradicciones [] y acaban formando un lo sobre la mesa de los compiladores [27]. Como dice T. Shanin refirindose a los modelos interpretativos dominantes: Los burcratas y los doctrinarios de todo el mundo aman la sencillez de estos modelos e historiografas y hacen todo lo posible para imponerlos por medio de todos los poderes que tienen a su alcance [28].

Para esta burocracia, y para la clase social a la que sirve, la burguesa, el mtodo dialctico es un peligro mortal que no est dispuesta a dejar ensear y menos a practicar. Dos definiciones muy adecuadas de lo que es la dialctica, y de lo que por tanto implica para el poder nos la ofrece Raya Dunayevskaya: Una, El modo en que estos dos movimientos funcionan juntos el objetivo y el subjetivo, las ideas de libertad y las personas que luchan por la libertad-- () A esto se le llama dialctica [29], y otra: Qu es la dialctica sino el movimiento tanto de las ideas como de las masas en movimiento para lograr la transformacin de la sociedad? [30]. Las dos entran de pleno en lo que pensaba Marx de la dialctica: Reducida a su forma racional, provoca la clera y es el azote de la burguesa y de sus portavoces doctrinarios, porque en la inteligencia y explicacin positiva de lo que existe abriga a la par la inteligencia de su negacin, de su muerte forzosa; porque, crtica y revolucionaria por esencia, enfoca todas las formas actuales en pleno movimiento, sin omitir, por tanto, lo que tiene de perecedero y sin dejarse intimidar por nada [31]. Es muy comprensible, por tanto, que la dialctica materialista fuera uno de los monstruos atroces a destruir por la burguesa y por el reformismo revisionista de finales del siglo XIX comienzos del XX:

el objetivo ms importante a atacar de la filosofa marxista era la dialctica. A los reformistas les pareca incomprensible y engaosa. La imagen dialctica del mundo parta de que todo estaba constituido a base de contradicciones y de que toda evolucin se hallaba condicionada por la lucha de los contrarios. Para los revisionistas, que en general queran conciliar a las clases entre s y llevarlas a la colaboracin, una teora como sta era, ya por motivos polticos, sospechosa. Bernstein, que normalmente no acostumbraba a dar rienda suelta a sus sentimientos, se irritaba con slo pensar en la trampa del mtodo hegeliano-dialctico. Consideraba la dialctica tambin como el correlato filosfico de la poltica revolucionaria. () En general, los revisionistas se planteaban el desarrollo social en trminos de un proceso evolutivo en el que de lo viejo se pasaba insensible y gradualmente a lo nuevo () En los socialistas revolucionarios vean aventureros, demagogos, exaltados y representantes del lumpemproletariado () La meta y el medio de la lucha de la clase obrera era la democracia y sta supona la existencia de un equilibrio entre las clases. El equilibrio se mantena con el concurso del parlamentarismo que era una garanta para que la mayora no oprimiese a la minora. La lucha de la clase obrera no haba de fijarse, desde luego, en modo alguno objetivos excesivamente polticos () Bernstein aconsej una aproximacin entre la Socialdemocracia y el liberalismo [32].

Es muy importante para el debate actual sobre el sujeto colectivo revolucionario el dato ltimo segn el cual Bernstein --y otros reformistas que no cita-- aconsej un acercamiento al liberalismo de la poca, padre del neoliberalismo actual. Los drsticos recortes de los derechos de las clases explotadas casi siempre han encontrado justificacin en la ideologa liberal individualista e insolidaria en extremo, enemiga de cualquier derecho colectivo del pueblo trabajado. El principio de el individuo y su propiedad [33] empez a tomar cuerpo desde que los comerciantes errantes del Medievo reivindicaron sus derechos de propiedad individual segura e intransferible frente a la arbitrariedad seorial, eclesial y monrquica, y frente a los ataques de los bandoleros. La urbanizacin acelerada desde el siglo XII por la expansin de la economa mercantil sent la base de la victoria del naturalismo, racionalismo e individualismo propietario en el siglo XVIII [34]. La ideologa de la libertad burguesa creada en estos siglos fue luego utilizada para legitimar la escuela neoliberal desde 1947 en adelante [35], sobre todo desde que se aplicaron mediante el terror y la represin sus recetas para salvar al capitalismo, recetas fabricadas en el laboratorio de laissez-faire [36].

Con el tiempo, el revisionismo socialdemcrata termin imponindose abriendo las puertas a pactos con el liberalismo, matrimonio que engendr el monstruo del social-liberalismo, criticado por reformistas [37] que aoran un pasado que no volver. L. Gill explica que: Desde 1974 en Alemania, el Banco central (Bundesbank) bajo la presidencia del socialdemcrata Karl Otto Pohl volvi la espalda a la poltica de estimulacin keynesiana llevada por el gobierno de coalicin del SPD y del Partido Liberal (FDP) y comenz un viraje monetarista que iba a sacrificar el empleo en la lucha contra la inflacin [38]. Fue la socialdemocracia alemana la primera en aplicar un monetarismo que una dcada ms tarde empezara a denominarse neoliberalismo; despus de la socialdemocracia, fue el presidente norteamericano Carter, del Partido Demcrata, el que lo aplic con el ingrediente aadido de un ataque ms duro an que el alemn a los derechos sindicales de la clase trabajadora; por fin en la mitad de los 80 fueron los conservadores britnicos y los republicanos yanquis quienes remataron la faena, aunque un poco antes la socialdemocracia espaola en el gobierno desde finales de 1982 aplic el monetarismo frreamente.

No es este el momento para extendernos en las conexiones entre la escuela econmica neoclsica y luego neoliberal, el naturalismo mecanicista y la filosofa kantiana, y mostrar su antagonismo absoluto con la crtica marxista de la economa poltica y con su teora materialista del conocimiento, que desarrollaremos ms adelante en su vertiente de la teora del concepto y de la negatividad absoluta. A pesar de que la jerarqua de saber burocrtico lleva ms de un siglo atacando al mtodo hegeliano-dialctico, tarde o temprano las contradicciones sociales destrozan los muros de contencin. Tenemos el ejemplo del sistema patriarco-burgus vital para el capitalismo. Entre otras muchas revolucionarias, tambin Raya Dunayevskaya expone la gil unidad de la dialctica de la revolucin y de la liberacin de la mujer [39].

La ideologa liberal slo admita con muchas dificultades el feminismo burgus, pero ahora el neoliberalismo ataca todo derecho bsico de la mujer, como es el del aborto, porque ste debilita el proceso de reproduccin ampliada del capital [40]. Vamos a poner otro ejemplo que confirma cmo la ideologa liberal en su forma actual, neoliberal, refuerza el sistema patriarco-burgus, sistema imprescindible para alienar y dividir al sujeto revolucionario. Hablamos de la pasada asamblea de Davos, en la que disminuye la presencia de la mujer burguesa, por no hablar de la mujer trabajadora:

la 44 edicin del Foro de Davos rene hasta este sbado en la idlica ciudad suiza a 2.500 personalidades de casi un centenar de pases, entre ellos 30 jefes de Estado, 1.500 del mundo de los negocios, 288 participantes de gobiernos, 225 lderes de medios de comunicacin y 230 de bancos () la participacin de las mujeres en el Foro Econmico Mundial se ha reducido este ao un punto porcentual, hasta el 16%, en comparacin con 2013, a pesar de que el foro ha declarado en muchas ocasiones que iba a contribuir en la igualdad de gnero () el Foro Econmico Mundial del 2014 solamente hay una mujer por cada siete hombres, a pesar de que se comprometi a una cuota del 20% de mujeres hace tres aos () Menos del 3% de los presidentes de las 500 compaas que encabezaban entonces la lista de la revista Fortune eran mujeres, y stas ocupaban poco ms del 15% de las posiciones ministeriales y parlamentarias a nivel mundial, segn datos del propio foro. () En toda Europa, las mujeres obtienen mejores resultados acadmicos que los hombres y tienen una presencia similar en el mercado de trabajo, pero ocupan menos del 15% de los puestos en las juntas directivas [41].

Necesitaramos suficiente espacio para desarrollar la demoledora castracin intelectual que la jerarqua de saber patriarcal realiza en lo relacionado con la explotacin sexo-econmica de la mujer en el capitalismo, por lo que nos remitimos, entre otras obras, al extenso captulo sobre el terrorismo patriarcal [42] de C. Tupac. Y ms en concreto, en lo relacionado con la posicin de clase de la mujer trabajadora los datos estadsticos son aplastantes, como el ofrecido por el sindicato LAB que demuestra que la mujer asalariada en Hego Euskal Herria cobra un 24,8% menos que los trabajadores por el mismo empleo [43]. La burocracia doctrinaria vigila tambin para que crticas feministas de componente sexo-afectivos que inciden en la explotacin sexo-econmica capitalista apenas tenga posibilidad de llegar al debate colectivo, excepto casos meritorios como es el de la radicalidad transfeminista [44] que pretende socavar algunas bases profundas del poder patriarco-burgus. Entre la mucha literatura sobre la pertenencia de clase de la mujer, tenemos el resumen realizado por E. Feito sobre cuatro enfoques al respecto: convencional, de dominacin, conjunto e individualista [45]. Como punto de contrastacin, conviene recordar que el Manifiesto Comunista de 1848 defina a la mujer como instrumento de produccin propiedad de los hombres.

M. Roytman Rosenmann ha descrito muy acertadamente la ofuscacin de la lite intelectual:

Los detractores del socialismo no pueden or hablar de la existencia de explotacin, imperialismo o explotadores. Se muestran iracundos cuando algn comensal o interlocutor les hace ver que las clases sociales son una realidad. Los portadores del nuevo catecismo posmoderno dicen tener argumentos de peso para desmontar la tesis que an postula su validez y su vigencia como categoras de anlisis de las estructuras sociales y de poder. Lamentablemente, slo es posible identificar, con cierto grado de sustancia, dos tesis. El resto entra en el estircol de las ciencias sociales. Son adjetivos calificativos, insultos personales y crticas sin altura de miras. Yendo al grano, la primera tesis subraya que la contradiccin explotados-explotadores es una quimera, por tanto, todos sus derivados, entre ellos las clases sociales, son conceptos anticuados de corto recorrido. Ya no hay clases sociales, y si las hubiese, son restos de una guerra pasada. Desde la cada del muro de Berln hasta nuestros das las clases sociales estn destinadas a desaparecer, si no lo han hecho ya. El segundo argumento, corolario del primero, nos ubica en la caducidad de las ideologas y principios que les dan sustento, es decir el marxismo y el socialismo. Su conclusin es obvia: los dirigentes sindicales, lderes polticos e intelectuales que hacen acopio y se sirven de la categora clases sociales para describir luchas y alternativas en la actual era de la informacin, viviran de espaldas a la realidad. Nostlgicos enfrentados a molinos de viento que han perdido el tren de la historia [46].

La realidad es tozuda y todas las vaguedades han sido barridas por el capitalismo realmente existente, el que con sus atrocidades est provocando la emergencia de nuevas luchas sociales y populares, protestas populares [47] que con mltiples expresiones, ritmos e intensidades van recorriendo todo el planeta. A la fuerza, sectores de la intelectualidad no han tenido ms remedio que empezar a enfrentarse a las contradicciones tantas veces negadas. Hablando sobre crisis e intelectuales, E. Barot sostiene que: Los procesos ms avanzados son golpes a la superestructura poltica de las clases dominantes, que si bien se presentan en un primer momento con consignas democrticas, tienen una reivindicacin de clase tambin. Ante esto la mayor parte de los intelectuales hablan de pueblo, pero no hablan del proletariado ni de la clase obrera. Es importante entender cmo en el segundo tipo de fenmenos, en la intervencin del pueblo, acta el proletariado [48]. Luego, tras avanzar en la teora del concepto y de la negatividad absoluta, o negacin de la negacin, profundizaremos un poco en el concepto de pueblo como trmino abierto e incluyente de integra a todas las capas sociales y clases explotadas.

E. Barot ha puesto el dedo de la crtica en la llaga del tema que tratamos, el sujeto revolucionario organizado polticamente, al plantear las relaciones entre el proletariado y el pueblo. Est en lo cierto cuando dice que el grueso de los intelectuales slo habla de pueblo pero sin profundizar en este concepto, en las relaciones que tiene con otros, como el de clase obrera. Una de las razones que explican esta negativa o esta incapacidad de la mayor parte de la casta intelectual para enriquecer el concepto de pueblo es su dependencia salarial de las instituciones burguesas; otra es su dependencia ideolgica de la sntesis social burguesa; tampoco debemos olvidarnos de su dependencia poltica como efecto de lo anterior. No nos extendemos ahora en estas causas parciales ya analizadas en otros textos, en especial sobre la incompatibilidad entre marxismo y sociologa [49].

Sintetizando estas y otras razones, podemos decir que la fbrica burguesa de mercancas intelectuales se activa especialmente en determinados perodos histricos, segn las necesidades del capitalismo. D. Bensad nos ha recordado que:

La evaluacin del papel histrico de la lucha de clases flucta con la lucha misma. Despus de la Comuna de Pars, la naciente sociologa opona a la nocin de clase social un vocabulario que privilegiaba a los grupos sociales: lites, clases intermedias, dirigentes, medias. Mayo 68, el mayo reptante italiano y la revolucin portuguesa volvieron a poner brutalmente a la lucha de clases en el primer plano. El discurso dominante de los aos ochenta insista de nuevo en las categoras y las clasificaciones. El concepto de clase fue entonces gustosamente redefinido como un concepto ante todo clasificatorio o como un filtro informativo que permite poner un poco de orden en la heterogeneidad social y establecer clasificaciones formalmente adecuadas [50].

Es la lucha de clases, como proceso total, la que determina a grandes rasgos la evolucin de la sociologa en general y en especial de sus elucubraciones sobre las clases sociales y sobre los sujetos. Los ritmos y derivas relativamente autnomas de las diferentes modas intelectuales no anulan esa sobredeterminacin general, sino que muestran la capacidad productiva de la fbrica burguesa de ideologa para abastecer al mercado intelectual con productos de usar y tirar, casi con obsolescencia programada, siempre bajo la presin planificadora de las necesidades capitalistas. Pero hay una caracterstica que identifica a la casta intelectual en s misma: el rechazo de la dialctica materialista y ms en especial de su teora del concepto. No es de extraar. Por razones en las que no podemos extendernos ahora, dialctica e ideologa son trminos antagnicos, irreconciliables en todos los sentidos. Uno de ellos es que la complejidad objetiva de la lucha de clases nos obliga a tomar partido subjetivo por uno de los polos de la unidad de contrarios en lucha permanente. Debido a esta necesidad ontolgica, epistemolgica y axiolgica, la casta intelectual huye refugindose en cualquier forma de positivismo, por muy disimulado que sea.

 

3.- Marx y la teora del concepto

Es sobradamente reconocida la ecuanimidad de Marx y Engels a la hora de evaluar los mritos y demritos de otros investigadores. Sobre la evolucin de la teora de las clases sociales, Marx dijo que: Por lo que a m se refiere, no me cabe el mrito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses haban expuesto ya el desarrollo histrico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatoma econmica de stas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases slo va unida a determinadas fases histricas de desarrollo de la produccin; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por s ms que el trnsito hacia la abolicin de todas las clases y hacia una sociedad sin clases [51].

Los crticos del marxismo se han basado en esta y en otras referencias directas al concepto de necesidad para sostener que el marxismo es un determinismo economicista y que, por tanto, su teora de la lucha de clases y de los sujetos queda anulada por ese abrumador determinismo que niega la libertad humana. Estas crticas ocultan la constante presencia en el marxismo del llamado a la accin consciente, a la prctica consciente de la libertad como la nica garanta que puede impedir el colapso social. Estas crticas ocultan o desconocen que cuatro aos antes de la cita anterior Marx y Engels advirtieron en el Manifiesto Comunista que la permanente lucha de clases puede concluir con la victoria de una de las clases en lucha, o con el hundimiento de las clases en pugna [52]. La victoria de una u otra clase, o el hundimiento de ambas, estas tres posibilidades dependen de la evolucin de la lucha de clases, del choque brutal en los momentos decisivos de voluntades sociales antagnicas. De hecho, el Manifiesto entero es un exhorto al ejercicio organizado de la libertad revolucionaria para acabar con la propiedad capitalista [53]. Por tanto, el contenido de necesidad de la dictadura del proletariado consiste en que de la misma forma que es necesaria una medicina para una persona enferma, para la humanidad trabajadora es necesaria la dictadura del proletariado si quiete conquistar su libertad. Es una necesidad asumible o no, opcional, a sabiendas de que el futuro depende de si se la acepta o se la rechaza.

Para la teora del sujeto revolucionario este contenido libre y crtico de la conciencia de posibilidad de superacin de su necesidad social, es decisivo porque explica el papel crucial de lo subjetivo en cualquiera de sus formas. Ahora bien, entender la dialctica entre la necesidad, la libertad y la posibilidad --La libertad no es comprensin de la necesidad en el sentido de que nunca se puede hacer ms que un nica necesidad. Sino que slo tenemos libertad verdadera cuando nuestro hacer y omitir se encuentra ante una ancha escala de posibilidades [54]--, es requisito necesario para entender qu son las clases sociales, cmo, por qu y para qu luchan entre ellas. No se puede definir el sujeto colectivo de la revolucin al margen del contexto de posibilidades, libertades y necesidades que de un modo u otro impulsan, frenan o impiden el trnsito de su conciencia-en-s a su conciencia-para-si. De aqu la rica complejidad de la teora de la lucha de clases, de la teora del sujeto revolucionario.

R. Candy nos dice que: Para Marx clase es una idea de gran sutileza, ms compleja de lo que muchos suponen. La clase no es homognea. Tiene fracciones que operan autnomamente en el contexto de sus intereses bsicos de clase [] Los estados de nimo de las masas se transforman, se desplazan, fluyen; las clases se fraccionan y concentran; los partidos se dividen en fracciones; los dirigentes olvidan sus principios e inventan otros nuevos. El anlisis de clases no es una tarea fcil y Marx no ofrece ninguna frmula sencilla para el estudio de la sociedad [55]. T. Andrani nos advierte de que El concepto de clase es a la vez simple y muy complejo, sin duda el ms difcil de toda la teora social, puesto que pone en juego la mayor parte de sus dems conceptos [56]. R. Antunes nos habla de que hace falta disponer de una concepcin ampliada del trabajo para poder estudiar con efectividad el diseo complejo, heterogneo y multifactico que caracteriza a la clase trabajadora [57]. Interaccin de conceptos cada uno de los cuales estudia una parte de la realidad compleja y a la vez simple, multifactica y heterognea, la misma realidad que se presenta bajo tantas mltiples formas que ofuscan nuestra mente y nos hacen creer que ha desaparecido la realidad social: el proletariado parece, pues, desaparecer en el momento mismo que se generaliza [58], nos avisa S. Amin.

El proletariado parece desaparecer de la escena social cuando lo reducimos a una cosa y no a una relacin objetiva de lucha de clases. Cuando lo analizamos como una parte de la unidad y lucha de contrarios clasistas enfrentados, inseparablemente unida a la burguesa, entonces el proletariado aparece al instante como una compleja, viva y contradictoria realidad objetiva que puede ser conocida rigurosamente. Pero la ideologa burguesa no lo puede entender porque los economistas no conciben el capital como una relacin [59]. E. P. Thomson aplicaba el mtodo correcto de pensamiento cientfico-crtico cuando sostuvo que: una clase es una relacin, un sistema de relaciones en suma, y no una cosa [60]. Y tambin lo haca . Garca Aguilera cuando afirmaba que: La definicin de clase en el Manifiesto es procesual, no esttica, no juridicista, ni tecnicista. El capital es una relacin social, no un grupo de personas con ciertas cualidades personales [61]. Hace muy bien este segundo autor en referirse directamente al capital, a la burguesa, en vez de al proletariado, porque as confirma que la definicin de clase nos remite siempre a la unidad y lucha de contrarios dentro de una relacin social, en este caso de explotacin.

Definir a las clases como un sistema de relaciones, en vez de como una cosa esttica y cerrada, es verlas dentro de la totalidad social en movimiento, como una parte activa de esa totalidad mvil. Por relacin, por sistema de relaciones, debemos entender el movimiento internos de la lucha de contrarios en una totalidad concreta, en este caso en la economa capitalista y ms especficamente en la unidad y lucha irreconciliables entre las clases explotadoras y explotadas. Lo relacional no puede ser nunca pensado desde lo esttico. Tiene razn M. Musto cuando sostiene que la riqueza del pensamiento de Marx consiste en que es problemtico, polimorfo, y de largo horizonte [62], un pensamiento que, como dice Engels, rechaza las lneas duras y rgidas [63] que pretenden aislar las contradicciones e inmovilizarlas. J. Muoz nos dijo que la sntesis de Marx nunca es algo consumado, sino algo ms bien en proceso de realizacin constante [64], porque la lucha de contrarios es constante.

Nos hacemos una idea ms plena de la importancia del concepto de sistema de relaciones al ver que las clases no son entidades aisladas, lo que permitira hablar slo de la burguesa sin citar en absoluto al proletariado y viceversa, sino como unidad de contrarios irreconciliables en lucha permanente, de modo que el cambio en una de ellas supone otro cambio opuesto en la contraria, siendo imposible hablar de la burguesa sin a la vez hablar del proletariado; por ello mismo son un conjunto de relaciones en choque, relaciones en las que una parte, la clase burguesa, dispone de un instrumento clave como es el Estado, lo que le permite reforzar su centralidad y romper a la vez la centralidad de la clase expropiada: una clase, internamente cambiante a su vez, es una de las fuerzas en liza dentro de la lucha de clases, tomando en consideracin todos los planos -econmico, social, cultural, ideolgico- en que esta lucha se produce y la estructura de clases debe ser vista como un modelo dinmico e histricamente condicionado [65].

Un modelo dinmico condicionado histricamente porque en su evolucin interviene la burguesa y de forma decisiva en muchos momentos, que no es una clase inerte e inane. Al contrario: la burguesa es una clase viva que ha retoado sobre determinadas bases econmicoproductivas. Esta clase no es un producto pasivo del desenvolvimiento econmico, sino una fuerza histrica, activa y enrgica [66]. De entre los cuasi infinitos ejemplos que lo demuestran tenemos uno especialmente relacionado con la lucha de clases a nivel mundial, y con su correspondiente definicin de clase burguesa, ya que atae a las grandes diferencias formales, externas, que no de fondo e internas, entre las burguesas anglosajonas, rabes, sionistas, y en general a todas las potencias interesadas en debilitar a la URSS incluida China Popular-- armando a la ms fantica contrarrevolucin fundamentalista islmica en lo que J. Fontana ha denominado la trampa afgana [67]. Una burguesa pusilnime nunca hubiera organizado esta y otras trampas sangrientas y atroces.

Ahora bien, significa todo lo hasta aqu visto sobre el movimiento permanente de la realidad, el que sta es por ello mismo incognoscible en su esencia? Significa que no podemos saber con rigor qu son las clases concretas que luchan entre s? Engels recurre a una cita de Hegel para fijar la categora de esencia sin la cual no existira praxis cientfico-crtica alguna: En la esencia todo es relativo (por ejemplo, positivo y negativo, que slo tienen sentido en su relacin, y no cada uno por s mismo) [68]. La esencia es relativa entonces son relativas la explotacin social, el imperialismo, la tasa de desempleo y de subempleo, las sobreganancias fabulosas de la gran burguesa incluso en perodos de crisis como el actual? Si todo es relativo, dnde queda el valor normativo, axiolgico, de la teora del concepto arriba expuesta? No obtendremos respuesta alguna, u obtendremos una reaccionaria, si nos atamos a la metafsica positivista, entendiendo por metafsica la ciencia de las cosas, no de los movimientos [69].

Debemos por tanto bucear un poco ms en la teora del concepto que tiene tres determinaciones bsicas: singularidad, particularidad y universalidad [70]. Por ejemplo, la singularidad de una clases trabajadora en un pas concreto en un perodo concreto, la particularidad de varias clases trabajadoras en varios pases del mismo nivel de antagonismo social en el mismo perodo concreto, y por ltimo, la universalidad de toda la clase trabajadora internacional en el capitalismo de esa misma poca. Para comprender la interaccin de estas tres determinaciones, podemos recurrir a J. Osorio quien nos explica que : el mtodo de conocimiento en Marx implica partir de las representaciones iniciales, o concreto representado, para pasar a la separacin o anlisis de elementos simples, proceso de abstraccin, que permita descifrar las articulaciones especficas, y a partir de ellas reconstruir una rica totalidad con sus mltiples determinaciones y relaciones, esto es, un nuevo concreto, pero diferente al inicial, en tanto sntesis y unidad de lo diverso, que organiza y jerarquiza las relaciones y los procesos, lo que nos revela y explica la realidad societal [71].

Se puede decir de otro modo: se trata de un movimiento doble en su unidad que abarca lo esencial, lo gentico del problema, es decir, lo que le identifica como estructura y sistema estable --lo gentico-estructural--, y lo histrico, el movimiento y el cambio permanentes --lo histrico-gentico--, de manera que en todo momento, en cada parte del problema, aparecen expuestas su esencia y sus formas externas, en cuanto unidad real [72]. As la relatividad histrica de la esencia nos remite a la esencia interna de lo relativo. P. Vilar desarrolla la interaccin entre lo gentico-estructural y lo histrico-gentico, en su explicacin de que, en Marx, se fusionan y se separan a la vez dos niveles, el bsico y comn al modo de produccin capitalista, nivel en el que slo existe la lucha entre el capital y el trabajo, la burguesa y el proletariado, y el nivel de formaciones econmico-sociales concretas, de los pases y de los Estados, con sus clases, fracciones de clases, categoras sociales, etc., especficas que existen en esos momentos precisos [73].

Si nos detenemos un instante en la interaccin entre lo gentico-estructural y lo histrico-gentico vemos que, en realidad, estamos ante el desenvolvimiento de la totalidad concreta que investigamos, la que fuere. Pero la realidad es una porque existe lo que correctamente se denomina unidad material del mundo aunque con infinitas formas de materializacin ante nuestra praxis, que adems crea formas nuevas, inexistentes hasta entonces. Podemos utilizar el smil de la caja de muecas rusas en la que dentro de la primera se encuentran otras cada ms pequeas y diferentes. Cada mueca es una totalidad concreta en s misma pero a la vez dentro de otra totalidad mayor, que determina el tamao objetivo de la menor que a su vez determina a las progresivamente ms pequeas que ella contiene. Recurdese que utilizamos un smil, porque la realidad es cualitativamente ms compleja. Pues bien, en el momento de estudiar la historia de los sujetos colectivos aplicando el mtodo del materialismo histrico y el concepto abstracto de modos de produccin, es conveniente leer a Raya Dunayevskaya:

Marx tambin concluy que la forma de desarrollo llamada gens es superior como forma de vida humana que la sociedad de clases, aunque la gens tambin mostraba el comienzo, de forma embrionaria, de relaciones de clase. Y lo ms importante de todo es que el desarrollo humano multilineal no presenta una lnea derecha, es decir, no etapas fijas de desarrollo. Las mujeres iroquesas, las mujeres irlandesas anteriores al imperialismo britnico, los aborgenes de Australia, los rabes de frica, han desplegado mayor inteligencia, mayor igualdad entre hombre y mujeres que los intelectuales de Inglaterra, de Estados Unidos, Australia, Francia y Alemania [74].

Vemos aqu como las diferentes totalidades o modos de produccin, el del sistema de la gens como trnsito del comunismo primitivo al modo de produccin tributario, nombre que se emplea ahora para superar la deficiencias de lo que Marx defini como modo de produccin asitico, evolucionan no linealmente, no son fijas sino cambiantes en un desarrollo multilineal, abierto a varias posibilidades. Pero cada modo de produccin es una totalidad concreta en s misma, relacionada con otras que tienen la misma esencia: tras el sistema de gens y con la aparicin de las relaciones de clase, de la explotacin de clase y de la propiedad privada, desde entonces todos los modos de produccin estn determinados por esa naturaleza interna bsica: la propiedad privada de las fuerzas productivas en manos de una clase explotadora minoritaria. Cada modo concreto tiene una forma concreta y transitoria de propiedad y una forma precisa de relaciones de clases antagnicas y de lucha entre ellas, pero en la medida en que la propiedad privada y la opresin, explotacin y dominacin recorre a todos esos modos de produccin, en esa medida todos ellos forman una unidad esencial, una totalidad concreta que les integra en lo esencial: la injusticia.

El principio de totalidad concreta es decisivo para entender la definicin marxista de las clases sociales y de la lucha entre ellas. Ha sido uno de los principios metodolgicos ms atacados y desprestigiados por la casta intelectual burguesa en su conjunto, porque rompe la unilateralidad y linealidad mecanicista consustancial a la ideologa capitalista. R. Vega Cantor ha definido as el concepto de totalidad aplicado al estudio de las clases sociales: Cuando se habla de totalidad, desde luego, no se est diciendo que se deba hablar de todo sin ton ni son, sino que simplemente se quiere enfatizar en la necesidad de precisar la diversidad de cuestiones que inciden en los procesos histricos reales y que ameritan ser considerados en el anlisis histrico para poder acercarse a la comprensin de esos procesos. Ello obliga al historiador a traspasar las fronteras de las especializaciones restringidas y aventurarse en un terreno abierto en el cual se ve compelido a recurrir a mltiples instrumentos analticos procedentes de diversas disciplinas del anlisis social [75]

Ms en detalle, en los niveles ms concretos y detallados de la totalidad concreta de la lucha de clases, el accionar mutuo de los conceptos ms particulares es inseparable de una visin ms general del problema en el que intervienen todos los diversos niveles e esa realidad especfica. Segn D. Bensad : No se encuentra entonces en Marx ninguna definicin clasificatoria, normativa y reductora de las clases, sino una concepcin dinmica de su antagonismo estructural, a nivel de la produccin, de la circulacin como de la reproduccin del capital: en efecto, las clases jams son definidas solamente a nivel del proceso de produccin (del cara a cara entre el trabajador y la patronal en la empresa), sino determinadas por la reproduccin del conjunto donde entran en juego la lucha por el salario, la divisin del trabajo, las relaciones con los aparatos del Estado y con el mercado mundial [76]. Por su parte, S. Amin hace exactamente lo mismo cuando nos explica que:

Marx defini al proletariado de una manera rigurosa (el ser humano obligado a vender al capital su fuerza de trabajo) y supo que las condiciones de esta venta (formales o reales, para retomar la terminologa del propio Marx) han sido siempre diversas. La segmentacin del proletariado no es ninguna novedad. Se comprende entonces que la cualificacin haya sido ms visible para determinados segmentos de la clase, como los obreros de la nueva maquinofactura del siglo XIX, o an mejor, la de la fbrica fordizada del siglo XX. La concentracin en los lugares de trabajo facilita la solidaridad en las luchas y la maduracin de la conciencia poltica, lo que aliment el obrerismo de determinados marxismos histricos. La fragmentacin de la produccin producida por las estrategias del capital aprovechando las posibilidades que ofrecen las tecnologas modernas pero sin perder por ello el control de la produccin subcontratada o deslocalizada, debilita por supuesto la solidaridad y refuerza la diversidad en la percepcin de los intereses [77].

La multidivisin y parcializacin del proceso productivo es parte de la fragmentacin de la realidad social capitalista en miles de trozos, como indica D. Harvey [78], La clase burguesa sabe que la pulverizacin social masiva, y sobre todo de la clase obrera le ayuda a incrementar su tasa media de ganancia, por lo que le es un objetivo vital fraccionarla hasta individualizarla, atomizarla. Slo puede triturarse lo que previamente est compactado con anterioridad, es decir, slo puede atacarse la centralidad obrera y popular si previamente ella existe. Pero la existencia de una clase asalariada bsicamente idntica en su esencia en el modo capitalista de produccin y a la vez, la existencia de mltiples formas diferentes de clases trabajadoras en las sociedades particulares, en las reas regionales ms o menos grandes con parecidos grados de desarrollo, esta obliga a que nuestro pensamiento aplique simultneamente dos niveles o reas de conceptos especficos, dentro de la misma teora del concepto.

R. Gallissot lo expresa as: En Marx y Engels, se diga o no, existen fluctuaciones terminolgicas: es que, bajo las mismas palabras, los objetos hacia los que se apunta no son los mismos: la frmula se relaciona, sea con la sociedad capitalista en sus fundamentos generales, sea con sociedades particulares en el seno del capitalismo, sea solamente con la combinacin de las relaciones de clase y de fuerzas polticas en una sociedad dada () No hay escndalo alguno en reconocer que, continuamente en Marx y Engels, hay encabalgamiento de vocabulario y de sentido, interferencia entre el uso vulgar (el modo de produccin es la forma de producir la palabra formas se repite), y el empleo tpico [...] subsiste la impresin de que hay usos preferenciales que iran de lo particular a lo general: formas, formaciones, formacin econmica [79].

Es tarea del militante marxista el saber calibrar correctamente el sentido, alcance y limitacin de cada encabalgamiento conceptual, del contexto al que se aplica, para no extrapolarlo ms all de su alcance. A. Gutmanova advierte que a veces no se pueden establecer divisiones precisas, por cuanto todo se desarrolla, modifica, etc. Toda clasificacin es relativa, aproximativa, y revela de forma sucinta las concatenaciones entre los objetos clasificados. Existen formas transitorias intermedias que es difcil catalogar en un grupo determinado. Semejante grupo transitorio a veces constituye un grupo (especie) autnomo [80]. Adems, la dialctica entre el uso vulgar de un concepto en comparacin a su empleo tpico ha dado paso a la lgica borrosa que, segn M. Hernando Calvio: opera con conceptos aparentemente vagos o subjetivos, pero que en realidad contienen mucha informacin [81].

La metodologa dialctica exige, como dice Rosental, un relativismo conceptual flexible y a la vez concreto porque cada fenmeno posee muchos vnculos e interacciones con otros fenmenos y donde la interaccin condiciona que aparezcan ora unos rasgos, propiedades y aspectos de las cosas, ora otros. Por esto tampoco puede la ciencia operar a base de un simple esquema: o verdad o error. Las cambiantes propiedades de las cosas exigen del concepto de verdad una flexibilidad y un carcter concretos mximos, pues tambin el concepto de verdad es relativo: lo verdadero en determinado tiempo y en cierta conexin, se convierte en error en otro tiempo y en una conexin distinta [82]. Las asalariadas hilanderas de las mquinas de vapor de la mitad del siglo XIX han desaparecido, pero en esencia pertenecan a la misma fraccin de clase trabajadora mundial a la que pertenecen ahora las maquiladoras explotadas hasta la extenuacin en la periferia capitalista, por no hablar de la identidad de la opresin sexo-econmica de entonces y de ahora.

En el momento de aplicar el mtodo dialctico al problema de las clases sociales, debemos recurrir a las tesis de G. Gurvitch sobre que: El mtodo dialctico es un mtodo de lucha contra toda simplificacin, cristalizacin, inmovilizacin o sublimacin en el conocimiento de los conjuntos humanos reales y, en particular, de las totalidades sociales. Pone de relieve complejidades, sinuosidades, flexibilidades, tensiones siempre renovadas, as como giros inesperados que la captacin, comprensin y conocimiento de estos conjuntos deben tener en cuenta para no traicionarlos [83]. Las siempre renovadas tensiones de la realidad se expresan en la problemtica de la lucha de clases mediante los cambios continuos que stas sufren, ante los que debemos estar siempre prevenidos, pero sin negar su partencia al modo capitalista de produccin como un todo que exige de un concepto abstracto-general.

Aplicado este mtodo dialctico que insiste en la flexibilidad, sinuosidad y complejidad, al estudio de la clase burguesa en concreto, vemos que, adems de tener que definir simultneamente a la clase trabajadora, tenemos que recurrir a lo que C. Katz denomina definiciones ampliadas, ya que la clase dominante registra procesos constantes de mutacin [84]. Por definiciones ampliadas debemos entender las no cerradas ni estticas, sino las que permiten abrir los espacios conceptuales a las nuevas realidades, a las mutaciones que se producen en todo momento en la realidad. Pero que la burguesa est en permanente mutacin no significa que, en el nivel abstracto del modo de produccin capitalista, haya mutado tanto como para negar su esencia explotadora.

E. Hobsbawm malinterpreta y en cierto modo reduce el poder terico del mtodo dialctico, al sostener que hay una cierta ambigedad en Marx cuando trata las clases sociales [85]. No existe ambigedad alguna en Marx sino un escrupuloso y metdico plan de estudio de la realidad capitalista a dos niveles que en realidad son uno, el de su esencia profunda y el de su apariencia externa. No tuvo tiempo para concluir su proyecto y por eso en determinadas reas parece que existen vacos, cortes absolutos, entre sus diferentes componentes, por ejemplo, el problema del Estado, de las clases, del colonialismo, de la filosofa dialctica, etc., cuando en realidad fue carencia material de tiempo para elaborar teoras ms plenas, pero nunca definitivas. Esta es la razn que explica que en el caso de las clases sociales parezca que existen dos niveles incomunicados entre s, el de la definicin econmica y el de la poltica, como el mismo E. Hobsbawm sostiene inmediatamente despus. Sin embargo, la unidad del mtodo aparece expuesta prcticamente para quien quiera estudiarla en uno de los ltimos textos escritos por Marx, su imprescindible Encuesta Obrera [86]. Aqu la dialctica entre lo econmico y lo poltico es ampliada y profundizada hasta sofisticados niveles de investigacin de la vida cotidiana de la clase obrera tal cual exista en noviembre de 1880, unida de manera irrompible con la clase burguesa por lazos de explotacin.

De hecho, en el fondo, este mismo mtodo lo aplic Marx al problema nacional, al utilizar diversos nombres y conceptos en diversos momentos del anlisis con resultados especficos en la sntesis terico-prctica. As lo explica S. F. Bloom: Slo muy incidentalmente Marx fue un terico de la nacionalidad o de la raza. Nunca intent definiciones de la raza o de la nacionalidad que las distinguieran de otros agregados de los hombres. Empleaba trminos como nacional y nacin con considerable vaguedad. A veces nacin era un sinnimo de pas; a veces de esa entidad diferente que es el estado. Ocasionalmente como nacin designaba a la clase dominante de un pas (...) Si Marx se interes slo indirectamente por las teoras de la nacionalidad, se interes muy de cerca por el carcter y los problemas de naciones modernas especficas (...) As vista y as limitada, nacin --en el sentido empleado por Marx-- puede caracterizarse como una sociedad individual que funciona con un grado considerable de autonoma, integracin y autoconciencia [87].

Marx no slo emplea el encabalgamiento conceptual cuando estudia el problema de las clases sociales y de la opresin nacional, sino tambin cuando estudia el Estado burgus y lo somete a una crtica demoledora en su totalidad: Hay ocasiones en las que Marx escribe como si el Estado no fuera ms que un instrumento directo de la clase dominante. En sus escritos de contenido histrico, sin embargo, suele mostrar muchos ms matices. La labor del Estado poltico no es simplemente la de servir a los intereses inmediatos de la clase dirigente: debe actuar tambin para mantener la cohesin social [88]. O sea, en el nivel del modo de produccin en s, cuando Marx debe estudiar al Estado capitalista, centra su foco de atencin en lo gentico-estructural, en lo bsico y obligado a todas las formaciones econmico-sociales, es decir, el Estado como pieza clave en general; en el nivel de las sociedades, pases y reas ms especficas, entonces Marx centra el foco de sus investigaciones sobre el Estado en otros matices ms sutiles y precisos que exigen una sofisticacin analtica ms detallista. Como resultado de esa flexibilidad de movimiento conceptual --encabalgamiento-- la teora marxista del Estado es de una potencialidad revolucionaria an no explorada del todo.

La efectividad de este mtodo tan gil aparece manifiestamente cuando Marx --o Engels-- escribe esas verdaderas obras maestras de lo que podemos definir como historia global en accin. Tiene razn D. Bensad cuando sostiene que:

Desde el punto de vista de Marx no existe dificultad alguna en reconocer la existencia de conflictos no directamente reductibles a la lucha de clases. Sus anlisis polticos o histricos concretos estn llenos de antagonismos que se relacionan de manera mediata con las clases fundamentales. Admitida esta autonoma relativa, el verdadero problema consiste en dilucidar las mediaciones y articulaciones especficas de las diferentes contradicciones. Semejante trabajo no debera culminar en el nivel de abstraccin del que derivan las relaciones de produccin en general. Se juega en el nudo de la formacin social, en las luchas concretas, en una palabra, en el juego de desplazamientos y condensaciones donde el conflicto encuentra su verdadera expresin poltica. En este nivel, intervienen no solamente las relaciones de clase, sino tambin el Estado, las redes institucionales, las representaciones religiosas y jurdicas [89].

Estado, clase social, opresin nacional no son los nicos problemas que Marx --y Engels-- estudia aplicando el mtodo de la fluidez dialctica. Como veremos al extendernos algo ms en la teora del concepto, el esencial problema del valor, en toda su complejidad, es igualmente resuelto mediante este mtodo, porque para l: el valor es un concepto complejo, flexible, multiforme, que expresa la diversidad de los aspectos de la realidad misma. El valor refleja fielmente las peripecias por las que atraviesan las relaciones de la produccin mercantil en su desarrollo histrico, en el momento en el que la extensin del modo capitalista de produccin transforma la produccin mercantil simple en produccin capitalista [90]. Para desarrollar un concepto multiforme y complejo que exprese la rica multifactica del objeto estudiado hay que aplicar un mtodo con la libertad de movimiento suficiente para seguir las interacciones, contradictorias o no, antagnicas o no, entre las partes del objeto.

De hecho, el propio Marx lo reivindic al poco de publicarse el Libro I de El Capital, cuando un lector de su obra llam la atencin positivamente sobre la libertad de movimientos --la ms rara libertad-- del mtodo que estructuraba la obra, mrito que Marx atribuy al mtodo dialctico [91]. S. Garroni ha escrito a este respecto que: En suma, la totalidad de la que habla Marx, necesariamente, es un objeto desflecado (ausgefranst): si su dialctica permite tematizarlo como un nudo dinmico y no casual de relaciones; su fluidez hace imposible fijarlo, cristalizarlo en una definicin que se pretenda definitiva [92]. No se puede fijar una definicin cerrada y definitiva porque el movimiento de la totalidad determina que lo nuevo siempre presione sobre lo ya dado. Esta tensin creativa recorre no slo la obra de Marx y Engels sino de la prctica cientfica.

Conviene insistir en que la fluidez del pensamiento tambin caracteriza al mtodo cientfico en el llamado sentido fuerte, que no slo a la filosofa dialctica, porque cuando no se tienen argumentos para sostener la invalidez absoluta de la dialctica se reduce su alcance slo a lo social y a veces ni eso. C. Allgre muestra que los actuales modelos tericos de las ciencias biolgicas: son maleables, plsticos, evolutivos, provisionales, se modifican en la medida en que los experimentos lo van exigiendo. No se trata de cortapisas o trabas al progreso, sino de guas, de marcos conceptuales. Quienes las construyen aceptan el rigor dentro de lo provisional, lo cual caracteriza sin duda el verdadero progreso cientfico [93]. El rigor dentro de lo provisional no es otra cosa que el rigor del concepto de clases sociales y de lucha clases slo es aplicable a la provisionalidad histrica del capitalismo y, con precauciones, de todos los modos de produccin basados en la explotacin de la mayora por la minora. Es un rigor provisional porque la historia humana, la antropogenia, cambia.

C. Allgre est dando la razn a H. Lefebvre, cuando ste afirm aos antes que para el pensamiento vivo, ninguna afirmacin es indiscutible y enteramente verdadera; como tampoco es indiscutible y enteramente falsa. Una afirmacin es verdadera por lo que afirma relativamente (un contenido) y falsa, por lo que afirma absolutamente; y es verdadera por lo que niega relativamente (su crtica bien fundada de las tesis adversas) y falsa por lo que niega absolutamente (su dogmatismo, su carcter limitado y restringido). El pensamiento vivo, al confrontar las afirmaciones, busca la unidad superior, la superacin [94]. Comentando los esfuerzos loables pero baldos de Leibniz, Frege, Russel y otros muchos logicistas por hallar sistemas acabados y definitivos, A. Gutmanova sostiene que La evolucin de todo conocimiento, incluida la lgica, se revela en que es imposible meter toda la lgica del pensamiento humano en un solo sistema acabado [95].

Ya casi es un tpico que debe repetirse en los textos que deseen mostrar alguna seriedad metodolgica el reivindicar una forma de pensamiento capaz de estudiar los fenmenos mltiples, contradictorios, antitticos, de globalizacin, y tambin se acepta que las respuestas simples si pueden tener sentido y ser necesarias en las escalas llamadas menores de la vida en el planeta, por ejemplo, en la cotidianeidad de los individuos. Pero a partir de la complejidad, los entrecruzamientos, las movilidades, la permeabilizacin de los diferentes procesos globalizantes, las respuestas exigirn, cada vez ms de una imaginacin creativa (no simplemente asociativa) [96].

La presin de la jerarqua de saber, de la burocracia acadmica, del poder tecnocientfico y cultural es tan aplastante que muchos cientficos practican la dialctica en general y la ley de la negacin de la negacin en particular en silencio, sin asumirlo pblicamente. Un caso entre miles es el de G. Binning, premio Nobel de Fsica de 1986, que no emplea nunca, salvo error nuestro, el concepto de dialctica, y frecuentemente retrocede a la superada tesis de la dualidad como principio original [] Claro-oscuro, caliente-fro, bueno-malo; o en medicina: simptico-parasimptico, tesis-anttesis o tambin simplicidad-caos, con la multiplicidad como valor intermedio [97]. La dualidad como principio original nos lleva a comprender que la vida se ha ido desarrollando a saltos; no con una explosin sino con varias. Siempre se trata de saltos [98], o tambin que: Me imagino una gran evolucin, en la que se han producido pequeos y grandes avances. Los grandes avances podran calificarse de explosiones originarias que han motivado grandes evoluciones [99]. Elevado esto al mtodo dialctico, debemos decir: la unidad y lucha de contrarios, el aumento cuantitativo y el salto cualitativo, y la negacin de la negacin bullen en el automovimiento de la creatividad. Y por no extendernos, una frase que parece cogida directamente de Hegel: Qu idea ms curiosa la de que una constante no sea constante [100].

Hay otros cientficos geniales, como J. Wagensberg que sostienen con razn que:

Un objeto y la sospecha de una descripcin no trivial, he aqu el mvil que puede poner en marcha la tarea cientfica. Se empieza por la eleccin del objeto y se termina cuando tal eleccin ha alcanzado cierta plenitud. Porque no se puede elegir un objeto sin definirlo y no hay buena definicin que no incluya el mismo nmero de propiedades capaz de distinguirlo de todos aquellos otros a excluir de nuestro estudio. Entre una cosa y otra, entre el principio de elegir y el fin de elegir plenamente, media el esfuerzo de observar, experimentar, modelar, teorizar, generalizar. Todo hacer cientfico torna a la lnea de salida, es redondo, las ltimas frases de un ensayo cientfico suelen versar sobre las primeras. Cuando el crculo nos sale vicioso significa que el ejercicio ha fracasado; si virtuoso, entonces que ha triunfado. Y el crculo es vicioso cuando el punto de llegada coincide exactamente con el de partida, cuando la definicin ensayada no logra enriquecerse en ningn sentido. Se trata entonces de un movimiento circular perfecto y por ello condenado a la eterna y boba rotacin trivial. Un crculo virtuoso, en cambio, no se cierra. El punto de llegada es el principio de otro crculo ligeramente desplazado. Se forma una espiral, hay precesin, hay virtud. Hay ciencia [101].

La eleccin del objeto nos remite al problema de la definicin de la totalidad concreta. Alcanzar cierta plenitud nos remite a la teora de la verdad objetiva, absoluta y relativa. El smil de la espiral y el concepto de precesin nos remite directamente a Lenin, al recorrido en espiral ascendente o descendente del borde de un cono. La figura del crculo abierto, virtuoso, y del punto de llegada que es el inicio de otro avance, a la ley del salto cualitativo y de la negacin de negacin; la frase el esfuerzo de observar, experimentar, modelar, teorizar, generalizar, nos remite a la praxis como criterio de verdad, a las categoras filosficas de lo general y lo particular, de la esencia y el fenmeno, etc. El punto de llegada y de inicio de otro crculo nuevo y superior nos remite a la ley del salto cualitativo, de lo viejo a lo nuevo. Por no extendernos, la expresin final Hay ciencia nos lleva, adems de a la categora de anlisis y sntesis, induccin y deduccin, lgico e histrico, teora e hiptesis, etc., tambin y sobre todo a la teora del concepto.

Respondiendo a unas preguntas sobre la actualidad del marxismo, y refirindose en concreto a la actualidad de la dialctica, D. Bensad sostuvo que:

La renovacin de las categoras dialcticas a la luz de controversias cientficas en torno al caos determinista, la teora de sistemas, las causalidades holsticas o complejas, las lgicas de lo viviente y del orden emergente (a condicin de proceder con precaucin de un dominio al otro), ponen a la orden del da un dilogo renovado entre diferentes campos de investigacin y una renovada puesta a prueba de las lgicas dialcticas. Una necesidad acuciante de pensar la mundializacin y la globalizacin desde el punto de vista de la totalidad (de una totalizacin abierta), para comprender las nuevas figuras del imperialismo tardo e intervenir polticamente en el ms desigual y peor combinado desarrollo que jams existiera en el planeta [102].

No vamos a seguir por este camino ya trillado e incuestionable de volver a confirmar la relacin entre mtodo dialctico, mtodo cientfico y dialctica de la naturaleza, demostradas las sorprendentes confirmaciones de la dialctica por los avances cientficos tras la muerte de Engels en 1895: Los contrarios coexisten inseparables y se transforman el uno en el otro; sin comprender este principio de la dialctica es imposible resolver, en lo esencial, los principales problemas que tienen planteados las ciencias naturales modernas [103]. Dejado esto en claro, avanzamos un paso ms al volver, desde este conocimiento, al pensamiento humano, social e histrico, o a eso que llaman ciencias sociales, o menores, pero tambin en las ciencias duras. Segn Ilyenkov: La dialctica consiste exactamente, en la habilidad de comprender la contradiccin interna de una cosa, el estmulo de su autodesarrollo, donde el metafsico ve slo una contradiccin externa resultando de una colisin ms o menos accidental de dos cosas internamente no contradictorias [104]. De este modo tenemos ya los dos componentes de la fluidez dialctica del pensamiento humano, pero para desarrollar su contenido revolucionario debemos profundizar un poco ms en la teora del concepto y en especial de la ley de la negacin de la negacin.

 

4.- Lenin y la teora del concepto

Es cierto que Marx no dej escrita ninguna publicacin sobre el mtodo dialctico, aunque tena la intencin de hacerlo, y los escritos de Engels y sus borradores tampoco fueron eso que la ideologa burguesa define como obra completa, acabada. Aun as es innegable que en su obra entera, de principio a fin, el mtodo dialctico est presente en su mejor forma expresiva, en el interior mismo de los problemas que estudian, enriquecindose conforme varan y cambia. La ley de la negacin de la negacin tambin lo est, ley imprescindible e implcita en toda la obra de Marx y explcita en los Manuscritos de Pars de 1844, en el final del Libro I de El Capital, en la Crtica del programa de Gotha, e incluso en sus Manuscritos matemticos. La importancia de la ley de la negacin de la negacin es tal que para evitar su manipulacin por ignorancia o inters reaccionario Engels no dud en aclararla en el Anti-Dhring [105] pero con alguna limitacin por la forma pedaggica del texto, aunque ms adelante lo corrige precisamente al analizar la presencia interna de la negacin de la negacin en la lucha poltica [106]. A pesar de esto, Aparte del propio Marx, toda la cuestin de la negacin de la negacin fue ignorada por todos los marxistas ortodoxos. O peor, esta cuestin fue convertida en un materialismo vulgar, como con Stalin, quien neg que fuera una ley fundamental de la dialctica [107], chocando as frontalmente con Lenin como vamos a ver ahora mismo.

Lenin, exponiendo los 16 elementos de la dialctica, introduce la negacin de la negacin entre los elementos 13 y 14: La repeticin, en una etapa superior, de ciertos rasgos, propiedades, etc., de lo inferior y el pretendido retorno a lo antiguo [108]. Fijmonos que Lenin habla de retorno pretendido a lo antiguo, es decir, de un falso retorno porque en realidad lo que siempre se produce es un salto a lo nuevo. Que no se vuelva al pasado no quiere decir que la negacin sea intil, al contrario: Ni la negacin vaca, ni la negacin intil, ni la negacin escptica, la vacilacin y la duda son caractersticas y substanciales de la dialctica --que, sin duda, contiene el elemento de negacin y, adems, como su elemento ms importante--, no, sino la negacin como un momento de la conexin, como un momento del desarrollo, que retiene lo positivo, es decir, sin vacilaciones, sin eclecticismo alguno [109]. R. Dunayevskaya sostiene que uno de los mritos incuestionables del revolucionario bolchevique fue el de aplicar la negacin de la negacin como ncleo de su mtodo dialctico, mtodo decisivo sin el cual no hubiera elaborado sus teoras del imperialismo, de la opresin nacional, del Estado, de la filosofa revolucionaria, etc., desde 1914 hasta su Testamento [110] y hasta de la teora de la organizacin [111], cuestin inseparable de la problemtica del sujeto que aqu debatimos, pero en la que tampoco vamos a entrar por razones de tiempo.

Pero ahora no podemos profundizar en los debates sobre la vala o limitaciones [112] de la segunda negacin, sobre las razones de Stalin para no incluirla en su clebre texto sustituyndola por otra [113], siendo una de ellas la que asegura que tal ley dialctica es incompatible con la casta burocrtica a la que Stalin representaba [114]. Pero qu dice esta ley en su sentido fuerte? Segn I. Mszros:

No es simplemente el acto mental de decir no, tal como la filosofa formalista/analtica la considera en su circularidad, sino que se refiere principalmente a la base objetiva de tal proceso mental de negacin sin el cual decir no sera una manifestacin gratuita y arbitraria de capricho, ms que un elemento vital del proceso cognoscitivo. De este modo, el sentido fundamental de la negacin se define por su carcter como un momento dialctico inmanente de desarrollo objetivo, convirtindose en mediacin y transicin.

Como momento integrante del proceso objetivo con sus leyes internas de despliegue y transformacin, la negacin es inseparable de la positividad de ah la validez de la frase de Spinoza: omni determinatio es negatio- y todo reemplazo procede de la preservacin. Tal como dijo Hegel: Desde esta faceta negativa, lo inmediato queda sumergido en el Otro, pero el Otro no es esencialmente negativo vaco, la Nada que se considera como el resultado habitual de la dialctica, sino que es el Otro del primero, lo negativo de la inmediatez; por lo tanto, est determinado como lo mediado y en general contiene en s la determinacin del primero. El primero est as esencialmente contenido y conservado en el Otro.

Es as como, a travs de la negacin de la negacin, la positividad de los primeros momentos no reaparece tan slo: es preservada/reemplazada, junto con algunos momentos negativos, en un nivel cualitativamente diferente y socio-histricamente superior. Segn Marx, la positividad nunca puede ser un complejo directo, ni problemtico ni mediatizado. Tampoco puede ser una simple negacin de una negatividad dada producir positividad autosustentada, dado que la formacin resultante depende de la formacin previa, pues cualquier negacin particular depende necesariamente del objeto de su negacin. De acuerdo con esto, el resultado positivo de la empresa socialista debe constituirse a travs de etapas sucesivas de desarrollo y transicin [115].

Mszros tiene razn en todo lo que expone, si bien ahora debemos resaltar su crtica a las limitaciones de lo que define como circularidad de la filosofa formalista/analtica, incapaz de romper ese cerco que le impide no slo ver qu hay ms all de l, en una totalidad concreta ms amplia y envolvente, sino sobre todo qu palpita y bulle en su interior por la lucha de contrarios. Segn A. G. Spirkin, la ley de la negacin de la negacin expresa tambin el proceso de cambio radical de la vieja cualidad, es decir, la tendencia fundamental del desarrollo y la sucesin de los viejo a lo nuevo [116]. Aqu tenemos una de las definiciones ms vlidas de la esencia de esta ley: el cambio radical que separa lo viejo de lo nuevo. La lgica formal no est preparada para comprender el cambio radical, el salto revolucionario, sino a lo sumo la evolucin lenta y unilineal de cosas aisladas. Es por esto que la jerarqua del pensamiento burocrtico hace malabarismos intelectuales para no profundizar en esta ley decisiva que nos obliga no slo a pensar el cambio radical sino sobre todo a intervenir anticipadamente para intentar guiarlo hacia determinadas alternativas en el momento crtico en el que hemos llegado al lmite, a la frontera [117] en donde la contradiccin estalla en el potencial creativo de su negatividad absoluta.

En efecto, basta leer cuatro de los ms empleados diccionarios, compendios y enciclopedias para constatar las limitaciones insalvables de la jerarqua del saber ordenancista. En dos de ellos, el coordinado por D. D. Runes [118], y el coordinado por L. Boni con la ayuda de G. Vattimo [119], el trmino negacin es reducido a las variaciones posibles de la lgica formal sin la mnima alusin a su aplicabilidad a las contradicciones sociales, a los conflictos humanos y a la dialctica de la naturaleza. En el tercero, el ya citado Compendio de Epistemologa, ni siquiera aparece citada como parte de la dialctica, si bien se puede entender como una indirecta referencia a ella cuando se habla de la dialctica negativa [120] de de Th. W. Adorno. Por ltimo, en La Enciclopedia slo se habla de la negacin en la lgica bivalente como conectiva singular, citando las investigaciones de M. N. Sheffer de 1913 sobre la negacin conjunta y la negacin alternativa [121]; pero sin referencia alguna a la negacin de la negacin como el momento dialctico de subsuncin de parte de lo negado e inicio de lo nuevo.

Mientras que M. N. Sheffer realizaba sus investigaciones bivalentes Lenin estudiaba a Hegel y a la negacin de la negacin. En su valoracin del aporte del revolucionario bolchevique a la teora del conocimiento, R. Dunayevskaya insiste en la importancia decisiva de la teora del concepto o Doctrina del Concepto [122] segn Hegel, inseparable de la praxis liberadora, del valor de la subjetividad como fuerza material revolucionaria que no slo refleja cientficamente la realidad, que tambin, sino que a la vez la crea [123], poniendo como ejemplo el que Lenin, en su estudio de la Ciencia de la Lgica, dedicase trece pginas de su manuscrito al Prlogo y a la Introduccin, veintids a la Doctrina del Ser, treinta y cinco a la Doctrina de la Esencia, y por fin setenta y una a la Doctrina del Concepto [124].

Lenin reley con sistematicidad casi desesperada a Hegel --el ms grande de los genios filosficos [125]--, sin hacer caso de que Los filsofos no le han perdonado an a Hegel que colocase a la contradiccin en el centro de la realidad [126]. La unidad y lucha de contrarios, la negacin de la negacin y la teora del concepto, por no extendernos, fueron comprendidas por Lenin desde 1914 con una nueva profundidad, que le llev a reorganizar su propio mtodo de pensamiento [127] resultando de ello las impresionantes construcciones terico-polticas, filosficas, organizativas y ticas insertas esencialmente en sus ideas sobre el partido poltico, el imperialismo, el Estado, la opresin nacional, la filosofa, como hemos dicho. En la totalidad de este mtodo, que era el de Marx y Engels adaptado a las nuevas condiciones mundiales generadas por la fase imperialista y por la bancarrota total de la II Internacional socialdemcrata, la teora del concepto y la ley de la negacin de la negacin juegan un papel clave.

Otro estudioso de Lenin sostiene exactamente lo mismo, reafirmando su conocido sentido dialctico que le permite sacar partido de lo contrario, de la negacin de la negacin y de aprovechar aquello que de verdad puede existir en el error propio o ajeno () Desde esta consideracin no mecanicista ni economicista de la realidad compleja, movible, contradictoria [128], ya que Lenin saba perfectamente que La revolucin es la negacin de una negacin que se llama capitalismo [129]. Este estudioso insiste en la importancia que tuvo para Lenin la lectura sistemtica de Hegel y el aprendizaje prctico de cmo tratar el desarrollo de las contradicciones.

En efecto, Lenin afirma en sus Cuadernos que La dialctica es la teora que muestra cmo los contrarios pueden y suelen ser (cmo devienen) idnticos, en qu condiciones son idnticos, al transformarse unos en otros, por qu la inteligencia humana no debe entender estos contrarios como muertos, rgidos, sino como vivos, condicionales, mviles, que se transforman unos en otros [130]. Y tambin: Multilateral y universal flexibilidad de los conceptos, una flexibilidad que llega hasta la identidad de los contrarios, tal es la esencia del asunto. La flexibilidad aplicada subjetivamente, =eclecticismo y sofistera. La flexibilidad aplicada objetivamente, es decir, si refleja la multilateralidad del proceso material y de su unidad, es la dialctica, es el reflejo correcto del eterno desarrollo del mundo [131].

Pero no se trata de un reflejo mecnico y directo, sino complejo y variable, que, como veremos, se produce en un proceso de creacin de lo nuevo mediante la intervencin de la subjetividad humana y de su contenido axiolgico, valorativo, liberador. Analizando la dialctica entre la esencia y el fenmeno, Lenin recurre a este smil: El movimiento de un ro --la espuma por arriba y las corrientes profundas por abajo. Pero incluso la espuma es una expresin de la esencia! [132], y ms adelante: La forma es esencial. La esencia est formada. De uno u otro modo, en dependencia tambin de la esencia [133], y:

El ro y las gotas de ese ro. La posicin de cada gota, su relacin con las otras; su conexin con las otras; la direccin de su movimiento; su velocidad; la lnea del movimiento recto, curvo, circular, etc.--, hacia arriba, hacia abajo. La suma del movimiento. Los conceptos como registro de unos u otros aspectos del movimiento de cada gota (=cosas), de una u otras corrientes, etc. He ah peu prs la imagen del mundo segn la Lgica de Hegel desde luego que sin Dios y lo absoluto [134].

Si aplicamos esta sntesis de la Lgica hegeliana realizada por Lenin al problema del sujeto revolucionario vemos que el ro es la unidad y lucha de contrarios irreconciliables en el interior del capitalismo; que las gotas son los diferentes componentes, fracciones, sectores, etc., en los que se expresan las clases sociales enfrentadas, con sus prcticas e intereses particulares, con sus expresiones socioeconmicas manifestadas en corrientes polticas; y que los conceptos son los registros tericos de los mltiples aspectos del movimiento de la totalidad, o del ro. De esta forma, podemos estudiar lo general y lo particular pero siempre en el interior del proceso en automovimiento, en este caso el ro de la historia. An as, las leyes internas que este mtodo descubre nunca son definitivas e inmutables, eternas, ya que la ley, toda ley, es estrecha, incompleta, aproximada [135].

Por tanto, no se puede elaborar una especie de teora acabada de la lucha de clases, del sujeto revolucionario, sino que slo una teora lo ms aproximada posible al movimiento de lo real que estudia, ya que El conocimiento es la aproximacin eterna, infinita, del pensamiento al objeto. El reflejo de la naturaleza en el pensamiento del hombre debe se entendido, no en forma inerte, abstracta, no carente de movimiento, no libre de contradicciones, sino en el eterno proceso de movimiento, del surgimiento de las contradicciones y de su solucin [136]. El conocimiento no es un reflejo abstracto, sino activo y contradictorio, y sobre todo que propone soluciones activas, ya que La conciencia del hombre no slo refleja el mundo objetivo, sino que lo crea [137]. Crear el mundo objetivo implica la praxis, la dialctica entre la mano y la mente, entre lo objetivo y lo subjetivo, pero en esta dialctica la prctica es superior al conocimiento (terico), porque posee, no slo la dignidad de la universalidad, sino tambin la de la realidad inmediata [138].

Slo la prctica puede seguir la velocidad del movimiento contradictorio de lo real, aunque siempre con un cierto retraso, y muchas veces choca con la imposibilidad objetiva que surge de la superioridad de lo real sobre la inferioridad del conocimiento. Y frente a la imposibilidad objetiva aparece la fuerza de lo subjetivo, del conocimiento, que es un valor tico-moral: El bien, lo bueno, los buenos propsitos, quedan como UN DEBER SER SUBJETIVO. [139]. La interaccin entre la autoexigencia subjetiva de aplicar bien, crtica y creativamente, el conocimiento, por un lado y por otro, la prctica objetiva de la accin sobre lo real, esta unidad se expresa en que La actividad del hombre, que ha construido para s un cuadro objetivo del mundo, cambia la realidad exterior, suprime su determinacin (=modifica tal o cual de sus aspectos o cualidades) y le elimina as los rasgos de apariencia, exterioridad y nulidad y la torna ser en s y para s (=objetivamente verdadera). El resultado de la accin es la prueba del conocimiento subjetivo y el criterio de LA OBJETIVIDAD QUE VERDADERAMENTE ES [140]. Pero la subjetividad no desaparece engullida por la objetividad que es verdadera, sino que ella misma es a su vez verdadera porque se enriquece a la vez ya que al aumentar las interacciones concretas entre los fenmenos determina ocurre que Lo ms rico es lo ms concreto y lo ms subjetivo [141].

La insistencia de Lenin en la interaccin entre lo subjetivo y lo objetivo es clave para entender el papel de la actividad humana en el momento crtico del salto de lo viejo a lo nuevo, en la aparicin de lo nuevo que subsume parte de lo viejo, y en el desarrollo de la negacin de la negacin. La crtica de los valores dominantes, en el actual grado de antagonismo, es crtica negativa y destructiva en primer lugar, aunque dentro de todo lo negativo late un componente positivo, constructivo, que tender a desarrollarse positivamente en la medida en que la lucha de clases vaya logrando conquistas que permitan vislumbrar atisbos del futuro, porque la negacin positiva, o sea, la negacin de la negacin siempre termina planteando la decisiva pregunta sobre qu sucede despus? [142]. Sin entrar ahora al debate sobre el valor de la utopa roja como posible respuesta positiva, tenemos que reflexionar sobre lo que E. Bloch llama la materia de la esperanza, que impulsa a las gentes explotadas a levantar la bandera roja: derrocar todas las realidades en las que el hombre es un ser humillado, esclavizado, abandonado, despreciable [143], y El marxismo no una anticipacin (funcin utpica) sino el novum de un proceso concreto () la unidad de la esperanza y el conocimiento del proceso [144].

La unidad del conocimiento del proceso histrico, por un lado, con la esperanza de poder cambiar la historia, por otro lado, esta unidad perfectamente puede ser equiparada a lo que plantea K. Kosik sobre la capacidad humana para intervenir en la historia, es decir, en los procesos y en las leyes de continuidad histrica, porque el ser humano de hecho, es ya producto de la historia y, al mismo tiempo, potencialmente, creador de la historia [145]. Le definicin del sujeto histrico est estrechamente conectada con la potencialidad y con la esperanza, virtudes insertas en la subjetividad como fuerza material. De hecho, la explotacin es historia presente cuyo proceso es conocido crticamente, y la esperanza de su extincin depende de que las clases explotadas desarrollen su potencial revolucionario. Desde otra perspectiva pero diciendo lo mismo sobre el fondo de la lucha por la recuperacin de lo comn, S. Neuhaus habla de la reserva simblica [146] transformadora acumulada en la historia de las luchas sociales, que mantiene una visin crtica de la realidad. Por esto, el concepto crtico sobre la clase burguesa exige explicar el proceso de extraccin de plusvala, es decir, de explotacin asalariada, y el conjunto de procesos que interrelacionados que garantizan la acumulacin ampliada de capital, a la vez que explicar el proceso de toma de conciencia y de lucha revolucionaria de la clase trabajadora.

Afirmar que la contradiccin es el ncleo de lo real, que la negatividad absoluta es la precondicin para el avance creativo, que la segunda negacin es el momento necesario para el salto a la libertad, que el concepto es a la vez razn terica y fuerza poltica resultando de ello la capacidad praxstica de nuestra especie para crear lo real, afirmar esto y ms, es inaceptable para el pensamiento vulgar, formal, explotador, es algo obvio a estas alturas; pero tambin hay que decir que aceptarlo resulta imposible para el materialismo mecanicista. Lenin lo sufri en sus propios debates al ver cmo el grueso de la militancia bolchevique y del movimiento revolucionario internacional, incluidos los comunistas holandeses, los luxemburguistas, los internacionalistas mencheviques, etc., no pudieron comprender su enorme avance desde el Materialismo y empirocriticismo, que expone el mtodo filosfico tal cual era en 1908, y las nuevas visiones de la dialctica desarrolladas ininterrumpidamente desde 1914 hasta su muerte: con sus interminables referencias a la dialctica: la dialctica de la historia, la dialctica de la revolucin, la dialctica de la autodeterminacin que abarca el problema nacional y la revolucin mundial, la relacin dialctica entre teora y prctica y viceversa, y hasta la relacin dialctica de la conduccin bolchevique con la teora y con la autoactividad de las masas, especialmente cuando sta est dirigida contra el imperialismo [147].

La negacin de la negacin explica que parte de lo viejo queda subsumido e integrado en lo nuevo, y el poder crtico del concepto nos permite intentar dirigir la lucha de contrarios en la direccin adecuada, siendo entonces cuando interviene el potencial de la heurstica dialctica para, aplicndola, ensanchar el marco de posibilidades, algunas de las cuales pasarn a probabilidades, y de stas algunas a logros materiales. De los seis principios generales de la heurstica dialctica que enumera J. R. Daz, es el quinto el que ahora nos ilumina ms: En los conceptos que se toman como punto de partida para la bsqueda creativa en cualquier dominio de la vida social existe un contenido implcito, no revelado, oculto, factible de ser reconocido, revelado, concientizado mediante procedimientos heursticos dialcticos [148].

Lenin rezumaba heurstica. Ya en el Qu hacer? de 1903, escribi que Hay que soar!, y sigue diciendo: He escrito estas palabras y me he asustado [149] para de inmediato parodiar cidamente la cuadratura mental y cegata de quienes no aceptan la vital tarea de la imaginacin y del sueo, del deseo, en la elaboracin terica, denunciando la pobreza mental y la impotencia en la imaginacin de un mundo nuevo que ahoga al movimiento revolucionario en aquel tiempo. Aos despus, vuelve a insistir en el papel de la imaginacin, la fantasa y hasta la capacidad onrica en el proceso de pensamiento al leer a Aristteles [150], como elementos necesarios para el mtodo dialctico. Y ms tarde: Debemos estudiar minuciosamente los brotes de lo nuevo, prestarles la mayor atencin, favorecer y cuidar por todos los medios el crecimiento de estos dbiles brotes [] Es preciso apoyar todos los brotes de lo nuevo, entre los cuales la vida se encargar de seleccionar los ms vivaces [151]. L a imaginacin y otras potencialidades psicolgicas juegan un gran papel en la creacin intelectual, papel reducido o negado por la lgica formal y por toda forma de kantismo [152].

La heurstica busca crear todos aquellos conceptos que puedan explicar la complejidad creciente de los brotes nuevos, conceptos que subsumen lo que sigue siendo vlido del anterior pensamiento en base a la negacin de la negacin [153] , para, con este enriquecimiento cualitativo, iluminar la espiral del conocimiento. Desde la perspectiva del pensamiento complejo en la versin de E. Morin, no existe fenmeno simple alguno. Parafraseando a Lenin, sin citarlo, E. Morin reconoce que el conocimiento es una aventura en espiral [154] que no se detiene nunca, y que el saber establecido, oficial, presenta una resistencia muy fuerte cada vez que se ve enfrentado a la irrupcin de la complejidad ya que el problema es combinar el reconocimiento de lo singular y de lo local con la explicacin universal. Lo local y lo singular deben cesar de ser expulsados como residuos a eliminar [155]. Ms adelante, y como ejemplo, el autor recurre a la autoridad del Marx complejo y dialctico cuando resuelve la falsa contradiccin entre la superestructura y la infraestructura demostrando que la ideologa acta como una fuerza material en la historia [156].

C. Mass, en sus investigaciones sobre las relaciones entre el mtodo dialctico y los recientes desarrollos de la teora de la complejidad, sobre todo en la versin de E. Morn, tras mostrar que la ciencia parcializada es cada vez menos capaz de conocer la esencia de los sistemas complejos [157] plantea la necesidad de lo que denomina epistemologa dialctica crtica en la que el sujeto forma parte del objeto: como una propuesta de conocimiento enriquecedora en trminos de ofrecer una forma diferente y potente de apropiacin de lo real. Pues no se cie a la rigidez metodolgica, sino que propugna por una apertura del pensamiento a la realidad, sin ataduras procedimentales; pues otorga al objeto, la cosa misma, toda la apertura mental posible, en aras de apropiarse de todo el desenvolvimiento de dicho objeto, el cual nos conducir al descubrimiento de su lgica. Objeto del que el sujeto con el andamiaje epistemolgico que propondremos, tambin forma parte [158].

Dialctica, complejidad y revolucin son un todo. Se cree errneamente que la apariencia coincide con la esencia, cuando en realidad lo que ocurre es que la evolucin camina hacia el aumento de la complejidad [159] y por tanto hacia la distancia creciente entre la apariencia y la esencia, ya que cuanto ms complejo sea el sistema, ms alejados estarn la causa y el efecto entre s, tanto en el espacio como en el tiempo [160]. Asumir la complejidad social es asumir que el mtodo de pensamiento ha de bucear desde el efecto hasta la causa, teniendo en cuenta su distanciamiento creciente. En sentido general, comprender la tendencia al desarrollo de lo simple a lo complejo es asumir la tendencia a la aparicin de lo nuevo, del salto cualitativo a lo nuevo, y el papel de la heurstica en la creatividad.

Hemos especificado lo de versin moriniana porque existen versiones an ms reformistas, e incluso reaccionarias de la teora de la complejidad y del caos [161], que a pesar de que critican injusticias innegables pobreza, dependencia, marginalidad, exclusin, control social, globalizacin, etc.-, sin embargo evitan citar el proceso de explotacin asalariada, la propiedad privada, el imperialismo y sus guerras contrarrevolucionarias y dictaduras, la lucha de clases y de liberacin nacional, etc., de modo que, al final, el potencial crtico de la teora de la complejidad [162] queda reducido a otra moda ideolgica reformista [163] para ocultar sobre todo los efectos de la crisis oficialmente desatada en 2007. El que las teoras de la complejidad y del caos, as como la teora de la catstrofe, puedan ser utilizadas en un sentido u otro segn los intereses particulares de sus intrpretes aade una prueba ms de la correccin de la dialctica y en especial de su teora del concepto, como indican R. Lewontin y R. Levins:

Ninguna de estas teoras, enfiladas todas a domear la diversidad y el cambio, y --lo que es ms importante-- a suprimir la contingencia histrica, conciben la alternativa de que los seres vivientes se encuentran en el nexo de un nmero muy grande de fuerzas dbilmente determinantes, de manera que el cambio, la variacin y la contingencia son las propiedades bsicas de la realidad biolgica. Como dijera Diderot: Todo pasa, todo cambia; slo permanece la totalidad [164].

La complejidad, la catstrofe, el caos, la incerteza, la contingencia, etctera actan en la lucha de clases y por eso en sus sujetos, pero bajo presiones sociohistricas que se expresan tendencialmente siempre dentro de la totalidad concreta. Definir un sujeto social sin tener en cuenta esa totalidad es pura metafsica. El ascenso no lineal de lo simple a lo complejo plantea la necesidad de ampliar los conceptos, de crearlos e interrelacionarlos cada vez ms gilmente. En este proceso la dialctica de la negatividad absoluta nos recuerda que en el interior de las contradicciones siempre lo viejo tiende a forzar la aparicin de varias posibilidades de lo nuevo, de las cuales slo una puede terminar materializndose. De entrada, todo debate serio sobre la teora del concepto ha de partir de la advertencia que hace M. Martnez Mgueles:

Los conceptos, al expresar las nuevas realidades, se enfrentan con un grave obstculo: o son trminos ya existentes y en este caso estn ligados a realidades viejas, o son trminos nuevos acuados expresamente; pero, si es as, hay que explicarlos recurriendo al lenguaje corriente, igualmente viejo (...) El estudio de entidades emergentes requiere de una lgica no deductiva; requiere una lgica dialctica en la cual las partes son comprendidas desde el punto de vista del todo. En este proceso, el significado de las partes o componentes est determinado por el conocimiento previo del todo, mientras que nuestro conocimiento del todo es corregido continuamente y profundizado por el crecimiento de nuestro conocimiento de los componentes. La lgica dialctica supera la causacin lineal, unidireccional, explicando los sistemas auto-correctivos, de retro-alimentacin y pro-alimentacin, los circuitos recurrentes y aun ciertas argumentaciones que parecieran ser circulares [165].

Quiere esto decir que los conceptos siempre estn sometidos a una doble tensin: ante lo nuevo, que deben explicar con palabras viejas, y ante lo viejo que deben superar con palabras nuevas que deben crear a poder ser en el mismo desarrollo. Los conceptos, si son tales, estn siempre luchando con ellos mismos, con lo viejo que tienen y que frena su enriquecimiento y con lo nuevo que empiezan a representar con dificultades Los conceptos estn en lucha interna, en lucha con ellos mismos. Esta es la razn de fondo que explica por qu La nocin de concepto es una de las ms problemticas de la teora del conocimiento, de la epistemologa y de la psicologa porque es el nudo de dos articulaciones, la que existe entre el sujeto y el objeto, y la que existe entre el lenguaje y la mente. El debate sobre el concepto se encona cada vez ms y enfrenta a realistas, nominalistas, psicologicistas, logicistas, racionalistas, empiristas, idealistas, materialistas y, en general, a todos los partidos que pugnan en el marco de la teora del saber [166].

Antes de profundizar ms en el potencial emancipador del concepto, segn la dialctica materialista, queremos ofrecer otras dos definiciones bsicas del concepto. La primera pertenece a Alexandra Gutmanova:

El concepto es una forma del pensamiento abstracto. Los objetos concretos y sus propiedades se reflejan mediante las formas del conocimiento sensitivo: sensaciones, percepciones y nociones () En el concepto slo se reflejan los indicios sustanciales de los objetos () El concepto es la forma del pensamiento que refleja los indicios sustanciales y distintivos de un objeto o clase de objetos homogneos () La formacin de conceptos tiene por modos lgicos bsicos el anlisis, la sntesis, la comparacin, la abstraccin y la generalizacin. Los conceptos se forman a base de la generalizacin de los indicios sustanciales (es decir, propiedades y relaciones) inherentes a una serie de objetos homogneos. Para destacar los indicios sustanciales es necesario abstraerse de los insustanciales que abundan en cualquier objeto. Lo evidencia la comparacin o confrontacin de los objetos. Para destacar algunos indicios, se requiere hacer un anlisis, es decir, desmembrar mentalmente el objeto entero en partes, elementos, lados o indicios componentes para efectuar, luego, la operacin inversa: sntesis (reunin mental) de partes del objeto, de indicios separados, pero sustanciales, en un todo nico [167].

La segunda a E. de Gortari:

En su existencia, todo proceso es un trnsito continuo en el cual se resuelven los conflictos surgidos constantemente entre fuerzas e influencias opuestas, para dar lugar a la creacin de formas superiores, siempre condicionadas por otros procesos y, a su vez, condicionantes de ellos. Este movimiento contradictorio de cambios y reacciones recprocas que conectan a unos procesos con otros de manera intrnseca e indisoluble, se refleja en los conceptos que constituyen su expresin. Por ello, los conceptos se encuentran enlazados de forma inseparable y en su determinacin, que se ampla y mejora sin cesar, reproducen de un modo definido a la accin recproca que opera entre los procesos existentes. La determinacin de un concepto se produce siempre en conjugacin con otros conceptos, dentro de un proceso cognoscitivo en el cual cada concepto desempea simultneamente la funcin de determinante de los otros conceptos y de determinado por ellos. En rigor, todo concepto se encuentra sujeto incesantemente a este proceso de determinacin, a travs del cual se penetra en las manifestaciones inagotables de la existencia. Por lo tanto, el concepto no es un recipiente pasivo e indiferente de los conocimientos adquiridos, sino que representa en todo momento al proceso activo en el que se determina la existencia, como resultado de la mutua accin entre el hombre y los procesos exteriores, ya sean sociales o naturales [168].

Desde estas dos definiciones vlidas pero parciales del concepto podemos avanzar hacia una visin plenamente dialctica de este trmino. Al calificar de definiciones parciales a las dos citadas arriba nos referimos a que no penetran en la cuestin de la normatividad inherente al concepto, en la cuestin de su poder axiolgico, lo que nos lleva ineludiblemente al problema del poder en s, por las razones que iremos viendo y que en parte hemos adelantado antes. Es verdad que al final de la segunda definicin, la de E. de Gortari, se insina la carga axiolgica del concepto pero de forma un tanto tmida. En realidad aqu nos enfrentamos a un problema permanente en toda teora del conocimiento, que es la que envuelve la teora del concepto: las relaciones entre conocimiento y poder establecido. Hay una forma de eludir el problema del poder aparentando un democraticismo cvico y responsable: reducir la cuestin del poder al conocido principio de precaucin ante los riesgos del desarrollo tecnocientfico en abstracto: el estudio de la dialctica entre la subjetividad del riesgo objetivo y la objetividad del riesgo subjetivo, huyendo de los extremos positivistas y constructivistas sociales para aceptar la complejidad socionatural y la lucha entre intereses sociales en conflicto, de modo que el debate sobre los riesgos es tambin moral y poltico [169].

M. Roitman da un paso significativo cuando habla de la unidad dialctica contradictoria entre ciencias de la certidumbre y ciencias de la incertidumbre, De esta contradiccin surge la necesidad de un dilogo, de aproximacin de posiciones. El objetivo del conocimiento y del saber no estriba en apoyar el poder o fundar academias de ciencias, artes o humanidades. Su razn se encuentra en la bsqueda que nos facilite desarrollar los principios ticos contenidos en la condicin humana [170]. Por tanto, los conceptos han de ser elaborados y empleados buscando el desarrollo de la tica emancipadora, es decir no neutral, como sostiene C. Katz en una conversacin con R. Vega Cantor y M. Hernndez, en la que el primero afirm y demostr que cuando hablamos de imperialismo no podemos tomar un punto de vista neutral [171].

R. Levins plantea incluso una hiptesis sobre una epistemologa crtica a desarrollar urgentemente, y en ella el primer punto sostiene que Sera francamente partidista. Propongo la hiptesis de que son errneas todas las teoras que promueven, justifican o toleran la injusticia. El error puede estar en los datos, en su interpretacin o en su aplicacin, pero si indagamos lo que es errneo, ello nos conducir a la verdad. Los otros cuatro puntos seran, una ciencia democrtica, policntrica, dialctica y autorreflexiva [172]. El desarrollo necesario de esta propuesta agudiza la importancia de resolver el problema de las relaciones entre el mtodo de conocimiento y el Estado existente, no en su sentido muy coyuntural y localizado espacio-temporalmente, sino en el sentido ms amplio, tal cual lo expresa J. Samaja cuando estudia las conexiones entre el mtodo cientfico, la propiedad privada y el Estado burgus [173].

Envolviendo y cohesionando estas y otras tesis, M. de la Torre nos recuerda que La cosmovisin dominante en una cultura juega un papel fundamental en el mantenimiento y la reproduccin de las relaciones de poder en la medida en que asegura la cohesin social y la conformidad en torno a las estructuras y modos de funcionamiento de la vida social de ese momento; juega este papel porque se trata de una interpretacin que explica las relaciones de poder existentes como parte necesaria de la realidad, porque impide, convirtindola en irracionalidad, cualquier otra interpretacin que suponga como posibles una estructura social y unas relaciones de poder diferentes; porque presenta como natural y necesario, lo que es resultado de prcticas sociales y correlaciones de fuerzas histricamente determinadas [174].

En la medida en que la teora marxista del concepto y de la negatividad absoluta bucea en las relaciones de poder social que determinan muchas veces y otras condicionan lo pensable --recordemos la efectividad de la jerarqua burocrtica de saber anteriormente analizada--, en esta medida la negatividad absoluta descubre la naturaleza explotadora de lo impuesto como pensable, y por tanto, en su negatividad crtica, ya est anunciando la necesidad de una norma tica revolucionaria inserta en el mismo desarrollo del concepto cientfico-crtico. V. Morales Snchez lo expresa as:

Criticar es juzgar con valenta, es identificar mritos y debilidades; develar lo oculto, actuar de forma abierta y no dogmtica; llamar a las cosas por su nombre. Es una actividad que implica riesgos porque el ser humano (autor tambin de las obras criticadas) es un ser contradictorio y orgulloso que construye, inventa y progresa, pero teme los juicios que puedan descubrir sus errores y debilidades. La crtica es, por naturaleza, polmica; genera discordias y enemigos, pero tambin amigos. Puede producir ideas y conocimientos, as como cambios, siempre necesarios, en las obras y en los seres humanos. De all que lo normal es que el poder establecido o dominante trate siempre de suprimir o de ocultar la crtica [...] Ser crtico no es fcil. Por eso no existen cursos ni recetas para formar crticos como s los hay para evaluadores. Tampoco hay o se pueden construir instrumentos para hacer crtica como s hay cuestionarios, escalas y tcnicas para hacer investigaciones. Y es poco probable que una institucin o persona se arriesgue a proporcionar recursos para desarrollar una crtica de s misma, pero muy probable que s lo haga para criticar al enemigo. [175].

Dicho con la radical claridad que caracteriz a Raya Dunayevskaya: La teora del concepto elabora las categoras de la libertad, de la subjetividad, de la razn, la lgica de un movimiento por medio del cual el hombre se hace libre. Sus universales, pese a que son universales del pensamiento, son concretos () La doctrina del concepto expresa la determinacin subjetiva del hombre, la necesidad de hacerse dueo de s. Lo que se elabora en las categoras del pensamiento es la historia real de la humanidad. Que el concepto hegeliano de autorrealizacin se subvierta la revolucin en la traduccin de Marx- o no, lo cierto es que tambin para Hegel constituye una constante transformacin de la realidad y del pensamiento, que prepara un nuevo mundo. De ah, que desde el comienzo de la doctrina del concepto, vemos a Hegel tratando constantemente de separar su dialctica de la de Kant [176].

La necesidad de superar las extravagancias [177] kantianas surge del hecho de que con ellas es imposible pensar el desarrollo de conceptos ya que, como explica Ilynkov en su estudio de la crtica de Schelling a Kant: () la limitacin kantiana, que da a la ley de la identidad y al veto de la contradiccin un carcter de premisas absolutas de la posibilidad de pensar en conceptos. El momento del paso de los contrarios de uno en otro no cabe en los marcos de estas reglas, las destruye () Schelling descubri el carcter esttico de la lgica kantiana. Y si no propuso la tarea de reformar la lgica de modo radical, s le prepar bien el terreno a Hegel [178]. No es casualidad, sino causalidad necesaria, el que el kantismo fuera y es la filosofa que legitima y da prestigio intelectual al reformismo y revisionismo [179] ya desde finales del siglo XIX con su rechazo frontal de la teora materialista del conocimiento. Al comienzo nos hemos referido a la filosofa kantiana del revisionismo as que no nos extendemos.

Lo que est en juego en la que respecta al rechazo o aceptacin de la teora materialistas del conocimiento es la negacin o aceptacin de posibilidad de conocer materialmente el mundo, o sea, de transformarlo, recorre toda la historia del pensamiento revolucionario desde Hegel hasta hoy mismo, porque lo que est en juego es la propia praxis, la dialctica entre la mente y la mano en el proceso de creacin de una nueva realidad. Por esto, D. Dunayevskaya concluye su exposicin de la doctrina del concepto de Hegel y su impacto decisivo en Lenin, aludiendo precisamente a que ste desarrolla su teora sobre el imperialismo como la era de las revoluciones, es decir, como el momento crucial en el que los pueblos se autoemancipan, indicando que La doctrina del concepto revela lo que era inherente al movimiento objetivo: ste era su propio otro () Precisamente donde Hegel parece ms abstracto, donde parece cerrar totalmente las puertas al movimiento general de la historia, all deja l entrar la savia de la dialctica: la negatividad absoluta [180].

En palabras marxistas, el propio otro, la negatividad absoluta del imperialismo no es sino la era de las revoluciones en la que la emancipacin nacional de los pueblos es la precondicin de las revoluciones proletarias. La determinacin subjetiva del hombre es el otro componente de la unidad que forma la praxis, de manera que la creacin de lo nuevo mediante la revolucin surge de las entraas de la determinacin objetiva de la realidad. Si no empleamos la dialctica del concepto no podremos resolver este misterio aparentemente irresoluble: lo subjetivo como fuerza objetiva, la liberacin nacional como fuerza de liberacin internacional, la lucha por la independencia como lucha de la nacin trabajadora. S. Azeri ha sintetizado de esta forma las aportaciones de Ilynkov, al que hemos recurrido varias veces, sobre la teora del concepto:

la naturaleza contradictoria de los conceptos pone de manifiesto el aspecto normativo de la actividad conceptual: conceptos, y as, sistemas conceptuales, no son solamente contradictorios sino que adems son normativos. La normatividad es un aspecto necesario del desarrollo conceptual cuando pone los conceptos a trabajar, es decir, facilita la resolucin de las contradicciones inherentes a la realidad y as provoca el desarrollo tanto de la esfera real como de la conceptual; este desarrollo se revelar en s mismo como una forma nueva y ms alta de contradiccin. () Los conceptos, revelando la esencia de lo real y del objeto y como instrumentos de la actividad cognitiva, facilitan as el acceso a la esencia de lo real y la actuacin sobre ella, y desvelan las conexiones necesarias entre los aspectos de la objetividad diversa. ()

El concepto confiere significado, o mejor dicho, extrae y expresa el significado de un elemento especfico de la totalidad de la realidad. Tener significado, como dice Vygotsky, es convertirse en una herramienta, es decir, en un universal concreto, que no es nicamente aplicable dentro del sistema del que este significado forma parte, sino tambin aplicable dentro de otros sistemas y que se sumerge dentro de nuevas reas de la realidad y nuevos significados. El concepto es concreto porque es el instrumento sine qua non de una forma especfica de accin; es universal porque es una herramienta que tiene aplicacin ms all del contexto inmediato en el que se ha producido

Es en este sentido que un concepto cientfico (un concepto verdadero como dice Vyotsky) siempre incluye un aspecto normativo. En otras palabras, la normatividad es un aspecto indispensable de la verdad de un concepto. Esto est ntimamente relacionado con lo que Marx define como este lado del pensamiento y con su idea de cambiar el mundo. La medida de verdad de concepto es su capacidad y xito de cambiar la realidad. En trminos epistemolgicos, uno puede hablar de la verdad del concepto en la medida en que cambia la racionalidad existente, en la medida en que muestra la irracionalidad de la situacin presente, y en la medida que puede proponer una nueva racionalidad en lugar de la vieja. La normatividad es un aspecto necesario de la actividad humana. Desde que el concepto es la herramienta o el rgano de la actividad cognitiva humana, determina la verdad de lo real; porque determina la produccin prctica y la alteracin prctica de la realidad (al igual que los medios de produccin determinan las relaciones de produccin y a su vez estn determinados por estas relaciones). [181].

Para concluir este captulo conviene recordar la tesis de M. Rosental sobre el papel de los conceptos y categoras en El Capital, explicando cmo Marx denunciaba el pensamiento metafsico de los economistas de su poca porque despreciaban la historia, a la vez que sostena que las categoras y conceptos que l desarrollaba slo podan surgir despus de la evolucin prctica y material del capitalismo, nunca antes. Esta perspectiva materialista y dialctica le permiti a Marx revelar el carcter de clase [182] de los conceptos burgueses.

Teniendo esto en cuenta, el concepto de clase no es un concepto afirmativo sino crtico [183], no quiere definir neutralmente una parte esttica de la realidad, segn la metafsica positivista, sino que quiere poner al descubierto el movimiento y choque permanente de sus contradicciones internas, la interaccin de todas las facetas del problema clasista y su tendencia objetiva a la agudizacin de la lucha hasta estallar en oleadas revolucionarias, si no son aplastadas o desviadas previamente por el capitalismo. Un concepto crtico es un concepto negativo, en el sentido de la negatividad dialctica que contiene su positividad crtica, o segunda negacin, como hemos visto. Es negativo porque adems de penetrar en las contradicciones de la realidad, tambin extrae su contenido normativo, axiolgico, de valores humanistas que se enfrentan a los valores dominantes, que los critica y contra los cuales empieza a ofrecer una alternativa revolucionaria.


5.- El contenido y sus formas reales

Antes que nada debemos saber que: Todo objeto tiene, adems del contenido, una forma determinada. La forma es el modo de organizacin de los elementos del contenido, la ley de su estructura, de su concatenacin, y tambin el modo de manifestacin del contenido. En el modo de produccin, por ejemplo, las fuerzas productivas son el contenido, y las relaciones de produccin, la forma. El cambio esencial de la forma est vinculado al cambio de la calidad. La forma es el sistema de relaciones mutuas entre las partes del todo () la unidad de la forma y del contenido presupone la independencia relativa de ambos y el papel activo de la forma respecto al contenido. La independencia relativa de la forma se expresa, por ejemplo, en que puede rezagarse un tanto del desarrollo del contenido [184].

En determinados momentos crticos, el contenido y la forma coinciden por un instante y es en ellos cuando la praxis revolucionaria aparece en un bello esplendor. En el marco de la lucha de clases, esa fugaz identidad slo se vive plenamente si vemos la totalidad del contexto en el que se materializa. Por esto es tan importante disponer de una teora del concepto que integre, en su movimiento contradictorio, sus componentes decisivos, incluida la axiologa, los valores que conectan lo objetivo con lo subjetivo y el contenido con sus formas reales. El concepto de clase como concepto crtico, permite profundizar en todas las realidades cotidiana en las que las clases sociales son explotadas o son explotadoras, sostienen sus luchas y gozan de sus derrotas y victorias; y en el caso especfico de la clase obrera, cuando malviven alienada e inconsciente en su miseria, o bajo un muy consciente miedo causado por el peligro de desempleo, de empobrecimiento, de paro prolongado, o peor an, de terror en los momentos de represin estatal implacable tras una derrota aplastante (poner ejemplo) Para comprender que es la totalidad vivencial de una clase social, muy especialmente de la explotada, conviene leer este prrafo de . Garca Linera:

Las clases en el capitalismo (pero tambin en cualquier otra forma social de organizacin del proceso de produccin y reproduccin de la vida material fundada en el antagonismo social entre una de las formas de trabajo vivo y su enajenacin), tenemos que verlas, por tanto, como condensacin de fuerzas, de intenciones, de comportamientos, de voluntades, de prcticas, de representaciones, de disfrutes, de acontecimientos dirigidos a desplegar el podero del trabajo-en-acto, del trabajo vivo en sus diferentes especialidades y componentes (comenzando, claro, desde el proceso de produccin de bienes materiales que sostienen la vida, pero abarcando tambin y mayoritariamente las otras formas de riqueza social como el placer, la poltica, la imaginacin, la salud, la educacin, el sacrificio, la convivencialidad, el ocio, la contemplacin, el consumo, la procreacin todo lo que es creatividad humana en estado de realizacin); y a supeditarlo al proceso de valoracin del capital [185].

Partiendo de esta definicin entenderemos mejor, ms dramtica o incluso trgicamente, lo que verdaderamente est en juego en cada medida burguesa contra la clase trabajadora, en cada recorte de derechos y de libertades, de recursos sociales, econmicos y culturales. Y nuestra comprensin dramtica y hasta trgica en determinadas situaciones se hace ms aguda en la medida en que los resultados de todas las investigaciones mnimamente serias sobre al aumento de la clase trabajadora mundial. M. Husson ha resumido y sintetizado varios estudios sobre este particular que demuestran cmo a pesar de los descensos puntuales y breves en la tendencia al alza del trabajo explotado, asalariado, aumenta en nmero de personas asalariadas en todo el mundo, aumenta bastante ms en los pases llamados emergentes, subdesarrollados, etc., que en los pases imperialista, en los que tambin se incrementa aunque menos:

La misma constatacin se produce en un estudio reciente del FMI que calcula la fuerza de trabajo en los sectores exportadores de cada pas. Se obtiene una estimacin de la fuerza de trabajo mundializada, la que est directamente integrada en las cadenas de valores globales. La divergencia es an ms marcada: entre 1990 y 2010, la fuerza de trabajo global as calculada ha aumentado un 190% en los pases emergentes, frente al 46% en los pases avanzado () La tasa de salarizacin (la proporcin de asalariados en el empleo) aumenta de forma continua, pasando del 33% al 42% en el curso de los ltimos 20 aos. Se verifica igualmente que esta tendencia es ms marcada en el caso de las mujeres () Esta clase obrera mundial est extraordinariamente segmentada, debido a diferencias salariales considerables, pero su movilidad est limitada mientras que los capitales han obtenido una libertad de circulacin casi total. En estas condiciones, la mundializacin tiene por efecto poner potencialmente en competencia a los trabajadores de todos los pases. Esta presin de la competencia se ejerce tanto sobre los asalariados de los pases avanzados como sobre los de los pases emergentes y se traduce en una bajada tendencial de la parte de los salarios en la renta mundial [186].

Utilizando la caja de herramientas de la dialctica, su radicalidad crtica, podemos ver que los cambios que ahora desconciertan a muchos ya fueron estudiados hace tiempo: sin retroceder demasiado en la historia, e n la dcada de 1960 se publicaron varios textos de diversas corrientes marxistas sobre la lucha de clases que, vistos en perspectiva, brillan ahora como premonitores a pesar de las crticas que podamos y debamos hacerles, pero reafirmando que acertaron en las dos cuestiones decisivas en aquellos aos: qu cambios se estaban viviendo dentro de las clases sociales en el capitalismo desarrollado?, y qu perspectivas de futuro existan en esos aos?

En la primera cuestin marcaron las grandes lneas de transformacin de las clases acertando de forma brillante en lo esencial y en muchas de sus formas externas. En la segunda, acertaron en que se estaba produciendo un aumento de la conciencia sociopoltica de las clases trabajadoras en todo el capitalismo imperialista, cosa que se demostrara cierta desde finales de esa dcada de los aos 60. La sociologa burguesa fracas estrepitosamente en las dos cuestiones. Gracias a su rigor, estos y otros textos desbordaron con creces la verborrea superficial sobre las clases elaborada por la sociologa del momento, y en especial su corriente funcionalista, mayoritaria de forma abrumadora.

Vamos a dejar de lado, por cuanto son los ms conocidos y recordados en la actualidad, los realizados por el marxismo italiano situado claramente a la izquierda del reformismo interclasista del Partido Comunista Italiano (PCI). Su insistencia en abrir el concepto de clase obrera a sectores explotados ms amplios, no estrictamente fabriles, sino de la denominada fbrica difusa, sociedad fbrica u obrero social, integrando a las mujeres, estudiantes, emigrantes, pequea burguesa empobrecida, etc., segn el potencial terico inserto en el concepto marxista de trabajador colectivo. Aunque tales desarrollos conceptuales pecaron de un defecto reconocido slo ms tarde. En efecto, Tronti asume que el obrerismo italiano de los aos 60 no supo comprender a tiempo los mecanismos de desactivacin de los conflictos sociales y de integracin de la clase obrera en el capitalismo, ya que tuvieron una visin lineal y mecnica, creyendo que la conciencia de clase y la lucha revolucionaria aumentara por s misma como simple respuesta al aumento de la explotacin [187].

Y si tuviramos espacio tambin nos extenderamos a la izquierda marxista norteamericana escindida del trotskismo que incluso con antelacin a los aos 60 plante cuestiones muy importantes sobre cmo relacionar las ascendentes luchas etno-nacionales, feministas, estudiantiles, de movimientos vecinales y de derechos sociales, etc., con el movimiento obrero [188]. La vala de las ideas esenciales de estas tesis ha quedado demostrada pese al ataque capitalista contra la centralidad obrera, ataque que se inici a comienzos de los aos 70 en Chile, con el golpe militar de Pinochet, que luego que extendera a otros Estados hasta generalizarse a escala mundial en los aos 80. Adems de otros objetivos, la contraofensiva del capital denominada neoliberalismo buscaba tambin el de romper la unidad y centralidad de la clase trabajadora que con su lucha haba acelerado el estallido de la crisis mundial. La recomposicin actual del movimiento obrero est confirmando algunos de los puntos centrales adelantados en ambos libros.

Hemos preferido limitarnos exclusivamente a tres textos del marxismo de la dcada de 1960 porque muestran cmo tambin entonces se hicieron aportaciones valiosas. En texto colectivo titulado La estructura de la clase obrera en los pases capitalistas, de 1963, realizado tras un largo debate de dos aos entre organizaciones de diversos tipos pertenecientes a trece Estados podemos ver cmo, tras precisar desde el inicio del texto que las grandes masas populares se agrupan en torno a la clase obrera [189], actualiza el concepto de obrero colectivo de Marx al capitalismo de la poca:

Por cuanto el proceso de produccin capitalista tiene un carcter dialctico complejo, el proletariado no es totalmente homogneo. Consta de diferentes grupos, idnticos por su composicin de clase, pero que desempean distinto papel en el proceso de produccin [] el obrero colectivo abarca a los que estn dedicados al trabajo manual (peones y obreros de las mquinas) y a quienes aplican en la creacin del producto su trabajo mental o ejecutan diferentes funciones auxiliares sin las cuales no es posible el proceso de produccin. Como la divisin del trabajo se desarrolla sin cesar, no slo en el marco de una empresa aislada, sino tambin en la rbita de toda la sociedad, surgen constantemente nuevas profesiones y nuevas ramas de la economa. En la misma medida se ampla la composicin del obrero colectivo [190].

Muy poco tiempo despus, M. Bouvier y G. Mury sostuvieron que:

En todos los frentes donde se libra el combate entre ricos y pobres, entre los pequeos y los grandes, la organizacin revolucionaria se propone demostrar tericamente y realizar prcticamente el frente nico de todos aquellos que, al fin de cuentas, son explotados por los mismos explotadores. La vasta categora de los explotados incluye seguramente elementos muy diversos que no son todos productores de plusvala, que no ocupan todos dentro de la produccin social el lugar del proletariado obligado a elegir entre sus cadenas y la revolucin. No deja de ser menos cierto que esta inmensa masa humana de los explotados se puede definir cientficamente como el conjunto de aquella cuya fuerza de trabajo, es decir, la aptitudes fsicas, la habilidad manual o el conocimiento intelectual, es puesta finalmente al servicio de la minora capitalista. El artesano que en forma progresiva es despojado de su libertad de accin, el campesino amenazado en la propiedad de su explotacin agrcola familiar, el asalariado que no produce valor, sino que est reducido a presentarse en el mercado de la mano de obra, slo pueden descubrir sus verdaderos intereses si toman partido contra un sistema dentro del cual les est prohibido todo futuro creador. El mecanismo inexorable de la sociedad burguesa, que se apropia de la plusvala del obrero, constituye truts que aplastan a la empresa artesanal as como al pequeo campesino y al campesino medio. El mismo asalariado no productivo se encuentra en una situacin particularmente cercana a la del productor, puesto que, al fin de cuentas, contribuye, si no a crear plusvala, a asegurar a su patrn una parte de la plusvala ya producida [191].

En 1969 H. Frankel publica una rigurosa investigacin sobre el papel de la sociologa en la ocultacin y manipulacin de la lucha de clases; dedica un captulo a las relaciones entre el proletariado, la clase trabajadora y el pobre en el capitalismo britnico de aquella poca, insistiendo muy correctamente en la necesidad de emplear el concepto marxista de alienacin [192] para poder definir las clases sociales, un problema que se ir agravando con el tiempo en la medida en que el neoliberalismo impuesto a los pocos aos de esta investigacin multiplicar los efectos destructores de la alienacin en las clases explotadas. Pues bien, H. Frankel, que realiza su estudio en plenos aos de expansin econmica, se atreve a avisar que como efecto de la subterrnea agudizacin de las contradicciones internas del capitalismo de la poca, no visibles a simple vista: Entonces, a largo plazo, el capitalismo no puede permitir la continuacin indefinida del pleno empleo. Necesita tener el depsito de desempleados, como una palanca para tratar de mantener bajos los salarios [193]. Un pequeo error del autor que agranda la correccin incuestionable de su obra: el ataque burgus para imponer de nuevo el paro masivo, destruyendo en lo posible el pleno empleo, este ataque no sobrevino a largo plazo sino a los muy pocos aos contra el proletariado, la clase trabajadora y los empobrecidos.

Posteriormente se explic que: La clase obrera se ha transformado en su estructura. Anteayer los mineros del Norte formaban el grueso de las tropas guesdistas, ayer la metalurgia constitua el bastin del stalinismo triunfante, hoy los bastiones tienden a desplazarse hacia la electromecnica pesada y ligera, la metalurgia altamente automatizada, siguiendo con esto el mismo movimiento del gran capital. As, sera falso conservar una imagen fija de la clase obrera, compuesta nicamente de obreros manuales, y verter en las capas medias y los sectores marginales este nuevo proletariado en vas de constitucin [194]. Por otra parte: El proletariado no es un grupo homogneo, inmutable [] es el resultado de un proceso permanente de proletarizacin que constituye la otra cara de la acumulacin del capital [] Es pues la formacin del trabajador colectivo de la gran industria capitalista [] Finalmente, es la constitucin del ejrcito industrial de reserva [195].

A comienzos de los aos 70 R. Bartra ofreci esta definicin de clases sociales:

Las clases son grandes grupos de personas que integran un sistema asimtrico no exhaustivo dentro de una estructura social dada, entre los cuales se establecen relaciones de explotacin, dependencia y/o subordinacin, que constituyen unidades relativamente poco permeables (escasa movilidad social vertical), que tienden a distribuirse a lo largo de un continuum estratificado cuyos dos polos opuestos estn constituidos por oprimidos y opresores, que desarrollan en algn momento de su existencia histrica formas propias de ideologa (sea de manera no sistematizada y rudimentaria o con plena conciencia de s) que expresan directa o indirectamente sus intereses comunes, y que se distinguen entre s bsicamente de acuerdo a: I) El lugar que ocupan en el sistema de produccin histricamente determinado []; y II) Las relaciones que mantienen con el sistema de instituciones y rganos de coercin, poder y control socioeconmico [] Se trata de un sistema de clases y no de una simple suma o agregado de grupos sociales; es asimtrico pues contiene una distribucin desigual de los privilegios y discriminaciones de cada golpe; no es exhaustivo puesto que no todos los miembros de una sociedad pertenecen a una clase, sino que pueden existir capas de elementos desclasados. Las fronteras entre las clases no son rgidas: existen grupos intermedios que participan de caractersticas de dos clases diferentes, y aunque por lo general su existencia es transitoria y cambiante, su presencia de da al sistema el carcter de un continuum [196].

Esta definicin es valiosa, primero, porque su esencia dialctica es innegable porque en todo momento insiste en el movimiento, de las interacciones, en los cambios y en el sistema de relaciones; segundo, porque puede ser aplicada con precauciones a todos los modos de produccin basados en la propiedad privada de las fuerzas productivas; tercero, porque adems es especialmente aplicable al capitalismo; y cuarto, porque tambin es innegable su carga crtica sociopoltica y tica al afirmar la existencia de relaciones de explotacin, dependencia y/o subordinacin.

A mediados de los aos 90 surgi, entre otras, la teora de las infraclases: sectores sociales que se encuentran en una posicin social marginal que les sita fuera, y por debajo, de las posibilidades y oportunidades econmicas, sociales, culturales, de nivel de vida, etc., del sistema social establecido [197]. Las infraclases que empezaron a aparecer a finales de los aos 80 crecieron durante toda la dcada de los 90, de modo que a comienzos del siglo XXI se haba constituido un ncleo duro de salarios bajos [198] en el seno de las masas trabajadoras, con demoledores efectos entre la juventud emigrante de los grandes guetos de las ciudades industriales, siendo sta la causa de las sublevaciones urbanas masivas tanto contra la sobreexplotacin y marginacin, como contra el racismo profundamente anclado tambin en la burocracia poltico-sindical [199] . Las infraclases y el llamado precariado del que luego hablaremos, son dos de tantos trminos inventados para dar cuenta de las nuevas formas que van adquiriendo las gentes del trabajo, el pueblo obrero o el pueblo trabajador, expresiones empleadas por los bolcheviques a comienzos de la revolucin de 1917, cuando el hambre, la enfermedad y el fro se unan a la invasin imperialista que acuda en ayuda de la contrarrevolucin interna.

La tendencia creciente a la asalarizacin ha sido confirmada por todos los estudios algo serios, como tambin la tendencia a la asalarizacin de las nuevas franjas de las clases medias, ya que: numerosas profesiones liberales se convierten cada vez ms en profesiones asalariadas; mdicos, abogados, artistas, firman verdaderos contratos de trabajo con las instituciones que les emplean [200]. Ms recientemente, Antunes ya avis hace ms de una dcada que en el capitalismo contemporneo se est viviendo un proceso de desproletarizacin del trabajo manual, industrial y fabril; heterogeneizacin, subproletarizacin y precarizacin del trabajo. Disminucin del obrero industrial tradicional y aumento de la clase-que-vive-del-trabajo [201]. Pocos aos ms tarde, este mismo autor escriba lo que sigue:

Ms all de los clivajes entre los trabajadores estables y precarios, de gnero, de los cortes generacionales entre jvenes y viejos, entre nacionales e inmigrantes, blancos y negros, calificados y descalificados, empleados y desempleados, tenemos todava, las estratificaciones y fragmentaciones que se acentan en funcin del proceso creciente de internacionalizacin del capital. Para comprenderla es preciso, entonces, partir de una concepcin ampliada de trabajo, abarcando la totalidad de los asalariados, hombres y mujeres que viven de la venta de su fuerza de trabajo y no se restringe a los trabajadores manuales directos; debemos incorporar la totalidad del trabajo social y colectivo, que vende su fuerza de trabajo como mercanca, sea ella material o inmaterial, a cambio de un salario. Y debemos incluir tambin el enorme contingente sobrante de fuerza de trabajo que no encuentra empleo, pero que se reconoce como parte de la fuerza de trabajo desempleada () hoy debemos reconocer (y saludar) la desjerarquizacin de los organismos de clase. La vieja mxima de que lo primero venan los partidos, despus los sindicatos y por fin, los dems movimientos sociales, no encuentra ms respaldo en el mundo real y en sus luchas sociales. Lo ms importante hoy, es aqul movimientos social, sindical o partidario que consigue llegar a las races de nuestros engranajes sociales. Y para hacerlo es imprescindible conocer la nueva morfologa del trabajo y los complejos engranajes del capital [202].

Como mnimo, esta cita nos permite hacer tres anotaciones necesarias: la primera trata sobre lo que hemos comentado al comienzo de este texto acerca de la necesidad del mtodo dialctico, de las categoras flexibles, de una concepcin ampliada que nos permita abarcar la totalidad del trabajo en movimiento en sus mltiples formas de expresin. La segunda, es la cita nos pone en la antesala del concepto de pueblo trabajador, preparndonoslo, ya que al introducir en la categora dialctica de trabajo a todas las formas en la que ste se materializa, aunque sea o no explotado asalariadamente, abre la va de conexin con las masas explotadas que circundan a la clase-que-vive-del-trabajo, que entran y que salen de ella segn los avatares socioeconmicos y polticos. Y por ltimo, la tercera, es que como se lee al final de la cita, las transformaciones habidas tambin impactan sobre la forma organizativa, abriendo la va de reflexin sobre qu sistema organizativo es ms eficaz en el capitalismo del siglo XXI, el de la forma-partido dirigente vertical que dirige a la clase obrera en su sentido tradicional, o la forma-movimiento cohesionado estratgicamente en sus objetivos histricos que lucha en el interior del pueblo trabajador. Sobre estas dos ltimas cuestiones hablaremos ms adelante.

Vega Cantor, investigador de sobra conocido, ha sintetizado en cuatro caractersticas los efectos de la poltica neoliberal sobre la composicin de la clase-que-vive-del-trabajo a nivel mundial: Uno, la degradacin laboral, el empeoramiento salvaje de las condiciones de explotacin en todos los sentidos. Dos, la feminizacin del trabajo al incorporar a las mujeres al proceso productivo en peores condiciones que los hombres. Tres, la informalizacin del trabajo que expresa cmo la gente empobrecida, desempleada estructuralmente, no tiene otra forma de subsistencia que la autoexplotacin, la creacin de diminutas empresas familiares o individuales, que subsisten en muy precarias condiciones, muchas de ellas sin regulacin alguna, que ni existen en la estadstica oficial. Y cuatro, la casualizacin del trabajo, relacionada con la anterior pero que expresa el que las masas explotables son cambiadas de puesto de trabajo como tuercas, sin derechos de ningn tipo, precarizando los puestos fijos y con contrato seguro, echndolos al desempleo [203]. La sntesis de estas transformaciones es la macdonalizacin laboral:

Homogeneizacin en las peores condiciones de trabajo; salarios miserables (que en muchos pases no alcanzan ni para comprar una hamburguesa); ritmos infernales de trabajo que originan una polivalencia salvaje (los mismos empleados descongelan las hamburguesas, las preparan, atienden al pblico, manejan las cajas y reciben el dinero); inexistencia de sindicatos, de protestas y de huelgas o de cualquier tipo de resistencia organizada; flexibilidad absoluta del personal que puede ser reemplazado en cualquier momento y bajo cualquier pretexto; igualdad salarial, con psimos ingresos, de hombres y de mujeres; exiguas condiciones de calificacin pues cualquiera con sus cinco sentidos puede desempearse en un Mc Donalds. Estas caractersticas que se repiten de una forma increblemente montona en cualquier pas del mundo (con el televisor de fondo) dan la apariencia de que los trabajadores son autmatas sin ningn tipo de identidad colectiva, ni social, ni laboral [204].

Ch. Harman, por su parte, estudi las transformaciones de la estructura de clases bajo la ofensiva capitalista, demostrando cmo aumenta cuantitativa y cualitativamente, e indicando que las diferencias entre las fracciones internas del proletariado mundial varan dependiendo de las fases del proceso productivo capitalista. Muy pertinente para nuestro estudio es la definicin abierta y dialctica, flexible, que hace de la categora del llamado sector servicios:

La categora servicios incluye muchas cosas que no tienen importancia intrnseca para la produccin capitalista (por ejemplo, las hordas de sirvientes que proveen placer a los parsitos capitalistas individuales). Pero siempre ha incluido cosas que son absolutamente centrales para sta (como el transporte de mercancas y la provisin de software para ordenadores). Ms an, una parte del vuelco de la industria al sector servicios se debe ms a un cambio de nombre, dado que los trabajos son esencialmente similares. Una persona (normalmente un hombre) que trabajaba con una mquina de escribir para un peridico hace 30 aos hubiera sido clasificado como un tipo particular de trabajador industrial (un trabajador grfico); una persona (normalmente una mujer) que trabaja en una terminal de procesador de textos para un peridico hoy ser clasificada como una trabajadora de servicios. Pero el trabajo desempeado sigue siendo esencialmente el mismo, y el producto final ms o menos idntico. Una persona que trabaja en una fbrica, poniendo comida en una lata para que la gente pueda calentarla y comrsela en su casa, es un trabajador manufacturero; una persona que trabaja en un McDonalds, que provee idntica comida a la gente que no tiene tiempo de calentarla en su casa, es un trabajador de servicios. Una persona que procesa pedazos de metal para hacer un ordenador es un trabajador manufacturero; alguien que procesa el software para este ordenador en un teclado es un trabajador de servicios [205].

Ahora bien, en contra de lo que pudiera creerse segn la lgica formal, las tendencias fuertes aqu descritas no hacen sino aumentar lo que P. Cammack ha definido como proletariado global explotable [206], que puede permanecer a la espera de ser puesta a trabajar malviviendo en la miseria. Una parte del proletariado global explotable es condenado a ser la poblacin sobrante [207] que como veremos al final forma parte de la clase obrera mundial, aunque la intelectualidad reformista lo niegue; otra parte constituye el amplio sector de los excluidos [208], abandonados a su suerte por el capital. Luego volveremos al problema de la exclusin y su importancia para el concepto de pueblo trabajador. Y tambin tenemos al pobretariado [209] que es esa fraccin creciente de la fuerza de trabajo social empobrecida por la reduccin de los salarios directos e indirectos, por la reduccin de las ayudas sociales si las ha habido, por el aumento de la caresta de la vida.

Hemos iniciado este captulo recurriendo a la categora filosfica de la esencia y del fenmeno porque nos explica cmo los cambios en las formas externas, que siempre reflejan cambios secundarios en la esencia interna, slo pueden ser comprendido en su pleno sentido si los analizamos comparndolos con su esencia. Al fin y al cabo en esto radica el mtodo de pensamiento racional y cientfico-crtico. Pues bien, A. Piqueras nos muestra cmo cambian las formas y luego cmo, pese a todo, se mantiene la esencia de la explotacin asalariada:

Tambin en su aspecto organizacional las formas de lucha adquieren expresiones congruentes con el capitalismo tardo (informacional) en el que nacen, cobrando vida a travs de formas organizativas virtuales, reticulares (tras la descomposicin de las formas fsicas de reunin y organizacin tradicionales). De ah la prevalencia actual de los arcoiris, rizomas, redes, webs... formas de organizacin muy blanda, muy flexible, con relativamente leve operatividad y poca constancia hasta ahora, y que sealan, como ha dicho algn autor, la confluencia, al menos en parte, del precariado con el cibertariado.

Igual que en el primer capitalismo industrial, cuando todava no se haban creado los mecanismos de fidelizacin ni conseguido derechos, cuando el salariado fue confluyendo y fortalecindose a travs de incipientes organizaciones reticulares, horizontales, la historia se repite en el capitalismo tardo degenerativo, o senil, que al arrasar con lo instituido en dos siglos fomenta en consecuencia la reproduccin parcial de aquellas primigenias formas de resistencia y lucha [210].

D. Losurdo sostiene que uno de los datos que confirman la vigencia de la lucha de clases es que: ha retornado la figura del working poor (trabajador pobre), habitual en el siglo XVIII y principios del XIX. Se trata de personas que, a pesar de contar con un puesto de trabajo, no disponen de recursos suficientes para vivir. A ellos hay que agregar los parados y los excluidos. Pero tambin en el mbito de la poltica puede advertirse la lucha de clases. Por ejemplo, en la competencia electoral, apunta el filsofo italiano. El peso de la riqueza es tal hoy en da, que asistimos a situaciones similares a las del siglo XIX, donde exista la discriminacin censitaria, es decir, slo se tenan derechos polticos si se alcanzaba un nivel de renta determinado. Adems, hace una dcada Losurdo ya hablaba de un monopartidismo competitivo, con formaciones polticas que representaban a la misma burguesa y exhiban la misma ideologa neoliberal [211].

En realidad, la lgica interna, esencial a la expansin capitalista, que impulsa tanto esta recuperacin parcial de iniciales formas de explotacin y de resistencia, como la permanente necesidad de innovacin en los mtodos de explotacin, esta lgica no es otra que la necesidad ciega de acumulacin ampliada, y que se muestra en la tendencia a subsumir el tiempo improductivo en el tiempo productivo [212], a mercantilizarlo todo, a convertirlo todo en fuerza de trabajo, valor de cambio y valor, y en mercanca. La lgica interna al capital es la que nos explica por qu ahora mismo se puede demostrar contundentemente la identidad sustantiva entre las crisis de ayer y de hoy [213] ya que surgen de las contradicciones definitorias de este modo de produccin especfico.

La relacin entre la esencia, del capitalismo y sus formas diversas, aparece expuesta en el texto de N. lvarez sobre las constantes bsicas que reaparecen durante las crisis socioeconmicas [214], pero sobre todo en el Engels maduro, cuando en el Prefacio de de 1892 a la segunda edicin de Situacin de la clase obrera en Inglaterra, de 1844, da cuenta de todos los cambios acaecidos ene l capitalismo en ese casi medio siglo transcurrido, entonces, comparando la diferencias de la situacin obrera inglesa de entonces con la alemana y francesa de 1892, y sobre todo con la norteamericana, sostiene que, a pesar de esas diferencias, sin embargo como en uno y otro sitio rigen las mismas leyes econmicas, los resultados aunque no sean idnticos en todos los aspectos, tienen que ser del mismo orden y sigue exponiendo las luchas por la reduccin del tiempo de trabajo, etc., llegando a hablar de los mismos engaos de los obreros con pesas y medidas falsas, el mismo sistema de pagos en productos, los mismos intentos de quebrantar la resistencia de los mineros poniendo en juego el ltimo y ms demoledor de los recursos utilizados por los capitalistas: desahucio de los obreros de las viviendas que ocupaban en las casas de las compaas [215].

Los desahucios son prcticas represoras y terroristas que reaparecen durante las crisis, y cuanta ms devastadora sean stas ms numerosos son los aquellos. Por ejemplo, en el primer trimestre de 2012 el promedio de desahucios en el Estado espaol ha sido de 517 diarios [216]. Las relaciones de los desahucios con la explotacin asalariada y en concreto con el desempleo son innegables. Segn estadsticas oficiales, del INI del Estado espaol de finales de 2012, resulta que el 45% de las personas desahuciadas durante ese ao lo eran porque haban perdido su trabajo asalariado y se encontraban en la total indefensin econmica y precariedad vital [217]. Este estudio confirma adems la teora marxista de las clases sociales al demostrar que la mayora inmensa de la poblacin slo tiene como medio de vida el salario que obtiene al vender su fuerza de trabajo, cayendo en la miseria y hasta en el vagabundeo cuando agota todos los ahorros disponibles y las ayudas sociales, pblicas y privadas.

Volviendo rpidamente al pasado reciente, en la poca victoriana, es decir, viviendo Marx y Engels, las condiciones de vida de la clase obrera britnica estaban mejorando por razones obvias que no podemos exponer aqu; sin embargo y a pesar de ello seguan existiendo los estigmas sociales de la existencia proletaria: inseguridad, incertidumbre y riesgo de pobreza [218], estigmas de los que no terminaban de librase los estratos obreros mejor pagados ni entonces ni ahora. Es este cdigo de la civilizacin burguesa el que explica el que ahora Pobre puede ser cualquiera, o casi como no tiene ms remedio que reconocer el vocero del socialiberalismo espaol [219].

El riesgo creciente de empobrecimiento y de desahucio, la incertidumbre vital y la inseguridad por el futuro, o sea, vivir en precario, el precariado en suma, son caractersticas esenciales del capitalismo que reaparecen con toda su crudeza durante las crisis: el 20% de la infancia irlandesa se va a la cama con hambre en comparacin al 17% de hace seis aos [220], y el 38% de la infancia de las Islas Canarias, bajo dominacin espaola, malvive por debajo del umbral en la pobreza [221]. En Grecia, la catstrofe est llegando a una situacin tal que se puede afirmar sin exageracin que: Estar desempleado equivale a la muerte [222] porque la privatizacin de los servicios pblicos unida al aumento de los costos y al empobrecimiento masivo, imposibilitan que las personas sin un salario tengan posibilidad de atender a las necesidades elementales suyas y se su familia. En Italia se dispara la pobreza [223].

Como venimos diciendo, la teora marxista de las clases sociales interrelaciona siempre dos niveles, uno, el gentico-estructural, que se mueve en el plano de la explotacin asalariada necesaria e imprescindible para la clase burguesa en cualquier parte del mundo, y por eso inseparable del riesgo de empobrecimiento, hambre, desahucio, inseguridad e incertidumbre en todo el mundo; y otro, el histrico-gentico, que se mueve en el plano de los pases y momentos concretos, particulares, en las cuales es la lucha de clases especfica la que determina la masividad e intensidad del hambre, del desahucio, de la pobreza. Ambos niveles son parte de la definicin de las clases sociales y de su lucha, y sus efectos materiales reaparecen en cada crisis. En los ltimos tiempos se han cerrado 23.000 empresas del llamado sector pblico del capitalismo espaol con la prdida de 370.000 empleos [224]. La vida asalariada es precaria en s misma y tiende a serlo ms independientemente de las formas concretas de explotacin, pero las crisis endurecen y masifican esa precarizacin consustancial al sistema en su conjunto.

La tesis que sostiene que el precariado es la nueva clase explotada confunde la esencia con una de sus formas reales; confunde la esencia bsica capitalista de la precariedad como tendencia objetiva en realizacin, con las formas concretas reales de precariedad multiplicada en tal o cual regin especfica, en tal o cual formacin econmico-social capitalista. La evolucin de la pobreza en EEUU desde 1965 y 1973 hasta mediados de 2012 [225] muestra que sobre el fondo objetivo de la precariedad vital dada de toda persona asalariada directa o indirectamente, sobre esta base estructural en empeoramiento tendencial, las formas reales de precarizacin van evolucionando concretamente segn los resultados de la lucha de clases. Desde verano de 2012 la precarizacin ha aumentado especialmente con el empeoramiento de las condiciones de trabajo y desempleo de la juventud [226] norteamericana, y tambin en grandes conurbaciones en proceso de desindustrializacin como Chicago desde hace aos, o ms recientemente en Los ngeles una ciudad en declive internacional () con un 28% de los trabajadores que no reciben una paga suficiente para vivir [227].

O. Alfambra hace una crtica muy correcta pero algo breve a la moda intelectual del precariado metropolitano como supuesto nuevo sujeto revolucionario que sustituye al supuestamente viejo y extinto: la clase proletaria [228]. La precarizacin de las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera es una ley tendencial capitalita solamente contrarrestada por la lucha de las clases trabajadoras. Engels, al hablar de la depauperacin relativa o absoluta sostiene que Pero lo que s se produce de cualquier manera es la precarizacin social, tal como explic Engels: La organizacin de los obreros y su resistencia creciente sin cesar levantarn en lo posible cierto dique ante el crecimiento de la miseria. Pero, lo que crece indiscutiblemente es el carcter precario de la existencia [229].

G. Standing sostiene que el precariado surge una vez que se pierden alguna de las siete formas de seguridad en el trabajo asalariado: seguridad en el mercado laboral; seguridad en el empleo; seguridad en el puesto de trabajo; seguridad en la reproduccin de las habilidades; seguridad en los ingresos; y seguridad en la representacin [230]. Tiene razn en las formas reales, pero yerra al extender estas manifestaciones concretas a la esencial, al sostener al menos en el ttulo de su obra que el precariado una nueva clase obrera, como si pudiera existir otra clase obrera que no sufriera una vida precaria en s misma al margen de sus cuanta salariales directas e indirectas, al margen de las conquistas sociales logradas por pasadas luchas victoriosas y luego perdidas por otras tantas derrotas en la lucha de clases. Bien es verdad que, leyendo el libro, todo parece indicar que la clase trabajadora britnica es la misma en s misma, variando sus expresiones externas reales, pero el ttulo del libro introduce ese interrogante de duda.

La excelente resea que de este libro realizada por J. Aller sirve para poner las cosas en su sitio en el sentido de que, en realidad, no nos encontramos ante una nueva clase obrera en s misma en la historia del capitalismo, diferente en lo cualitativo a la clase obrera anterior al thatcherismo [231], sino que el ataque del capital contra el trabajo en Gran Bretaa, entre otras cosas, est haciendo retroceder a la clase trabajadora a las condiciones del siglo XIX, pero con los medios de explotacin, represin y alienacin del capitalismo de comienzos del siglo XXI.

Pensamos que otra forma de mostrar la dialctica entre el contenido de las clases y sus formas reales, es analizando un complejo y laberntico movimiento de protesta que est surgiendo en Italia empobrecida y que sintetiza y expresa todas las cuestiones que aqu debatimos. Hablamos del movimiento de los forconi. Segn C. Colonna [232] son sobre todo un movimiento de las clases medias empobrecidas y de sectores obreros con algunas ideas neofascistas, y con buenas relaciones con la polica y la prensa berlusconiana. Por su parte A. da Rold sostiene que:

El perfil de los Forconi se va definiendo en las protestas, son: Aristcratas en Jaguar y agricultores. Empresarios y obreros parados. Camioneros ahogados por las multas de Equitalia y nuevos idelogos del fascismo o jvenes de centros sociales de izquierda. Exsimpatizantes de Grillo y exsimpatizantes de la Liga. Exsimpatizantes del Partido Democrtico y crticos de Matteo Renzi [reciente ganador de las primarias del PD]. Sindicalistas de base o exsindicalistas de la CGIL. Objetores de Hacienda e independentistas vnetos. Inmigrantes y ultras de equipos de ftbol () Todas las capas sociales se ven representadas, desde mdicos a parados o empleados en baja tcnica. Gente que se levanta a las cuatro de la maana, que vuelve a casa a las diez de la noche y que ni siquiera llega a final de mes, porque no les queda ni un cntimo que valga en el bolsillo [233]:

A finales de 2013 M. Ravelli acudi a una concentracin de Forconi o rebelin de las orcas en Turn que aglutina a franjas empobrecidas, movimiento que algunos comentaristas relacionan con el neofascismo, relacin que el autor relativiza muhco ofreciendo una interpretacin ms detenida; en un momento de su anlisis M. Ravelli se pregunta La verdadera pregunta que hay que hacerse es por qu precisamente aqu se ha materializado este pueblo hasta ayer invisible. Y por qu una protesta en otro momento puntual y selectiva ha tomado un carcter tan masivo?, Y sigue diciendo:

La primera impresin, superficial, epidrmica, fisionmica el color y la forma de los vestidos, la expresin del rostro, el modo de moverse ha sido la de una masa de pobres. Quiz lo digo mejor: de empobrecidos. Las numerosas caras de la pobreza, hoy. Sobre todo de la que es nueva. Podramos decir de la clase media empobrecida: los endeudados, los prejubilados, los fracasados o en riesgo de fracaso, pequeos comerciantes obligados por los requerimientos a quedarse en descubierto bancario, u obligados al cierre, artesanos con los requerimientos de Equitalia (agencia tributaria) y con el crdito cortado, transportistas, pequeos patronos con el seguro caducado y sin dinero para pagarlo, desempleados de larga y corta duracin, ex albailes, ex peones, ex empleados, ex mozos de almacn, ex titulares del CIF que ya no pueden soportar ese impuesto, precarios sin renovacin gracias a la reforma de la ex ministra Fornero, trabajadores con contrato limitado, despedidos de las obras ya paradas o de las tiendas cerradas.

Si echamos un vistazo al mapa de los grandes ciclos socio-productivos ocurridos en el trnsito hacia el siglo XX, est en crisis toda la composicin social que la vieja metrpolis de produccin fordista haba generado en su pasaje hacia el post-fordismo, con la retroversin de la gran factora centralizada y mecanizada en un territorio, la diseminacin de las subcontratas, la multiplicacin de empresas individuales que se emplean en aquello que quedaba del ciclo productivo automovilstico, las consultas externalizadas, el pequeo comercio como sucedneo del welfare, junto con las prejubilaciones, los contratos por programa, los empleos interinos de bajo nivel (no los cognitarios de la creative class sino el peonaje de bajo costo). Era una composicin frgil, que sobreviva en suspensin dentro de la burbuja del crdito fcil, de las tarjetas revolving, del crdito bancario blando, del consumo compulsivo. Y as ha ido hasta que la presin financiera ha puesto sus manos en el cuello de los marginales, y cada vez ms fuerte y cada vez ms hacia arriba [234].

Cmo se ha hecho visible el pueblo invisible de la nueva pobreza? Apenas hace falta imaginacin para responder a esta pregunta que provoca debates sobre la presencia neofascista en su interior, trae a colacin, entre otros, los debates sobre las relaciones de la pequea burguesa en proceso de proletarizacin, las clases medias arruinadas, la clase obrera en proceso de reorganizacin y concienciacin, los conceptos diferentes y hasta opuestos de pueblo y nacin, el papel del reformismo poltico-sindical, y el decisivo papel de las organizaciones comunistas de vanguardia militante, por citar las cuestiones ms necesarias y urgentes de resolver. En este punto debemos recordar el texto arriba visto sobre estas luchas de masas. Fabiana Stefanoni ha intentado responder a algunas de ellas, insistiendo sobre todo en el carcter pequeo burgus del movimiento:

Comerciantes, artesanos, pequeos empresarios, profesionales liberales, pequeos productores rurales, campesinos, etc., son sujetos que, en la fase de crisis econmica aguda como la que estamos viviendo, sufren el fenmeno de proletarizacin. Sus condiciones, objetivamente, tienen a aproximarse a aquella de la clase obrera. Es por eso que donde existe un fuerte movimiento obrero, este consigue, si adopta un programa transitorio lo suficientemente fuerte para atraer tambin a la pequea burguesa, arrastrar consigo a amplios sectores de esta. Esto ocurre porque la pequea burguesa, por su naturaleza, es, parafraseando a Trotsky, pobre de humanidad, no tiene un programa propio y oscila entre extremos opuestos. As, si no existe una propuesta revolucionaria del movimiento obrero organizado, la pequea burguesa vuelve su mirada para otro lado, se junta con la reaccin [235].

La autoria sostiene que si bien el movimiento obrero se va fortaleciendo y extendiendo, todava carece de la fuerza y sobre todo del proyecto estratgico capaz de integrar a los forconi arriba descritos:

Veamos la situacin social de la Italia de hoy. Vamos a buscar en la situacin del movimiento obrero las razones para este xito (por ahora predominantemente meditico) de las movilizaciones de los forconi. Hoy, la clase trabajadora est privada de una direccin poltica lo suficientemente fuerte para unir y desarrollar sus luchas. Es verdad, el proletariado tambin, en los ltimos meses, dio vida a luchas importantes y llenas de coraje. Basta citar la ltima: las luchas de los ferroviarios de Gnova y Firenze, de los trabajadores (en gran parte inmigrantes) de la Logstica, de las trabajadoras de la limpieza, de los movimientos por el derecho a la vivienda. Muchos otros sectores de la clase organizaron, en los aos anteriores, dursimas batallas. De los obreros de la Fiat a los precarizados de las escuelas, de los obreros de la Fincantieri a las trabajadoras de la industria textil, de los metalrgicos a los qumicos, hasta los empleados pblicos: la clase trabajadora en Italia demostr gran capacidad de movilizacin. Lo mismo se aplica para el movimiento estudiantil, con centenas de ocupaciones, manifestaciones, protestas [236].

Con otros nombres, respuestas as resurgen en las crisis capitalistas. Podemos remontarnos incluso a algunos contenidos de los anlisis de Marx y Engels del lumpemproletariado en la segunda mitad del siglo XIX, o a los freikorps y escuadras fascistas salvando todas las distancias.. El contenido bsicos de todos ellos es la desesperacin por el empobrecimiento y la precariedad; el rechazo abstracto y sin contenido terico y poltico del orden establecido; la tendencia a rechazar la pertenencia de clase para aceptar la de masa, pueblo, nacin en su sentido reaccionario; la tendencia a aceptar la ideologa burguesa en sus formas autoritarias, machistas, imperialistas y racistas; la necesidad de un lder, Duce, caudillo, fhrer, que les homogeneice y dirija, o sea la obediencia a la figura del Amo [237].

La experiencia general que el movimiento de los forconi italianos ha reactivado muestra que el contenido de la lucha de clases se expresa mediante formas reales operativas en los rincones ms ignotos de la vida cotidiana, de la vida despolitizada que es la ms politizada de todas. Sectores de la pequea burguesa, de las llamadas clases medias, de la clase trabajadoras, del lumpen, etc., se atraen y se repelen, coinciden y se distancian en un laberinto de actos frecuentemente subconscientes y hasta irracionales. W. Reich estudio la psicologa de masas de estos movimientos y extrajo lecciones bsicas que son hoy ms actuales que entonces, pero que no podemos exponer aqu, sino slo algunos puntos clave: Imaginar en calzoncillos a la polica y a otros adversarios a los que se teme. E igualmente a toda autoridad temida [238].

Tambin: Llevar la conciencia de clase a las masas no en forma de sistemas de teoremas, como maestrillos de escuela, sino desarrollarla a partir de la experiencia de la masa. Politizacin de todas las necesidades [239]. Incluso Sobre el destino de la revolucin decide siempre la gran masa apoltica. Por consiguiente: politizar la vida privada, la vida pequea en los parques de atracciones, en las salas de baile, los cines, los mercados, los dormitorios, albergues, agencias de apuestas. La energa revolucionaria reside en la pequea vida cotidiana [240]. Y Dejar claramente sentado que el proletariado, cuando defiende sus propios intereses, defiende simultneamente los intereses de todos los trabajadores. Ninguna oposicin entre proletariado y clase media. En el capitalismo avanzado, el proletariado industrial es una minora en cuanto al nmero y est adems aburguesado [241].

Para finiquitar este captulo sobre el contenido y sus formas reales, podemos leer esto:

Las clases sociales no son homogneas internamente: existen contradicciones y conflictos dentro de cada clase social. Un error tpico, por ejemplo, es pensar que el proletariado en su total conjunto persigue los intereses de su clase. La contradiccin resalta a la vista cuando vemos la cantidad de personas consideradas como trabajadoras que votan a partidos conservadores.

Las clases sociales no son compartimentos estancos: otro error tpico es pensar que las clases sociales designan a personas de una manera esttica y hasta natural. De tal forma, se tiende a pensar que si una persona nace en el barrio madrileo de Vallecas (por ejemplo) y trabaja de pen en la construccin es, de forma automtica, clase trabajadora y por ello ana las caractersticas conceptuales que se le asignan a dicha clase.

No solamente hay dos clases sociales (o tres si se quiere incluir a la manida clase media): pensar la sociedad capitalista en trminos binarios (proletariado vs capitalistas), o con una triada (trabajadores, clase media, y capitalistas), es a todas luces un anlisis simplista que reduce demasiado la complejidad de las dinmicas humanas que se dan en el capitalismo [242].


6.- El bloque social burgus.

Por bloque social burgus se entiende el compuesto por la muy reducidsima minora propietaria de las fuerzas productivas, la gran burguesa, que disponen del apoyo de ms sectores de hermanos de clase --todas las fracciones burguesas y casi todas de la pequea burguesa--, as como en muchos y largos perodos de las llamadas clases medias y en menor medida pero tambin de las clases trabajadoras. Segn el ltimo informe de Oxfam Intermn:

Slo las 85 personas ms ricas acumulan todo el capital de que dispone la mitad ms pobre de la Humanidad. En la actualidad, el 1% de las familias ms poderosas acapara el 46% de la riqueza del mundo. () se estima que 21 billones de dlares se escapan cada ao al control del fisco a nivel mundial, porque "las personas ms ricas y las grandes empresas ocultan miles de millones a las arcas pblicas a travs de complejas redes basadas en parasos fiscales". Como resultado, en la actualidad casi la mitad de la riqueza mundial est en manos del uno por ciento ms rico de la poblacin, (110 billones de dlares) y la otra mitad se reparte entre el 99% restante. En Europa, la fortuna de las 10 personas ms ricas supera el coste total de las medidas de estmulo aplicadas en la UE entre 2008 y 2010 (217.000 millones de euros frente a 200.000 millones de euros) [243].

Para comprender cmo se ha llegado a semejante nivel de crueldad e injusticia, debemos volver al mtodo dialctico aqu expuesto, y en concreto al papel relativamente autnomo de una de las parte de la totalidad capitalista, al papel del Estado y de otras instituciones burguesas. No vamos a exponer la teora marxista del Estado, sin la cual no entendemos nada de nada, solamente vamos a recordar aquella escueta frase de Engels de 1893 en la que refirindose a los obsoletos Junkers prusianos, dijo: Desde hace doscientos aos, esas gentes no viven ms que de las ayudas del Estado, que les han permitido sobrevivir a todas las crisis [244]. Adems de para otras ms cosas, una funcin clave del Estado es prolongar la vida de la clase explotadora, y es tanta su eficacia que en algunos casos logra mantenerla viva ms de dos siglos.

Otra de las funciones clave de los Estados concretos es facilitar la unidad de poder de la gran burguesa en extensas geogrficas: en 1909, el todopoderoso empresario alemn W. Rathenau dijo que Trescientas personas, que se conocen muy bien entre s, dirigen los destinos econmicos del continente [245]. Cmo, por qu y para qu actuaban muy pocos Estados europeos para lograr que slo 300 personas dirigieran el continente a comienzos del siglo XX? La respuesta es simple en su complejidad: porque el Estado es la forma poltica del capital [246]. Tal es el misterio resuelto. Y gracias a ello sabemos por qu:

Tan solo 1.000 empresas son responsables de la mitad del valor total de mercado de las ms de 60.000 empresas del mundo que cotizan en bolsa. Virtualmente controlan la economa global () En 1980 las 1.000 mayores empresas del mundo tenan unos beneficios de 2,64 billones $, o 6,99 billones en dlares del 2010, ajustados segn el ndice de precios al consumidor. Empleaban a unos 21 millones de personas directamente y tenan una capitalizacin total de mercado de cerca de 900.000 millones $ (2,38 billones en dlares del 2010), o 33 % del total mundial () Hacia 2010 las 1.000 mayores empresas del mundo tenan unos beneficios de 32 billones $. Empleaban a 67 millones de personas directamente y tenan una capitalizacin total de mercado de 28 billones $. Esto supone un 49% del total de la capitalizacin mundial de mercado, habiendo descendido desde un 64 % respecto al 2.000, en el punto culminante de la burbuja de internet y antes de la crisis del 2008. Asimismo hay una concentracin substancial dentro de las primeras 1.000. Ochenta y tres empresas representan un tercio de los 32 billones $ de los beneficios del grupo. Las primeras 172 empresas representan cerca de la mitad de ellos. La 172 mayor empresa, la petrolera rusa Rosneft Oil, tuvo una beneficio equivalente al PIB del 74 pas del mundo, Uruguay () Los grandes inversores constituyen tambin un poderoso cuerpo electoral que pide un cambio. La riqueza est todava ms concentrada por lo que respecta a la gestin de activos que respecto a la de empresas. Los 500 mayores gestores de fondos tienen ms de 42 billones $ en activos para gestionar. Los 10 primeros gestores de fondos representan un tercio de esta cantidad; los 50 primeros los dos tercios. Esto significa que un pequeo nmero de inversores institucionales podra ocasionar un gran cambio en los negocios. Estn haciendo progresos [247].

Dado que el Estado es la forma poltica del capital, las necesidades de ste, es decir, el desarrollo del contenido del capital ms temprano que tarde determina las formas reales de los Estados, de manera que la ley bsica de la centralizacin y concentracin de capitales termina condicionando las formas de los Estados, su apoyo relativo y contradictorio, pero apoyo, a la creciente concentracin del poder socioeconmico y poltico en cada vez menos manos, como acabamos de ver. Si en 1909 eran 300 las personas que dirigan Europa, ahora son menos, pero el capitalismo es el mismo en su esencia, en su contenido, variando sus formas reales; y es el mismo en su contenido porque el desarrollo del capital dinero [248] ha seguido y sigue realizndose dentro de los cauces descubiertos por Marx en el ltimo tercio del siglo XIX.

Incluso aunque recurramos a mtodos de definicin de las clases que se centran ms en el reparto de la riqueza que en las relaciones de propiedad de las fuerzas productivas y de explotacin de la fuerza de trabajo social, como es el caso del, por dems excelente, texto de A. Damon [249]; e incluso si lo estudiamos con mtodos no marxistas, que llegan a relativizar o negar indirectamente la existencia de la burguesa como clase social, los resultados tambin son aplastantes. Lo mismo sucede si relativizamos algo el concepto de burguesa, entrecomillndolo: leamos esto: () empresarios y gerentes de grandes empresas y de la banca, entre otros. En realidad, estos dos ltimos grupos (a los que se les sola llamar la burguesa industrial y de servicios y la burguesa financiera) representan slo el 0,1% de toda la poblacin y tienen un enorme poder, no slo econmico y financiero, sino tambin meditico y poltico. La gran mayora de los mayores medios de informacin y persuasin (tanto en EEUU como en Espaa) tienen miembros de tal burguesa en sus Consejos de Direccin () [250].

Vaya o no entrecomillada la burguesa existe como clase social antagnicamente unida y en lucha permanente con la clase trabajadora. Adems de la comprensin correcta de la unidad y lucha de contrarios entre el capital y el trabajo, tambin y sobre todo la accin revolucionaria dentro de dicha unidad contradictoria requiere del conocimiento de la teora del Estado por cuanto que es la forma poltica del capital. Veamos tres ejemplos directos sobre la funcin capitalista del Estado: uno, para finales de 2013 el Estado espaol haba ejecutado el 90% de las medidas de austeridad y recortes de derechos impuestos por Bruselas [251]. Dos, la poltica estatal espaola ha hecho que cada sbdito de su monarqua preste 5.500 a la banca privada [252], prstamo que apenas se va a recuperar. Y tres, la forma poltica del capital, el Estado, ha impuesto en los dos ltimos aos una reforma salarial [253] que adems aumentar la pobreza, ha multiplicado la inseguridad, la precarizacin vital y el miedo a las represiones que contra quienes luchan por sus derechos. La lucha de clases es directamente afectada por estas y otras muchas medidas impuestas por el Estado.

La fraccin ms poderosa de la burguesa suele tener el apoyo de sus hermanas menores, incluida la ms pequea, gracias entre otras cosas a la permanente accin del Estado que media entre ellas con su autonoma relativa, pero favoreciendo en lo decisivo a la mayor, lo que no deja de generar algunos celos pueriles y quejumbrosos en la ms pequea. La opresin nacional descarnada y cruda, pero tambin la encubierta e indirecta, tensiona la unidad de clase de la burguesa, reapareciendo entonces el debate clsico sobre la existencia o no de la llamada burguesa nacional. R.M. Marini hizo un brillante estudio de esta cuestin en el Brasil de la segunda post guerra, desde las iniciales polticas de sustitucin de importaciones implementadas incluso por la alta burguesa y la llamada burguesa antiimperialista, hasta su final con la reunificacin de todas ellas para aplastar el pueblo trabajador:

Sin embargo, como los hechos demostraron, lo que estaba en juego, para todos los sectores de la burguesa, no era especficamente el desarrollo, ni el antiimperialismo, sino la tasa de beneficios. En el momento en el que los movimientos de masas pro elevacin se los salarios se acentuaron, la burguesa olvid sus diferencias internas para hacer frente a la nica cuestin que le preocupa de hecho: la reduccin de sus ganancias. Eso fue tanto ms verdadero cuanto no solamente el alza de los precios agrcolas, que haba aparecido a los ojos de la burguesa como un elemento determinante en las reivindicaciones obreras, pas a segundo plano, en virtud de la autonoma que ganaron tales reivindicaciones, sino tambin porque el carcter poltico que stas asumieron puso en peligro la propia estructura de dominacin vigente en el pas. A partir del punto en el que reivindicaciones populares ms amplias se unieron a las demandas obreras, la burguesa --con los ojos puestos en la Revolucin cubana-- abandon totalmente la idea de frente nico de clase y se volc masivamente en las huestes de la reaccin [254]

La experiencia fracasada de la burguesa nacional brasilea reafirma la experiencia mundial vivida hasta entonces y anuncia la que vendra despus, sobre todo en los pueblos que por mil circunstancias diversas no pudieron llevar al culmen una revolucin social, al margen de su geogrfica en el rea imperialista o no. Lecciones idnticas extrae V. Prashad del llamado Tercer Mundo A falta de una revolucin social autntica los lderes del Tercer Mundo empezaron a recurrir a las clases hacendadas y a las lites comerciales para cimentar su propio poder () una importante consecuencia de la ausencia de una verdadera revolucin social fue la persistencia de diversas formas de jerarqua dentro de las nuevas naciones. La inoculacin del sexismo y las escalonadas desigualdades de clan, casta y tribu, inhibieron el proyecto poltico del Tercer Mundo [255]. Llegado el momento crtico de optar por una independencia nacional de contenido obrero y popular, que avance en la socializacin de las fuerzas productivas, o una dependencia burguesa bajo tutela imperialista abierta u oculta, que les garantiza su propiedad de clase, las burguesas nacionales optan por lo segundo.

Para comprender por qu esta constante histrica tiene muy contadas e inciertas excepciones que provienen de sectores muy reducidos de pequeas burguesas conscientes de que el imperialismo les puede hacer ms dao que la democracia socialista de su Estado independiente, lo mejor es recurrir al marxismo, y debemos empezar por la crtica de Marx a a Proudhon:

En una sociedad avanzada el pequeo burgus se hace necesariamente, en virtud de su posicin, socialista de una parte y economista de la otra, es decir, se siente deslumbrado por la magnificencia de la gran burguesa y siente compasin por los dolores del pueblo. Es al mismo tiempo burgus y pueblo. En su fuero interno se jacta de ser imparcial, de haber encontrado el justo equilibrio, que proclama diferente del trmino medio. Ese pequeo burgus diviniza la contradiccin, porque la contradiccin es el fondo de su ser. No es ms que la contradiccin social en accin. Debe justificar tericamente lo que l mismo es en la prctica [...] la pequea burguesa ser parte integrante de todas las revoluciones sociales que han de suceder [256].

La descripcin de la pequea burguesa realizada por Marx y Engels desde la mitad del siglo XIX nos recuerda en lo esencial a la crtica demoledora hecha por F. Braudel a la cobarda traicionera de la burguesa del siglo XVI: Aunque el orden social parece modificarse, el cambio es, en realidad, ms aparente que real. La burguesa no siempre es eliminada o descartada brutalmente; es ella misma la que traiciona su destino. Traicin inconsciente, pues no existe todava, en realidad, una clase burguesa que verdaderamente se sienta tal. Tal vez porque es todava muy poco numerosa [257]. Braudel nos informa que a finales del siglo XVI la burguesa veneciana justo era entre el 5% y 6% de la poblacin de la ciudad. No podemos profundizar ahora en la evolucin de esta clase y en la de su hermana menor, la pequea burguesa, pero s debemos decir que ahora la burguesa tampoco supera cuantitativamente esa tasa de poblacin, y que, sobre todo, su miedo y cobarda siguen siendo consustanciales a su clase, sobre todo en la pequea burguesa.

Entre finales de 1847 y comienzos de1848 ambos amigos ya adelantan en el Manifiesto Comunista una idea clave sobre qu relaciones mantener con la pequea burguesa y sus organizaciones democrticas: participar en todas las luchas por la democracia y contra la opresin pero insistiendo siempre en que el problema decisivo es el de la propiedad privada de las fuerzas productivas y en que el antagonismo decisivo es el que separa de manera irreconciliable a la burguesa del proletariado [258]. Recordemos que estas palabras estn escritas antes de la oleada revolucionaria internacional de 1848-1849. Pues bien, veamos uno de los muchos momentos en los que Marx y Engels recurren sin complejos a diversas definiciones amplias e intercambiables.

El que vamos a explicar es un ejemplo especialmente valioso por dos razones, una, porque es un estudio exquisito y sofisticado de la revolucin de 1848 en Pars, y, otra, porque nos aportan un mtodo dialctico enormemente creativo para encuadrar el debate sobre las relaciones entre proletariado, clase obrera y pueblo, o sea, sobre el pueblo trabajador parisino enfrentado a muerte con la burguesa. Desde las primeras noticias de Pars del 25 de junio de 1848, el concepto de pueblo es opuesto radical e irreconciliablemente al de burguesa. Al poco, afirman que esta lucha revolucionaria conecta con las sublevaciones de los esclavos en Roma, y con la lucha de Lyon de 1834. Dicen que los habitantes de los suburbios acudieron en ayuda de los insurgentes, y cuentan cmo el pueblo se lanz furiosamente contra los traidores que haban intentado infiltrarse, pero ms adelante constatan que: una vez ms el pueblo haba sido demasiado generoso. Si hubiese replicado a los cohetes incendiarios y a los obuses con incendios, hubiese sido el vencedor al atardecer. Pero ni pensaba en emplear las mismas armas de sus adversarios [259].

Tambin explican que la burguesa declar a los obreros no enemigos comunes, a los cuales se vence, sino enemigos de la sociedad, a los que se aniquila [...] los insurgentes tuvieron en su poder gran parte de la ciudad durante tres das, comportndose con suma correccin. Si hubiesen empleado los mismos medios violentos que los burgueses y sus siervos, mandados por Cavaignac, Pars sera un montn de escombros pero ellos hubiesen triunfado [260]. Y ms adelante: La guardia mvil, reclutada en su mayor parte entre el proletariado en harapos parisino, se transform en gran medida, en el breve lapso de su existencia y mediante una buena retribucin, en una guardia pretoriana de los gobernantes de turno. El proletariado en harapos organizado libr su batalla contra el proletariado trabajador no organizado. Como era dable esperar, se puso a disposicin de la burguesa, lo mismo que los lazzaroni de Npoles se haban puesto a disposicin de Fernando. Slo desertaron aquellas secciones de la guardia mvil compuestas por trabajadores verdaderos [261].

A lo largo de los sucesivos artculos en los que analizan la lucha en Pars en junio de 1848, Marx y Engels utilizan indistintamente los conceptos de pueblo, proletariado, obreros, clase obrera, trabajadores, suburbios, etc., para apuntalar cuatro criterios que sern decisivos en la teora de las clases, del Estado, de la organizacin y de la revolucin. Sobre las clases queda claro que adems de la flexibilidad de los conceptos, siempre tienen en cuenta el problema de la propiedad privada de las fuerzas productivas como el que define y separa al capital, a la burguesa y a su sociedad, del pueblo, de la clase obrera y del proletariado, de modo que es la propiedad privada la que tambin define qu es la sociedad y a qu clase pertenece, a la capitalista. Sobre el Estado queda claro que las fuerzas represivas y su violencia brutal son vitales para la burguesa, y ms an, adelantan una de las grandes lecciones que se repetir una y otra vez hasta ahora: la creacin por la burguesa de fuerzas represivas especiales provenientes del lumpen, de los proletarios en harapos, como suceder en el militarismo, en el nazifascismo, etc.

Sobre la organizacin queda claro que sta es la nica garanta de victoria, estrechamente unida a la conciencia de clase, revolucionaria, que desarrollan los trabajadores verdaderos. Y sobre la revolucin, est claro que una vez que cesa el motn y se inicia la revolucin [262] el pueblo no debe dudar, detener su avance aun a costa de las imprescindibles prcticas de violencia defensiva, revolucionaria, que ha de aplicar para aplastar a cualquier precio a la violencia contrarrevolucionaria e injusta. Pensamos que de un modo u otro, estos cuatro componentes cohesionan la teora de la lucha de clases, que es la teora de las clases sociales del marxismo. Todas las teoras burguesas disocian, separan e incomunican, las clases sociales de la lucha de clases, y ambas de la teora del Estado y de la teora poltica.

Tras estudiar las razones del fracaso de esta oleada y convirtiendo su experiencia en razones tericas que avalen una prctica posterior, a comienzos de 1850 Marx y Engels proponen a la Liga de los Comunistas lo siguiente: La actitud del partido obrero revolucionario ante la democracia pequeo burguesa es la siguiente: marcha con ella en la lucha por el derrocamiento de aquella fraccin a cuya derrota aspira el partido obrero; marcha contra ella en todos los casos en que la democracia pequeo burguesa quiere consolidar su posicin en provecho propio [263]. O sea, se trata de crear un bloque social que incluya a las fuerzas democrticas de la pequea burguesa para luchar conjuntamente contra la opresin comn que sufren todos los componentes de dicho bloque social.

Ahora bien, Marx y Engels insisten reiteradamente en las pginas posteriores que para luchar contra ese enemigo comn no se precisa ninguna unin especial [...] es evidente que en los ltimos conflictos sangrientos, al igual que en todos los anteriores, sern sobre todo los obreros los que tendrn que conquistar la victoria con su valor, resolucin y espritu de sacrificio. En esta lucha, al igual que en las anteriores, la masa pequeo burguesa mantendr una actitud de espera, de irresolucin e inactividad tanto tiempo como le sea posible, con el propsito de que, en cuanto quede asegurada la victoria, utilizarla en beneficio propio, invitar a los obreros a que permanezcan tranquilos y retornen al trabajo, evitar los llamados excesos y despojar al proletariado de los frutos de la victoria [264].

Marx y Engels advierten a la Liga de los Comunistas, en base a las lecciones tericas extradas de la derrota internacional de 1848-1849 que para evitar la traicin pequeo burguesa, que se producir despus de la toma del poder, los proletarios deben mantener su independencia de clase, poltica y organizativa, no dejndose absorber por la pequea burguesa, planteando reivindicaciones especficamente proletarias que desborden por la izquierda a las de la pequea burguesa, y exigindole a su aliada que las cumpla. Ms an, la organizacin proletaria aliada con la pequea burguesa contra el enemigo comn ha de ser a la vez legal y secreta [265], e independiente y armada de la clase obrera [266], para garantizar siempre tanto la independencia prctica como terico-poltica de la clase trabajadora.

Los consejos a la Liga de los Comunistas fueron redactados por Marx y Engels mientras el primero de ellos estudiaba ms en detalle el fracaso revolucionario en el Estado francs, publicando el texto a finales de 1850, en el que afirma que: Los obreros franceses no podan dar un paso adelante, no podan tocar ni un pelo del orden burgus, mientras la marcha de la revolucin no se sublevase contra este orden, contra la dominacin del capital, a la masa de la nacin -campesinos y pequeo burgueses- que se interponan entre el proletariado y la burguesa; mientras no la obligase a unirse a los proletarios como a su vanguardia [267]. Marx estudiaba la concreta derrota francesa en la mitad del siglo XIX, siendo consciente de la todava limitada evolucin del capitalismo francs comparado con el britnico, llegando a una conclusin estratgica que mantendrn en lo esencial tanto l como Engels a lo largo de toda su vida, adaptndola en sus formas externas y tcticas a cada lucha revolucionaria particular: el proletariado como vanguardia nacional que dirige al campesinado y a la pequea burguesa.

Una conclusin terica que ya vena anunciada en el Manifiesto Comunista cuando insistieron en que el proletariado, que no tiene patria, debe empero elevarse a clase nacional, constituirse en nacin, aunque de ninguna manera en el sentido burgus [268]. Los objetivos a conquistar que se enumeran al final del Manifiesto nos dan una idea exacta sobre la diferencia cualitativa de la nacin proletaria con respecto a la nacin burguesa, pero no es este nuestro tema ahora. S nos interesa resaltar cmo Marx enlaza proletariado, campesinado y pequea burguesa dentro del proceso revolucionario en cuanto masa de la nacin enfrentada a la burguesa, masa de la nacin dirigida por la vanguardia proletaria.

Entre diciembre de 1851 y marzo de 1852 Marx escribi una de sus fundamentales obras, El 18 Brumario de Lus Bonaparte, en la que desarrolla una de sus mejores descripciones de la pequea burguesa y del lumpen, pero tambin y por ello mismo, de la cuestin nacional segn se presentaba en el capitalismo europeo de la poca, describiendo as al demcrata pequeo burgus dice que: Pero el demcrata, como representa a la pequea burguesa, es decir, a una clase de transicin, en la que los intereses de dos clases se embotan el uno contra el otro, cree estar por encima del antagonismo de clases en general. Los demcratas reconocen que tienen enfrente a una clase privilegiada, pero ellos, con todo el resto de la nacin que los circunda, forman el pueblo. Lo que ellos representan son los derechos del pueblo, lo que les interesa, es el inters del pueblo [269].

Marx escribe en cursiva clase en transicin al igual que derechos e intereses del pueblo. En el primer caso para recalcar que la pequea burguesa no es una clase fundamental en el capitalismo, sino secundaria aunque muy importante en la lucha de clases porque, y esta es la segunda cuestin, a pesar de estar embotada entre la burguesa y el proletariado tiene un poder apreciable en la manipulacin del pueblo, sujeto colectivo del que ella se presenta como nico representante y defensor. O sea, la ideologa democraticista pequeo burguesa tiene su propio concepto de pueblo, de sus intereses y derechos, interpretados segn la pequea burguesa democrtica, concepto diferente al de la gran burguesa, pero tambin diferente al de la nacin trabajadora, la que con su esfuerzo sustenta y mantiene al todo el pas. Es muy significativo que Marx cite a la nacin trabajadora justo despus de escribir una muy brillante descripcin del lumpemproletariado organizado como fuerza de combate secreta del bonapartismo, que siente la necesidad de beneficiarse a costa de la nacin trabajadora [270].

Marx hace una esplndida descripcin de la compleja realidad clasista en un contexto de lucha de clases a varias bandas: por un lado, en la base productiva tenemos a la nacin trabajadora, explotada y oprimida; despus, encima tenemos a la pequea burguesa como clase en transicin que tiene su propio concepto de pueblo; y arriba, en el vrtice del tringulo de clases, tenemos al poder reaccionario bonapartista que se sustenta, adems de en el Estado burocrtico, controlador y armado --una exquisita definicin no superada an, sino confirmada a diario [271] -- tambin en la fuerza del lumpen. Pues bien, en el momento crtico, cuando el futuro est por decidir si se toman medidas valientes y radicales, entonces, la pomposa Asamblea Nacional representante del poder burgus en su generalidad, pero no del proletariado que forma la nacin trabajadora, entonces la Asamblea Nacional: No se atreve a afrontar el choque en el momento que ste tiene una significacin de principio, en que el poder ejecutivo se ha comprometido realmente y en que la causa de la Asamblea Nacional sera la causa de toda la nacin. Con ello dara a la nacin una orden de marcha, y nada teme tanto como el que la nacin se mueva [272].

La burguesa en cuanto clase dominante que tiene algunos litigios tcticos con la pequea burguesa, en modo alguno irreconciliables, esta clase nada teme tanto como el que la nacin se mueva porque sabe que es la nacin trabajadora la que se pondra en marcha hacia delante si fuera movilizada por la Asamblea Nacional. La nacin burguesa y el pueblo pequeo burgus tienen terror a la nacin trabajadora, por eso lo mantienen paralizado, y por eso le restringen sus derechos y libertades: All donde veda completamente a los otros estas libertades, o consiente su disfrute bajo condiciones que son otras tantas celadas policacas, lo hace siempre, pura y exclusivamente, en inters de la seguridad pblica, es decir, de la seguridad de la burguesa, tal y como ordena la Constitucin [273]. Los otros son las clases explotadas, la nacin trabajadora, a la que se le vigila y controla, se le restringen los derechos, y cuando se le conceden su disfrute es siempre bajo el riesgo de las celadas policacas que garantizan el orden del capital, la seguridad pblica, la seguridad de necesita la nacin burguesa para explotar eficazmente a la nacin trabajadora.

Exceptuando adaptaciones formales tcticas, este criterio estratgico no slo se mantendr durante toda su vida sino que llegar a niveles de majestuosa exquisitez terica en su estudio sobre la Comuna de Pars de 1871 que no podemos extendernos ahora, pero en el que se expone claramente el antagonismo entre la verdadera nacin, la formada por las comunas libres que integran a las clases explotadas, y la nacin burguesa, la del capital francs colaboracionista con el ocupante alemn para, con su ayuda, exterminar mediante el terrorismo ms sanguinario el proceso revolucionario.

En lo que ahora nos incumbe, las relaciones entre la clase obrera, el proletariado, y el pueblo trabajador, en su anlisis de la Comuna Marx afirma que era sta la primera revolucin en que la clase obrera fue abiertamente reconocida como la nica clase capaz de iniciativa social incluso para la gran masa de la clase media parisina -tenderos, artesanos, comerciantes-, con la sola excepcin de los capitalistas ricos. Detalla las razones por las que la clase media, que haba traicionado y aplastado la insurreccin obrera en 1848 se haba pasado ahora, tras 23 aos, al bando del pueblo insurrecto.

Marx hace una descripcin antolgica de las causas econmicas, polticas, tico-morales y hasta educativas que explican semejante cambio, y no se olvida de aadir otra causa: haba sublevado su sentimiento nacional de franceses al lanzarlos precipitadamente a una guerra que slo ofreci una compensacin para todos los desastres que haba causado: la cada del Imperio [274]. De este modo, vemos cmo la capacidad de aglutinacin de la masa nacional y de la clase media se ejerce en todos los aspectos de la vida cotidiana, incluido el sentimiento nacional aunque en ninguna manera en el sentido burgus.

Ms todava, la Comuna, en cuanto autntico gobierno nacional formado por los elementos sanos de la sociedad francesa, fue a la vez un gobierno internacional por su contenido obrero, lo que le granje de inmediato la solidaridad de los obreros del mundo entero [275]. La capacidad de aglutinacin de otras clases sociales explotadas en diverso grado alrededor del proletariado, formando as un bloque revolucionario nacional no burgus, obrero e internacionalista, opuesto a la nacin burguesa claudicacionista, esta capacidad prctica fue transformada en leccin terica por Marx.

En este mismo ao, el debate sobre el contenido de clase de la nacin estallaba al rojo vivo en Alemania, en donde las medidas burguesas estaban llevando a su dominio monoplico del sentimiento nacional abstracto, a la vez que atacan ferozmente a la socialdemocracia como aptrida: Al constatar cmo las clases dominantes afirmaban que el movimiento obrero era enemigo de Alemania, Wilhelm Liebknecht se vio obligado a declarar en octubre de 1871: Nos acusis de no tener patria, vosotros que nos la habis quitado [276]. Efectivamente, la burguesa alemana no slo ya haba quitado la patria a la clase obrera, sino que empezaba a lograr que cada vez ms sectores de la nacin trabajadora empezaran a creerse miembros de la nacin burguesa.

La influencia creciente del revisionismo dentro de la socialdemocracia fue la causa fundamental del avance del nacionalismo imperialista burgus, y no tanto las reformas sociales introducidas por el emperador Guillermo II a partir de 1888. La fraccin revisionista pas a defender el imperialismo alemn y la permanente negociacin interclasista como la estrategia adecuada para obtener mejoras sociales [277]. Con ello reforzaba a la nacin burguesa y debilitaba a la trabajadora hasta el extremo de su claudicacin humillante en 1914.

Un ejemplo de la interaccin de los dos niveles del mtodo marxista del estudio de las clases sociales nos los ofrece Engels en su texto sobre Alemania escrito en 1852. Primero hace una descripcin amplia, analizando la divisin clasista en los dos grandes bloques sociales enfrentados: el propietario de las fuerzas productivas y el que no es propietario, al que define como las grandes masas de la nacin. Engels dice: Las grandes masas de la nacin, que no pertenecan ni a la nobleza ni a la burguesa, constaban, en las ciudades, de la clase de los pequeos artesanos y comerciantes, y de los obreros, y en el campo, de los campesinos [278], y despus se extiende varias pginas en el estudio concreto de las principales clases no propietarias, explotadas en diversos grados, que constituyen las grandes masas de la nacin alemana a finales de la primera mitad del siglo XIX.

Muchos aos ms tarde, en 1870, Engels vuelve a insistir sobre el mismo problema de fondo pero en el contexto de un capitalismo alemn ms desarrollado. Sin embargo, ahora, en 1870, Engels profundiza ms an en cuatro cuestiones fundamentales para comprender el mtodo marxista: Una, la continuidad de las contradicciones clasistas esenciales a pesar de los cambios en sus formas, es decir, muestra cmo lo gentico-estructural se mantiene incluso entre los largos perodos que van desde 1525 hasta 1870: Nuestros grandes burgueses obran en 1870 exactamente igual como obraron en 1525 los villanos medios. En lo que atae a los pequeos burgueses, a los artesanos y a los tenderos, stos siguen siendo siempre los mismos. Esperan poder trepar a las filas de la gran burguesa y temen ser precipitados a las del proletariado. Fluctuando entre la esperanza y el temor, tratarn de salvar sus preciosos pellejos durante la lucha, y despus de la victoria se adherirn al vencedor. Tal es su naturaleza [279].

Dos, tras explicar cmo funciona lo esencial y permanente que determina a grandes rasgos qu son y qu hacen la pequea burguesa, los tenderos y los artesanos, Engels pasa a describir qu es gentico-estructuralmente la clase trabajadora, la clase asalariada: Pero tampoco el proletariado ha salido an de ese estado que permite establecer un paralelo con 1525. La clase que depende exclusivamente del salario toda su vida se halla an lejos de constituir la mayora del pueblo alemn. Por eso, tambin tiene que buscar aliados. Y slo los puede buscar entre los pequeos burgueses, el lumpemproletariado de las ciudades, los pequeos campesinos y los obreros agrcolas [280].

Vemos por tanto que la definicin bsica de proletariado en cuanto al modo de produccin capitalista en s mismo, en cualquier parte del mundo y en cualquier momentos de su evolucin no es otra que la clase que depende exclusivamente del salario toda su vida; pero tambin vemos que en el mismo prrafo, a la vez, formando parte del mismo concepto, Engels completa el anlisis gentico estructural con el histrico genrico al explicar por qu y con quienes el proletariado concreto, el de la Alemania de 1870, ha de de establecer alianzas interclasistas para avanzar a la revolucin.

Tres, inmediatamente despus, sin romper el mtodo dialctico concreto sino amplindolo en sus interrelaciones, Engels procede a describir otras clases y fracciones de clase que existen en ese momento en Alemania: adems de los pequeos burgueses --Son muy poco de fiar, excepto cuando ya ha sido lograda la victoria. Entonces arman un alboroto infernal en las tabernas. A pesar de esto, entre ellos se encuentran excelentes elementos que se unen espontneamente a los obreros [281] --, el lumpemproletariado, del que hace una descripcin exacta y proftica que debemos reproducir aqu por su acierto histrico:

El lumpemproletariado, esa escoria integrada por todos los elementos desmoralizados de todas capas sociales y concentrada principalmente en las grandes ciudades, es el peor de los aliados posibles. Ese desecho es absolutamente venal y de lo ms molesto. Cuando los obreros franceses escriban en los muros de las casas durante cada una de las revoluciones: Mort aux voleurs !, Muerte a los ladrones!, y en efecto fusilaban a ms de uno, no lo hacan en un arrebato de entusiasmo por la propiedad, sino plenamente conscientes de que ante todo era preciso desembarazarse de esa banda. Todo lder obrero que utiliza a elementos del lumpemproletariado para su guardia personal y que se apoya en ellos, demuestra con este slo hecho que es un traidor al movimiento [282].

Despus de definir a la pequea burguesa y al lumpemproletariado, contina con la compleja y heterognea divisin de los pequeos campesinos, segn sean feudales, arrendatarios o propietarios de un pedazo de tierra, pero explicando que se refiere a los pequeos campesinos porque los grandes pertenecen a la burguesa [283], es decir, indicando que lo que define a una clase social no es la forma de su propiedad, si esta es la tierra o la industria o el comercio, o la banca, sino la existencia o no de una cantidad de propiedad privada que le hace ser grande o pequeo propietario.

Y por ltimo, cuatro, Engels se extiende en el estudio del componente decisivo del campo capitalista: los obreros agrcolas, en la Alemania de 1870, indicando que la gran masa campesina acta de forma objetiva pero inconscientemente como el instrumento represivo bsico en manos del Estado burgus, y Engels insiste en que el proletariado ha despertar a esta clase e incorporarla al proceso revolucionario ya que: El da en que la masa de obreros agrcolas aprenda a tener conciencia de sus propios intereses, ese da ser imposible en Alemania un gobierno reaccionario, ya sea feudal, burocrtico o burgus [284].

Hemos visto cmo el mtodo marxista integra en el mismo concepto de clase social por un lado la permanencia histrica de la lucha de clases entre el capital y el trabajo; por otro lado, lo que define a cada clase antagnicamente opuesta a su contraria, pero a la que est unida a muerte por la esencia bsica del modo de produccin capitalista, o sea, la propiedad de las fuerzas productivas; adems, cmo se concreta en cada poca y pas esas clases y sus luchas, sus alianzas y sus programas; tambin, cules son sus formas psicolgicas, costumbristas, ticas y culturales a largo y a corto plazo; y por ltimo, cmo dependiendo de la toma de conciencia de las clases explotadas y de sus luchas puede cambiarse radicalmente la naturaleza reaccionaria del gobierno de la burguesa. A largo de todo el estudio aletea en su interior un concepto todava ms abarcador y decisivo, como es el de pueblo trabajador, que Engels utilizar brillantemente una dcada y media ms tarde [285], como veremos.

Ms concretamente, relativizando un poco las diferencias evolutivas entre la lucha de clases en el Estado francs y en Alemania, y al margen de las clases no proletarias a las que dedican sus anlisis Marx y Engels, las clases medias francesas y el campesinado alemn, no se puede negar que por debajo de las preocupaciones concretas acta el mismo mtodo terico y el mismo objetivo estratgico, a saber, la creacin de un bloque social amplio que exprese las necesidades y reivindicaciones de las clases explotadas, de las ms amplias masas, como muy frecuentemente se escribe en la prensa marxista de todos los tiempos. Y es aqu en donde irrumpe con fuerza la problemtica de las llamadas clases medias.

Si queremos encontrar una sntesis muy precisa de las ideas de Marx y Engels sobre la pequea burguesa, podemos leerle al Lenin de 1902, muy poco despus de haber escrito el celebrrimo y decisivo Qu hacer? al que volveremos en extenso en su momento. Siempre es necesario contextualizar la teora, su marco espacio-temporal, pero ahora lo es ms si cabe porque as se demuestra fehacientemente que la teora de Lenin sobre la organizacin fue ideada en su primera forma expositiva en estrecha conexin con dos problemas decisivos para todo proceso revolucionario: el de saber qu es la pequea burguesa, y el de saber qu papel juega ella, o sus formas concretas en cada poca y sociedad, en la creacin de un bloque social dirigido por la clase obrera, por el proletariado, que dirija a la poblacin trabajadora y explotada, a los pequeos productores y a la pequea burguesa.

Sobre la primera cuestin, Lenin dice en un escrito realizado mientras concluye el Qu hacer? que: Podemos (y debemos) sealar de forma positiva el carcter conservador de la pequea burguesa. Y nicamente en forma condicional debemos hablar de su carcter revolucionario. Slo tal formulacin responder exactamente a todo el espritu de la doctrina de Marx [286]. Pero el mayoritario carcter conservador de la pequea burguesa, y su minoritario carcter revolucionario, no debe ser obstculo alguno para que las fuerzas revolucionarias intenten integrar a esta clase dentro de las masas trabajadoras y explotadas. Ahora bien, la condicin que exiga Lenin menos de un mes despus del texto citado no era otra de que se demarcarse con rigor e insistencia en que era el proletariado, la clase obrera, la que debe dirigir clara y decididamente al pueblo y a los pequeos productores [287].

Las dos citas de Lenin corresponden a la primera mitad de 1902, y las de Engels y Marx son del siglo XIX. Si exceptuamos la Comuna de Pars de 1871 y la oleada revolucionaria de 1848-49, y otros conflictos menores, la pequea burguesa europea no haba vivido an crisis socioeconmicas y polticas demoledoras, y a pesar de ellos, los autores marxistas citados acertaron en lo bsico sobre la esencia de esta clase social. Despus vendra la oleada revolucionaria de 1905, el estallido de la IGM en 1914 y la oleada revolucionaria mundial que se iniciara con la victoria bolchevique en 1917. La izquierda europea apenas estudi la revolucin mexicana de 1910 y el comportamiento timorato de la pequea burguesa en aquella gloriosa y magna revolucin. En 1919 Bujarin y Preobrazhenski redactaron el manual de formacin de la militancia bolchevique, en el que la pequea burguesa urbana es definida de esta manera:

A este grupo pertenecen los artesanos independientes, los pequeos tenderos, la inteligentsia menor, que comprende a los asalariados y pequeos funcionarios. En realidad, no constituyen una clase sino una multitud mezclada. Todos estos elementos son explotados ms o menos por el capital y a menudo son esclavizados. Muchos de ellos son arruinados en el transcurso del desarrollo capitalista. No obstante, las condiciones de su trabajo son tales, que la mayor parte de ellos no se da cuenta de lo desesperada que es su situacin bajo el capitalismo. Consideremos por ejemplo el artesano independiente () se siente patrono; trabaja con sus propias herramientas, y en apariencia es independiente, aunque en realidad est completamente enredado en la tela de araa capitalista. Vive con una esperanza perenne de mejora, pensando siempre: pronto podr ampliar mi negocio, entonces comprar para m; se cuida de no mezclarse con los obreros y en sus costumbres evita imitarlos, tomando las costumbres de la aristocracia, pues conserva la esperanza de convertirse en un caballero () Los partidos pequeo-burgueses se unen generalmente bajo la bandera de los radicales o de los republicanos, pero algunas veces tambin bajo la de los socialistas [288].

Pese a las distancias espacio-temporales y de desarrollo socioeconmico del capitalismo de 1919, a pesar de todo, si comparamos lo esencial de esta definicin con nuestro presente vemos varias constantes bsicas, sobre todo teniendo en cuanta que en 1919 y en 2014 las crisis azotaban con fuerte impacto a estas clases; pero adems y al margen de las reacciones en los perodos de crisis, tambin son permanentes los comportamientos sociales cotidianos, los desesperados intentos de marcar pblicamente sus diferencias con las clases trabajadoras, a las que desprecian. An as, habra que esperar a la crisis de 1929 para disponer ya de una experiencia mundial aplastante sobre las limitaciones de esta clase. Ahora bien, una constante del texto bolchevique es la insistencia en el trato correcto, pedaggico e integrador que hay que dar a la pequea burguesa: Los pequeos productores no deben ser llevados a garrotazos hacia el socialismo [289].

Una de las mejores definiciones marxistas de lo que es la clase trabajadora la encontramos en este libro, que es mucho ms que un simple manual: Esta clase est formada por quienes no tienen nada ms que perder, sino sus cadenas [290]. O sea, en perodos de expansin e integracin burguesa, la realidad obrera inmediata que vemos es la de una clase reformista y hasta conservadora, sobornada por las concesiones del sistema; pero esta realidad es fugaz y es realmente formal, aparente, porque slo dura el corto perodo de bonanza en el que el capital puede engaar al proletariado.

Conforme esta fase inicia su declive y la burguesa endurece la explotacin, la clase obrera va sufriendo su verdadera realidad objetiva: slo tiene su fuerza de trabajo para malvivir. Durante la crisis la alienacin reformista puede ir cediendo ante la conciencia cada vez ms crtica, ms poltica. Si se dan ciertas condiciones, la conciencia-en-si puede transformarse en conciencia-para-s, revolucionaria: el concepto de clase trabajadora llega a ser pleno en su riqueza una vez que la conciencia subjetiva de clase explotada se vuelve fuerza objetiva, material, mediante la lucha revolucionaria contra el capitalismo. Este y no otro es el momento en que la definicin de clase obrera adquiere su pleno contenido histrico.

Volviendo a la pequea burguesa, R. Feito Alonso ha resumido en tres los principales componentes de la visin del mundo pequeo-burguesa:

1. Una intensa fe en las ventajas de la independencia. Esto significa la valoracin del trabajo por s mismo, de tener xito gracias a los propios esfuerzos, lo que refleja una valoracin moral ms que econmica.

2. Rechazo de los elementos racional-legales de la sociedad. Se trata de la desconfianza hacia las grandes organizaciones burocrticas, desde el Estado hasta los sindicatos.

3. Rechazo del cambio. Lo que importa es la estabilidad y la continuidad en las maneras tradicionales de hacer las cosas [291].

Este autor introduce a la pquea burguesa dentro de las clases medias por lo que, al margen ahora de otras consideraciones crticas al respecto, podramos decir que la concepcin del mundo pequeo-burguesa tambin sera total o parcialmente la concepcin del mundo de las clases medias. Ms adelante volveremos a esta discusin tan estudiada por el marxismo, en especial desde el ascenso del nazifascismo al poder.

Y otra definicin muy acertada de pequea burguesa la encontramos en D. Torres: La pequea burguesa es una capa de la poblacin cuya fortuna, vida y muerte, depende en muchos casos de sus esfuerzos individuales, de un pequeo aspecto del mundo que no les lleva a considerar la realidad social como una totalidad. En el plano organizativo se trata no de conformar potentes organizaciones que puedan derrocar a su enemigo, sino de un movimiento con lazos informales y dbiles entre sus miembros, las organizaciones grandes son monstruos que ahogan la personalidad. En el plano discursivo no se rigen por orientaciones basadas en las leyes del movimiento de la formacin econmico-social capitalista, sino en modas como el altermundismo, la globalifobia, el poscapitalismo, los indignados, etc. [292].

 

7.- Las llamadas clases medias

La Sociologa, como la forma menos tosca de la ciencia social burguesa [293], no llega a una definicin unitaria sobre la clase media. U no de los mejores diccionarios de esta disciplina, el de L. Gallino, tiene que reconocer que sigue habiendo muchas ambigedades [294] en el momento de definir las clases medias. En realidad, esta confusin irresoluble se arrastra desde los primeros estudios oficiales britnicos sobre dnde introducir a las franjas obreras con altos salarios si entre el proletariado o entre la clase media baja, como indica E. Hobsbawm [295]. A. Recio tambin sostiene de entrada que: El concepto de clase media es bastante confuso y cada cual lo interpreta como quiere [296] , pero luego ofrece una definicin que reproduciremos en su momento. R. Feito realiza un recorrido bastante completo de la variedad de opiniones sobre la nueva clase media desde que Bakunin utilizase este trmino hasta mediados los 90 del siglo XX [297]. D. Bensad habla sin tapujos de el rompecabezas de las clases medias [298]. Como ejemplo de la arbitrariedad de las categoras sociolgicas que emplean las instituciones internacionales [299], tenemos la denuncia crtica de la definicin de clases medias que utiliza la OIT, en la que la entrada o salida de esa clase media depende de si se cobran ms o menos dlares segn la coyuntura econmica.

Segn A. Ortega: No hay pleno acuerdo entre los especialistas sobre la definicin de clase media, cuyos lmites son, por definicin, ambiguos y relativos. Algunos socilogos la circunscriben a satisfacer las necesidades bsicas ms algunos extras: desempear una ocupacin cualificada en el sector industrial o de cualificacin media en el sector servicios y/o tener alguna propiedad. Otros, para comparaciones internacionales, utilizan la medida de un gasto diario entre 10 y 100 dlares al da (62 euros, en paridad de poder de compra) [300]. Un ejemplo de la superficialidad de los anlisis sociolgicos sobre las clases sociales lo tenemos en esa investigacin segn la cual el 0,7% de la poblacin del Estado espaol reconoce que ha descendido de la clase alta a la clase media; el 7% dice haber descendido de la clase media-alta a la clase media; el 51% de la clase media a la clase media-baja, mientras que el 42% afirma mantener la misma posicin de clase [301]. El mismo criterio definitorio cuantitativo basado en el salario y no en la propiedad de los medios de produccin, lo encontramos en M. Queiroz al analizar el riesgo de extincin de la clase media portuguesa:

Miles de familias, desesperadas por no tener medios para pagar su alimentacin y sus cuentas fijas, han debido recurrir a instituciones de caridad. Muchas veces lo hacen a escondidas ante el fenmeno cada vez ms frecuente de la "pobreza avergonzada" () una quinta parte de los portugueses viva en 2012 con menos de 478 dlares por mes, en un pas donde el salario mnimo legal es de 14 sueldos por ao, de 644 dlares mensuales () En muchas escuelas del pas, los maestros relatan casos dramticos, de mareos y desmayos de nias y nios de clase media, porque no tenan nada para desayunar en sus hogares y escondan el hecho para evitar ser confundidos con los ms pobres () Inmersa en una montaa de deudas que no logra pagar, la clase media est cada vez ms cerca de la ms baja, que ya constituye 24,4 por ciento de los 10,6 millones de portugueses, ms de dos puntos por encima de 2009. El Instituto Nacional de Estadsticas sita en la clase media a aquellos cuyos ingresos oscilan entre 768 y 2.660 dlares, en un pas donde la mitad de la poblacin no gana ms de 932 dlares. Oficialmente, a esa clase pertenece en torno a 60 por ciento de los portugueses [302].

La denominada teora de la estratificacin social --clase alta, media y baja, con sus estratos intermedios-- que constituye el ncleo duro de Sociologa [303], slo puede dar cuenta de los cambios externos provocados por las previas subidas o bajadas de los salarios, pero en modo alguno puede, primero, establecer la dependencia de los salarios con respecto a las contradicciones socioeconmicas y a incidencia determinante de la lucha de clases, y segundo y dependiendo de ello, relacionar los comportamientos sociopolticos de las clases medias, o sea, los cambios en su conciencia poltica, elemento este vital en la teora marxista de las clases sociales. Por ejemplo, Engels realiz durante nada menos que veintin meses un estudio muy riguroso y extenso sobre la clase obrera inglesa, publicado en marzo de 1845. En la Introduccin el autor hace una directa referencia al egosmo de la clase media inglesa [304], que pretende hacer pasar sus intereses particulares como los verdaderos intereses nacionales, aunque no lo consiga. Como veremos al final de este captulo, la manipulacin por el Estado burgus del egosmo de las clases medias, de sus ansiedades, angustias y temores [305], es uno de los instrumentos ms efectivos para el mantenimiento del poder capitalista.

Aqu debemos recordar al lector lo arriba dicho sobre la teora marxista del conocimiento, sobre la dialctica de los conceptos mviles que se solapan e interpenetran segn las diferentes relaciones de los procesos que se estudian. Partiendo de ella, Marx fue el primero en estudiar a las clases medias con el rigor que lo permitan las condiciones de la poca. Critic a D. Ricardo en este sentido diciendo que: Lo que l se olvida de destacar es el incremento constante de las clases intermedias, situadas entre los obreros, de una parte, y, de otra, los capitalistas y terratenientes, que viven en gran parte de las rentas, que gravitan como una carga sobre la clase obrera situada por debajo de ellas y refuerzan la seguridad y el poder sociales del puado de los de arriba [306].

Pero Marx no se limita a constatar una realidad nueva, sino que en su crtica a T. Hodgskin estudia su gnesis desde el interior del capitalismo bajo las presiones del aumento de la produccin en masa con su correspondiente aumento de la divisin del trabajo que: tiene, pues, como base la divisin y especializacin de los oficios y profesiones dentro de la sociedad. La extensin del mercado implica dos cosas: una es la masa y el nmero de los consumidores, otra el nmero de los oficios y profesiones independientes. Puede darse, adems, el caso de que el nmero de estos oficios y profesiones aumente sin que aumente aqul [307], es decir el nmero de consumidores.

Marx sigue explicando luego las fuerzas internas que determinan el aumento de las clases medias, debido a la creciente rapidez de la circulacin de las mercancas desde su produccin hasta su venta de modo que: la coordinacin de distintas ramas industriales, la creacin de centros destinados a determinadas industrias especiales, los progresos de los medios de comunicacin, etc., ahorran tiempo en el paso de las mercancas de una fase a otra y reducen considerablemente el tiempo muerto [308]. Pero adems de estas razones, Marx aade otra fundamental consistente en la sabidura de la clase dominante para reforzar su poder integrando a sectores de las clases explotadas para volverlas contra su propia clase: una clase dominante es tanto ms fuerte y ms peligrosa en su dominacin cuanto ms capaz es de asimilar a los hombres ms importantes de las clases dominadas [309].

La presin de la ideologa burguesa y del reformismo logra muchas veces anular la vital importancia de estas dos citas, imprescindibles para entender la teora marxista de las clases. En realidad, una clase viva que asimila a los sectores mejor formados de las clases que explota tiene asegurada su perpetuidad, especialmente cuando desarrolla mecanismos de divisin y segregacin dentro de las clases trabajadoras: un ejemplo lo tenemos en las medidas sociales de Bismarck tras la Comuna de Pars de 1871, destinadas, entre otras cosas, a romper la unidad entre los trabajadores manuales industriales, los trabajadores de cuello blanco y los trabajadores agrcolas y domsticos imponiendo diferentes sistemas de seguridad social en beneficio de los segundos [310], de lo que ya eran las capas intermedias.

Y tambin cuando estas capas intermedias son vitales para las tcnicas de control social insertos en el mismo proceso productivo destinados a vencer las resistencias de los trabajadores y aumentar la productividad de su trabajo. Ahora bien, el crecimiento innegable de estas fracciones no anula la objetividad de una de las caractersticas genticas del capitalismo: la mayora de la poblacin se convierte en una masa de asalariados que comprende a los que antes consuman en especie una determinada cantidad de productos [311]. Como en todo lo esencial del capitalismo, Marx descubri el por qu del crecimiento de las clases medias y, a la vez y contradictoriamente, el crecimiento de la asalarizacin social, dinmicas enfrentadas que se explican por el desarrollo peridico de nuevas fracciones de las clases medias que suplantan a las viejas proletarizadas y que, a la inversa de estas, son cada vez ms asalariadas.

Poco despus de estos descubrimientos, Marx redact a finales de 1880 La encuesta obrera [312] con 101 preguntas sobre la composicin de clases en el capitalismo de la poca y que posee una sorprendente actualidad para conocer el capitalismo neoliberal, desregulado y precarizado actual. La tendencia creciente a la asalarizacin ha sido confirmada por todos los estudios algo serios, como tambin la tendencia a la asalarizacin de las nuevas franjas de las clases medias, ya que: numerosas profesiones liberales se convierten cada vez ms en profesiones asalariadas; mdicos, abogados, artistas, firman verdaderos contratos de trabajo con las instituciones que les emplean [313]. La asalarizacin privada de muchas profesiones liberales se incrementa con la desregulacin del funcionariado estatal y pblico, especialmente en sanidad, un mito cuidadosamente protegido por la burguesa, que descienden del funcionariado a simples trabajadores especializados de las empresas de la salud [314].

M. Nicolaus explica que es a partir de las consecuencias de la ley la tendencia decreciente de la tasa de plusvala, que es parte de la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancia, cuando Marx elabora la demostracin de la necesidad de la existencia de la clase media ya que:

Por una parte, el aumento de la productividad requiere un aumento en maquinaria, de modo que la tasa de ganancia aumentar, y deben aumentar tanto la tasa como el volumen de plusvala. Qu ocurre con este excedente que crece? Permite a la clase capitalista crear una clase de personas que no son trabajadores productivos, pero que rinden servicios a los capitalistas individuales o, lo que es ms importante, a toda la clase capitalista; y, al mismo tiempo, el aumento de la productividad requiere una clase de ese gnero de trabajadores no productivos que desempeen las funciones de distribuir, comercializar, investigar, financiar, administrar, seguir la pista y glorificar el producto excedente en aumento. Esta clase de trabajadores no productivos, de trabajadores de servicios o de sirvientes en una palabra, es la clase media [315].

B. Coriat presenta tres razones que explican, desde los esquemas de Marx, la aparicin de capas parciales de trabajadores bajo el dominio de las relaciones capitalistas de produccin: la divisin entre trabajo manual y trabajo intelectual; las necesidades de vigilar el proceso de produccin, y de aumentar las tareas de gestin y comercializacin; y, ltimo, la necesidad de desarrollar la investigacin cientfico-tcnica [316]. Para no extendernos, y para volver a la lnea argumental, diremos slo que a mediados de los aos 80 del siglo XX el grueso de la nueva clase media, compuesta por trabajadores cualificados intelectualmente se haba masificado, asalarizado, degradado en su trabajo, concentrado en su trabajo, reducidas sus posibilidades de ascenso corporativo, insertado en el mercado de trabajo como cualquier otro asalariado y rota su anterior homogeneidad social [317]. No hace falta decir que estas tendencias se han agudizado de entonces a ahora.

Es aqu donde volvemos a la definicin de clases medias que ofrece A. Recio, en el texto arriba citado:

Las capas medias no asalariadas han tendido a desaparecer a medida que la concentracin de capital, la industrializacin de la agricultura y la transformacin del comercio han reducido el peso de los no asalariados en la estructura social. La inmensa mayora de la poblacin es hoy asalariada, pero dentro de sta se ha desarrollado una enorme segmentacin y diferenciacin social, asociada a los cambios en la organizacin empresarial, al sector pblico y al desarrollo tecnolgico. Un desarrollo que ha generado un amplio segmento de empleos en los que se requiere un nivel elevado de educacin formal y que suelen estar asociados a niveles salariales relativamente altos, cierto prestigio social, una idea de carrera profesional y mayor estabilidad en el empleo, en relacin a los empleos comunes, manuales (todos los empleos suelen requerir implicacin mental y fsica), de la industria y los servicios. El primer grupo es el que forma lo que podramos llamar el bloque de las capas medias asalariadas, diferenciado en muchos aspectos de la clase obrera tradicional. Aunque en muchos casos se confunde clase media no slo con este segmento de asalariados sino con el conjunto de los que han podido alcanzar ciertas cotas de consumismo gracias a un cierto nivel de ingresos y de estabilidad. En los aos buenos, esto tambin estaba al alcance de una parte de la clase obrera tradicional, especialmente la de las grandes industrias o la lite de la construccin [318].

Hemos comenzado este captulo viendo lo que pensaban Marx y Engels sobre las contradicciones y los lmites de la pequea burguesa, sus miedos y sus dudas. El tiempo transcurrido desde entonces ha confirmado esta crtica marxista, y ha mostrado, adems, que tambin las clases medias se caracterizan por las mismas indecisiones, por eso que un autor ha definido como la estructura mental egosta de estas clases medias en pases como Venezuela: En este momento en la Venezuela revolucionaria la clase media es beneficiada de mil formas, repito, pero vemos perplejos como, amplios sectores de los mismos se adhieren sin vergenza a sus verdugos y denigran del comandante Chvez y de la revolucin que los salv de estafas financieras e inmobiliarias y los incluye en todos los sectores socioproductivos que el Gobierno inventa y reinventa para todo el Pueblo [319].

I. Brunet y M. L. Schilman han estudiado con rigor el comportamiento de la clase media argentina, los ahorristas, inmediatamente despus de la crisis del corralito en 2001, insistiendo en lo que denominan como la volatilidad del derecho de propiedad de las clases medias, derecho sagrado para este sector social que quiere creerse burgus, y que al ver y sentir cmo la crisis destroza ese derecho cae en el miedo y en la ira, en la protesta espontnea carente de perspectiva histrico-poltica [320]. Aunque las especiales condiciones argentinas nos exigen ubicar y contextualizar esta investigacin tan rigurosa, no es menos cierto que confirma la crtica general de las llamadas clases medias como franjas sociales oscilantes, dudosas, egostas como deca el joven Engels.

Cuanto ms duras sean las crisis socioeconmicas, ms se empobrecen y desorientan las clases medias. Las medidas antisociales impuestas por las burguesas no perdonan a ninguna fraccin de estas llamadas clases. Un caso paradigmtico por lo que significa de destruccin del mito del ascenso integrador vertical entre las clases, mito bsico de buena parte de la sociologa, es el de la privatizacin de la enseanza pblica. No podemos extendernos en detalle en este muy importante aspecto de las capacidades del capitalismo, y de su voluntad, para integrar y acercar, disminuyendo las distancias entre las clases, o para aumentarlas an ms, para separarlas ms, pero s debemos decir que la privatizacin de la enseanza no slo responde a la necesidad ciega del capital por encontrar nuevas reas en las que invertir sus excedentes dinerarios improductivos, sino lo que es ms peligroso y significativo, que la irracionalidad egosta y ciega del capital le lleva a que sea el capital-riesgo [321] el que cada vez busque con ms desesperacin nuevos espacios sociales que destrozar, en este caso el educativo.

Naturalmente, en estas condiciones se producen dos fenmenos que actan a la vez contra la reproduccin de las clases medias: por un lado, la privatizacin de la enseanza y la irrupcin del capital-riesgo en ella, adems de otras causas, hace que disminuya el nmero de educadores. Segn la UNESCO ahora mismo hacen falta dos mil millones de maestros ms [322], para cubrir la actual demanda educativa en el mundo; y por otro lado, se est generalizando lo que V. Cantor define como proletarizacin docente [323], es decir, desaparece una de las fuerzas decisivas para el xito del mito de las clases medias, la de los maestros como funcionarios o como trabajadores liberales, no explotados en su inmensa mayora, que realizan la decisiva tarea de acelerar el ascenso vertical de la juventud trabajadora y su integracin de parte de ella en las clases medias y tal vez en la pequea burguesa.

La alarmante disminucin de profesores en el mundo y su proletarizacin docente destroza el mito de la enseanza como medio de integracin social y ascenso interclasista. Esta proletarizacin ayuda a entender que l os nuevos pobres provengan en su gran mayora de las clases medias, como se confirma en Grecia [324], y en toda Europa segn lo demuestra el estremecedor informe de Critas-Europa [325]. En el Estado espaol, en donde casi el 36% de las familias no tienen capacidad de afrontar gastos imprevistos, el empobrecimiento de la llamada clase media-media empieza ya a afectar a la clase media alta [326] Desde esta perspectiva realista se comprende a la perfeccin lo que ha escrito Beatriz Gimeno:

Durante aos nos hicieron creer que todos ramos clase media. Es cierto que vivamos mucho mejor que nuestros padres y no digamos que nuestros abuelos, es cierto que vivamos instalados en cierta prosperidad (aunque jams alcanzo a todos), pero el aumento del consumo funcion como un cebo que hizo creer a prcticamente todo el mundo que tenan control sobre sus vidas, caracterstica de la clase media. Casi pareca no existir la clase trabajadora. Convencer a la gente que pertenece a la deseada clase media tiene el objetivo de enmascarar sus verdaderos intereses para que as puedan apoyar polticas que, en realidad, les perjudican; al perder la conciencia del lugar social al que se pertenece se reduce o se hace desaparecer el antagonismo de clase y as, los trabajadores ms acomodados, en lugar de sentirse explotados por los poderosos se sienten amenazados por los que aun son ms pobres que ellos. Se trata de enmascarar en lo posible las diferencias sociales, la desigualdad, sus causas y consecuencias. Si uno no sabe dnde est mal puede entender nada () Ya sabemos que no somos clase media. Nunca lo fuimos. Pertenecen a la clase media aquellas personas que pueden mantenerse con sus propias rentas, aunque sean pequeas; aquellas que no dependen absolutamente de un nico salario para poder vivir, aquellas que en caso de quedarse sin trabajo pueden razonablemente esperar encontrar otro sin que su nivel de vida se vea alterado. Es decir, s, pertenecen a la clase medias aquellas personas que tienen control sobre sus vidas. Todas aquellas otras personas, la inmensa mayora, cuya nica fuente de ingresos es el salario, sea este bajo, muy bajo o normal, estn vendidas [327].

S obre las clases medias es oportuno recurrir a un texto escrito finales de la dcada de 1960, en modo alguno superado por la evolucin posterior, sino al contrario. V. Fay estudi a las clases medias en el Estado francs haciendo insistencia en una constante que ha ido en aumento desde la poca de Marx y Engels a la que ambos prestaron atencin, y que tambin fue estudiada por Lenin en su momento: la de las llamadas ganancias o beneficios diferenciales realizados en el mercado mundial [328] por el imperialismo que permiten a ste sobornar con mejores salarios a una parte de la clase trabajadora lo que, unido a otros factores, impulsa la creacin de una aristocracia obrera que es parte de las nuevas clases medias asalariadas. Fay tambin afirma que las clases medias se constituyen, adems, para solucionar las necesidades de administracin, control, direccin a medio nivel, del proceso productivo por trabajadores cualificados:

Existen demasiados vnculos entre las clases medias asalariadas y la patronal. Se les confieren demasiadas funciones directivas. Gozan de excesivas ventajas. Sin hablar de la similitud del modo y del nivel de vida. Pero basta que intervenga una mutacin brusca para que una parte de los cuadros superfluos o de edad ms avanzada se vean brutalmente arrojados a la calle, como simples peones de albail. Entonces, y slo entonces, los cuadros se dan cuenta de todos los inconvenientes de su condicin de asalariados, de los riesgos y del azar que eso implica.

Se puede decir que en perodo de coyuntura favorable, las clases medias asalariadas se comportan como si fueran diferentes del proletariado propiamente dicho; y que en coyunturas desfavorables toman conciencia de su suerte de asalariados, sintindose solidarios con los intereses y con las luchas del proletariado.

De todas maneras, es difcil precisar los lmites exactos de una clase, porque en la realidad las formas de transicin atenan diferencias sociales. Tambin en el caso de estas nuevas clases medias asalariadas que, tanto por sus funciones, como por la delegacin de poderes que les concede la burguesa, como por el carcter mixto de sus ingresos y por su nivel de vida pueden emparentarse con ciertas categoras de las viejas clases medias y especialmente con las profesionales liberales.

Ciertamente, no poseen medios de produccin y, debido a ello, se acercan al proletariado. Pero ejerciendo funciones dirigentes, sustituyendo parcialmente a los capitalistas, chocan con la masa de los trabajadores que defienden intereses opuestos a los de los capitalistas [329].

Como hemos dicho, esto est escrito hace casi medio siglo, pero cambiando algunos aspectos secundarios impresiona su actualidad. En efecto, desde la dcada de 1990 la liberalizacin financiera ha supuesto entre otros cambios el de la prdida de peso del trabajador industrial clsico, el grasiento de mono azul y la aparicin de cuadros tcnicos especializados para acelerar la llamada economa inmaterial, una verdadera nueva clase media asalariada que lleg a disfrutar de grandes prebendas. Pues bien, la crisis desatada oficialmente en 2007 est destrozado la nueva clase media que trabaja en el sector financiero de la famosa Milla Cuadrada de la City londinense que ha perdido ya un tercio de sus componentes [330], retrocediendo a los niveles de 1993.

Segn recientes investigaciones, todo indica que la tradicional clase media formada por ejecutivos del sector industrial est empezando a desplazar en sueldos e importancia socioeconmica, poltica e ideolgica a la clase media formada por ejecutivos del sector financiero [331], que retrocede social y salarialmente, como hemos visto arriba. Ciertas tesis sostienen que estos cambios son debidos a que el capitalismo vuelve a dar importancia al sector industrial, el que produce valor, mientras que tiende a reducir el peso del sector financiero, lo que explicara en aumento de la clase media formada por altos tcnicos y ejecutivos industriales, pero no es este el sitio y el momento para analizar si el capitalismo se encuentra ante un cambio de paradigma como sostiene el informe de ICSA la evolucin de las retribuciones entre 2007 y 2012.

Muy recientemente se ha publicado una esclarecedora y necesaria investigacin realizada por Sad Bouamama sobre las revueltas de 2005 de parte de la juventud trabajadora francesa, estudio que nos viene muy bien para conectar nuestras reflexiones sobre las llamadas clases medias con todo lo relacionado con los conceptos de revuelta popular, clases populares, movimiento popular, barrios populares, mundo popular, etc. El autor muestra cmo estas luchas han sido utilizadas por el poder para producir una mentalidad de blancos de clase media [332] racista y colonialista, reaccionaria, cuando en realidad es un amplio movimiento popular en el que han intervenido estratos explotados diferentes pero unidos por una misma crtica radical al orden burgus, crtica que se muestra en la destruccin de cuatro grandes smbolos materiales de la explotacin que sufren desde la primera infancia: los medios de transporte pblicos o privados; la escuelas, las empresas y las infraestructuras pblicas [333].

Y por ltimo, tambin es gran importancia para nuestro tema, la constatacin del fracaso, de la incapacidad intelectual, terica, organizativa y mental de las izquierdas, de las ciencias sociales, del mundo de la cultura supuestamente crtica [334], para comprender qu estaba sucediendo con la irrupcin de lo popular en la vida sociopoltica francesa y por extensin a toda Europa. Es cierto que Sad Bouamama no emplea en concepto de pueblo trabajador en su excelente texto, pero en todo su escrito late internamente el poder cientfico-crtico que le caracteriza.

La brecha salarial en aumento refleja la disolucin de la clase media [335] en el Estado espaol, basado en un estudio de nada menos que 80.000 encuestas sobre las variaciones salariales en 2013. V. Casas sostiene con razn que las clases medias son una falacia [336], viene a decir, para entendernos, que en realidad lo que ocurre es la interaccin de dos dinmicas: una, la propia evolucin del capitalismo en cuanto a sus necesidades estrictamente econmicas, endgenas, y otra la dinmica sociopoltica de ataque deliberado de la burguesa para destruir la fuerza del movimiento obrero. Pone el ejemplo del ataque polticamente dirigido por el gobierno de M. Tatcher.

En estas condiciones extremas de empobrecimiento de fracciones trabajadoras que gozaban de relativamente altos salarios comparados con la media, hacen falta conceptos amplios, abarcadores e incluyentes que expresasen la dialctica entre lo esencial de la explotacin capitalista como las mltiples formas salariales diferentes en las que esa explotacin se expresaba en las luchas diversas pero todas ellas todas ellas insertas en el nico proceso de explotacin de la fuerza de trabajo social. Ahora, salvando todas las distancias espacio-temporales pero no de sistema econmico explotador, el capitalismo de entonces y de ahora, disponemos de esta tesis que sostiene que los cada vez ms millones de personas empobrecidas, expulsadas del mercado de trabajo y sometidas a brutales condiciones de vida y de explotacin, se insertan objetivamente en el pueblo trabajador en su conjunto:

Esos hombres y mujeres no forman parte de la clase obrera en el sentido clsico del trmino, pero tampoco se sitan completamente fuera del proceso productivo. Tienden ms bien a entrar y salir ocasionalmente de l, a la deriva de las circunstancias, realizando por lo general servicios informales mal pagados, poco cualificados y muy escasamente protegidos, sin contratos, derechos, regulaciones ni poder negociador. Estn ocupados en actividades como la venta ambulante, los pequeos timos y estafas, los talleres textiles, la venta de comidas y bebidas, la prostitucin, el trabajo infantil, la conduccin de rickshaws o bicitaxis, el servicio domstico y la actividad emprendedora autnoma de poca monta. El propio Marx distingue entre diferentes capas de empleados, y lo que dice acerca del parado flotante o trabajador ocasional de su propia poca -que para l contaba como un miembro ms de la clase obrera- se parece mucho a la situacin que viven hoy muchos de los habitantes de los barrios marginales [337].

 

8.- Clases y pueblo trabajador (I)

Engels nos ofrece, en su texto sobre Alemania escrito en 1852, su opinin muy valiosa -las de Marx ya son conocidas- que nos prepara el camino mostrando la interaccin de los dos niveles del mtodo marxista del estudio de las clases sociales. Primero hace una descripcin amplia porque analiza la divisin clasista en los dos grandes bloques sociales enfrentados: el propietario de las fuerzas productivas y el que no es propietario, al que define como las grandes masas de la nacin. Engels dice: Las grandes masas de la nacin, que no pertenecan ni a la nobleza ni a la burguesa, constaban, en las ciudades, de la clase de los pequeos artesanos y comerciantes, y de los obreros, y en el campo, de los campesinos [338], y despus se extiende varias pginas en el estudio concreto de las principales clases no propietarias, explotadas en diversos grados, que constituyen las grandes masas de la nacin alemana a finales de la primera mitad del siglo XIX.

Sobre la misma revolucin escribe que: En todos los casos, las verdaderas fuerzas combativas de los insurrectos, las que empuaron primero las armas y dieron la batalla a las tropas, eran los obreros de las ciudades. Parte de la poblacin ms pobre del campo, los jornaleros y los pequeos campesinos, se adheran a ellos por lo general despus de que estallaba el conflicto. El mayor nmero de jvenes de todas las clases inferiores a la de los capitalistas se encontraba, al menos por algn tiempo, en las filas de los ejrcitos insurrectos, pero esta multitud, bastante abigarrada, de jvenes, disminuy rpidamente tan pronto como las cosas tomaron un giro algo serio, y ms adelante explica que a pesar de las fases diferentes del proceso revolucionario, la clase obrera representaba los intereses reales y bien entendidos de toda la nacin [339].

Sin extendernos a textos anteriores, en este escrito Engels insiste, entre otras cosas, en que las clases trabajadoras formas las grandes masas de la nacin, expresando los intereses bien entendidos y reales de la nacin, o con palabras de Marx a las que volveremos al final de este escrito: la nacin trabajadora. Sobre este mismo tema, es decir, sobre la contradiccin de clase que mina a toda nacin haciendo que en ella coexistan dos naciones socialmente opuestas, la burguesa y la proletaria, Engels refirindose a la pequea burguesa que abandon la lucha revolucionaria, se pregunta: Qu se poda esperar de esos cobardes?, responde que se pasaron al lado contrarrevolucionario porque estaban convencidos que con esa traicin al pueblo salvaban al pas [340]

Muchos aos ms tarde, en 1870, Engels vuelve a insistir sobre el mismo problema de fondo pero en el contexto de un capitalismo alemn ms desarrollado, en el que la gran masa campesina acta de forma objetiva pero inconscientemente como el instrumento represivo bsico en manos del Estado burgus, y Engels insiste en que el proletariado ha despertar a esta clase e incorporarla al proceso revolucionario [341].

Engels fue incluso ms exigente en el rigor conceptual desde el principio de su obra, precisando la naturaleza de clase de la multitud cuando ante el problema del paro como ejrcito industrial de reserva, lo define como ingente multitud de obreros [342], adelantando as una de las crticas ms profundas a la charlatanera sobre la multitud que se niega a precisar su naturaleza de clase. Hemos visto un poco ms arriba cmo Engels hablaba de masas populares en su estudio sobre la violencia en la historia. Y en 1870 avanza todava ms en la exposicin rigurosa del mtodo marxista de definicin de las clases sociales, de la lucha de clases y de la estrategia y tctica socialista revolucionaria. En el debate con el anarquismo espaol, escribe en febrero de 1871:

La experiencia ha probado por doquier que el mejor medio de emancipar a los obreros de este dominio de los viejos partidos ha sido fundar en cada pas un partido proletario con una poltica propia, una poltica que se distinga muy claramente de la de los otros partidos, puesto que debe expresar las condiciones de la emancipacin de la clase obrera. Los pormenores de esta poltica podr variar segn las circunstancias particulares de cada pas; pero como las relaciones fundamentales entre el trabajo y el capital son las mismas en todas partes, y el hecho de la dominacin poltica de las clases propietarias sobre las clases explotadas existe por doquier, los principios y el objetivo de la poltica proletaria sern idnticos, al menos en todos los pases occidentales. Las clases poseedoras, la aristocracia terrateniente y la burguesa, tienen en la servidumbre al pueblo trabajador no slo con el podero de sus riquezas y con la simple explotacin del trabajo por el capital, sino tambin con la fuerza del Estado, con el ejrcito, la burocracia y los tribunales. Renunciar a combatir a nuestros adversarios en el terreno poltico, sera abandonar uno de los medios ms poderosos de accin y, sobre todo, de organizacin y propaganda. El sufragio universal nos proporciona un medio de accin excelente [343].

Engels emplea la categora filosfica de lo general y de lo particular, de la esencia y del fenmeno, de las leyes comunes al capital y de sus pormenores de las circunstancias particulares, al menos en occidente. Adems, esta categora es reforzada con la del empleo del concepto de pueblo trabajador precisamente cuando se trata de resaltar dos cuestiones decisivas: una, la demarcacin de los dos grandes bloques sociales en lucha, la clase propietaria por un lado y por el opuesto la clase explotada, el pueblo trabajador; y otra, cuando hay que resaltar que en esa lucha intervienen las fuerzas militares, burocrticas y judiciales de la clase propietaria organizadas en su Estado opresor, adems de otros sistemas de sojuzgamiento. Por ltimo, ambos niveles del anlisis se refuerzan con un tercero, el de la necesidad de la poltica organizada y realizada mediante un partido proletario con una poltica propia, la del pueblo trabajador.

Varios aos ms tarde, el Engels maduro analiz la composicin de clases de Alemania en un texto escrito durante el invierno de 1887-1888. Tras recorrer los vericuetos histricos y presentes de la historia de la lucha de clases, de las tcticas y maniobras de las sucesivas clases dominantes para dominar y explotar a las clases trabajadoras, Engels afirma que, sin embargo y a pesar de lo anterior: el pueblo trabajador ha mostrado que tiene voluntad con la que no puede ni siquiera la fuerte voluntad de Bismarck [344]. Engels recurre al concepto de pueblo trabajador cuando tiene que expresar sucintamente la capacidad de resistencia unitaria de las clases explotadas frente a las explotadoras.

Es muy ilustrativo que recurra a este concepto en un texto sobre la violencia en la historia y especialmente cuando muestra la unidad y lucha de contrarios dentro de Alemania, entre la nacin trabajadora y la burguesa. Pero cuando debe dar un salto de lo concreto-presente a un nivel superior de sntesis histrica del irreconciliable antagonismo social dentro de la nacin alemana, del choque entre el pueblo trabajador alemn y la minora propietaria de las fuerzas productivas. Cuando Engels necesita volver al estudio concreto-presente recurre a una precisin ms analtica y minuciosa de las clases sociales, de los grandes propietarios de tierras y burgueses, de la pequea burguesa, y de los campesinos y obreros [345].

En una de sus ltimas reflexiones tericas, en 1894, hablaba de: la poblacin trabajadora -campesinos, artesanos, obreros agrcolas e industriales; sigue diciendo que el proletariado tpico es numricamente pequeo: est compuesto en su mayor parte por artesanos, pequeos patrones y pequeos comerciantes, que constituyen una masa fluctuante entre la pequea burguesa y el proletariado; contina analizando el futuro previsible de la descomposicin de la pequea burguesa de los tiempos medievales. Dice Engels inmediatamente despus que la revolucin burguesa que se avecina puede ser pacfica o violenta y que el movimiento socialista debe, empero, luchar por su gran objetivo primordial: la conquista del poder poltico por el proletariado, como medio para organizar una nueva sociedad [346]. Para llegar a esta situacin, sostiene que: es nuestro deber apoyar todo movimiento popular verdadero en contra de las alianzas reformistas e interclasistas, reafirmndose en que la victoria burguesa ser para los socialistas una nueva etapa cumplida, una nueva base de operaciones para nuevas conquistas; que a partir de ese mismo da formaremos una nueva oposicin al nuevo gobierno [...] una oposicin de la ms extrema izquierda, que bregar por nuevas conquistas, ms all de las obtenidas [347].

Hasta aqu, Engels insiste en la dialctica entre lo particular y lo especfico del proletariado italiano, de sus clases y fracciones de clase, de sus alianzas, etc., y lo general, lo comn y lo esencial a toda lucha socialista: la conquista del poder poltico por el proletariado y la naturaleza de la lucha revolucionaria como proceso permanente, es decir, las lecciones generales de la historia de la lucha de clases. Y poco ms adelante concluye aconsejando que pese a que la tctica general, o sea, la teora aprendida de las luchas concretas, no ha fallado hasta ese momento, insiste: pero respecto a su aplicacin a Italia en las condiciones actuales, la decisin debe ser tomada en el lugar, y por aquellos que estn en medio de los acontecimientos [348].

Al poco de morir Engels, Lenin demostr su especial capacidad y sensibilidad para descubrir siquiera la esencia embrionaria de un problema que llegara a ser decisivo. Por ejemplo, ya en 1900 Lenin denunciaba que la invasin de China por Rusia adems de ser una agresin inaceptable contra el pueblo chino, tambin iba en detrimento del pueblo trabajador ruso [349]. Esta capacidad de ver la dialctica entre en imperialismo zarista, la opresin nacional de China y la lucha de clases del pueblo trabajador ruso contra su burguesa se basaba sin duda en la flexibilidad de su mtodo, aunque este estuviera todava poco desarrollado en 1900. Adems, para nuestro tema, el concepto de sujeto revolucionario, esta cita es tambin decisiva porque muestra cmo ya en una poca tan temprana y en un problema que atae a la totalidad social contradictoria, Lenin recurre al concepto de pueblo trabajador, como volver a hacerlo en otros momentos decisivos.

En 1900, Lenin ya se percat de que empezaban a surgir brotes nuevos en las luchas de los pueblos por su soberana, en este caso del pueblo chino. Desde entonces su sentido dialctico fue perfeccionndose por las exigencias de la lucha revolucionaria que con sus situaciones nuevas ponan a prueba las antiguas visiones. Los brotes nuevos son realidades vivas, palpitantes, en crecimiento, lo que exige al observador una mente abierta y flexible, tambin en movimiento. En su estudio de la Ciencia de la Lgica, de la que ya hemos visto arriba aspectos tan fundamentales como el de su Doctrina del Concepto, insiste en que la dialctica muestra por qu y cmo los contrarios pueden ser idnticos, y que no deben ser entendidos como muertos, rgidos, sino como vivos, condicionales, mviles, que se transforman los unos en otros.

A partir de aqu Lenin aplaude la inteligencia e ingenio de Hegel al demostrar que en los conceptos que parecen muertos hay movimiento: Multilateral y universal flexibilidad de los conceptos, una flexibilidad que llega hasta la identidad de los contrarios, tal es la esencia del asunto. Esta flexibilidad, aplicada subjetivamente, = eclecticismo y sofistera. La flexibilidad, aplicada objetivamente, es decir, s refleja la multilateralidad del proceso material y su unidad, es la dialctica, es el reflejo correcto del eterno desarrollo del mundo [350]. Sin extendernos ahora, ms adelante Lenin advierte que el conocimiento es algo vivo, multilateral, con una cantidad de aspectos que aumentan eternamente con un sinnmero de matices de cada enfoque y aproximacin a la realidad [351].

En la temtica que aqu tratamos, la definicin del sujeto revolucionario ser decisiva la flexibilidad de la teora marxista del concepto, aplicada de forma brillante por Lenin precisamente, como veremos, en la interaccin entre el concepto amplio pueblo trabajador, o de masas explotadas y trabajadoras, y el concepto igualmente amplio y abierto de clase social, dialctica activada por el papel de la organizacin revolucionaria como engarce interno entre las mltiples mediaciones que dan coherencia a la totalidad del problema. La definicin flexible y mvil de concepto de pueblo trabajador se basa en lo aqu dicho, como se explicar.

Maritegui deja constancia de la flexibilidad poltica, terica y prctica de Lenin, de su capacidad para adaptarse a los cambios de la realidad, adecuando su pensamiento a las nuevas necesidades. Presenta a Lenin como conductor de muchedumbres y de pueblos, mostrando su capacidad para contactar con las emociones y sentimientos de los pueblos y naciones ms distantes en la geografa y en la cultura, pueblos que envan emisarios y delegaciones para hablar con l y ver cmo desarrolla su mtodo de pensamiento: Su dialctica es una dialctica de combate, sin elegancia, sin retrica, sin ornamento. No es la dialctica universitaria de un catedrtico sino la dialctica desnuda de un poltico revolucionario () la disertacin de Lenin ha sido ms original, ms guerrera, ms penetrante [352]. Originalidad, radicalidad y profundidad, tres adjetivos certeros para definir el mtodo dialctico que le permiti a Lenin descubrir y mostrar la interaccin permanente entre la opresin nacional y el imperialismo.

Uno de los logros de Lenin, que es parte y mejora del logro marxista anterior a l, consisti en anclar la importancia de la liberacin nacional como componente de la lucha antiimperialista y comunista, logro alcanzado gracias al mtodo dialctico en general. Con razn, se ha definido a este avance de Lenin, y de otros marxistas como Gramsci y Maritegui, como uno de los pasos en grandes nacionalizaciones del marxismo [353], es decir, el proceso por el cual el marxismo en su forma terico-abstracta general se concreta en y se adapta a las diferentes culturas nacionales, a la historia de los pueblos, a sus matrices sociales, adaptacin imprescindible para el triunfo revolucionario. Pensamos nosotros que las grandes nacionalizaciones del marxismo han sido ms que las realizadas por estos tres revolucionarios, como veremos a lo largo de este texto.

Por otra parte, yerra quien pretenda separar artificialmente la problemtica nacional de la lucha se clases obrera y popular, y ambas del mtodo dialctico, de su flexibilidad. Volveremos a ver esa flexibilidad adaptativa cuando repasemos las diferentes versiones de su teora de la organizacin, del partido revolucionario. El pensamiento de Lenin es una unidad en movimiento, lo que dificulta su rpida comprensin ya que esa unidad slo se descubre cuando se relacionan todos los momentos concretos, es decir, dado que Lenin primaba el anlisis concreto de cada realidad concreta y luego, tras ese anlisis particular, elaboraba la unidad terica global sintetizando todo lo que haba aprendido hasta entonces, por esto mismo es fcil manipular a Lenin o malinterpretarlo quedndonos con una parte en vez de con el todo [354]. O dicho ms directamente: las posiciones de Lenin estaban en continuo movimiento, aunque eran fieles a una rigurosa lgica interna [355].

Gracias a ese mtodo, Lenin no tendr ningn reparo en mantener un concepto muy amplio e incluyente: El pueblo, es decir, los obreros y los campesinos cuando habla de los derechos del pueblo trabajador y explotado [356]. Y pocos meses ms tarde, interviene activamente en defensa de los derechos del pueblo trabajador y explotado, texto en el que las definiciones flexibles de la dialctica aparecen una y otra vez entremezcladas: explotacin del hombre por el hombre, todo el pueblo trabajador, emancipacin de las masas trabajadoras, el pueblo contra sus explotadores, El poder debe pertenecer integra y exclusivamente a las masas trabajadoras y a sus representantes autorizados: los Soviet de diputados obreros, soldados y campesinos, las clases trabajadoras de todas las naciones de Rusia [357].

De entre los opsitores a Lenin, destacaba Bujarin, uno de los jvenes bolcheviques con ms influencia, a quien Lenin criticaba por tener algo de escolstico en su pensamiento, y por no haber estudiado jams la dialctica: jams ha comprendido del todo la dialctica [358]. En el estudio del imperialismo, una de las diferencias sustantivas entre Lenin y Bujarin era precisamente el significado de la opresin nacional. Para Lenin, la opresin nacional era una fuerza impulsora de las revoluciones proletarias, pero para Bujarin una simple abstraccin. Para Lenin: el derecho de autodeterminacin era no slo un principio (que aceptaban todos los bolcheviques), sino la dialctica de la historia, una fuerza revolucionaria que sera el catalizador del socialismo [359]. Su implacable aunque casi aislada lucha contra el economicismo chocaba una y otra vez contra la fuerza del dogmatismo mecanicista que fue incapaz de comprender que la gran sublevacin irlandesa de 1916 no era nicamente un epifenmeno intranscendente para sus sesudos estudios sobre la economa imperialista sino el histricamente decisivo automovimiento de las masas [360], de modo que, en realidad:

El descubrimiento por parte de Lenin de la dialctica de la autoactividad, de la contraposicin sujeto versus sustancia, en el momento mismo en el que sobrevena el fracaso de la Segunda Internacional, revel simultneamente la aparicin de la contrarrevolucin desde el interior de los movimientos marxistas y las nuevas fuerzas de la revolucin contenidas en los movimientos nacionales. Adems, estas nuevas fuerzas estaban presentes no slo en Europa sino tambin en todo el resto del mundo. Lo que el estudio econmico del imperialismo realizado por Lenin revel fue que el capitalismo haba devorado ms de quinientos millones de personas en frica y Asia. Esta cuestin habra de convertirse en un punto de partida terico totalmente nuevo despus de la conquista del poder por los bolcheviques expresada de las Tesis sobre la cuestin nacional y colonial presentada a la Tercera Internacional en 1920. Aunque el holocausto alcanz su mayor intensidad y Lenin qued solo, se neg a retroceder ni una pulgada hacia el internacionalismo abstracto. El estallido de la rebelin de Pascual de 1916, mientras los proletarios se mataban an entre s, demostr el acierto de la posicin de Lenin acerca de la autodeterminacin de las naciones.

Durante el perodo 1914-1915 Lenin volvi al estudio de Hegel, el filsofo idealista burgus. Al margen de la razn que le impuls, lo cierto es que no fue a buscar all las fuerzas motoras de la revolucin. Sin embargo, para interpretar la accin de las masas irlandesas que en 1916 asuman el control de su propio destino, la dialctica hegeliana le fue ms til que los debates sobre la cuestin nacional con sus colegas bolcheviques [361].

Partiendo de aqu, ofrecemos la clsica definicin de Lenin, considerada por P. Vilar como la ms vlida tericamente [362], y que dice as: Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre s por el lugar que ocupan en un sistema de produccin social histricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de produccin (relaciones que en su mayor parte las leyes refrendan y formalizan), por el papel que desempean en la organizacin social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo de percibir y la proporcin en que perciben la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un rgimen determinado de economa social [363].

Fijmonos que aqu Lenin se mueve en el plano de los modos de produccin, que habla de grandes grupos humanos y de la apropiacin del trabajo ajeno. Estamos ante la teora bsica y general del materialismo histrico sobre la unidad y lucha de clases opuestas. Pero muy poco despus en el mismo escrito Lenin procede al estudio concreto del sistema capitalista de su poca, y ms an, da el paso de la teora a la propuesta prctica sobre cmo aumentar la fuerza poltica de la clase trabajadora indicando que tiene la tarea doble de, uno, atraer a toda la masa de trabajadores y explotados, organizarla para vencer a la burguesa; y, dos, conducir a toda la masa de trabajadores y explotados, as como a todos los sectores de la pequea burguesa hacia el socialismo [364]. Es decir, la complejidad social queda confirmada por Lenin al insistir en que existen, adems del proletariado, una masa de trabajadores y explotados que deben aliarse con todos los sectores de la pequea burguesa. Volveremos sobre esto al estudiar el concepto de pueblo trabajador como el recipiente terico que integra a esa masa de trabajadores y explotados. Fijmonos tambin en que este programa prctico es enunciado inmediatamente despus de haber ofrecido una definicin esencial de la unidad y lucha de clases en el nivel de los modos de produccin.

Cmo entiende y emplea Lenin el concepto de masa de trabajadores y explotados, as como a todos los sectores de la pequea burguesa? Aqu interviene la segunda y fundamental definicin de Lenin, sin la cual no entendemos absolutamente nada de su mtodo general ni tampoco del papel clave de su teora de la organizacin, o del partido. Conviene que advertir que la definicin de clase social arriba citada proviene de finales de junio de 1919, y que la que vamos a presentar ahora es de dos aos despus, de comienzos de julio de 1921. Hay que contextualizar ambas porque as vemos cmo la agudizacin de la lucha de clases le obliga y le permite afinar ms concretamente el potencial de la dialctica al interaccionar diferentes niveles de la realidad. En efecto, en un debate con los italianos Lenin dice:

El concepto de masas vara segn cambie el carcter de la lucha. Al comienzo de la lucha bastaban varios miles de verdaderos obreros revolucionarios para que se pudiese hablar de masas. Si el partido, adems de llevar a la lucha a sus militantes, consigue poner en pie a los sin partido, esto ya es un comienzo de la conquista de las masas. Durante nuestras revoluciones hubo casos en que unos cuantos miles de obreros representaban a la masa. En la historia de nuestro movimiento, en la historia de nuestra lucha contra los mencheviques, encontrarn muchos ejemplos en que bastaban en una ciudad unos miles de obreros sin partido que llevan habitualmente una vida pancista y arrastran una existencia lamentable, que nunca han odo hablar de poltica, comienzan a actuar a lo revolucionario, ya tienen ustedes delante a la masa. Si el movimiento se extiende e intensifica, va transformndose paulatinamente en una revolucin () Cuando la revolucin est ya suficientemente preparada, el concepto de masas es otro: unos cuantos miles de obreros no constituyen ya la masa. Esta palabra comienza a significar otra cosa distinta. El concepto de masa cambia en el sentido de que por l se entiende una mayora, y adems no slo una simple mayora de obrero, sino la mayora de todos los explotados. Para un revolucionario es inadmisible otro modo de concebir esto; cualquier otro sentido de esta palabra sera incompresible () Si un partido as presenta en semejante momento --(aumento del malestar social)-- sus propias consignas y logran que le sigan millones de obreros, ustedes tendrn delante un movimiento de masas. Yo no excluyo en absoluto que la revolucin pueda ser iniciada tambin por un partido muy pequeo y llevada hasta la victoria. Pero es preciso conocer el mtodo para ganarse a las masas. Para ello es necesario preparar a fondo la revolucin () En ningn pas lograrn ustedes la victoria sin una preparacin a fondo. Es suficiente un partido pequeo para conducir a las masas. En determinados momentos no hay necesidad de grandes organizaciones [365].

Esta definicin enriquece y refuerza la anterior en cuatro cuestiones importantes: una, reafirma la naturaleza abierta y en espiral del conocimiento segn se van dando saltos cualitativos en la realidad; dos, reafirma el carcter decisivo y central de la conciencia poltica para definir a las masas y por tanto a las clases y en concreto al pueblo trabajador; tres, reafirma la importancia de la preparacin paciente y sistemtica de la lucha revolucionaria futura ya desde y en el presente mismo, en el ahora como pre-figuracin del maana; y cuatro, refirma el valor cualitativo y no cuantitativo del partido, es decir, en contra del reformismo y de la izquierda blanda electoralista, que lo centran todo en la accin parlamentarista, aqu se reafirma el valor cualitativo del partido de militantes curtidos, formados, capaces y polivalentes.

Ahora bien, de nuevo Lenin da una muestra ms de su flexibilidad y del principio de concrecin al terminar afirmando que lo dicho sobre la pequeez del partido slo sirve en determinadas momentos, es decir, que no es una ley absoluta y eterna, sino condicional, tendencial, concreta, contextual, flexible y adaptable a las necesidades especficas de la lucha revolucionaria. Nada de dogmatismo.

La contrarrevolucin en el interior del marxismo de la poca adquiri una de sus formas ms speras y decisivas al materializarse en la aceptacin del chovinismo nacionalista gran-ruso, enemigo acrrimo del internacionalismo, del antiimperialismo y del derecho de los pueblos a su independencia. La revolucin bolchevique no pudo superar la profunda mentalidad imperialista heredada del zarismo. Marx y Engels se percataron muy pronto de las profundas fuerzas irracionales que existen en las clases de las naciones opresoras, en su cultura e identidad explotadora, chovinista y racista. Superar esta mentalidad requiere de un serio esfuerzo de desalienacin y de asuncin de los valores internacionalistas y solidarios, lo que siempre resulta difcil. Lenin fue dndose cuenta de ello con amarga clarividencia: Corra 1922, el ao de su actividad intelectual ms intensa, que se prolong hasta los primeros meses de 1923 y la ltima de sus grandes batallas contra la cpula dirigente; sobre todo, contra los actos brutales, duros y desleales de Stalin, dirigidos principalmente contra los georgianos, una vez ms sobre la cuestin nacional (raspad a un comunista y encontraris un gran chovinista ruso). No fue casual que Bujarin sustentara la misma posicin sobre la cuestin nacional [366].

En las naciones oprimidas la fuerza social ampliamente mayoritaria que luchaba por el derecho de los pueblos a su independencia era la masa explotada y explotable como realidad que cambia al calor de la lucha de clases, tal como la entenda Lenin, hasta llegar a constituir la mayora de todos los explotados, que no slo una simple mayora de obreros. No es casualidad que fueran Stalin y Bujarin, dos desconocedores casi absolutos del mtodo dialctico, lo que de un modo u otro dificultaran la prctica de ese derecho, o lo negasen. Llegados a este punto, podemos y debemos comparar las ideas de Lenin sobre la clase obrera, sobre las masas explotadas, sobre el pueblo trabajador con la tesis de la multitud:

En la tradicin del socialismo revolucionario el concepto de masas mantiene relaciones de vecindad o de frontera, nunca muy bien delimitada, con dos campos semnticos que tienden a invadirse o solaparse. El primero estara ocupado por trminos como los oprimidos, los explotados, los pobres, los desposedos, los miserables de Victor Hugo en definitiva, que comparten la condicin de carencia o ausencia de y tienen su origen en representaciones del mundo obedientes a la mirada propia de unas conciencias morales de corte pastoral laico, humanista o religioso. Curiosamente, o no tan curiosamente si bien se mira, Vattimo ha recuperado para el pensamiento actual esta lnea semntica al poner en circulacin hablar de los dbiles como posibles sujetos de ese proceso de emancipacin que se acogera bajo lo que l y Zabala denominan el comunismo hermenutico. En el otro gran campo semntico, masas convive con trminos como el pueblo, los trabajadores, la plebe, clase obrera, proletariado, que comparten un denominador semntico comn que apunta a su capacidad para intervenir, fundamentalmente como amenaza, en los acontecimientos histricos no en vano es la Revolucin Francesa la que pone en marcha ese campo de significacin- a la vez que seala e incorpora la presencia del factor trabajo en su conformacin. Como palabras-puente entre aquellas familias conceptuales que tienen como rasgos pertinentes la desposesin y aquellas que avisan de su potencia performativa podramos citar los sans-culotte de Dantn o la horda, la chusma tan en boca de las burguesas amedrentadas.

Si bien en Marx conviven elementos de uno y otro campo semntico, cuando se refiere a las masas cabe deducir que se decanta por un entendimiento del concepto como conjunto de gentes de humillada y oprimida condicin social en actitud de rechazo y enfrentamiento, latente o activo en determinadas coyunturas, contra las fuerzas al servicio de la opresin que sufren

Qu masas?: los explotados, aquella parte de la poblacin que vive de vender su fuerza de trabajo al capital, la clase trabajadora. Qu dnde estn?: la mayora trabajando; una buena parte en el paro, otra buena parte en perodo de formacin para poder demandar trabajo y otro buena parte viviendo de las rentas de jubilacin provisionadas durante sus aos de trabajo activo [367].

La teora de las clases debe tener siempre en cuenta la tendencia al surgimiento de nuevas fracciones de clase dentro de un modo de produccin, de nuevas clases medias -cuestin en la que Marx fue pionero como hemos visto-, de la nueva pequea burguesa, etc., atendiendo a las fluctuaciones internas en esos imprescindibles conceptos flexibles y abiertos tan abundantes en el marxismo como masas populares, movimientos populares y sobre todo pueblo trabajador, incluido el de multitud [368]. Precisamente, un concepto abierto ms valido que el de multitud es el de proletariado que, como sostiene D. Bensad:

Yo pienso que la nocin de multitud es intil y nociva. Ella tiene un valor descriptivo, pero descriptivo en relacin a una imagen estereotipada que se puede tener de la clase obrera, el tipo operario de la industria. Tal vez el trmino proletariado sea ms conveniente. l es ms abarcativo y ms antiguo. Por consecuencia, finalmente, l describe una realidad ms basta y ms compleja () En relacin a esa desestructuracin de relaciones sociales bajo el choque de la crisis y de la transformacin tcnica, comprendo que el concepto de multitud pueda ser un poco seductor, pues parece describir una realidad de manera cmoda. Personas que son pequeos vendedores ambulantes, etc., que no viven como los obreros, todo eso es claro. Ahora, como concepto estratgico, hay un punto, que no est totalmente claro para m. Negri opone el concepto de multitud no al concepto de clase, sino al concepto de pueblo. Siendo el pueblo la homogeneidad y la multitud la diversidad. Esto ya sera discutible [369].

Recordemos ahora, y antes de continuar con otras aportaciones marxistas posteriores a Lenin, cmo Marx y Engels utilizan el encabalgamiento conceptual para referirse a las mltiples formas de las clases obreras, de los pueblos trabajadores, de las naciones trabajadoras, etc., sin olvidar nunca que lo que cohesiona y da sentido interno a tanta variedad es precisamente la explotacin asalariada. Adems de Lenin, tambin Trotsky aplica y desarrolla el mismo mtodo en su estudio sobre el papel del proletariado industrial en la revolucin de 1905, sus fracciones internas a todas las escalas de la moderna produccin capitalista, desde los textiles, los metalrgicos, los tipogrficos, los de ferroviarios, los de comunicaciones, etc., sin olvidarse de los campesinos y sus fracciones, de la pequea burguesa vieja y hasta la nueva clase media, compuesta por los profesionales de la intelligentsia: abogados, periodistas, mdicos, ingenieros, profesores, maestros de escuela [370]. Tras varias pginas de un anlisis sofisticado del que no se salva la gran burguesa: Trotsky dice sobre la formacin del soviet:

Era preciso tener una organizacin que gozase de una autoridad indiscutible, libre de toda tradicin, que agrupara desde el primer momento a las multitudes diseminadas y desprovistas de enlace; esta organizacin deba ser la confluencia para todas las corrientes revolucionarias en el interior del proletariado [...] el partido no hubiera sido capaz de unificar por un nexo vivo, en una sola organizacin, a los miles y miles de hombres de que se compona la multitud [...] Para tener autoridad sobre las masas, al da siguiente de su formacin, tena que instituirse sobre la base de una representacin muy amplia. Qu principio haba de adoptarse? La respuesta es obvia. Al ser el proceso de produccin el nico nexo que exista entre las masas proletarias, desprovistas de organizacin, no haba otra alternativa sino atribuir el derecho de representacin a las fbricas y talleres [371].

Las cuatro medidas tomadas por el soviet, y las exigencias planteadas a la Duma municipal iban destinadas a la tarea dialctica de fortalecer su centralidad proletaria y romper la centralidad burguesa asegurada por sus fuerzas represivas: 1) adoptar medidas inmediatas para reglamentar el aprovisionamiento de la masa obrera; 2) abrir locales para las reuniones; 3) suspender toda distribucin de provisiones, locales, fondos a la polica, a la gendarmera, etc.: 4) asignar las sumas necesarias para el armamento del proletariado en Petersburgo que lucha por la libertad [372]. Comida, centros de reunin y armas para el proletariado, y desarme para la burguesa. Conforme aumentaba la fuerza y el prestigio del soviet, los polticos advenedizos empezaron a acercarse a sus reuniones, pero el proletariado industrial haba sido el primero en cerrar filas en torno a l [373]. En el dursimo invierno de 1917-1918, estas y otras medidas aceleraron la efectividad de la hegemona de la clase obrera dentro del pueblo trabajador sovitico.

Trotsky sigue usando palabras como pueblo, masa, multitud, muchedumbre, etc., pero siempre como sinnimos que reflejan el bajo nivel de organizacin, conciencia y centralidad de amplios sectores de la clase proletaria en su conjunto, e insistiendo siempre en la prioridad prctica y terica del proceso de produccin, y hasta del oficio cuando ste tiene especial trascendencia para centralizar y concienciar a los sectores sociales que dependen de ese oficio [374], en la que no podemos extendernos ahora, aunque s debemos concluir este rpido repaso sobre las aportaciones de Trotsky con esta vibrante cita en la que muestra cmo y por qu la lucha revolucionaria se libra por objetivos muy materiales: se trata de saber a quien pertenecern las casas, los palacios, las ciudades, el sol, el cielo: si pertenecern a las gentes del trabajo, a los obreros, a los campesinos, los pobres, o a la burguesa y los terratenientes, los cuales han intentado de nuevo, dominando el Volga y el Ural, dominar al pueblo obrero [375].

Los conceptos de gentes del trabajo y de pueblo obrero son idnticos al de pueblo trabajador; adems, dado que en ellos introduce a los pobres, a los obreros y campesinos, entonces, tenemos un concepto flexible y muy abarcador. Pero lo que ms nos interesa ahora es que Trotsky aplica la teora marxista del concepto a una problemtica que podemos definir como absoluta, total: la de la lucha revolucionaria por la clase de propiedad de la naturaleza en s misma, la todava no humanizada, como el sol y el cielo, y la humaniza, como los palacios, las casas y las ciudades. Es decir, los conceptos de pueblo obrero y de gentes del trabajo son empleados cuando se necesita precisar el absoluto choque irreconciliable entre la propiedad socialista y la propiedad capitalista en lo esencial, en la naturaleza en s misma.

Ms todava, es empleado precisamente en medio de una lucha total, en la que se fusionan las necesidades obreras y las de liberacin nacional dentro de un contenido de lucha internacional a muerte entre el capital y el trabajo. Cuanto ms amplia, compleja y contradictoria es la realidad que se estudia para revolucionarla, tanto ms flexible, elstico e incluyente ha de ser el concepto que se emplea, pero siempre en conexin dialctica con los necesarios conceptos ms concretos, ms precisos, ms particulares. O sea, la dialctica entre los conceptos particulares de campesinado, pobres y obreros, y los generales de gentes del trabajo y pueblo obrero.

En su impresionante libro sobre la huelga de masas, escrito a raz de las luchas de 1905, Rosa Luxemburg nos da una leccin sobre el correcto uso de los conceptos cientficos del marxismo. Tras un extenso y profundo anlisis de las diversas categoras y fracciones internas de la clase obrera, de la masa trabajadora, que empez a luchar en 1896 con la huelga de los hilanderos, pasando por el resto de textiles, por los obreros industriales, ferroviarios y de servicios, por motivos diversos y cada uno bajo formas distintas, ascendiendo con los aos e incluyendo a los panaderos y trabajadores de astilleros, tras todo esto, hace esta sntesis:

Fermenta en el gigantesco imperio una lucha econmica infatigable de todo el proletariado contra el capital, lucha que gana para s a las profesiones liberales, la pequea burguesa, empleados de comercio y de banca, ingenieros, artistas..., y penetra por abajo hasta llegar a los empleados del servicio domstico, a los agentes subalternos de la polica y hasta incluso a las capas del lumpen proletariado desbordndose de las ciudades al campo y tocando inclusive a las puertas de los cuarteles. Inmenso abigarrado cuadro de una rendicin general de cuentas del trabajo al capital, refleja toda la complejidad del organismo social, de la conciencia poltica de cada categora y de cada regin, recorriendo toda la larga escala que va desde la lucha sindical regular, a la explosin de la protesta amorfa de un puado de proletarios agrcolas y la primera confusa rebelin de una guarnicin militar excitada, desde la revuelta elegante y perfectamente realizada con tiralneas y cuellos duros en las oficinas de un banco, a los murmullos plenos de audacia y de excitacin de una reunin secreta de policas descontentos en una comisara ahumada, oscura y sucia [376].

Si leyramos estas palabras ahora mismo, sin saber que fueron escritas hace un siglo por una marxista asesinada en la revolucin alemana por escuadras paramilitares dirigidas por un gobierno socialdemcrata, creeramos que expresan las ms recientes luchas en ascenso dentro no slo de los pases capitalistas empobrecidos y sobreexplotados, sino tambin en el capitalismo ms feroz, desarrollado e imperialista. Rosa Luxemburg sigue:

La concepcin estereotipada, burocrtica y mecnica quiere que la lucha sea solamente un producto de la organizacin, y mantenida a un cierto nivel de la fuerza de sta. La evolucin dialctica viva, por el contrario, considera que la organizacin nace como un producto de la lucha. Despus, reafirmando la complejidad de las diversas categoras de obreros, advierte que si las huelgas de masas quieren ser efectivas es absolutamente necesario que se transforme en un verdadero movimiento popular [...] que arrastre a las ms amplias capas del proletariado [...] del pueblo trabajador [...] de las ms amplias masas [377].

Y por no extendernos, Rosa tambin recurre a los conceptos de pueblo trabajador, ms amplias masas, y otros, cuando explica el sentido y la funcin del partido socialdemcrata, cuando elabora su teora del partido [378] como luego veremos. Es decir, Rosa utiliza con fluidez diversos conceptos aparentemente contrarios -clase obrera versus movimiento popular, que ella resalta, etc. porque, en realidad, reflejan la unidad gentico-estructural de la fuerza de trabajo asalariada explotada por la clase capitalista y su sofisticacin en el anlisis de las diversas categoras de la fuerza de trabajo la consigue gracias al momento histrico-gentico de la dialctica. Incluso, aplicando este mtodo se permite el lujo de afirmar que: lo mismo ocurrir cuando las circunstancias se presenten en Alemania [379], como as sucedi.

Es desde esta perspectiva histrico-general, corroborada por los hechos posteriores incluidos los presentes, como debemos comprender la decisiva cita siguiente de esta misma revolucionaria, realizada en un debate internacional sobre qu lecciones terico-polticas deban extraerse de la oleada de luchas de 1905:

El terreno de la legalidad burguesa del parlamentarismo no es solamente un campo de dominacin para la clase capitalista, sino tambin un terreno de lucha, sobre el cual tropiezan los antagonismos entre proletariado y burguesa. Pero del mismo modo que el orden legal para la burguesa no es ms que una expresin de su violencia, para el proletariado la lucha parlamentaria no puede ser ms que la tendencia a llevar su propia violencia al poder. Si detrs de nuestra actividad legal y parlamentaria no est la violencia de la clase obrera, siempre dispuesta a entrar en accin en el momento oportuno, la accin parlamentaria de la socialdemocracia se convierte en un pasatiempo tan espiritual como extraer agua con una espumadera. Los amantes del realismo, que subrayan los positivos xitos de la actividad parlamentaria de la socialdemocracia para utilizarlos como argumentos contra la necesidad y la utilidad de la violencia en la lucha obrera, no notan que esos xitos, por ms nfimos que sean, slo pueden ser considerados como los productos del efecto invisible y latente de la violencia [380]

Rosa simultanea en 1906 los dos momentos o niveles del mtodo dialctico, ya que, arriba, al analizar la enorme complejidad y diversidad concreta de la clase trabajadora, del pueblo trabajador, del movimiento popular, de las ms amplias masas explotadas, etctera, cuando estudia la lucha de clases localizada en un marco espacio-temporal preciso y localizado, aplica aqu el momento histrico-gentico, analtico y diacrnico de la dialctica materialista, recurriendo a conceptos amplios, abarcadores e incluyentes, incluso laxos, que destrozan la rigidez burda y mecanicista de la lgica formal. Pero cuando Rosa debe sintetizar en una sola expresin terica toda la abigarrada diversidad de fuerzas concretas que han luchado en la recin concluida oleada revolucionaria de 1905, salta de la sofisticada precisin analtica, minuciosa y hasta quirrgica, a la denominacin general pero a la vez esencial de clase trabajadora, de clase burguesa, de proletariado y de burguesa, de violencia obrera y de parlamentarismo burgus, etc.

Rosa pasa de lo histrico-gentico a lo gentico-estructural, dos niveles del estudio conectados en la totalidad del mtodo: uno, el analtico exige rigor y profundidad en el momento de descubrir la riqueza extrema de fuerzas concretas que luchan en una sociedad, en un pueblo, en un momento determinado, lo que Lenin define como anlisis concreto de una realidad concreta, descubriendo cada matiz diferente de lo concreto, y en este nivel o momento del estudio es necesario recurrir a conceptos como movimiento popular, pueblo trabajador, amplias masas explotadas, y otros, porque muestran tericamente la complejidad de la concreta lucha de clases. Este es el anlisis histrico-gentico porque conecta el tiempo presente, la historia concreta, con lo gentico del capitalismo, lo que define la esencia de la lucha de clases, pero insistiendo y dando prioridad a los anlisis concretos.

La sntesis gentico-estructural es la que muestra la esencia del problema, de las contradicciones y leyes tendenciales estructurales del capitalismo que marcan los lmites infranqueables y objetivos entre los que se desarrollan las luchas de clases. En esta rea del mtodo ya no sirven sino slo secundariamente los conceptos anteriores, ya que ahora necesitamos los ms generales y ricos en relaciones internas, como, bsicamente, el de la unidad de contrarios en lucha antagnicos formada por el proletariado y la burguesa, la clase trabajadora y la clase burguesa, etc.

Conceptos vlidos para todo el mundo siempre que se mantengan dentro de lo gentico-estructural, dentro de la esencia estructurante del modo capitalista de produccin, porque cuando pasamos a estudiar el proletariado y la burguesa de Suecia o de Sri Lanka debemos volver al mtodo histrico-gentico. Por ejemplo, la lucha parlamentaria en general requiere de la presencia disuasoria, preventiva y latente de la violencia obrera, pero esta verdad terica asentada y confirmada por la experiencia mundial que emerge de las contradicciones gentico-estructurales, permanentes y esenciales del capitalismo, debe ser siempre confirmada y mejorada, sometida a examen crtico por las luchas parlamentarias concretas y particulares de cada pueblo trabajador que lucha en un contexto histrico-gentico preciso.

Kautsky, por su parte, estudi minuciosamente los cambios en la clase trabajadora alemana a comienzos del siglo XX, utilizando estadsticas fechadas entre 1882 y 1907, llegando a una conclusin que se ha visto confirmada hasta la actualidad: en la medida en que el capitalismo crece las grandes empresas tienden a estar controladas por el capital financiero, por pocas camarillas de capitalistas estrechamente emparentadas y entroncadas que entre s llegan a fciles entendimientos. Ahora bien: Por el contrario, en el proletariado industrial, a medida que ste se dilata, se incrementa la diversidad de sus elementos y el nmero de aquellos sectores difciles de organizar, los individuos provenientes de las regiones rurales, del extranjero, las mujeres [381]. Despus, esta costumbre de precisar las fracciones internas del proletariado, del campesinado, de la pequea burguesa vieja y nueva, de las capas intelectuales y liberales que aparecen y desaparecen al calor de las fases expansivas o constrictivas del capitalismo, este mtodo en suma, es consustancial al marxismo y se refuerza con el otro componente del mtodo: junto a la minuciosa diseccin de las partes, la unin esencial de su naturaleza bsica, a saber, la explotacin asalariada.

La Internacional Comunista, especialmente sus cuatro primeros y fundamentales congresos, se esforz en lo mismo. Dejando por falta de espacio a los dos primeros congresos, en el tercero podemos leer un detallado estudio sobre los sectores medios del proletariado: empleados del comercio y de la industria, de los funcionarios inferiores y medios y de intelectuales [382]. Un valor especial tiene lo que dice el Cuarto Congreso sobre el fascismo relacionado con lo que estamos viendo sobre la oposicin al fascismo en ascenso, que debe basarse en la movilizacin de las grandes masas del pueblo trabajador [383], es decir, como es bsico en el marxismo, por un lado se analiza la extrema complejidad de las clases sociales y especialmente del proletariado pero, por otro lado, se reafirma la existencia de una clase social asalariada que puede ser definida formalmente de varios modos pero siempre relacionados con sus condiciones de explotacin y de produccin de plusvala.

 

9.- Clases y pueblo trabajador (II)

Gramsci es fiel y efectivo practicante de este mtodo, sobre todo en sus brillantes anlisis de los Consejos Obreros del norte de Italia durante 1917-1922, en los que puede expresarse con toda claridad al no sufrir la estricta censura carcelaria que le obligaba a usar un lxico ambiguo. Adems, en los aos de los Consejos, Gramsci tena a su disposicin todos los medios prcticos de debate y estudio terico espoleado por la necesidad revolucionaria directa, en fbricas y barrios obreros, mientras que en la crcel no dispona de tales medios y menos an del vivificador frescor crtico que bulle en el interior de la lucha de clases. Por esto, los textos escritos en los aos de libertad son los ms representativos y vlidos en muchas cuestiones, pero a la vez inaceptables por el reformismo. En lneas generales y a lo largo de toda su vida terica, Gramsci entiende que pueblo es quien no gobierna, quien no tiene poder en el capitalismo y por tanto es explotado por la burguesa. Y es que, como tambin indica S. Job, Gramsci otorga al concepto de pueblo un fuerte contenido profundamente poltico [384].

En verano de 1919 Gramsci sostiene que: la vida social de la clase trabajadora es rica en instituciones, se articula en actividades mltiples. Esas instituciones y esas actividades es precisamente lo que hay que desarrollar, organizar en su conjunto, correlacionar con un sistema vasto y gilmente articulado que absorba y discipline la entera clase trabajadora [385]. Gramsci rompe as como la imagen plomiza, compacta y gris de una clase trabajadora simple en sus formas de vida, y nos la muestra con toda su rica y mltiple variedad de expresiones de vida social, insistiendo es que es tarea de los comunistas articular en un vasto y gil sistema de vida social proletaria esa riqueza mltiple de instituciones sociales creadas por la clase obrera. Para eso propone, entre otras medidas, crear comits de barrios en lo que tambin han de participar las dems categoras de trabajadores en vivan en el barrio: camareros, cocheros, tranviarios, ferroviarios, barrenderos, empleados privados, dependientes, etc. [386].

Gramsci concibe a la clase obrera como un todo complejo y mltiple en sus expresiones sectoriales, y cmo esta complejidad de expresiones se muestra en la rica vida social de ese todo complejo. Pocos meses ms tarde, a finales de 1919 utiliza el concepto de masas trabajadoras para referirse a ese todo complejo integrado por sectores obreros tan diferentes en su forma externa como camareros, ferroviarios, etc., como hemos visto arriba. Y luego define as a la clase trabajadora mundial: el obrero de fbrica y el campesino en el campo, el minero ingls y el mujik ruso, todos los trabajadores del mundo entero, [387]. Bajo las presiones de los cambios productivos y de la explotacin econmica, adems de la toma de conciencia de la clase obrera tambin se produce la toma de conciencia de los tcnicos, que dejan de ser --en las condiciones italianas de febrero de 1920-- un instrumento disciplinador y represor de la patronal, para empezar a asumir la psicologa proletaria, revolucionaria, porque el tcnico ha pesado a estar relacionado con el capitalista por los nudos y crudos lazos de explotado o explotador [388].

La importancia de est ltima cita no radica slo en que vuelve a confirmar la teora marxista de la contradictoria posicin de clase de los tcnicos, que son tan asalariados como todos los trabajadores, que en perodos de normalidad social aceptan ser instrumentos de control y represin patronal pero que pueden radicalizarse y tomar conciencia de su explotacin y de su pertenencia objetiva de clase cuando la crisis socioeconmica y poltica, as como los cambios en el proceso productivo, hacen aparecer la realidad cruda y dura del capitalismo. Adems de esto que es cierto, la cita sobre la concienciacin de los tcnicos es importante en la misma cronologa de los textos de Gramsci. En efecto, casi tres meses despus, en junio de 1920, Gramsci escribe la importante obra Por una renovacin del Partido Socialista en el que utiliza el concepto de pueblo trabajador italiano siempre que analiza la crisis nacional de Italia y el contexto internacional de la lucha de clases, es decir, cuando necesita recurrir a un concepto abarcador y abierto, flexible, dialctico, para estudiar una realidad compleja y cambiante:

La agravacin de las crisis nacionales e internacionales que destruyen progresivamente el valor de la moneda prueba que el capital ha llegado a una situacin extrema: el actual orden de produccin y distribucin no consigue ya ni siquiera las exigencias elementales de la vida humana, y se mantiene slo porque est ferozmente defendido por la fuerza armada del Estado burgus; todos los movimientos del pueblo trabajador italiano tienden irremisiblemente a realizar una gigantesca revolucin econmica que introduzca nuevos modos de produccin, un orden nuevo en el proceso productivo y distributivo, que d a la clase de los obreros industriales y agrcolas en poder de iniciativa en la produccin, arrancndoselo de las manos a los capitalistas y a los terratenientes [389].

El anlisis de Gramsci era correcto: el capitalismo italiano y buena parte del internacional se encontraba en una crisis profunda que, con altibajos y vaivenes, se agudizara hasta estallar en el cataclismo de octubre de 1929, causa de fondo de la guerra mundial de 1939-45. Pero antes de eso, el fascismo sera el arma terrorista del Estado italiano para aplastar en 1922 a un pueblo trabajador que empezaba a absorber en su interior a los tcnicos radicalizados, como haba advertido Gramsci slo tres meses antes. El concepto de pueblo trabajador italiano era, as, el ms apto para expresar las interrelaciones esenciales entre los componentes en aumento del bloque social explotado, oprimido y dominado en un contexto de crisis nacional e internacional. Gramsci es tan consciente de la conexin de lo nacional e internacional con la vala del concepto de pueblo trabajador que ms adelante aade autocrticamente:

El partido ha estado ausente del movimiento internacional. La lucha de clases va tomando en todos los pases del mundo formas gigantescas; los proletarios oyen en todas partes la exhortacin a renovar sus mtodos de lucha, y a menudo como en Alemania tras el golpe de fuerza militar, a levantarse con las armas en la mano. El partido no se preocupa por explicar al pueblo trabajador italiano esos acontecimientos, por justificarlos a la luz de la concepcin de la Internacional comunista, no se ocupa de desarrollar toda una accin educativa orientada a dar consciencia al pueblo trabajador italiano de la verdad, de que la revolucin proletaria es un fenmeno mundial y de que cada acaecimiento tiene que considerarse y juzgarse en un cuatro mundial [390].

Cuando se trata de estudiar los problemas nacionales e internacionales, la lucha de clases en sus expresiones ms duras como la violencia reaccionaria y la revolucionaria, es decir, realidades que tambin ataen a los contradictorios y frecuentemente oscuros y profundos sentimientos nacionales, culturales, folclricos de las grandes masas populares [391], etc., del pueblo trabajador como sujeto constructor del bloque histrico revolucionario nacional-popular [392], entonces el concepto de pueblo trabajador es el idneo para reflejar esas complejidades profundas. Pero cual es la relacin entre clase trabajadora y pueblo trabajador? Gramsci responde as:

La direccin debe estudiar, redactar y difundir inmediatamente un programa de gobierno revolucionario del Partido Socialista en el que se propongan las soluciones reales que el proletariado, convertido en clase revolucionaria, dar a todos los problemas esenciales --econmicos, polticos, religiosos, educativos, etc.-- que acosan a los diversos estratos de la poblacin trabajadora italiana. Basndose en el concepto de que el partido funda su potencia y su accin slo en la clase de los obreros industriales y agrcolas que no tienen ninguna propiedad privada, y considera a los dems estratos del pueblo trabajador como auxiliares de la clase estrictamente proletaria, el partido debe lanzar un manifiesto en el cual plantee explcitamente la conquista revolucionaria del poder poltico, en el cual se invite al proletariado industrial y agrcola a prepararse y armarse y se indiquen los elementos de las soluciones comunistas a los problemas actuales: control obrero de la produccin y la distribucin, desarme de los cuerpos armados mercenarios, control de los ayuntamientos por las organizaciones obreras [393].

Ms concretamente, qu entiende Gramsci por proletariado en su sentido histrico prolongado?, lo siguiente: La revolucin proletaria es un largusimo proceso histrico que se realiza con el nacimiento y desarrollo de determinadas fuerzas productivas (que nosotros resumimos con la expresin proletariado) [394]. Por tanto, el proletariado es el conjunto de las fuerzas productivas conscientes que hacen la revolucin en cuanto largusimo perodo histrico, sujeto consciente que centraliza y dirige al pueblo trabajador en su conjunto. Los lazos que unen al proletariado con el pueblo trabajador van ms all que el simple inters social por las mejoras laborales, o por el proyecto poltico revolucionario: son lazos espirituales, de tradicin, de parentesco, de historia, lazos mltiples que el proletariado ha de potenciar y desarrollar. Gramsci dice esto en su escrito sobre los consejos de fbrica de Turn, cuyo proletariado se convirti en el dirigente espiritual de las masas obreras italianas [395]. Lazos espirituales profundos que explican la enorme solidaridad poltica que dieron las masas proletarias italianas [396] a la clase obrera turinesa.

Como se aprecia, aqu, en su texto sobre Turn Gramsci no usa el concepto de pueblo trabajador italiano sino el de masas proletarias italianas, o masas obreras italianas; y la razn es que en este texto Gramsci no analiza las problemticas nacionales e internacionales, sino la lucha de clases en una ciudad. An as, no existe diferencia conceptual cualitativa entre pueblo trabajador y masas trabajadoras: es un concepto flexible, no rgido ni esttico, que en s mismo asume y refleja el movimiento de la realidad a la que se refiere. Una muestra de la agilidad conceptual, dialctica, de Gramsci la encontramos en sus fragmentos sobre la cuestin meridional, en los que adems de desgranas la complejidad de la clase obrera en s misma, mostrando la necesidad de que acte como una fuerza consciente unitaria, tambin disecciona a la casta intelectual especialmente en el capitalismo agrario del sur italiano, diseccin necesaria para saber atraer hacia la revolucin a los sectores progresistas de la intelectualidad. En estos fragmentos Gramsci nos ofrece una plasmacin muy buena de lo que Marx defini como nacin trabajadora: hay dos nicas fuerzas esencialmente nacionales y portadoras de futuro: el proletariado y los campesinos [397].

Con el tiempo, Gramsci desarroll una teora de lo nacional popular que no pudo expresar de manera plena en sus Cuadernos, aunque s nos dej un prometedor texto al respecto en el que a partir del anlisis crtico de una revista fascista profundiza en las complejidades de las relaciones entre lo nacional y lo popular en diversas sociedades europeas, estudiando la importancia de sus lenguas respectivas en las relaciones ms o menos estrechas entre lo nacional y lo popular, en sus contenidos polticos, etc. Por ejemplo, cuando muestra el efecto de la prensa diaria en la formacin de la conciencia poltica popular y nacional, Gramsci tiene el mrito de ser uno de los contados autores que en esa poca afirma el importante papel de las mujeres en la eleccin familiar del peridico [398] con si correspondiente influencia en el reforzamiento o debilitamiento de tal o cual conciencia popular nacional en la familia y su entorno.

Gramsci explica que en muchas lenguas, nacional y popular son sinnimos o casi lo son () En Italia, el trmino nacional tiene un significado ideolgico muy restringido y en todo caso no coincide con el de popular, porque en Italia los intelectuales estn alejados del pueblo, es decir, de la nacin, y en cambio estn ligados a una tradicin de casta que jams ha estado en la ruta de un fuerte movimiento poltico popular o nacional por abajo [399]. Estas ltimas palabras fueron profticas porque a los muy poco aos de haberlas escrito estall la II GM confirmando el contenido progresista del concepto pueblo en su acepcin marxista, inseparable del de nacin trabajadora explotada por la burguesa grande y pequea.

Pero antes de seguir con la guerra de 1940-45 nos detenemos un instante el la obra de J. Daz dirigente comunista andaluz contemporneo de Gramsci que durante un tiempo fue Secretario del Partido Comunista espaol. En verano de 1935 y ante los movimientos del fascismo y del golpismo militar, escribe Es una gran verdad que el pueblo trabajador quiere la lucha unificada para salir de esta situacin que os acabo de describir [400]. Poco despus, hablando sobre el VII Congreso de la IC escrito en noviembre de 1935 une en la misma frase los conceptos de la humanidad laboriosa, al pueblo trabajador [401]. En el texto que tal vez mejor refleje la concepcin que tiene J. Daz de la identidad nacional de las clases trabajadoras espaolas [402], escrito en febrero de 1936, no aparece el concepto de pueblo trabajador, salvo error nuestro de localizacin, pero s abundan los de masas trabajadoras, masas obreras y campesinas, pueblo a secas, masas proletarias, etc., casi siempre en conexin con la poltica de alianzas con la pequea burguesa y hasta con la mediana burguesa para vencer la amenaza fascista en aumento.

El VII Congreso de la IC impuso el brusco giro al frentepopulismo abandonando la tesis de clase contra clase mantenida hasta entonces. Ahora el frentepopulismo haca hincapi en la colaboracin con la burguesa nacional y con la socialdemocracia para recomponer una fuerza poltica que venciese al fascismo. No vamos a entrar a este debate por falta de espacio. J. Daz y todo el PCE asumi este viraje abrupto como se confirma abiertamente a comienzos de 1936 cuando sostiene que la clase media y la burguesa media no quieren el fascismo [403], pero este bandazo no implic que se abandonasen conceptos como masas trabajadoras, masas populares, clases populares, pueblo trabajador, como se comprueba leyendo la valoracin de las elecciones del 16 de febrero de 1936 que dieron el triunfo al Frente Popular [404]. Al margen de la lnea poltica del PCE, cada vez ms al lado de la escasa mediana burguesa republicana espaola, y cada vez ms nacionalista espaol, J. Daz sigui recurriendo a conceptos amplios como los aqu vistos hasta su ltimo [405] escrito de finales de noviembre de 1938.

Tres este intervalo, podemos seguir e studiando el contenido popular de las resistencias guerrilleras y civiles no armadas a la ocupacin nazifascista en la II GM, as como los posicionamientos de las clases trabajadoras y hasta de los soldados de origen obrero y popular de los ejrcitos aliados. D. Gluckstein ofrece una definicin de pueblo que coincide con la que se emplea en este texto. El autor explica que la clandestinidad obligada de las guerrillas dificulta sobremanera el lograr un conocimiento profundo de la composicin popular de la resistencia, pero explica que:

Bajo la ocupacin, la difcil tarea de contactar con un movimiento necesariamente secreto, as como el riesgo de ser arrestado por la Gestapo o su equivalente, hacan que slo una minora estuviera directamente implicada. Sin embargo, los resistentes organizados gozaban de las simpatas de amplias capas de la poblacin por su herosmo y sacrificio personal. En los pases aliados no ocupados, amplios grupos de personas luchaban entusiastas por la libertad y por una sociedad mejor, incluso si seguan las rdenes de autoridades que pensaban de manera bastante diferente. En Asia la poblacin luchaba contra el colonialismo (tanto contra sus amos europeos como contra sus amos japoneses). El aspecto clave es que la guerra, la librara en mayor o menor medida el pueblo, se libr para el pueblo. [406]

Contina diferenciando la guerra popular de la guerra nacional, explicando que: La guerra popular era una amalgama. Como fenmeno de clase, su ideologa era un rechazo radical al sistema de preguerra y a favor de las clases ms bajas (sin importar los orgenes sociales de los individuos). Como fenmeno nacional, los guerreros populares insistan en que las masas, ms que las viejas y desacreditadas lites, representaban la nacin. El fracaso de las autoridades aliadas a la hora de oponerse a los opresores extranjeros, y su prontitud para colaborar con el Eje (mediante el apaciguamiento, antes de la guerra, o tras la ocupacin) reforzaban esta conviccin [407].

Es imposible citar siquiera una parte de la impresionante abundancia de datos histricos que sustentan la tesis general de D. Gluckstein y en especial su definicin de pueblo, as que aqu vamos a limitarnos slo a la experiencia britnica, tan desconocida. Un imperio brutal en el que gran parte de las clases trabajadoras de la metrpolis opusieron una compleja y rica resistencia popular a los planes de su burguesa, incluidas huelgas cada vez ms numerosas en plena guerra ampliamente seguidas e iniciativas populares de expropiacin de bienes burgueses para repartirlos entre el pueblo necesitado, as como la generalizada conciencia pblica de que en realidad se libraban dos guerras, la exterior o imperialista y la interior o social entre ricos y pobres. Segn las palabras de un dirigente sindical: para los trabajadores se trataba realmente de una guerra en dos frentes, o, si se prefiere, en el frente y en la retaguardia [408]

La penltima referencia que queremos hacer, siguiendo con el caso britnico, es la de la autoorganizacin de los soldados de a pie, generalmente de infantera, es decir, de origen obrero y popular destinados en Egipto. All se autoorganizaron para crear una especie de Parlamento de Soldados elegido democrticamente por las tropas a finales de 1943, que debati y decidi leyes sobre la propiedad pblica de las empresas, la nacionalizacin del comercio de distribucin, la restriccin del derecho de herencia, desarrollndose planes para otorgar la independencia a la India, abolir las escuelas privadas y nacionalizar el carbn, el acero, el transporte y los bancos [409]. Y la ltima referencia es esta:

Una caracterstica que distingua la guerra popular con respecto con respecto a la guerra convencional era la manera en que combinaba aspiraciones sociales de equidad y emancipacin con objetivos poltico, como la independencia y la democracia. Estos aspectos estaban muy marcados en Italia, en donde la lucha abierta de las clases trabajadoras era ms evidente que en ningn otro lugar. Una razn era que el fascismo se origin all, de modo que una resistencia surgida de golpe frente a la invasin, fue madurando a lo largo de dcadas bajo un odiado sistema social que se asoci al capitalismo desde su implantacin en 1922. Financieros y empresarios suministraron el 74 por ciento de los fondos del partido fascista, y a cambio Mussolini aplast los sindicatos e impuso draconianos recortes de salarios en 1927, 1930 y 1934 [410].

La guerra popular la realiza el pueblo, entendido este concepto en el sentido amplio. Es el pueblo explotado --ahora ejemplarizado en el pueblo italiano-- el que lucha para satisfacer sus necesidades y conquistar los derechos que le son negados, adems de la independencia nacional y la democracia concretas. Fue la burguesa la que financi al fascismo usndolo como arma contrarrevolucionaria. El pueblo explotado resisti al fascismo y cuando el nazismo invadi Italia, con el apoyo del fascismo, el pueblo trabajador pas directamente a luchar por la independencia nacional. Una vez ms aparece al descubierto la esencial dialctica entre opresin nacional, burguesa colaboracionista y lucha de liberacin nacional practicada por el pueblo explotado asalariadamente, por el pueblo trabajador o por la nacin trabajadora, como deca Marx.

Pero la experiencia italiana confirma el papel decisivo de lo que se denomina memoria de lucha, componente fundamental de la conciencia de clase. D. Gluckstein nos explica inmediatamente despus de la cita anterior que en Italia la memoria de lucha del pueblo vena de lejos. Tras repasar muy rpidamente la heroica resistencia de las masas no vencida de todo a pesar de la implacable represin, recordndonos los golpes sufridos por el PCI, el autor dice que: Se ha asegurado que una infatigable tendencia a la subversin sobrevivi en la cultura popular, pero antes de la segunda guerra mundial esto no se tradujo en una resistencia activa [411].

Podemos ya confirmar algunas tesis tericas decisivas: es el pueblo explotado, trabajador, el que en los momentos cruciales se levanta en defensa de la democracia y de la independencia nacional, pero tal cual la entiende l y no la burguesa; ese pueblo tena una ms o menos infatigable tendencia a la subversin que saltaba de la pasividad a la accin en ese momento crtico visto; la memoria de lucha subversiva sobrevive latente en la cultura popular, en la cultura del pueblo trabajador, explotado, que no est totalmente dominada por la cultura oficial, la burguesa y explotadora. Pensamos que la historia confirma estas tesis tericas elementales, dependiendo de las condiciones espacio-temporales concretas que sus formas externas se materialicen de una forma u otra.

Mientras en Europa las clases trabajadoras y pueblos oprimidos resistan al nazifascismo y al militarismo desde la segunda mitad de los aos 20, en China se libraba la misma lucha. Desde 1926, Mao mantuvo en su primer texto de importancia poltica y terica un permanente esfuerzo terico volcado en el estudio de la estructura de clases de la nacin china. En ese texto Mao desarrolla uno de los argumentos centrales de la teora marxista del proletariado como la clase que se materializa en su conciencia poltica y su prctica de lucha, sus huelgas e insurrecciones [412], es decir, la importancia de lo que en teora marxista se define como clase para s que parte y se sustenta sobre la realidad objetiva de la explotacin, realidad que se expresa en la clase en s, la que existe como objeto pasivo explotado sin tomar conciencia de que puede llegar a ser un sujeto activo.

En 1945 refirindose a la alta burguesa Mao dice: Mientras declara que se propone desarrollar la economa china, en los hechos se dedica a multiplicar el capital burocrtico, o sea, el capital de los grandes terratenientes, los grandes banqueros, y los magnates de la burguesa compradora, monopoliza las palancas de la economa china y oprime sin piedad a los campesinos, los obreros, la pequea burguesa y la burguesa no monopolista [413]. Luego, concreta ms su anlisis sobre la resistencia democrtica de numerosas capas populares contra la dictadura del Kuomintang: obreros, campesinos, trabajadores de la cultura, estudiantes, trabajadores de la enseanza mujeres, industriales y comerciantes, empleados pblicos y hasta en un sector de los militares [414]

Hay que tener en cuenta esta realidad estructurante, la opresin nacional, para comprender en su pleno sentido las siguientes palabras de Mao escritas en 1948, antes de la victoria revolucionaria:

La revolucin china en su etapa actual es, por su carcter, una revolucin de las amplias masas populares, dirigida por el proletariado, contra el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrtico. Por amplias masas populares se entiende a todos los que son oprimidos, perjudicados o sojuzgados [...] a saber: los obreros, campesinos, soldados, intelectuales, hombres de negocios y dems patriotas, como se indica claramente en el Manifiesto del Ejrcito Popular de Liberacin de China [...] intelectuales se refiere a todos los intelectuales perseguidos y sojuzgados; hombres de negocio, a toda la burguesa nacional perseguida y restringida, esto es, la burguesa media y pequea; y dems patriotas, principalmente a los shenshi sensatos. La revolucin china en la etapa actual es una revolucin en la cual todos los arriba mencionados se unen para formar un frente nico contra el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrtico, y en la cual el pueblo trabajador constituye el cuerpo principal. Por pueblo trabajador se quiere decir todos los trabajadores manuales (los obreros, campesinos, artesanos, etc.) y los trabajadores intelectuales que, por su condicin, estn prximos a los primeros y que no son explotadores, sino vctimas de la explotacin [415].

Debemos considerar tres cuestiones que aparecen en estas palabras: primera, la insistencia de Mao en dejar claro, como es muy frecuente en l, que precisa que habla de la etapa actual de la lucha por la independencia, lo que indica que en otra etapa revolucionaria diferente hay que aplicar otros criterios diferentes. Es decir, que en otra etapa de la revolucin habr que tomar otras tcticas. Segunda, que separa ntidamente las amplias masas populares, con un carcter interclasista en las que incluye a hombres de negocios, del pueblo trabajador, separacin determinada por la frontera insalvable de la explotacin social. Y, tercera, que es el pueblo trabajador el cuerpo principal de las grandes masas populares, ya que por pueblo trabajador se quiere decir todos los trabajadores manuales (los obreros, campesinos, artesanos, etc.) y los trabajadores intelectuales que, por su condicin, estn prximos a los primeros y que no son explotadores, sino vctimas de la explotacin.

Antes de concluir este captulo debemos detenernos unos instantes en Ho Chi Minh, revolucionario comunista e independentista vietnamita que ya desde finales 1920, escriba muy fundamentadas y demoledoras crticas del nacionalismo imperialista de PC del Estado francs en el que l militaba, pero tambin critica con igual dureza a los otros partidos comunistas europeos, como el britnico, el belga, el holands, etc., por su abandono del internacionalismo leninista [416]. Por cuanto marxista, Ho basa su crtica en un minucioso estudio de las complejas y tan diferentes realidades de las colonias ocupadas por el imperialismo francs, y de las posturas del PC de este Estado. Por ejemplo, para nuestro tema de estudio resulta muy valiosa la informacin que da Ho sobre la privatizacin de las tierras de propiedad colectiva [417] del pueblo rifeo, en la actual Argelia, y la entrega de las pequeas propiedades a los grandes latifundios franceses.

Como veremos en su momento, la privatizacin de las tierras, bienes y recursos colectivos, pblicos, ha sido y seguir siendo uno de los puntos de anclaje terico para entender adems del significado del concepto de pueblo trabajador, tambin la forma-organizacin ms adecuada que el pueblo genera para recuperar los bienes comunes privatizados y/o expoliados. La historia del pueblo de Viet Nam es un ejemplo de ello. La invasin francesa para ocupar Tonkn en 1872 tena como objetivo acabar con el proteccionismo e imponer la libertad de mercado para los productos y capitales franceses, que saqueaban el pas y lo arruinaban. Tras la claudicacin de la corte vietnamita en 1883, el pueblo sigui resistiendo en defensa de sus tierras y bienes, ahora bajo propiedad francesa [418]. Con altibajos, derrotas y victorias, el pueblo sigui luchando en defensa de su nacin, y en 1930 Ho defini as a este sujeto colectivo: Los obreros se niegan a trabajar, los campesinos piden tierra, los estudiantes se declaran en huelga y los comerciantes hacen boicot. En todas partes las masas se han levantado para enfrentar a los imperialistas franceses [419].

El avance de la lucha de liberacin nacional plantea en verano de 1939 la necesidad de concretar un frente democrtico nacional en el que tambin deben intervenir los franceses progresistas que residen en Vietnam y los burgueses con conciencia nacional vietnamita para neutralizar a las fracciones burguesas que no puedan ser ganadas para la independencia del pas: para que no caigan en manos del enemigo de la revolucin y aumenten la fuerza de los reaccionarios [420]. Justo dos aos despus, en junio de 1944, Ho hace un llamamiento a las mujeres, jvenes, notables ricos, obreros, comerciantes, campesinos, funcionarios [421], para que se sumen a la sublevacin armada. La insistencia en llamar a las fracciones nacionalistas de la burguesa para que participen en la lucha es permanente, reiterndose en agosto de 1945 el llamamiento a todos los sectores sociales (intelectuales, campesinos, obreros, hombres de negocios, soldados) y de todas las nacionalidades del pas () sin discriminacin de edad, sexo, religin o fortuna [422].

Ms an, los comunistas vietnamitas conocan perfectamente que los japoneses fortalecan y ampliaban la base social colaboracionista aumentando el nmero y la fuerza de los Bang ta o notables, as como los efectivos de la guardia indgena especializada en la represin de la lucha armada en el campo, y otras fuerzas represivas especializadas en la infiltracin en las organizaciones de masas, en el partido, entre el pueblo, etc., [423] aplicando lo que hoy se definira como doctrina de contrainsurgencia. Siguiendo una antigua tctica, los japoneses tambin crearon una base social nativa colaboracionista, que se enriqueca ayudando a aplastar a su propio pueblo. En estas condiciones, la poltica comunista buscaba, adems de otros objetivos, tambin y en momentos crticos sobre todo, impedir que triunfase la estrategia japonesa destinada a romper la unidad entre el partido y el pueblo, entre las organizaciones del partido y las masas [424], para, despus, exterminar al partido y a sus organizaciones aisladas ya del pueblo trabajador. Para asegurar la victoria, era por tanto conveniente ofrecer una alternativa a los notables y dems sectores para que dejasen de apoyar al ocupante.

Pero se equivoca quien crea que Ho Chi Minh plantea una estrategia interclasista para conseguir una independencia burguesa en vez de socialista. No es as. De hecho, en diciembre de 1944 mientras va asentndose la lucha armada y va preparndose la prxima insurreccin general, durante este proceso los comunistas refuerzan la formacin terica y poltica de los destacamentos militares mediante el Departamento de Propaganda Armada, embrin del Ejrcito de Liberacin, por lo que Ho afirma directamente que: siendo nuestra resistencia de carcter popular, tenemos que movilizar y armar a todo el pueblo [425]. Resistencia de carcter popular quiere decir resistencia del pueblo y para el pueblo, para sus intereses de clase, populares, de las masas trabajadoras, aunque stas tengan en cuenta a los hombres de negocios, a los comerciantes, a los notables ricos --apenas se usa el concepto de burguesa nacional--, de modo que lo decisivo radica en la segunda parte de la frase: armar a todo el pueblo.

La consigna revolucionaria de el pueblo en armas, o armar a todo el pueblo es inaceptable por la burguesa, porque es una conquista democrtico-socialista irreconciliable con el axioma del monopolio de la violencia por parte del Estado burgus. En la prctica, la mayora inmensa de la clase propietaria vietnamita apoy a los sucesivos invasores extranjeros participando en mayor o menos medida en sus ejrcitos, porque odiaban ms al pueblo trabajador vietnamita armado que al invasor extranjero. Sin embargo, como afirm Ho, la nacin descansa en el pueblo [426], con lo que reforzaba el contenido centralizador de la nacin trabajadora segn la feliz expresin de Marx, en la nacin vietnamita en su conjunto.

Para que el pueblo sepa y pueda llevar a la nacin sobre sus heroicas espaldas en una guerra revolucionaria de liberacin nacional tan dura y prolongada como la vietnamita, Ho afirm en 1952 que: En la actualidad, nuestro partido tiene el deber de unir y dirigir a la clase y al pueblo en la resistencia y en la reconstruccin nacional. Esta es una dura pero gloriosa tarea que slo nuestro partido, el partido de la clase obrera y el pueblo trabajador, puede realizar [427]. La directa alusin al pueblo trabajador por parte de Ho Chi Minh no era fortuita, sino producto de su profunda admiracin y orgullo por la historia de resistencia de nuestro pueblo trabajador [428], como l mismo lo reconoci en su Testamento.

El orgullo de Ho no tena absolutamente nada de chauvinismo, sino que se basaba en un muy profundo conocimiento de la larga historia de lucha del pueblo por su independencia, que se remontaba como mnimo a la victoria de 938 sobre los invasores chinos. En 1868 los invasores franceses fusilaron a un patriota popular que dijo antes de morir: En Vietnam se luchar mientras crezca la yerba [429]. Pero tambin de su pasado inmediato, durante la larga guerra de liberacin nacional, en la que el pueblo trabajador y en especial los comunistas vietnamitas haban demostrado, adems de valor extremo, tambin astucia y disciplina poltica sin par. Un ejemplo lo tenemos en la puesta en prctica de la muy dura decisin de aceptar la divisin de Viet Nam cediendo la parte sur al imperialismo cuando la tenan ya casi liberada del todo, tomada tras la derrota francesa en Dien Bien Fu. En estas condiciones, Ho detall as las dos corrientes contrarias a la paz y a la divisin del pas:

Tal vez se produzcan los siguientes errores: desviacin de izquierda gentes entusiasmadas por nuestras continuas victorias querrn combatir a toda costa, luchar hasta el fin. Al igual que un hombre que viera los rboles pero no el bosque, observan el retroceso del enemigo mas no prestan atencin a sus maniobras, ven a los franceses pero no a los americanos, se apasionan por la accin militar y subestiman la accin diplomtica. No comprenden que paralelamente a la lucha armada, tambin sostenemos nuestra lucha en las conferencias internacionales con el mismo objetivo. Se oponen a las nuevas consignas, a las que consideran manifestaciones derechistas, concesiones alocadas. Quieren imponer condiciones excesivas, inaceptables para el adversario. Quieren precipitarlo todo, sin darse cuenta de que la lucha por la paz es dura y compleja. Si cedemos al izquierdismo nos quedamos aislados, separados de nuestro pueblo y del pueblo del mundo, y nos encaminaremos al fracaso

La desviacin de derecha se traduce en un pesimismo negativo y en concesiones sin principio. No teniendo fe en las fuerzas del pueblo, los derechistas debilitan su espritu de lucha. Olvidan el hbito del sufrimiento y no aspiran ms que a una vida tranquila y fcil [430].

Adems de ser estas palabras una excelente demostracin de la teora marxista de la violencia revolucionaria, de la interaccin de todas las formas de lucha, del papel de la diplomacia como parte de la totalidad de instrumentos de resistencia, etc., aparte de esto, tambin exponen lo que seran las dos dcadas posteriores de sistemtica guerra de liberacin hasta la victoria final. Esta y no otra fue la realidad en la que lucharon otros pueblos de Asia, frica, el Caribe y Amrica Latina en esa misma poca. Partiendo de esa experiencia, K. Nkrumah utiliz la feliz expresin de pueblos militantes [431] que se enfrentaban a las maniobras del neocolonialismo imperialista.

Los pueblos militantes son aquellos que mantienen largas y sostenidas luchas de liberacin nacional de clase, es decir, que a pesar de todos los problemas han llegado a unir la conciencia nacional con la conciencia de clase. K. Nkrumah haba escrito esas palabras muy pocos aos despus de que al comienzo de la dcada de 1960 muchos movimientos latinoamericanos iniciasen polticas destinadas a agrupar a todos los sectores nacionalistas, populares y antiimperialistas [432] de sus respectivos pases, lo que aceler la respuesta imperialista de golpes militares y polticas de exterminio y desapariciones masivas.


10.- Clases y pueblo trabajador (III)

Qu relacin puede existir entre la China de 1949 y el Vietnam de 1969, por ejemplo, y la Europa actual, por no hablar de las diferencias que nos separan de las sociedades en las que se desarrollaron los conflictos a los que se refieren la Internacional Comunista, Kautsky, Trotsky, Rosa Luxemburg, etc.? Recordemos que Mao cifraba en un 90% el peso de la agricultura y la artesana dispersas en el total de la economa china a comienzos de 1949: el 90 por ciento, ms o menos, de nuestra vida econmica permanece an en el nivel de los tiempos antiguos [433]. Podramos seguir analizando las diferencias entre nuestro presente y el que vivieron estos y otros marxistas pero pensamos que la comparacin con aquella China es especialmente valiosa porque la definicin de pueblo trabajador dada por Mao es la ms sinttica de todas. Pero basta leer la descripcin de la estructura de clases de los pases atrasados o subdesarrollados, con los niveles dentro de las clases explotadas -proletariado industrial, agropecuario, improductivo e intermediario de la explotacin-, ms la amplitud variable de las clases subsidiarias [434], para darnos cuenta de que no existen diferencias cualitativas, esenciales, sino tan solo formales, con la estructura de clases del capitalismo imperialista en esa misma poca.

Ms an, como veremos ahora mismo, incluso tales diferencias formales van dando paso a la identidad sustantiva del capitalismo bajo el efecto estremecedor de la contraofensiva burguesa mundial contra la humanidad trabajadora en su conjunto. Si tomamos como muestra de la identidad sustantiva en la estructura de clases mundial el proceso de tercermundializacin de pases imperialistas, tendramos que estudiar la sugerente tesis de Arianna Huffington [435] que sostiene, entre otras cosas, que los EEUU se encaminan a ser como Mxico o Brasil en cuanto a su realidad social, y no a la inversa. La tendencia definitiva a la mundializacin de la clase obrera es irreversible como respuesta a la mundializacin de la ley del valor-trabajo.

Para comprender la vigencia del concepto de pueblo trabajador en el capitalismo imperialista debemos recurrir al mtodo marxista aqu expuesto. Por un lado, la interaccin entre el estudio de lo general y esencial, y lo particular y lo fenomnico; y por otro lado, y a la vez, el empleo de los conceptos flexibles, abiertos e incluyentes, adaptables a los cambios de lo real. Aplicando este mtodo comprendemos lo que se oculta en el fono del estudio de J. F. Tezanos cuando muestra la tendencia a la difuminacin de las barreras prcticas y tericas que separaban a las diferentes fracciones de las clases trabajadoras:

En la sociedad de principios del siglo XXI las cosas ya no se entienden de la misma manera y muchas veces las fronteras sociales que separan a quienes tienen algunos tipos de trabajo atpicos o irregulares (por horas, por obra realizada, por piezas, etc., o en la economa sumergida) y quienes no lo tienen y slo trampean para sobrevivir se hacen borrosas. Hay quienes trabajan hoy y no lo hacen maana, quienes efectan tareas que difcilmente podran ser catalogables como trabajo hace unos aos, y quienes realizan chapuzas y trabajillos en condiciones laborables difcilmente clasificables. Por ello estn proliferando las definiciones y los conceptos heterogneos y se hace mencin a los falsos autnomos o autnomos aparentes, a los falsos parados, a los excluidos, a los trabajadores voluntarios, a la desalarizacin y desespacializacin laboral, a los activos permanentemente laborales, etc. Todas estas expresiones, de alguna manera reflejan la difuminacin creciente de algunas situaciones laborales y las dificultades para que muchas personas definan claramente su situacin y su estatus en las estructuras productivas [436].

Arriba hemos visto cmo A. Piqueras refirindose al nuevo proletariado indicaba que en realidad el capitalismo estaba intentando imponer viejas formas de explotacin. Lo que ahora hemos ledo a Tezanos es la forma actual, nueva, en la que se expresa la permanente lucha de clases que en ltima instancia decide los cambios en las formas de explotacin. Por debajo de la desalarizacin y de las crecientes expresiones del precariado, est activa y decidida a triunfar la vieja, mejor decir permanente, necesidad burguesa de destrozar toda cohesin obrera, de multifraccionar y pulverizar a la clase trabajadora en tomos separados y enfrentados mortalmente entre s, reinstaurando en las condiciones del siglo XXI las formas de salvaje explotacin de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

La difuminacin creciente de las fronteras intersectoriales de la fuerza de trabajo, fronteras que impona la burguesa para facilitar la explotacin y aumentar los beneficios, adems de exigir la aplicacin del mtodo dialctico como hemos explicado, tambin demuestra la idoneidad del concepto de pueblo trabajador al tener la virtud de integrar en un todo ms extenso a las mltiples formas en las que se muestra la fuerza social de trabajo, el trabajo globalmente explotable. Pues bien, muy recientemente, este mismo problema ha reaparecido con toda su decisiva importancia al sumarse a la oleada internacional de luchas urbanas y campesinas esos movimientos que de algn modo cabe incluir en la masa de indignados, con todas su contradicciones pequeo-burguesas [437]. Pero por el lado revolucionario, varios autores sostienen que en el interior de la abigarrada densidad de movimientos diferenciados, lo que ocurre es que, a pesar de tanta diversidad:

Somos la misma cosa: el mismo objeto de explotacin. Pero tambin somos el mismo sujeto, el mismo cuerpo capaz de negar lo existente como inevitable. Es por esto que hemos aprendido juntos y juntas. Cada prctica de resistencia est siendo un estmulo. Se difunden y se adaptan a contextos aparentemente desconectados () un nuevo paradigma de autoorganizacin y de solidaridad () se basa en la ordenacin dicotmica del campo poltico entre un nosotros --el resurgimiento del pueblo como sujeto colectivo-- y de la identificacin, agrupacin y designacin del rgimen, de ellos como una casta parasitaria post-hegemnica sometida al Diktat de los mercados [438].

El pueblo como sujeto colectivo, el nosotros como el mismo objeto de explotacin por el ellos, por la casta parasitaria, por la clase burguesa. Esta concepcin bsica es la que, por un lado, refleja lo gentico-estructural en la definicin de unidad y lucha de contrarios entre el trabajo y el capital; y por otro lado, refleja lo histrico-gentico en las formas concretas en las que se realizan esas luchas de clases en cada contexto espacio-temporal, en cada marco autnomo de lucha de clases, de modo que en este nivel, el concepto de pueblo trabajador vasco o paquistan, tanto da, adquiere toda su potencialidad cientfico-crtica en cuanto sntesis de ese nosotros-el-pueblo que sufre la misma explotacin bsica a manos de ellos, de la clase explotadora, del capital en suma.

Tambin podemos ejemplificar la vala del mtodo dialctico recurriendo a la tesis de R. Zibechi:

La vigencia de las clases sociales es tambin mvil y no es nica. Hay sujetos que tienen un carcter de clase sin duda, pero el carcter de clase no es suficiente para constituir un sujeto, es decir, no es la nica dimensin en torno a la cual se constituyen los sujetos de cambio. Los sujetos se constituyen en torno a una multiplicidad de cuestiones. Si t ves a la multitud como un sujeto transitorio, pero sujeto al fin, sta tiene un componente tan heterogneo y tan variado, pero no de agregaciones individuales, sino de agregaciones comunitarias colectivas, que impiden definir un sujeto en trminos de clase. Por ejemplo, las mujeres de los barrios pobres o de los mineros tienen un referente de clase, pero tambin tienen un referente de gnero. O las mujeres indias, tienen un referente tnico de pueblo indgena, pero tambin tienen un referente sin duda de gnero y tambin si son jvenes tienen un referente generacional, entonces yo creo que las definiciones muy fijas, muy duras, no ayudan a comprender lo que estn sucediendo en torno al sujeto o a los actuales movimientos sociales [439].

R. Zibechi est en lo cierto como lo estaba Marx al analizar las mltiples expresiones autnomas de la fuerza de trabajo social-- cuando sostiene que las definiciones muy fijas y muy duras no ayudan a comprender la complejidad de la explotacin social, como tampoco ayudaron en fases anteriores, y en especial en la China agraria. Tiene el mrito de plantear el debate en el plano central de la triple opresin de la mujer, la de gnero, la de nacin y la de trabajadora, e incluso en la generacional al ser mujer joven, con lo que introduce la cuestin del poder adulto [440]. Pero su argumento se debilita cuando dice que Los sujetos se constituyen en torno a una multiplicidad de cuestiones () que impiden definir un sujeto en trmino de clase. Hemos visto arriba que la formacin histrica de la explotacin patriarco-burguesa se basa en al subsuncin por el capitalismo de la explotacin patriarcal, y que sta ha sido la base sobre la que se ha desarrollado luego la opresin nacional y la explotacin econmica. El mismo modelo terico sirve para lo que ahora hablamos.

Lo que unifica internamente esta dinmica de triple explotacin es la explotacin comn de la fuerza de trabajo social por una minora propietaria de las fuerzas productivas, al margen ahora de qu rgimen histrico-social de propiedad privada, de qu modo de produccin concreto, y sobre todo de qu formacin econmico-social precisa dentro del capitalismo, en suma. Todos y cada uno de los casos que nos cita Zibechi nos remiten en ltima instancia a esa explotacin subyacente, que es el contenido esencial en la historia de los conflictos sociales desde que surgi la primera propiedad privada, la de la mujer expropiada por el hombre. Lo mismo debemos decir sobre la opresin tnica y/o nacional, etc., y ahora en el capitalismo.

Se puede y se debe definir a los sujetos tan diferentes en sus formas externas si los sintetizamos conceptualmente hasta llegar a la esencia de la explotacin de la fuerza de trabajo humana por una minora. Este es el nivel en el que se mueve la teora marxista cuando habla de la guerra civil permanente entre el capital y el trabajo. Pero cuando pasamos de este nivel terico elemental a las expresiones concretas, sociohistricas y localizadas espacialmente, en las que se plasma esa fuerza de trabajo explotada, entonces debemos especificar con extrema precisin las diferencias. En este sentido, debemos aprender de la muy correcta crtica marxista a las tesis de la triple diferencia [441], de clase, de sexo y de raza, que niega la existencia de una cohesin esencial e interna de todas las formas de opresin, dominacin y explotacin, de manera que cada una de ellas acta por su lado, con ninguna interaccin entre las tres o con una muy dbil e incierta.

Por el contrario, pensamos que las tres, y sus mltiples formas diferentes mediante las que operan en concreto, forman una unidad determinada por la lgica de la explotacin de la fuerza de trabajo humana, es decir, por la lgica capitalista. Tenemos el caso ms especfico, por ejemplo, de lo que se define como poblacin sobrante y que en cierta forma entra dentro del concepto de exclusin, precariado, etc. Pues bien, la poblacin sobrante es parte de la fuerza de trabajo social, del proletariado global explotable del que hemos hablado arriba, y tiende a crecer en la medida en que va descomponindose la clase campesina mundial:

El fin del campesinado y la aparicin de una masa de proletarios distribuidos en diferentes capas: semiproletarios (qu son si no los semiasalariados?), obreros pertenecientes a la desocupacin estacional (los pobres flotantes), a la infantera ligera (trabajadores de temporada), etc. [...] Como sealamos ms arriba, el caso del obrero rural es slo un ejemplo clsico de la negacin del proletariado y su capacidad de accin. Podramos dar varios ms: los inmigrantes en Estados Unidos; los piqueteros argentinos; los jvenes en Europa. A todos se los engloba bajo nuevos conceptos, que excluyen, naturalmente, el de clase obrera, tarea en la que los intelectuales europeos y norteamericanos (muchos de los cuales se autotitulan marxistas) tienen un lugar fundamental, auxiliados diestramente por los medios burgueses, que escapan al proletariado como a la peste por razones que no es necesario explicar. Pinsese, por ejemplo, en la fama de personajes como Naomi Klein o Toni Negri y se tendr una idea de la colusin entre la burguesa y los nuevos pensadores globales.

En realidad, detrs de los inmigrantes se esconde, lisa y llanamente, la clase obrera. Las ltimas y extraordinariamente multitudinarias manifestaciones por la legalizacin de su permanencia en los Estados Unidos y Europa muestran, ms que la importancia de la categora tnica, el renacimiento de la fraccin ms explotada de la clase obrera del Primer Mundo. Las rebeliones de los mileuristas europeos no es otra cosa que la expresin de las condiciones de existencia de generaciones enteras de desocupados, es decir, de obreros. Los piqueteros argentinos, a los que se ha llegado a caracterizar como lmpenes, cumplen con las mismas caractersticas [442].

En la oleada de lucha de clases que empieza de nuevo a tomar fuerza en EE.UU [443] y en la recuperacin del sindicalismo combativo y de lucha de clases [444], en esta agudizacin social que tambin se extiende al sistema educativo [445] reaparece el eterno problema de la divisin tnica y nacional, tambin cultural, dentro de la amplia clase trabajadora yanqui. Independientemente de qu origen tnico o nacional mayoritario fueran los participantes en las primeras movilizaciones, lo que s es verdad es que a estas alturas se ha generalizado la reflexin de que se trata de la misma lucha en la que intervienen: los valientes veteranos, las mujeres de Code Pink, los endeudados estudiantes, los jvenes Afroamericanos [446]. Estas y otras diferencias no anulan el hecho contundente de que es la explotacin capitalista la que cohesiona y unifica interiormente a estos y otros sujetos que de nuevo empiezan a rebelarse contra su clase explotadora.

Pero, volviendo a Zibechi, si obviamos esta deficiencia tan bien criticada en lo general por los tres textos citados, hay que decir que el autor roza el concepto de pueblo trabajador, o se refiere a l sin nombrarlo de esa manera, sobre todo cuando dialectiza el patriarcado, la opresin nacional y la explotacin de clase, que es una de las caractersticas ms llamativas del pueblo trabajador. Otra virtud de esta cita es que se mueve en un contexto de superposicin e interpenetracin de las fracciones de clase, de las fronteras de clase, lo que exige, como venimos diciendo, del empleo de conceptos abiertos y flexibles, capaces de reflejar una situacin en un contexto concreto y otro diferente pero relacionada en otro contexto concreto.

La teora completa, las definiciones cerradas e inamovibles, resecamente estructuralistas y/o unvocamente analticas, no sirven de nada en este universo minado por contradicciones en permanente interrelacin. Las primeras, las estructuralistas resecas porque desprecian la evolucin histrica, el papel de los factores subjetivos, etc. Las segundas, las analticas unvocas porque desprecian el imprescindible momento de la sntesis, de lo sincrtico que facilite el salto cualitativo a una nueva fase superior del conocimiento. Ambas interpretaciones son mecanicistas y antidialcticas.

Por no extendernos, lo expuesto por R. Zibechi nos exige analizar otra caracterstica del capitalismo cada vez ms extendida e imparable, la del empobrecimiento, la precarizacin, las incertidumbres cotidianas del pueblo trabajador. O dicho en los trminos empleados por Mszros, la obligacin de tener que trabajar ms para vivir menos, sufrir ms para gozar menos, se caracteriza por la imposicin forzada de la inestabilidad flexible [447], es decir, de que el capitalismo ha instaurado un rgimen de explotacin global que genera una permanente inestabilidad social que, adems, puede ser flexiblemente utilizada por la clase dominante en su provecho, lo que aumenta su poder destructivo y manipulador. No hace falta mucha imaginacin para darse cuenta de que la marcha actual del capitalismo vasco tambin se orienta ciegamente hacia el aumento [448] de las crecientes franjas sociales que entran dentro de lo que se define como exclusin social, empobrecidas todava ms tras el devastador ataque a las condiciones de vida y trabajo realizado por la burguesa estatal.

El problema de la denominada exclusin social en realidad conecta profundamente con el tema que tratamos, sobre todo con el de las fronteras mviles que facilitan los flujos bidireccionales entre la clase obrera, el pueblo trabajador y sectores especialmente dbiles de la pequea burguesa. La toma de conciencia del pueblo trabajador de su potencial atractor de mltiples franjas sociales excluidas o en peligro de caer en semejante totalidad destructora, puede y debe realizarse sobre la teora que demuestra que la exclusin no es una mera desgracia transitoria que puede afectar a una parte de la sociedad en los perodos de crisis, sino que es una totalidad concreta objetiva inserta en la lgica del capital [449] formada por las leyes de acumulacin del capital.

Anteriormente, al concluir el apartado dedicado a la categora dialctica del contenido y de sus formas reales en la definicin de las clases sociales, veamos que las ms modernas formas de lucha trabajadora contra la actual explotacin asalariada nos remitan a las forma de lucha ms horizontales practicadas por el proletariado del primer capitalismo industrial. Lo mismo, en esencia, debemos decir con respecto al problema del empobrecimiento y de la exclusin. Basta leer a Engels en su escalofriante descripcin de la pobreza obrera y popular de la primera mitad del siglo XIX para cerciorarse de ello: Sabe, el pobre, que si bien puede vivir el da de hoy, es sumamente incierto que tambin pueda hacerlo el da de maana [450].

Lo que ahora se define como precarizacin, exclusin, hambre [451], etc., est ya analizado en lo bsico en este libro. Ahora bien, debemos enriquecer el estudio de lo elemental en el capitalismo, que sube y baja como la marea, con el estudio de las formas concretas en las que el contenido se materializa en cada circunstancia y contexto, tal como lo ha realizado brillantemente la doctora Concepcin Cruz en su investigacin gentico-estructural [452] sobre este mismo problema. Esta investigadora muestra cmo el momento gentico-estructural de la investigacin debe ir siempre acompaado del momento histrico-gentico.

En lo relacionado con la exclusin, J. Osorio realiza el mismo doble movimiento aunque sin utilizar esos trminos. Profundizando en la crtica de la lgica del capital, y de su doble pero unitario proceso de exclusin por inclusin el autor presenta cinco grandes categoras en la forma de exclusin desarrollada por el capitalismo actual: a) La poblacin obrera excedente, que el autor define as: la poblacin obrera excedente generada [] presenta diversas formas de existencia, con agrupamientos que alcanzan mayores o menores niveles de incorporacin a la produccin, distinguindose la poblacin flotante, la latente y la intermitente. A ellas se agregan las franjas sociales que se ubican en el pauperismo, que agrupa a trabajadores en condiciones de laborar pero que ya no encuentran lugar en la produccin: los impedidos de laborar por haber sufrido accidentes en el trabajo y los que sufren enfermedades crnicas resultado de las condiciones en que se realiza la produccin, y aquellos obreros que sobreviven a la edad normal de su clase. Tambin los hurfanos e hijos de pobres [453].

Adems, de esta poblacin obrera excedente, existen otras cuatro grandes formas de exclusin: b) masa marginal y funcionalidad; c) el subconsumo de la poblacin obrera activa e inactiva; d) la comunidad ilusoria o la exclusin de la comunidad; y e) el inmigrante y su doble exclusin. La conclusin a la que llega el autor no puede ser ms valiosa para nuestro tema: La exclusin en cualquiera de las manifestaciones que aqu hemos considerado no es sino la cara de una existencia incluida en la lgica del capital [454]. La dialctica entre exclusin e inclusin dentro del capital nos lleva en directo al problema de la ciudadana, que aqu no hemos tocado en absoluto ya que la moda ciudadanista es una alternativa del reformismo [455] a la contraofensiva burguesa que prefiere ciudadanos indignados antes que trabajadores furiosos y organizados [456].

Como hemos visto hasta aqu y a lo largo de todo el texto, el aumento de la explotacin capitalista se une con la ofensiva por multidividir a las clases trabajadoras, por romper la unidad de clase y su conciencia-para-s, lo que ya aumenta la extrema divisin que estamos viendo. Frente a la realidad nica de la guerra civil entre el capital y el trabajo, la multidivisin de la fuerza de trabajo social, la palabrera sobre las clases medias, etc., refuerza la sensacin falsa de la supuesta desaparicin de las clases sociales, cuando en realidad la gran burguesa es ms visible que nunca. Un dato sobre el altsimo nivel de parcializacin y precarizacin lo tenemos en que el 34,5% de la clase asalariada en el Estado espaol es explotada en la economa sumergida [457]. Adems: no se trata solamente de la flexibilidad laboral, sino de un modelo econmico que se expresa en el mercado del trabajo, flexibilizando, subcontratando, desregulando y precarizando [458].

La situacin que acabamos de ver afecta en lo esencial a la humanidad trabajadora en su conjunto, con ms o menos destructividad parcial o global segn pases, contextos e historias, pero afecta en lo bsico a todos los pueblos trabajadores. Casi la mitad de la riqueza mundial el manos del 1% de la poblacin, mientras que 125 millones de europeos estn al borde la pobreza casi el 25% de la poblacin de 2012, subiendo al 28,2 % en el Estado espaol ese mismo ao, y las 85 personas ms ricas suman tanto dinero como el de los 3.570 millones de pobres del mundo. En EEUU la pobreza, la subalimentacin incluida la infantil, los desahucios, la precariedad y el vagabundeo siguen en aumento. Las mujeres de las naciones oprimidas y de los pueblos dependientes a pesar de su independencia formal, son las ms machacadas, y con ellas la primera infancia y la tercera edad.

Necesitamos por tanto dar un paso ms concretando lo visto en una realidad de opresin nacional, o si se quiere de necesidad de las clases explotadas de enfrentarse al imperialismo y a sus respectivas burguesas nacionales. Por ejemplo, J. Veraza habla de nacionalismo revolucionario proletario para demarcar el sujeto colectivo revolucionario que se enfrenta a lo que define nacin burguesa: Por nacional se sobreentiende lo nacional burgus; mientras que lo nacional proletario exalta al sujeto social en las relaciones solidarias y transformadoras, la solidaridad de clase singularizada personalmente y la creatividad que retoma sin exclusivismo localista, la creatividad cosmopolita, pero que se atiene a la concrecin cualitativa de cada objeto y situacin. As que una poltica proletaria nacionalista (clasista e internacionalista) tal solidaria y creativamente abierta- se corresponde con la creacin cultural de valores de uso concretos, soporte de las solidaridades revolucionarias [459].

El contenido abarcador e integrador, socialmente mayoritario, de lo nacional proletario queda afirmado por la solidaridad y la transformacin que caracteriza al sujeto social que forma la nacin proletaria con su solidaridad de clase opuesta a la nacin burguesa. No debemos preocuparnos por la palabra cosmopolita empleada desde y para el marco poltico-cultural mexicano, porque el autor aclara de inmediato su significado nacional-internacionalista, creativo y abierto; y vuelve a aclararlo ms adelante cuando insiste en que el cosmopolitismo implica las propias tradiciones nacionales, saliendo tambin en defensa de las races tnico-tradicionales [460] de los pueblos precolombinos.

No podemos entrar ahora por falta de espacio al problema de la territorializacin de la nacin burguesa y/o de la nacin proletaria, y a los debates que suscita no slo en Mxico, Bolivia, Per y otros Estados, sino a escala mundial, as que vamos a centrarnos en cuestiones ms cortas: Las condiciones materiales de opresin imponen prcticamente a la nacin burguesa sobre la proletaria. En este caso, la lucha proletaria antes de lograr una revolucin comunista, debe lograr postular una posicin proletaria nacional. La lucha proletaria debe considerar como parte suya la lucha nacional, la lucha por la nacin: primero contra el enemigo extranjero; segundo contra la burguesa nacional que tiende a imponer su programa nacionalista burgus de modo pleno [461]. El problema que surge aqu es si la burguesa nacional, en este caso la mexicana, est dispuesta a enfrentarse mortalmente al enemigo extranjero, a los EEUU. Todo indica que no.

El avance en la posicin proletaria nacional se sostiene como mnimo en cuatro grandes luchas sociales: lucha laboral y salarial contra la nacin burguesa; lucha por extender la red de relaciones procreativo-culturales garantes del sujeto social proletario y popular en general; la lucha por reducir el tiempo de trabajo y aumentar el tiempo libre; y la lucha por la ecologa y medioambiente, y por la libertad sexual [462]. En realidad, es una lucha contra el fetichismo burgus, como muy bien afirma el autor. La nacin trabajadora, la nacin proletaria, los pueblos militantes, los pueblos trabajadores, estas y otras formas de definir la misma realidad, se enfrentan bsicamente, y sin mayores precisiones ahora, a la cudruple lucha resumida por J. Veraza.

Otra demostracin de la efectividad abarcadora y de la capacidad de llegar al secreto de la explotacin imperialista que tiene el concepto de pueblo trabajador, la encontramos en el resumen de las imposiciones reaccionarias que ha sufrido el pueblo mexicano a lo largo de 2013. M. Aguilar Mora analiza cmo ha sido el proceso de privatizacin y liberalizacin impuesto a Mxico por la burguesa segn los mandatos del Consenso de Washington, en especial sobre educacin, poltica tributaria y energa, vendiendo incluso los recursos energticos estatalizados que garantizaban un poco la independencia energtica del pas: es el pueblo trabajador [463] el que sufre tales golpes, o sea la mayora amplsima de la poblacin nacional que no tiene acceso al poder. Sin embargo, aunque los golpes asestados al pueblo trabajador mexicano han sido muy duros en 2013, a pesar de ello est demostrando un poder de recuperacin enorme, como indica G. Almeyra cuando describe los muy variados y diversos movimientos obreros, populares, culturales, sociales, feministas, indgenas y autctonos, contra la corrupcin y la droga, en defensa de lo pblico y colectivo, etctera, que van surgiendo en Mxico, sin olvidarse de las patrullas de autodefensa popular, y concluye:

Lo importante es que hoy se mueven pueblos enteros y no detrs de lderes, sino creando dirigentes para cada accin y cada lucha. Es la auto organizacin, la creacin de experiencias de poder local, la disputa al semiestado del monopolio de la violencia legtima. Es el aumento de la autoconfianza y de la creatividad social, que une elementos restantes de la vieja vida comunitaria en descomposicin con mtodos y objetivos propios de un nuevo poder democrtico y popular. Por supuesto, nada nace puro y en los nuevos movimientos puede infiltrarse gente que quiere que otros le eliminen a su enemigo. Pero la vigilancia comunitaria puede reducir su impacto. Hoy estamos viendo nacer las bases de una nueva bola [464].

Tiene razn A. Gilly cuando denomina como despojo nacional el saqueo masivo de las riquezas de Mxico por la alianza entre su gran burguesa y el imperialismo yanqui: La voz de alarma contra el despojo de la nacin y de su pueblo llega a tiempo y tendr eco en todo el territorio nacional y ms all. () Urge ahora sumar y organizar, revertir la corriente y detener el despojo, la represin y la violencia [465]. Debemos pensar que el despojo nacional no lo sufre slo Mxico, sino que se trata de una agresin en toda regla del imperialismo yanqui y europeo que afecta a todas las Amricas en mayor o menor medida, con efectos demoledores a largo plazo [466] si no son derrotadas por los pueblos. Las derrotas populares se pagan caras, y salir de ellas exige nada menos que la conquista del poder y, sobre, la creacin de un poder nuevo. S. Levalle y L. Levin entrevistaron al dirigente campesino R. Alegra que respondi lo siguiente: Tenemos que tomar el poder para que nos dejen de joder [467], en alusin a las brutalidades represivas sociopolticas practicadas despus del golpe de Estado de 2009 realizado con la colaboracin de los EEUU.

Pero el imperialismo yanqui no se detiene en su intento de recuperar lo que defini como su patio trasero mediante una estrategia con mltiples tcticas: una de ellas es Alianza del Pacfico que ha eliminado en un 92% los aranceles para los productos de Mxico, Colombia, Per y Chile [468], medida imposible sin el impulso norteamericano. Otra es la mejora, ampliacin y extensin de su ayuda militar, que en la prctica busca cerrar el cerco militar de Brasil y Venezuela fundamentalmente, como demuestra A. Boron [469]. Podramos seguir enumerando varias tcticas ms integradas en la estrategia norteamericana, pero nos remitimos a la tesis de la dominacin de espectro completo norteamericano [470].

Se equivoca quien crea que el despojo nacional slo afecta a Mxico y a su pueblo trabajador, o en todo caso a las Amricas. En realidad, el saqueo de las naciones por el imperialismo es una dinmica mundial ciega y frrea. Basta una sola razn para comprender sus causas: El aumento de la deuda total en el mundo sigue sin detenerse, sobrepasando en ms de tres veces al PIB global [471]. Quiere esto decir que el capitalismo flota en un ocano de deuda insondable que crece y crece pese a todos los intentos de recortarlo, que amenaza por tragrselo hasta los fondos abisales si antes la burguesa imperialista no machaca a las clases y naciones explotadas para, con su sangre, taponar las vas de agua que lastran cada vez ms a la civilizacin del capital. Una deuda de ms del triple del PIB mundial es impagable mediante la democracia burguesa: slo podra hacerlo una agresin salvaje, permanente e inhumana del capital contra el trabajo. Adems, la democracia burguesa es definitivamente incapaz de controlar el arrasador poder econmico y poltico que van adquiriendo los fondos de pensiones y de inversiones, cuyo patrimonio equivale ya al 75,5% del PIB mundial, habindolo incrementado en un 31% ms desde el inicio de la crisis en 2007 [472]

Esta es la experiencia que se reafirma conforme el capital financiero va desplazando del poder a otras fracciones de la burguesa imperialista. Este proceso empez tmida pero de forma imparable hace varios siglos: Hasta el siglo XV, reyes relativamente dbiles podan confiscar todava las grandes fortunas de los banqueros, como lo hizo el malagradecido Lus XI con Jacques Coeur, quien le haba financiado todas sus guerras en favor de la unidad de Francia. Pero en el siglo XVI el emperador Carlos V, diez veces ms rico y ms poderoso, no pudo ya cancelar sus deudas con los banqueros de Alemania y Amberes. El poder econmico haba cambiado en forma decisiva a favor de la clase capitalista [473]. Fue el capital financiero holands y alemn el que quit el poder a las monarquas medievales. Con el trnsito de la fase colonialista a la imperialista, esta tendencia iniciada en los siglos XV-XVI peg un salto tremendo como se demostr en las exigencias del capital financiero britnico e internacional a antiguos grandes imperios venidos a menos, destrozados por las deudas, como eran el turco, el chino y el ruso, atrapados por las deudas financieras a finales del siglo XIX:

La utilizacin de la deuda externa como arma de dominacin ha jugado un rol fundamental en la poltica de las principales potencias capitalistas a finales del siglo XIX y a comienzos del siglo XX en relacin con aquellas potencias de segundo orden que habran podido pretender acceder al rol de potencias capitalistas. El imperio ruso, el imperio otomano y China solicitaron capitales internacionales para acentuar su desarrollo capitalista. Estos Estados se endeudaron fuertemente bajo la forma de emisin de bonos pblicos con prstamos en los mercados financieros de las principales potencias industriales. En el caso del imperio otomano y de China, las dificultades encontradas para reembolsar las deudas contradas los pusieron progresivamente bajo la tutela extranjera. Las cajas de deuda son creadas, gestionadas por funcionarios europeos. Estos ltimos mandaban sobre los recursos del Estado a fin de que cumpliese con los compromisos internacionales. La prdida de su soberana financiera condujo al imperio otomano y China a negociar el reembolso de sus deudas contra concesiones de instalaciones portuarias, lneas de ferrocarriles o enclaves comerciales. Rusia, amenazada por la misma suerte, utilizar otro camino tras la revolucin de 1917, repudiando todas las deudas externas consideradas como odiosas [474].

La salida revolucionaria bolchevique, basada en la fuerza de los pueblos explotados por el dependiente y dbil imperio zarista, sera luego seguida por el pueblo chino, mientras que el decrpito imperio otomano fue testigo de una revolucin poltica que instaur la repblica en 1923. Las tres grandes potencias caan a manos del imperialismo financiero-industrial y de sus pueblos. No hay duda de que esta experiencia aliment, junto a otras muchas, la elaboracin de la teora del imperialismo realizada por varios marxistas y socialistas, entre los que destac Lenin por su capacidad de sntesis: advirti que el imperialismo azuzara las luchas de liberacin nacional de los pueblos trabajadores, y tuvo razn.

En la medida en que el capitalismo necesita de ms y ms apropiacin y privatizacin de los escasos recursos pblicos y comunes, colectivos, que todava quedan en el planeta, empezando por la total mercantilizacin de la especie humana como la fundamental fuerza de trabajo, para controlar en lo posible esa hiper gigantesca deuda irresoluble, en esa medida los pueblos y las clases explotadas se enfrentarn vitalmente al dilema de su supervivencia. La mercantilizacin de todo, de la vida misma, est en el borde del punto crtico, cualitativo, de no retorno. Un ejemplo aterrador lo tenemos en el hecho de que en el mercado capitalista de la salud humana se venden ya los historiales clnicos [475] personales y supuestamente inviolables, por no extendernos a otros datos sobre nuestra vida privada.

Peor an, el imperialismo contraataca reforzando sus enormes medios represivos, movilizando a las burguesas colaboracionistas y colonizadas, antes llamadas burguesas nacionales, para revertir las luchas de los pueblos por la recuperacin de las tierras colectivas privatizadas, por la defensa del contenido comunal y pblico, social, de las que todava siguen siendo, y todo indica que el imperialismo est logrando detener y revertir [476] la pasada oleada de luchas mundiales por la tierra comn. La defensa y recuperacin de lo comunal, de la tierra, y del excedente social colectivo, ha sido siempre uno de los desencadenantes de las luchas sociales desde que existen registros histricos fiables, luchas realizadas en cooperacin autoorganizada [477]. Que esta permanente experiencia histrica est sufriendo ahora una fase de estancamiento y retroceso tras otra previa de ascenso y expansin, muestra la decisin estratgica del imperialismo por aplastar a las clases y a los pueblos, por elevar el despojo nacional a despojo mundial.

La dialctica entre el contenido y sus formas reales se expresa de nuevo aqu, ya que el despojo nacional es a la vez mundial, desarrollndose su contenido a nivel mundial y sus formas reales a escalas estato-nacionales y ms destructoramente todava, a escalas slo nacionales cuando son pueblos oprimidos a los que se les impide crear su propia autodefensa internacional mediante Estados propios, democrtico-radicales o socialistas. En Europa, el contenido esencial del despojo, de la desposesin generalizada, se realiza mediante la misma triloga que se aplica contra el resto de la humanidad, la denominada por C. Lapavitsas como santsima trinidad: austeridad, liberalizacin, privatizacin [478]. En los Estados y pueblos no imperialistas, la privatizacin, la austeridad y la liberalizacin empezaron a aplicarse bajo la dictadura del FMI, BM, GATT-OMC, etc., con el apoyo del imperialismo a comienzos de la dcada de 1970:

El plan del FMI era riguroso. Para empezar, instaba al gobierno a devaluar la moneda del pas a efectos de desanimar las importaciones e incrementar las posibilidades de exportacin de sus productos. Lo que se pretenda con dicha poltica era el abandono de la tendencia a la sustitucin de importaciones y a la adopcin de una economa orientada a la exportacin. En segundo lugar, el gobierno tena que desalentar los aumentos salariales para mantener al mnimo la necesidad de importar bienes. En tercer lugar, el FMI exiga la reduccin del gasto pblico y la contraccin del papel del Estado en la economa (no ms controles de precios ni subvenciones). En cuarto lugar, el Estado tena que vender los activos del sector pblico y potenciar la empresa privada. Por ltimo, el Estado tena que acortar la oferta monetaria y subir los tipos de inters a fin de inducir una disciplina fiscal [479].

Las formas y tcticas concretas de aplicacin de la trada neoliberal en la UE y de los cuatro ejes vistos en el llamado Sur o Tercer Mundo, varan segn las circunstancias pero siempre recurren a grados de violencia injusta muy superiores a las resistencias populares y obreras con las que chocan. As en la UE las violencias son aplicadas con la fra lgica del laboratorio [480] represivo como explica I. Niebel, laboratorio que ha realizado en Hamburgo uno de los ms recientes experimentos prcticos, mientras que a escala ms amplia, el imperialismo aplica la represin en muchos casos mediante brutales presiones de diverso tipo [481]. Es necesario aadir que se trata de un laboratorio en proceso de privatizacin parcial, a la vez que estrechamente unido a aparatos internos de los Estados imperialistas y que no hace reparos en buscar el ms alto beneficio econmico en el menor tiempo posible, como indica A. Borra [482]

Los cuatro puntos, que son formas reales de la triloga del contenido, conllevan adems de la concentracin y centralizacin de la propiedad y del poder en una minoritaria burguesa local que los aplica sin piedad cumpliendo las rdenes imperialistas, tambin y por ello mismo implica el debilitamiento cualitativo y prctico, que no apariencial, todava, del Estado independiente. Adems, como efecto, conlleva que la nacin trabajadora, o nacin proletaria tal como la nombra Veraza, se enfrente a la inmediata necesidad de reconquistar la independencia estato-nacional real para, a la vez, reconquistar los derechos colectivos machacados por la nacin burguesa colaboradora con la invasin socioeconmica y poltica extranjera. Y quien habla de nacin proletaria habla de pueblo proletario, o como dice G. Lpez y Ribas: la nacin-pueblo:

Los distintos agrupamientos polticos democrticos requieren plantearse los trminos posibles de la existencia de una nacin de nuevo tipo: una nacin popular, pluralista y democrtica. Desde el surgimiento de las sociedades nacionales, se configura un sujeto sociopoltico integrado por las clases explotadas y desposedas, obreros, campesinos, sectores de la intelectualidad, las entidades socio tnicas subordinadas. Este conjunto de clases y grupos sociales subalternos, que forman el pueblo , va integrndose a los procesos de conformacin de la nacin en una permanente lucha por sobrevivir y desarrollarse, por romper con los esquemas de dominacin y explotacin capitalistas 10 He utilizado la categora nacin-pueblo para referirme al proceso de construccin de una nacin alternativa a la hegemnicamente existente y en el cual pueden participar potencialmente todos aquellos sujetos socio-polticos que de una u otra forma estn siendo explotados, marginados, excluidos o negados por el Estado globalizado [483].

La flexibilidad en el uso de los conceptos abiertos e incluyentes es una caracterstica del mtodo dialctico como estamos comprobando es estas pginas. Vemos cmo el marxismo simultanea expresiones como clase obrera, clase trabajadora, gentes del trabajo, masas explotadas, naciones proletarias, y un largo etctera. Alexandra Vallacis y Dax Toscano aplican el mtodo dialctico en el caso concreto de las represiones sanguinarias del imperialismo contra el pueblo colombiano, abriendo este concepto, pueblo colombiano, al resto de los pueblos masacrados del mundo en una demostracin muy vlida del potencial cientfico-crtico de la dialctica materialista: tras explicar la continuidad del terrorismo nazi, del francs en Argelia y del norteamericano en Amrica Latina, aaden: El pueblo, en general, se constituy en el principal enemigo de las fuerzas militares y policiales [484]. Aqu, el pueblo, en general hace referencia a la humanidad trabajadora en su conjunto, la que sufre la ferocidad del imperialismo.

La necesidad ciega del capitalismo de intentar abrir una nueva fase expansiva que, al menos, reduzca un poco esa casi inconcebible masa de deuda mundial --ms del triple del PIB global, nunca lo olvidemos--, es frenada por la casi incontrolable autonoma propia de las instituciones capitalistas que proliferan desde hace dcadas, y tambin es frenada por el resurgir de las diferencias interimperialistas. Como resultado, surgen nuevas formas y nuevos contenidos de opresin nacional antes inexistentes, como se aprecia en lo que hemos dicho sobre la prdida de independencia socioeconmica y poltica efectiva de los Estados dbiles. Dinmica que se materializa no slo en el plano estricto de la lucha de clases sino tambin en el de la lucha de liberacin nacional ya que, ahora, bajo la dictadura del euro dirigido por euroalemania [485], incluso pueblos formalmente independientes estn sin embargo sufriendo una nueva opresin nacional ya que:

quizs donde se hace ms patente la merma de la soberana nacional es en poltica monetaria. Muchos gobiernos han cedido la capacidad legal de emisin de moneda a corporaciones privadas o semiprivadas. El pblico en general desconoce esta realidad, pero lo cierto es que la Reserva Federal de los Estados Unidos es un consorcio privado, integrado desde su fundacin por 13 bancos privados de Europa y Amrica. Otros muchos Bancos Centrales, como el de Inglaterra, son igualmente privados. Tambin es poco conocido el papel que juega el Banco Internacional de Pagos (el BIS o Banco de Basilea, con sede en Suiza), que es el Banco Central de los Bancos Centrales, y del que dependen en buena medida las polticas monetarias de la mayora de los pases. El BIS es una poderosa herramienta globalizadora en manos de corporaciones privadas y trabaja en detrimento de las soberanas nacionales [486].

La soberana monetaria es una de las bases de la independencia nacional, no la nica, aunque imprescindible junto a otras, pero en el capitalismo actual esa soberana fiscal slo es factible en el contenido de la independencia nacional de clase de la nacin proletaria, trabajadora, de la nacin-pueblo.


11.- Algo sobre la alternativa

La re-elaboracin de la alternativa en el momento actual ha de pasar, antes que nada, por la actualizacin del sujeto revolucionario que debe tomar conciencia de la necesidad ineludible y urgente de mandar la cultura del trabajo al museo de la historia. No puede haber sujeto revolucionario, o sea comunista, que no se identifique con la abolicin del sistema salarial, de la esclavitud asalariada. S pueden existir colectivos, sujetos y hasta masas obreras y populares que luchen con ahnco por las denominadas reformas radicales, las que con sus conquistas y medios de doble poder mnimamente estabilizado impulsan la confianza y la organizacin de lucha hasta lmites cercanos a situaciones de doble poder.

Pero la diferencia esencial y definitiva, la que determina que ese proceso pre-revolucionario pueda convertirse en revolucionario, en su sentido de abrir la puerta de la historia cerrando la de la prehistoria, es que para entonces el pueblo trabajador, la nacin proletaria o como queramos definir ahora al sujeto colectivo, haya comprendido tericamente y acte prcticamente en funcin de esta praxis destinada a terminar con la esencia del capital: la mercantilizacin absoluta. O dicho de otra forma, el sujeto colectivo, el trabajo explotado, ha de ser consciente de que lucha para extinguirse l a l mismo como negacin primera para poder dar el salto a la segunda negacin, al comunismo.

El marxismo no es eso que llaman teora social pero en el caso imposible de que lo fuera, sera la primera y nica teora social, o corriente sociolgica que asumiese peligros y riesgos, y que se jugase la vida --como lo hace si realmente es revolucionario-- para crear las condiciones sociohistricas que conlleven su propia extincin como movimiento autoconsciente. El marxismo sabe que sus sacrificios conscientemente asumidos, y el verdadero placer subversivo inherente a la militancia comunista, esa tica de la lucha que ha subsumido partes del estoicismo y sobre todo del epicuresmo, van encaminados a generar las condiciones del salto histrico del reino de la necesidad al reino de la libertad. Bajo el dictado de la necesidad mercantilizada, toda praxis liberadora se basa precisamente en su deseada consuncin, en la consumacin de su objetivo como prueba material de la irrevocabilidad de su triunfo, de su auto-extincin.

De la misma forma en que desmercatilizacin y verdad son inversamente proporcionales, en ese mismo sentido pero ahora en proporcin directa lo son la extincin del trabajo y la libertad. El sujeto revolucionario actual debe asumir desde ahora mismo que cualquier conquista parcial, sectorial, local, nacional, estatal, interestatal, etc., slo puede desarrollar su potencia si avanza hacia el objetivo de la superacin histrica del valor de cambio, de la mercanca, de la ley del valor-trabajo. Es decir, la praxis del sujeto revolucionario ha de ser la praxis de la perspectiva histrica comunista.

La re-elaboracin de la alternativa ha de basarse a la vez, simultneamente, en las lecciones crticas aprendidas durante el desenvolvimiento prctico de la negatividad absoluta, es decir por las contradicciones irreconciliables que enfrentan al capital y al trabajo en el nivel del modo de produccin, y en los niveles concretos de las formas reales en las que se manifiesta el contenido explotador esencial del sistema. Son tres los puntos de antagonismo irresoluble entre el capital y el trabajo, los tres expresan lo bsico de la negatividad absoluta que los procesos revolucionarios reiteran en la prctica: la teora de la plusvala, la teora del Estado y la teora del conocimiento

Por procesos revolucionarios entendemos las oleadas ascendentes de luchas de masas que, en su fluidez, empiezan a cuestionar la capacidad de reproduccin del sistema, que no slo su capacidad de produccin. El debilitamiento de la capacidad de reproduccin afecta a la continuidad de la esencia del sistema por cuanto la reproduccin exige de la intervencin de todos sus recursos econmicos, polticos, militares, culturales, etc., es decir, la crisis de reproduccin como el momento crucial en el que la clase explotadora recurre como solucin in extremis a lo poltico-militar para derrotar definitivamente y por un largo perodo a la clase explotada. A grandes rasgos, las oleadas de luchas de clases que an no llegan a debilitar la reproduccin del sistema, estas oleadas todava son pre-revolucionarias.

La burguesa toma conciencia de que su capacidad de reproduccin como clase dominante est entrando en situacin de peligro, es decir, que empiezan a parpadear las luces rojas de alarma, cuando el movimiento obrero y popular en ascenso est dando el salto cualitativo de la mera lucha por la redistribucin de la riqueza y de la mejora de la democracia burguesa, a la lucha por la socializacin de la propiedad y por la instauracin de la democracia socialista, por la transformacin cualitativa de la produccin y por la extincin del trabajo. El capital se percata de que su supervivencia empieza a estar en peligro cuando el trabajo explotado y alienado empieza a ponerse como objetivo terico y poltico acabar la fetichizacin mercantil que l hace de si mismo. Mientras se siente a s mismo como mero capital variable, peor an, como simple trabajo muerto sumisamente resignado al eterno desempleo, entonce el capital se sabe seguro porque el ejrcito industrial de reserva es una de las ms poderosas armas contrarrevolucionarias.

De este modo, llegamos al tercer punto sobre la re-elaboracin de una alternativa contra el capitalismo contemporneo: debe demostrar terica y prcticamente la continuidad formada por la propiedad privada, la produccin de valor y la reproduccin de las condiciones ampliadas de produccin. La vida explotada entera ha de ser sometida a la crtica radical ya que dejar en paz siquiera a un pequeito espacio y tiempo, permitirle ser una especie de isla de paz social al margen de la lucha de clases, es darle al capitalismo una posibilidad de recuperacin que ser aprovechada de inmediato. Muchos de los procesos revolucionarios se han empezado a pudrir internamente porque las izquierdas no han realizado una lucha total contra las mltiples reas en las que se regeneran de forma desigual por combinada la propiedad, la produccin y la reproduccin.

El camaleonismo de la opresin patriarcal es extremadamente eficaz para camuflarse bajo los colores ms adecuados para lograr su invisibilidad. Frecuentemente, muchas izquierdas y fuerzas que se dicen internacionalistas estn podridas internamente por un nacionalismo opresor latente que se activa en momentos determinados. El opio religioso en sus mltiples expresiones puede adquirir tantas formas como quieran sus jerarquas, facilitando as la perpetuacin del orden de lo irracional y de lo reaccionario aunque aparentemente domine la laicidad oficial. La mente sumisa, necesitada de la obediencia a la figura del Amo protector y gua por entre este valle de tinieblas que es realmente la malvivencia precarizada e incierta en su angustia atemorizada, esta estructura psquica de masas dormita medio en vela, semidespierta, a un paso de despertarse entre rugidos neofascistas y atrocidades nazifascistas. La fina educacin cosmopolita que oculta un racismo sociobiolgicista y neodarwiniano que se autojustificar en deliberadas falsificaciones pseudocientficas.

La subcapa de irracionalidad cotidiana que burbujea bajo los espacios en los que las izquierdas no penetran para introducir en ellos la lucha implacable contra toda reaccin, estos estratos internos son efectivamente manipulados y alimentados por la hidra de las mil cabezas del sistema dominante. Cuando las izquierdas no actan en ellos, lo hacen durante muy poco tiempo, durante un instante, el ONGismo de la charlatanera reformista hasta que, bien pronto, va siendo desplazado o bien por la izquierda o bien por la derecha, o por ambos. Desgraciada pero significativamente, suelen ser estas fuerzas las que deciden incluso desde el principio las luchas descoordinadas iniciales pueden avanzar hacia una situacin pre-revolucionaria, por no hablar del escenarios ulteriores en los que lo imposible se transforme en posible y esto en probable.

Y para que, en cuarto lugar, no se vuelva a darse aquella verdad de que La tradicin de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos la re-elaboracin de la alternativa ha de asumir que es eso, una re-elaboracin, o sea, que ha de integrar crtica y autocrticamente, creativamente, todas las desconocidas y silenciadas, o negadas, victorias del movimiento revolucionario mundial, que las ha habido y muchas, ms de las que creemos apesadumbrados por la eficaz contrainformacin de la industria poltico-meditica. La izquierda se flagela, no se autocritica, cuando dedica el grueso de sus esfuerzos tericos a explicar las derrotas sufridas, pero apenas a teorizar y divulgar las victorias logradas, hitos mayores o menores que se demostrarn nicos e impresionantes en la historia humana al ser cuantificados segn el materialismo histrico y teorizados segn la dialctica materialista.

Un error garrafal de las izquierdas es utilizar con suma frecuencia la lineal, mecnica y reaccionaria interpretacin burguesa de la historia. Aceptar una especie de culpabilidad metahistrica no por el supuesto fracaso del comunismo --cosa que no se ha producido-- sino por el hecho de haber pensado en algn momento que el capitalismo, el mundo en s, puede y debe conocerse y puede y debe transformarse radicalmente. Otro error de la izquierda es no mostrar al mundo en la accin misma su orgullo tico y su dignidad y coherencia, dejando que sea la corrupta podredumbre del individualismo egosta burgus la nica referencia visible y posible. La re-elaboracin de una alternativa debe basarse en la actualizacin de aquella impresionante carta rescatada por G. Boffa escrita en verano de 1917 por un soldado ruso a su familia campesina y que aparece en La revolucin rusa, ERA, Mxico:, 1976, Tomo II, pgina 28:

Querido compadre, seguramente tambin all han odo hablar de bolcheviques, de mencheviques, de social-revolucionarios. Bueno, compadre, le explicar que son los bolcheviques. Los bolcheviques, compadre, somos nosotros, el proletariado ms explotado, simplemente nosotros, los obreros y los campesinos ms pobres. ste es su programa: todo el poder hay que drselo a los diputados obreros, campesinos y soldados; mandar a todos los burgueses al servicio militar; todas las fbricas y las tierras al pueblo. As es que nosotros, nuestro pelotn, estamos por este programa


Notas

[1] S. Amin: El capitalismo contemporneo, El Viejo Topo, Barcelona 2013, pp. 9-17.

[2] S. Amin: El capitalismo contemporneo, El Viejo Topo, Barcelona 2013, p. 26.

[3] M. Husson: Nueva Economa: capitalista siempre! Marx Ahora, La Habana, N. 13, 2002, pp. 53-67, y, por no extendernos: Hemos entrado en el capitalismo cognitivo? www.ips.org

[4] A. Spirkin: El origen de la conciencia humana, Platina, Buenos Aires, 1965, pp. 71-74.

[5] A. Lroi-Gourhan: Los cazadores de la prehistoria, Orbis, Barcelona 1986, p. 112.

[6] J. B. Fuentes Ortega: Biolgico (El conocimiento como hecho biolgico), Diccionario de Epistemologa, Trotta, Madrid, 2000, pp. 88-94

[7] J. B. Fuentes Ortega: Antropolgico (El conocimiento como hecho antropolgico), Diccionario de Epistemologa, Trotta, Madrid, 2000, pp. 47-53.

[8] Engels: Discurso ante la tumba de Marx, Obras Escogidas. Progreso. Mosc 1976, Tomo III, pp. 171-173.

[9] Marx: El Capital, FCE. Mxico 1973, Libro I, Capto XIII, pp. 302-403.

[10] P. Rieznik: La pereza y la celebracin de lo humano, Contra la cultura del trabajo, Ediciones. r&r, Buenos Aires 2007, pp. 125-130.

[11] P. Rieznik: La pereza y la celebracin de lo humano, Contra la cultura del trabajo, Ediciones. r&r, Buenos Aires 2007, p. 113.

[12] P. Rieznik: La pereza y la celebracin de lo humano, Contra la cultura del trabajo, Ediciones. r&r, Buenos Aires 2007, p. 118.

[13] P. Rieznik: La pereza y la celebracin de lo humano, Contra la cultura del trabajo, Ediciones. r&r, Buenos Aires 2007, p. 122.

[14] A. Jappe: Junto a Marx, contra el trabajo, Pensar desde la izquierda, Errata naturae, Madrid 2012, pp. 101-115.

[15] Yannis Stavrakakis: La sociedad de la deuda. El sntoma griego, Errata Naturae, Madrid 2013, pp. 9-28

[16] L. Gill: Fundamentos y lmites del capitalismo, Trotta, Madrid 2002, pp. 535-644.

[17] T. Negri: Una poltica de lo comn, El sntoma griego, Errata Naturae, Madrid 2013, pp. 81-98.

[18] J. Osorio: Biopoder y biocapital. El trabajador como homo saber, Herramienta, Buenos Aires, N 33, Octubre de 2006, p.129. ,

[19] J. Fontana: Por el bien del imperio, Pasado&Presente, Barcelona 2013, pp. 819-822.

[20] J. Fontana: Por el bien del imperio, Pasado&Presente, Barcelona 2013, p. 931. .

[21] J. P. Garnier: Contra los territorios del poder, Virus, 2006, p. 22:

[22] F. Victoriano, Exclusiones en el contexto de una reflexin crtica. A modo de presentacin, Exclusiones. Anthropos, 2011, p. 10.

[23] .Marx, Crtica de la filosofa del Estado de Hegel, Crtica, OME 5, 1978, p. 59.

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[25] N. Davidon: Transformar el mundo, Pasado&Presente, Barcelona 2013, pp. 148-177

[26] Engels La situacin de la clase obrera en Inglaterra, Crtica, OME 6, 1978, p. 280

[27] Marx: Historia crtica de la teora de la plusvala, Venceremos, La Habana, 1965, volumen II, p, 394.

[28] T. Shanin: El marxismo y las tradiciones revolucionarias vernculas, El Marx tardo y la va rusa, Revolucin, Madrid 1990, p. 306.

[29] R. Dunayevskaya: El poder de la negatividad. Escritos sobre la dialctica en Hegel y Marx. Biblos, Buenos Aires, 2010, p. 209.

[30] R. Dunayevskaya: El poder de la negatividad, Escritos sobre la dialctica en Hegel y Marx. Biblos, Buenos Aires, 2010, p. 241.

[31] Marx, Prologo, El Capital, FCE, Mxico, 1973 Libro I, p. XXIV.

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[38] L. Gill: Fundamentos y lmites del capitalismo, Trotta, Madrid 2002, p. 597.

[39] Raya Dunayevskaya: El poder de la negatividad. Escritos sobre la dialctica en Hegel y Marx, Biblos, Buenos Aires 2010, pp. 303-321.

[40] Concepcin Cruz Rojo: El derecho al aborto, la opresin del patriarcado y la necesidad de la liberacin de las mujeres, 07-02-2014 www.matxingunea.org

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[44] AA. VV.: El capitalismo o la vida Transfeminismos. Txalaparta. Tafalla, 2013, pp. 91-176.

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[110] R. Dunayevskaya: Filosofa y revolucin. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao. Siglo XXI, 2009, pp. 105-106.

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[121] AA.VV.: La Enciclopedia, Salvat-El Pas, Madrid 2003, Tomo 14, p. 10.832.

[122] Hegel: Ciencia de la Lgica, Edic. Solar, 1982, pp. 247-316.

[123] R. Dunayevskaya: Filosofa y revolucin. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao. OPS. cit., pp. 108-109.

[124] R. Dunayevskaya: Filosofa y revolucin. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao. OPS. cit., p. 119.

[125] I. Mszros: Ms all del capital, Vadell Hermanos. Caracas 2001, p. 21.

[126] R. Dunayevskaya: Filosofa y revolucin. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao. OPS. cit., p. 36.

[127] R. Dunayevskaya: Filosofa y revolucin. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao. OPS. cit., p. 203.

[128] C. Brtolo: Lenin, El revolucionario que no saba demasiado, Catarata, 2012. pp. 40-42.

[129] C. Brtolo: Lenin, El revolucionario que no saba demasiado, Catarata. OPS. cit., p. 66.

[130] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, p. 96.

[131] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, p. 97.

[132] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, p. 113.

[133] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, p. 126.

[134] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, pp. 128-129.

[135] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, p. 133.

[136] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, p. 174.

[137] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, p. 191.

[138] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, p. 192.

[139] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, p. 193.

[140] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, pp. 196-197.

[141] Lenin: Cuadernos filosficos, Obras Completas. Progreso, Mosc, 1986. Tomo 29, p. 209.

[142] P. Hudis y K. Anderson: Introduccin. El poder de la negatividad, Biblos, Buenos Aires, 2010, p. 29-

[143] E. Bloch: El principio esperanza. Aguilar. Madrid 1977. Vol. III, p.479

[144] E. Bloch: El principio esperanza. Aguilar. Madrid 1977. Vol. II. Pg.: 192.

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[146] Susana Neuhaus: Discurso hegemnico: vaciamiento de la subjetividad, crisis, descomposicin y recomposicin de los vnculos (2002). Hegemona y emancipacin. Fbricas recuperadas, movimientos sociales y poder bolivariano. Milenio Libre. Caracas 2006, pp. 112-115.

[147] R. Dunayevskaya: Filosofa y revolucin. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao. OPS. cit., p. 114.

[148] J. R. Daz Caballero: Ms all del paradigma, Ciencias Sociales. La Habana, 2012, p. 22.

[149] Lenin: Qu hacer?, Obras completas, Progreso Mosc 1981, tomo 6, p. 181.

[150] Lenin: Resumen del libro de Aristteles Metafsica, Cuadernos filosficos, Obras completas, tomo 29, p. 336.

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[153] J. R. Daz Caballero: Ms all del paradigma, Ciencias Sociales. La Habana, 2012, p. 89.

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[155] E. Morin, La epistemologa de la complejidad, OPS. CIT., pp. 30-31.

[156] E. Morin, La epistemologa de la complejidad, OPS. CIT., p. 48.

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[158] C. Mass Narvez: La complejidad en la totalidad dialctica. Sociologas, OPS. Cit., p. 62.

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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