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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2014

Fascismo electoral, la democracia que no se atreve a decir su nombre

Antoni Jess Aguil
Pblico


Desde los aos 90, analistas como Boaventura de Sousa Santos vienen denunciando la presencia creciente de un nuevo tipo de fascismo a consecuencia de la ofensiva neoliberal. Consiste en una serie de procesos sociales a travs de los que grandes segmentos de la poblacin son expulsados o mantenidos irreversiblemente fuera de cualquier tipo de contrato social. A diferencia del fascismo poltico de 1930 y 1940, el fascismo social no implanta un rgimen de partido nico que sacrifica la democracia representativa. Ms bien se apropia de ella (e incluso la promueve) para chantajearla, comprarla, vaciarla de contenido y subordinarla a los dictados del capitalismo.

Hablar metafricamente de fascismo no es exagerado. Vivimos en democracias que, en lugar de construirse sobre la igualdad y legitimidad, lo hacen a costa de la igualdad y la legitimidad. En el contexto actual de radicalizacin neoliberal, el contrato social y democrtico est roto. La democracia representativa funciona en una parte significativa del mundo como cadena de transmisin de valores antisociales (corrupcin, elitismo, pobreza, represin, violencia, precariedad de lo pblico, entre otros) difundidos mediantes formas autoritarias y excluyentes de relacin que cada vez afectan a ms sectores de la poblacin y se extienden a ms mbitos de la vida. El genocidio social que Europa vive es testigo de ello: gente que se suicida, gente que pierde sus casas, gente que pasa hambre, gente excluida de la sanidad, etc. El fascismo es la transformacin deliberada de vidas humanas en material desechable. El neoliberalismo, en este sentido, es una forma de fascismo cuyo fin es deshumanizar, oprimir e incluso, como dice Pere Casaldliga, asesinar o hacer desaparecer a sus vctimas y adversarios.

Aunque Santos distingue varias formas de fascismo social, me permito introducir una variante complementaria: el fascismo electoral. Me refiero a la utilizacin interesada de los fundamentos institucionales del sistema poltico dominante (las elecciones partidarias competitivas) para pervertirlo y volverlo incapaz de servir al ejercicio del poder popular.

En sus Lecciones sobre jurisprudencia (curso 1762-63), Adam Smith ofrece sin reservas la hasta ahora mejor descripcin del fascismo electoral:

Las leyes y el gobierno, y esto es un hecho en todos los casos, pueden ser considerados como una coalicin de los ricos para oprimir a los pobres y para preservar en su beneficio la desigualdad de bienes que, de otra forma, sera destruida por los ataques de los pobres. El gobierno y las leyes impiden al pobre hacerse con la riqueza por medios violentos que, de otro modo, empleara contra los ricos.

El fascismo electoral se expresa, por tanto, en el predominio de intereses plutocrticos, comerciales y bancarios sobre el Estado, las elecciones, los partidos y el resto de componentes de la institucionalidad liberal, usados como palanca para agudizar la brecha de las desigualdades y la exclusin. El aparato del Estado no se encuentra bajo el control efectivo de un partido fascista, sino de las clases propietarias y del poder corporativo capitalista, que mediante financiacin electoral, sobornos, donaciones ilegales, alianzas con los medios de comunicacin y la dinmica de puertas giratorias (paso del sector pblico al privado o viceversa), entre otras estrategias, capturan el Estado y las instituciones internacionales para expandir su ideologa y obtener privilegios. El campo poltico-electoral funciona, pues, como un instrumento de dominacin clasista para establecer un Estado empresarial entregado al gobierno indirecto de las transnacionales y las entidades financieras, socavando la representatividad poltica y el sentido de las elecciones. Las instituciones representativas se vuelven, as, irrelevantes y las elecciones un falso ritual para entronizar a los miembros de la clase dominante que han de representar y aplastar al pueblo en el Parlamento (Marx). All donde opera el fascismo electoral, la ilegitimidad institucional es tal que la democracia representativa se vuelve un eslogan vaco: la gente vota, pero no decide; no vota a polticos, sino a funcionarios del capital; no se forman Parlamentos, sino Consejos de Administracin. En estas condiciones, no resulta extrao que, para salvar la democracia, primero haya que salvarse de ella.

No se trata de un fenmeno nuevo ni coyuntural. Las connotaciones fascistas de la democracia liberal siempre han marcado su historia con mayor o menor intensidad. Lo que ocurre es que hoy el neoliberalismo ha exacerbado estas connotaciones de manera obscena, sobre todo en el sur de Europa. La historia de la democracia representativa liberal es la historia de su apropiacin y vaciamiento de sentido por las clases propietarias dominantes. La Revolucin estadounidense fue llevada a cabo por acaudalados colonos blancos que no abolieron la esclavitud, ni garantizaron el voto a los varones sin bienes (y menos an a las mujeres), ni renunciaron al genocidio de los indios. Los padres de la Revolucin y artfices de la Constitucin no eran partidarios de la democracia, sino de un gobierno aristocrtico y antipopular. Por eso se preocuparon de introducir disposiciones legislativas que protegieran los intereses de comerciantes, dueos de esclavos y especuladores, evitando la distribucin democrtica de la riqueza y el poder poltico.

El fascismo electoral presenta, en su versin neoliberal, unos rasgos especficos que lo hacen identificable, entre ellos:

1) El poder de los no electos. Se trata del poder ilegtimo (en cuanto que no ha sido refrendado por mecanismos democrticos) e invisible (porque se sita fuera de los focos del poder formal) de quienes carecen de legitimidad de representacin pero gozan de capacidad para imponer decisiones (muchas veces con la connivencia de los electos) que afectan a la vida de las personas. Es el poder real de decisin de los mercados, lites empresariales, bancos centrales, organizaciones financieras internacionales, la Troika, agencias de calificacin, etc.

2) Privatizacin de la democracia representativa. El caso de Grecia e Italia, donde se suspendi la democracia electoral para instaurar gobiernos tecnocrticos al margen de procesos electorales, es demostrativo del poder de los no electos. En Italia, donde ninguno de los tres ltimos primeros ministros (Monti, Letta y Renzi) ha pasado por las urnas, el fascismo electoral ha alcanzado tintes dramticos. La banalizacin de la poltica y las elecciones ha propiciado la privatizacin de la democracia parlamentaria, conduciendo a un escenario marcado por la prdida de representatividad de las clases sociales y sus intereses, el desmantelamiento de derechos, el debilitamiento de la esfera pblica, la sustitucin de la poltica por el marketing electoral y la presencia en el seno de las instituciones de sociabilidades antipblicas y antidemocrticas.

3) Desconstitucionalizacin.  El fascismo electoral contemporneo no necesita derogar formalmente las Constituciones vigentes, le basta con no aplicarlas o con ponerlas a disposicin de los no electos para que las adapten a sus intereses particulares. La reciente abolicin del sistema pblico de atencin mdica primaria en Grecia, que prepara el camino para su privatizacin, demuestra que el fascismo adopta por la va parlamentaria formas nuevas, en este caso la de un apartheid sanitario legalizado.

4) Pseudobipartidismo. El fascismo electoral se sostiene sobre un sistema formado por dos partidos de masas mayoritarios (las dos muletas turnantes del gobierno, segn la expresin de Unamuno) que, a pesar de estar cada uno socialmente deslegitimado, an cuentan con la suficiente fuerza y fidelidad para someter la soberana popular a la voluntad elitista que mutila derechos y arrasa la democracia. Mediante distintos mecanismos (pactos de gobernabilidad, bloqueo institucional, reformas constitucionales exprs, mentiras electorales, blindaje frente a demandas democrticas, etc.), el sistema asegura la transicin ordenada entre partidos casi idnticos a merced de intereses antidemocrticos. Ello genera el espejismo de una libertad de voto que garantiza la continuidad del fascismo electoral, cuyos brazos parlamentarios actan como una suerte de guardia pretoriana que, en la prctica, hace trizas el derecho a elegir real y efectivamente. 

5) Demofobia. Durante siglos, democracia fue una palabra odiada por estar vinculada a las masas pobres e ignorantes, a las pasiones, la demagogia y la ingobernabilidad. Sin embargo, el miedo a la democracia sigue siendo una constante del fascismo electoral, pues no hay peor amenaza para las lites en el poder que la participacin popular. Como lo pone de manifiesto el antidemocratismo de Bobbio, nada hay ms peligroso para la democracia que el  exceso de democracia.

Urge combatir el fascismo electoral y sus efectos. Para ello es necesario intensificar y articular las luchas institucionales y extrainstitucionales que apuntan a la construccin de democracias reales. Lo que estas luchas tienen en comn, ms all de su diversidad, es el esfuerzo por democratizar la vida social, el poder econmico y el poder poltico. Hoy, las luchas por la democracia real se libran en tres frentes complementarios:

1) luchas por una democracia representativa capaz de hacer de las urnas y de la representacin poltica una conquista popular (leyes electorales proporcionales, democratizacin de los partidos, revocabilidad de cargos y funciones, rendicin de cuentas, rotacin y desprofesionalizacin, apertura a la participacin de organizaciones no partidarias, entre otras medidas).

2) Luchas por una democracia participativa y deliberativa (referndums vinculantes, ILP, presupuestos participativos, consejos sectoriales, plenos ciudadanos, democracia digital, etc.). Y

3) luchas por la complementariedad social e institucional entre formas de democracia radical (asamblearismo popular, organizacin desde abajo, autogestin, accin directa, etc.) y otras modalidades de participacin.

 

Antoni Aguil es filsofo poltico y profesor del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Combra

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/9284/fascismo-electoral-la-democracia-que-se-no-se-atreve-a-decir-su-nombre/

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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