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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2014

Para quin escriben los intelectuales?

Susana Merino
Rebelin


Leyendo medulosos artculos de reconocidos intelectuales, me he preguntado muchas veces, para quines escriben los socilogos, los economistas, los ensayistas de todo tipo que a no dudarlo con honestidad y profunda conviccin, en la mayora de los casos, se dedican a analizar la realidad de sus propios mbitos o la de las circunstancias que irrumpen en territorios ajenos. Y estoy llegando a la conclusin de que sus anlisis complican ms que aclaran el panorama para quienes intentan comprender situaciones tanto prximas como lejanas y que de repente tienen, sin embargo, la particularidad de asemejarse mucho ms de lo que pareciera a los que se viven cotidianamente en la mayor parte de las sociedades contemporneas.

En la mayora de los casos es probable que dichas situaciones deriven de las permanentes insatisfacciones reales y/o incentivadas por los conocidos mecanismos de oferta y de, correlativa frustracin econmica, de la demanda que van generando una acumulacin de presiones internas que en algn momento fatalmente terminarn por explotar.

Muchos de los anlisis a que me refiero, deberan poner el acento en la nocin de democracia real o en el de un socialismo democrtico y dejar un poco de lado la mencin de la izquierda como solucin a los problemas generados por el neoliberalismo, por cuanto dos circunstancias: el largo proceso de desprestigio de los regmenes socialistas y comunistas montado sobre el fracaso real de las experiencias vividas y la consiguiente mala prensa conspiran contra la potencial adhesin de mucha gente y su rechazo como eventual opcin de cambio. Estoy convencida que si queremos cambiar de sistema sin apelar a la efusin de sangre (contribucin casi exclusiva de aquellos a quienes pretenden favorecer los cambios) es necesario trabajar incansablemente en el esclarecimiento y la concientizacin no solo de las mayoras sino tambin de las clases medias las, con seguridad, ms difciles de sensibilizar an.

En cualquier lugar del mundo la frmula es la misma, simple pero difcil de aplicar: no hay justicia sin democracia ni democracia sin libertad. Solo este trpode, como cualquier otro volumen fsico mnimamente lo requiere, (excepto los seres vivos que pueden mantenerse sobre solo dos extremidades) puede sostener en equilibrio al edificio social. Todo lo dems se dar por aadidura de modo que mientras no se cumpla esta premisa las explosiones populares se reiterarn, alternativa o contemporneamente, sin nada que las impida, en los diferentes y menos imaginables sitios del planeta.

La casi imposibilidad de aplicacin de esta simple frmula en nuestras sociedades deriva del aprovechamiento que hacen quienes son los principales responsables de esas situaciones de hartazgo y de disconformismo y cuyo olfato detecta con inequvoca certeza la proximidad de esas explosiones colaborando en su estallido primero desde las sombras y ms tarde sin el menor prurito, desembozadamente, jams por generosidad, desde luego, siempre por conveniencia. No creo que valga la pena detenerse en si son de derechas o de izquierdas, porque en ningn caso sern garanta de que restablecido el orden darn respuesta a las inquietudes y a las angustias que las generaron. Esos no son, mal que nos pese, sus objetivos, que podrn estar relacionados, segn el momento y el lugar, con la venta de armas, con la apropiacin de recursos naturales, con especulaciones financieras o con todos ellos al mismo tiempo pero nunca con la insatisfaccin ciudadana ni, menos an, con un genuino inters por solucionarle sus problemas. Y yo creo que esa mecnica invasiva tiene mucho ms que ver con la idea imperialista de dominacin (que ha dejado de ser casi exclusiva de una nacin para comenzar a ser compartida o disputada por varias), que con la antigua tendencia a confrontar ideologas, que en definitiva tambin han sido indisimuladas formas de sometimiento.

No hay duda de que gran parte de la ciudadana es consciente de que los actuales sistemas de gobierno estn demasiado atravesados por la corrupcin y creo que vale la pena sealar dos cosas: la primera es que el acceso a la representatividad constitucional o a la funcin pblica no requiere ninguna clase de idoneidad, basta por lo general una buena oratoria, una pizca de audacia y si se le agrega una buena imagen mejor y la segunda que habra que desterrar juramentos tales como que Dios y la Patria os lo demanden que en realidad constituyen una burla instituyendo, en cambio, la obligacin de rendir cuentas al final de cada mandato, especialmente parlamentario, ministerial o de alta responsabilidad administrativa. De modo que as como para formar parte del Servicio de Relaciones Exteriores en nuestro pas se requiere haber cursado la carrera diplomtica (aunque luego se multipliquen las excepciones) y hasta para ser militar se exige el cumplimiento de una amplia currcula, para desempearse como funcionario de alto nivel o intendente o diputado o senador o gobernador o hasta presidente sera necesario haber sido formado en cursos no solo incluyentes de todos los aspectos sociales, econmicos, ambientales, etc. sino ms especficamente de sus interrelaciones y de una visin global local e internacional de las diferentes alternativas polticas existentes aun cuando los candidatos tengan y mantengan su propia ideologa. Es decir no a la improvisacin a que nos tienen tan habituados nuestros polticos, que hoy son verdes y maana azules, a veces rojos o hasta ms frecuentemente amarillos.

Lo que la gente tiene que saber y es hacia all adonde creo deberan dirigirse el esfuerzo de los intelectuales, explicndolo con claridad, de qu manera afectan la vida cotidiana, no solo las medidas palpables e inmediatas de sus gobiernos sino aquellas otras decisiones u omisiones que permanecen ocultas o disfrazadas y que van minando el sustrato bsico de la convivencia social. Solo por citar unas pocas podra mencionar la impagable deuda externa, la enajenacin de la tierra, el otorgamiento de privilegios para la explotacin de los recursos tanto renovables (aunque tambin expuestos al agotamiento sin retorno), como no renovables, la incentivacin de los agronegocios y sus consecuencias, la concentracin urbana, la postergacin in aeternum de un desarrollo territorial equilibrado, la concentracin poblacional en inmensos conurbanos de miseria junto a, sin embargo, la permanente aceleracin de la especulacin inmobiliaria, la transformacin de la burguesa nacional en el imperio de las corporaciones transnacionales y tantas otras.

En tal sentido los ensayos y los artculos, destinados a esclarecer a los lectores sobre temas, en gran parte econmicos, terminan dejando a mi criterio ms interrogantes que los que contestan. Parecen, por lo general escritos para el lucimiento de los autores ante sus colegas u otros intelectuales. De modo que no se encuentran y me preocupa, textos fcilmente accesibles al ama de casa, al taxista, al empleado de comercio, a la empleada domstica, que de una vez por todas expliquen con claridad qu es la deuda externa, el dficit fiscal, los parasos fiscales, los programas de ajuste, el FMI, el BM, las retenciones, la tercerizacin, la especulacin financiera y un inacabable lxico que he puesto as solo al correr y cuyo sentido no trasciende a nivel de la gente que debera comprender cmo y de qu manera influyen sobre su vida cotidiana, los mecanismos con que se les imponen y que se manejan en su nombre. Creo que es hora de vulgarizar y difundir muchos de esos conceptos. Habr que ver quin se toma la molestia, parece que a los partidos polticos (en vas de extincin) no les preocupa demasiado. Tal vez porque no son garanta cierta de competir con los tradicionales instrumentos caza-votos

Sin embargo creo que es urgente que quienes han accedido al conocimiento y han desarrollado capacidades analticas y de reflexin se impongan el deber de bajar estos conocimientos a niveles elementales y entre todos encontremos la manera de divulgarlos de introducirlos en las masas sociales, logrando su compresin y estimulando la necesidad de razonar, de relacionar causas y efectos y de advertir que toda esa gran problemtica global que la excluye y por la que resulta sin embargo la principal afectada se manifiesta en cada uno de los aspectos de la vida cotidiana y que solo conocindola ser posible encontrar soluciones ecunimes y verdaderamente acertadas.

No es necesario esperar el surgimiento de un gran lder. La sociedad debe serlo de s misma y solo podr lograrlo a travs del conocimiento, tarea larga y difcil, pero sin embargo nica garanta de evitar extremismos y enfrentamientos que solo seguirn favoreciendo a los de siempre o a los que la ambicin impulse a escalar y a detentar los resortes del poder, como es rutina, en tan solo su propio y exclusivo beneficio.

Los grandes lderes son como el flautista de Hammelin, capaz de arrastrar alegremente a los roedores de un mismo pas a su total exterminio con el agravante, si se quiere, que van sembrando a su paso ms contradicciones que certezas y generando enfrentamientos luego difciles cuando no imposibles de superar. Tampoco es inusual que quienes apuntan a convertirse en lderes y son capaces de encender el fervor popular desde el llano cambien abruptamente de rumbo cuando acceden al poder algo que sin duda sucede gracias a la inexistencia de mecanismos de control popular destinados a sancionar ese y otros tipos de traiciones, pero que se dan, se dan y hasta ahora no he escuchado a nadie realizar una propuesta poltica que intente evitarlas.

Los intelectuales y los polticos de buena fe, deben asumir su irrenunciable responsabilidad y poner manos a la obra para esclarecer a la sociedad y alumbrar as nuevos caminos para la convivencia pacfica y un edificable y posible bienestar comn.



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