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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2014

Votar no votar

Javier Sdaba
Rebelin


He ledo o escuchado en estos das, y supuestamente desde la izquierda, fuertes crticas en relacin a aquellos que no votan. La argumentacin va dirigida tanto contra los sujetos que no se acercan a las urnas como a favor de que objetivamente sera saludable la votacin para, as, trasformar nuestra pobre realidad sociopoltica. De los primeros se dice que se escudan en la comodidad y la indiferencia. Se tratara de un impuro purismo, de un ficticio progresismo, de una falta, en fin, de compromiso que no hace sino allanar el campo, ya bastante llano, a la derecha. Y desde un punto de vista objetivo, la participacin sera necesaria si no queremos que todo siga igual y manden, a sus anchas y sin oposicin, los de siempre. Como no solo me abstengo sino que trato de convencer a todo el que puedo de que tampoco vote, me gustara exponer, con brevedad, cuales son las razones de mi postura.

Antes de nada, deseara que quienes incitan a votar concretaran a qu partido poltico habra que hacerlo. En caso contrario, la afirmacin es completamente vaca. O, peor an, se convierte en una simple autoalimentacin del sistema, sea este aceptable o inaceptable. Y si se responde que es obvio que algunos partidos polticos son ms dignos de ser votados que otros, en modo alguno lo negar. Diferencias existen y estn a la vista. Pero la cuestin no es esa. El hecho de que se den diferencias no afecta a la sustancia de un sistema que se mantiene inamovible. Ms an, el acto de votar puede hacer que perdure sin que se modifique su estructura seudodemocrtica. Adems, una actitud moralmente respetable pide que cada individuo sea realmente libre y sus acciones estn guiadas por principios slidos y no por slogans. Si ningn programa le motiva y si no hay razn para dar un cheque en blanco, lo que tiene hacer es ser consecuente y no caer en la deleznable sumisin voluntaria. En cualquier caso, quien vote, y tiene todo el derecho de este mundo y del otro, debe reconocer que su decisin es pragmtica, posibilista y reformista; y no una palanca que mueve hacia la revolucin.

Respecto a la comodidad o indiferencia de los que se quedan en casa sin depositar el voto, no me cabe duda de que en muchos casos es cierto que existe comodidad o indiferencia. Hay quien da la espalda a los dems, mira alrededor con desprecio o simplemente sin ver. O que se tapa los ojos, de modo falsamente exquisito, ante el horror del mundo. Pero otro tanto podra decirse de muchos de los que votan. Depositan la papeleta por inercia, porque les han lavado el cerebro, por miedo, por el infantil ritual de lo que llaman deber ciudadano o por imbecilidad. Por eso, y es lo menos que se puede decir, habra que distinguir la abstencin pasiva de la abstencin activa. Es esta ltima la que deseo defender y lo har en varios pasos.

En primer lugar, considero que estamos dentro de unos poderes econmicos que casi todo lo deciden. Los partidos polticos se convierten en la larga mano que favorece los intereses de los que mueven los hilos. Y los medios de comunicacin funcionan como el blsamo que cura todas las heridas o los correveidiles que ayudan a que se trague la mentira ms mezquina. Siendo este el panorama, insertarse en el sistema es, de una manera o de otra, hacer que el poder en cuestin se perpete. Si alguien deseara que desapareciera el ajedrez, los dioses no lo quieran, sera absurdo limitarse a mover los peones. En segundo lugar, no me considero un miembro que se inscribe dentro de la Constitucin Espaola. Son muchas las razones pero basten estas. Se hizo a la trgala, ms como chantaje que como opcin, es ridculamente monrquica, nacionalista en su peor sentido y niega el elemental derecho a la autodeterminacin. Y, en tercer lugar, la democracia espaola no solo es raqutica sino que est organizada para que todo funcione como una noria. Un partido se pasa el testigo a otro de forma que todo siga igual por los siglos de los siglos. La noria da vueltas y vueltas sin que se vean ni ahora ni en el futuro transformaciones reales.

Podra continuar, pero he seleccionado algunas de las razones de por qu no hay que votar. El terreno en el que actuar es el social. Es ah en donde hay que buscar la alternativa que nos importe, el lugar en donde plantar la semilla de una poltica que sea radicalmente distinta a la actual. Lo poltico s, la poltica no. Ni tan puros que sin manos ni tan sucias que todo sea suciedad. Como una ltima objecin se me podra decir que es compatible ir mejorando lo existente desde dentro sin perder el pie de fuera. Sin duda. Solo que por experiencia creo que el pie de fuera acaba desapareciendo. Pero, nobleza obliga, pienso que mis argumentos son mejores que aquellos a los que me opongo. No pienso que son, obviamente, similares a dogmas. Y pienso tambin que si tuviera que votar lo hara por algn partido de izquierda con el que comparto ms de una idea y ms de un amigo. De momento, sin embargo, estoy convencido de que es mejor no votar. Que es ms fructfera la abstencin activa. Por cierto, la que ms teme el Poder.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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