Portada :: Mundo :: Relevo en el Vaticano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2014

Francisco, a un ao
Demasiadas expectativas

Bernardo Barranco V.
La Jornada


Sin duda, la presencia de Bergoglio en la cabeza de la Iglesia ha sido refrescante. A un ao del pontificado podemos advertir claramente las enormes expectativas que ha despertado para renovar tanto el estilo de la Iglesia as como el esfuerzo que el Papa infunde para dialogar con la cultura moderna. Los obstculos que enfrenta Francisco son inmensos y son notables las resistencias internas. El hecho de ser latinoamericano ha desacomodado el eurocentrismo con que se conduca la Iglesia y ofrece un nuevo lenguaje simblico.

Francisco, tanto para la sociedad secular como para los propios catlicos, representa oportunidades y esperanza de innovaciones que despierten el entusiasmo en un catolicismo (institucin/doctrina) que pareca haberse encapsulado hermticamente en la tradicin. Digmoslo de otra manera: en Francisco se respira aquella atmsfera de aperturas en torno al Concilio. El Papa opta por el dilogo en vez de evangelizar a bastonazos inquisitoriales.

Sin embargo, Bergoglio ha enfrentado obstculos. Primero, fue impugnado por catlicos progresistas, quienes denunciaron condescendencia golpista y su actitud de silencio cmplice con la dictadura militar argentina. Despus la derecha catlica se escandaliz por sus posturas frente a la pobreza, la injusticia y sus dursimas crticas al sistema econmico. Sin embargo, el motivo de mayor preocupacin es su nueva actitud frente a las mujeres, divorciados y especialmente ante los homosexuales. Sin que haya cambiado una coma de la doctrina de la Iglesia, Francisco ha provocado colapsos e infartos entre los viejos dinosaurios de la fe, quienes no dudan en corregirlo o interpretarlo. Se le acusa tambin de guardar un incierto estilo populista, de talante peronista, simultneamente conservador y progresista, con proclividad a satisfacer a las audiencias que tiene enfrente. Otros piden una lectura pastoral de Francisco, quien acompaa con apertura y bondad las vicisitudes de su grey. Por otra parte, la burocracia romana tiembla ante las anunciadas reformas de la curia y la financiera.

Pese a las crticas, el peso de Francisco durante este primer ao se sustenta en su inmensa popularidad. Son apreciados los cambios introducidos por este Papa: sencillez, humildad y austeridad. Francisco despresuriz la presin meditica que clamaba nuevos escndalos institucionales; en cambio, el nuevo Papa introdujo diferentes temas en una agenda estropeada por los escndalos de pederastia y encubrimiento institucional. Declarado el hombre del ao 2013 por diversas revistas, muchos sondeos y encuestas locales lo refrendan. Por ejemplo, la encuesta realizada por Univisin en 12 pases de los cinco continentes nos muestra un sorprendente grado de aceptacin de desempeo del papa Francisco entre los catlicos, con 97 por ciento, que lo califica de excelente a bueno. Curiosamente, en Mxico la calificacin de Francisco es de las ms bajas; 23 por ciento le atribuyen desempeo mediocre a malo. Ya lo hemos tratado: sin duda se debe a la apata y deficiente recepcin que los obispos mexicanos han tenido del papa Francisco y de sus reformas.

Es importante recordar que Bergoglio asciende al pontificado tras el desfondamiento de los sectores conservadores de la Iglesia. Este conservadurismo que se impuso despus del Concilio, acusando al progresismo de llevar al caos a la Iglesia por una apertura indiscriminada a la modernidad que conducira irremediablemente a la prdida de identidad. Paradjicamente este mismo conservadurismo clerical provoc la debacle de la Iglesia, una crisis de quebranto del capital moral y de la autoridad religiosa. Las luchas palaciegas, las intrigas curiales y la lucha por el poder bajo Benedicto XVI slo mostraron que el pacto conservador se fractur. Bergoglio asciende en medio de dicha fractura. Ratzinger simboliza toda esta crisis: un papa deprimido que de manera inesperada abdica a su trono. Como dira el telogo jesuita Gonzlez Faus: El problema ya no es el Papa, el problema es el papado. La crisis de corto plazo es la dramtica confrontacin curial, recogida en el Vatilileaks. La crisis de largo plazo es repensar el modelo vertical y centralizador de la Iglesia hizo que crac con Benedicto.

El gran mrito de Francisco es el retorno a lo pastoral. Tanto en entrevistas como en su exhortacin apostlica Evangelii Gaudium, el Papa afirma la opcin pastoral como eje de su pontificado. De ah que cuestione el clericalismo, es decir, el eclesiocentrismo, y sobre todo el estilo burocrtico y monrquico de muchos actores religiosos. Es evidente que Bergoglio no modificar la tradicional doctrina de la Iglesia ante temas como celibato, sacerdocio femenino, aborto. Pero ha dejado claro que el Papa no va absolutizar la agenda moral como obsesin. Y s ha insistido en abrir otras agendas pastorales y sociales, como la opcin por los pobres, la defensa de los derechos humanos y de los migrantes, la justicia social y la crtica a la idolatra del poder y del dinero.

La luna de miel del papa Francisco ha terminado justo al cumplir su primer ao. Su manejo ante los cuestionamientos de la ONU sobre pederastia clerical y la supuesta renovacin de los legionarios han sido decepcionantes e inerciales. Todo el encanto de un religioso bien intencionado ha quedado atrs. Los gestos y los smbolos con que inici son importantes en las sociedades mediticas. Pero ni han resuelto la crisis de la curia romana, ni an significan una nueva y soada primavera eclesial. Podr Francisco cambiar la Iglesia desde arriba? Hasta qu punto las iglesias locales seguirn al Papa en la renovacin que propone? Realmente tendrn gran calado las reformas estructurales de la Iglesia? O ser una renovacin de saliva?

Francisco deber ir ms all de los gestos. Puede estar en juego un grandsimo desencanto ante las expectativas que el propio Francisco ha levantado. La Iglesia necesita una nueva sntesis de fe y cultura, nuevas hiptesis pastorales que le permitan acompaar con riqueza los grandes cambios de nuestra civilizacin contempornea. Retomar los pasos del Concilio Vaticano II, a 50 aos, sin nostalgias. An hay demasiada soberbia en la Iglesia. Por ello es necesario escuchar y abrirse a las demandas del mundo. O de plano convocar un Concilio Vaticano III que replante los horizontes.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/03/12/opinion/019a2pol



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter