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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-03-2014

Cambio de las reglas del juego: la socializacin de las prdidas

Bibiana Medialdea
Colectivo Novecento



Una vez que estalla la crisis, las reglas del juego mediante las que habitualmente se reparten los resultados de la dinmica econmica se dan la vuelta. Tengamos en cuenta que durante los mal llamados aos del boom de la economa espaola, las desigualdades sociales y econmicas en nuestro pas no slo no se redujeron, sino que, como se analiza en el siguiente captulo, aumentaron. Pensemos por ejemplo que, segn el Barmetro Social, entre 1999 y 2007 los salarios registraron un crecimiento nfimo en trminos reales, del 1%, y el subsidio de desempleo creci solo un 4%. Mientras, los beneficios empresariales crecieron un 50%, el valor de los activos financieros un 90% y el del patrimonio inmobiliario en torno a un 125%. Es decir, los resultados beneficiosos de la dinmica de crecimiento, por otra parte enloquecida desde el punto de vista medioambiental, se concentraron en un conjunto reducido de manos privadas, mientras que la mayor parte de la poblacin no vio mejorar sus ingresos, su acceso a los servicios pblicos o sus condiciones laborales.

Pero el estallido de la crisis cambia el rumbo de las cosas: lleg el tiempo de compartir, debieron pensar algunos. As, mediante diversos mecanismos, los grupos sociales que se apropiaron de las ganancias econmicas anteriores en forma de beneficios y plusvalas inmobiliarias y financieras, consiguen ahora que las prdidas directamente derivadas de sus prcticas temerarias se repartan entre toda la poblacin. Con qu criterio? El de la regresividad. Es decir: pagan, por una crisis que no han generado, proporcionalmente ms aquellos grupos sociales que menos renta y patrimonio tienen. Desglosemos brevemente cules estn siendo estos mecanismos perversos de socializacin de prdidas.

Por un lado, la recesin econmica que resulta del estallido financiero analizado en el captulo anterior impacta con mayor severidad sobre los colectivos con peores condiciones de partida. Por ejemplo, sabemos que los ms de 6 millones de personas desempleadas no se distribuyen de forma equitativa entre los distintos estratos sociales, sino que se concentran en los de menos ingresos y nivel formativo; de la misma forma que lo hacen los ms de 420.000 desahucios ejecutados desde que empez la crisis. Segn datos del Ministerio de Empleo, a partir de 2009 el crecimiento salarial no alcanza al de los precios, por lo que la capacidad adquisitiva de la poblacin asalariada retrocede desde entonces. Mientras, no es que la crisis no haya empeorado los sueldos de los directivos, es que han seguido creciendo! Los ejecutivos y miembros de direccin de las empresas que cotizan en el IBEX35 han pasado de cobrar un promedio de 873.666 euros anuales en 2007 a 1,07 millones de euros en 2011. La crisis no perjudica (incluso beneficia!) a los altos despachos en los que se gest; las prdidas se concentran a pie de calle.

Por otra parte, la crisis bancaria activa mecanismos adicionales de socializacin de prdidas. El ms explcito quizs sea el de los rescates bancarios: dinero pblico transferido a las entidades financieras privadas que acumularon ingentes beneficios, causaron la crisis, y que ahora acceden a nuestro dinero sin ofrecer contrapartidas a cambio. Por el momento no es posible ofrecer una cifra exacta, porque las operaciones son complejas y el proceso no ha finalizado, pero habra que contabilizar, al menos: a) el rescate bancario solicitado formalmente por el gobierno a la Comisin Europea a finales de 2012; b) los recursos empleados en la liquidacin y/o venta de cajas de ahorro; c) las inyecciones de capital a bancos nacionalizados; y por ltimo, d) el inminente desembolso asociado a la creacin del llamado banco malo. Teniendo esta ltima partida en cuenta, y segn las estimaciones que se han publicado en los medios, estaramos hablando de no menos de 120.000 millones de euros: aproximadamente un 12% del PIB.

Tambin conviene considerar que el Banco Central Europeo (BCE) ha concedido a los bancos espaoles ms de 340.000 millones de euros pblicos en forma de crditos a intereses reducidos. Se trata de crdito pblico en muy buenas condiciones y susceptible de usos alternativos para los que, sin embargo, no hay dinero: la creacin de empleo, el mantenimiento de servicios pblicos esenciales o el acometimiento de inversiones orientadas a reorientar nuestro modelo productivo, por ejemplo. En todo caso, dada la cuanta de la factura total, parece clara la necesidad de contar con un sistema bancario pblico que de verdad responda a los intereses mayoritarios; es decir, bajo control social efectivo. No hay otra forma de garantizar que esto no volver a ocurrir.

Casi simultneamente, segn la crisis bancaria deviene en fiscal, entra en escena un nuevo instrumento de socializacin de prdidas: la deuda pblica. Aunque el Estado haba mantenido sus cuentas muy saneadas durante los aos previos, la crisis las deteriora a gran velocidad. Por un lado el volumen de deuda pblica se dispara, en parte, debido a los rescates bancarios. Parece lgico que se plantee que hay componentes de la deuda, como precisamente este, que con rigor no debiera calificarse como pblica. Es imprescindible poner en marcha una auditora que permita arrojar luz sobre la cuestin, ya que incluso a simple vista se detecta que la ciudadana est pagando por una deuda que no le corresponde. No podemos olvidar que, al inicio de la crisis en 2007, aproximadamente el 62% del total de la deuda del pas provena de grandes bancos y empresas. Por qu tendramos que pagar todos esa deuda?

Por otro lado, adems de por el volumen creciente de deuda pblica, el problema fiscal procede de las condiciones en las que se financia esa deuda: unos tipos de inters artificialmente elevados, de los que se benefician los inversores financieros privados (en su mayora bancos) que compran los ttulos de deuda. Ese sobrecoste, que resulta inevitable comparar con los intereses favorables de los crditos que el BCE concede a los bancos privados, se convierte en un nuevo gasto pblico descontrolado. La nica forma de evitarlo sera contar con una institucin, ya sea espaola o europea, que bajo estricto control democrtico tuviera capacidad para gestionar la poltica monetaria en defensa del inters comn y no de los especuladores.

La ltima vuelta de tuerca se produce porque la creciente deuda pblica as generada es pagada, de nuevo, proporcionalmente ms por quien menos tiene. Esto se debe a que nuestro sistema fiscal es profundamente regresivo: comparemos el 10% de tipo efectivo al que tributan los beneficios empresariales, el 1% de las SICAV, o el fraude que en ms de un 70% se concentra en grandes empresas y fortunas, con el IRPF que se aplica sobre las rentas del trabajo de la mayora de la poblacin. Nuestro sistema fiscal opera como Robin Hood, pero al revs.

La situacin se agrava cuando para pagar la deuda se activan las polticas de austeridad, porque el deterioro de servicios pblicos y el recorte de prestaciones sociales golpean con ms intensidad, otra vez, a los grupos sociales ms vulnerables. Conviene aqu al menos recordar el impacto especfico que tienen algunos recortes como los aplicados sobre dependencia, escuelas infantiles o asistencia social sobre las mujeres que pasan a cubrir dichos servicios en el mbito familiar sin remuneracin ni derechos asociados como contrapartida. A lo que hay que aadir los efectos, tambin desigualmente distribuidos, de las reformas que se aplican para ganar la credibilidad de los mercados a los que hay que convencer, precisamente, de la sostenibilidad de nuestra deuda pblica. En este sentido, las reformas laborales o las de pensiones, ambas de nuevo con un impacto especfico sobre las mujeres trabajadoras, quizs sean los casos ms evidentes. El cuestionamiento del pago de una deuda pblica que no es tal, la instauracin de un sistema fiscal potente y muy progresivo, a la par que la reversin de las polticas de austeridad y las contrarreformas, son las nicas medidas que permitiran detener este perverso mecanismo. Se trata, en definitiva, de empezar a cuestionar las reglas del juego vigentes. Hay que cambiarlas, pero a favor de la mayora. Ya sabemos en qu resulta un funcionamiento econmico que gravita en torno a la obtencin de beneficios privados. Hemos comprobado qu papel juegan las necesidades y derechos de la mayora social, tanto en tiempos de auge como de crisis. Ha llegado el momento de atrevernos a pensar un verdadero cambio en las reglas del juego econmico. Urgen otras reglas radicalmente distintas, pensadas para el 99% de la poblacin. Unas reglas econmicas radicalmente democrticas.

Captulo 4 del libro Lo llamaban democracia. De la crisis econmica al cuestionamiento de un rgimen poltico (Colectivo Novecento).

http://colectivonovecento.org/2014/03/12/cambio-de-las-reglas-del-juego-la-socializacion-de-las-perdidas/


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