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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2014

Argentina busca normalizar su insercin mundial

Julio C. Gambina
Rebelin


Luego de idas y vueltas se confirm que el Club de Pars habilita la discusin para cancelar deuda pblica impaga por unos 9.000 millones de dlares desde fines de mayo prximo.

Vale recordar que la puntada inicial fue dada a comienzos de ao, por el Ministro de Economa que acerc en enero una propuesta de pago en viaje relmpago a Pars.

El paquete de negociacin incluye que el FMI revise las cuentas de la Argentina.

Todo indica que se est en caminos de normalizacin de la insercin internacional de la Argentina con el sistema mundial del capitalismo. El Club de Pars incluye a las principales potencias del capitalismo y a los organismos internacionales.

Lo curioso del caso es que se trata de una deuda mayoritariamente asumida en tiempos de la dictadura genocida y que por lo tanto, bien podra catalogarse de odiosa.

Muchos cuestionan la posibilidad de auditar la deuda por las sucesivas renovaciones realizadas en tiempos constitucionales, de hecho, cada turno presidencial desde 1983 renegoci y convalid deudas. Ocurri con Alfonsn, Menem, De la Ra, Kirchner y con Fernndez.

Si bien el argumento de la imposibilidad de auditar toda la deuda es discutible, no hay duda que esta parte de las acreencias es pasible de ser denunciada, claro que si se la investiga con procesos de auditoras contables, incluso de carcter internacional siguiendo el ejemplo del antecedente ecuatoriano.

El Club, Repsol y el CIADI...

No existen dudas que el gobierno argentino busca re-establecer lazos de insercin con el mundo capitalista, lo que supone terminar el proceso de cesacin de pagos iniciado en diciembre del 2001, para lo que resta culminar el arreglo con el Club de Pars y con el 7% de los tenedores de ttulos que no ingresaron a los canjes de deuda del 2005 y sus reaperturas del 2010 y 2013, algunos de los cuales se procesan en conflictivos juicios en EEUU. Entre ambos conceptos puede alcanzarse un valor de 15.000 millones de dlares.

Pero tambin, Argentina empez a reconocer los fallos del CIADI sumando nuevas deudas a soportar por las finanzas pblicas. Insistimos en que Argentina es el pas con mayores demandas ante este mbito del Banco Mundial, del cual ya se retiraron Bolivia, Ecuador y Venezuela y que Brasil jams suscribi. Los procesos en curso ante el CIADI constituyen una hipoteca difcil de estimar para las finanzas pblicas argentinas.

En ese camino de normalizacin es que se justifica el acuerdo propuesto a Repsol, que esta semana defendi el gobierno ante el Senado, para cancelar la deuda por la expropiacin parcial de YPF. El pago ser en bonos con valor nominal por 6.000 millones de dlares, con vencimientos sucesivos hasta el ao 2033 y que pueden valorizarse y costar al fisco en todo el periodo de circulacin unos 11.000 millones de dlares.

Es evidente que esta danza de millones de dlares por deudas viejas o nuevas, odiosas o reales, que bien vendra investigar y auditar, incluso favoreciendo los procesos legales en curso en la justicia de nuestro pas, tienen como sentido normalizar la insercin de Argentina en el capitalismo mundial.

Para qu? La explicacin alude a las restricciones externas, o sea, al ingreso de capitales forneos para el funcionamiento del orden capitalista local, o si se quiere al saldo positivo del ingreso y salida de capitales.

En el 2013 se aceler la prdida de divisas, la llamada fuga de capitales, ejemplificada en la cada de ms de 12.000 millones de dlares de reservas internacionales. La fuga no significa necesariamente una situacin delictiva, sino opciones de bsqueda de rentabilidad de las inversiones de capital en el exterior. Es lo que argument Repsol para explicar la remisin de utilidades al exterior por 13.000 millones de dlares en una dcada. Fueron fondos relocalizados para inversiones en diversos territorios, especialmente en frica.

La fuga de capitales viene de larga data, aceleradas desde el 2011 y que intent frenarse con la devaluacin de enero pasado, algo que cuesta asumir como poltica deliberada en mbitos gubernamentales. Un interrogante de la coyuntura remite a si se fren el drenaje de divisas, si se puede revertir la situacin y por lo tanto si se puede considerar estable la paridad cambiaria o requerir nuevas adecuaciones en el corto o mediano plazo de este mismo ao.

Se argumenta que el pas necesita ampliar sus inversiones para mejorar la productividad y con ella el ciclo virtuoso de la produccin, es decir el consumo y la inversin. Pura lgica de funcionamiento del orden capitalista, que requiere de inversores con disposicin a valorizar sus capitales, o sea a producir plusvalor y obtener ganancias como resultados.

El problema son los lmites a la inversin, situacin clara respecto de la inversin pblica, que sostuvo en estos aos la tasa general de inversin y hace evidente la escasa disposicin a invertir del capital local, algo que se explicita en los discursos oficiales que sugieren con recurrencia a los empresarios que inviertan en la ampliacin de la produccin local, con escassimo resultado.

Por todo ello es que la intencionalidad gubernamental pasa por atraer inversores del exterior, en el camino que sugiere la asociacin entre YPF y Chevron. Pero tambin habilitar el camino de obtencin de nueva deuda, lo cual requiere terminar con la cesacin de pagos como exigencia del sistema financiero mundial.

Es posible transitar otro camino, otra poltica econmica?

No se trata de una pregunta retrica. La respuesta dividi aguas polticas en el movimiento popular que resisti las polticas menemistas (1991/1999) y las de la Alianza (1999/2001), y antes la de la dictadura (1976/1983).

Una porcin del movimiento popular y del pensamiento crtico de los 70 y los 90 considera que las polticas de la ltima dcada (2003/2013) son el lmite de lo posible y acreditan como xito la disminucin de los indicadores sociales tales como se manifestaban en la crisis del 2001. Algunos de ellos se animan a suscitar la necesidad de relanzar un imaginario de nueva ronda de reformas que pueda entusiasmar y contribuir a constituir sujetos polticos y sociales que sostengan un proyecto poltico para la transformacin.

El lmite que se les presenta a unos y a otros es el propio orden capitalista, bajo polticas ortodoxas o de austeridad, (como en Europa u otros pases que en nuestra regin sustentan polticas de libre comercio); o neo-desarrollistas, (sea EEUU y su intervencionismo estatal, tanto como pases con polticas crticas al neoliberalismo en Amrica Latina). La heterodoxia argentina choca tambin con el capitalismo real, que exige condiciones para sostener un ciclo de inversiones que asegure rentabilidad adecuada al tiempo histrico de crisis capitalista. Es la alta rentabilidad ofrecida lo que hizo emergentes a China, India o Brasil, ante las bajas rentabilidades ofrecidas en el capitalismo desarrollado, con tasas de inters tendiendo a cero. Se puede escamotear el ndice de precios ante cierto punto, tal como ocurri entre 2007 y 2013, pero no se puede hacer eternamente.

La lgica del mercado capitalista solo acepta un determinado nivel de intervencin estatal, especialmente si existe organizacin y lucha social desplegada en las calles. Por eso, las desmovilizaciones masivas de la sociedad son funcionales a la demanda de normalizacin capitalista, y al mismo tiempo, convoca a sostener la capacidad de movilizacin, de resistencia y de demanda por mejoras sociales de los sectores ms perjudicados en el orden econmico.

Podramos recordar a Hugo Chvez cuando seal a fines del 2004 que no deban esperarse soluciones para los pueblos del mundo bajo la lgica del orden capitalista, que recordemos, se somete a la lgica de la ganancia y la acumulacin. De ah surge la convocatoria a pensar nuevamente el socialismo en el Siglo XXI. Se legitima as el pensamiento crtico anti capitalista y se habilita a discutir un nuevo orden de relaciones sociales en la economa, retomando la agenda sustentada en el Manifiesto Comunista para el Siglo XIX y ms fundada en El Capital.

Es cierto que ante este debate, muchos acusan a la propuesta de utpica, ante los lmites concretos para afirmar y desarrollar el anticapitalismo como propuesta a construir en la sociedad actual, sea en Venezuela o en cualquier pas. Conspiran las experiencias fallidas (URSS y Europa del Este) y aquellas en curso, entre ellas la cubana, que tiene el lmite del criminal bloqueo estadounidense y una situacin de poca mediada por la ofensiva capitalista desplegada desde la crisis de mediados de los 70. La articulacin integrada de un bloque socialista est limitado desde la desaparicin de la URSS y el bloque sovitico, e incluso las articulaciones con pretensin alternativa, el tercer mundo, atraviesa por los lmites de sus diferentes posiciones en la situacin actual, donde el imaginario cambio si se es emergente o receptor de inversiones externas, o si se est en situacin de extrema vulnerabilidad, como ocurre en la periferia del sur del mundo.

Este es el marco de la discusin en nuestro pas, en la regin y en el mundo, que puede condenarnos al lmite de lo posible o abordar el camino de la crtica de la realidad, por muy dura que esta sea, es decir, la crtica del capitalismo, lo que exige ir ms all y proponer un rumbo alternativo. Es el camino de Cuba y el que esbozan propuestas que aun requieren de mayores contenidos y sobre todo de una densidad social consciente suficiente para disputar sentido comn en el movimiento popular y en la sociedad.

Por qu quedar prisionero de la inversin externa y reproducir el modelo productivo extractivo para la exportacin o el desarrollo fabril de armadura dependiente de insumos externos, tambin para la insercin exportadora? Puede construirse otro modelo productivo en el agro y en la industria? Es posible modificar el patrn de consumo estimulado por la produccin monopolista actual?

Se puede contestar a esos interrogantes por la afirmativa, pero requiere de un profundo debate sobre el diagnstico de situacin de la coyuntura para pensar ms all del capitalismo, lmite de lo posible para una parte del activismo social y poltico. Un activismo contenido en un imaginario de reformas que la transnacionalizacin apenas permite bajo ciertas circunstancias histricas, aquellas que gener a sociedad argentina movilizada a fines del ciclo regresivo de los 90.

Cuando me interrogan sobre las medidas concretas acudo a la extensa programtica difundida por el movimiento obrero, campesino, de mujeres, en defensa del medio ambiente o la relacin metablica adecuada entre los seres humanos y la naturaleza, o la armona entre la produccin humana con la naturaleza, e incluso sectores de pequeos y medianos productores y empresarios, de cooperativas y el movimiento de autogestin; a los que sumo la demanda por la des-mercantilizacin de la educacin, la salud, la vivienda, la transporte, la energa. Son todas propuestas a asumir socialmente para disputar polticamente el orden capitalista y construir el otro orden posible, el socialismo.

Claro que no es sencillo, pero es lo que muchos nos proponemos ante una realidad que bajo la lgica de lo posible termina promoviendo la concentracin y centralizacin del capital para la valorizacin y la explotacin de la fuerza de trabajo y la naturaleza.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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