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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2014

Ucrania
La hipocresa de las grandes potencias

Owen Jones
The Independent


Una nube de testosterona en forma de hongo se ha abatido sobre las redes sociales; aspirantes a Dr. Strangelove reclaman incluso una accin militar contra Rusia, es decir, dar el primer paso hacia el exterminio nuclear de la especie humana. El enfoque de los gobiernos occidentales, por suerte, ha sido bastante ms comedido, aunque no exactamente por amor a la paz: el Partido Conservador britnico, financiado por la City londinense, quiere que el dinero ruso siga fluyendo a las entidades financieras, y el gobierno alemn no quiere que le cierren la espita de gas.

Pero bravuconadas e intereses particulares aparte, la invasin rusa obliga a la poltica exterior occidental a mirarse en el espejo, por mucho que eso nos haga estremecer. La primera vctima cuando estalla la guerra es la verdad, dicen que dijo el senador estadounidense Hiram Warren Johnson en 1918; en la crisis ucraniana, la primera vctima ha sido la irona. Uno no invade sin ms otro pas aduciendo un falso pretexto para defender sus propios intereses, ha declarado John Kerry, secretario de Estado de un pas que, como es notorio, hizo precisamente eso hace casi exactamente 11 aos. El mundo no puede dar el visto bueno a semejante violacin de la soberana de otra nacin, proclama solemnemente el ministro de Asuntos Exteriores britnico, William Hague, quien vot a favor del apoyo a la guerra de Iraq en la Cmara de los Comunes en 2003.

Reflexionemos un poco sobre cmo tanto el gobierno ruso como los ciudadanos rusos justifican la agresin en Ucrania. Un gobierno elegido democrticamente ha sido derribado violentamente. En las filas de la insurreccin victoriosa destacan extremistas de derecha que han pasado a ocupar cargos gubernamentales clave. Ha habido un intento de eliminar el ruso como lengua oficial, propuestas de prohibir los partidos polticos y la imposicin de oligarcas no elegidos en regiones ucranianas, lo que supone una amenaza creciente para la minora rusa, muchos de cuyos componentes tienen pasaporte ruso. La idea de seguridad de Rusia est influida por el hecho de que ha sido atacada repetidamente desde occidente con consecuencias catastrficas, y el acuerdo con Ucrania le permite estacionar miles de soldados en Crimea.

Estas justificaciones son muy discutibles, por supuesto. Un mandato democrtico no da carta blanca al gobierno para que acte como le d la gana. Lo que hubo en Ucrania no fue un golpe, sino un verdadero levantamiento popular en las regiones occidentales y centrales del pas, e incluso en el este y el sur. Es cierto que el Sector Derecha con sus subfusiles AK-47 desempe un papel decisivo en el xito de la revuelta y se gan as el respeto de grupos ms moderados: existe una siniestra tradicin de conservadores y liberales que han ayudado a los fascistas a hacerse con el poder. El nuevo gobierno ucraniano tiene siete ministros de extrema derecha, entre ellos el viceprimer ministro Oleksandr Sych, del partido neofascista Svoboda, que a juicio del Congreso Mundial Judo la UE debera prohibir. Pero no son dueos de toda la revuelta y la intervencin rusa no har ms que reforzarles.

No ha habido ataques sistemticos contra los rusoparlantes; el intento de eliminar el ruso como lengua oficial ha fracasado hasta ahora; y tampoco es cierto que todos los rusoparlantes deseen la unificacin con Mosc. Las pasadas invasiones brbaras en Rusia no justifican sacrificar el derecho de los pases vecinos a la autodeterminacin. Ahora bien, la retrica de la intervencin rusa es fiel reflejo de la de nuestros lderes occidentales cuando envan a nuestros chicos a la guerra: defender la democracia, parar los pies a los fascistas de hoy, proteger los derechos de las minoras, apoyar la autodeterminacin. Es fcil cuestionar los motivos de las potencias extranjeras y desechar sus justificaciones: eso se sobreentiende. Pero si uno hace lo mismo con sus propios gobernantes, le tratan de propagador de teoras de la conspiracin o le acusan de hacer el juego al enemigo.

Los abogados de la poltica exterior occidental acusan a quienes llaman la atencin en estas ocasiones sobre nuestro propio historial de ser adictos a la frase y qu me dices de? o de pretender desviar el debate. Cuando una potencia extranjera hace algo malo, dicen que los contrarios a la guerra siempre preguntan y qu me dices de Occidente?, supuestamente para indicar que nuestras faltas hacen buenas las suyas. Esto no es ni mucho menos lo que se pretende con este argumento. Rusia est gobernada por un rgimen autoritario que ataca las libertades civiles y discrimina a las personas LGBT. Sus propsitos en Ucrania no son nobles. Lo que ocurre en Crimea estos das es un clsico acto de intervencin imperialista, como apunta el grupo radical ruso Izquierda Abierta. Las grandes potencias siempre han aprovechado o promovido agravios genuinos para justificar su poltica interesada: incluso Mussolini justific su invasin en Abisinia diciendo que era para salvar el pas de la tirana de la esclavitud.

Pero esto debera obligarnos a considerar cmo nos ve el resto del mundo. El Reino Unido apoy al gobierno de EE UU en la invasin de Iraq con un falso pretexto, devastando el pas y matando de paso a cientos de miles de personas. Israel puede violar sistemticamente las resoluciones de las Naciones Unidas, construyendo asentamientos ilegales y anexionando tierras palestinas. Nuestra gran aliada, la dictadura de Arabia Saud que decapita a supuestas brujas y amputa las manos de los ladrones, invadi Bahrin (a instancias del rgimen dictatorial de este pas, desde luego) para ayudar a sofocar una movilizacin por la democracia y los derechos humanos. EE UU lanza ataques con drones en pases soberanos como Pakistn, desafiando abiertamente al parlamento nacional y matando a innumerables civiles.

Si Rusia, o cualquier otro pas considerado adversario, actuara de esta manera, los llamamientos a la accin seran ensordecedores. Cuando un pas extranjero comete una agresin, en Occidente surge como un reflejo la idea de que tenemos que hacer algo; lo mismo ocurre en otros pases cuando somos nosotros los que cometemos actos similares. Sin embargo, el trmino Estado granuja no se aplica a los pases que violan el Derecho internacional, sino de aquellos que no se doblegan a la voluntad de Occidente.

Esto no quiere decir que esos ataques al orden internacional hayan provocado la invasin de Ucrania por parte de Rusia. Sin duda se habra producido igual. No obstante, todo eso son sntomas del mismo fenmeno: las grandes potencias utilizan el Derecho internacional como instrumento para atacar a los oponentes, pero lo dejan de lado cuando no les conviene. Los lderes occidentales tampoco pueden afirmar sin torcer la cara que los gobiernos elegidos han de ser derribados en las urnas y no con mtodos violentos. Han sido cmplices del golpe militar que ha derribado en Egipto al candidato electo de los Hermanos Musulmanes, el presidente Morsi, y del establecimiento de una junta que ha encarcelado y asesinado a oponentes. Han aprobado el derrocamiento del presidente ucraniano Yanukvich. Ambos gobiernos violaron los derechos humanos, pero la posicin oficial de Occidente consiste claramente en apoyar el derrocamiento violento de gobierno electos en determinadas circunstancias.

Los defensores de la poltica exterior occidental acosan a los activistas antiguerra: sois los primeros en salir a la calle cuando Occidente lanza bombas, dnde estn ahora vuestras pancartas en Trafalgar Square reclamando Rusia fuera de Ucrania? Es una crtica extraa, pues las protestas suelen producirse para presionar al propio gobierno, bien para que detenga una intervencin en el exterior, bien para que acte. Protestar en defensa de una poltica del gobierno parecera extrao y podra utilizarse para promover la escalada en vez de la paz. Como dice Ilya Budraitskis, un anticapitalista ruso que particip en la manifestacin del pasado domingo contra la guerra en Mosc, que fue reprimida: Creo que los activistas antiguerra de cada pas deberan criticar en primer lugar a su propio gobierno.

Esto no es desentenderse de la solidaridad. La democracia, los derechos humanos y la paz son causas universales, globales. Estn siendo amenazadas continuamente por las grandes potencias, y por eso todos nosotros, tanto en Mosc como en Londres, Pekn o Washington, tenemos que luchar por un nuevo orden mundial que impida que las grandes potencias vayan pisoteando a los dems. Una vieja causa, s, pero el futuro de todos nosotros depende de ella.

Fuente: http://www.independent.co.uk/voices/comment/owen-jones-the-hypocrisy-of-the-great-powers-is-on-display-again-in-ukraine-9171396.html

Traduccin: VIENTO SUR



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