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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2014

Novelistas con sabor a Hollywood

Camilo de los Milagros
Rebelin


"No se puede rehacer la realidad - le dijo -. Tmala como viene. No cedas terreno y tmala como viene" Philip Roth, Elega

Dos autores norteamericanos contemporneos simplifican -si es posible el trmino- lo que hemos aprendido algn da sobre Estados Unidos en sus pelculas. Ese pas al tiempo terrible y maravilloso, despierta admiracin y odio. Grandeza y miseria. Genialidad y superficialidad. Deslumbramiento y nusea.

De algo pueden enorgullecerse los autores norteamericanos: disfrutan una originalidad impecable, que nos perturba por lo menos desde ese muchacho Gabo plagiando a Faulkner, la misma poca cuando Cortzar qued deslumbrado con Lovecraft, cuando Hemingway o Dos Pasos despistaban adolescentes ingenuos en los cafs de Buenos Aires y Medelln. Que s, que lo nuestro es "mirar al norte", como dijo un Presidente que adems fue mediocre escritor.

Hay dos autores en antpodas muy similares, en opuestos casi idnticos, abrumando el espectro literario del pas del norte. Son Philip Roth y Jonathan Franzen, posiblemente los novelistas estadounidenses ms laureados, premiados, reputados, ledos, de las ltimas dcadas adentro de su pas. Afuera tambin. Sus obras trascienden, segn la crtica, hasta esa categora tan ambigua de la "gran literatura".

El asunto es que Roth y Franzen, que ejercen una prosa soberbia y brillante distancindose en todo (temas, recursos, ritmo narrativo, formalismos, gustos personales, hasta edad generacional) al final resultan tan semejantes que dejan el sabor, no de haber ledo uno autores muy distintos, sino de estar presenciando dos pelculas diferentes de un mismo director.

Philip Roth es a la novela lo que el drama a Hollywood: historias lentas, abundantes de detalles, con personajes que se vierten cada lnea desnudando sus pasiones ms triviales, sus conflictos ms intiles y frvolos, sus gustos sexuales reprimidos, arropados por una minucia tan demoledora como sincera, que consigue describir los tpicos del estilo de vida americano a la perfeccin: el consumismo, el vaco existencial, el individualismo extremo, el sentimiento patritico, la soledad. Son persnajes valientes a pesar de todo. A Roth lo acusan con razn de llevar medio siglo haciendo cada ao la misma novela con nombre diferente, recreando la vida de los judos en la costa este, recrendose a s mismo en cada pgina, al fin, un lienzo de la miseria afectiva que abunda en los Estados Unidos, ese pas tan rico en todo lo dems.

Jonathan Franzen, autor del medio oeste, es el equivalente literario de la pelcula de accin. Con "Ciudad 27", la que fuera consagracin ante la crtica, ste joven pjaro reproduce una trama de locura cargada de tiroteos, intrigas, complots y personajes deshumanizados, compulsivos y violentos, que introducen el caos en la ciudad de Saint Louis de un modo muy planificado. Caos planificado, concepto que define la historia de los Estados Unidos desde Vietnam. Es muy norteamericana, pero sobre todo muy Hollywoodesca, aquella situacin incontrolable donde al final, todo desemboca al desenlace previsto por el autor. Se excede Franzen con las persecuciones de autos, las explosiones, la accin brutal y al tiempo eficaz de la polica, combinadas con la trama de especulacin, millones de dlares sucios que bailan en la novela. Muy gringa la cuestin, que mantiene con los pelos de gallina hasta el suspiro final, por dems, inesperado.

Qu es lo que acerca a estos novelistas, con preocupaciones tan distantes y estilos contradichos? Dos cosas: su sabor cinematogrfico, la sensacin de estar ante un relato que merece varios premios Oscar, pero ms que eso, les acerca la conciencia del declive.

La clave est en el sentido de realidad que tienen sus obras, anunciadas en la decadencia de una potencia antao prspera y poderosa. Sus novelas son un canto al derrumbamiento de los Estados Unidos, una radiografa de la ruina, vista desde la humanidad de sus gentes, desnaturalizadas en unas narraciones donde los sujetos pierden las definiciones morales, para ser no ms que seres dentro de una fuerza centrfuga que los absorbe, que los estropea, pero nunca que los hace felices. Por fortuna, ni Roth, ni Franzen aprendieron con Hollywood los finales felices.

Es de agradecer pues, que los autores se sacudan el fardo ms pesado que les impone la nacin donde crecieron: rechazan ambos los estereotipos de buenos y malos, de hroes y antihroes, de ganadores y perdedores, justo para que el lector descubra que son escritores autnticos, sinceros, capaces de convertir la ms frvola y superficial de las patrias en objeto de literatura. De gran literatura, para ser ms preciso.


@camilagroso

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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