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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2014

Resaca del 8 de marzo

Guillermo Garca del Busto Miralles
Rebelin


Mezcla entre protesta y reafirmacin, demanda y auto-reconocimiento, lucha y diversin, las manifestaciones y actos convocados para este da por los distintos colectivos feministas fueron, como viene siendo habitual en los ltimos aos, un xito rotundo. Cientos de miles de personas, si no millones, salieron a las calles de todo el mundo para encontrarse en el lugar vaco de la razn, la libertad y la dignidad humanas, ese en el que todos cabemos independientemente de nuestra condicin de hombres o mujeres, altas o bajas, negras o blancas... El mensaje: el feminismo est aqu para quedarse, los derechos conquistados a base de sangre y lgrimas no pueden ser vendidos ni sometidos a creencias prejuiciosas, no pueden ser ms que un fin en s mismos y nunca un medio para ganar votos mediante su eliminacin (o su implantacin). Ellas y ellos se dejaron ver ayer, pero los efectos de su lucha se ven cada da tanto en los progresos que han logrado (basta comparar esta misma sociedad con la de hace 50 aos), como en el camino que queda por hacer: sin los feminismos, an concebiramos como un hecho natural la violencia estructural ejercida por los machismos y sus efectos individuales y sociales.

Ver a hombres y mujeres de distintas tendencias e ideologas caminando como hermanos y hermanas nos recuerda, adems, que el machismo es un problema transversal, que atraviesa todas las clases sociales, todos los colores de piel, todas las ideologas. El problema que revelan los feminismos no es el de lo que algunos llaman guerra de sexos, no existe tal confrontacin salvo dentro de las coordenadas del machismo, pero precisamente en lo que consisten los feminismos es en romper esas coordenadas, no en asumirlas para, dentro de ellas, mejorar un poquito la vida de las personas. El problema sobre el que arrojan luz es el de la injusticia y la falta de libertad, correlato necesario de la permanencia de ciertos privilegios, asuntos que no se pueden reducir al mbito masculino o al femenino, sino que tienen un carcter social y encadena a todos y todas. Los feminismos sacan a a la luz, por tanto, un problema social que no es competencia exclusiva de uno de los dos sexos, sino que les atae por igual, si bien los efectos del machismo no se dejan sentir de la misma forma en hombres que en mujeres, entre otras cosas porque esa injusticia se basa, principalmente, en el privilegio de unos sobre las dems.

Sin embargo, de forma paralela al avance de los feminismos, en la misma medida en que progresamos como sociedad, los machismos van generando una serie de anticuerpos cuyo fin ltimo es, puesto que resulta imposible borrar lo que la razn nos ha hecho ver (no podemos ignorar, por ejemplo, la ley de la gravedad), inventar un relato que ahogue la potencia emancipadora de los feminismos antes de nacer. Las tcnicas son variadas: apropiarse de determinados significantes para cambiar su significado, pervirtindolos en el proceso, y as crear un enemigo al que oponerse firmemente, gran Otro que no existe ms all de su imaginacin pero que presuntamente est detrs de los feminismos; inventar enrevesadas conspiraciones segn las cuales los feminismos nacen para amparar los planes de ingeniera social que ha diseado ese gran Otro, esencia del mal al ms puro estilo hollywoodiense; esgrimir argumentos como que los feminismos atentan contra la naturaleza, siendo esta, por supuesto, lo que el machismo dicta que es; etc. La lista es larga y nada novedosa en el fondo, aunque a veces lo parezca.

Lo importante de todo esto es tener claro que el debate no ha cambiado desde el siglo XVIII, no en su forma. A la defensa del machismo y el patriarcado se han ido incorporando nuevos contenidos, no puede ser de otro modo si los feminismos van avanzando en la conquista del sentido comn, en el establecimiento de la igualdad, la fraternidad y la libertad como prejuicio popular. En la medida en que los feminismos hacen progresar a las sociedades, los machismos deben apelar a nuevos contenidos: si ayer vala la acusacin de bruja para quemar a una mujer incmoda para la iglesia o el prncipe de turno, hoy se tiene que acusar de otra cosa. Dar razn de las diferencias (y desigualdades) entre hombres y mujeres es uno de esos nichos conquistados por la razn feminista, que las cosas sean como son no es motivo suficiente para la humanidad llegados a este punto, hace falta dar cuenta de por qu se producen esas diferencias (y desigualdades). Las mujeres incmodas, es decir, las mujeres libres, ya no pueden ser acusadas de brujera para mantener el actual estado de las cosas, para proteger el privilegio masculino sobre las mujeres. Son necesarios, por tanto, nuevas argumentaciones que, si bien han cambiado de contenido (de bruja pasamos a feminazi) no han cambiado de forma: si las brujas bailaban con el diablo para controlar a los hombres e imponer el mal en el mundo, las feminazis bailan con los banqueros y los judos para dominar a la humanidad. Se ponen distintos elementos en juego en funcin de los prejuicios ms extendidos en una sociedad determinada en un momento dado, pero la forma de argumentar, los saltos de fe que se dan, las incoherencias y contradicciones, las falsas premisas y las conclusiones que ni se derivan de estas (lo que en lenguaje de hoy podramos llamar lgica creativa), son exactamente los mismos.

Entre el siglo XIX y el siglo XX, las mujeres consiguieron por fin incorporarse al mercado laboral. Puede parecer paradjico, pero no pocos sindicatos se opusieron a este hecho: si las mujeres trabajan, significa que el ejrcito industrial de reserva se doblar, arrojando como consecuencia un empeoramiento de los horarios, las condiciones de trabajo, los salarios... A ms trabajadores, ms competencia por los mismos puestos de trabajo, por lo tanto ms fuerza para el empresario, que es bien consciente de que la gente en paro necesita trabajar y, llegado un punto, el hambre har que los parados renuncien por si mismos a un salario digno, por ejemplo, lo que a su vez obligar a los trabajadores que no estn en el paro a asumir la prdida de conquistas sociales por miedo a ser despedidos. El argumento, por tanto, no est desprovisto de cierta verdad. El problema es que se achaca la culpa de este hecho a las mujeres, cuando en realidad es el capitalismo, firmemente entrelazado con el machismo, el que aprovecha esta situacin en una direccin u otra: si ellas no trabajan en el mercado a cambio de un salario sino en el hogar realizando tareas de supervivencia necesarias pero no remuneradas, eso que se ahorra el empresario en el salario de los varones que contrata; si ellas se incorporan al mercado laboral, el capitalista puede utilizar el gran nmero de nuevas trabajadoras para empeorar las condiciones del trabajo generales y obtener as mayor beneficio por un mismo trabajo.

Hoy por hoy, los machistas no se atreven ya a defender que las mujeres deben estar encerradas en el hogar como un mueble ms, pero siguen aplicando el mismo razonamiento que en el siglo XIX . Los efectos finales de esta argumentacin, si estiramos de esa lgica, son exactamente los mismos. As, por ejemplo, acusan de que los feminismos solo quieren la incorporacin de las mujeres al mecanismo de explotacin capitalista, es decir, al mercado laboral, anulando por el camino la importancia que tiene el no depender econmicamente del marido, situacin de subordinacin que se empean en ignorar para que su renqueante relato no caiga muerto al suelo antes de dar un paso. La consecuencia de pensar as es que culpamos a las mujeres de haber fortalecido un sistema que han creado especialmente los hombres y que, de hecho, no puede funcionar (al menos hoy) sin utilizar las estructuras del patriarcado. Y es que los machistas no pueden tolerar el concepto de estructura, no al menos aplicado al caso del machismo: para ellos el machismo es siempre cosa del pasado, algo superado, hasta el punto de que niegan que exista la violencia de gnero; hasta el punto de que sistemticamente ignoran que no hace falta ser violento para ser machista, que basta con aceptar, sin levantar la mano, las posiciones y los roles que un sistema injusto, patriarcal, asigna a cada uno y a cada una (ellos lo llaman pomposamente naturaleza para as evitar toda responsabilidad sobre el hecho machista y, de paso, acusar de un imposible a los feminismos, pues estaran pretendiendo superar el estado de naturaleza, lo que -sin querer- lleva a los machistas a rechazar incluso la idea de la moral, la idea de que hay cosas que suceden en la naturaleza que son intolerables para los humanos, como que el pez grande se coma al pequeo).

Esta es una de las bases del machismo de hoy y no por casualidad: ayer era posible definirse como machista y convencer; gracias al progreso de la razn materializado en los feminismos, esto ya es imposible y la nica manera de hacer que siga en pie es negando su propia existencia, lo cual adems arroja la siempre interesante posibilidad de convertir a las vctimas en verdugos: si no existe el patriarcado ni el machismo, es evidente que los feminismos solo pueden pretender la superioridad femenina y el enfrentamiento entre sexos (como si el pene o su carencia -porque tener coo es una falta del algo para el machista- pudiese determinar tu identidad poltica al margen de la sociedad en la que se vive). El negacionismo sirve, como en el caso de los que niegan el holocausto, adems de para ocultar la violencia estructural, para, retroactivamente, justificar aquello que precisamente se est negando que ocurre: as, de la misma forma que los filonazis justifican el holocausto precisamente al negar su existencia y considerarlo una conspiracin juda (lo cual da una base racional que sirve para, de manera retroactiva, justificar las atrocidades que se cometieron), los machistas justifican retroactivamente desde la sumisin femenina hasta las violaciones y otras muestras de violencia de gnero al negar que intervenga en la ecuacin algo as como el machismo, siempre hay otro motivo ltimo (ella iba provocando, hay que ser intil para salir sola de casa a esas horas, ella le hizo mucho dao porque le dej por otro...) y los hombres, al final, solo se estn defendiendo del totalitarismo femenino, que es el peor de todos porque acta desde la sombra del estereotipo del sexo dbil (que es, curiosamente, el estereotipo que ellos mismos les asignan a las mujeres). Distintos contenidos, misma forma de argumentar, mismos resultados: si l le dio una paliza a su mujer, ser porque algo habra hecho; si l es denunciado por violencia de gnero, es una mentira de ella para quedarse con la casa. Al final todo se reduce a que las mujeres son esencialmente malas, mezquinas, con una terrible voluntad de poder, capaces de seducir y engaar a los hombres ms sensatos y honestos. Todo recuerda al retrato que se haca de las brujas no ya en el siglo XVIII, sino en el XV.

Sin embargo, gracias a los feminismos, hoy podemos decir, al contrario que hace unos aos, que tanto los hechos como la teora juegan a nuestro favor, a favor de la humanidad. Hace miles de aos, un pensador como Aristteles, tan imponente y fecundo en otros mbitos, se converta sorprendentemente en preso de su tiempo y su sociedad al considerar lo que vea, un mundo patriarcal, como un hecho natural y no un hecho social. Hace unos cientos de aos, pensadores como Kant seguan el mismo camino y perdan de vista el deber ser a la hora de afrontar el ser de la situacin de las mujeres respecto a los hombres. Hoy, una mirada de pseudocientficos, editores de vdeo de youtube y esclavos de sus prejuicios en general, tratan de hacer lo mismo e incluso ir ms all acusando a los feminismos de problemas que nada tienen que ver con estos. De la misma forma que en Bolivia se acusa a Evo Morales de dividir a la poblacin entre descendientes de indgenas y blancos porque antes los primeros simplemente asuman al subordinacin a los segundos, se acusa a los feminismos de dividir a los pueblos por pretender instaurar la justicia, elevando en el proceso la dominacin estructural (y violenta cuando es necesario) de una parte de la sociedad sobre otra a la categora de paz social y buen rollo entre sexos. Los feminismos, y no la injusticia que los hace necesarios, seran los culpables de que las mujeres se enfrenten en alguna medida a los hombres, cuando en realidad es la injusticia la que provoca que algunos hombres y mujeres se enfrenten a otros hombres y mujeres.

Los machistas de hoy, por tanto, tienen una seria desventaja: ya no pueden apoyarse, como antes, en la ignorancia acerca de qu es la naturaleza o cules son sus determinaciones sobre los seres humanos; ya no pueden negar la libertad de los hombres para dejarse seducir o no por las mujeres; ya no pueden exonerar al violador de sus actos por considerar culpables de la violacin a las mujeres y sus malas artes. Los hechos ya no juegan a su favor porque la teora y la experiencia de esa teora han progresado y lo han hecho no gracias a ellos, sino a las personas, hombres y mujeres, que han construido y construyen los feminismos. Esto obliga a los machistas a negar los hechos en lugar de apoyarse en ellos: Aristteles no tena ms que mirar a su alrededor, al mundo de la experiencia diaria, para elaborar una teora machista. Hoy eso ya no es tan sencillo: la idea de igualdad ha atravesado hasta tal punto a la sociedad que, aunque sigan ocurriendo hechos machistas, el propio machismo, su estructura, ya no vale para justificarlo. Un machista ya no puede racionalizar la diferencia de salarios entre hombres y mujeres ante un mismo trabajo, solo le queda construir relatos que apunten a la negacin de este hecho o a su justificacin por otras vas independientemente de que estas sean, tambin, falsas (la productividad, por ejemplo).

De la misma forma que el machista ha tenido que abandonar paulatinamente el terreno de la experiencia, tambin lo ha hecho en lo que se refiere a la teora. Aristteles, pese a todos sus defectos, procuraba ser coherente con lo que deca. Si de A se deduce B y nada ms, no podemos andar diciendo que Z viene de A. El problema con la coherencia es que cuando una teora se demuestra falsa, hay que renunciar a ella para incorporar el nuevo conocimiento. Los machistas de hoy, sin embargo, no pueden incorporar nuevos conocimientos porque todos estos apuntan en direccin contraria a lo que pretenden, es decir, que cada vez resulta ms complicado elaborar una teora que respete la razn (o conceptos como el de igualdad) y, a la vez, proteja el machismo. El resultado de esta tensin es que para mantenerse machistas renuncian a la actividad terica misma, llegan a considerar a la ciencia y el conocimiento como meros productos de una ideologa perversa. Elaboran entonces una serie de relatos que mezclan medias verdades con fantasas, pesadillas, cuentos, saltos de fe, peticiones de principio indemostrables, prejuicios con siglos de antigedad, razonamientos inverosmiles, argumentaciones dignas de menores de edad... En el camino que necesariamente han de tomar para defender sus prejuicios se dejan el conocimiento y la verdad, cuestiones que, por otro lado, nunca les han preocupado.

La impotencia simblica que sienten los machistas de hoy al discutir con cualquiera de las ramas del feminismo se hace palpable en el nivel de violencia dialctica e incluso fsica que despliegan: cuando cambiar radicalmente de tema no es suficiente para olvidar una argumentacin contraria a sus planteamientos, arremeten como perros acorralados contra sus interlocutores, insultan, amenazan, nadifican, descalifican con etiquetas... Por eso siguen siendo necesarios los 8 de marzo, porque todava no hemos ganado y porque sabemos que aunque ganemos batallas, podemos perder la guerra: la verdad no nos har libres por si misma, nos necesita para cristalizarse y para imponerse. La lucha comprende los 365 das del ao y flaquear cualquiera de esos das es regalarle terreno a un paradigma injusto, milenario, contrario al deber y a la razn, irracional, pero no por ello menos peligroso. De hecho, como ocurre con el fascismo, es quiz ese elemento de irracionalidad el que lo hace tan peligroso: el irracionalismo es inmune al progreso de la razn y, al jugar con los prejuicios y las pasiones ms bajas, es capaz de aglutinar a mucha gente para orientarla hacia fines espurios.

Contra el machismo, adquiera el nombre que adquiera, razn y fuerza, lucha y conocimiento. La ignorancia juega de su lado.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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