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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2014

Las mujeres luchan de manera silente y sin hacer ruido por este proceso de cambio

Ernesto Joaniquina Hidalgo
Rebelin


Zenobia Machicado Caero, naci en el distrito minero de Huanuni un 8 diciembre de 1945, hija de una familia proletaria, a la edad de los 12 aos qued hurfana de madre junto a sus 6 hermanos, curs hasta el sexto de primaria y tuvo que abandonar la escuela para ayudar en la precaria economa de su familia, conoci la cruda realidad del emporio minero, una vida dantesca donde las palliris entre minerales y combos extraviaban su sonrisa en los glidos parajes de los desmontes, donde las mujeres hacan milagros en las ollas vacas en una realidad asediada por los pasos certeros de la muerte. Su vida estuvo consagrada a la lucha por la emancipacin de los pobres, de los que no tenan ya nada que perder ni esperar, pues estaban convencidos de la indiferencia y el olvido de los gobernantes hacia su condicin de parias invisibles del subsuelo con olor a copajira.

Su vida estuvo signada de avatares, de luchas y enconos polticos por los que confiscaron la libertad de su gente, como dirigente de base de las Amas de Casa del distrito minero de Huanuni estuvo siempre al frente de sus bases, con ese sentimiento rebelde que siente todo revolucionario como cuando sinti el Che en aquella misiva a sus hijos antes de partir al pas de la fatalidad "Sean capaces siempre de sentir, en lo ms hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad ms linda del revolucionario.

La compaera Zenobia muchas veces de manera silente y sin hacer ruido, en ste mundo de muchos ruidos y pocas nueces, luchaba en la resistencia, organizando y preparando raciones de alimento con sus compaeras en las histricas marchas de los mineros o curando las dolencias del alma de sus hijas cuando el hambre llegaba y no haba nada de alimento que darles.

Tortuguita le llamaban cariosamente sus compaeras como alusin a su apodo de su compaero Felipe Vsquez que se adelant a la eternidad producto de una enfermedad que le ocasion las mltiples torturas que recibi por los paramilitares en su poca de dirigente minero , pese a su baja estatura, Zenobia, en honor a su apodo, tena una coraza indomable contra el neoliberalismo y la debacle del capitalismo, fue una partisana ms en la Guerra del Agua de aquel abril histrico del 2000 en Cochabamba.

La encontr en su modesta morada en la comunidad de Sauce Rancho municipio de Sipe Sipe, del departamento de Cochabamba, muy amable accedi a sta entrevista para conocer de cerca las facetas de su historia y su percepcin de la vida en estos tiempos de cambio como un justo reconocimiento a todas las compaeras que desde el anonimato contribuyeron para la apertura democrtica en el pas.

Entrevistador E.J.H.: Cmo interpreta la lucha de las mujeres en la historia del movimiento minero?

Entrevistada Z.M.C.: Recordemos las luchas constantes que sufri el pueblo boliviano en los periodos de dictaduras, como los campesinos en Epizana y Tolata durante el gobierno de Banzer o en las ciudades con la resistencia de los universitarios, los profesionales, las juntas vecinales ,los fabriles, las mujeres y hombres de los cinturones de pobreza, pero los centros mineros al ser contestataria y haber enarbolado la lucha obrera como vanguardia del proletariado del pas contra los regmenes de facto y haber tenido lderes sindicales de una meridiana condicin revolucionaria, fuimos los ms reprimidos y sitiados por las dictaduras militares, recordemos La masacre de la noche de San juan en 1967, un genocidio que practic el gobierno de Barrientos por aplacar la Guerrilla del Che en ancahuaz , es as que las mujeres mineras junto a nuestros compaeros mineros luchamos siempre por cambiar el sistema injusto del capitalismo.

El 28 de diciembre de 1977 cinco mujeres mineras con apoyo de la iglesia, tomaron la decisin de iniciar aquella histrica huelga de hambre en la ciudad de La Paz, entre stas compaeras estaba Luzmila Rojas de Pimentel, Nelly Colque de Paniagua, Aurora Villarroel de Lora, Anglica Romero de Flores y Domitila Barrios de Chungara , junto a 14 nios, quienes decididas en la lucha por recuperar la democracia, despertaron la conciencia del pueblo y as ese piquete de huelga de hambre se fue masificando por todo el pueblo pidiendo la apertura democrtica, el retorno de los exiliados, la vigencia sindical, la vigencia de los Derechos Humanos, entre otras reivindicaciones, se logr el histrico objetivo pero desafortunadamente dur slo tres aos.

En los aos ochenta otro Golpe de Estado irrumpe en la historia boliviana, ms cruento y saudo an, era el golpe paramilitar de Luis Garca Meza con esa su sentencia maquiavlica de su Ministro del Interior Luis Arce Gmez, que nos recordaba siempre que haba que andar con el testamento bajo el brazo, amenaza que se consuma con la prdida de los mejores hijos que tuvo Bolivia, Marcelo Quiroga Santa Cruz cae herido producto de las rfagas de las armas automticas de los paramilitares en las gradas de la Federacin de Mineros en La Paz donde se realizaba el ampliado de la COB, tambin cae el compaero Gualberto Vega, a Marcelo lo retiran del lugar an herido en una de las ambulancias utilizadas por los paramilitares, fue torturado y vilmente asesinado posteriormente, no se devela hasta ahora sobre el paradero de su cuerpo , pese a la exigencia y la lucha de sus familiares y el pueblo, una silenciosa complicidad con el argumento de no poder desclasificar los archivos secretos del Estado Mayor de entonces.

El 17 de noviembre de 1981 en el Gobierno de Celso Torrelio tomaron presos a los compaeros mineros en los centros mineros y entre estos, a mi compaero Felipe Vsquez Condori , quien era dirigente sindical del distrito minero de Huanuni, a raz de una solicitada que sac en el peridico Hoy del 7 de noviembre, denunciando los atropellos de los golpistas, de Huanuni salen las denuncias y los paramilitares fuertemente armados toman el campamento minero a las 02:00 de la madrugada, ingresan a nuestras viviendas por los techos y las paredes, mi esposo cae preso junto a muchos compaeros y desde ese instante no supimos ms de su paradero.

Estas injusticias nos motivaron a las mujeres mineras de Huanuni para denunciar y reclamar por nuestros esposos, nos movilizamos pidiendo la libertad de los presos, recurrimos a la iglesia para solicitarle apoyo a nuestra demanda, pero la iglesia catlica estaba amedrentada por los maltratos que reciban sus fieles por las hordas paramilitares, ya que meses antes haban sentido el escarmiento con el demencial asesinato del padre jesuita Luis Espinal Camps la noche del 21 de marzo de 1980, encontrado muerto al da siguiente con signos de tortura a orillas del ro Choqueyapu.

Llegamos a La Paz 20 compaeras mineras el 22 de noviembre de 1981, entre ellas estaban Ester Gonzales, Cristina de Barrios, Lina de Veizaga, Ins de Huaygua, Analia de Quirz, Constancia de Siles, Janeth Barrios, Wilma Ochoa, Elena Vsquez, Dionisia Ortega y mi persona, entre otras, tocamos las puertas de la iglesia pero no quisieron aceptarnos con nuestro piquete de huelga de hambre por temor a las represalias, nosotras tambin suframos amedrentamientos de muerte por los paramilitares, en La Paz tratamos de contactarnos con Derechos Humanos que estaban en la clandestinidad, nos ayudaron para entrar a una casa de seguridad provisionalmente, decidimos dividirnos en dos grupos, un grupo de mujeres se fue a la embajada de las Naciones Unidas y mi grupo tom por asalto el Arzobispado, porque el monseor Jorge Manrique Hurtado no quera recibirnos por temor a los problemas con los paramilitares, estuvimos muy decididas en hacer la huelga de hambre ya que si no presionbamos en ese entonces el destino hubiese sido funesto para nuestros compaeros presos, nos ubicamos en la oficina del tercer piso del arzobispado, el personal se fue echando llave el edificio, por temor a que no se entere nadie, estuvimos encerradas e incomunicadas con el pueblo varias horas hasta que ubicamos hojas sbanas y logramos hacer un cartel enorme, escribiendo en letras grandes mujeres mineras en huelga de hambre , colgamos el cartel en la azotea del edificio y llamamos la atencin de los transentes . El pueblo se haba dado cuenta de nuestro propsito.

Al cabo del da escuchamos sonidos estrepitosos en la entrada del edificio al promediar las 17:30 de la tarde, pensamos que los paramilitares haban venido a tomar el edificio, nosotras nos agarramos en cadena humana, decididas a no separarnos, se abri la puerta de la oficina donde estbamos y apareci el monseor Manrique con un peridico en las manos y nos dijo acusadoramente qu han hecho ustedes!, mostrndonos el peridico Jornada en el cual estaba la noticia que se haba publicado sobre el piquete de la huelga de hambre de nosotras, as mismo sta noticia se haba difundido en CNN internacional, el monseor se vea ms comprensible por nuestra lucha, a raz de esa noticia todo cambi a nuestro favor, nos llovi los fax y telegramas de los pases amigos solidarizndose con nosotras, alentndonos a no desmayar en nuestra lucha, estos gestos de apoyo nos fortific mucho y tiempo despus se logr una nueva apertura democrtica en el pas.

Al da siguiente 23 de noviembre de 1981, redactamos un documento con el aporte de todas las compaeras, exigiendo la amnista general e irrestricta, el retorno de los exiliados al pas, la libertad de nuestros compaeros detenidos y desaparecidos, la vigencia de los derechos humanos, la vigencia sindical, la salida de las fuerzas represivas de los centros mineros, la reposicin y funcionamiento de las radioemisoras mineras y la libertad de prensa entre otras peticiones (Al recordar este pasaje de su vida Zenobia con lgrimas en los ojos relataba estos momentos de lucha).

E.J.H.: La lucha de antes fue la antesala para el cambio que se vive hoy en da?

Z.M.C.: La satisfaccin personal que tengo desde lo profundo de mi ser, es que toda esa lucha de las mujeres mineras, todo ese sacrificio inmolando muchas de ellas sus vidas por recuperar la democracia en el pas, hoy toda esa lucha se ve reflejada en la participacin de las mujeres en el actual proceso de cambio. Pero esta historia debe de impartirse en las nuevas generaciones para que nunca ms vuelva estos atropellos al ser humano, al menos existe un compromiso a nivel internacional de La Haya, de los Derechos Humanos a nivel internacional de no permitir que nunca ms se practiquen estas violaciones.

E.J.H.: Cree usted que han sido comprendidas, han sentido el apoyo de los compaeros en la lucha conjunta?

Z.M.C.: A partir de nuestra participacin todo fue cambiando, nos dieron mayor espacio y respeto los dirigentes mineros, desde la casa nuestros esposos que por la formacin de la sociedad eran machistas fueron cambiando paulatinamente, nos valoraron ms, todo esto hizo que nos volviramos a reorganizar en Comits de Amas de Casa y junto a nuestros compaeros desde entonces emprendimos la lucha por las reivindicaciones obreras, pero considero que el machismo est enraizado en la sociedad y pese a las nuevas leyes en favor de las mujeres seguir costando desligarse de este mal.

E.J.H.: Se sabe que las mujeres han jugado un papel importante en las marchas histricas de los mineros como la marcha por la vida.

Z.M.C: El 21 de agosto de 1986 despus de un ampliado de la Central Obrera Departamental de Oruro a la cabeza de Freddy Ontiveros en la avenida Cvica de sta ciudad se decidi realizar La marcha por la Vida, de una desarrapada movilizacin en sus inicios, se convirti en un movimiento de ms de 10 mil marchistas entre mineros, fabriles, universitarios, la clase media, y todas las valerosas mujeres que estbamos en esta marcha, a lo largo del recorrido se sumaron los compaeros campesinos, en algunos poblados a lo largo del recorrido, salan con algo de comida los hermanos campesinos como muestra de solidaridad.

sta histrica marcha de Oruro hasta Calamarca hizo tambalear al Gobierno neoliberal de Paz Estenssoro, fue un hito histrico en el movimiento obrero que marc el inicio de las posteriores marchas que experimentara el pas, porque despus de ese sacrificio con los pies ensangrentados y el hambre en el estmago, al llegar a las 04:30 de la madrugada del 28 de agosto, el poblado de Calamarca fue sitiada de militares, la fuerza area , el ejrcito y los policas empezaron a sitiarnos, pareca una zona de guerra, los aviones sobrevolaban muy cerca a la llanura, el lugar pareca un enorme campo de concentracin, los militares fuertemente armados nos mantuvieron amedrentados durante todo el da y toda la noche, mientras que nuestros dirigentes en comisin exponan nuestras demandas al gobierno de Vctor Paz Estenssoro, quien temeroso del impacto que cobraba nuestra movilizacin, logr persuadir a nuestros dirigentes. La perfidia y la traicin se apoder de nuestro movimiento, Simn Reyes y el dirigente de los mineros Filemn Escobar entre otros, capitularon en nuestra lucha, por el temor inminente de desatarse una masacre, esa actitud sumisa impidi continuar la marcha hacia La Paz, nuestra dirigente de las Amas de Casa de Huanuni, la compaera Emiliana Reyes de Sols al saber de ese perjurio y la impotencia de no poder hacer nada lo zarande a Simn Reyes tildndole de traidor y sepulturero del movimiento obrero. Obligados a punta de fusil, volvimos con el sabor amargo de la resignacin a nuestros distritos mineros, pero dijimos a los cuatro vientos que Los mineros volveremos.

El gobierno siguiendo la lnea neoliberal del Decreto Supremo 21060 del 29 de agosto de 1985, segua lanzando el anzuelo para seguir relocalizando a los obreros, ofreciendo indemnizaciones antojadizas como el Mil por uno, el plan era cerrar a toda costa las minas y seguir echando a las calles a los obreros que quedaban, en este tiempo las mujeres mineras jugamos un rol importante en defensa de las fuentes de trabajo de nuestros compaeros, hicimos manifestaciones permanentes en la ciudad de La Paz, fuimos reprimidas y maltratadas por la polica en innumerables veces llegando a ser gasificadas y reprimidas con balines un 27 de mayo de 1987, en el da consagrado a las madres bolivianas, pero pudo ms nuestra lucha que la soberbia neoliberal y anti patritica del gobierno, logrando as con nuestra lucha a que la mina de Huanuni no se cierre.

E.J.H.: Se dice que nuestra abigarrada sociedad boliviana tiene un machismo enraizado, cree usted que ha habido un cambio desde que irrumpi el proceso de cambio en Bolivia?

Z.M.C.: S, se ha avanzado bastante desde la ley de leyes donde se incorpora los derechos de las mujeres y la paridad de gnero en las esferas de la administracin del Estado Plurinacional, estamos avanzando pero an falta mucho por recorrer, nos falta seguir socializando el rol de la mujer en la sociedad, por ejemplo en el sector donde vivo ahora en el municipio de Sipe Sipe, el alcalde valora el trabajo de la mujer, nos ha dado nuestro espacio en el tema de equidad de gnero, nos ha apoyado para que la organizacin de mujeres Bartolina Sisa, tengamos cursos de tejidos y costura, hay mujeres que vienen permanentemente al taller de comunidades alejadas, manifiestan que son comprendidas por sus esposos porque desean mejorar la condicin de vida de sus familias, pero pese a estos matices, todava falta mucho por concientizar, por ejemplo segn datos estadsticos que maneja la Oficina de la Mujer en Cochabamba son alarmantes los casos de violaciones hacia las mujeres, en las esferas intrafamiliares, el acoso sexual en sus fuentes de trabajo, el acoso poltico, las violaciones sexuales y el feminicidio nos hace ver que no estamos a la altura de la Constitucin Poltica del Estado, la sociedad sigue mentalizado en la cultura del machismo.

E.J.H.: Se supo que a raz de su actividad sindical fue invitada a varios eventos internacionales como en el Ecuador y Mxico.

Z.M.C.: Si he sido invitada el 2008 a un evento organizado por la organizacin ecuatoriana La emancipacin de las mujeres para hablar desde mi perspectiva sobre el rol que jug la mujer boliviana en la elaboracin de la Nueva Constitucin Poltica del Estado y creo yo que mi modesta experiencia me dio solvencia para hablar sobre ese tema ya que estuve en todo estos procesos de cambio que vivi el pas, asimismo el 2010 el Senado de Mxico me invit a una conferencia sobre Derechos Humanos, esto se debi a la referencia que los mexicanos tenan de mi persona cuando form parte de la directiva de la Asamblea de Derechos Humanos en Huanuni, conjuntamente con las compaeras de entonces como Marta Centeno, Luz Arvalo, Marta Osini, Mara del Pino Len entre otras. Aprovechando mi estada en Mxico a invitacin de la juventud del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) participe de la Cumbre del Foro global por la vida, la justicia ambiental y social sobre el cambio climtico que se realiz del 4 al 10 de diciembre del 2010 en Cancn, organizada por la Va Campesina.

E.J.H.: Qu opina usted respecto al cambio climtico en el pas.

Z.M.C.: El granero de Bolivia que era Cochabamba perdi su razn de ser, porque todos quieren construir de manera frentica en el departamento sin prevenir lo que va a pasar en el futuro mediato, el tema de urbanizar reas verdes, como quieren hacer en Pucarita Chico no es correcto, se elabora proyectos sin consultar a los comunarios del lugar, cmo vamos a poder garantizar la seguridad alimentaria sino cuidamos nuestras reas de cultivo. De un tiempo a esta parte nuestro presidente sigue luchando con coherencia por abolir la pobreza hasta el 2025, pero muchos de sus colaboradores trabajan en contra ruta, muchos seguidores no estn a la altura de los cambios revolucionarios, pienso que la reaccin y la derecha est incrustada en algunas esferas de gobierno y quieren socavar desde adentro este cambio que ha costado mucho al pueblo.

E.J.H.: El motivo de esta entrevista fue la de ponderar la lucha de las mujeres que contribuyeron para el cambio que experimenta nuestro pas. Su mensaje a la mujer boliviana.

Z.M.C.: La lucha y el sacrificio de las mujeres que a lo largo de la historia han contribuido para consolidar el estado de derecho que hoy en da los bolivianos y bolivianas vivimos, ha sido importante, muchas compaeras revolucionarias ya no estn entre nosotras y no lograron ver ste proceso de cambio tan particular como es, sta revolucin cultural y democrtica, pero quedan sus ejemplos y su testimonio de vida en la memoria colectiva de sus bases y como tributo a todas aquellas compaeras es importante seguir luchando para despojarse del machismo y educar al hombre nuevo profundizando el cambio hacia el socialismo.

La mujer no slo se la debe de ver como aquella rosa que engalana el entorno, nos cautiva con su delicada fragancia y su efmera lozana, que una vez marchita la abandonan al desecho. Al contrario la mujer debe de ser la compaera de lucha junto al hombre, decididos por cambiar este sistema en detrimento, sin perder la sonrisa.
Zenobia Machicado Caero

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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