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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-03-2014

Bachelet, segunda parte

Alvaro Ramis
Punto Final


El 11 de marzo, Chile ha iniciado un nuevo ciclo poltico. La segunda presidencia de Michelle Bachelet posee innegables coincidencias, de forma y de fondo, con su primer mandato: se repiten nombres, estilos de gestin, los vicios y virtudes de un colectivo poltico que en su gran mayora ya tiene experiencia en funciones de gobierno. Pero tambin hay grandes diferencias, que si no se destacan no permiten entender la coyuntura especfica que est viviendo el pas.

La primera diferencia es que la Nueva Mayora no es exactamente la Concertacin. La presencia del Partido Comunista y la Izquierda Ciudadana no constituye la nica novedad. El cambio fundamental es otro: la Concertacin era una coalicin estratgica, sin fecha de caducidad, pero que se agot despus de veinte aos. En cambio, la Nueva Mayora se define a s misma como un acuerdo poltico programtico para apoyar el gobierno de Bachelet. Nada ms. No se trata de un pacto estratgico, sino un contrato a cuatro aos plazo. Cumplido el periodo presidencial, y evaluado el cumplimiento del programa, los que hoy son aliados podran, eventualmente, tornarse adversarios. De all que la existencia misma de la Nueva Mayora se juegue en el cumplimiento (o incumplimiento) de ese programa.

Que se trate de un acuerdo poltico programtico no es bueno o malo en s mismo. En el sistema parlamentario de Europa es lo que ocurre cotidianamente. Las coaliciones de gobierno se forman despus de trascurridas las elecciones, y los partidos se pueden demorar meses en negociar un pacto de gobierno hasta lograr un contrato mayoritario. Blgica estuvo 589 das sin gobierno, entre 2010 y 2011, por las dificultades de llegar a un pacto de mayora que permitiera gobernar. Estos acuerdos de gobierno pueden incluir a partidos muy dismiles entre s, los que se vinculan exclusivamente por un programa de gobierno inmediato. Hoy, en Alemania, gobierna la Democracia Cristiana de Angela Merkel y la Social Democracia de Sigmar Gabriel. Pero en las prximas elecciones ambos partidos se enfrentarn con todo, como si nada hubiera pasado en los ltimos aos.

Bajo un acuerdo poltico programtico los gobernantes deben ser muy comedidos en sus intervenciones. Ello se hizo evidente en el primer discurso de la presidenta Bachelet la tarde del 11 de marzo. Fueron slo 890 palabras, centradas totalmente en los objetivos programticos de su gobierno, sin alegoras ni grandes referencias fuera de ese marco concreto. Una brevedad y precisin que revela el carcter de la coalicin que la sustenta: la imposibilidad estructural de referirse a lo que no est en el programa, pero a la vez lo detallado y puntilloso del contrato de gobierno que justifica su existencia.

 

UNA CIUDADANIA MOVILIZADA

La segunda gran diferencia de esta segunda presidencia de Bachelet radica en el clima social. La presidenta no pudo obviar ese dato, y por eso comenz su intervencin diciendo: Ustedes han sido los protagonistas de muchos procesos que han ocurrido en este tiempo, donde la ciudadana ha decidido ejercer sus derechos. Todos sabemos cules son esos procesos y cules son esos derechos. No es necesario nombrarlos. La convocatoria a la marcha de todas las marchas, para el prximo 22 de marzo, a pocos das del inicio del nuevo gobierno, refleja muy bien ese clima de opinin. Y el comentario de Bachelet a esta convocatoria tambin refleja la importancia del giro movilizador: Una marcha el 22 de marzo parece un poquito entend que lo que quieren decir es que cumplamos con nuestro programa de gobierno, y eso es lo que queremos hacer. Ellos pueden estar tranquilos.

Es muy probable que los participantes en la manifestacin del 22 marchen bajo premisas distintas. Algunos lo harn en la lgica de expresar, tranquilamente, su apoyo el programa de Bachelet. Otros lo harn con mayor desconfianza, motivados por exigir su estricto y rpido cumplimiento. Y otros, ms escpticos todava, para manifestar su recelo ante la voluntad poltica del gobierno y para declarar su pretensin de ir ms all de lo que se propone la Nueva Mayora.

En este momento todava es posible que este conjunto tan heterogneo de personas puedan salir juntas a la calle. A medida que pase el tiempo, ser cada vez ms difcil que se articulen pblicamente. El curso del cumplimiento del programa mostrar cul de los tres grupos es el que tiene la razn. An es muy pronto para sacar conclusiones.

 

LA CENTRALIDAD DEL PROGRAMA

La tercera diferencia se desprende de las dos anteriores. Nunca un programa de gobierno haba tenido tanta centralidad. Desde 1990 los gobiernos han tenido que responder a expectativas mucho ms intangibles, centradas fundamentalmente en la persona de los presidentes: el primer presidente democrtico, el hijo de un presidente, el primer socialista despus de Allende, la primera mujer presidenta, o el primer gobernante de una coalicin distinta a la Concertacin. Hoy este tipo de factores es irrelevante. La Nueva Mayora es un programa, y sin programa no hay Nueva Mayora. Por lo tanto, Bachelet se juega el todo por el todo en el cumplimiento de unas promesas que, inevitablemente, se convertirn en un campo de batallas interpretativas.

Por ejemplo: Cun nueva ser la nueva Constitucin? Si se asumiera el procedimiento institucional de la Asamblea Constituyente, no cabra duda que el texto resultante sera enteramente distinto. Pero una reforma por va parlamentaria va a introducir el debate sobre el estatus final del texto: En qu punto una Constitucin reformada comienza a ser una nueva Constitucin? Esto no es una tarea que puedan resolver los juristas o los lingistas, porque los que tendrn que evaluar esa novedad sern los ciudadanos. Ellos sern los que debern resolver si hemos entrado en un nuevo orden de cosas, o si los cambios son cosmticos.

Bachelet parece consciente de esta dificultad en su discurso del 11 de marzo: Quiero que el da que vuelva a dejar esta casa, ustedes sientan que su vida ha cambiado para mejor. Que Chile no es slo un listado de indicadores o estadsticas, sino una mejor patria para vivir, una mejor sociedad para toda su gente. En otras palabras, la presidenta sabe que la evaluacin de su programa no ser un asunto cuantitativo o estadstico, como pensaba Piera, sino un asunto enteramente cualitativo. Pasar por la profundidad y radicalidad de los cambios, y no por la cantidad de ellos. Pocas trasformaciones, pero significativas. Ese ser el criterio de la ciudadana. De all la tesis central del discurso: Chile tiene un solo gran adversario, que se llama desigualdad!, sostuvo Bachelet a modo de conclusin y mandato. Una desigualdad sentida y vivida, y no slo expresada en cifras o indicadores. Pero tambin una desigualdad que se explica por el trabajo incesante de unos desigualadores que han hecho todo lo posible para acrecentar y ensanchar las diferencias entre los chilenos. Y a ellos no les temblar la mano a la hora de defender su obra de cuarenta aos.

Podr la Nueva Mayora, en tanto acuerdo poltico programtico, derrotar a tan gran adversario? Y cmo se las arreglar Bachelet para derrotar a los desigualadores que existen al interior de la Nueva Mayora? En este aspecto, la ciudadana espera, al menos, que Bachelet sea capaz de revertir la tendencia de las ltimas dcadas. En la Amrica Latina de hoy sobran los ejemplos para demostrar que eso es perfectamente viable y posible. No es fcil, implica grandes esfuerzos. Pero las experiencias y los ejemplos cunden, y hablan por s solos. No hay que tener miedo a imitarlos. Chile tiene un solo gran adversario: los desigualadores.

 

 

 

Publicado en Punto Final, edicin N 800, 21 de marzo, 2014

 

www.puntofinal.cl



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