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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-03-2014

Leviatn y La Triloga de Nueva York, dos piezas al azar
Paul Auster con sus fantasmas

Camilo de los Milagros
Rebelin


Es acudir al clich, si defino los mritos de un autor a raz de su virtuosismo con la sorpresa: se sabe que la escritura si es genial, siempre sorprender, aun con mil aos encima. Es acudir al clich por segunda vez, plagiar a Ernesto Sbato con el ttulo -El escritor y sus fantasmas- a propsito de las redes infinitas que se tejen entre la ficcin y la mente quimrica de los escritores.

Paul Auster rene ambos clichs. Con una tcnica narrativa cuya herramienta es la sorpresa, asalta al lector igual que un bandido cuando menos se lo espera, poniendo trampas, saturando la narracin de equvocos. Su pequea obra maestra, la Triloga de Nueva York[1], relato deslumbrante en tres partes, nos introduce a giros engaosos bajo la ambigedad. Sin embargo La triloga es un relato total, en el sentido de crear personajes muy coherentes que son por ello crebles y apasionantes, a pesar de lo inverosmil de la novela. Esos espectros movindose dentro de la gran manzana, dominados por manas autodestructivas y enfermizas, tienen todos algo en comn: quieren despejar un misterio. Ninguno lo consigue. Auster se burla de la tradicin literaria norteamericana, adicta a resolver acertijos, porque lo suyo ser oscurecer los acontecimientos en lugar de aclararlos. Sus personajes no pueden desvelar nada puesto que ellos mismos son, en esencia, el nico misterio.

Es que, si la sorpresa es la tcnica, la neurosis es el fondo. Paul es un tipo obsesivo, quiz un enfermo mental igual que los seres de sus novelas. Ya estaba claro con su discurso aceptando el premio Prncipe de Asturias, al confesar que nunca ha tenido motivo para escribir: "no s porque me dedico a esto". El impulso de un novelista est ms all de sus deseos o vanidad. Un escritor autntico escribe "porque no tiene ms remedio, porque no puede hacer otra cosa"[2].

En la Triloga hay un hombre obsesionado con un plan de asesinato inexistente y pasa das, meses, montando guardia frente a un edificio para impedirlo, hasta caer en la indigencia. Otro es detective, enloquece intentando descifrar el irracional caso donde el nico observado e investigado es l mismo. Despus cierto escritor hace de la vida de un escritor muerto su propia vida, hasta descubrir que el otro vive, acaba envolvindose en una espiral compulsiva de persecucin, agresiones, cambios de roles y peligrosas amenazas. Los tres relatos, muy distintos, comparten una Nueva York de cristal alucinante como escenario. Todos los relatos son, en realidad, la misma historia.

Igual a sus personajes, Paul Auster no puede hacer otra cosa que montar guardia vigilando sus obsesiones. Escribe porque est enfermo de ficcin, incurable de invenciones que lo persiguen de noche. Su tema podra ser el desconcierto ante la annima modernidad, esa vida aburrida, montona y superficial de nuestras sociedades, increblemente susceptible de malearse hacia tramas terribles pero fascinantes, que slo requieren la cotidianidad de las calles de Nueva York sumidas en la incertidumbre. Enorme la capacidad de Auster para crear narraciones alumbradas por la maravilla, sin acudir a la impostura ni a la gastada magnificencia norteamericana: combinacin a su modo de obsesin con sorpresa, dos trillados clichs. Detrs hay un trabajo de genial arquitecto, de monstruo literario, artesano que hila filigrana, para trocar lo que cuenta en un producto sutil y perfecto del azar.

Leviatn[3], que intuyo fue su novela ms ambiciosa, retoma los tpicos de la triloga con un fondo poltico impresionante. Reaparecen las obsesiones, los equvocos, las confusas ambigedades, mientras Benjamin Sachs y Paul Aaron -formas opuestas de percibir la existencia, la escritura- componen una conspiracin literaria, donde un escritor decide hacer de su propia vida una gran novela, su gran "obra", con hechos, no con letras. Que otro la plasme en papel. En Leviatn se mezclan una discusin sobre filosofa poltica, un replanteamiento a los lmites entre verdad y ficcin, una trama con sabor a novela negra no resuelta, las referencias a la cosmovisin mtica juda, y finalmente, una crtica severa al concepto capitalista de libertad, cuestionamiento para nada inocente, que comienza coqueteando con el ttulo homnimo de Toms Hobbes: el Leviatn. El Estado. El monstruo bblico.

Lo que Auster divis con Leviatn en los ochenta, desmenuzando la compleja relacin entre la libertad -discurso articulador de una nacin- con la opresiva sociedad norteamericana, apenas si alcanza su magnitud muchos aos despus el 11 de septiembre. Que una ficcin adelante hechos terribles, es algo que siempre nos maravilla, aunque suceda con bastante frecuencia.

Persiguiendo el tono de la Triloga, los dos protagonistas terminan encerrados en un crculo de obsesiones, huyendo de espantos y miedos, que otorgan a las historias de Auster ese color que sentimos tan introspectivo, sin adoptar los estilos ni formas de las novelas psicolgicas. Tremenda paradoja.

Percibo pues, que si la vida es una proyeccin de la literatura o viceversa, el colosal Paul Auster est tan slo y loco dentro del mundo, como sus propios personajes, o como cualquier autor honesto, que escribe porque s, porque va abandonado sin remedio. No lo dir yo, lo dirn dos enmascarados sin nombre de La Triloga, conversando en algn rincn oscuro de Nueva York:

- Escribir es una actividad solitaria. Se apodera de tu vida. En cierto sentido, un escritor no tiene vida propia. Incluso cuando est ah, no est realmente ah.

- Otro fantasma.

- Exactamente.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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