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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2014

Lo pequeo no es tan hermoso: los costes ambientales del consumismo de aparatos electrnicos

Jos Bellver Soroa
FUHEM Ecosocial


En un contexto en el que la economa mundial an no ha terminado de recuperarse −especialmente en Europa− de la Gran Recesin iniciada en 2008, la produccin y el consumo de aparatos electrnicos no cesa de incrementarse en el mundo. Toda una serie de artefactos inundan crecientemente hoy nuestros hogares y lugares de trabajo, que aparentemente estn destinados a hacernos la vida ms fcil: ordenadores porttiles, Smartphones, Tablets, PDAs, Notebooks, Ultrabooks y toda una serie de innovaciones electrnicas no siempre tan diferentes de su versin anterior, de nomenclatura en ocasiones impronunciable, y con dimensiones y pesos cada vez ms reducidos. Paradjicamente, a pesar de la miniaturizacin y la mayor ligereza de los bienes de consumo electrnicos, su impacto ambiental sigue siendo enorme. Especialmente si tenemos en cuenta todas las fases del ciclo de vida de los mismos, desde la cuna hasta la tumba de estos productos que, paradjicamente, son presentados en ocasiones incluso como solucin a los problemas de insostenibilidad ecolgica.

La informtica y la electrnica siguen exigiendo una extraccin masiva de sustancias minerales, adems de los costes energticos que su fabricacin y uso llevan aparejados, con las consecuentes emisiones de residuos −muchos de ellos txicos− en las distintas fases de la cadena productiva, basura electrnica incluida. La fabricacin y el uso del equipamiento tecnolgico que acompaa esta extensin del sector servicios es, por tanto, una muestra ms de la ausencia de cualquier atisbo de desmaterializacin econmica y, por tanto, de que el capitalismo actual sigue expandiendo la produccin de bienes y servicios a costa de los recursos naturales procedentes de la corteza terrestre y del deterioro de los ecosistemas globales. Igualmente, de la misma forma en que existen jerarquas sociales en el sistema econmico capitalista, estos usos de recursos y sumideros globales estn tambin distribuidos de forma desigual entre unas y otras poblaciones del mundo.

Las TIC y el mito de lo inmaterial

El desarrollo y la implementacin de las tecnologas de la informacin y la comunicacin (TIC) a partir de los aos setenta, y su cada vez mayor presencia en las sociedades industrializadas a partir de los aos noventa, ha sido y sigue siendo uno de los elementos sobre los que descansa el espejismo de la posible expansin ilimitada del sistema econmico en un entorno finito como es la biosfera. En trminos ms generales, el desarrollo tecnolgico es para muchos economistas la principal, si no la nica, forma de sortear las restricciones que la naturaleza pudiera imponer al crecimiento econmico y de as poder acallar los malos augurios de quienes, an con slidas bases cientficas, llevan alertando sobre las mismas desde hace ya ms de cuatro dcadas, notablemente a partir de la publicacin del informe al Club de Roma sobre Los lmites al crecimiento. [1] Lamentablemente, a pesar de los mltiples avances tecnolgicos desde la fecha, la prevalencia de una crisis ecolgica con distintas dimensiones y escalas hace que este debate siga hoy ms vigente que nunca. [2]

Las TIC −que podemos definir como el conjunto de productos y servicios necesarios para digitalizar , almacenar , procesar, distribuir y comunicar informacin− [3] constituyen sin duda alguna uno de esos avances tecnolgicos que estn marcando un antes y un despus en mltiples mbitos de las sociedades mundiales, aunque con un elevado grado de disparidad entre las mismas. [4] Podra decirse que su auge inicial a finales del siglo pasado dio lugar a cierta euforia colectiva entre cientficos sociales entre los cuales se hablaba, quizs con cierta precipitacin, de tercera revolucin industrial, de sociedad de la informacin o sociedades post-industriales y en el mbito econmico, de una economa del conocimiento, en ocasiones utilizada como sinnimo de nueva economa, un trmino hoy quizs ms en desuso tras el fiasco sufrido tras el desplome burstil de las puntocom al finalizar el pasado siglo XX. [5] La centralidad del conocimiento y de la informacin en esta nueva era ha llevado igualmente a calificar esta extensin tecnolgicamente avanzada del sector servicios de economa de lo inmaterial, cuestin que en el terreno de la discusin en torno a los problemas subyacentes a las relaciones entre economa y naturaleza, entronca directamente con una de las polmicas ms recurrentes de los ltimos aos en el mbito de las relaciones entre crecimiento y medio ambiente: la de la desmaterializacin de la economa, o el desacople entre crecimiento econmico y el uso de recursos naturales. [6]

Las primeras investigaciones al respecto fueron las llevadas a cabo en 1978 por el economista Wilfred Malenbaum para la National Commission on Materials Policy (Comisin Nacional para las Polticas de Materiales) de EEUU, en las que se mostraba una tendencia a la reduccin en la intensidad de uso de una veintena de materias primas por unidad de PIB entre 1950 y 1975, y se anticipaba una continuacin futura de esta tendencia. Segn Malenbaum, esto se produca principalmente como consecuencia del cambio tecnolgico −que permitira generar la misma cuanta de valor con menos inputs materiales− aparejado a la terciarizacin de las economas industrializadas. En el caso de los pases en desarrollo −y partiendo de una visin lineal del desarrollo econmico− esta intensidad se incrementara durante la etapa previa de industrializacin de sus economas agrcolas, representndose as la relacin entre consumo de materiales y renta como una curva en forma de campana o de U invertida. [7]

Esta hiptesis de desmaterializacin econmica fue posteriormente reforzada por toda una serie de estudios que en algn caso trajo consigo el presagio de un supuesto final de la era de los materiales. [8] Sin embargo, una buena parte de los mismos estaban centrados en el anlisis de materiales especficos, y no en indicadores integrales de consumo material, por lo que se demostrara ms adelante que en muchos casos el fenmeno analizado podra ms bien denominarse transmaterializacin, en el sentido de que la reduccin en el uso de unos materiales se deba a la sustitucin por otros de mayor calidad. [9] En otros casos, al ampliar la serie temporal de estudios anteriores las curvas que describan los patrones de consumo de materiales adoptaban una forma de N ms que de U invertida producindose, contrariamente a lo pronosticado, una rematerializacin de la economa. [10]

Una distincin esencial, no obstante, es la que cabe hacerse entre desacople o desmaterializacin en trminos absolutos, que es la que se produce cuando el uso de materiales disminuye en tiempos de crecimiento econmico, frente a aquella en trminos relativos, cuando el uso de materiales crece a un ritmo ms lento que la economa. [11] La creciente bibliografa basada en la metodologa del anlisis de flujos de materiales lleva ya unos aos demostrando cmo los casos de desmaterializacin absoluta −la ecolgicamente significativa− son limitados o ms bien inexistentes, [12] por mucho que s puedan darse situaciones de desacople en trminos relativos. [13]

Al descender a la escala sectorial y de productos especficos, observaremos tambin que las TIC y la mencionada sociedad de la informacin, con su innegable dimensin intangible, ocultan sin embargo unos cimientos ambientales que conviene sacar a la luz para evitar evaluaciones acrticas.

La pesada mochila ecolgica de los ligeros aparatos electrnicos

A pesar del pinchazo de la burbuja a la que el auge de las TIC dio lugar bajo el rtulo de nueva economa, la economa de lo digital y lo ciberntico parece estar viviendo hoy un nuevo auge, as como la produccin y el consumo de los mltiples dispositivos electrnicos que para ello se utilizan. Mientras la dimensin socioeconmica ligada a este fenmeno es ampliamente tratada y discutida, el debate social en torno a sus consecuencias ambientales parece ms reducido y su visualizacin no deja de estar limitada, como todos los mbitos del binomio economa-naturaleza, por el velo monetario que la recubre. Sin embargo, las cifras ofrecidas por la observacin detallada de los flujos de recursos y residuos a lo largo del ciclo de vida de los equipamientos electrnicos asociados a las TIC avalan la existencia de un impacto ambiental creciente y nos llevarn a distanciarnos de anhelos como aquel que en los inicios de la revolucin informtica apuntaba E. Parker al afirmar que en la era de la informacin, el crecimiento econmico ilimitado ser tericamente posible, al conseguirse un crecimiento cero del consumo de energa y materiales. [14]

El fsico Eric Williams, uno de los acadmicos que ms contribuye hoy a desvelar esta cara oculta de las TIC, mostraba, en un estudio elaborado junto con Ruediger Kuehr para las Naciones Unidas, cmo la fabricacin de productos electrnicos es altamente intensiva en el uso de recursos naturales, superando con creces a otros bienes de consumo. Segn sus clculos, la fabricacin de un ordenador de sobremesa requiere al menos 240 kg de combustibles fsiles, 22 kg de productos qumicos y 1,5 toneladas de agua. El peso en combustibles fsiles utilizados supera las diez veces el peso del propio ordenador, mientras que por ejemplo, para un coche o una nevera, la relacin entre ambos pesos −de los combustibles fsiles usados en su fabricacin y del producto en s− es prcticamente de uno a uno. [15]

Otro ejemplo ligado al anterior, e igualmente significativo a la hora de evaluar las implicaciones ambientales de la revolucin de las TIC, en tanto que piedra angular de la misma, es el de la microelectrnica, o ms concretamente el microchip, que hoy ya podemos encontrar en todo tipo de aparatos electrnicos (ordenadores, telfonos mviles, etc.). Este es a menudo asumido como un buen ejemplo de desmaterializacin ya que su valor y utilidad son elevados, mientras que su peso es insignificante. Sin embargo, en una clebre publicacin de Williams, junto con Robert Ayres y Miriam Heller, sus autores mostraron cmo un microchip de 2 gr requiere, para su fabricacin, 72 gr de productos qumicos, 20 litros de agua, y el equivalente a 1,2 kg de combustibles fsiles en consumo energtico, [16] adems de generar 17 kg de aguas residuales y 7,8 kg de desechos slidos, junto a toda una serie de emisiones txicas a la atmsfera. [17] El anlisis del ciclo de vida de un microchip sintetiza en definitiva un proceso a todas luces paradjico y a la vez revelador: mientras progreso tecnolgico avanza hacia una miniaturizacin de los dispositivos electrnicos, el impacto ambiental de los mismos se acrecienta.

Efectos rebote ligados a las TIC

Ahora bien, sin tener en cuenta lo anterior, intuitivamente podra pensarse que la aplicacin de las TIC en la actividad econmica tiene un efecto directo en la reduccin en el uso de recursos naturales mediante la generalizacin de servicios ms eco-eficientes, la optimizacin de los procesos de produccin o la reduccin de la movilidad a travs de lo virtual (ej.: videoconferencias). Sin embargo, es necesario no solo tener en cuenta los efectos directos, sino tambin los efectos indirectos que pudieran llevar a aumentos en el uso de materiales. Esto es lo que se conoce como efecto rebote: [18] cuando las ganancias en eficiencia se saldan con un aumento del consumo de recursos (o la generacin de residuos).

Son mltiples las dimensiones socioeconmicas que pueden dar lugar a efectos rebote como consecuencia del desarrollo de las TIC: bien sea porque puedan generarse reducciones en los precios −como consecuencia de una mayor eficiencia− y por el mayor consumo de otros bienes o servicios que se pueda derivar del ahorro subyacente, o por los efectos indirectos debidos a la existencia de sustitutos imperfectos −por ejemplo, transporte y telecomunicaciones− o, simplemente, por el propio crecimiento econmico, estimulado por la implementacin de las TIC −va mayor productividad−, mediante el cual podran acabar deshacindose, a escala macro, los ahorros logrados en el uso de materiales a escala micro. [19]

Un primer efecto rebote suele venir de la mano del aumento de infraestructuras que la propia puesta en marcha de las TIC requiere: nuevas actividades de construccin, cableado, equipamientos de todo tipo (servidores, amplificadores, routers, etc.) y aumentos en la potencia energtica para satisfacer las nuevas demandas crecientes ante la mayor potencia y difusin de los nuevos equipamientos. [20] Realizar esta contabilidad es, a buen seguro, una tarea compleja, pero no puede dejarse de lado, especialmente cuando observamos el elevado grado de renovacin que estas infraestructuras requieren como consecuencia de los constantes avances tecnolgicos.

Un mbito esencial donde el afloramiento de las nuevas tecnologas ha comprometido las promesas de mayor sostenibilidad ecolgica de la nueva economa-sociedad de la informacin ha sido el de los cambios en las pautas de consumo. Uno de los primeros mitos desvelados en este sentido ha sido el de la oficina sin papeles que la expansin de las TIC pareca prometer, pues, a pesar de los procesos de digitalizacin, ha venido acompaada de incrementos en las ventas de impresoras ms baratas y rpidas, de tal manera que solo en EEUU el consumo de papel lleg a multiplicarse por cinco entre 1960 y 1997. En cuanto a los medios de informacin digitales, a pesar del notable aumento en su nmero de lectores en detrimento de la prensa escrita, tampoco estn muy claras aqu las ventajas ambientales de leer las noticias por internet frente a un peridico en papel. Segn documenta Andrius Plepys, el impacto ambiental sera mayor en el medio digital una vez pasados 20 minutos y ms amplificado an si el lector o la lectora decidiese imprimir una o varias de esas noticias. [21]

Adems de los ordenadores, los lectores electrnicos (e-readers) donde cabe incluir tanto libros electrnicos (e-books) como las tabletas (tablets) son hoy los dispositivos que en una progresin exponencial parecen estar sustituyendo la lectura en papel por la digitalizada. En el paso del papel a lo digital aparentemente el impacto medioambiental se reduce sustancialmente, sobre todo teniendo en cuenta la huella de carbono derivada de la tala de rboles, cifrada en 30 millones de rboles en el caso de EEUU solo para el ao 2006. Sin embargo, en un anlisis reciente sobre la cuestin se conclua que haran falta 100 libros impresos para llegar a la huella de carbono de un popular modelo de tabletas (iPad). Y en trminos de combustibles fsiles −tanto para la energa como los plsticos empleados en su fabricacin−, uso de agua y consumo de materiales (metales y otros recursos minerales usados para los distintos componentes electrnicos y la batera) el impacto de un e-reader −mayoritariamente situado en su fabricacin− equivale aproximadamente al de 40 50 libros. Por tanto, el impacto ambiental de esta sustitucin digital depender mucho del comportamiento de los consumidores de uno y otro formato: ser menor el de quien lea muchos libros en el formato digital frente a quien lo haga menos, de la misma forma en que un libro en papel tendr un menor impacto por libro a mayor nmero de manos lectoras por las que pase. Cierto es que el formato electrnico requiere, por otra parte, energa para su uso, aunque en una proporcin menor −en torno a una tercera parte− respecto a su fabricacin, variando aqu sustancialmente de ms a menos entre las tabletas y los dispositivos que utilizan tinta electrnica. La complejidad del asunto nos lleva en cualquier caso a descartar cualquier apriorismo. [22]

Otro terreno donde conviene hacer bien las cuentas es el del comercio electrnico, la gran esperanza despertada por la nueva economa. Como seala scar Carpintero,

A pesar de que las ventajas en este caso afectan tanto a la esfera de la produccin como a la del consumo, cabe recordar que este tipo de comercio, si bien simplifica los desplazamientos relacionados con la obtencin de informacin y la compra efectiva, no evita el transporte de los productos a domicilio y el coste o impacto ambiental asociado . [23]

De hecho, el comercio electrnico tiende a favorecer un transporte en ocasiones peor aprovechado y, en trminos generales, ms rpido (ej.: avin y camiones frente a tren o barco), llegando a cuadruplicarse o quintuplicarse los costes energticos. [24] Aqu, el ahorro o no depender del nivel de carga de los vehculos y la distancia recorrida. En Suecia, por ejemplo, se ha estimado que las compras de los hogares va comercio electrnico dan lugar a ahorros en trminos ambientales cuando estas llegan a reemplazar al menos 3,5 viajes para compras tradicionales si se realizan ms de 25 envos de pedidos al tiempo, o si la distancia a recorrer para la entrega es menor de 50 km. [25]

En sintona con lo anterior, cabe situar al teletrabajo con las muchas posibilidades que para ello ofrecen las nuevas tecnologas. A primera vista se plantean ventajas evidentes (reduce los desplazamientos, el consumo de energa, la contaminacin, etc.), pero aqu tambin conviene equilibrar la valoracin teniendo en cuenta los efectos colaterales no deseados que pueden variar mucho segn los lugares. En EEUU, por ejemplo, la adopcin del teletrabajo como poltica ambiental podra generar un ahorro energtico potencial de entre el 1% y el 3%, mientras que en Suiza se detect en 1997 un aumento del 30% en el consumo de energa de aquellos hogares en los cuales uno de los miembros trabajaba en casa, dado que una parte importante de la energa ahorrada en el transporte y la oficina se consume en el propio hogar al desarrollarse ah la actividad. [26]

Finalmente, el efecto rebote por antonomasia es aquel que surge del incremento del volumen total de consumo. Es decir, que incluso en el caso de que encontrar una nueva tecnologa o aparato tecnolgico que claramente supusiera un menor impacto ambiental frente a su versin anterior o analgica, esta mejora podra verse ms que compensada por un uso mayor o, sobre todo, por el aumento de las ventas de nuevos bienes de consumo electrnicos, habida cuenta de los importantes requerimientos de energa y materiales para su fabricacin. Esto es claramente lo que sucede hoy en da con la proliferacin de nuevos aparatos electrnicos (smartphones, tablets, televisiones con pantalla plana, etc.), que con frecuencia no suponen realmente cambios sustanciales en cuanto a su utilidad o funcin principal.

El acortado ciclo de vida de muchas de estos aparatos electrnicos es el fruto de un consumismo −que no es otra cosa sino la otra cara del productivismo− que tiene su origen, en parte, en lo que se conoce como obsolescencia percibida, es decir, no real, en donde la reduccin de precios y las estrategias de marketing de las empresas distribuidoras estn jugando un importante papel. Otro tipo de obsolescencia realmente existente es la planificada por los fabricantes de aparatos electrnicos que en muchos casos introducen componentes destinados a estropearse mucho antes que el periodo total de vida til del aparato en su conjunto, dificultando por otra parte su reemplazo. El caso de los telfonos mviles es paradigmtico para ambas cuestiones, con el resultado de que mientras estos podran tener vidas tiles de aproximadamente 10 aos, la frecuencia media de sustitucin de los mismos se sita entre los 12 y 24 meses. [27] Hilty y colegas destacan otra paradoja similar al apuntar que a pesar de que la eficiencia y el rendimiento de los ordenadores no ha dejado de incrementarse desde el inicio de su existencia, el incremento del nmero de ordenadores instalados ha aumentado en mayor medida, dando as lugar a un efecto rebote mediante el cual el uso conjunto de energa y materiales para informtica no ha dejado de incrementarse. [28] En los ltimos aos, la progresin sigue siendo la misma, solo que una parte de las compras de ordenadores va siendo poco a poco sustituida por las tabletas y los porttiles ultraligeros, cuyas ventas se incrementaron, respectivamente, un 66% y un 140% (Tabla 1).

Tabla 1. Ventas mundiales de algunos aparatos electrnicos (en millones de unidades)

Esta dinmica del usar y tirar da lugar al ltimo coletazo de deterioro ecolgico asociado a los aparatos electrnicos en su ciclo de vida. Naciones Unidas estima que anualmente se genera un flujo creciente de entre 20 y 50 millones de toneladas de residuos electrnicos en el mundo, de los cuales una parte importante es exportada, de forma frecuentemente ilcita, desde Estados Unidos, la Unin Europea o Japn, principalmente hacia los continentes asitico y africano, donde se realiza un reciclaje mucho ms rudimentario o simplemente se vierte y/o quema en algn lugar, con serias consecuencias medioambientales y para la salud de las poblaciones locales, generalmente las ms pobres. Esto es lo que se denomina irnicamente la poltica NIMBY (siglas de la versin anglosajona de No en mi patio trasero). [29] [30]

Comentarios finales

La evaluacin econmico-ecolgica de la actual proliferacin de aparatos electrnicos que ha venido acompaando a la implementacin y al desarrollo de las TIC en las ltimas dos dcadas es, sin duda, compleja, dado que existen mltiples factores a tener en cuenta y que pueden actuar de forma contradictoria. En este sentido, por ejemplo, en lo que respecta a internet, la red puede ser una herramienta de formacin y empoderamiento del consumidor destinada a promover estilos de vida ms ecolgicamente responsables, pero al mismo tiempo puede ser una poderosa herramienta de fomento del consumismo en tanto que canal de marketing.

Sin la posibilidad, ni tampoco la pretensin, de realizar aqu un estudio exhaustivo sobre la cuestin, s hemos podido observar, no obstante, que todo apunta a que cuando se hacen bien las cuentas, la terciarizacin de los pases ricos y el uso creciente de bienes de consumo electrnicos entre sus poblaciones [31] ya no parecen −al menos no con la seguridad de quienes en ocasiones realizan afirmaciones que casi parecen dogmas de fe− necesariamente generadores de una menor intensidad en el uso de recursos naturales, y menos de un menor uso de los mismos en trminos absolutos, o de un menor impacto ambiental en trminos ms generales.

Buena parte de la ilusin ambiental que rodea este proceso de tecnologizacin de nuestras vidas surge en gran medida del hecho de que los bienes de consumo electrnicos son, con frecuencia, menos intensivos energticamente en su utilizacin que en su fabricacin, contrariamente a lo que sucede con otros bienes de consumo. As pues, simplemente, el deterioro ecolgico (y social), queda aqu trasladado a momentos distintos del ciclo de vida de los productos, as como a fases de la cadena de produccin que con frecuencia han sido igualmente trasladados, solo que geogrficamente (ej.: deslocalizacin) a otros lugares. En estas mismas regiones perifricas de la economa mundial se extraen tambin crecientemente las exticas sustancias minerales requeridas para las tecnologas ms novedosas. Casualmente −o no tanto−, estos suelen ser los lugares donde los salarios, los derechos laborales, y los niveles de proteccin ambiental son menores. El menor poder poltico de quienes directamente sufren los impactos ambientales de este consumismo contribuye sin duda a perpetuar esta realidad, pero no evita que se acumulen los sucesivos conflictos socioecolgicos a escala mundial. Hacerlos visibles y ligarlos a sus causas originarias ser un primer paso para solventarlos de forma justa.

Finalmente, este texto no debe de entenderse como un manifiesto anti-tecnolgico, sino ms bien como una llamada informada a la autolimitacin tanto individual como colectiva, teniendo siempre presente que, en ltima instancia, son las propias dinmicas del sistema econmico las que deben de trascenderse de cara a verdaderos cambios de tendencia.

Notas:

[1] D. H. Meadows, D. L. Meadows, J. Randers y W. Behrens, Los lmites al crecimiento, FCE, Mxico, 1972.

[2] Para una revisin en torno a la vigencia de muchas de las previsiones de Meadows y colegas, vase U. Bardi, The limits to growth revisited, Springer, Nueva York, 2011. Por otra parte, en el ltimo informe La situacin del mundo 2013: Es an posible lograr la sostenibilidad? del Worldwatch Institute (publicado en castellano por Fuhem Ecosocial e Icaria) puede consultarse el segundo captulo, en el que Carl Folke repasa las informacin cientfica ms reciente en torno a los lmites planetarios ya rebasados.

[3] J. Van den Bergh, H. Verbruggen, y V. Linderhof, Digital Dematerialization: Economic Mechanisms behind the Net Impact of ICT on Materials Use en M. Salih, (ed.), Climate change and sustainable development, Edward Elgar, Cheltenham, 2009.

[4] No existe de hecho ninguna certeza de que las TIC favorezcan la reduccin de las desigualdades de nuestro mundo, existiendo incluso la amenaza de que pudieran convertirse en un factor que contribuyera a su agudizacin como consecuencia de que una nueva brecha viniera a sumarse a las que ya separan a colectivos sociales y pases (. Martnez Gonzlez-Tablas, Economa Poltica Mundial. I. Las fuerzas estructurante Ariel, Barcelona, 2007).

[5] Actualmente, a pesar de las incgnitas e incertidumbres que siguen girando alrededor de las TIC y sus efectos en mltiples dimensiones, no dejan de representar un fenmeno con visos de tener una honda y dilata influencia en la configuracin y el comportamiento de la economa mundial, pudiendo otorgrsele la consideracin de fuerza estructurante de la misma, tal como se deriva del anlisis de ngel Martnez Gonzlez-Tablas en el primer tomo de su Economa Poltica Mundial: I en el que se dedica un captulo completo al estudio de los rasgos y efectos inducidos por las TIC desde una perspectiva sistmica.

[6] El otro pilar fundamental sobre el que se sustenta el argumento de la desmaterializaciones es el de la supuesta sustitucin de materias primas tradicionales por nuevas sustancias menos intensivas en energa y materiales que las primeras. scar Carpintero desmonta contundentemente estos argumentos en Pautas de consumo, desmaterializacin y nueva economa: entre la realidad y el deseo, en Joaquim Sempere (ed.), Necesidades, consumo y sostenibilidad, CCCB/Bakeaz, Barcelona, 2003.

[7] Una idea que al generalizar dicha hiptesis al conjunto de impactos ambientales se plasmara en la nocin de Curva de Kuznets Ambiental, mientras que la desmaterializacin suele referirse normalmente al uso de materiales. No obstante, en muchos casos este indicador suele ser una variable aproximada del deterioro ecolgico y quizs por ello Cleveland y Ruth zanjan la discusin definiendo la desmaterializacin en trminos ms generales como la reduccin absoluta o relativa en la cantidad de materiales utilizados y/o la cantidad de residuos generados en la produccin de una unidad de produccin econmica (C. Cleveland y M. Ruth, Indicators of Dematerialization and the Materials Intensity of Use, Journal of Industrial Ecology, Vol 2, n. 3, pp. 15-50, 1999).

[8] Puede consultarse una revisin de esta literatura, as como de las crticas al respecto en: C. Cleveland y M. Ruth, 1999, op. cit.; y S. De Bruyn, Dematerialization and rematerialization as two recurring phenomena of industrial ecology en R. Ayres, L. Ayres L. (eds.), Handbook of industrial ecology, Edward Elgar, Cheltenham, 2002.

[9] W. Labys, Transmaterialization en R. Ayres y L. Ayres (eds.), op.cit.

[10] S. De Bruyn, op. cit.

[11] Van den Bergh et al., op. cit.

[12] La existencia o no de casos de desmaterializacin absoluta depende, por otra parte, de que si son contabilizados o no los flujos de materiales indirectos, descritos como externalidades fsicas de mercado en la medida en que no son utilizados para posteriores procesamientos o su consumo directo.

[13] A. Adriaanse, S. Bringezu, A. Hammond, Y. Moriguchi, E. Rodenburg, D. Rogich y H. Schtz, Resource flows: the material basis of industrial economies, World Resources Institute, Wuppertal Institute, Netherland Ministry of Housing, Spatial Planning and Environment, National Institute of Environmental Studies, 1997; M. Dittrich, S. Giljum, S. Lutter, C. Polzin, Green economies around the world? Implications of resource use for development and the environment, Sustainable Europe Research institute, Viena, 2012; . Carpintero, El metabolismo de la economa espaola. Recursos naturales y huella ecolgica (1995-2000) , Fundacin Csar Manrique, Lanzarote, 2005.

[14] Citado en . Carpintero, 2003, op. cit.

[15] R. Kuehr, y E. Williams, (eds.), Computers and the Environment. Understanding and Managing Their Impacts , Kluwer Academic Publishers, Dordrecht, 2003.

[16] El equivalente energtico en el uso de un microchip en su tiempo de vida est en los 440 gr, es decir que el 73 % de la energa utilizada en vida es consumida en su manufactura, frente al 27% en su uso, lo cual contrasta con el 88% en el uso de un coche frente a su fabricacin y el 91% en el caso de una casa. De ah la importancia del anlisis de ciclo de vida para poder evaluar correctamente el impacto ambiental de este tipo de productos (E. Williams, Environmental effects of information and communications technologies, Nature, Vol. 479, nov. 2011, pp. 354-358).

[17] Segn sus autores, el clculo contiene, a pesar de todo, importantes subestimaciones, especialmente aquellas que se derivan de la purificacin de qumicos y gases para fabricacin de semiconductores debido a la falta de datos. E. Williams, R. Ayres y M. Heller, The 1.7 Kilogram Microchip: Energy and Material Use in the Production of Semiconductor Devices, Environmental science & technology, nm. 36 , 2002, pp. 5504-5510.

[18] En realidad, los incrementos en el uso de materiales en las distintas etapas del ciclo de vida de los diversos aparatos electrnicos ligados a las TIC, frente a la aparente desmaterializacin que supone la disminucin de su peso, constituye ya de por s un efecto rebote.

[19] Para una tipologa de los distintos tipos de efectos rebote, as como un anlisis de los distintos efectos indirectos de las TIC en la desmaterializacin o rematerializacin a travs de diversos mecanismos econmicos, consltese Van den Bergh et al., op. cit.

[20] A. Plepys, The grey side of ICT, Environmental impact assesment review, nm. 22, 2002, pp. 509-523.

[21] Ibidem.

[22] D. Goleman y G. Norris, How Green Is My IPad?, The New York Times, 4 de abril de 2010. http://www.nytimes.com/interactive/2010/04/04/opinion/04opchart.html?_r=0 ); Environmental Impact of E-Books, Green Press Initiative, 2010 http://www.greenpressinitiative.org/documents/e_book%20summary.pdf .

[23] . Carpintero, 2003, op. cit.

[24] D. Sui y D. Rejeski, Environmental impacts of the emerging digital economy: the e-for-environment e-commerce?, Environmental Management, vol. 29, nm. 2, pp. 155-163.

[25] A. Plepys, op. cit.

[26] . Carpintero, 2003, op. cit.

[27] A. Paiano, G. Lagioia y A. Cataldo, A critical analysis of the sustainability of mobile phone use, Resources, Conservation and Recycling, nm. 73, 2013, pp. 162171.

[28] L.M. Hilty, A. Khler, F. Von Schele, R. Zah, T. Ruddy, Rebound effects of progress in information technology, Poiesis Prax, nm. 4 , pp. 1938, 2006.

[29] S. Schwarzer, A. De Bono, G. Giuliani, S. Kluser, y P. Peduzzi, E-waste, the hidden side of IT equipment's manufacturing and use, United Nations Environment Program, 2005; Clapp, J. Clapp, The distancing of waste: Overconsumption in a global economy, en T. Princen, M. Maniates, K. Conca, K., Confronting consumption, The MIT Press, Cambridge (EEUU), 2002, pp. 155-176.

[30] Vese el artculo de Daniel Lpez Marijun sobre la cuestin en este mismo nmero del Boletn ECOS.

[31] Cabe matizar que esta proliferacin a la que hacemos referencia es igualmente creciente en muchos pases que tradicionalmente son clasificados como pobres o perifricos, solo que el punto de partida, esto es, los ratios de cualquiera de estos artefactos por persona, son por lo general mucho menores en estos lugares que en los pases ricos.

Fuente: https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Boletin_ECOS/25/lo%20peque%C3%B1o%20no%20es%20tan%20hermoso_j_bellver_.pdf


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