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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2014

22 de Marzo: Un hito en la historia de la lucha

Pedro Casas
Rebelin


Como ya se ha escrito bastante sobre las Marchas de la Dignidad del 22M, voy a exponer de manera lo ms sinttica posible mis reflexiones sobre esta grandiosa movilizacin, que, a mi entender, representa un cambio cualitativo de la lucha social de este pas.

* Entre sus principales y ms positivos aspectos, adems de su xito de convocatoria (en nmero de colectivos implicados y personas participantes), destacara los siguientes:

Unidad (comn denominador) en torno a unos contenidos polticos y de clase de gran calado (como el NO pago de la deuda), superando lemas genricos de corto alcance

Pluralidad como no se haba conocido en muchos aos, confluyendo territorios, sectores, mareas, movimientos, organizaciones, sindicatos, partidos y personas de muy diversos colores, banderas, ideologas, edades, condiciones, etc. que caminaban mezclados o en bloques dentro de la movilizacin unitaria.

Organizada con tiempo, y en un proceso en el que se han podido incorporar todos los colectivos y personas interesadas.

Gran envergadura temporal (varios das de marchas por la pennsula) y espacial, ocupando carreteras, pueblos y las vas principales de Madrid, atravesando los barrios y pueblos de trabajadores, y desbordando los lmites en los que a menudo nosotros mismos encerramos las protestas con recorridos pequeos y poco visibles a la ciudadana.

Activismo entusiasta, que visibiliz en la calle y en las redes una convocatoria silenciada mediticamente, y proporcion los medios e infraestructura para el alojamiento y manutencin de los miles de personas caminantes y llegadas de fuera de Madrid.

* Caractersticas que marcan unos cambios cualitativos, entre las que cabra sealar:

Rechazo del bipartidismo y ausencia del bisindicalismo institucional. Los primeros (PP-PSOE) ya son sealado en muchas manifestaciones como los brazos ejecutores de las polticas diseadas por el gran capital europeo y nacional, y por tanto, enemigos a combatir. Los sindicatos CCOO y UGT se auto-excluyeron de la movilizacin, y con la reunin de sus dirigentes en la Moncloa el martes 18 (mientras ya caminaban centenares de trabajadores por las carreteras), escenificaron su renuncia a la lucha y su papel de colaboradores necesarios en la estrategia de aumento de la explotacin de los trabajadores. Han certificado su lento, pero imparable, declive, ya que miles de sus afiliados s participaron en las marchas; y ya no hace falta esperarlos para lograr que las movilizaciones sean multitudinarias, como pasaba antes.

Combinacin de procesos desde abajo y liderazgos reconocidos. Las asambleas abiertas en los diferentes niveles han constituido el eje organizativo de la movilizacin. Las organizaciones sindicales, polticas o sociales han aportado sus estructuras y activistas, pero han tenido que consensuar acuerdos (no exentos de fricciones) en estas asambleas. Pero un anlisis riguroso de la gnesis de estas marchas de la dignidad no puede olvidar que en su arranque y confluencia ha influido muy positivamente el prestigio y la repercusin de algunas acciones llevadas a cabo con anterioridad en Andaluca (ocupaciones de tierras, ferrocarriles, supermercados) o Extremadura (campamentos Dignidad) que gozaron de una gran repercusin y reconocimiento, lo que facilit la confianza necesaria en la fase inicial y de extensin de la iniciativa. La combinacin de estos dos mbitos (trabajo de base y referencias conocidas y prestigiadas) ha demostrado su utilidad a la hora de superar las limitaciones de cada uno de ellos.

Represin del sistema. En los momentos previos las marchas fueron ignoradas en los medios de comunicacin comerciales y fueron calificadas al mismo tiempo de extremismo de derecha y de izquierda. Comprobado el xito de las marchas, el sistema opt por aguar la fiesta y aterrar a los pacficos manifestantes con unas cargas totalmente injustificadas. La responsabilidad de los episodios de enfrentamiento ocurridos recae directamente en quienes dieron la orden de cargar, antes incluso de finalizar la manifestacin legal, y quienes introducen policas con capucha y pauelo para iniciar los altercados. Los espacios dedicados por los medios a estos episodios han multiplicado con creces los empleados a informar de las marchas, mostrando a las claras su papel al servicio de los poderes econmicos. Pero fuimos millones las personas que vimos lo que ocurri, y cada vez son menos las personas que se dejan influir por estas campaas criminalizadoras.

* Limitaciones no han faltado; sealo dos entre otras posibles

Participacin territorial desigual. Es lo que caba esperar (no desear), debido al carcter plurinacional de nuestro estado. Mucha imaginacin y generosidad habr que aportar para ser capaces de superar las repercusiones que este asunto tiene en una lucha que pretende la unidad frente a un estado que impone recortes e injusticias de manera general en el conjunto del territorio.

Inconcrecin para el da despus. Los mensajes de venimos a quedarnos para los das posteriores al 22M quedaron en meras declaraciones, por un diseo poco ambicioso en unos casos (manifestaciones poco novedosas) o intentos casi imposibles (Cifuentes morir o dimitir antes de tolerar una tienda de campaa en Madrid). Quizs falt rematar esta llamada a la desobediencia, aprovechando los cientos de miles de personas en la calle para haber realizado una sentada o asamblea permanente al finalizar las marchas. Todo se andar.

* El nuevo futuro que las marchas alumbran contiene en su seno fuerzas poderosas.

Vamos aprendiendo a compartir. El xito nadie lo puede patrimonializar, puesto que ha sido de multitud de colectivos y personas. Va siendo hora de consolidar esta prctica, que tan buenos resultados da, y dejar los episodios sectarios (que sin duda volvern a aparecer, a veces en su peor momento), para ocasiones cada vez ms irrelevantes.

Construccin de un sujeto colectivo y popular, un nosotros cada vez ms amplio. Todava no hemos llegado a ese 99% que reclamaba el 15-M, pero va creciendo el nmero de personas que se sienten de una clase (la trabajadora) que sufre la agresin de la otra (la burguesa en sus diferentes versiones, nacional, internacional, financiera o terrateniente) que ha mostrado su verdadera naturaleza depredadora de la humanidad, poniendo al gobierno y resto de instituciones a su servicio. Su poder es muy grande, pero es menor cada vez la legitimidad con la que lo imponen, porque ese sujeto popular va creciendo en nmero, lazos, organizacin y conciencia.

Que se ha ido forjando en aos de lucha. Lo que aconteci en torno al 22 de marzo no surge de la nada, sino que se alimenta de un amplio perodo de luchas que han ido creando una nueva conciencia de sujeto activo, rompiendo amarras con un pasado ya caduco y superando estructuras organizativas oxidadas. Las luchas y acampadas de los trabajadores de Sintel; las luchas vecinales contra los parqumetros o Gamonal; la lucha contra los desahucios de la PAH; los campamentos dignidad y otras luchas por la renta bsica; la explosin del 15-M, con sus nuevas formas de organizacin y lucha; las ocupaciones de edificios y fincas; las expropiaciones de alimentos de los supermercados, las marchas mineras; las huelgas sin respetar servicios mnimos del transporte o limpieza; las incipientes asambleas de parados y de trabajadores a nivel local, etc. Estas y otras muchas luchas, avivadas por la agresin salvaje que el capitalismo infringe a la clase obrera y sectores populares, se han ido fraguando con unos mtodos de organizacin y lucha, que, ms que inventarse, han recuperado la frescura combativa, asamblearia y rebelde que unas estructuras oxidadas y burocratizadas haban relegado al olvido.

Este nuevo sujeto popular camina hacia la ruptura, una ruptura que se va vislumbrando paso a paso, en cada movilizacin, en cada organizacin, en los centros de estudio y de trabajo, en los barrios y pueblos, y cuyos contenidos anti-sistema (s contra este sistema corrupto y caduco), destituyentes y constituyentes van abrindose paso de manera cada vez ms masiva.

Porque la transicin ha sido enterrada: Como muy acertadamente sealaba Isaac Rosa recientemente, con Surez el rgimen ha enterrado definitivamente la tan alabada transicin, cuya amnesia y deterioro han ido a la par. La historia ha querido certificar la muerte de la transicin el da siguiente de las grandes marchas de la dignidad. Porque las instituciones surgidas de aquella transicin estn en proceso de descomposicin imparable, y una parte cada vez ms amplia de la sociedad ya no se identifica con ellas, y s con las propuestas que encarna este nuevo sujeto social y poltico de amplios registros.

Pedro Casas. Activista social.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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