Portada :: Cultura :: Fallece Lpez Salinas: El intelectual comunista, el obrero de la palabra
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2014

Recuerdo de Armando Lpez Salinas

Ricardo Rodrguez
Rebelin


Lo que yo recuerdo de Armando es que siempre estaba, fuese cual fuere la envergadura de la actividad para la que se requera su presencia y su colaboracin, el nmero de camaradas comprometidos, la lejana o cercana del lugar, el tamao de la agrupacin del partido, asociacin de vecinos u organizacin social o cultural, siempre que se le necesitaba, Armando estaba. Armando no defraud nunca (qu pocos pueden decir lo mismo).

Porque en el camino de la revolucin no hay actividad demasiado pequea, ni organizacin insignificante ni camaradas que no merezcan respaldo y aliento, ni tampoco lucha emancipadora de trabajadores o estudiantes o mujeres o inmigrantes que puedan ser dejadas de lado. Y Armando era un revolucionario de una pieza y un verdadero dirigente comunista, de los que saben que la revolucin no se hace con alegatos en el comit central sino a pie de calle y de tajo y de campo y de corazn. De los que lo saben y adems tienen las santas narices de llevarlo a la prctica.

Todos los camaradas estbamos seguros de que con Armando siempre se poda contar.

La segunda vez en mi vida que habl con l por telfono fue el mismo Armando quien me llam. Yo apenas tena veinticinco aos de edad, me haban elegido secretario poltico de la agrupacin en una de esas lamentables sesiones de pugilato en las que con tanta frecuencia nos enfrascbamos en el partido, y se me haba ocurrido organizar un acto nada menos que en un viejo polideportivo cuando lo habitual entonces era que no fusemos capaces de llenar ni una furgoneta. Alguien me dio el nmero de Armando y lo llam, y l me llam a los dos das para leerme el texto de su intervencin, que ya tena preparado, y para preguntar mi opinin. Y yo no poda creerlo: un hombre que para mi padre, veterano comunista, era una verdadera leyenda (Armando, hombre, Armando, el de la Pirenaica y Mundo Obrero!) preguntando mi opinin sobre lo que haba escrito.

Muchos aos despus, cuando le ped para incorporar a un libro colectivo los folios mecanografiados con cuya lectura nos haba premiado en el homenaje al novelista Juan Garca Hortelano, durante la fiesta del PCE de 2003, se excus: an no est terminado. Y me los entreg un par de semanas despus, repletos de tachaduras y aadidos, a los que sum unos cuantos ms con un bolgrafo negro sobre la repisa de una ventana, dado al frenes perfeccionista del exigente escritor que era. Porque adems, a pesar de la inmensa cultura que atesoraba, Armando dedicaba a la elaboracin de cada una de sus intervenciones un trabajo inmenso.

As, siempre. Todo lo que era importante para los camaradas, todo lo que afectaba a la gente que sufra y que luchaba le importaba a Armando. Y por eso estaba donde deba estar, imprimiendo en cada artculo que escriba, en cada reunin a las que asista, en cada manifestacin, protesta o mitin la misma impecable seriedad que a cada una de las magnficas pginas de La mina. As, hasta el final. Acudi a las concentraciones del movimiento 15M y habl, inagotable, con los estudiantes y con centenares de jvenes anhelantes de justicia, y nos llam a participar en ste y en otros movimientos similares en uno de sus ltimos y ms electrizantes discursos, en el Ateneo de Madrid. En la fiesta del partido del ao pasado, con ocasin de la reedicin de su ms clebre obra literaria, segua sonriendo con asombrosa generosidad a pesar de la tristeza que la desaparicin de su compaera le haba dejado en la mirada. All estaba, como siempre.

Yo no soy un revolucionario como Armando. Yo s le fall. No pude acudir al tanatorio. No hace ni un ao que muri mi padre de la manera ms puetera que poda haberse muerto, de repente, cuando decamos que vencamos su enfermedad y con todas las cosas que tenamos que habernos contado al da siguiente metidas en la boca. Hace ms de diez aos que le present a Armando, de quien tanto saba aunque no le conociese en persona (Armando, hombre, Armando, el de la Pirenaica y Mundo Obrero!). Cuando mi amiga Sofa me dijo que Armando haba muerto se me vino toda la memoria al estmago. Y no fui al tanatorio.

S que es mucho ms. Soy consciente de la grandeza de este inmenso comunista. S que le debemos, para los prximos das y meses y aos, un ingente trabajo de recuperacin del olvido al que este rgimen inmundo quiso condenarlo. Todo esto lo s.

Pero lo que yo recuerdo, sobre todo, de Armando es que siempre estaba.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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