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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2014

Vctimas de un enorme engao

Lidia Falcn
Pblico.es


No sorprende la elevacin a los altares de Adolfo Surez en el momento de su muerte por parte de polticos, periodistas y creadores de opinin. Ni siquiera esos honores de tica y esttica franquista, con los mismos curas, obispos y militares que exhiba la televisin nica de los aos sesenta, organizados por el Gobierno actual y coreados por todos los partidos. No sorprende tampoco el coro meditico oficial entonando el canto gregoriano con entusiasmo inigualable ante ningn otro hroe. No sorprende, aunque apena, el papanatismo de los badulaques que han soportado horas de cola en el velatorio, que han seguido llorando el furgn mortuorio y que repiten en las entrevistas que fue el mejor presidente de Espaa (sic); al fin y al cabo eso es lo que les han enseado en la escuela y en la televisin desde hace treinta y ocho aos y son por tanto vctimas de un enorme engao.

Me sorprende ms que no haya un repaso serio y exhaustivo, por la mayor parte de la izquierda, de quin fue Adolfo Surez y qu es lo que hizo realmente. El anlisis del papel que cumpli Surez requiere de un detallado y objetivo estudio de lo que se pretenda para nuestro pas desde los grandes poderes que gobernaban, y gobiernan, el planeta: el econmico repartido entre la produccin industrial, agrcola y financiera; el militar con el lobby armamentstico, uno de los ms importantes del mundo, y la industria meditica y cultural, imprescindible para que las vctimas de la conspiracin la aceptasen, gozosamente, como han hecho estos das. No puede limitarse la crtica a repasar superficialmente las etapas de las reformas con que se construy la superestructura legal y poltica que diese apariencia de legalidad y democracia al mantenimiento del imperio capitalista.

Lo cierto es que Adolfo Surez no fue ms que el encargado de llevar a cabo el proyecto capitalista que la Comunidad Econmica Europea tena previsto para Espaa, desde haca ms de una dcada. En los aos ochenta, en un programa de televisin en la cadena estatal, Carmen Garca Bloise, miembro de la ejecutiva del PSOE, persona de confianza de Alfonso Guerra, y bien informada, explic que el sistema que se haba montado para Espaa estaba diseado desde los aos sesenta por el Mercado Comn y la OTAN. Que ella lo saba muy bien porque, como hija de exilados socialistas en Blgica, haba asistido desde muy joven a las reuniones que sostenan sus padres y compaeros de ideologa con los dirigentes de las grandes instituciones europeas, con los responsables estadounidenses de la Alianza Atlntica, de la CIA, los britnicos del Intelligence Service, y sobre todo los hermanos alemanes del SPD, que no contemplaban otro cuadro poltico para nuestro pas que el que result implantado con la Constitucin de 1978.

Para llevar a cabo dicho plan y no creo que hoy pueda dudarse de que se cumpli a la perfeccin desde que se esperaba la muerte del dictador, se organiz la Transicin, bajo las condiciones que le impusieron al rey. Resulta absolutamente ridculo afirmar, como hacen algunos medios, que el rey es el artfice de la democracia actual y que para llegar a tal fin le encarg a Surez la aparentemente difcil tarea de desmontar la dictadura.

Porque no es bueno olvidar que el franquismo, como tal, en las sucesivas elecciones que se celebraron en la Transicin no alcanz ms que el 4% de los votos; entendiendo como tal las organizaciones de Fuerza Nueva, Guerrilleros de Cristo Rey, etc., mientras la derecha que comenzaba a disimular su pasado fascista, como Alianza Popular o Coalicin Democrtica obtenan el 10%. Contra todo lo esperado, lo propuesto y lo planificado, por Franco y sus huestes, Espaa y sus 40 millones de espaoles no se haban convertido masivamente al fascismo. Mientras, la UCD obtena 6 millones de votantes, el PSOE, 5 y el PCE, uno y medio, lo que significaba que el pas se escoraba a la izquierda. Y se, y no otro, era el peligro que tanto teman los poderes fcticos.

Ni el rey tena, ni tiene, ms plan que el que el Departamento de Estado de EEUU decida; ni saba, ni sabe, lo que es la democracia. Una vez los representantes de la UE y de EEUU se reunieron con el asesor del rey, Torcuato Fernndez de Miranda, y le encargaron que encontrara a un funcionario de ninguna relevancia ni ideas propias, que saliera de las filas del franquismo para no alarmar a la caverna, para que llevara a cabo las reformas legales que hacan falta a fin de situarnos malamente a la altura de las democracias europeas; a aquel siniestro personaje (repasen las fotos que tenemos de l) se le ocurri sacar del pasillo donde dormitaba como edecn de Herrero Tejedor al joven, atractivo, atildado y relamido, como galn de las pelculas de Cifesa, Adolfo Surez.

Y fue un acierto, sin duda. Porque Surez al principio no slo fue cumpliendo todos los pasos que sus jefes le dictaban: lo primero, la Ley de la Reforma Poltica y las elecciones que haba que organizar, sino que se lo crey. Hubo ms discusin entre las potencias importantes econmicas sobre la legalizacin del PCE, teniendo en cuenta que en Alemania estaba prohibido y que al Departamento de Estado de EEUU le entra urticaria cuando oye la palabra comunista, pero Santiago Carrillo se lo puso fcil: el pueblo espaol gozosamente aceptaba la restauracin de la monarqua borbnica que con tanto deshonor haba expulsado del pas en el ao 1931. Y con l a toda su camarilla: capital, banca, hombres de negocios como De la Rosa, latifundistas del sur y del oeste que constituyen su corte; comprenda claramente el papel imprescindible que cumpla el Ejrcito franquista y segua financiando y adorando a su Iglesia catlica.

Inmediatamente era preciso doblegar la columna vertebral del movimiento obrero y hacerle firmar los Pactos de la Moncloa, por los que el capital impona sus condiciones. Se acabaron las multitudinarias manifestaciones recordemos la de la SEAT en Barcelona, las huelgas interminables recordemos la de Roca en Barcelona, y las asambleas obreras, y el proletariado se convirti en servidor sumiso de la patronal. As el pas se asent como un buen socio de los centros de poder econmico internacionales. Cierto que para conseguir tan buen resultado Comisiones Obreras y el PCE colaboraron sumisa y eficazmente, pero tanto unos como otros haban sido advertidos con severidad: o esto o el caos, sucedneo de la Guerra Civil y de la implantacin de una nueva dictadura. Y tal amenaza no debe ser secreto para nadie ya que Carrillo lo ha confesado y ratificado numerosas veces.

Los Pactos llevaron a la rebaja de salarios, al aumento de la explotacin de los trabajadores y a la desmovilizacin de los sindicatos. Pero fueron definitivos para asegurar la tranquilidad laboral que necesitaba el capital. Y todo iba a avanzando como se deba, hasta que Surez, ensoberbecido y poco lcido, cada da ms convencido de su propio mrito, se crey que solo l tomaba las decisiones, que era providencial su papel en la transformacin espaola, que realmente haba inventado el sistema y la democracia, y lleg el momento de echarlo. Para nadie es un secreto que el rey lo detestaba, que sus antes aliados conspiraban continuamente contra l y que la decisin de dimitir la tom cuando todos, especialmente el Departamento de Estado de EEUU, le empujaron de malos modos hacia la puerta; como l mismo lo explic en aquella comparecencia pattica en la televisin, que los de mi generacin, y varias ms, vimos en directo. Porque, tampoco es un secreto, Surez no era tan partidario de la OTAN como se necesitaba, es Calvo Sotelo, con la secreta alianza del PSOE, el que nos mete; Surez comenzaba a convertirse en un socialdemcrata inventado por l mismo, que no tena detrs ningn respaldo ni econmico el CDS que crea est en la miseria ni poltico, pues la SPD alemana ya haba apostado por el PSOE.

El golpe de Estado del 23-F es un montaje entre todos los poderes: econmico, militar, poltico, con el rey al frente, para advertir a los que iban a gobernar a continuacin que no se permitan veleidades como las de Surez. Y la inmensa manifestacin del pueblo en Madrid despus del golpe vena a decir: de acuerdo, antes de que nos fusilen al amanecer elegiremos a Calvo Sotelo como presidente del Gobierno, nos rendiremos al capital y le estaremos eternamente agradecidos al rey que nos ha salvado la vida. No se debe olvidar que esa Transicin idlica que nos han contado sum ms de 600 muertos, vctimas una buena parte de los facciosos y organizaciones policiales que nunca fueron ni descubiertos ni castigados.

Entonces, a qu aceptar, desde una postura realmente de izquierdas, que Surez fue un dirigente poltico de gran altura, con enormes cualidades para el consenso y los pactos, y que construy la democracia en Espaa?

Dirase que la izquierda sigue padeciendo el sndrome de Estocolmo como tan acertadamente lo defina Carlos Pars, y presa de la necesidad de ser reconocida como una fuerza poltica seria, no se atreve a gritar de una vez que el rey va desnudo. Este miedo se evidencia cuando la exigencia de proclamar la III Repblica est siendo siempre pospuesta por la mayora de los dirigentes de izquierda a un tiempo futuro e indeterminado, que les tranquilice

Fuente: http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2014/03/28/victimas-de-un-enorme-engano/



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