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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2014

Washington, un gobierno torturador

Editorial de La Jornada
La Jornada


En el marco de la pugna entre la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) y el Congreso de ese pas por la pesquisa de un comit legislativo que investiga los mtodos empleados por el espionaje civil del gobierno estadunidense, The Washington Post revel ayer algunos aspectos del programa de torturas desarrollado por esa dependencia en la dcada pasada para interrogar a sospechosos de terrorismo, as como las mentiras de la CIA para exagerar tanto los resultados de semejantes mtodos como la peligrosidad de sus vctimas. Por aadidura, la central de espionaje ha sido acusada por Dianne Feinstein, presidenta del comit, de entrometerse en las computadoras usadas por ste a fin de borrar y falsear informacin clave.

Que Washington promueva y recurra a la tortura no sorprende en sociedades cuyos pases han sido vctimas de la poltica colonialista de Estados Unidos. Por ejemplo, es pblico y sabido que la CIA ha recurrido en forma regular a la tortura y la ha promovido entre los regmenes totalitarios aliados de su pas. Desde 1997 Washington reconoci que esa dependencia particip en el entrenamiento y el financiamiento de los torturadores empleados por la dictadura militar instaurada en Chile el 11 de septiembre de 1973; hace ms de tres lustros, el Pentgono desclasific siete manuales de contrainsurgencia, elaborados en dcadas anteriores, que contenan instrucciones precisas para torturar a detenidos; de la CIA se conocen al menos cuatro documentos similares, hechos pblicos en esa misma poca.

Ms tarde, en 2004, el mundo conoci algunas prcticas de tortura y asesinato que militares y civiles estadunidenses llevaban a cabo en la prisin iraqu de Abu Ghraib y en otros centros de reclusin como las crceles afganas de Bagram empleados por las fuerzas de Washington en las agresiones contra Afganistn e Irak. Posteriormente se dio a conocer el programa de vuelos secretos organizado por el gobierno de George W. Bush para mover a sospechosos de terrorismo entre centros de detencin clandestinos en los que tambin, por cierto, se torturaba y asesinaba.

Tales conocimientos fueron notablemente ampliados por las revelaciones de Chelsea Manning difundidas, a su vez, por Wikileaks sobre algunos crmenes de lesa humanidad que las fuerzas estadunidenses cometieron en las dos naciones referidas en una guerra contra el terrorismo que fue, en realidad, una empresa de rapia, corrupcin y promocin de intereses geoestratgicos y empresariales del crculo cercano a la Casa Blanca.

En todo caso, la informacin de The Washington Post constituye un agravante adicional al descrdito del gobierno estadunidense, de por s afectado por el escndalo de la recopilacin ilegal de informacin de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en ingls) y sus labores de espionaje contra gobiernos, empresas, funcionarios y ciudadanos annimos de ms de un centenar de pases. Cuando an no acaban de asentarse las consecuencias de la revelacin correspondiente, debida al ex analista Edward Snowden, la confrontacin entre la CIA y el Capitolio obliga a recordar que ambas instituciones han transgredido en forma sistemtica, deliberada y programada las leyes internacionales, estadunidenses y de otros pases, y violado de la misma manera los derechos humanos de incontables personas.

Si a ello se agregan las operaciones encubiertas e igualmente delictivas realizadas en aos recientes en territorio mexicano por otras dependencias de Washington como la oficina antidrogas (DEA) y la institucin de control de alcohol, tabaco y armas de fuego (ATF), resulta obligado concluir que el gobierno de Estados Unidos carece de autoridad moral para invocar la legalidad o para justificar sus acciones en nombre de los derechos humanos: es, llanamente, un rgimen ilegal, militarista y brutal que no ha dudado en practicar el terrorismo cuando as ha convenido a la defensa de sus intereses ni en demoler democracias establecidas para satisfacer los apetitos de ganancias de sus corporaciones. Si el grueso de la opinin pblica estadunidense no ha podido ver esta dolorosa realidad, ello se debe, en buena medida, al podero de un apararto meditico mendaz y distorsionador que no slo ha buscado encubrir el rostro ms impresentable del poder pblico estadunidense, sino que lo hace aparecer como comprometido con la democracia, los derechos humanos y, a ltimas fechas, hasta como promotor de la paz.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/04/02/edito



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