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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2014

Crnica de un asistente en el bloqueo al Parlament
Yo estuve all

Jess A. Vila
Rebelin


Yo estuve all. Como muchos cientos de indignados, expresando pacficamente dos estados de nimo complementarios: la repulsa a unos polticos que a muchos no nos representan hace demasiado tiempo y la expectacin, no exenta de entusiasmo, por lo que pareca una eclosin distinta del descontento social. Fui testigo mudo de aquella multitudinaria respuesta a la acertadsima convocatoria para impedir que los diputados, aquel 15 de junio de 2011, pudieran aprobar unos presupuestos que nos iban a convertir en ms pobres y ms desiguales, como se ha comprobado. Soy algo veterano, llegu tarde e iba solo, per all haba ya una multitud extraordinria de gente, mayoritariamente joven, bloqueando todos los accessos al Parc de la Ciutadella, a bastante distancia de las puertas del Parlament. Los Mossos, en gran nmero y con todos los bagajes habituales, cerraron el parque porque saban de antemano la convocatoria de bloqueo. Ellos y el conseller dInterior, por supuestsimo, eran conscientes de que solo desalojando por la fuerza los accessos podran garantizar la entrada al parque, y ms tarde al Parlament, a todos los diputados. Y tambin, todos los diputados y todos los partidos, saban que esa era la nica posibilidad para poder celebrar el pleno en condiciones.

En lugar de eso, la conselleria de Interior apost a los Mossos dentro y fuera del recinto del parque para asegurarse espacios libres y aconsej a los diputados el acceso a pie, atravesando aquella muralla humana que estaba all, bloqueando los accesos, justamente para impedirles la entrada. No era una consigna suicida la del conseller. Todo lo contrario. Era una propuesta provocadora pensada para propiciar lo que poda ocurrir. Lo que, de hecho, era absolutamente lgico que ocurriera. Tambin los partidos eran conscientes de lo que hacan cuando no desaconsejaron a sus diputados que accedieran a pie. Cualquier fuerza de izquierdas autnticamente responsable hubiera aconsejado a los suyos no participar de aquella encerrona de la conselleria. Pero en el Parlament de Catalunya no haba fuerzas de izquierda responsable y de ese modo, diputados de uno y otro signo se unieron en la estupidez y en la estulticia.

La conselleria, Puig, y el presidente Mas, queran demostrar que los indignados impedan a los diputados complir con sus obligaciones. Se olvidaban que entre sus obligaciones est tambin respetar el sentido comn que indica que no se debe intentar traspasar un muro humano que est all precisamente para esa accin de bloqueo, a no ser que quieras poner de manifiesto, provocadoramente, que tu vas a traspasar el muro pese a quien pese y caiga quien caiga.

Yo estuve en la entrada de la calle Wellington cuando el coche del presidente, supuestamente, precedido y escoltado por otros varios, se dio una vuelta por ese acceso. Tenan necesariamente que saber que era impossible pasar por all llevaban hores miles de ciudadanos en las calles si los Mossos no desbloqueban la entrada utilizando la fuerza. Entraron en la calle, con las sirenas a todo trapo, de modo que los manifestantes enseguida se dieron cuenta de que all deban estar las principales autoridades. Los coches apenas pararon unos segundos, los suficientes para que los ms prximos a la caravana del lujo dieran unes cuantas patadas al chasis sin saber muy bien quien iba dentro. Rpidamente tomaron una direccin de salida y all termin todo por lo que respecta al president. Luego recibira muchos silbidos que l ya no pudo oir, porque sobrevolaba en helicptero un bloqueo humano que en aquella zona consista mayoritariamente en gente sentada tranquilamente en la calzada, vigilada de cerca por una multitud de mossos fuertemente pertrechados con antidisturbios.

Tuve tiempo de pasearme por las calles adyacentes y ver muy de cerca la vejacin a la que fueron sometidos varios diputados inconscientes. No vi puetazos, ni patadas. Vi insultos gruesos y muchos escupitajos y vi a ms de un trajeado impecable resguardarse en un espacio pblico prximo a las calles bloqueadas, con el traje perdido de salivazos. No me hubiera gustado estar en su piel. Se llevaron en los escupitajos el rencor callado de mucha gente, que se hubieran ahorrado solo con pedirle al conseller Puig un poco menos de frivolidad. Porque hay mucha frivolidad y mala leche en la propuesta del conseller a los diputados y mucha inconscincia en los que trataban de sortear el bloqueo. (A l, desde luego, no se le vio).

Ese da, Felip Puig consigui el mayor xito de toda su gestin, puesta gravemente en entredicho con la provocativa expulsin de los acampados de Plaza Catalunya, donde sufri una derrota en toda regla. Aqu venci. No porque consiguiera con retraso que se reuniera el Parlament. Venci porque la provocacin tuvo el efecto deseado. A partir de ese da, el 15-M ya no fue lo mismo. Las crticas vertidas desde todos los extremos incluso desde aceras prximas que dieron aliento en su da, disolvi el convencimiento de su progressiva radicalizacin pacfica, esa que le hubiera llevado a poner en jaque al mismo sistema.

El juicio de estos das es el colofn al movimiento. Lo que se pide para unos pocos es el precio que quieren hacer pagar a cuantos estuvimos all y a cuantos se sintieron fuertes y distintos gracias al 15-M. Pero a quienes estuvimos all, no nos engaan. Todo lo que pas fue premeditado y era imposible que sucediera de otra manera. No solo no nos representan, ahora ya podemos certificar qu clase de gente son. Si nos quieren convencer de que con ellos vamos a parir un nuevo pas, un nuevo estado, andan finos. Se lo tendrn que hacer solitos...

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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