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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2014

Cuarenta tesis sobre la perspectiva histrica comunista

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


1.-Es urgente ampliar e intensificar un antiguo debate que se mantuvo entre pequeos ncleos comunistas internacionales a raz de la Primera Guerra Mundial y en especial de la oleada revolucionaria iniciada en 1917: Ha entrado el modo de produccin capitalista en una fase de declive histrico o por el contrario mantiene todava fuerzas expansivas sustanciales como las que tena en el siglo XIX? Ntese que aqu hablamos de modo de produccin y no de formaciones econmico-sociales, es decir, aqu y por ahora, nos mantenemos en el plano de lo gentico-estructural del modo de produccin, o si se quiere, de su esencia bsica permanente a pesar de los cambios formales por importantes que sean. Ntese tambin que no hablamos de la tesis estalinista de la Crisis General del capitalismo precisamente cuando este estaba iniciando una fase expansiva en una parte del mundo, fase conocida como keynesiana y taylor-fordista, y que ahora, una vez concluida, se le ha denominado como los Treinta Gloriosos.

2.-Hablamos del debate que va cobrando fuerza y rigor sobre el agotamiento interno del modo capitalista de produccin, agotamiento que impedir otra larga fase expansiva mundial de la misma fuerza que la finiquitada, o de zonas importantes aunque tal vez puede permitir estabilizaciones locales transitorias y hasta fugaces repuntes al alza muy localizados, que sern armas de lucha ideolgica propagandstica a nivel mundial. Ahora mismo se emplean varios trminos para referirse a la misma problemtica: capitalismo senil, declinante, decadente, etc.; incluso el debate sobre las fases u ondas largas conduce a la misma interrogante: se estn acortando las fases entre las crisis a la vez que aumenta su gravedad, intensidad y extensin? Cmo sern las siguientes crisis y sus inter-fases, y las fases inter-crisis? En definitiva se ha agotado la fuerza expansiva del capitalismo y de ser cierto, qu consecuencias globales acarrea su decadencia constrictiva y cmo afrontarlas?

3.-Un modo de produccin es histricamente expansivo en la medida en que sus fuerzas productivas son superiores a sus fuerzas destructivas, es decir, en la medida en que su impacto objetivo sobre la naturaleza no impide todava su capacidad de carga, de regeneracin y de reproduccin en la zona afectada por ese modo de produccin, y en la medida en que la especie humana puede mejorar relativamente sus condiciones de existencia en comparacin a las alcanzadas en el anterior modo de produccin. La obtencin y uso racionales de la energa es uno de los baremos objetivos en su relatividad sociohistrica para medir con alguna fiabilidad el ascenso y declive de un modo de produccin. Dicho a grandes rasgos, la ley del ahorro de energa, o ley del mnimo esfuerzo, explica muchas cosas decisivas en la evolucin biolgica, y la ley de la productividad del trabajo las explica en la antropogenia. En los modos injustos y explotadores, los constreidos por la propiedad privada de las fuerzas productivas, la ley del valor-trabajo va mostrando la irracionalidad global inherente a la propiedad privada. Un ejemplo lo tenemos en la continuidad de fondo y en los cambios de forma de la propiedad patriarcal de las mujeres por su exclusiva capacidad de instrumento de produccin sexo-econmico y sexo-afectivo para reproducir fuerza de trabajo humana que, en el modo capitalista, es una mercanca.

4.- Hay que tener en cuenta que junto al modo de produccin dominante coexisten otros modos anteriores, subsumidos, superados ya o todava declinantes, coexistencia que si bien dificulta la medicin de las potencialidades del modo de produccin dominante, no la anulan totalmente, de manera que siempre es posible calibrar a grandes rasgos los avances potenciales y reales del nuevo y dominante con respecto a los superados. Aqu debemos volver a la ley de la productividad del trabajo, que consiste en que con la misma unidad de tiempo y/o energa puede realizarse ms producto de trabajo que otro colectivo o persona, o lo que es lo mismo pero a la inversa, que el mismo producto de trabajo se ha realizado con menos gasto de energa y/o menos tiempo que otro colectivo o persona.

5.-El ahorro de tiempo y energa, o sea, la productividad sociohistrica media, es la base objetiva, materialista, que permite valorar con alguna fiabilidad el menor o mayor desarrollo contradictorio y relativo de cada modo de produccin comparado con el precedente y con el posterior. Desarrollo relativo y contradictorio. Segn evolucionen estas dinmicas, puede llegar el momento en el que el crecimiento de las fuerzas productivas choque con las relaciones sociales de produccin, abrindose una fase revolucionaria que puede terminar con la victoria de uno de los bandos en conflicto o con el hundimiento del sistema en su conjunto. Existen varios posibles futuros, y el resultante ltimo depende de la evolucin de la lucha de clases a nivel mundial.

6.-Cmo saber que un modo de produccin llega al lmite de sus fuerzas expansivas y entra en su fase declinante? Ahora slo vamos a sugerir cuatro evaluadores. Uno, el incremento de las crisis socio-econmicas, la reduccin de los tiempos entre crisis y crisis, el aumento de su gravedad e interaccin, y el retroceso en las condiciones de vida y trabajo de los pueblos. Dos, la dificultad creciente en la obtencin de energas hasta entrar en la fase de agotamiento, con su sinergia negativa. Tres, el aumento de las resistencias a la explotacin y consiguientemente el aumento de las represiones y de las violencias opresoras para contener no slo las luchas al alza, sino el mismo deterioro del sistema en su globalidad. Y cuatro, el debilitamiento de la legitimidad de la clase dominante, el reforzamiento de la legitimidad de las clases dominadas y la aparicin de alternativas al sistema, que no slo al poder. Exceptuando el del comunismo primitivo, cada modo de produccin tiene sus formas especficas de interaccin sinrgica de esos cuatro puntos y de otros que no hemos expuesto; cada modo tiene sus ritmos de crecimiento y desaparicin. No podemos trasladar nuestro pensamiento y coordenadas mentales al pasado.

7.-En el capitalismo las crisis socioeconmicas se acortan en el tiempo, se hacen ms devastadoras, y se propagan por el mundo casi a la velocidad de la luz. Se inician como subcrisis parciales, y aunque las subcrisis financieras son las detonantes por lo general, tambin hay subcrisis en el capital industrial y en el de servicios. Pero la razn de fondo es el accionar lento y oscilante de la tendencia a la cada de los beneficios medios como contradiccin subterrnea que impulsa al resto. En la medida en que los beneficios tienden a caer, en especial en el capital industrial y en menor cuanta en el de servicios, entonces los capitalistas apenas reinvierten en la poco rentable industria volcndose en el financiero, que se agiganta y se hace ingobernable.

8.-El capital industrial tiende a la cada de los beneficios porque los costos crecientes en capital constante reducen el plusvalor obtenido. El capital constante debe incrementarse porque la tecnologa es cada vez ms cara, y por mucho que se reduzca el capital variable, los sueldos, para compensar, la inversin en capital fijo es cada vez ms costosa y necesaria. Por otra parte, aumenta la capacidad productiva y disminuye la capacidad de compra por lo que aumenta el stock almacenado y con l las prdidas. En un principio, la inversin en capital financiero alivia la crisis industrial y aumenta la circulacin de capitales y los beneficios, pero a costa de ir creando diversas burbujas que estallan siempre con efectos cada vez ms desastrosos. As, sobre la base de la ley de la cada tendencial de la tasa media de ganancia como dinmica desestabilizadora profunda, se desarrollan tres detonantes diferentes pero interrelacionados de la crisis: sobreproduccin, subconsumo y no correspondencia entre el sector I y II: la crisis llega a ser mundial.

9.-Si el inicio de la crisis siempre responde a causas estrictamente econmicas, la salida de la crisis responde a soluciones polticas que dirigen en un sentido u otro las posibilidades opuestas insertas en las contradicciones sociales del capitalismo, posibilidades que se deciden por la lucha de clases. Ahora bien, yerra quien separe e incomunique las causas econmicas de la lucha de clases expresada en los conflictos sociales, polticos, militares, etc. El capitalismo es una totalidad en la que la contradicciones econmicas actan con relativa autonoma del contexto sociopoltico en circunstancias normales; es el accionar interno de esa autonoma econmica el que, con sus contradicciones especficas, enciende los fuegos de las crisis, pero ms pronto que tarde las decisiones sociopolticas empiezan a azuzar o apagar esos fuegos que pueden terminar en un incendio arrasador. Una de las pruebas de que el capitalismo est en fase de senilidad es que el tremendo intervencionismo estatal y de otras instituciones privadas burguesas no consiguen impedir el estallido de crisis cada vez ms duras y frecuentes.

10.-La burguesa cabalg el tigre revolucionario de las masas campesinas y urbanas enfurecidas por el hambre, el fro, la peste y el fuego de la represin. En mayor o en menor medida, las cuatro revoluciones burguesas -Pases Bajos, Gran Bretaa, Estados Unidos y Estado francs-, estuvieron provocadas adems de otros factores tambin por una sostenida bajada de las temperaturas medias, por un agotamiento de la madera como combustible, por unas cosechas desastrosas y por las hambrunas y las enfermedades. Los molinos de agua y de viento, y la fuerza humana y de otros animales, ya no daban abasto. La salvacin energtica del capitalismo vino del carbn y de la hulla, de la mquina de vapor y del paso de la manufactura a la industria. Para finales del siglo XIX estos recursos energticos eran insuficientes y el crudo de petrleo y la electricidad aparecieron como la segunda salvacin unida al trnsito del colonialismo al imperialismo.

11.-La poca feliz de los Treinta Gloriosos dispar el consumo energtico irracional a niveles insoportables para la naturaleza. La energa nuclear apareci en la segunda mitad del siglo XX como la alternativa a un seguro agotamiento del crudo de petrleo, pero los problemas generados por la energa nuclear son irresolubles y destructivos, suicidas, lo que no asusta a la burguesa militarista y pro-atmica. Un sector de la burguesa lanz la moda del desarrollo sostenible, del capitalismo verde, del eco-capitalismo, de las energas blandas y renovables pero en propiedad suya y no de los pueblos, y el reformismo lanz la moda del decrecimiento. Tambin se busca con desesperacin la llamada energa inagotable y limpia, la energa de fusin, pero aunque tericamente es factible, tcnica y prcticamente es casi irrealizable, al menos durante mucho tiempo. Como solucin inmediata, el mtodo conocido como fracking puede aliviar la escasez a corto plazo, pero slo retrasa el problema energtico creando otros nuevos de ndole ecolgica.

12.-Adems de econmico, el problema energtico es poltico, de poder poltico en el diseo y ejecucin del abastecimiento y gasto energtico de las poblaciones. La alimentacin tambin es energa, y lo es la cultura y la libertad, energa moral y tica. Y lo es la salud. Todo ello es un problema poltico de control y mando sobre el capital transnacional propietario de las industrias energticas, alimentarias, sanitarias, y sobre los Estados imperialistas que protegen los espacios de realizacin y almacenaje del capital acumulado por las transnacionales. Mientras que la capacidad de carga del planeta se reduce alarmantemente, a la vez que los minerales estratgicos han llegado al lmite de la sobreexplotacin y reciclaje, y mientras los costos de la llamada segunda contradiccin del capital se aaden a los efectos de la ley de cada tendencial de la tasa media de ganancia, mientras esto sucede, las reservas energticas naturales, incluida la principal, la de la fuerza de trabajo humana, se reduce imparablemente. Una vez que el problema energtico aparece como lo que es, un problema de poder poltico, un problema de forma de propiedad: colectiva o privada, entonces, hay que saber que slo existen dos salidas: caos o comunismo.

13.-Como hemos dicho, toda crisis, por pequea, parcial y aislada que fuere, genera una correspondiente dosis de represin, de destruccin de fuerzas productivas obsoletas. Pero no se trata de una especie de autodepuracin automtica y mecnica del sistema, sino que siempre existe un contenido poltico en la salida de cualquier crisis. Y cuanto ms profunda, sistmica y prolongada es la catstrofe ms contenido poltico, represivo y militar, tiene su resolucin, sea en el sentido que sea. Desde el siglo XVII las guerras mundiales han sido las soluciones ltimas para desatascar el atolladero capitalista, pero las dos ltimas, la de 1914-1918 y 1940-1945, marcan un punto de inflexin por su letalidad y por las fuerzas destructivas reales que han generado. Ahora bien, las salidas represivas y militares responden en definitiva y antes que nada a la necesidad de acabar con las resistencias de las clases y pueblos explotados, as como de vencer las oposiciones de otras burguesas competidoras.

14.-La oleada revolucionaria iniciada en 1917 y reforzada en 1929, que haba tenido un aviso en la revolucin mexicana de 1910, entre otras luchas, fue aplasta mediante el fascismo, la descarada traicin socialdemcrata, los errores del estalinismo y, como verdadera solucin final, la Segunda Guerra Mundial que dur ms que de 1940 a 1945. Si ya en la guerra de 1914-1918 se fortaleci el complejo industrial-militar, fue a partir de entonces cuando lo industrial-militar empez a fusionarse con la tecno-ciencia y el control represivo policial bajo la direccin estratgica del Estado, y en estrecha simbiosis con grandes corporaciones financiero-industriales. A partir de aqu, la tendencia objetiva es la del reforzamiento del Estado interventor, fuerte y dotado de casa vez ms poderes. Esta tendencia no se debilit durante los famosos Treinta Gloriosos, 1945-1975, y se fortaleci durante la denominada guerra fra, 1949-1991, que ha sido en realidad un continuo de pequeas y grandes guerras calientes, sanguinarias mucha de ellas, que tambin han sido silenciadas bajo el asptico nombre de descolonizacin, o peor, de alianza por el progreso segn la propaganda yanqui.

15.-La fase keynesiana y taylor-fordista en el llamado occidente no pudo detener las contradicciones capitalistas en sus dos formas extremas y unidas: la cada tendencial de la tasa media de beneficios que se concret en la crisis iniciada a finales de los aos 60, y la lucha de clases que, dialcticamente, azuz esa crisis. Es muy significativo que a mediados de los aos 70 y al poco del golpe fascista de Pinochet de 1973, fuera la Alemania Federal la que iniciase la aplicacin en la Europa capitalista del monetarismo neoliberal, aunque no recibiera an ese nombre. Desde entonces hasta ahora, el deterioro de las condiciones de vida y trabajo, de la misma democracia burguesa y el desarrollo del llamado Estado fuerte a la vez que la tendencia al alza del neofascismo, semejante dinmica ha ido en aumento, siendo reforzada con la segunda fase de la guerra fra a mediados de los aos 80 y con la implosin de la URSS. La formacin de la Unin Europea como cuarta reordenacin en la historia del capitalismo europeo est inserta en esta dinmica a la vez mundial. Ahora bien, aunque la propaganda intente negarlo, poco a poco se va debilitando la legitimidad del orden del capital.

16.-Al igual que ocurri desde 1916 en adelante, desde 1944 la esperanza cunda en amplias masas explotadas, pero fue enfriada y defraudada, tardando dos dcadas en reaparece a finales de los aos 60 mantenindose hasta mediados de los 80. Sin embargo, y en contra de lo que se cree, la implosin de la URSS no supuso la total victoria de la ideologa burguesa, para 1995 las luchas reaparecan en Europa y sobre todo nunca haban desaparecido del resto del mundo. Desde esta poca asistimos a tres fenmenos que pueden confluir: luchas autoorganizadas de carcter popular y vecinal, en defensa de los servicios sociales, derechos democrticos y bienes comunes, que surgen al margen de los partidos reformistas y de izquierda clsicos que las desvirtan llamndolas movimientos cvicos, sociedad civil, ciudadana, etc., que intentan controlarlos. Luchas ms especficamente obreras, salariales y sindicales en defensa de los puestos de trabajo, ms o menos controladas por la burocracia sindical. Y las luchas en el resto de pases y Estados no imperialistas, sometidos de mil formas, y cuyas masas explotadas cada vez aguantan menos las crecientes exigencias de sus burguesas siervas del imperialismo.

17.-La legitimidad de la civilizacin burguesa est debilitndose pero el retraso de adecuacin de las izquierdas revolucionarias y el alto grado de centralidad estratgico-represiva y propagandstica alcanzado por los Estados imperialistas y por las instituciones internacionales del capital, as como el miedo en todas sus gamas, son poderosos frenos al avance de la conciencia crtica. Adems, como siempre en las grandes crisis, tambin se refuerzan las opciones derechistas y contrarrevolucionarias. La polarizacin social todava no ha alcanzado el nivel prerrevolucionario desarrollado en crisis sistmicas anteriores, pero ahora dos circunstancias nuevas aaden una cualidad que debemos tener muy en cuenta: la rapidez casi instantnea de conocimiento y debate entre las izquierdas del grueso de las luchas mundiales lo que est acelerando su recomposicin si la vemos en perspectiva histrica y, sobre todo, como fuerza objetiva de fondo, la financiarizacin del capitalismo, su necesidad ciega de mercantilizarlo todo lo ms rpidamente posible, lo que exacerba al mximo sus contradicciones internas como nunca antes en su historia.

18.-El capitalismo ha entrado en su fase declinante aunque siga acumulando ganancias, pero lo hace sobre todo mediante las finanzas y no mediante la produccin, es decir un enriquecimiento improductivo. Para mantener, al menos, esta situacin el capital ha de reprimir el potencial emancipador de la ciencia libre y crtica, desarrollando slo la tecnociencia militarizada y autoritaria; ha de industrializar slo para minoras ricas la salud, la alimentacin y la enseanza entre hambrunas, enfermedades y analfabetismo funcional; ha de mercantilizar la naturaleza aun a costa de destruirla; ha de ha de convertir los arados en espadas y la mantequilla en submarinos nucleares; ha de blindar su libertad y derecho de clase contra las masas expropiadas de todo y casi hasta de su aliento. Y si adems quiere abrir una fase expansiva con un incremento sostenido de la tasa media de ganancia de modo que se logre un enriquecimiento productivo, aparte de lo anterior, ha de asestar un golpe destructor a la humanidad trabajadora ms brutal que el del perodo 1917-1945, y a disciplinar y hasta derrotar sin contemplaciones a las burguesas competidoras en el mercado mundial, y para ello se prepara el imperialismo yanqui apoyado por el europeo y el japons.

19.-El capitalismo declinante tiene empero dos fundamentales bazas de supervivencia a pesar de su senectud: el miedo a la represin salvaje, y el componente de obediencia y sumisin a la figura del Amo aun en medio del desempleo empobrecedor y msero, de la penuria y del hambre, componente irracional fuertemente anclado en la estructura psquica de masas; y los efectos del fetichismo de la mercanca, que invierte la realidad, que crea fetiches, dolos y dioses a los adorar y obedecer en donde slo existe explotacin, opresin y dominacin. El modo capitalista es el nico de todos los basados en la propiedad privada que invisibiliza sus contradicciones bajo un celofn de derechos naturales del ser humano legitimndose a s mismo siempre con nuevas formas ideolgicas. Pero al llevar sus contradicciones al paroxismo, esta diablica capacidad debe ser reforzada por el terrorismo ms descarnado y metdico, lo que hace que sus miserias salgan inevitablemente a la luz. Da a da, la prctica del terror desplaza al efecto narctico, opiceo, del fetichismo de la mercanca. Otro signo de decadencia porque la civilizacin del terror necesita devorarse a s misma, como Urboros, pero sin poder eternizarse por ello.

20.-Pues bien, visto lo visto, en las condiciones actuales es vital para las izquierdas profundizar y popularizar el debate sobre el declive del modo de produccin capitalista, huyendo del catastrofismo tan obtuso y peligroso a medio plazo. En los pases imperialistas, y a pesar de la dureza creciente de la vida, la mayora de la clase explotada cree que este sistema es eterno porque cree que el socialismo ha fracasado no existiendo alternativa posible. Hundida en este agujero obscuro, la opcin ms realista para quienes tienen alguna conciencia progresista es la de votar al reformismo duro, mientras que el resto lo hace al blando o a lo sumo al centro. No merece la pena hablar de quienes ni siquiera tienen conciencia. Combatir la creencia de que el socialismo no es posible y que siempre se malvivir en el capitalismo exige la prctica de la filosofa de la praxis, es decir, de la simultaneidad de la accin y de la teora que debe basarse en luchas concretas que aporten experiencias prcticas sin las cuales la teora se esclerotiza y dogmatiza rpidamente.

21.-Desde luego que lo mejor para la toma de conciencia terica de que el socialismo no slo es posible sino que sobre todo es necesario, es conseguir victorias en las luchas concretas que realizamos, aunque ello no es imprescindible inmediatamente sino a medio plazo. Lo decisivo siempre es empezar a luchar porque es en la accin en donde se conocen los lmites objetivos del capitalismo, sus contradicciones y debilidades. Sin lucha no hay teora revolucionaria, pero sin esta no hay prctica revolucionaria. Como se aprecia, existe una distancia entre la primera accin de lucha concreta y la posterior prctica revolucionaria, distancia que consiste en el avance de un pobre conocimiento inicial del capitalismo cuando se inicia la accin a otro ms profundo que se adquiere mediante la crtica y la autocrtica realizada conforme se sostiene la lucha y se valoran sus resultados ltimos. Ahora bien, el momento crucial en el que puede asegurarse el enriquecimiento de la conciencia revolucionaria es cuando resolvemos tericamente el problema de la explotacin, del poder y del mtodo de pensamiento.

22.-El problema radica en que desde hace mucho tiempo las fuerzas reformistas que se dicen de izquierda se niegan deliberadamente a organizar e impulsar las luchas que pueden sacar a la crtica pblica la explotacin, el poder y la patraa ideolgica. Estas fuerzas slo impulsan lo que siendo electoralmente rentable no cuestiona la legalidad vigente y menos an los pilares de la civilizacin del capital. Por su parte, las todava reducidas fuerzas revolucionarias intentan superar cuatro obstculos que frenan su crecimiento: la todava insuficiente legitimidad del socialismo; la pervivencia de la desconfianza de las masas en las organizaciones de vanguardia; el retraso terico con respecto a los cambios del capitalismo; y el sectarismo de muchas izquierdas. No se pueden negar los esfuerzos que se hacen para superar tales obstculos as como los avances reales que lentamente se van logrando. Mientras tanto, mal que bien las resistencias sectoriales y de masas aportan experiencias muy ricas en contenido que deben ser estudiadas a la luz de las constantes insertas en el modo de produccin como a la luz de las innovaciones producidas y su materializacin en las sociedades concretas, en las formaciones econmico-sociales.

23.-Vamos a analizar cuatro bloques de problemas fundamentales del capitalismo que slo tienen solucin si se acta sobre ellos con la radical perspectiva histrica comunista, que se basa en la certidumbre de que el futuro terrible puede ser guiado hacia la emancipacin humana, evitando el caos, pero slo a condicin de la construccin de un poder revolucionario enraizado en la democracia socialista, vivida por la burguesa como dictadura del proletariado contra ella, lo que es cierto.

24.-El primer bloque trata sobre el sujeto colectivo que puede y debe dirigir ese proceso. Cuando decimos debe no nos referimos a la tica kantiana sino a la marxista, diferencia cualitativa en la que no podemos extendernos ahora pese a su importancia: todos los reformismos han retrocedido de la tica marxista a cualquier variante de la kantiana. El sujeto colectivo no es otro que el trabajo explotado, es decir, esa fuerza de trabajo humana que lo crea todo con su esfuerzo pero que no tiene nada porque el producto queda en manos de la propiedad privada. En cada modo de produccin injusto el sujeto colectivo adquiere una expresin precisa y adecuada a las necesidades del sistema, pero en sus formaciones econmico-sociales, en sus pases y sociedades particulares, el trabajo explotado se presenta con diferencias ms o menos marcadas que no afectan a la naturaleza esencial de la explotacin del trabajo social por la clase dominante. En el nivel del modo de produccin, la fuerza de trabajo explotado y explotable est constituida por las mujeres, los pueblos oprimidos y las clases expropiadas de todo menos de su fuerza de trabajo.

25.-Lo que une e identifica esencialmente a mujeres, pueblos y clases expropiadas que no sufren opresin nacional es que forman el trabajo social explotado en su conjunto en beneficio de una minora que en su conjunto es nica propietaria de las fuerzas productivas. Desde que surgi la propiedad privada en forma de sistema patriarcal la resistencia del trabajo explotado ha alimentado la lucha de clases entre l y la propiedad explotadora como motor de la historia. En el modo capitalista, la fuerza de trabajo sexo-econmico y sexo-afectivo de las mujeres, la de los pueblos oprimidos y la de las clases trabajadoras no oprimidas nacionalmente, esta cualidad bsica de la especie humana-genrica, constituye el Trabajo en s mismo, mientras que todas las formas en las que se plasma la propiedad burguesa, constituye el Capital. Trabajo contra Capital, unidad y lucha de contrarios irreconciliables

26.-La historia es incomprensible si negamos u olvidamos la lucha de clases entre explotados y explotadores, lo que supone en el plano terico abandonar la teora marxista y aceptar la burguesa. En la segunda dcada del siglo XIX surgi la sociologa como la supuesta ciencia social neutral, positivista, encargada de sustituir la lucha de clases por la competencia entre personas, estamentos, elites, o en todo caso por el conflicto funcional entre las clases. A raz de la Comuna de Pars en 1871 se redobl el esfuerzo de la sociologa por sustituir el estudio crtico de la lucha de clases por la enumeracin de castas, estatus, lites, desconectadas de las relaciones de propiedad y explotacin. Con altibajos dependientes de los vaivenes de la lucha de clases mundial, han aparecido y desaparecido en el mercado de las modas intelectuales sucesivas mercancas ideolgicas de usar y tirar que siempre coincidan en menospreciar o negar la unicidad del sujeto colectivo revolucionario, del Trabajo explotado en s y de sus formas de expresin particulares, sustituyndolo por expresiones abstractas como los de abajo, el 99 por ciento, multitud, ciudadana y un largo etctera.

27.-De esta forma, y especialmente desde finales de la dcada de 1960 cuando se fabric la moda de la sociedad post-industrial en medio de las convulsiones del mayo del 68 y de las represiones posteriores, la fbrica de ideologa burguesa no ha parado de lanzar productos novedosos: fin de las ideologas, muerte del proletariado, fin de la historia, lucha de civilizaciones, post-modernismo y post-marxismo, alter-mundialismo y antiglobalizacin, otro mundo mejor, multitud e Imperio, y las ms recientes de post-capitalismo, anti-capitalismo, etc. Simultneamente en los medios de prensa desapareca todo rigor terico-crtico y el empleo de conceptos como explotacin, opresin, dominacin, imperialismo, clase burguesa, por no hablar del desprecio del marxismo, comunismo, socialismo. As, la despolitizacin de las conciencias segua inmediatamente a los ataques neoliberales. Todo pensamiento que inquiriera sobre el futuro del capitalismo era inmediatamente marginado y denigrado. Slo se admita y se admite la tautologa sobre un presente petrificado del que se ocultan sus contradicciones internas explosivas.

28.-Por lo general, tras cada gran derrota obrera y popular se produce la despolitizacin y el debilitamiento del rigor terico por razones obvias que no podemos exponer ahora. Suelen hacer falta varios aos de crisis y de renacer de las luchas, con sus experiencias nuevas, para que la teora vuelva a recuperar su radical rigor crtico. Desde 2007 en Europa, y desde antes en las Amricas, asistimos a un reverdecimiento del potencial terico sobre el sujeto colectivo, aunque tambin vemos esfuerzos por mantener las abstracciones metafsicas del inmediato pasado. Ahora mismo, para entender los objetivos a largo plazo de la ofensiva capitalista necesitamos la teora marxista de la crisis y de la lucha de clases, de la opresin nacional, de la explotacin patriarco-burguesa y del imperialismo en su fase financiera, lo que nos obliga a emplear conceptos despreciados por el reformismo de izquierdas, pero que tienen la virtud de llamar a las cosas por su nombre, meter los dedos en las llagas y ojos del capital.

29.-El segundo bloque slo puede desarrollarse a partir del primero, como los otros dos que le siguen, porque su exposicin depende de los conceptos que utilicemos. Si usamos generalidades vacas -sociedad, consumidores, personas- para definir las fuerzas clasistas y populares necesitadas urgentemente de una racionalizacin progresista y democrtica de la poltica energtica y de su modelo productivo y consumista, nos ser imposible explicar que la razn de la pobreza energtica que condena al fro a cada vez ms familias obreras es la propiedad privada de la industria hidroelctrica y energtica. Pero este ejemplo es slo uno entre millares posibles. Siguiendo con el mismo ejemplo, si queremos impulsar un poderoso movimiento de masas no slo contra la irracionalidad consumista sino a favor de otro modelo productivo tendente a la emisin cero de CO2 no podemos creer que basta con llamamientos en abstracto a la mera voluntad del poder, una voluntad que adems acepta todas las restricciones de la legalidad burguesa.

30.-La urgente reduccin drstica de las emisiones de CO2, y otras medidas similares destinadas a revertir la destruccin ambiental es incompatible con la obsesin electoralista de las izquierdas que no quieren acabar con la propiedad burguesa ni con la mercantilizacin de la naturaleza. La importancia clave de la perspectiva histrica a largo plazo en cuanto al posible futuro del capitalismo y del riguroso empleo de los conceptos aparece aqu de nuevo: en 1976 altas instancias oficiales del medioambientalismo reformista propusieron en un evento internacional el empleo del trmino ecodesarrollo rechazado pocos das despus por H. Kissinger, que entre otras hazaas ecologistas haba planificado el golpe de Pinochet de 1973, y en poco tiempo se impuso el ambiguo y manipulable concepto de desarrollo sostenible que es desde entonces el tpico-insignia del eco-capitalismo, del capitalismo verde, etc., y de los reformismos. Mientras que las izquierdas revolucionarias usan trminos como socialismo ecolgico antiimperialista, eco-comunismo, eco-socialismo y otros, el electoralismo parlamentarista necesita, para aunar la mayor cantidad de votos, licuar la radicalidad prctica y terica en la defensa del ecosistema.

31.-Llegamos as al tercer bloque, tambin decisivo: el del poder estatal, el poder de decidir y aplicar medidas de clase, de nacin oprimida y de sexo-gnero, es decir de medidas a favor del Trabajo si se trata de un poder obrero y popular que ha construido su propio Estado revolucionario, o de medida a favor del Capital en el caso opuesto. Tanto el sujeto colectivo como la lucha por un modelo socialista que acelere la reunificacin de la especie humana con la naturaleza y en ella, nos llevan directamente al problema del poder, o mejor dicho, desde la perspectiva histrica aqu expuesta, sujeto, naturaleza y poder forman un sistema que, junto al problema del mtodo de pensamiento, define la praxis revolucionaria.

32.-Del mismo modo en que la formacin de las clases antagnicas y su lucha est condicionada por la intervencin del poder estatal de la clase dominante, tambin la lucha de la clase explotada condiciona al poder estatal y a la clase a la que este sirve. La mercantilizacin de la naturaleza es inseparable de las decisiones burguesas reforzadas y protegidas por el poder de su Estado. Por efecto de venganza de la naturaleza, la irracionalidad del capital se vuelve contra l mismo mediante los desastres socioecolgicos que multiplican los costos mal llamados externos y que reducen la tasa media de beneficios. El Estado burgus toma entonces medidas precisas para descargar esos costos sobre las clases explotadas, condicionando negativamente su composicin y desarrollo.

33.-Ms en concreto, al endurecerse el ataque del Capital contra el Trabajo mediante la intervencin del poder estatal, el sujeto colectivo puede empezar a resistir, puede empezar a construir alternativas opuestas que en lo bsico siempre nos remiten a la economa del tiempo de trabajo y de la ordenacin del espacio, es decir, al control de la energa. La victoria popular de la Comuna de Gamonal, en Burgos, es un ejemplo de lo que estamos diciendo. Pero frente a una victoria obrera y popular, hay muchas derrotas y muchas otras luchas an en tablas y ello fundamentalmente por la astucia y la fuerza del poder estatal como centralizador estratgico de todas las represiones. Peor todava, hay infinidad de reivindicaciones potencialmente muy liberadoras que estn sin iniciarse por efecto de la alienacin y del fetichismo, del miedo, del soborno y corrupcin, del papel nefasto del reformismo poltico-sindical El Estado es un instrumento clave en la centralizacin estratgica de estos y otros obstculos que impiden el inicio de esas luchas, o que las abortan justo al comenzar.

34.-El reformismo, cualquiera de ellos, se niega a realizar una crtica revolucionaria del Estado realmente existente, planteando slo denuncias parciales contra tal o cual injusticia aislada, contra tal o cual ministro, ley, corrupcin o abuso policial. A la vez, su modelo de futuro pasa por volver al Estado neutral, al Estado social, benefactor, del bienestar, al Estado cumplidor y protector de los derechos constitucionales de todos los espaoles recomponiendo el contrato social (?) supuestamente roto. El reformismo parece haber retrocedido a la poltica feudal y absolutista que denunciaba a los consejeros del rey como los responsables de todos los males, salvando al Estado y a la monarqua: bastara cambiarlos para restablecer la justicia, ese pacto entre el pueblo y sus representantes. Ahora, en caso extremo basta cambiar de gobierno para salvar el Estado y la democracia. La puerilidad de esta fantasa se multiplica cuando es aplicada a la Unin Europea, creyendo que una democracia ciudadana puede reformar el euroimperialismo.

35.-Como se aprecia, y pasando a la cuarta cuestin, en esta triple problemtica -el sujeto colectivo que dirige la lucha de clases, la incompatibilidad entre el Capital y la Naturaleza, con maysculas, y el papel decisivo del Estado y de su violencia explotadora-, lo que est en cuestin tambin es el mtodo de pensamiento, es decir, la pregunta siempre actual de si podemos conocer y transformar radicalmente el mundo o si por el contrario siempre habr una parte incognoscible de la realidad, lo que nos impide su efectiva transformacin. Una de las primeras diferencias cualitativas entre el marxismo y el resto de corrientes socialistas desde la dcada de 1840 fue la insistencia del primero en la lucha terica, que no debemos rebajarla a lucha ideolgica, como fuerza poltica material en la medida en que prende en la conciencia de las masas. Las otras corrientes socialistas, incluido el anarquismo, tambin admitan esta necesidad pero desde una interpretacin mucho ms blanda y limitada del trmino teora porque nunca han llegado a entender la dialctica materialista, o incluso la rechazan.

36.-Los muy contados marxistas del ltimo tercio del siglo XIX redoblaron su lucha terica y reconocieron su error al insistir ms en la importancia de la economa reduciendo la de otros aspectos de la realidad, como la cultura, la poltica, la historia, la opresin nacional y patriarcal, la venganza de la naturaleza, los avances cientficos, etc. Explicaron por qu tuvieron que hacerlo en el pasado y advirtieron de lo peligroso que resultara volver a cometer el mismo error. A comienzos del siglo XX los contados marxistas sacaron lecciones autocrticas de la revolucin de 1905 llevando la lucha terica a la misma esencia de la teora del conocimiento de la poca, al choque entre materialismo e idealismo, por ejemplo. Luego pasaron a estudiar la irrupcin de la fase imperialista y a raz de la guerra mundial de 1914-1918 y de la revolucin de 1917 aportaron al caudal de la cultura humana una masa de conocimientos sociales que ridiculizaba las divagaciones burguesas de la poca. Las represiones desatadas desde la mitad de la dcada de 1920 y tras 1945 -fascismo, dogmatismo estalinista, guerra fra cultural- redujeron el caudal marxista en occidente pero su aportacin fue decisiva en el resto del mundo, aportacin que ahora empieza a conocerse. Desde comienzos del siglo XXI el marxismo vuelve a demostrar ser la nica teora vlida.

37.-Nos hemos extendido ligeramente sobre la historia de la lucha terica, inseparable de la de la lucha revolucionaria, porque ahora mismo uno de los lastres ms pesados que la frenan es la mercantilizacin de las modas ideolgicas de izquierda. La industria poltico-meditica descubri el suculento negocio de la manipulacin patriotera de los imperialismos en lucha desde 1914, por no retroceder ms. Desde 1940 Gran Bretaa y Estados Unidos crearon agencias oficiales y secretas para conocer la evolucin de la opinin pblica, disponiendo as de datos relativamente fiables para dirigir la guerra fra cultural anticomunista a escala mundial. En la segunda mitad de la dcada de 1960 la industria meditica francesa descubri el filn de las mercancas intelectuales de la izquierda blanda comparada con la anterior produccin bolchevique y comunista en general. La casta intelectual, francesa sobre todo y tambin el marxismo occidental se desentendieron de los problemas capitales: el poder, la represin, el imperialismo. De este modo, mientras la casta intelectual profetizada sobre la desaparicin del sujeto y del Estado, el marxismo oficial abandonaba la lucha del sujeto colectivo contra el Estado.

38.-El neoliberalismo tena va libre en el plano ideolgico porque la izquierda no haca lucha terica. La diferencia entre la propaganda ideolgica y la lucha terica es que la primera se orienta hacia lo irracional y en todo caso al sentido comn, nada ms, mientra que la segunda busca la conciencia crtica y autocrtica. La propaganda ideolgica no necesita de la praxis, de la lucha de clases cotidiana y de sus lecciones, sino de la manipulacin de las dependencias, ansiedades, miedos y tpicos, en todo caso del sentido comn, pero no ms all del sentido comn. La lucha terica supera el sentido comn y ataca a la raz del miedo y de las dependencias afectivo-emocionales, de los tpicos. Una de las dificultades de la lucha terica es que necesita de la historia crtica, real y dura en extremo, para basar su argumentacin, mientras que la propaganda ideolgica slo necesita de la historia oficial, suave, tranquila e irreal, la de la revolucin democrtica sin contradicciones irreconciliables que estallan en insoportables crisis y en violentas luchas de clases. El ciudadano no soporta la ensangrentada tensin de la historia y por eso no quiere pensar sobre los futuros.

39.-Pero si se quiere que sea efectiva la intensificacin de la lucha terica hay que sustentarla tanto en la lucha de clases prctica como en la permanente referencia a los futuros posibles del modo capitalista de produccin. Las victorias concretas son la base del optimismo, fuerza subjetiva que azuza y acelera la concienciacin terica, pero el optimismo es ciego si la teora no le alumbra en las tinieblas de un futuro que la burguesa falsifica y tergiversa. Saber que nuestras acciones presentes pueden decidir qu futuro de los posibles se ir haciendo probable para terminar siendo real; saber que maana podemos ser ms libres porque hoy luchamos para ser menos oprimidos; conocer gracias a la teora que s existe un sujeto de la historia y que somos nosotros ese sujeto; aprender a pensar histricamente y a actuar para dirigir la historia por la senda de la libertad, condenando a la explotacin al museo del pasado, aplicar esta perspectiva histrica que tiene un neto sentido filosfico antropocntrico, refuerza internamente la razonada y fundamentada ilusin optimista que refuerza cada lucha incluso aunque la perdamos, esa perspectiva histrica nos ensea que la nica libertad definitivamente perdida es la que no nos hemos atrevido a conquistar.

40.-Terminando, la perspectiva histrica sobre los futuros posibles del capitalismo es hoy ms necesaria que nunca antes porque jams sus contradicciones presentes haban llegado a tal grado de evolucin descontrolada con respecto a las organizaciones y Estados con que la burguesa mundial intenta domear las fuerzas infernales desatadas por los conjuros del irracionalismo global del capital. Nunca antes la locomotora de la acumulacin ampliada haba cogido tanta velocidad hacia un futuro lleno de curvas estrechas y cerradas, con precipicios y temblores ssmicos, y nunca antes el maquinista de la locomotora del mximo beneficio a la mayor velocidad posible haba tenido tantas dificultades para llegar a la palanca y freno y accionarla. Estamos parafraseando smiles empleados por Marx y Engels.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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