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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2014

Nos estn secuestrando

Ramn Walsh
Rebelin


Temprano, cuando despunta el da, vienen a nuestras casas o nos siguen hasta nuestros trabajos y a gritos, a empujones y golpes, nos sacan para meternos en sus crceles. Nuestro crimen es disentir de este rgimen, haber gritado juntas que lo consideramos injusto y cruel con quin menos tiene. Haber exigido una vida digna. Somos detenidas polticas.

El 4 de abril han detenido a 11 compaeras y han imputado a 9 los mismos cuerpos de polica del estado que hace dos meses participaban en la muerte de 15 personas en la frontera de Ceuta. Las mismas a las que esta semana se les han muerto 2 personas a las que tenan detenidas. Las mismas que hace 2 aos mataron a Iigo Cabarcas con una bala de goma.

Esos cuerpos de polica y el rgimen al que defienden nos acusan de ser violentas el pasado 22 de marzo, cuando un milln y medio de personas nos juntamos para exigir pan, trabajo y dignidad. Pero somos nosotras las que pasadas dos semanas tenemos a un compaero que ha perdido un ojo por el impacto de una bala de goma y otro que ha perdido un testculo. Uno tiene 19 aos, el otro 23. Mientras, todos los policas que dicen que estuvieron a punto de la muerte el 22 de marzo estn dados de alta.

Somos nosotras, y no esa polica que carga con 17 muertas este ao ni quienes la mandan, las que tenemos a un compaero, Miguel, en prisin desde la noche del 22 de marzo. Somos ese milln y medio de personas que llen las calles de Madrid exigiendo pan, trabajo digno y techo a quienes amenazan y convierten en sospechosas diciendo que la operacin sigue abierta. Ir a una manifestacin, hacer poltica, en esta democracia fascista te convierte en sospechoso. Y con esa lgica el gobierno ha creado un milln y medio de ciudadanas sospechosas.

La nica respuesta que tiene el rgimen cuando hacemos una propuesta poltica que enfrenta la miseria a la que nos condena son la represin y la criminalizacin. Sealarnos culpables y sospechosas, con la ayuda y complicidad de sus medios de comunicacin. Si una propaganda abrumadora no pretendiera que la democracia es detener a quienes disienten, si cada periodista de esos medios no se afanase en una realidad deforme en la que las que vamos con capucha somos violentas y los que van con escudos, porras y bocachas de balas de goma son los defensores del orden pblico, nadie decente apoyara sus crmenes. Detenernos sera impensable.

Pero en realidad no nos detienen. Es cierto que sus secuestros duelen y, por qu no decirlo, nos despiertan en mitad de la noche y nos dejan desveladas, nos hacen escuchar quietas tras la puerta un ruido en la escalera, nos obligan a mirar hacia atrs cuando paseamos en el da libre; pero no nos detienen. Nunca la represin detuvo las ansias de vivir dignamente. Han conseguido que empecemos a perder el miedo a ser sospechosas y comprendamos que quien es sospechoso a ojos del fascismo ser inocente en el juicio de la historia. A estas alturas, an si detuvieran a la ltima de ese milln y medio de sospechosas, la necesidad de resistir y el ansia de dignidad permaneceran y no haran ms que empezar bajo nuevas formas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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