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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-04-2014

Necesaria y urgente lucha contra el poder adulto

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Se sobreentiende que an no hay claridad terica ni firmeza en el rgano juvenil y quiz nunca la haya, precisamente porque es un rgano de la juventud impetuosa, burbujeante, indagadora. () Una cosa son los adultos que confunden al proletariado, que pretenden guiar y ensear a los dems; contra ellos hay que luchar despiadadamente. Otra cosa son las organizaciones de la juventud, que declaran de forma abierta que an estn aprendiendo, que su tarea fundamental es preparar cuadros de los partidos socialistas. A esta gente hay que ayudarla por todos los medios, encarando con la mayor paciencia sus errores, tratando de corregirlos poco a poco, sobre todo con la persuasin y no con la lucha. No pocas veces sucede que los representantes de las generaciones maduras y viejas no saben acercarse como corresponde a la juventud que, necesariamente, est obligada a aproximarse al socialismo de una manera distinta, no por el mismo camino, ni en la misma forma, ni en las mismas circunstancias en que lo han hecho sus padres. Por lo tanto, entre otras cosas, debemos estar incondicionalmente a favor de la independencia orgnica de la unin juvenil, y no slo porque esta independencia sea temida por los oportunistas, sino por la esencia misma del asunto. Porque sin una total independencia, la juventud no podr formar de s misma buenos socialistas ni prepararse para llevar el socialismo hacia delante

 Lenin: La Internacional de la juventud, diciembre 1916

 

  1. Presentacin
  2. Breve historia del poder adulto
  3. Surgimiento del concepto de poder adulto
  4. Qu es el poder adulto
  5. Cmo funciona el poder adulto
  6. Juventud revolucionaria e izquierda adulta

 

1. Presentacin

 

Asistimos a una nueva oleada de luchas y movilizaciones de la juventud. Pero tambin asistimos a un endurecimiento del poder adulto, y lo que es un mal presagio, vemos cmo la izquierda revolucionaria apenas dedica esfuerzo alguno a su crtica radical, a su terrible eficacia en el control, vigilancia y represin de las ansias de libertad de la juventud en general y muy especialmente de la trabajadora. Movidos por esta situacin recientemente se han celebrado debates en varios lugares, como en la Universidad de Filosofa de Valencia y en la Universidad Pblica de Nafarroa, ambos organizados por la juventud independentista y socialista, as como tambin se ha recuperado esta reflexin en otros colectivos de debate terico y poltico de Euskal Herria.

Hay que decir bien claro que si comparamos el esfuerzo terico y poltico de la izquierda europea actual en relacin a la explotacin juvenil con el realizado por esta izquierda entre finales de la dcada de 1960-1970, si hacemos esta comparacin, la actual queda ridiculizada en extremo, sobre todo considerando que la juventud trabajadora actual se enfrenta a un ataque capitalista ms devastador que el de hace medio siglo.

Y la izquierda actual sale todava peor parada si la comparamos con la de finales del siglo XIX y comienzos del XX, sobre todo durante la explosin de creatividad crtica en lo relacionado con la llamada vida privada, familiar y matrimonial, con la emancipacin sexual de la mujer y de la juventud, con la crtica inmisericorde de la familia autoritaria, con el desarrollo de una pedagoga revolucionaria, etc., entre 1917 y 1933. Recordemos que fue este ao en el que el nazismo tom el poder y endureci al mximo la represin desencadenada una dcada antes por el fascismo, y asegur definitivamente el posterior exterminio franquista de todas las conquistas sociales en estas cuestiones. De hecho, la izquierda de 1960-1970 se bas en los logros de este perodo anterior para sustentar los suyos.

Pero pasemos de la crtica a la izquierda en general en este aspecto tan decisivo, a la crtica de la izquierda independentista vasca. En efecto, si la izquierda en general ha sufrido un retroceso alarmante en la lucha contra el poder adulto, mayor ha sido el retroceso de la izquierda abertzale en esta cuestin. Aunque la juventud vasca est recuperndose rpidamente de los duros mazazos represivos sufridos durante los ltimos aos, demostrando una muy encomiable capacidad de reaccin, debemos reconocer que globalmente se encuentra todava lejos de desarrollar una implacable lucha de liberacin contra el poder adulto.

2. Historia del poder adulto

El poder adulto es tan viejo como el poder en s en toda sociedad basada en la explotacin, opresin y dominacin necesarias para mantener la propiedad privada de las fuerzas productivas. Dado que la primera y principal fuerza productiva es el ser humano, la formacin de un ser humano dcil y obediente, que se deje explotar y que, a poder ser, facilite la explotacin de otros seres humanos, crear semejante chollo para la minora propietaria, es una necesidad imperiosa. Dos son las instituciones fundamentales precapitalistas que han cargado sobre s la mayor parte de la tarea de producir docilidad: el poder patriarcal y el poder adulto.

Aunque el grueso de la investigacin del libro coordinado por Ll. deMause (Historia de la infancia, Alianza Universal, Madrid 1991), trata sobre el duro, avasallador y violento trato dado a la infancia en la civilizacin occidental hasta el siglo XIX, tambin es cierto que los diez autores que exponen sus investigaciones ofrecen suficientes datos o indicios slidos que muestran frecuentemente el insufrible trato adulto padecido por la juventud desde que existen fuentes histricas fiables. Las investigaciones muestran que, en contra de quienes sostienen la tesis del buen comportamiento de los adultos hacia la infancia, en realidad fue un comportamiento muy estricto, cruel y hasta asesino con frecuentes casos de infanticidio. Todo indica, adems, que apenas haba mejora sustancial en el trato cuando se pasaba de la infancia a la adolescencia y de aqu a la juventud.

Tambin queda establecido de manera irrefutable que en todas partes, en todo tiempo han sido las nias, las adolescentes y las jvenes las que peores tratos han sufrido en comparacin con los nios, los adolescentes y los jvenes. Ello es debido a la fusin entre el poder patriarcal y el poder adulto, fusin de poderes que debemos descomponer analticamente en cada situacin concreta para proceder luego a su sntesis. De entre los miles de ejemplos que confirman lo revelado por este libro, podemos citar el de la radical denuncia que en 1879 hizo A. Bebel (La mujer y el socialismo, Akal, Madrid 1977) contra el sistema educativo burgus no slo porque su objetivo es producir trabajadores tontos a partir de una juventud sometida a la ignorancia, sino tambin por los continuos abusos fsicos en escuelas y colegios. Abusos fsicos que no han desaparecido en modo alguno.

J. L. Murga (Rebeldes a la repblica, Ariel, Barcelona 1979) ha estudiado las posturas rebeldes pacficas y violentas de la juventud en la Antigedad greco-romana, rebeldas que se daban incluso en los perodos de florecimiento econmico porque: bajo el barniz brillante de la riqueza y del poder, el espritu joven intuye el dolor y la injusticia. A pesar de las represiones que sufren los jvenes temprano o tarde renacer la semilla rebelde: Morirn los jvenes contestatarios, se aplastar quiz el descabellado movimiento rebelde, pero la semilla volver a aparecer repentinamente - trasvasada en otra religin, en una escuela filosfica o, incluso, en una mera postura republicana arcaizante- como una esperanza que rebrota cuando menos se esperaba: en los poetas, en los sabios, en los espritus elevados.

Uno de los episodios de rebelin juvenil ms implacablemente reprimido fue el movimiento bquico en la Roma republicana el siglo II, minuciosamente investigado por J. L. Murga. M. I. Finley (El nacimiento de la poltica, Crtica, Barcelona 1986), tambin ha estudiado este movimiento juvenil, que en s es un impresionante y terrorfico ejemplo de lo que es el poder adulto en funcionamiento: la ejecucin de varios miles de jvenes del movimiento bquico en la Roma del -186, la mayor parte de ellos pertenecientes a las clases trabajadoras; las mujeres fueron asesinadas en el escondido secretismo de sus familias. M. L. Finley muestra cmo actu al unsono el conjunto de poderes parciales romanos hasta descubrir y matar a miles de personas en defensa del orden establecido. Roma no dispona de un aparato policial en el sentido burgus, pero su sistema represivo era muy eficiente, sobre todo contra la mujer joven vigilada en todo momento.

Comenzando sus investigaciones desde la Edad Media, R. Muchembled (Una historia de la violencia, Paids, Barcelona 2010) desmenuza el conjunto de mtodos, sistemas, amenazas, castigos y recompensas mediante los cuales los poderes burgueses en ascenso fueron aplacando, desviando, reprimiendo e integrando las mltiples formas de violencia juvenil, de resistencia pasiva o activa, material o simblica de la juventud hasta comienzos del siglo XXI en las barriadas empobrecidas. Sin recurrir al concepto de poder adulto, el autor muestra cmo en cada poca el poder presionaba a las familias campesinas, artesanas, trabajadoras y obreras para que intervinieran activamente en la represin de las complejas resistencias juveniles y de sus formas violentas. El autor explica la desaparicin casi total de los asesinatos cometidos por jvenes desde 1945, pero sostiene que crecen las formas de resistencia mediante bandas juveniles: constituyen la forma moderna de expresin de un poderoso descontento juvenil frente al mundo de los adultos y de la sociedad establecida.

Fue en este largo perodo cuando se generaliz el mito del instinto maternal, mito bsico de la familia autoritaria. Entre otras muchas investigadoras, Elizabeth. Badinter (Existe el amor maternal?, Paids, Barcelona 1981) ha demostrado que el tal instinto es una construccin ideolgica de la familia burguesa en ascenso y Norma Ferro (El instinto maternal o la necesidad de un mito, Siglo XXI, Madrid 1991) ha demostrado cmo fue creado durante la gnesis de la dominacin social y psicolgica de la mujer por el hombre. El supuesto instinto maternal es inculcado en las mujeres desde su nacimiento y reforzado siempre mediante toda clase de triquiuelas, artimaas y engaos. Que no exista ese instinto en cuanto tal no significa que no exista amor materno-filial, sino que este debe ser evaluado desde criterios no patriarco-burgueses sino socialistas. El poder adulto utiliza el instinto maternal para fusionar la dominacin sexo-afectiva de las jvenes con la reproduccin del capitalismo. Del mismo modo que el lenguaje machista abusa de la palabra Amor que encubre un conglomerado heterclito segn Rosa Mara Rodrguez Magda (Femenino fin de siglo, Anthropos, Barcelona 1994), para manipular y confundir los sentimientos sexo-afectivos.

En el contexto de resistencia juvenil reciente, lo mximo a que llega la pedagoga progresista en lo que concierne al papel de la institucin familiar no autoritaria en la educacin de la juventud es a los consejos que ofreca a finales de la dcada de 1960 A. S. Neill (Hijos en libertad, Altaya, Madrid 1999) a los atribulados padres y madres sobre los actos de rebelda de la adolescencia, consejos destinados a evitar que sus hijas e hijos no cayeran en la delincuencia y en las drogas, pero en absoluto para ayudarles a que desarrollaran una conciencia crtica y solidaria, libre, suficientemente formada para que tuviesen una visin poltico-juvenil de sus problemas y perspectivas de vida futura. La pedagoga mostrada en este texto puede inscribirse plenamente en la muy valiosa aportacin realiza en aquellos mismos aos por P. Brckner (Sobre la patologa de la desobediencia, Psicologa poltica, Barral Editores, Barcelona 1971) cuando se pregunt: Qu es lo que realmente pretenden nuestros esfuerzos pedaggicos y polticos: tranquilidad o libertad?.

Constatamos con alarmada tristeza la capacidad de recuperacin del poder adulto para contraatacar y vencer a la emancipacin revolucionaria de la juventud releyendo ahora a R. Vaneigem en su clsico texto editado en 1967, justo antes de las barricadas del mayo francs (Tratado del saber vivir para uso de las jvenes generaciones, Anagrama, Barcelona 1977), cuando al final del libro reproduce un trocito de la carta de los Sans-Coulottes a la Convencin, del 9 de diciembre de 1892: Os res de nosotros? No os reiris por mucho tiempo. Pues bien, el poder adulto pudo recuperarse de los ataques de la juventud revolucionaria de 1960-1970 y terminar rindose de ella.

Recordemos que estos tres ltimos textos fueron escritos a finales de los aos 60 cuando an no se haba iniciado el sistemtico ataque monetarista y neoliberal contra la juventud trabajadora y popular, ataque que se iniciara en su globalidad en 1973, aunque con significativos adelantos parciales en algunos pases. La recuperacin del poder adulto, la derrota de la oleada de luchas juveniles a las que se refera R. Vaneigem fue facilitada por la nueva estrategia represora del neoliberalismo, uno de cuyos objetivos centrales era y sigue siendo el de generalizar la pasividad, la indiferencia y el desinters poltico de las masas explotas y de su juventud. Fue en este mismo 1973 cuando D. Sibony (De la indiferencia en materia de poltica, Locura y sociedad segregativa, Anagrama, Barcelona 1976) recurri a la expresin figura del Amo para mostrar cmo la negacin de la dialctica entre deseo y poltica slo acarrea el desinters pasivo de las masas. Dos dcadas despus la figura del Amo tomaba forma en Berlusconi, presidente electo de Italia gracias al apoyo adulto y en medio de una contestacin juvenil muy fuerte.

La figura del Amo, la dependencia inconsciente hacia la autoridad protectora, es tanto ms fuerte y est ms arraigada en lo profundo de la estructura psquica de masas, en la medida en que estas sufren una precarizacin creciente de su existencia. Precariedad y fragilidad emocional van unidas. Por esto, el neoliberalismo se lanz a fragilizar los sujetos sociales para que no pudieran oponer resistencias coherentes y estratgicas, como demostraron Julia Varela y F. lvarez-Ura (Sujetos frgiles, FCE, Mxico 1989). El dilema entre tranquilidad o libertad se ha agudizado con la fragilidad creciente de la vida social. Un ser social frgil optar por la tranquilidad en detrimento de la libertad. La fragilidad es inseparable de la inseguridad existencial, del miedo, de la ansiedad y de la angustia cotidiana, y es por esto que amplias franjas sociales sacrifican sus libertades para disponer de mayor seguridad policial y judicial que tranquilice su vida y expulse de ella la inseguridad y todas las formas de temor.

G. Kessler (El sentimiento de inseguridad, Siglo XXI, Argentina 2009) ha estudiado el proceso de construccin desde el poder de la inseguridad colectiva en Argentina, aunque sus tesis son de aplicacin general en lo bsico, descubriendo que los jvenes aparecen en general como el grupo ms victimizado y el que menos temor expresa, mientras que con los adultos mayores sucede lo contrario. El autor sostiene que el concepto de vulnerabilidad es decisivo para comprender la inseguridad adulta, y en especial la de las mujeres jvenes ante el riesgo de violencia sexual en cualquiera de sus formas y ante el trato que recibirn si la denuncian. Fragilidad, inseguridad y vulnerabilidad presionan fuertemente para sacrificar la libertad a favor de la dura ley tranquilizadora. En la medida en que la juventud opta por la libertad es marginalizada, perseguida y criminalizada.

La fragilidad del sujeto juvenil obrero y popular es una necesidad imperiosa de todo capitalismo y en especial del contemporneo. O. Jones (CHAVS. La demonizacin de la clase obrera, Capitn Swing, Madrid 2012) ha estudiado cmo la demonizacin del proletariado pasa inevitablemente por el ataque a su juventud, criminalizndola y marginalizndola lo ms posible, condenndola al paro y al subempleo estructural en barriadas desindustrializadas podridas por el narcocapitalismo sospechosamente introducido en masa y apenas perseguido por la polica. Y en medio de este contexto, echndola de sus zonas de vida cotidiana, de donde ha crecido y en donde se ha formado colectivamente: es decir, desarraigndola interna y externamente, condenndola al nomadismo urbano a la bsqueda de un empresario que les explote en un trabajo-basura.

El trmino de nomadismo urbano juvenil tambin es empleado por G. Standing (El precariado, Pasado&Presente, Barcelona 2013), cuando analiza quienes son los colectivos concretos que sufren con mayor dao la precarizacin creciente. Sostiene con razn que en primer lugar son las mujeres y en general todas las personas que de un modo u otro ven profundamente cambiadas sus condiciones de existencia cotidiana, incluidas las sexuales y afectivas, la masculinidad en el caso de los hombres. Sobre la juventud dice que si bien siempre se ha incorporado al trabajo en una situacin precaria, en la actual fase capitalista la precarizacin y la flexibilizacin son mucho ms largas que lo requerido para formarse en el trabajo, yendo unidas a peores condiciones salariales y sociales: los jvenes se resienten de la inseguridad, de la fragilidad de sus condiciones de malvivencia.

3. Surgimiento del concepto de poder adulto

Una de las primeras veces en las que se utiliz de manera no sistemtica el trmino de poder adulto, que nosotros sepamos, fue justo a finales de los aos 90 y comienzos del siglo XXI durante unas reflexiones en sectores de la izquierda independentista vasca, siendo a finales de febrero de 2001 cuando este concepto aparece ya explcitamente teorizado en un largo texto sobre Poder adulto, prensa de ocupacin e independencia juvenil a libre disposicin en internet. En esta poca se debata sobre un conjunto de problemas que afectaban cada vez ms a la juventud vasca, como fue el ataque a la juventud gasteiztarra analizado en el texto Gaztetxe de Gasteiz y poder adulto, de agosto de 2001, tambin disponible en internet.

Al final de los aos 90 se endureci an ms la represin, el Estado adapt su doctrina represiva para movilizar a la sociedad civil, a la ciudadana democrtica contra la izquierda independentista, reactivando grupos fascistas; eran tiempos en los que nuevas formas de drogadiccin golpeaban a la juventud a la vez que la reciente implosin de la URSS y el auge econmico espurio del ladrillazo, el dinero barato y la especulacin financiera parecan haber acabado definitivamente con lo peor del capitalismo para quedar definitivamente slo lo supuestamente bueno de este sistema explotador. Todo ello en un contexto ideolgico de flatuidad intelectual, de banalidad y snobismo superficiales aupados sobre las modas post, sobre la fcil palabrera post-modernista, post-marxista, post-estructuralista.

Dentro de esta coyuntura que muchos crean que era el definitivo contexto de lo que se empezaba a denominar post-capitalismo basado en la economa cognitiva e inmaterial, pareca de locura alucinada empezar a estudiar qu era el poder adulto y qu funcin clave jugaba en la explotacin capitalista. Conviene recordar lo que sucedi despus, a comienzos del siglo XXI, con la arremetida imperialista tras el 11-S de 2001 - diseada con anterioridad a esta fecha, no hay que olvidarlo-, con las ilegalizaciones de los movimientos y partidos abertzales, con la prolongada euforia burguesa por las sobreganancias financieras, con la victoria de Zapatero en 2004, con la hecatombe definitivamente desencadenada en 2007, etctera.

Mientras que en sectores del independentismo vasco se debilitaba la larga y fructfera tradicin del debate organizado, fuerzas revolucionarias internacionales, algunas de ellas integradas en el Movimiento Continental Bolivariano bajo la influencia de pensadores como Narciso Isa Conde y otros, recuperaron este imprescindible concepto. Tambin fue debatido en pueblos oprimidos por el Estado espaol como Galiza y Pasos Catalans, lo que hizo que en 2010 se redactase un resumen de lo reflexionado hasta entonces, Poder adulto y emancipacin juvenil disponible en internet, texto que fue la base para otro encuentro en 2014. Por fin, despus de trece aos ha vuelto a debatirse en Iruea, la capital de Euskal Herria, en marzo pasado, y slo muy recientemente un prestigioso colectivo dedicado a la investigacin y debate terico-poltico, y a la divulgacin pedaggica de sus conclusiones, ha decidido volver sobre la actualidad del poder adulto. Algo es algo.

Era necesario este rpido repaso porque no es lo mismo hablar del poder adulto en la Euskal Herria de 1998-2001 que en la actual, y menos an es lo mismo hacerlo en las naciones y clases explotadas ahora por la burguesa espaola. Los tres lustros transcurridos se caracterizan por un empeoramiento brutal, inmisericorde, de las condiciones de vida de la juventud trabajadora y popular. Siendo el mismo poder adulto en su naturaleza, algunas de sus caractersticas internas y muchas de sus formas externas se estn transformando rpidamente para realizar mejor su funcin.

Sin embargo, como hemos dicho arriba, la mayor parte de la izquierda abertzale, su gran mayora, no es consciente del poder real controlador y represor del poder adulto-burgus. Hoy por hoy, la izquierda abertzale apenas lucha contra este instrumento de opresin porque desconoce no solo lo que es el poder adulto en s mismo a lo largo de la historia, sino que ni siquiera tiene conciencia de que existe como tal. Solamente colectivos y movimientos muy localizados y relativamente pequeos mantienen la lucha terica y prctica contra partes precisas del poder adulto, como la sexualidad patriarco-burguesa y su violencia terrorista, pero apenas contra la familia autoritaria, pieza clave del poder adulto; tampoco se mantiene una lucha radical contra el sistema educativo adulto, y menos an contra la ideologa patronal que, segn veremos, en el componente decisivo del cemento ideolgico del poder adulto.

Hemos de insistir en que a pesar de haber transcurrido muchos siglos desde las luchas juveniles en la Antigedad, y de que ahora estamos en otro modo de produccin muy diferente al esclavista, siendo esto cierto no lo es menos que existen tres grandes constantes bsicas que se mantienen a pesar de los cambios: una, la eficaz pervivencia adaptativa del poder adulto; dos, sus conexiones con el poder patriarcal, dotado de la misma capacidad adaptativa; y tres, la eficacia de ambos para movilizar grandes fuerzas reaccionarias y represivas volcadas en primera instancia contra la juventud y contra la mujer, pero tambin contra el conjunto de las clases trabajadoras. A lo largo de los sucesivos modos de produccin, tanto el patriarcado como el poder adulto han sabido recuperarse de sus derrotas parciales, incluso han sabido adaptarse a y subsumirse en los nuevos modos de produccin. De hecho dos de los ms fiables indicadores de que un proceso revolucionario empieza a pudrirse en sus propias entraas es la recuperacin del poder patriarcal y adulto.

4. Qu es el poder adulto

En el texto citado arriba -Poder adulto, prensa de ocupacin e independencia juvenil- se ofrece una definicin que sigue siendo vlida y que vamos a intentar completar con este aadido: el poder adulto es el conjunto vasto, tentacular y generalmente invisible de relaciones de poder mediante el cual la clase dominante, gerontocrtica por lo comn, castra el potencial emancipador y creativo que late en la juventud, convirtindola en una masa amorfa, manipulada y pasiva en su gran mayora, marginando y criminalizando a la minora no manipulable.

La marginacin de esta minora se logra mediante determinadas tcticas como el empobrecimiento y la precarizacin, con el paro juvenil permanente; con la drogodependencia como arma de exterminio biolgico y enclaustramiento carcelario, lo que oficialmente se denomina delincuencia social; con la potenciacin de modas, costumbres y tribus que buscan quedarse fuera de la vida social burguesa, modas a las que se les toleran sus guetos porque en realidad son funcionales a la reproduccin del sistema adulto capitalista.

La criminalizacin tambin afecta a reas de la marginalidad juvenil, y cada vez ms, pero opera sobre todo contra los colectivos juveniles que avanzan en su conciencia revolucionaria y en su autoorganizacin al margen de la izquierda reformista que ha interiorizado buena parte de los fundamentos adultos. El poder adulto va ampliando el proceso que va desde el control social a la represin pasando por la vigilancia en la medida en que ms y ms sectores juveniles se emancipan de la alienacin que sufren, se organizan y se suman a las luchas existentes, y muy especialmente abren frentes de lucha especficamente juveniles. Como veremos, el poder adulto dispone de sofisticados medios de control social para detectar lo antes posible los primeros signos de malestar y rebelda juvenil.

La marginacin y criminalizacin de la juventud trabajadora y popular van en aumento porque es el nico recurso que tiene el capitalismo para impedir que el malestar juvenil objetivo que nace del impresionante desempleo, subempleo, empobrecimiento, precarizacin, falta de perspectivas de futuro, prolongacin de la vida en el domicilio paternal en estas condiciones con los efectos que ello acarrea, incremento de la represin sexual, etctera, avance hasta plasmarse en conciencia subjetiva, revolucionaria. En estas condiciones, el poder adulto activa todos sus instrumentos de control, vigilancia y represin, de alienacin e incluso de oferta de falsas alternativas que nicamente favorecen al sistema.

Cometemos un serio error con graves consecuencias polticas si menospreciamos la capacidad de control y alienacin del poder adulto sobre todo en situaciones de crisis, su capacidad de adaptarse en algunas cuestiones mientras que en otras practica una represin selectiva contra los sectores ms concienciados o incluso ms amplia como en las represiones de manifestaciones y actos y las detenciones intencionadas o aleatorias de participantes, o en la disciplina laboral con el despido fulminante en el trabajo submergido, o en el trabajo legal con sus contratos-basura que el explotador puede rescindir con cualquiera de las miles de excusas que le permite la ley.

El poder adulto ha creado una especie de burbuja flexible en grado sumo que impide a la mayora de la juventud crear por ella misma una visin de futuro que no sea la burguesa, de forma que muchos jvenes envejecen sociopoltica y ticamente antes de ser adultos porque ha sido castrado su potencial para autoorganizarse y crear una visin no adulta. El adulto, dicho a grandes rasgos, no se caracteriza por su edad sino por su apata e indiferencia intelectual y creativa, por su incapacidad siquiera de imaginar el potencial de la heurstica, cualidad imprescindible para la emancipacin humana. El adulto no piensa en base a la relacin presente-futuro sino slo en la de pasado-presente, a lo sumo llega a imaginar el futuro como el presente continuo mejorado en sus formas pero intocable en su identidad eterna. Lo nuevo desquicia y atemoriza al adulto porque lo viejo es la esencia de su presente.

La maleable flexibilidad de la burbuja que envejece en vida a la juventud adquiere tantas formas como necesidades tenga el poder adulto para reproducirse. Desde las amplias libertades consumistas de la juventud burguesa hasta las modas intelectuales que distraen a la juventud inquieta, pasando por la gris y anodina vida diaria de la masa juvenil trabajadora que deambula como un zombi en un mundo que no entiende pero que lo ve como el nico posible pese a sufrirlo. Atrapada en este universo cerrado, asfixiante e incomprensible el grueso de la juventud cree que las alternativas posibles son las que el sistema adulto le ofrece, sean legales, alegales o ilegales. Por si fuera poco, en muchos casos el sistema suele mostrar comprensin y tolerancia con los deslices juveniles producidos de esa enfermedad que se cura con el tiempo que se identifica con el acn juvenil de la juventud fogosa e inexperta, que sentar cabeza con los aos, pues todos los adultos la hemos sufrido incluso con alguna aoranza: si tuviera treinta aos menos!.

Ahora bien, en la medida en que las contradicciones del capitalismo destrozan la normalidad idlica y ficticia, multiplicando las tensiones e injusticias, en esta medida tienden a aumentar los grupos juveniles crticos. Solamente cuando se llega a este punto de ebullicin social podemos estudiar seriamente cmo funciona el poder adulto porque del mismo modo en que solo la crisis sistmica descubre qu es el capitalismo, tambin solo la crtica prctica juvenil descubre qu es el poder adulto. En realidad, el nivel de malvivencia de la juventud obrera y popular empez a deteriorarse bastante antes de la crisis de 2007, pero era un empeoramiento apenas visible aunque real, por lo que muy pocos colectivos juveniles y todava menos de los adultos de izquierda, levantaron la voz contra el ataque capitalista.

5. Cmo funciona el poder adulto

El poder adulto capitalista funciona en estrecha conexin con otros poderes burgueses, y mantiene relaciones de autonoma relativa con respecto al Estado. Sintetizndolo mucho, los otros poderes que refuerzan al adulto son: el patriarcal, el educativo e ideolgico, el religioso, el laboral-empresarial y el estatal, que es en realidad el centralizador estratgico de todos ellos. El Estado es a la vez el punto de bveda y la piedra basal del sistema en su conjunto.

Hay que decir que estos poderes o sub-poderes concretos estn integrados en el sistema total de dominacin, opresin y explotacin capitalista, un sistema cualitativamente superior que engloba y dota de sentido a los sub-poderes citados, integrados en el poder de clase del capital. No son, ni pueden serlo, sistemas de explotacin independientes y ajenos a la lgica de la acumulacin ampliada del capital: es esta la que le determina estructuralmente en las grandes lneas de evolucin, y nunca a la inversa.

En sentido general, la interaccin permanente entre poder adulto capitalista y sistema patriarco-burgus es decisiva para garantizar la produccin de fuerza de trabajo adecuada a las necesidades productivas. Incluso cuando se rompen las unidades familiares por divorcio de los padres, o por cualquier otra razn, quedndose hijas e hijos bajo la autoridad de las madres, incluso en estos casos no desaparece del todo el poder patriarcal dentro del poder adulto al ser sustituido por el poder maternal libre ya de la insoportable presencia del padre. Y no desaparece del todo porque el sistema patriarco-burgus es una fuerza social objetiva profundamente anclada en la estructura psquica dominante, en la ideologa y en la cultura dominantes, y por desgracia tambin en muchas mujeres. Tampoco debemos olvidar que alrededor de esas nuevas familias uniparentales femeninas, en su crculo envolvente, domina abrumadoramente el sistema patriarcal.

La institucin familiar no puede ser definida al margen del modo de produccin existente en ese momento, y al margen de las ideas polticas, sociales, religiosas, econmicas de los padres y madres que dirigen esa familia en la medida de sus posibilidades. La familia del comunismo primitivo era totalmente diferente a la familia capitalista, lo mismo que lo han sido las de los modos tributarios, esclavista y feudal. En las sociedades basadas en la propiedad privada de las fuerzas productivas, la familia es uno de los elementos claves en la reproduccin de esa forma injusta de propiedad, injusta y oprobiosa; pero en estos modos de produccin explotadores tambin existen algunas familias no autoritarias, familias que se enfrentan a la opresin, que intentar educar una juventud progresista y revolucionaria.

Aunque el poder educativo e ideolgico est dado en la esencia misma del poder adulto y patriarcal en todas las pocas, ahora nos referimos tanto a los aparatos estatales y paraestatales, con todas sus gamas intermedias, de educacin e ideologa, como a las empresas pequeas o grandes de la industria cultural con sus intereses empresariales propios, incluidos los negocios religiosos de drogadiccin espiritual. En este marco de anlisis, por educacin entendemos el proceso inacabable de adoctrinamiento en los valores de la civilizacin del capital, que es ms que en los valores del modo de produccin capitalista. Dado que la civilizacin es la sntesis social de un modo de produccin, los valores de los sub-poderes que facilitan su reproduccin ampliada -adulto, patriarcal, educativo, religioso, etctera,- son tambin componentes de esa sntesis, de esa civilizacin. Ahora bien, lo fundamental desde la perspectiva histrica no es la civilizacin en s sino la matriz social que asegura internamente la reproduccin del modo de produccin, en nuestro caso el capitalista. Pues bien, el sistema educativo-ideolgico burgus se entronca en la matriz social capitalista mediante la diaria e invisible efectividad del poder adulto reforzado por el poder patriarcal.

Patriarcado, educacin e ideologa facilitan sobremanera el gil desarrollo de la explotacin empresarial. El poder adulto no solo garantiza que la impronta de la sumisin inconsciente al capital arraigue frreamente en la estructura psquica de las clases y naciones explotadas en los decisivos tiempos de la socializacin primaria, sino que adems garantiza luego que el orden adulto tal como lo hemos definido arriba sea aceptado acrticamente como el nico posible y razonable, no como el menos malo de entre varios, sino como el nico posible y por tanto necesario e incuestionable. La ideologa que mitifica al empresariado y denigra al pueblo trabajador es utilizada durante la educacin infantil, adolescente, juvenil y adulta como la virtud en s misma dentro de la sntesis social capitalista, acompaada en escalones ms bajos por valores precapitalistas como el sacerdocio, la carrera militar, la nobleza, honores y cargos de toda ndole dados con liturgias feudales y tributarias, etctera.

El poder adulto, adems de educar a la juventud en la suprema virtud burguesa, el empresario triunfador, tambin se sostiene en este mandato tico y axiolgico en cuanto que su existencia misma depende de la aceptacin de la dictadura del salario, es decir, el poder adulto sabe que su supervivencia depende de la explotacin asalariada presente y futura, cuando la juventud deba dejarse explotar o deba buscar un empresario que lo explote, aceptando sus leoninas condiciones. Para asegurar su supervivencia, el poder adulto ha de comportarse con sus hijos e hijas como un empresario especial: exigiendo la mxima productividad cultural y simblica en los estudios y en la vida cotidiana para obtener ms adelante el mximo salario posible.

Aunque las hijas e hijos se independicen formalmente de la unidad familiar, en la mayora inmensa de los casos los lazos de obediencia paterno-filial perviven disfrazados de amor filial capitalista a los padres. Estos lazos de dependencia afectiva presionan para que la hija y el hijo ansen triunfar en la vida y padezcan una sensacin de fracaso vital si no lo lograron. La sensacin de fracaso les lleva a estos a multiplicar las presiones sobre sus correspondientes hijos e hijas para que al menos triunfen ellos. Se establece as una cadena intergeneracional de dominacin ideolgica burguesa basada en la exigencia de triunfar en la vida segn el modelo empresarial, o al menos de no fracasar.

Mientras que los servicios pblicos, los salarios diferidos, la asistencia social para reducir la pobreza o mantenerla congelada, y los salarios menos injustos, es decir, el keynesianismo y el mal llamado Estado del bienestar (?) han estado vigentes, en estos decenios el poder adulto ha reducido el contenido econmico de la familia trabajadora, que es una de las tres formas de la familia patriarco-burguesa como institucin central en la reproduccin capitalista. Pero con los ataques a las conquistas sociales descritas, con la privatizacin generalizada, la familia trabajadora ha de volver a cargar sobre s funciones econmicas directas e indirectas. Lo mismo sucede con la familia pequeoburguesa y de clase media que deben suplir con su trabajo domstico los recortes econmicos y sociales. Solamente la familia burguesa puede mantenerse libre de estas cargas.

Del mismo modo, las nuevas tareas culturales, formativas, de reciclaje tcnico y cientfico, de sumidero y colchn de las crecientes frustraciones psicolgicas, afectivas y sexuales causadas por las formas de vida inherentes a la financiarizacin de la sociedad, estas y otras funciones no solo no han desaparecido ni debilitado por la crisis, sino que se han incrementado y en las peores condiciones imaginables al no disponer de los recursos sociales pblicos del keynesianismo, al aumentar la precarizacin de la vida, el empobrecimiento, etctera. Las familias trabajadoras son las ms golpeadas por estos cambios que multiplican las tensiones intrafamiliares tradicionales de una institucin como la familia patriarco-burguesa, y a la vez aaden tensiones nuevas que surgen de las nuevas formas de explotacin flexible generalizada y muy en especial de la precarizacin definitiva de la existencia.

El cristianismo, en su versin catlica, es un slido anclaje simblico del poder adulto. Decimos simblico ms que material porque la lenta laicizacin de la sociedad va penetrando con enervante lentitud en la vida cotidiana de la familia autoritaria, en la que el poder material de la drogadiccin religiosa va cediendo. Sin embargo no desaparece su poder simblico que es permanentemente reforzado por la alianza Iglesia-Estado. La religin cristiana tiene uno de sus mitos ms irracionales en la Sagrada Familia patriarcal, autoritaria, racista y asexuada. Este mito est profundamente enraizado incluso en personas laicas y hasta agnsticas con cierta cultura eurocntrica porque expone uno de los principios fundadores que la civilizacin del capital adapt y subsumi procedentes de civilizaciones precapitalistas, lo que demuestra su efectividad en el mantenimiento del orden simblico de la familia patriarcal en la historia. Sin embargo en la matriz social capitalista este mito, como el irracional dogma de la Virgen Mara, slo coadyuva muy superficialmente a la reproduccin ampliada.

Un ejemplo de la efectividad simblicamente castradora de la irracionalidad de la Sagrada Familia y de la Virgen Mara lo tenemos en las resistencias tenaces y hasta fanticas del poder adulto y del sistema patriarcal a permitir la libre prctica de la sexualidad emancipada de las jvenes, infinitamente ms controlada que la de los jvenes. Las reaccionarias asociaciones de padres de familia, apoyadas por la alianza Iglesia-Estado, son sub-poderes obsesionados por multiplicar la infelicidad y la miseria sexo-afectiva de la juventud mediante el terror tico-moral inherente a la liberticida poltica antisexual del cristianismo. Y eso que solo nos hemos limitado a la parte del consentimiento por el poder adulto del ejercicio seguro y libre, consciente, de la sexualidad juvenil. La siempre triste y frecuentemente trgica miseria sexual y afectiva de la juventud -abortos ilegales, nacimientos no deseados, enfermedades venreas, ignorancia del poder liberador de la sexualidad, miedos profundos, creciente machismo juvenil con tpicos falocntricos violentos y racistas, etctera- exige de una intensa pedagoga sexo-afectiva que tambin debe realizarse en el interior de las familias: cmo reaccionar el poder adulto cuando se empiece a exigir la prctica que esta imprescindible pedagoga?

6. Juventud revolucionaria e izquierda adulta

Como adverta Lenin, la juventud ha de aprender por s misma, ha de descubrir ella misma su camino al socialismo. Los adultos slo podemos aconsejarles para que no cometan los errores que nosotros cometimos, para que los eviten y no los repitan. Siguiendo este premonitor y sabio consejo leninista, cuyo desprecio ha acarreado funestas consecuencias a las izquierdas en sus relaciones con la juventud revolucionaria, aqu solo adelantamos algunas reflexiones crticas sobre las relaciones entre la izquierda adulta y la juventud revolucionaria.

Primera: la juventud ha de pedir cuentas al poder adulto por sus errores, cobardas y pasividad, por sus traiciones en los momentos decisivos de lucha en los que los adultos abandonaron, se rindieron o incluso colaboraron con el sistema explotador. La juventud obrera y popular malvive hoy debido en gran medida a la cobarda, egosmo y pasividad de sus padres, que no se enfrentaron al sistema cuando este les atac, que no lucharon por ellos ni por sus hijas e hijos hasta vencer. En los casos en los que s hubo resistencia, y fueron muchos aunque desconocidos, la juventud ha de saber por qu apenas les han contado aquellas luchas, sus lecciones negativas y positivas, por qu no les han transmitido la memoria de lucha y de herosmo, y la conciencia que a ella va unida. La juventud ha de saber que sus madres y padres sufrieron derrotas honrosas, las que a pesar de todo generan ilusin y nimo de seguir luchando, de transmitir dignidad y orgullo; mientras que las derrotas deshonrosas son aquellas que se producen por cobarda, por egosmo.

Segunda: la juventud debe generar una conciencia poltica y debe luchar contra todo apoliticismo. La poltica, en su sentido revolucionario, es la sntesis de la conciencia de libertad y de los medios necesarios para lograrla. Hay que saber que son las personas llamadas apolticas las que deciden el resultado ltimo de todo conflicto social, desde los ms pequeos a los ms grandes, porque el apoliticismo es la expresin ms sibilina e invisible del poder alienante de la poltica contrarrevolucionaria. Pero politizar la vida juvenil es abrir un permanente campo de batalla en el interior de la cotidianeidad familiar, laboral, estudiantil, social en su conjunto, ya que es chocar frontalmente con la poltica adulta y con su careta apoliticista. Ms temprano que tarde la politizacin juvenil se enfrentar a las reacciones de las fuerzas progresistas y soberanistas aliadas con la izquierda revolucionaria, con la excusa de que el radicalismo juvenil espanta votos, aleja a sectores menos concienciados, divide con reivindicaciones no urgentes, etctera.

Tercera: la politizacin de la vida juvenil ha de girar alrededor de tres ejes bsicos, como mnimo: la propiedad, el poder y el deseo. Los tres confluyen en el criterio decisivo de independencia juvenil del poder adulto. En la medida en que la juventud no asuma la necesidad de esta independencia, en esta medida nunca podr emanciparse. Pero llevadas a su radical coherencia, las tres cuestionan lo esencial del poder adulto: la propiedad colectiva de la juventud sobre s misma niega la propiedad capitalista, adulta y patriarcal; el poder juvenil revolucionario niega el poder estatal reaccionario que es la forma ms concentrada y decisiva del poder adulto-burgus; y el deseo, es decir, la conciencia de libertad como necesidad deseada vitalmente en pleno sentido, como deseo de felicidad y autorrealizacin plena, niega el deseo burgus basado en la renuncia abierta o encubierta de la felicidad como ideal de lucha. La poltica del deseo juvenil es el deseo juvenil de la poltica, algo inaceptable por cualquier poder adulto, tambin de la izquierda biolgica y mentalmente envejecida.

Cuarta: la independencia juvenil slo puede pensarse, sentirse y desearse en la lucha misma por conseguirla, pero ello obliga a la izquierda adulta a reabrir antiguos campos de lucha abandonados hace tiempo porque slo as puede ayudar a la juventud mediante dos avances: uno, al reabrir aquellas luchas abandonadas recupera una memoria terica imprescindible que la juventud ha de actualizar y enriquecer; y otro, hace un necesario ejercicio de autocrtica frente a la juventud revolucionaria al reconocer que ella, la izquierda adulta, los ha dejado de lado por diversas razones que debe explicar. La inagotable capacidad juvenil no puede desarrollarse si desconoce el pasado de lucha de otras organizaciones juveniles anteriores, de sus logros, conquistas y derrotas honrosas. Los silencios y olvidos de la izquierda adulta con respecto a lo que hizo cuando fue joven fortalecen al sistema opresor. El silencio es reaccionario, la verdad es revolucionaria.

Quinta: la izquierda adulta tiene miedo a la verdad en todo lo relacionado con la lucha juvenil aunque diga apoyarla. Lo hace en la medida en que esa juventud renuncia a su independencia y acepta una simple autonoma tolerada por la izquierda adulta, cuyo afn oculto o abierto es atarla a su aparato juvenil interno, supeditado no solo a su burocracia sino sobre todo a la mentalidad adulta de esa izquierda. Un punto decisivamente crtico en el afn burocrtico de sujecin de la juventud es el de la pedagoga del derecho humano elemental a la rebelin contra la injusticia. Una constante de la izquierda adulta es la relativizacin de ese derecho, o su negacin prctica con la excusa de que ya no es necesario el ejercicio de la rebelin, de que la desobediencia civil pacfica y las vas democrticas no son las mejores vas sino las nicas aceptables. El poder adulto siempre ha negado el derecho/necesidad juvenil a la rebelin, y la izquierda pacifista no hace sino reforzar los efectos demoledores que la renuncia al derecho elemental a la rebelin causa en la conciencia juvenil.

Sexta: la izquierda en proceso de envejecimiento mental y poltico ha de aceptar que la insurgencia juvenil es un necesario proceso complejo, mltiple e interactivo en sus tcticas variadas, prctica necesaria para la formacin de cuadros revolucionarios de edad adulta pero de mentalidad joven. Sin insurgencia juvenil nunca se rejuvenecer la izquierda que se dice revolucionaria. Una juventud obediente y mentalmente envejecida reproducir los valores adultos aunque en su forma democraticista pero nunca revolucionaria. La izquierda debe ayudar a la rebelde emancipacin juvenil impulsando todas aquellas conquistas sociales que aceleren su independizacin: domicilios o casas subvencionadas para que las y los jvenes rompan con la crcel de la familia autoritaria y vivan colectivamente, en comunas o de cualquier otra manera. El espacio convivencial libre de ingerencias controladoras siempre ha sido una necesidad radical de todas las juventudes ya que es en ese espacio libre en el que ella aprende de sus errores y de sus aciertos.

Sptima: nunca la izquierda adulta ha comprendido la importancia central de los espacios juveniles libres. Una seal alarmante de estancamiento y retroceso de las revoluciones es la del aumento de las restricciones legales para crear comunas juveniles, o peor la de su clausura. Estas restricciones van unidas al lento o rpido restablecimiento del poder patriarcal y de su familia tradicional, al estancamiento o retroceso de las libertades sexo-afectivas, artsticas, culturales, pedaggicas, etc., polticas en suma. En la sociedad capitalista, la pasividad de la izquierda adulta en la conquista de espacios convivenciales libres se muestra en la muy tmida poltica urbanstica, sobre la vivienda, sobre la propiedad del suelo, sobre la ayuda a la iniciativa juvenil, etc. La izquierda apenas se atreve a intervenir sobre las viviendas desocupadas con criterios democrtico-radicales en beneficio de la juventud y de cualquier familia o persona necesitada. La izquierda siente pnico cuando se le plantea racionalizar con varemos democrtico-radicales el irracional mercado de la vivienda y el poder de las constructoras y de la banca.

Octava: pero la conquista de espacios convivenciales libres del poder adulto directo, adems de una necesidad imperiosa en s misma, debe ir acompaada de otra serie de conquistas socioeconmicas que garanticen materialmente la independencia juvenil para poder embarcarse en experiencias comunales o de vida en pareja, o individual. La disponibilidad de un salario lo menos injusto posible, seguro, etctera, es un requisito previo o paralelo a la vida colectiva. Del mismo modo, la democratizacin educativa y cultural, la formacin sexo-afectiva libre y responsable, el restablecimiento de las libertades ahora reprimidas, los medios de prensa juvenil interactiva y crtica, estas y otras necesidades juveniles urgentes deben ser impulsadas por la izquierda. Debe hacerlo respetando la independencia juvenil, proponiendo y argumentando pacientemente y sobre todo mediante la pedagoga del ejemplo, nunca buscando imponer y menos an utilizando esas propuestas como anzuelos para atrapar a jvenes introducindolos en el cesto del aparato juvenil del partido.

Novena: la izquierda debe asumir que semejante cambio radical en la intervencin estratgica le generar tensiones con fuerzas progresistas aliadas con las que tiene pactos electo-institucionales que, segn se dice, exigen cierta moderacin en el discurso. Llegados a un nivel preciso de accin poltica sistemtica en ayuda a la lucha juvenil, la izquierda debe ser consciente del dilema al que se enfrenta: o emancipacin juvenil o votos adultos. Del mismo modo toda opcin incondicional por el gradualismo electo-institucional y pacfico siempre termina ante el dilema entre lucha de clases o voto reformista, lucha independentista o voto autonomista, lucha antipatriarcal o voto patriarcal, lucha de masas en la calle o voto institucionalista, etctera, del mismo modo en que este dilema termina surgiendo, otro tanto ocurre en el apoyo a la emancipacin juvenil. La izquierda puede intentar torear, sortear el dilema con oportunas maniobras tcticas pero al final le ser imposible mantener esa calculada ambigedad.

Y dcima, la juventud revolucionaria tiene la virtud de la coherencia, de la sinceridad y de la verdad. Cualquier izquierda que manipule, tergiverse, posponga u oculte el ejercicio prctico de la verdad abrir un abismo insondable entre ella y la juventud militante. Algunas lo hicieron hace tiempo y por eso han desaparecido o estn en proceso de desguace. Otras lo acaban de abrir y no parecen dispuestas a corregir ese error suicida.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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