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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2014

Entrevista a Clara Valverde, autora del libro "Desenterrar Las palabras"
Es difcil tener el coraje, la fuerza y la claridad que exige este momento en la historia para luchar cuando somos un pas an herido

Luis Martn-Cabrera
Rebelin


Biopoltica y resistencia. La primera vez que recib un correo de Clara Valverde me di cuenta de que se era su nombre en nuestra ciberrealidad. La enferma rebelde que encuentra en la escritura y en la poltica su fuerza para vivir con Sindrome de Fatiga Crnica, la intelectual nmada, la activista del 15-M que se haba dado cuenta, antes y mejor que Negri y Hardt, de que el objetivo del capital ya no es capturar las 8 o las 12 horas de nuestra jornada laboral, sino la vida misma, la capacidad de cuidar y cuidarse. La vida en todos sus aspectos es el objetivo de todos los mecanismos de disciplina y control que pone en juego el capitalismo a escala global. Por eso, para ser libres es imprescindible imaginarse otra vida, desearla, trabajar para que nazca aqu y ahora, no en una arcadia venidera. Pero es imposible, sobre todo en Espaa, desear esa nueva vida si la pulsin de muerte lo invade todo, si no somos capaces de pensar en las invisibles cadenas que nos atan al pasado, que nos empujan a repetir mandatos, a ver enemigos por otras partes, a ser la peor versin de nosotros mismos: la rabia y el miedo sin lenguaje, emociones sin palabras, palabras sin emociones.

A menudo la gente nos recuerda que Clara Valverde es hija del poeta comunista exiliado Jos Mara Valverde, seguramente est muy orgullosa de ello, pero yo creo que Clara Valverde es hija, sobre todo, de sus rebeldas y de esa Espaa errante que le permite mirar a la vez desde dentro y desde fuera, con esa lucidez dolorosa que, segn Said, da la experiencia del exilio. Desde esa mirada excntrica surgida, por ejemplo, de haber crecido en Canad y haber convivido con los indgenas Cri, Valverde se da cuenta de que en el Estado espaol pasan cosas raras, porque no es normal que siga habiendo miles de muertos abandonados como perros en fosas comunes sin que el Estado haga nada, no es normal que los polticos franquistas (Surez, Fraga) se vayan con funerales y honores de Estado y que los escritores y los intelectuales como Lpez Salinas que lucharon por la democracia y la justicia se marchen en el ms absoluto anonimato, no es normal que los torturadores tomen caf al lado de sus victimas como si aqu no hubiera pasado nada, no es normal nuestro miedo visceral a confrontar al poder y a los poderosos

De todas esas cosas habla "Desenterrar las palabras" y, sin embargo, es imprescindible aclarar que no se trata de un libro, de otro libro (aunque sigan haciendo falta muchos ms), sobre la guerra civil y la dictadura. No se trata tampoco de un libro sobre las fosas comunes, sino de lo que implica psicologica y afectivamente vivir y pisar el suelo de un pas lleno de fosas comunes que no ha hecho el duelo por todos sus desaparecidos, que sigue negando la sangre y el horror de los torturados, que sigue sin darle lugar a los muertos (y a los vivos que les sobrevivieron). Pero, insisto, el libro no es sobre esos muertos, torturados y desaparecidos, es sobre nosotros, los vivos, los hijos y nietos de la guerra civil. Clara Valverde invierte la mirada en este libro, nos invita a mirarnos a nosotros mismos mirando a nuestros muertos y desaparecidos; miremos no slo la fosa, sino tambin a nosotros mirando la fosa, escuchmonos, pensemos cmo nos afecta todo esto, como nos ha sido transmitido subconscientemente toda esta catstrofe colectiva repetida en el tiempo.

Se trata este de un libro adems escrito a dos voces con la colaboracin imprescindible de Elena lvarez Girn, que firma con la autora varios de los captulos que exhuman las palabras perdidas y silenciadas en nuestra historia reciente y en nuestras heridas presentes. Cansadas de ver el miedo en los ojos de sus pacientes, ahtas de esperar a que otros lo hicieran, Elena y Clara, han pasado los ltimos aos organizando grupos de terapia y pensando por qu se encontraron y se encuentran tantas emociones sin palabras y tantas palabras sin emociones; sa parece ser, de hecho, la norma no escrita de nuestra sociabilidad: comunicar cosas terribles sin que se nos altere el gesto o pasar a actuar aquellas emociones que no tienen lenguaje, porque ya se sabe que lo importante y lo ms terrible es que, para sobrevivir nuestra historia, no hay que significarse, es decir, hay que ser insignifcante. Pero este es un libro valiente y necesario que nos urge a significarnos, a darnos un lenguaje, a poner palabras all donde hay slo silencios y vacios por los que, sin embargo, se siguen colando gritos y dolores de antes que nos afectan ahora. No es posible otra vida, si no le ponemos palabras al dolor como sociedad. Ojal que esta entrevista sirva para que el libro se lea y, sobre todo, para que nos empecemos a significar sin miedo, en libertad.

Luis Martn Cabrera: Cmo surge la idea de escribir este libro? Por qu escribir sobre la transmisin generacional del trauma ahora que parece justamente que la cuestin de la memoria est definitivamente enterrada por las urgencias de las crisis (desahucios, desempleo, destruccin del Estado de Bienestar etc.)?

Clara Valverde. Yo ya trabajaba en el tema de la transmisin generacional de la violencia poltica en Canad con refugiados y exiliados en los aos 80. Y tambin con los indgenas. Al llegar a Espaa hace 20 aos, como profesora de enfermera y dando clases a psiclogos sobre la relacin teraputica, vea que expresaban rabia hablando pero que en los ojos tenan miedo. Empec a preguntarme por qu. Poco a poco fui oyendo lo que haba debajo de las palabras, sobre todo en los cursos sobre dinmica familiar y con la gran ayuda de mi compaera y colaboradora, que tambin colabora en el libro, Elena lvarez Girn.

Al mismo tiempo iba conociendo esta tierra, sus historias y cultura, y me fui preguntando que por qu no se haba estudiado ni hablado de la transmisin generacional de la violencia poltica aqu.

Yo nac en Barcelona y mi familia se exili cuando yo tena 10 aos. Con lo cual yo crec con padres que eran nios durante la Guerra Civil y todo lo que eso puede implicar. Y tambin, por el lado de mi abuelo materno, soy nieta del Holocausto nazi. Como te puedes imaginar, el tema me interesa a nivel profesional y personal.

En el Estado espaol se debera haber empezado a hablar del impacto de la violencia poltica de la guerra y de la dictadura hace aos. No se ha hecho. Y ahora, con la urgencia de las polticas mortferas del neoliberlismo, es ms necesario que nunca. Es difcil tener el coraje, la fuerza y la claridad que exige este momento en la historia para luchar cuando somos un pas an herido, con heridas que no hemos nombrado ni limpiado.

LMC. En qu se diferencia tu libro de otros sobre la memoria de la guerra civil y de la dictadura, No se ha escrito ya lo suficiente sobre este tema? Cuando voy a conferencias en Estados Unidos me dicen, otra vez con la guerra civil, qu pesados. Algunos de mis estudiantes y mis amigos tienen dificultades encontrando trabajos con este tema, a veces los ms agresivos son algunos colegas espaoles, Qu opinin te merecen estas crticas? Es Espaa un caso aparte en estas materias?

CV. Mi libro no es sobre la guerra civil ni la dictadura. Es sobre el impacto transgeneracional de la violencia de esos eventos. Se ha escrito sobre la guerra civil y la dictadura pero no se han escrito casi las historias de las familias, las narrativas, las historias que son la Historia. Por eso creo que tu proyecto visual sobre la guerra civil, el que tenis en la web de la Universidad de California en San Diego, es de gran importancia. Necesitamos las historias de la gente. Y no hay nada sobre cmo impact toda esa violencia y represin en los corazones y mentes de nuestros abuelos, padres y en los nuestros, nosotros que crecimos mirando los gestos, las emociones y los silencios de nuestros mayores.

LMC. En tu libro perfilas unas serie de sntomas de la transmisin del trauma (confusin, repeticin, miedo, rabia etc.) Cmo sabemos que estos sntomas responden al trauma no procesado de la guerra y no a otros conflictos, por ejemplo, intrafamiliares?

CV. Lo sabemos porque desde hace ms de 50 aos han habido miles y miles de investigaciones sobre la transmisin generacional de traumas colectivos y polticos. Es un campo de investigacin enorme. Se ha hecho muchsimo en casi todos los pases del mundo exceptos, excepto en el Estado espaol.

Pero somos seres humanos y lo que se ha investigado por todo el mundo, en Europa, en Latinoamrica, en todas partes, nos habla no tanto de la particularidad de una cultura, de una familia o de un momento histrico, si no de los seres humanos de forma colectiva, los llamados grupos grandes.

Se pueden diferenciar los traumas colectivos de los familiares hasta cierto punto. El miedo de que algo va a pasar, el miedo a expresar ideas polticas, la necesidad de tener enemigos y muchos otros sntomas, se han investigado y visto su relacin con eventos polticos que han daado a toda una sociedad o grupo grande.

Vuelvo a la importancia de las dcadas de investigacin por todo el mundo sobre este tema, incluido pases de habla hispana como Argentina, Chile y Guatemala. El que los profesionales de la salud mental en Espaa, algunos que leen ingls, no hayan mostrado el ms mnimo inters en este tema, es un sntoma enorme en s.

LMC. La transmisin es un proceso complejo, como describes en tu libro. Los padres y los abuelos transmiten muchas cosas a los hijos, entre otras, duelos no procesados, mandatos de venganza, dolor, pena, rabia, muerte. Pero puede haber aspectos ms positivos en la transmisin? Te parece problemtica la identificacin con los ideales de justicia republicanos que muchos nietos hacemos con los abuelos?

CV. Estos aspectos no se pueden considerar ni positivos ni negativos. El ser humano es demasiado complejo para clasificar sus procesos internos as. Pero s hay aspectos dainos. O pueden ser dainos dependiendo de cmo los viva uno. Lo que hace cada uno con la identificacin con, por ejemplo, ideales de justicia de un abuelo, va a depender de cada uno. Hay gente a quien les da fuerza al mismo tiempo que lo sienten como un peso, una obligacin que les acaba ahogando. Normalmente la gente habla de lo consciente, hacen una identificacin que les gusta a nivel consciente. Pero no se dan cuenta de que a nivel inconsciente pueden estar muy heridos. Y eso se mejora haciendo consciente el inconsciente, arriesgndose a poner palabras las verdades que llevamos por dentro pero que no osamos decir a nadie. Ni a nosotros mismos.

Hay gente en la izquierda que sin darse cuenta, de forma inconsciente, estn intentando llevar a cabo tareas que han heredado de sus padres y abuelos. Llevan a cabo una repeticin obsesiva, como si eso fuera a arreglar la injusticia que se hizo al abuelo. Al no ser consciente de esas tareas, son cautivos de comportamientos obsesivos que les puede llevar a la depresin y a las fobias.

El trabajo de elaboracin, de hacer consciente lo inconsciente, ayuda a poder celebrar y honorar la valenta de ese abuelo al que te refieres, de darle su sitio en la historia y en la historia de la familia. Al mismo tiempo, uno puede decidir comprometerse con el trabajo por una sociedad ms justa, con ms alegra y sufriendo menos. Porque no es obligatorio sufrir!

LMC. Por lo que cuentas y lo que leo en la prensa Desenterrar las palabras, que es un libro sobre la necesidad de romper el silencio, ha sido recibido paradjicamente con silencio o al menos con ms silencio que tus libros anteriores. Por qu?

CV. A lo mejor los periodistas que han recibido mi libro estn de vacaciones! La verdad es que algunos me han dicho que les ha impactado mucho y no han escrito nada como dijeron que haran. Creo que no les ha hecho gracia como les hizo mi ltimo libro sobre el lenguaje neoliberal, que no remova nada profundo.

La otra cosa llamativa es que hay gente que han escrito o hablado sobre este libro, pero hablan de las fosas y de la memoria histrica cuando el libro no es sobre eso. Es un libro sobre cmo somos nosotros, los nietos de la guerra civil y por qu.

Pero a lo mejor ha sido un error por mi parte. Debera haberle puesto otro ttulo, algo como: Este libro NO es sobre la guerra civil!

Claro que en una cultura en la que hablamos por los codos, cuando hay silencio, es muy significativo. Hay silencios que hablan, que gritan.

LMC. Sospecho, no se si estars de acuerdo que parte de las resistencias que genera o puede generar tu libro tienen que ver con una cierta dificultad que tiene la izquierda, aunque no slo la izquierda, para hablar de las emociones y los afectos. Por qu crees que pasa esto?

CV. Somos un pas herido. Da igual que seas de derechas o de izquierdas. Nuestros abuelos vivieron en un tiempo, durante una guerra, y eso deja una huella enorme. Hay una creencia que surge mucho en la literatura internacional sobre la transmisin generacional de la violencia poltica: que si uno admite que est daado por el trauma poltico, el que ha vivido uno o el que han vivido sus padres o abuelos, que es como darle ms poder al victimario, al opresor. Cuando en realidad es al revs. Al admitirlo, uno se puede liberar de los aspectos dainos y quitarle poder al opresor. Muchos murieron por razones polticas, por hablar. Con lo cual hemos aprendido a no hablar de los afectos y menos en la poltica.

Pero en el 15M s se habla de los afectos en la poltica y eso me da esperanza.

LMC. Hasta que punto tu libro no est psicologizando un conflicto poltico que responde a causas ms estructurales y materiales (i.e. el reparto de la tierra, los privilegios de la iglesia etc.)? Te pregunto porque muchas veces me han acusado de que la teora del trauma en particular y el psicoanalisis en general contribuyen a suplantar la poltica por los afectos, ests de acuerdo?

CV. Un conflicto poltico tiene muchos aspectos: histricos, culturales, econmicos, antropolgicos, etc. Y s tambin psicolgicos. En un artculo de Reyes Mate, no recuerdo cul, dijo que en el tema de la memoria histrica ya estaban implicados los historiadores, los antroplogos, los arquelogos, los jueces, los filsofospero, dnde estn los psicoanalistas?, preguntaba l con razn.

Y todo tiene afectos, afectos que intentamos no sentir y no nombrar hablando de muchas cosas, ftbol, poltica, o lo que sea. Los seres humanos tenemos mil y un trucos para intentar no hablar de lo que sentimos. Est bien y necesario hablar de poltica, pero para cundo hablar de afectos? La vida es muy ancha y caben muchos temas, si nos damos permiso.

T que llevas muchos aos viviendo en el extranjero, no s si te has dado cuenta de que aqu, cuando alguien est hablando de algo que le impacta emocionalmente, cambia de hablar en primera persona singular a segunda persona singular. En vez de decir: Me duele mucho cuando mi hermana es agresiva conmigo, se dice: Es que te duele mucho cuando tu hermana es agresiva contigo. Nos alejamos de lo que sentimos. Tenemos mucho miedo. No nos damos cuenta del miedo que tenemos. Ese es un tema principal en mi libro.

LMC. En muchos sentidos tu libro puede leerse como un palimpsesto de distintas citas de autores que dialogan tanto con tus argumentos como con los testimonios de la tercera generacin, los nietos de la guerra civil. Es algo, por cierto, muy hermoso y original, pero, entre estas citas, llama la atencin que la mayora sean de libros escritos en ingls o en otros idiomas distintos al castellano, Por qu sucede esto?

CV. La razn principal es que en el Estado espaol, ni los profesionales de la salud mental se dan cuenta de que somos una sociedad herida por la transmisin generacional de la violencia del siglo XX. Los que deberan mostrar inters por el tema no puede verlo por sus propios sntomas.

Pero s hay material en castellano. Solo hay que meterse en google y buscar. El libro de Davoine y Gaudillre est en castellano. Y el de Abraham y Torok y el de Schutzenberger. Y tambin hay artculos muy buenos de argentinos, chilenos y colombianos. Hay material pero hay que querer saber.

LMC. En tu libro, y es algo que entre otras muchos cosas compartimos, se habla de un duelo suspendido, de un duelo que no se ha podido finalizar, porque sigue habiendo fosas comunes sin desenterrar, desaparecidos, repeticiones inconscientes, qu beneficios tendra como sociedad elaborar el duelo y cortar la transmisin inconsciente?

CV. La gente se sentira mejor, ms libre, con ms claridad. Con ms fuerza. Ms capaz de elegir qu quiere hacer y cmo. Menos controlada por viejos monstruos y fobias. Y luego con esa nueva libertad mental y emocional, cada uno hace lo que quiere. Yo, por ahora, me dedico al activismo, a denunciar y trabajar contra los privilegios e injusticias. A desobedecer al poder. A buscar mejores maneras de organizarnos y colaborar con otros rebeldes del 15M, de las asociaciones de enfermos, de quien est saliendo a las plazas reales o virtuales. El liberarse, dentro de lo posible, de los aspectos dainos de la carga inconsciente que hemos heredado, da marcha!

Djame que aada que la transmisin inconsciente no se corta. No es tan sencillo. Pero s se puede reducir y disminuir sus efectos dainos.

En tu libro se utiliza mucho la nocin de vctima, por qu utilizar la nocin de vctima en lugar de la de superviviente o militante? Una de las crticas a la nocin de vctima es que deja a los sujetos sin agencia, suplanta la poltica como juego de conflictos y antagonismos por un discurso biopoltico en el que, como defiende mi amigo Justin Crumbaug, slo tienen legitimidad para hablar los que tienen un muerto a la espalda. No nos estar comprometiendo mucho el lenguaje de la victimologa? CV. No me gusta la palabra vctima. No me gusta la palabra superviviente. Las dos, para m, se parecen en su significado y sensacin de pasividad. An no he encontrado la palabra, an no he desenterrado la palabra para nombrar a las personas que han vivido un trauma colectivo o individual. He ledo cientos de tericos y en ninguno encuentro la palabra que busco. Porque creo que es a cada ser humano de dar nombre a su experiencia, de definirse. Y cmo puedo yo definir a los dems? No puedo.

Entonces, qu palabra utilizar para nombrar a los supervivientes de estos traumas colectivos? Esa es la duda que tuve al empezar el libro y la sigo teniendo igual ahora. Con lo cual puse vctima por poner algo pensando, ingenuamente, que antes de acabar el libro encontrara la palabra. Y no fue as. Si t encuentras una palabra por ah, ya me lo dirs, vale?

La palabra militante no me parece relevante en este contexto. Hay personas que vivieron la violencia poltica del siglo XX que se consideraban militantes y otros, no.

LMC. Estn preparados los profesionales mdicos en el Estado espaol para lidiar con los sntomas y la etiologa de la trasmisin del trauma? Qu responsabilidad le cabe al Estado en la elaboracin de polticas de salud pblica? Puede y/o debe el Estado hacerse cargo de la trasmisin generacional del trauma o debe ser ms bien un proceso que se gestione autnomamente en la sociedad civil?

Ni los profesionales sanitarios ni los de la salud mental en el Estado espaol estn preparados sobre este tema. Me han invitado a congresos de neuropsiquiatras para hablar de este tema y, recuerdo que en uno, aunque me haban invitado ellos, despus de mi presentacin los participantes negaban que existiera un impacto transgeneracional en Espaa (me dijo una psiquiatra: Esto no pasa aqu, esto pasa en Kosovo) o se quedaban totalmente impactados y no queran hablar ms del tema.

Todos y todas tenemos que implicarnos en la elaboracin de estos impactos. Como profesionales, como ciudadanos. S, el Estado puede y debe implicarse tambin. Ya se ha hecho en muchos pases. Pero en el Estado espaol ahora, con los gobiernos que tenemos, lo veo difcil.

Lo ms importante es no esperar a que otro empiece. Yo no soy psicloga. Soy enfermera, soy activista, soy nieta y soy escritora. He escrito este libro, con la ayuda de Elena, enfermera y grupoanalista, porque estabamos hartas las dos de esperar a que lo hicieran los ms expertos en salud mental.

Empecemos todos a hablar, a reflexionar, a hacer el genograma de nuestra familia y ver qu pas a cada uno. Hablemos con parientes, amigos, asambleas, grupos sobre este impacto que llevamos todos. Hagamos preguntas incmodas a nuestros parientes, a nuestros amigos, a nosotros mismos.

LMC. En tu libro se habla mucho sobre la necesidad de perdonar. Sin embargo, Derrida en uno de sus libros sobre la reconciliacin y el perdn, dice que slo se puede perdonar lo imperdonable y que en cualquier caso el perdn no puede estar vinculado a ningn clculo poltico, como sucedi, por ejemplo, en la transicin a la democracia en Espaa. En qu sentido el perdn y la reconciliacin que t propones son diferentes al perdn como clculo poltico?  

CV. Creo que hablo muy poco del perdn en mi libro! Es una palabra muy poco utilizada en el Estado espaol. Qu siente cada uno cuando dice esa palabra? Tenemos tanta rabia contenida, tantas venganzas acumuladas, nos han hecho tanto dao (y nos siguen haciendo), que tenemos miedo de acercarnos a esa humilde palabra. Es solo una palabra pero, vaya palabra, eh? El perdn como juego poltico no tiene que ver con esto.

Sobre la palabra perdn, vale la pena preguntarnos si nos acerca a nosotros mismos ms, si nos acerca al Otro, como deca Levinas. En el Estado espaol se oye mucho la expresin: Ni perdono, ni olvido!. Somos muy ni-ni, que dicen ahora. Vale, no olvidemos, pero para no olvidar habr que poner palabras en las emociones, habr que poner emociones en los recuerdos, en las historias. Creo que hay que separar esas dos palabras, no ponerlas en la misma frase. Est bien si alguien no quiere perdonar. Pero vayamos por partes. Primero hablar. Luego a ver que siente uno sobre todas las historias que hay en cada familia y sobre cmo es uno ahora.

La palabra perdn, solo pensarla, ya remueve mucho. Remueve ese sntoma que tenemos en el Estado espaol de estar siempre necesitando polarizar todo. S, hay dos bandos, el 1% y el 99%. Pero no me refiero a perdonar al 1%. Me refiero entre nosotros, en nuestras conversaciones, relaciones grupales, familiares, etc. Siempre buscamos dos bandos: blanco y negro. En la izquierda hemos sido unos expertos en polarizar, en desconfiar, en crear divisiones entre nosotros. Yo no quiero perdonar a Gallardn, ni a Fraga, ni a Franco ni a Hitler. Quiero perdonar a los compaeros que han creado polarizaciones, quiero pedir perdn a quien no he escuchado ni respetado, a quien he tratado como el enemigo cuando no lo es.

Yo, como seguramente t, soy nieta de familias en las que hubo personas implicadas por activa o pasiva o las dos cosas, en el bando franquista y en el bando republicando. Y dentro de cada bando, en varias tendencias diferentes.

El trauma transgeneracional afecta a todos, da igual que tu abuelo fuera republicano militante, republicano con reticencias (como el mo), franquista convencido o luchando en el bando franquista porque era lo que le mandaron en su pueblo. Obviamente, si a tu abuelo le mataron o mat, pues hay mucho impacto. Y si encima, durante toda la posguerra y franquismo estaba contra el fascismo, pues seguro que sufri ms porque le quitaron sus derechos si no le quitaron la vida. Le humillaron. Pero impactados estamos todos. Todos y todas.

LMC. Por momentos da la sensacin de que si la sociedad espaola fuera un ejercito de personas psicoanalizadas seramos ms capaces de confrontar la crisis y salir del neoliberalismo. La expresin es de Jorge Alemn, de su libro, "Conjeturas sobre la Izquierda Lacaniana", pero l la utiliza justamente al revs, es decir, para mostrar cmo no debera ser la relacin entre psicoanalisis y poltica, Cmo piensas t la relacin entre psicoanlisis y poltica?

CV. El psicoanlisis no es para todos. Si la gente hace psicoanlisis, sufrir menos. Pero no necesariamente van a salir a las plazas a luchar contra el neoliberalismo.

Una cosa es hacer psicoanlisis y otra son las ideas que el psicoanlisis nos ofrece para ayudarnos a elaborar el trauma transgeneracional de la violencia poltica. La idea ms importante es que tenemos un inconsciente. Y si, a travs de la palabra, hacemos consciente algo de ese inconsciente, de los aspectos dainos, de los hbitos y pensamientos que nos hacen dao y nos atrapan con su repeticin y obsesin, pues seremos ms libres mentalmente y emocionalmente.

Y el ir haciendo consciente lo inconsciente nos ayuda a no pasar los aspectos dainos de nuestro inconsciente a futuras generaciones, como hicieron, sin querer, nuestros padres y abuelos.

Aparte de que siendo ms libres de los aspectos dainos que hemos heredados nos ayuda a no caer tan fcilmente en las manipulaciones de los polticos y de sentir la valenta para desobedecer las leyes injustas y crear la sociedad que queremos.

El psicoanlisis es muy til pero hay tambin ms maneras de elaborar el trauma transgeneracional, ideas que estn en el ltimo captulo del libro.

LMC. Por ltimo, me llama mucho la atencin que defiendas en el libro que el ciclo de luchas indigenistas en Norteamerica sea el resultado de sus propias ceremonias de curacin y elaboracin del trauma por la colonizacin y el genocidio. Podras elaborar un poco ms esta conexin y explicar qu podramos aprender en Espaa de los pueblos originarios de las Amricas.

Sobre este tema podra hablar durante meses y aos! Yo viv 4 aos con una tribu indgena en el norte del Quebec, los Cri de la Baa James. Ah mi trabajo era participar y apoyar el proceso de curacin (o sea, de elaboracin) del trauma histrico de la colonizacin, y ms especficamente, el creado por las escuelas residenciales a los que llevaron a los nios indgenas contra el deseo de las familias, escuelas en las que les abusaron sexualmente, psicolgicamente, fsicamente, etc.

Y antes de vivir con los Cri, viviendo en Canad, ya haba participado en esta etapa, la etapa de elaboracin del dao del colonialismo, en las comunidades indgenas.

Fueron aos muy impactantes de escuchar, apoyar y acompaar. De ser testigo de un increble gran proceso de elaboracin. Imagnate que en uno de los poblados en los que yo trabajaba, tena una poblacin de 300 personas. Pues 250 participaban en el Crculo de Curacin. Nos pasbamos das y semanas, sentados en crculo, y cada uno se turnaba hablando, compartiendo, llorando sobre lo vivido a nivel personal, en su familia y cmo ahora le estaba afectando. Vi a jefes de tribu hablar y llorar sobre los abusos que haba vivido en las escuelas y de que ahora era violento con su mujer. Todos compartan, todos abran su corazn todo el tiempo que fuera necesario. Eran unas maratones impresionantes. Y eso fue solo cuatro aos.

Pero esos procesos han seguido y el gobierno form la comisin de verdad y reconciliacin sobre las escuelas residenciales que ha pasado unos 10 aos viajando de pueblo en pueblo, ciudad en ciudad, escuchando a cada persona que quera hablar. Y esas sesiones han sido abiertas y colegios e institutos enteros iban a escuchar.

Todo el pas ha seguido de cerca, por los medios de comunicacin, el trabajo de la comisin que ha estado aos haciendo sesiones maratonianas cada semana. No hay nadie en Canad que no haya sido tocado profundamente por estas dcadas de este proceso de elaboracin. El trabajo de recogida de testimonios de esta comisin finaliz hace unos das con un fin de semana en el que participaron 10.000 personas.

Pero de este proceso han surgido muchos otros, investigaciones, denuncias, etc. Y ahora la comisin tiene 10.000 testimonios, algunos de 5 horas para elaborar y trabajar.

El resultado ms obvio de todo este proceso es que ha surgido el movimiento indgena Idle No More (Nunca Ms Pasivos) que est luchando por los derechos de los indgenas por sus tierras, para proteger el aire y el agua, para tener uso de sus recursos, para investigar abusos colectivos, y mucho ms. No hay da en Canad ahora que un grupo indgena no est bloqueando alguna autopista o va del tren en resistencia y como parte de la lucha por un reparto justo de la riqueza en Canad.

Yo sigo todo esto de cerca, por gente que est implicada, por las redes sociales y etc, y veo y oigo a los mismos que estaban en los crculos de curacin, hechos polvo, llorando, ahora tomando el poder, hablando, organizando estas luchas. Les conozco de antes y les conozco ahora. Pero no imitan a los polticos blancos, si no que han desarrollado su manera de hacer poltica, con sus maneras de hablar, de organizarse.

Lo que estn haciendo los indgenas en Canad y el largo viaje que han hecho para empezar a elaborar el dao transgeneracional, es un ejemplo de que s es posible. Si ellos, que llevaban 300 aos machacados, sumisos, tmidos, con miedo, pueden hacer esto, nosotros en el Estado espaol deberamos poder hacerlo tambin.

Podramos aprender de los indgenas, porque an no hemos descubierto Amrica de verdad, an no les conocemos. Y nos estamos perdiendo una gran oportunidad.

Gracias, Lus, por esta oportunidad de hablarte de mi libro y de conversar sobre estos temas que tanto nos importan a los dos.

LMC. Gracias a ti, Clara, por seguirnos invitando a pensar y a hablar en libertad, por tu rebelda, ojal que esto sirva para que podamos seguir discutiendo conscientes, por ejemplo, de que estar en desacuerdo, cuando lo estamos, no implica querer destruir al otro o a la otra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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