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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2014

Pacto Agrario
Mercantilizacin de la tierra y negacin de los campesinos, indgenas y afrocolombianos como sujetos polticos

Harold Ordez Botero
Rebelin


El gobierno nacional de Juan Manuel Santos de manera trampera y engaosa viene impulsando desde el pasado 12 de septiembre de 2013 la propuesta denominada Pacto Agrario. Vendindola como la gran revolucin del campo colombiano1 para superar la deuda histrica del Estado para con los campesinos, andan de pueblo en pueblo con culebreros muy bien adiestrados citando a las comunidades en los Consejos Municipales de Desarrollo Rural (CMDR) para meterlos al pacto. Lo cierto es que el tal pacto agrario ni es participativo ni busca resolver los problemas estructurales del campo colombiano, como lo expresa el gobierno en sus pronunciamientos pblicos y documentos.

El Pacto Agrario resulta ser un artilugio de reencauche de la fallida locomotora neoliberal agropecuaria; un salvavidas lanzado por el gobierno para evitar el hundimiento del Estado caduco que defiende ante la imponente fuerza demostrada por el campesinado y los sectores populares movilizados en el pasado paro nacional agrario, plagado de mentiras y falsas promesas que en el fondo ocultan la pretensin histrica de acabar con las formas sociales de produccin campesinas, indgenas y afros, para finalmente imponer el modo de produccin capitalista en los territorios de dichas comunidades.

Esto ltimo se hace evidente en el discurso utilizado por el ministro Lizarralde y replicado por el Sr. James vila de la Secretara de Agricultura y Pesca del Valle del Cauca, SAP, ante el CMDR del municipio de Tulu, cuando pregonaron a los cuatro vientos que el campesinado para superar su situacin de pobreza y atraso debe ver la tierra como negocio, que para salir adelante el campesinado debe ser competitivo y volverse un empresario del campo.

Esta clsica formula de la burguesa y las clases dominantes de mostrar sus intereses particulares como los intereses de todo el pueblo, dicindole a las comunidades rurales que para seguir existiendo deben dejar de ser campesinos, indgenas o afros, debe ser desenmascarada y denunciada por las organizaciones agrarias para evitar que las comunidades terminen legitimando una poltica que los desconoce como sujetos polticos, que desconoce su territorialidad.

En efecto, el gobierno Santos, sabiendo y utilizando las necesidades presupuestales de las comunidades para poder consolidarse en sus territorios luego de mltiples arremetidas militares y paramilitares, pone por delante supuestos billones de pesos como carnada para que stas se traguen el anzuelo, avalando la poltica de mercantilizacin de la tierra y eliminacin de sus economas y valores culturales como principales barreras para el avance del modelo capitalista en el campo colombiano. O acaso qu ms implica para los campesinos, indgenas y afros, ver la tierra como un negocio, si no renunciar a su ancestral relacin de vida con ella, cortar las races que los hacen uno solo con sus vecinos en las veredas, los resguardos o consejos comunitarios, volver cosa lo que los ha determinado en esta vida como tales, volvindose ellos mismos cosas que se quitan y se ponen en la tierra de acuerdo a las fluctuaciones del mercado o a los usos que el mercado defina para ella. Qu nos quieren decir cuando nos invitan a volvernos empresarios del campo: acaso pretenden que salgamos de saco y corbata al tajo, o es que nos quieren de colaboradores en sus alianzas productivas al estilo del cerdo y la gallina.

Ante esta iniciativa, que por supuesto est ligada a los planes de consolidacin de las fuerzas militares y la poltica de re-primarizacin de la economa nacional, el deber de las comunidades, sus organizaciones y lderes, es mantener la resistencia en defensa de sus territorios, recuperando las tradiciones y valores de solidaridad y cooperacin que han caracterizado histricamente tanto a campesinos como indgenas y afros en Colombia, as como creando nuevos valores que superen el moralismo hipcrita infundido por los burgueses y terratenientes, con los que vayamos moldeando esa nueva sociedad que estamos ayudando a gestar. Pero a su vez, es necesario construir y consolidar un poder popular desde abajo que no reproduzca los vicios del actual rgimen poltico: caudillista, corrupto y clientelar, que convirti a los habitantes del campo y la ciudad en mendigos del Estado; sino que sea cogestor en la emancipacin de los sujetos para su participacin consciente y creadora de esa Colombia Nueva que todos soamos.

En ese sentido, es imperativo continuarle apostando a la constitucin de la Zona de Reserva Campesina del municipio de Tulu, que pretende abarcar la zona media de la montaa tuluea, incluyendo 11 corregimientos y ms de 5000 habitantes, es una clara propuesta que ubica el factor territorial como elemento estratgico en la lucha por la paz con justicia social.


NOTAS:

1 Palabras del Sr. James Avila en su presentacin del pacto agrario ante el CMDR de Tulu el 7 de abril del 2014.

 

(*) Harold Ordoez Botero es miembro del Equipo Tcnico de la Coordinacin Campesina del Valle del Cauca (CCVC). Proceso de Unidad Popular del Sur Occidente Colombiano PUPSOC. Valle del Cauca.

 

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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