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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2014

Cuando se expulsa a los europeos de Europa

Pedro Chaves y Sara Lafuente
Pblico.es


En estos das cuelga de la fachada el edificio Berlaymont de la Comisin Europea en Bruselas una enorme pancarta publicitaria que habla de la libertad de circulacin de trabajadores y de personas. Una de las famosas cuatro libertades santificadas por el Tratado de Roma. Ignoramos si ha sido la casualidad, el destino o una comprensin peln aviesa y retorcida del significado de la oportunidad poltica, el que ha hecho coincidir esta gesta comunicacional de la Comisin con las noticias de que estados de la Unin usan la legislacin comunitaria para expulsar a ciudadanos/as de sus fronteras. Los casos ms notables: Blgica y ahora Alemania, sin contar con Suiza, que forma tambin parte del espacio Schengen.

En una comparecencia en ESADE el 27 de marzo de este ao el Comisario Europeo Almunia sentenci sobre la legalidad de esas normas: Hay una norma de la UE de 2004 que permite que un pas que ha acogido a un inmigrante pero que, pasado algn tiempo, no tiene medios de vida, pueda remitirlo a su pas de origen.

Almunia se refera a la Directiva 2004/38/CE que condiciona la libre circulacin por razones de salud, seguridad y orden pblicos y que, en sus artculos 7.1.b y 14.1, establece el requisito para las personas europeas inactivas o estudiantes, de demostrar que disponen de recursos y seguro mdico suficientes para no convertirse en una carga excesiva para la asistencia social del Estado miembro de acogida.

El Reglamento UE 492/2011 que actualizaba el originario Reglamento que regulaba esta materia (CEE 1612/68) se extiende en explicar la condicin constituyente del derecho a la libre circulacin de trabajadores en el marco del proceso de integracin europea, explicitando los derechos que les amparan a l y sus familias.

En este punto reside uno de los problemas de la normativa: el derecho a la libre circulacin fue inicialmente predicable de la condicin de trabajador, como derecho complementario a la libertad de circulacin de mercancas, capitales o servicios, en el contexto de creacin y consolidacin de un mercado nico. Y aunque estas normas no establecan una definicin nica y clara de lo que entendan por trabajador, la doctrina del TJCE gener una jurisprudencia que haca extensible esta condicin a cualquier desempeo profesional por el que se perciba un salario, independientemente de la cuanta de ste o del sector profesional, o de la actividad realizada. Poda abarcar tambin a quien, habiendo trabajado en el pas de acogida o teniendo un vnculo con su mercado laboral, estuviera eventualmente desempleado pero en bsqueda activa de empleo. Pero an con esta perspectiva extensa de lo que debe entenderse como trabajador, que fue plasmada en la Directiva 2004/38, lo cierto es que el derecho a la libre circulacin se mantiene subordinado a la construccin de un mercado nico y sus exigencias por medio de los lmites que establece tambin la Directiva respecto a las personas no activas. As, se da la paradoja de que la libre circulacin es un derecho ciudadano segn la Carta de derechos fundamentales europea (artculo 45) y por lo tanto entra dentro de la categora de derechos civiles o polticos, mientras se mantiene como derecho vinculado principalmente a la condicin (ampliada) de trabajador.

En el contexto de la mayor crisis econmica desde el crack del 29 y de la gestin neoliberal de la misma, esta circunstancia agudiza algunos de los procesos en marcha con resultados imprevisibles. En particular, es de destacar la asimetra entre las opciones de poltica econmica y monetaria a disposicin de los estados para hacer frente a la crisis y las exigencias de las instituciones europeas, de la moneda nica y de la economa global. Efectivamente, los estados ya no disponen de la devaluacin de la moneda o la inversin y gasto pblico para hacer frente al impacto producido por la crisis. Adems, las exigencias del Pacto de Convergencia y otras medidas de gobernanza de la crisis (Six Packs, Two packs etc..) les obligan a cumplir con rigurosos estndares macroeconmicos. Frente a esto, los estados solo disponen para equilibrar sus economas de lo que se ha denominado devaluacin interna: un espectacular ajuste va reduccin de salarios, degradacin de las condiciones laborales y recortes en las polticas de gasto pblico, para intentar mejorar sus estndares de competitividad en el mercado internacional.

La propia Comisin Europea se ve atrapada en un discurso que vincula el derecho a la libre circulacin a los derechos propios de la ciudadana europea, sin condicionamiento alguno a la movilidad laboral, que no es ms que una dimensin especfica del derecho ampliado a la ciudadana. As en su informe sobre la ciudadana de la UE de 8 de mayo 2013, la Comisin Europea afirma que la movilidad de los ciudadanos impulsa la economa de la UE, refirindose por tanto a la libre circulacin como derecho propio de la ciudadana europea sin condicionantes econmicos o laborales, y con efectos econmicos positivos.

Se refuerza la impresin de que el diktat de los mercados financieros es el nico eje a partir del cual entender el proceso de integracin en la actualidad. Y mientras, se consolida el hecho de una Unin Europea con profundas desigualdades en lo que se refiere a la distribucin de ingresos y riqueza, y como espacio productivo y comercial.

En este marco, la libertad de circulacin apareca de manera real como una va de escape y de regulacin laboral y social en el marco europeo. Desde el punto de vista del imaginario comunitario, se converta en una promesa de solidaridad del Oeste con el Este, y especialmente del Norte con el Sur, ante las situaciones de colapso interno de estos ltimos pases. La propia Comisin ha destacado en su mencionado informe de 2013 las virtudes de la movilidad laboral como potente mecanismo de ajuste para hacer frente a los desequilibrios y contribuir a mejorar el ajuste entre empleos y cualificaciones, al tiempo que alivia el sufrimiento social entre los ciudadanos de la UE, enfatizando as los efectos econmicos positivos de la movilidad reciente en el marco de la UE, que cifra en 24 mil millones de euros de ingresos.

Pues bien, esta expresin de solidaridad europea parece sin embargo ahora una puerta cerrada en trminos econmicos y un portazo en el imaginario de una identidad europea basada en la solidaridad y la empata paneuropea, dada la deriva que estn tomando determinadas legislaciones nacionales.

Y este portazo puede tener repercusiones mayores de las que se imaginan los que con tanta inconsciencia estn gestionando la crisis econmica en Europa.

La UE est pasando por su peor momento en trminos de apreciacin por parte de la ciudadana europea. Segn el ltimo Eurobarmetro Standard Eurobarometer 80, la imagen de la UE se ha deteriorado en ms de 23 puntos desde el ao 2001. En la actualidad, slo un 31% de los encuestados dice tener una imagen positiva de la UE, frente a un 39% que la tiene neutra y un 28% que la tiene negativa. La distancia entre la imagen positiva y negativa, que en 2001 era de 37 puntos a favor de la positiva, hoy es de slo 3 puntos. Un 66% de la ciudadana de la UE considera que su voz no cuenta para nada en los asuntos comunitarios, y ste, al igual que otros indicadores, pone de relieve la aparicin y consolidacin de una fractura Norte-Sur que hasta ahora no exista, no al menos con esta intensidad. A la pregunta de si se sienten o no ciudadanos de la UE, un 59% contesta que s en trminos agregados, frente a un 40% que niega sentirse ciudadano de la UE. Pero estos indicadores son radicalmente distintos siguiendo esta fractura Norte-Sur: en Alemania, 73% responden s, frente a un 26% de respuestas negativas ; en cambio en Grecia, 58% responden no frente a un 42% que s se consideran ciudadanos de la UE.

Si la evidencia de la fractura Norte-Sur comienza a ser una realidad que puede condicionar el futuro del proceso de integracin, el duro golpe poltico y simblico al imaginario de la UE en la cabeza y el corazn de los ciudadanos europeos puede ser an ms significativo.

Cuando se interroga a los ciudadanos sobre los resultados positivos de la UE, la libre circulacin de las personas goza desde hace muchos aos del mayor apoyo y consenso. Para un 57% de los encuestados, ste es con diferencia el mayor logro de la UE, solo seguido por la paz entre los estados, con un 53%. Si consideramos que la paz lograda a travs del proceso de integracin formaba parte de los ideales fundacionales, y tenemos en cuenta que los siguientes tems apreciados (Euro o programa Erasmus) figuran con apoyos del 25% y el 23%, salta a la vista que la idea de la libertad de circulacin se ha instituido como un factor simblico de primera magnitud en el imaginario europeo. Un elemento que sigue alimentando el apoyo a la UE y que puede verse modificado por la evidencia de que se trata de un derecho condicionado y limitado.

Por ltimo, esta limitacin a derechos de ciudadana evidencia la centralidad de la lgica del mercado y aaden un obstculo ms a la creacin de un espacio pblico europeo. Sin embargo, la existencia de ese espacio es una condicin para que pueda conformarse un espacio poltico y democrtico de deliberacin y decisin, que contribuya a dimensionar a nivel de la UE lo que perdemos de manera irreversible en el estado nacional, y a construir un nuevo mbito de articulacin de intereses y de representacin poltica.

Por eso, son urgentes iniciativas coordinadas de actores sociales y polticos que denuncien las situaciones de constriccin a la libertad real de circulacin, y sus consecuencias. Y que estas acciones expresen la solidaridad y el compromiso de los y las de abajo frente a las lgicas de los gobiernos y los intereses que representan. En estos momentos, la fractura Norte-Sur que se evidencia en distintos mbitos, es uno de los mayores riesgos para el proceso de integracin europeo a medio plazo. Es difcil seguir observando a los dirigentes europeos enredados en su jerga comunitaria, mientras el edificio de la legitimidad ciudadana se resquebraja a ojos vista.

Pedro Chaves es miembro de Econonuestra y profesor de CCPoltica en la Universidad Carlos III de Madrid
Sara Lafuente es abogada e investigadora Centre Mtices (ULB) Changing Employment Marie Curie ITN

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/9695/cuando-se-expulsa-a-los-europeos-de-europa/



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