Portada :: Cultura :: En la muerte de Garca Mrquez
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2014

Lamento por un fallecimiento anunciado

Salvador Lpez Arnal
Rebelin

Para Mercedes Iglesias Serrano, que am su obra, y la ley con inters, persistencia y admiracin


Como todos o casi todos los complejos poliedros humanos, algunas caras politicas de Gabriel Garca Mrquez arrojan sombras o cuanto menos dudas. Un ejemplo: sus encuentros acrticos (y publicitados) con representantes de grandes poderes. No es este ahora el punto, quien est libre de pecado que arroje la primera piedra. Pondr nfasis en otro punto, en un nudo esencial y se la agradecer siempre, hasta el final de mis das: su amistad con Fidel Castro, su apoyo valiente, decidido, permanente a la revolucin cubana, cuanto todo pareca traicionarla.

Gracias, compaero, gracias, por tu coraje poltico. Cambio ahora de tercio.

No estoy en condiciones de decir nada de inters sobre una obra literaria reconocida y premiada por todosque, en mi opinin, en sus ltimos aos, no siempre estuvo bien y correctamente conducida

Como tantos otros jvenes de mi edad, finalizado mi PREU, le a los 17 aos, antes de entrar en Exactas, Cien aos de soledad. Con la boca abierta, sin cerrarla en ninguna pgina, pensando que era imposible escribir as. Basilio Losada, mi profesor de Literatura, el traductor de Jorge Amado y Jose Saramago, fue el responsable de que me sumergiera en aquel mundo sin apenas bagaje previo. Nunca se lo agradecer suficiente.

Luego vinieron, mi memoria no ha acuado bien el orden, horas malas, amores en tiempos nada apacibles, coroneles sin cartas y algunos relatos ms. Pero fue una novela la que, ya un poco mayor, me marc con gracia y gravedad que dira Simone Weil.

He tenido en mi vida tres momentos esenciales en los que he podido sentir la emocin, el deslumbramiento, el impacto psquico (e incluso fsico) que causa la belleza deductiva., la fuerza afable del razonamiento trabado, sin falacias ni infamias intelectuales, la impecable elegancia de la honradez intelectual y la consistencia.

Uno, de joven, casi a la misma edad que me sumerg en Macondo, cuando escuch algunas conferencias de Manuel Sacristn. Concretamente: La Universidad y la divisin del trabajo (Lo mismo sent, pocos aos despus, escuchando a Francisco Fernndez Buey y a Ulises Moulines).

El segundo fue en la Facultad de Fsicas de la UAB, estudiando de la mano de Albert Dou los seis primeros libros de los Elementos euclidianos. More geometrico. Qu belleza, qu pulcritud, qu creatividad!

El tercero, leyendo, releyendo, embrujado para siempre por Crnica de una muerte anunciada. Pareca increble pero era cierto. Era como un mecanismo perfecto de relojera en el que no faltaba ni sobraba ninguna pieza. Todo flua, deductivamente, hacia un fin ya anunciado. Como en la demostracin de una conjetura matemtica. Nadie ni nada es perfecto pero aquello lo era o se aproximaba mucho.

Aos despus, en mi ciudad de adopcin, en Santa Coloma de Gramenet, vi a La Quadra de Sevilla representando la Crnica. Estuvieron a la altura, siempre estn a la altura, releyendo la obra, acaso con ms rauxa y con algo menos de seny. No importa, no import. Abonaban la misma emocin, la misma elegancia, el mismo sentimiento, la misma verdad. Gracias tambin

Pude ver a Gabriel Garca Mrquez en una ocasin en Barcelona. No lo consegu finalmente. Es uno de las errores que no consigo perdonarme.

Descanse en paz. Nadie hablar de muchos de nosotros cuando hallamos muerto. El autor de tantas obras imprescindibles no merece esa descortesa, ese olvido. No lo tendr. No por nosotros, no por nosotras, no en nuestro nombre.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes  



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