Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2014

Morir en los tiempos del clera

Camilo de los Milagros
Rebelin


En 1967 o 68 lleg a la casa de mis abuelos una novela con tantos personajes, todos de nombre tan raro, que para leerla era necesario ir escribiendo en un papelito cul era el hijo de cul, hermano de quin y marido de aquella. Adems, la soberana costumbre de adjudicar el mismo nombre de los antepasados a los descendientes enredaba todava ms la vaina.

Te la recomiendo. Es de un tipo periodista en El Espectador.

Con esas palabras mi abuelo se la pas a su cuada, que abri la primera pgina por la tarde y cerr la ltima en la madrugada. Ebria, poseda, narcotizada por la historia. Tal era el efecto de Cien aos de soledad sobre aquellos que se aventuraban en sus lneas: un efecto perturbador y a la vez adictivo, una sensacin maravillosa y fascinante, de embrujo, pero tambin salvaje, violenta, que recreaba como ningun otro relato la tragedia colombiana en una impresionante metfora. O en un vallenato largo, cmo dijo su autor. Es lo mismo.

De 1967 a hoy probablemente toda mi familia -como tantas otras- ha ledo una o varias veces las obras de Gabo, en distintas generaciones, sin perder vigencia. Igual que el guerrillero derrotado en la guerra de los mil das, a todos nos infect la admiracin y la sorpresa el da que nuestro padre nos dio a conocer el hielo. Por eso esa obra nos sigue fascinando. Y cada que un feroz combate deja cmo nica vctima a un caballo muerto de infarto, cada que el nmero de la lotera aparece escrito el da anterior en el vientre de un bagre rayado de cualquier villorrio polvoriento del Caribe, cada que en el Choc o el Caquet se descubre la imagen del Cristo redentor bosquejada en las lneas de la caparazn de una tortuga, nadie esconde las risas y las alusiones al Nobel: si es que Gabo no se invent nada dicen en ste pas la realidad supera la ficcin. Gabo nos dijo que ese Nobel no era de l. Era de nosotros.

Y es verdad, Garca Mrquez no se invent nada. Lo real maravilloso, se lea ya con mayor fuerza en las narraciones de Alejo Carpentier, Juan Rulfo y Miguel ngel Asturias, gigantes precursores de la autntica literatura latinoamericana. Incluso Hctor Rojas Erazo, un desconocido escritor paisano y coterrneo de Gabo, imagin aos antes otro pueblo enloquecido e inverosmil, otro Macondo que podra ser cualquiera de los caseros miserables de la Costa colombiana, ayer, hoy, con toda seguridad tambin maana.

El asunto, creo yo, es de invertir los trminos: ste pas se invent a Garca Mrquez. sta tierra desbordada lo cre, lo aliment, lo erigi como su consciencia clarividente, una consciencia del desastre. Nuestra realidad monstruosa y deformada, desde toda lgica terrible, tambin era pretendiente para la belleza. Cuando Gabo comenz a devolvernos eso en novelas y cuentos, se conjur el hechizo.

Hoy se dir que la obra de Garca Mrquez es grandiosa, imperecedera, se dir que es genial, inmortal o sublime. Puede que sea cierto, como puede que Cien aos de soledad sea la mejor novela del siglo XX. Pero deberan recordar los afectos al elogio frvolo, que esa obra se cimenta en la tragedia de una nacin enfrentada desde el principio consigo misma. Hoy se muere el escritor en tiempos donde el clera y la malaria siguen matando negros pobres en Cartagena o Quibd. Su obra es grande, precisamente porque est escrita con el dolor de los colombianos.

Gabo fue un tipo excepcional, de eso no hay duda. Ley a los norteamericanos como ninguno lo haba hecho en esta provincia perdida. Revolucion el periodismo y sus cuentos tienen la puntera de un narrador nico. No se conform con escribir una novela impresionante, nos dej varias. La mala hora es quiz el mejor retrato del conflicto partidista entre liberales y conservadores en los aos 50. El amor en los tiempos del clera probablemente la historia de romance mejor lograda en este pas. El coronel no tiene quien le escriba refleja con dureza el olvido proverbial de los trpicos y sus gentes, la misma soledad que impregnar su obra posterior. Su pera prima La hojarasca es una de las apuestas literarias ms atrevidas y mejor logradas de la literatura colombiana. Crnica de una muerte anunciada deviene en un relato que se ha recreado tantas veces en tantas partes, que uno no sabe si la maestra est en la forma de contarlo o en la identificacin del lector con los sucesos.

Cmo cineasta Gabo fue muy mediocre, aunque Tiempo de morir, un filme con guin suyo, resulta en clsico a la hora de explorar la obsesin colombiana y garciamarquiana por la violencia.

Y ah me quedo. El Garca Mrquez que apareca de blanco con nuestros Presidentes genocidas, el que escriba novelas exaltando la prostitucin infantil, el que hizo un libro a los delfines mimados de la aristocracia bogotana, ese era otro Garca Mrquez, reducido a la sombra de un Nobel que no era para l, sino para nosotros.

Me resisto a entender que Gabriel Garca Mrquez haya muerto hoy por la tarde a los 87 aos. No lo creo. Con lo mamagallista y adicto a las bromas que era, esperaba que falleciera a los 100 aos encerrado en un armario viejo o que se convirtiera en pescadito de oro o en nube de mariposas. El escritor que deslumbr a todas las ltimas generaciones de colombianos desapareci en realidad hace dcadas, cuando silenci su pluma fantasiosa. Prefiero al otro, al que se fue a recibir un premio Nobel en guayabera, ese que les dijo en la cara a los europeos que somos los herederos de su barbarie, el que se exili en Mxico porque de lo contrario terminara como sus personajes, frente a un paredn de fusilamiento. En su obra habitamos nosotros, con todas nuestras taras, con todos nuestros muertos, con todo nuestro sufrimiento a cuestas.

No encuentro otro caso dnde un escritor y el alma adolorida de una nacin sean la misma cosa. No se asombren si maana, Colombia sigue enloquecida de eternos guerrilleros derrotados murindose de viejos, de amantes que se quieren a machetazos, de pueblos donde las matronas adivinan el futuro y los hombres descubren la gloria de una parranda infinita entre el desangre. Habr para nosotros una segunda oportunidad sobre la tierra?



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter