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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2014

El trasfondo econmico de un crimen de lesa humanidad
La motosierra y el libre comercio

Renn Vega Cantor
Rebelin


De rodillas, escondido detrs de un precario horno de lea, Ismael Pea vio la forma como sus vecinos eran asesinados. El campesino, de 35 aos de edad, guard en lo ms profundo de su alma el dolor que senta al presenciar que los hombres armados con fusiles, machetes y motosierras, humillaban a sus vctimas. [] Los hombres armados primero insultaban a las personas. Les decan que eran guerrilleros mal nacidos y que iban a morir como perros.

El Pas (Cali), abril 16 del 2001.

 

"Es lo peor: desmembrar a las personas. Y eso no es imaginacin, eso es una vergenza. Esa es la barbarie de hasta dnde ha llegado la violencia en Buenaventura [] Buenaventura es el corredor estratgico para la salida de la droga []. Pero no es slo la droga. Hay muchos otros intereses []. Los megaproyectos tambin han azuzado la violencia".

Hctor Epalza, Obispo de Buenaventura,

BBC Mundo, 24 de marzo de 2014.

 

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La propaganda neoliberal difunde desde hace dcadas la falacia que el libre comercio es sinnimo de prosperidad y bienestar para los pases que lo adopten. En el discurso convencional y dominante, que incluso han asumido sectores de la izquierda light a nivel mundial, se asegura que la apertura comercial de un pas le traer como por arte de magia ros de leche y de miel. Para completar el cuadro, al evocar los milagros del libre comercio se afirma que son un resultado de las fuerzas irreversibles del mercado que se imponen por su superioridad intrnseca sobre sus enemigos naturales, entre los que se encuentran el Estado, los sindicatos, las organizaciones sociales

Estas mentiras justifican la imposicin de Tratados de Libre Comercio, despus de 1994, por parte de la mayora de pases de Amrica Latina, con los que entraramos en el Primer Mundo, porque rompamos siglos de aislamiento secular, que nos haban mantenido al margen de la modernizacin y el progreso. Con una lgica bastante primaria, propia de los economistas neoliberales, a rajatabla se imponen los TLC y aunque las evidencias empricas como en el caso de Mxico indiquen un impacto negativo sobre la vida de la poblacin, los librecambistas repiten el estribillo que el libre comercio representa la redencin para quienes valientemente lo adopten en forma consciente porque, se agrega, que no existe alternativa: se trata de exportar o morir.

Quienes esto sostienen no estn muy equivocados, salvo que haya que darle la vuelta al dilema, porque en realidad esa consigna devino en exportar y morir o, ms precisamente, morir para exportar, exportar aunque muchos mueran, exportar gracias a la muerte de miles de personas, o exportar sobre los huesos de los muertos Esto es indispensable recordarlo, porque el libre comercio debe entenderse como otra forma de guerra, como lo deca Bertolt Brecht: He odo a mucha gente decir que el comercio y la economa son humanos, y que slo la guerra es inhumana. Pero resulta que, en primer lugar, ni el comercio ni la economa son humanos, y en segundo lugar, nos conducen a la guerra [] La barbarie procede de la barbarie, puesto que la guerra procede de la economai.

Estas macabras caractersticas del libre comercio han sido estudiadas en forma magistral en La Doctrina del Shock, la obra de Naomi Klein, en el cual se demuestra con numerosos ejemplos que la libertad de mercado no es un resultado de la mano invisible del mercado, sino del brazo bien armado de diversas fracciones del capital que propician la guerra, la tortura y la muerte de millones de seres humanos. Sobre una interminable pila de cadveres de gente pobre y humilde se levantan las exitosas economas exportadoras, siendo Chile el ejemplo ms alabado. El descubrimiento analtico de Naomi Klein puede sintetizarse con pocas palabras: para que el libre comercio opere, sin incmodos obstculos sociales, los capitalistas de cada pas generan un estado previo de pnico y terror, que inmoviliza a la poblacin, y posibilita la apertura comercial y la aplicacin de medidas neoliberales. En otros trminos, existe una estrecha relacin entre libre mercado y tortura, porque esta ltima es uno de los instrumentos favoritos para aterrorizar a la poblacin y consolidar las economas de exportacin, que luego son presentadas como modelos exitosos y ejemplos que deben ser imitados.

Sobre la sangre todava fresca y los restos de trabajadores, campesinos, indgenas, afrodescendientes, mujeres humildes y, en general, habitantes pobres del campo y la ciudad, se erigen los monumentos del mercado libre, si recordamos que algunas de las violaciones de derechos humanos ms despreciables de este siglo, que hasta ahora se consideraban como actos de sadismo fruto de regmenes antidemocrticos, fueron de hecho un intento deliberado de aterrorizar al pueblo, y se articularon activamente para preparar el terreno e introducir las reformas radicales que habran de traer ese ansiado libre mercadoii.

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Si se trata de buscar una ilustracin prctica de los nexos entre libre comercio, tortura y muerte, Colombia es el modelo ms brutal, como lo ejemplifica lo que sucede por estos das, y desde hace varios aos, en el Puerto de Buenaventura, en el Ocano Pacfico. Sin embargo, no debe suponerse que este es un hecho aislado, circunstancial y producto de la delincuencia o de los violentos en abstracto, como suele presentarlo la falsimedia criolla. De ninguna manera, Buenaventura es slo una muestra a pequea escala del terror que acompaa la imposicin de casi dos decenas de Tratados de Libre Comercio entre Colombia y el resto del mundo. El smbolo criminal que identifica la apertura comercial de Colombia es la motosierra, que de ser un medio de trabajo utilizada para cortar rboles y madera, en manos de los paramilitares ligados en forma directa al Estado colombiano y financiados y armados por las clases dominantes se transform en el ms horroroso y cruel instrumento de tortura y de muerte, por medio del cual se procede a desmembrar vivas a las personas, se les pica y luego se les bota como animales a un cao, a una cinaga, al mar o se les entierra en fosas comunes.

En todos los lugares del territorio colombiano que hoy son presentados como modelos de xito exportador, como paso previo se destruyeron las sociedades y economas locales, al tiempo que se arrasaban las bases sociales de los movimientos reivindicativos y de la insurgencia, mediante el terror planificado. El mtodo ms frecuente, el que puede denominarse como la contribucin autnticamente colombiana a la historia universal de la infamia, ha sido el de la motosierra para destrozar a seres humanos, como se ilustra en la pelcula, Perro come perro. No por azar, la BACRIM (Banda Criminal) ms sanguinaria, la de los uribeos, acu como lema de guerra (electoral y militar) el de Mano firme, Motosierra grande.

En Medelln, la tasita de plata de los traquetos paisas y de las clases dominantes de Colombia que en estos das se exalta como una ciudad pujante que super su pasado violento, los ejrcitos paramilitares la emplearon y sobre miles de muertos de esta ciudad y de las zonas circundantes se levanta el proyecto de una ciudad competitiva, turstica y abierta a las inversiones extranjeras.

En la costa atlntica, durante aos se efectu una ronda de muerte a punta de machete y motosierra, en muchas ocasiones acompasada por el ritmo de gaitas y vallenatos y en esos mismos territorios se erigen megaproyectos, represas, grandes haciendas y centros comerciales, que se enaltecen como los milagros de la paz paramilitar. Para no ir muy lejos, a la ciudad de Montera, capital de Crdoba, una de las cunas del paramilitarismo, y sitio de donde es oriundo Salvatore Mancuso un paramilitar aristocrtico y bestial se le compara con Miami y, lo que parece un chiste cruel, fue distinguida como una de las cincos ciudades ms sostenibles del planeta en el ao 2014, por parte del Fondo Mundial para la Naturalezaiii.

Los Llanos Orientales han sido la cuna de ejrcitos paramilitares, escenario a vasta escala del exterminio de la Unin Patritica y donde se efectuaron masacres, como la de Mapiripan en 1997, con participacin de los Estados Unidos y las Fuerzas Armadas de Colombia. Es a ese mismo territorio de los Llanos al que los capitalistas locales y forneos quieren convertir en un emporio agrcola de vocacin exportadora que produzca caa, palma, caucho y materias primas para generar agrocombustibles, y en el que se extraen miles de barriles de petrleo por la Pacific Rubiales y otras compaas que, como se observa en estos momentos, destruyen las reservas hdricas de algunos sectores del Departamento del Casanare.

Se podran seguir enumerando en forma rutinaria las regiones de Colombia que aparecen como emblemas del libre comercio, todas las cuales tienen un pasado y un presente pleno de crmenes y torturas, que se constituye en el teln de fondo en el que, en medio del terror de la motosierra, se despejaron territorios, se asesinaron a sus lderes sociales, se masacraron habitantes lugareos y otros fueron obligados a huir Y luego vinieron los prsperos y honorables hombres de empresa a fortalecer las empresas exportadoras. Esto lo manifestaron sin pestaear, como si fueran laureados economistas de encopetadas universidades, los jefes paramilitares. Por ejemplo, Vicente Castao afirm en una ocasin: Queremos que nos dejen hacer nuevos modelos de empresas que ya hemos venido desarrollando a nivel nacional. [] En Urab tenemos cultivos de palma. Yo mismo consegu los empresarios para invertir en esos proyectos que son duraderos y productivos. La idea es llevar a los ricos a invertir en ese tipo de proyectos en diferentes zonas del pas. Al llevar a los ricos a esas zonas llegan las instituciones del Estado. Desafortunadamente las instituciones del Estado slo le caminan a esas cosas cuando estn los ricos. Hay que llevar ricos a todas las regiones del pas y esa es una de las misiones que tienen todos los comandantesiv.

En estas afirmaciones no puede dejarse pasar un detalle fundamental: en Urab, la regin a la que se refiere Vicente Castao, se present un proyecto de limpieza social por los paramilitares, los militares y el Estado, que recurri al terror y a las masacres. No por casualidad de ese proyecto regional sali un poltico local directamente a la presidencia de la Repblica. Y los productos estrellas de ese proyecto de muerte, el banano y la palma aceitera (o palma africana, por su origen geogrfico), se consolidaron como renglones exportadores del pas gracias a la motosierra. Luego de que miles de trabajadores fueran asesinados, se destruyeran sus sindicatos clasistas, se exterminara a la Unin Patriota, la Chiquita Brands financiara a las bandas de paracos, se pacific la regin y sta se convirti en una zona competitiva en la produccin y exportacin del banano, por supuesto un banano sangriento. En cuanto a la palma, comunidades afrodescendientes fueron masacradas para que en sus tierras se iniciara el proyecto terrateniente de trasformar el pas en la Malasia de Sudamrica, sembrando la regin con la palma de la muertev.

El paramilitar conocido como El Alemn pontificaba sobre las bondades del librecomercio, como cualquier Ministro de Hacienda o Agricultura formado en las mejores escuelas de negocios del pas o del mundo, cuando sostena: Queremos [] un desarrollo regional que desde grandes proyectos de infraestructura posibilite el establecimiento de cadenas productivas y de comercializacin que aprovechen las ventajas geoestratgicas de nuestro pas, generando una verdadera revolucin constructiva y democratizadora del agro que integre a la industria y al gran capital con el trabajo asociado y con el pequeo propietario ruralvi. Quien no tenga ni idea de quien procede esta afirmacin puede pensar que nos encontramos ante un consultor internacional del Banco Mundial o ante un ilustre economista de Chicago, pero lo llamativo es que quien as hablaba era el cabecilla del bloque paramilitar Elmer Crdenas, responsable de la muerte de miles de campesinos en Urab. Este mismo individuo, para ms seas, controlaba el negocio de la madera en el Atrato, e impuls el Plan Motosierra que se sustentaba en poseer 200 motosierras y 500 mulas, que se usaban para presionar a los campesinos y obligarlos a producir grandes cantidades de madera, mediante la aparcera y el endeude forzado: Le vendamos al que nos trajera la plata en efectivo, no fibamos. Nos llegaba la plata en costal. Haba meses de 200 o 100 millones (de pesos). Era la participacin que tenamos. Y el campesino tena la posibilidad de volver al monte e ir pagando la herramienta que no tena. Como en cualquier enclave, a cambio de las herramientas, los campesinos empeaban la madera cortada para pagar la deuda y el resto [] se les pagaba con vales que slo podan redimir en negocios controlados por los 'paras'vii. Tan jugoso negocio no poda prosperar sin acudir a la fuerza bruta, porque al bloque Elmer Crdenas fue responsable del episodio de un grupo de paras que luego de cortar la cabeza de una de sus vctimas, jug ftbol con ella y del asesinato con sevicia de mujeres embarazadas y la quema de caserosviii.

Como veremos enseguida, lo que acontece en Buenaventura tiene notables antecedentes y similitudes con lo sucedido en otras regiones de Colombia, en donde se rubric un nexo orgnico entre el libre comercio y la motosierra. Esto es necesario plantearlo para eludir las explicaciones convencionales de los medios de desinformacin, quienes se rasgan las vestiduras y pretenden que los hechos de Buenaventura son inditos y un resultado exclusivo de la delincuencia y el narcotrfico, sin ninguna relacin con los magaproyectos de modernizacin del puerto. Como si, adems, el narcotrfico y la violencia asociada no fueran tambin expresiones del libre comercio, impulsadas por los Estados Unidos.

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En Buenaventura, ubicada a 115 kilmetros de Cali, se encuentra el primer puerto de Colombia, tanto por el volumen de carga que llega del mundo como el que se enva desde nuestro pas hacia el exterior. El puerto est enclavado en la regin del Choco biogeogrfico, un autntico tesoro de la naturaleza que se extiende desde Panam hasta el Ecuador en un rea de 187 kilmetros cuadrados, siendo la zona ms lluviosa del mundo. Su elevada pluviosidad, su ubicacin tropical y su aislamiento la convierten en una de las regiones ms biodiversas del planeta en plantas, mamferos, aves, reptiles y anfibios, adems de que posee maderas, agua y minerales. Esta riqueza es apetecida por los pases imperialistas y sus empresas transnacionales, cuyo inters aumenta por la geoestratgica ubicacin, comercial y militar, de Buenaventura.

Junto a esa riqueza de la naturaleza, coexiste una terrible desigualdad social, que exacerba an ms el libre comercio -entre unos pocos ganadores y muchos perdedores-, lo cual ha hecho emerger dos realidades opuestas, dos Buenaventuras que estn claramente separadas, como es tpico en los enclaves econmicos, cuya caracterstica distintiva es la de servir de punto de trnsito de mercancas hacia el mercado mundial. Esas dos Buenaventuras estn formadas por el puerto y la ciudad. El puerto se localiza en una envidiable posicin geogrfica, en el corazn de la cuenca del Pacfico, hoy por hoy el centro del comercio mundial, y prximo a las principales rutas martimas del planeta, entre ellas el Canal de Panam. Por ese puerto circula el 60% del comercio exterior de Colombia, incluyendo el 80% del caf, y est equipado con lo ltimo en tecnologa, es limpio y automatizado. Funciona sin parar las 24 horas del da y un muro electrificado lo separa del resto de la ciudad. Ese puerto es apetecido por inversionistas y transnacionales, y como parte de esa avanzada se construy el Terminal de Contenedores. Est protegido metro a metro por centenares de miembros de las fuerzas militares del Estado y guardias privados. Se le menciona siempre como modelo exitoso de la integracin exitosa del pas al comercio mundial.

Por el puerto pasan diariamente enormes buques trasatlnticos que descargan y se llevan cada ao doce millones de toneladas, en un tpico intercambio desigual puesto que por cada 10 contenedores que llegan llenos de juguetes, ropa, carros y electrodomsticos de Asia, slo tres regresan cargados con productos de postre: caf, pltanos o azcar de Colombia ix . El Puerto de Buenaventura es una prueba a pequea escala de los beneficios del libre comercio, que tanto exaltan Mario Vargas Llosa y todos los neoliberales de su estilo. Este puerto aparece como el epicentro de megaproyectos de infraestructura y como la capital colombiana de la Alianza del Pacfico en que participan Chile, Mxico, Costa Rica y Colombia. Es un puerto sin gente, con pocos trabajadores, hecho para descargar containers y almacenar mercancas, porque las grandes gras y enormes recipientes sustituyeron a los estibadores. Mientras que a finales de la dcada de 1980 trabajaban en el puerto 2500 trabajadores, en la actualidad la Sociedad Portuaria emplea a 181, quienes garantizan la conexin con el mercado mundial x .

Al lado del iluminado, limpio, trasparente, privatizado y pacfico puerto est la ciudad, en donde viven en la pobreza absoluta 400 mil personas, cuyas condiciones de vida alcanzan tal indignidad que bien podra llamarse Malaventura. Cada cuatro de cinco de sus habitantes, en un 88% afrodescendientes, son pobres absolutos, el desempleo supera el 60%, el 35% de la poblacin no cuentan con acceso al agua potable, al alcantarillado, a la energa elctrica y al gas. Si antes haba pobreza ahora lo que hay es miseria extrema, como resultado de la privatizacin de Colpuertos, puesto que los trabajadores que estaban ligados a esta empresa pblica eran quienes redistribuan sus ingresos entre la poblacin, y con sus salarios dinamizaban la economa local. La eliminacin de esa empresa y la formacin de La Sociedad Portuaria le ocasionaron un golpe mortal a la economa de la ciudad y, en contra de la cartilla neoliberal del libre comercio, propiciaron que Buenaventura se aislara no slo del mundo sino del resto de Colombia.

Esto ha sido el resultado de la privatizacin de la actividad portuaria porque se rompi el vnculo entre el Puerto y la ciudad, como consecuencia de lo cual Buenaventura, negra, mulata, indgena ha devenido gueto y el gueto va camino de convertirse en una gran prisin en la que las fuerzas armadas del Estado supervisan la matanza que ocurre ante sus ojosxi. Malaventura crece y se expande para recibir los miles de desplazados de las zonas circundantes, a quienes se les despoja de sus tierras y bienes comunes, con lo que se ahondan los problemas de miseria y desempleo. Nada la une con el puerto, ni negocios, ni trabajo, ni actividad econmica, porque la ciudad no transforma ningn producto que provenga del puerto y ninguna empresa de la ciudad abastece al puerto. Para sobrevivir, como en cualquier prisin, los bonaerenses deben recurrir a lo que est al alcance de la mano, que en este caso es el microtrfico de estupefacientes, pero a un nivel pauprrimo y miserable, que nada tiene que ver con los grandes negocios y fortunas de los capos de los carteles de otras regiones. Se lucha entre pobres para conseguir unos cuantos centavos, con lo cual se completa el crculo vicioso de delincuencia, descomposicin del tejido social y abandono de cualquier lucha colectiva. Sin embargo, en Buenaventura no hay dinero, porque ste se encuentra afuera, en las manos de quienes ordenan los envos, los dueos de las caletas, los que hacen los negocios con los DEA en Miami o en Nueva York, los que pagan por matar a los muchachos que han participado en algn envo fallido, los que pagan por ejercer un control precario sobre las zonas claves de la ciudad, los que se apropian de los escasos dineros pblicos. Por eso, en las calles con nombres de temas de salsa los muertos mueren sin dinero y todos los dineros viven en la pobreza absoluta, sin agua, sin alcantarillas, sin educacin, sin esperanza. La miseria y la muerte estn ligadas al comercio mundial, porque los que pagan por matar y los que disfrutan del dinero por cuya causa tantos mueren en Buenaventura no estn en la ciudad y no viven en los barrios perifricos en los que rondan la muerte y el terror xii. Esto sucede, aunque en la vida cotidiana la poblacin pobre de la ciudad (es decir, casi todos sus habitantes) haya sido encarcelada en un gueto, aislado del resto del territorio colombiano, y que no le interesa ni al Estado ni a las clases dominantes.

Para completar el acoso y el agobio, la Armada ha impuesto una estricta vigilancia costera, so pretexto de evitar la entrada y salida de embarcaciones ilegales, y ha prohibido que los pescadores locales salgan a pescar de noche y les raciona la cantidad de combustible que les venden, como consecuencia de lo cual se dispararon los precios de gasolina en el mercado negro y se restringi la pesca, uno de los pocas actividades legales que todava existan. Esto ha originado la cruel paradoja que en Buenaventura, en cuyo mar se encuentra una gran variedad de pesca, sus habitantes compren pescado importado mientras los barcos pesqueros de Asia arrasan en las aguas profundas frente a la costa. Las pesqueras colombianas en Buenaventura quebraron y sus fbricas se estn convirtiendo en almacenes para carbn y otros recursos que esperan su embarque para Asia xiii . Como para que no queden dudas de que la realidad supera el realismo mgico de Gabriel Garca Mrquez, a Malaventura se le denomina oficialmente por el Estado como el Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturstico de Buenaventura! Tpico en un pas de gramticos y leguleyos que suponen que con nombres rimbombantes se edulcora la miseria y la infamia!

Que estos dos mundos tan cercanos y separados por una inmensa barrera ya no tienen ninguna relacin, lo testifica de manera cnica Domingo Chinea, gerente general de la Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura, para quien, mientras los pobres son descuartizados en los barrios de Bajamar, el Puerto est trabajando perfectamente. En el mismo sentido, el gerente de Hamburg Sd, una empresa naviera alemana una de las veinte ms importantes del mundo que en el 2013 se instal en el puerto, seala que el tema (sic) de Buenaventura no ha impactado el comercio y el movimiento de carga de ninguna maneraxiv. En otras palabras, como lo dijo el Presidente de la Cmara de Comercio local, Mientras la maquinita de hacer dinero (el puerto) siga facturando, el Estado no atender las problemticas de Buenaventura. Para los promotores del libre comercio en Buenaventura queda claro que una cosa es la gente y otra la carga, es decir, la ganancia.

 

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La gente de Malaventura ya no interesa al capital ni como fuerza de trabajo, ni como consumidores porque no tienen ingresos de ninguna ndole, pero al capital si le apetecen los lugares en donde se hacinan esos pobres, sobre todo los barrios de bajamar, porque all se tienen proyectadas obras de ampliacin del puerto y de modernizacin econmica. Los habitantes de esos lugares son vistos como incmodos estorbos, que impide el progreso del puerto, y a los que se debe quitar del camino, como sea. Por este evidente inters, se libra una guerra brutal contra la gente ms pobre, con el objetivo de expulsarla de sus lugares de habitacin. Por supuesto, los asesinos intelectuales e idelogos del mercado libre no se manchan directamente las manos con sangre, sino que actan por medio de los grupos paramilitares con la aquiescencia y participacin velada del Estado y sus fuerzas represivas que cambian de nombre (ahora se llaman los Chocoanos, Los Rastrojos, La empresa,) pero siempre actan en representacin del gran capital colombiano o extranjero, con la finalidad de conseguir los apetecidos terrenos, que luego de ser arrebatados o comprados a bajo precio a sus legtimos propietarios son vendidos a los inversionistas en finca raz y a los agentes de las empresas portuarias.

Las bandas criminales de paramilitares recurren a todos los medios en su propsito de desalojar los barrios de bajamar, por donde se van a construir los megaproyectos. Entre esos medios se encuentran los incendios de clase o la demolicin en caliente, como la denomina el gegrafo Mike Davis, que consisten en quemar las casas de los pobres para obligarlos a salir y luego apropiarse de los terrenos ahora yermos y deshabitadosxv. Eso se ha hecho en varias ocasiones, como recientemente, el primero de abril de 2014, cuando fueron devoradas por las llamas 35 viviendas en el Barrio Santa Fe, quedando 196 familias en la intemperie. La gente afectada seal que las bandas las quemaron para que nos vayamos del todo. Estas afirmaciones se relacionan con el hecho que Santa Fe es uno de los barrios de bajamar que han sido codiciados por la administracin distrital para adelantar la ampliacin portuaria de la Terminal de Contenedores de Buenaventura (TCBuen), ubicada al noroeste de la ciudad. La terminal, que segn sus representantes, factura cerca de U$122.000 millones al ao y ha buscado la expansin en los ltimos cinco aos xvi.

Como sucede en el resto del pas, donde los paramilitares actan tranquila e impunemente, la regin est militarizada, sin necesidad de que se la tomen las fuerzas armadas, como lo anunci triunfalmente Juan Manuel Santos, porque a escasos 9 kilmetros se encuentra Baha Mlaga, en donde funciona la principal Base Militar de la Infantera de Marina, y ha hecho presencia la Marina de los Estados Unidos. Sencillamente, la llegada de ms tropa lo que quiere es consolidar el proceso de expulsin de los pobres de los barrios de bajamar.

Con lo dicho anteriormente, se quiere resaltar la razn principal que explica el terror generalizado que se ha impuesto desde hace aos en Buenaventura, detrs del cual se encuentran los grandes inversionistas nacionales y extranjeros, aunque ellos nunca aparezcan como directos responsables. Dichos inversionistas aplican a las mil maravillas el manual del capitalismo del shock, que ordena aterrorizar a la poblacin para hacer avanzar los proyectos de desarrollo y modernizacin propios del capitalismo neoliberal. Algunos habitantes de la ciudad entienden lo que se mueve detrs de los descuartizamientos, como lo indica una dirigente social que prefiere permanecer annima: Lo que est en el fondo de esta violencia no es slo el narcotrfico, es el control territorial del municipio, es una tctica de terror para que la gente se vaya de la zona insular para y se desplace hacia las zonas rurales, para que los megaproyectos puedan tener rienda suelta. Los mafiosos, aliados con algunos empresarios, quieren sacar a la gente a punta de miedo y comprando barato, para luego hacer buenos negociosxvii.

 

5

Malaventura, la de los pobres, y Buenaventura, el puerto del capital, no figuran en los mismos planes de la Alianza del Pacfico, el plan de Libre Comercio que ha entrado en marcha para que los cipayos de Amrica Latina (Chile, Colombia, Mxico y Costa Rica) le preparen el terreno a las multinacionales de Estados Unidos, en su proyecto de revivir el ALCA. Para esa Alianza del Pacfico, que pretender extraer y llevar rpido aquellos productos primarios (petrleo, carbn, madera, minerales, cocana) que necesita el capitalismo mundial, lo prioritario es el puerto, no la gente. Por eso ponderan las obras indispensables para que Colombia sea competitiva en el concierto mundial, tales como la doble calzada Buga-Buenaventura, el aumento del tamao de los muelles, la ampliacin de los depsitos de carga y descarga, la construccin de un malecn Pura cuestin de negocios y de dinero. A ese puerto es el que se quiere declarar la capital colombiana de la Alianza del Pacfico, donde no haya gente y mucho menos si son pobres y afrodescendientes, porque aparte de la dominacin de clase impera el racismo.

Malaventura, donde vive la gente y corre la sangre a chorros, se tortura y se procede a desmembrar a jvenes y mujeres con motosierra, hachas y machetes, porque son un estorbo para los empresarios de bien, los partidarios del libre comercio. An ms, su terrorfica miseria, sus casas derruidas, su suciedad no puede ser ni siquiera vista por los grandes inversionistas del mundo. Por esa razn, all no se reunieron a comienzos de este ao los presidentes de la Alianza del Pacfico, que se sentaron a manteles a mil cien kilmetros de distancia, en Cartagena, que no est sobre el Ocano Pacfico, sino al otro lado, en el Mar Caribe. Tan inesperados giros geogrficos, en una vuelta de tuerca, llevan a que una cumbre del Pacfico se rena en el Atlntico, lo cual no importa, porque la sapiencia geogrfica no es propia de los tecncratas del Libre Comercio y porque lo fundamental es la buena imagen que el Estado colombiano como husped les debe mostrar a sus socios comerciales. Adems, en Malaventura por la magnitud de la miseria urbana no es posible realizar lo que se ha hecho recientemente en Medelln durante el Foro Mundial Urbano, cuyos pobres fueron sacados de la ciudad durante los ochos das que dur el encuentro, para que los ilustres visitantes no se alteraran al contemplar a mendigos e indigentes, puesto que eso afea el milagro paisa y altera negativamente el buen clima de los negociosxviii.

Ni siquiera eso de expulsar a los pobres del centro de la ciudad puede hacerse en Buenaventura, porque tendran que, literalmente desocuparla, lo que no es fcil, por qu a dnde y cmo van a trasladar a 400 mil pobres? Acaso los van a echar al mar, luego de picarlos a todos, para que los inversionistas y presidentes de la Alianza del Pacfico puedan almorzar con tranquilidad algn da en un lujoso hotel de la empobrecida ciudad, sin ver a un pobre ni a un afro en su camino y sin contemplar ni un tugurio? Aunque eso no lo puedan hacer plenamente, por ahora se fortalece el capitalismo del shock, porque como lo ha dicho el Obispo Hctor Epalza, El puerto se convirti en la patria del miedo y mientras el progreso avanza, el genocidio contina . Nada debe detener el libre comercio, as que mientras se pica a la gente con motosierra en los barrios de bajamar, los negocios andan boyantes, porque los barcos entran y salen del Puerto llevando y trayendo mercancas de toda clase, entre ellas armas y cocana, que tanto le fascinan a los Estados Unidos, el campen mundial de la guerra y de la imposicin del libre mercado.


NOTAS:

i. Bertolt Brecht, Dilogos de refugiados, Alianza Editorial, Madrid, 1994, p. 58.

ii. Naomi Klein, La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre, Editorial Paids, Barcelona, 2007, p. 31.

iii. Ver: Montera gan premio como ciudad sostenible del planeta, El Espectador, marzo 28 de 2014.

iv. Habla Vicente Castao, Revista Semana, junio 5 del 2005, disponible en http://www.semana.com/portada/articulo/habla-vicente-castano/72964-3

v. Gearid Loingsigh, La reconquista del Pacfico. Invasin, inversin, impunidad, Proceso de Comunidades Negras, Bogot, 2013, pp. 170 y ss.

vi. Citado en http://actualidadetnica.com/sitioNuevo/actualidad/actualidad-col-01/medio-ambiente/2494-palma-africana-en-el-choco-una-nueva-plaga-para-indios-y-negros

vii. El Alemn, Fredy Rendn Herrera, en http://www.verdadabierta.com/victimarios/perfiles-de-paramilitares/431-a/716-perfil-freddy-rendon-herrera-alias-el-aleman

viii. Revista Semana, 31 de julio de 2006, edicin 1265, disponible en http://www.verdadabierta.com/victimarios/los-jefes/308-el-fuehrerde-uraba

ix. Sandra Weiss, Buenaventura. La puerta del Chapo en Colombia, en http://www.contrapunto.com.sv/latinoamerica/buenaventura-la-puerta-del-chapo-en-colombia

x. Oscar Almario, Ay mi bello puerto del mar, mi Buenaventura, Posiciones. Revista de la Universidad del Valle, No. 1, julio de 2007, pp. 15 y 18.

xi. Boris Salazar, Morir en Buenaventura: entre el gueto y la prisin, Posiciones. Revista de la Universidad del Valle, No. 1, julio de 2007, p. 68.

xii. Ibd., pp. 70-71.

xiii. Sandra Weiss, loc. cit.

xiv. La problemtica en Buenaventura: ms all de la droga, el contrabando y las Bacrim, en http://www.legiscomex.com/BancoConocimiento/

xv. Mike Davis, Planeta de ciudades miseria, Editorial Foca, Madrid, 2007, p. 173.

xvi. Santiago Valenzuela, Destierro en bajamar, El Espectador, abril 5 de 2014. Disponible en http://www.elespectador.com/noticias/nacional/destierro-bajamar-articulo-485127

xvii. Citado en Alfredo Molano Jimeno, Buenaventura, entre la pobreza y la violencia, http://www.elespectador.com/noticias/nacional/articulo-406499-buenaventura-entre-pobreza-y-violencia

xviii. Tras el foro urbano reaparecen habitantes de la calle en Medelln, en http://www.elespectador.com/noticias/nacional/tras-el-foro-urbano-reaparecen-habitantes-de-calle-mede-articulo-487480


(*) Renn Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedaggica Nacional, de Bogot, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volmenes), Editorial Pensamiento Crtico, Bogot, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volmenes), Editorial Pensamiento Crtico, Bogot, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su ltimo libro publicado es Capitalismo y Despojo.

 

Artculo publicado con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 



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