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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2014

Tres gobiernos colombianos lo declararon enemigo
Gabriel Garca Mrquez vivi gran parte de su carrera en el exilio

Cromos / Canal UNO



VIDEO: Noticias UNO, 17 abril 2014

 

Garca Mrquez muri lejos de su pas, porque as vivi la mayor parte de su carrera, unas veces porque su literatura era universal, pero las primeras, porque la violencia oficial, comn y poltica del pas lo tuvieron como enemigo.

De hecho el exilio que ms recordaba fue el de su juventud viniendo a los Andes desde la Costa, que fue el nico pacfico y voluntario Por lo menos tres gobiernos del pas lo consideraron un enemigo.

Fuente: http://noticiasunolaredindependiente.com/2014/04/17/noticias/gabo-vivio-media-vida-en-exilio

El viaje de Garca Mrquez, crnica de una salida anticipada

El 31 de marzo de 1981 Carlos Mauricio Vega y Pilar de Lpez relataron la salida de Garca Mrquez del pas hacia Mxico.

A las cinco de la tarde del ltimo mircoles de marzo, el canciller Lemos Simonds y el escritor Garca Mrquez hablaron casi simultneamente con una misma persona en el Instituto de Cultura. Aunque ninguno de los tres mencion nada que pudiera tener relacin con la cadena de acontecimientos que iba a desatarse despus, los tres personajes (Gabo, Gloria Zea y Lemos Simonds) saban exactamente de qu estaban hablando.

Garca Mrquez y el canciller tenan concretada una cita para el lunes siguiente. Y a pesar de las llamadas annimas que haba recibido el escritor, nada presagiaba que las cifras de ambas agendas (10 a.m.) habran de alterarse.

A las siete de la noche de ese mismo mircoles, Garca Mrquez estaba como siempre, encerrado en su estudio de la calle 77. Escriba su columna dominical de El Espectador, sobre el rompimiento de relaciones con el gobierno cubano. El domingo haba estado discutiendo sobre la cartula de su nueva novela con los editores. Haba concedido una larga entrevista al diario el Tiempo y esa noche comera, como de costumbre, con dos o tres amigos ntimos. Todo pareca preparado para una larga estancia del escritor en el pas.

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El asedio periodstico a la embajada mexicana fue total. Hasta por los resquicios de las puertas asomaron las lentes de las cmaras. Pero no captaron ninguna imagen.

 

Un timbre en la puerta

Un toque de timbre en la puerta, aparentemente normal, acab con todo. Abri Vernica, la muchacha de toda la vida. Eran tres personas, que entraron al estudio sin esperar.

Transcurrieron varios minutos.

Cuando don Gabriel sali dice Vernica- tena otra cara. Estaba nervioso, y me pregunt si la seora se demorara y si yo saba dnde estaba.

Sus amigos le acababan de decir que corra peligro de ser conducido a la Escuela de Caballera para ser interrogado sobre sus nexos con Cuba, la guerrilla y el trfico de armas. Plido, Garca Mrquez record las horas que el anciano poeta Luis Vidales haba pasado de pie y vendado en ese mismo lugar, y no le cupo duda de que le pasara lo mismo. Por un momento, olvid su calidad de personajes y slo pens en Mercedes, la Gaba.

La empleada, una esfinge boyacense con delantal, continu su relato. Gracias a dios doa Merceditas no se demor. Cuando entr, yo le dije que la estaban esperando. Ella dej las latas de comida que traa en la mano y entr al estudio.

Cuando salieron fue de una vez para irse.

Dos tipos con corbatas mal puestas

Garca Mrquez olvid tambin la temeridad de sus personajes, que se enfrentaron a pelotones de fusilamiento sin ms que una mala palabra, y cogi de la mano a su mujer tras echarse una chaqueta sobre los hombros. Hizo una llamada telefnica y sali de su casa.

Poco rato despus, cont su amigo Guillermo Angulo, llegaron a la casa de la carrera 1 varios hombres vestidos de oscuro con las corbatas mal puestas.

Nadie les abri.

Vernica solo supo hasta el otro da que no volvera a ver a don Gabriel en mucho tiempo. Se lo cont al chofer, Chepe, cuando vino a sacar las maletas. A las nueve de la noche del mismo mircoles, Garca Mrquez lleg a la casa de la calle 85 donde siempre van los guerrilleros que huye, o los perseguidos polticos. Probablemente no se fij en los urapanes del lado sur que ocultan la quebrada de Juan Amarillo, ni en las casetas de los celadores ni en las luces de la autopista cercana.

Le abrieron la puerta prcticamente sin que tocara. Pas adelante, siempre con la Gaba de la mano. Y slo entonces se sinti tranquilo.

Esta puerta no deber abrirse a nadie, por ningn motivo, le dijo doa Mara Antonia Snchez Gavito al guardin. Si, seora embajadora, contest este, antes de echarle doble llave a la cerradura.

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Efectos de velocidad. Cien por hora a travs de cuatro vidrios: los de la lente, los dos de los autos y los de las gafas de Garca Mrquez.

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Tras una persecucin cinematogrfica, el fotgrafo de CROMOS alcanz al BMW donde iba Gabo, muy serio. "Salude!", le grit antes de lograr la instantnea.

Revuelo de cuervos

En la misma noche del mircoles, a las redacciones de los peridicos se filtr una informacin del presunto arresto de Garca Mrquez. Pero se desech por infundada y absurda.

Sin embargo, al da siguiente la noticia de que el escritor no haba dormido en su casa conmova al pas. El mismo heterogneo grupo de periodistas de siempre se situ en guardia frente a la casa de la embajada y trat de establecer comunicacin como cuando se refugiaron los bancarios en huelga o los guerrilleros que huan. Pero solo pudieron captar la sombra del bigote de Garca Mrquez por los visillos de una ventana.

Mientras tanto, en la casa de Garcia Mrquez empez una extraa ceremonia que ningn reportero grfico registr: Gloria Valencia de Castao lleg en una camioneta blanca a sacar el equipaje de su amigo.

Y tras las cinco maletas de fibra que vernica haba preparado por la maana, sali el aparato ms importante del pas: la mquina de escribir de Gabriel Garca Mrquez.

Qued tirada en el pavimento varios minutos.

Para el chofer que estaba haciendo el trasteo, esa IBM elctrica era igual a cualquier otra IBM elctrica. Y ah estuvo, arrojada, un arma ms peligrosa y difcil de manejar que una ametralladora.

Detrs de ella sali el autorretrato de Obregn dedicado al escritor despus de meterle cinco tiros.

El telfono de la embajada, entretanto, daba a los periodistas el tpico bip bip de la descolgada. Solo qued normal cuando ya nadie lo necesitaba. Es decir, cuando Gabo ya se haba ido.

Al medioda, mientras los periodistas buscaban desesperadamente cupo en el avin de las tres, Garca Mrquez almorzaba con toda tranquilidad. El paso ya estaba dado y la cancillera se haba pronunciado.

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Mercedes de Garca Mrquez, la Gaba, a punto de emprender el viaje que dos das antes rechaz sin ms ni ms.

A las dos de la tarde, un BMW blanco esperaba en la casa de la calle 85. Sin ningn misterio, como si se devolviera a su casa, el escritor subi con la embajadora y su esposa, en medio del tropel de periodistas que la semana anterior haba tomado por asalto la habitacin del guerrillerito en el hospital de Tolemaida.

Mientras Garca Mrquez iba al aeropuerto, en calidad de viajero ilustre y sin ninguna clase de salvoconducto, excepto su condicin de residente mexicano y su pasaporte, Vernica, la empleada, corra las cortinas de las alcobas, limpiaba el hueco del autorretrato de Obregn que dice a Gabo y regalaba las latas del mercado que la seora Mercedes haba hecho el da anterior. Su ltimo gesto fue botar las flores frescas a la basura.

En el aeropuerto, Garca Mrquez se sinti como el guerrillero de Tolemaida.

Tuvo que pedir respeto para la embajadora, antes de que la derribaran a empellones; tuvo que sonrer y hacer los mismos chistes de siempre, mientras alcanzaba el saln de personajes en medio de policas tambin sonrientes. Tuvo que recordarles a los reporteros la experiencia del poeta Luis Vidales, los caballos de Usaqun que se volvieron personajes y tuvo que sonrer y agitar las manos cuando el carro de CROMOS alcanz el BMW y el fotgrafo le exigi un saludo antes de empezar a dispararle en plena marcha y a travs de dos vidrios. Hasta en la escalerilla del avin abraz policas y sonri y agit las manos como un poltico en campaa, rindose de s mismo.

Y entr al aparato y se acomod el cinturn de seguridad con la conciencia tranquila: antes de marcharse haba vuelto a meter la tercera cuartilla de su artculo dominical en la mquina para aadirle un ltimo prrafo en donde explicaba al mundo la razn de su salida. Sonriendo, vio desaparecer la ciudad por la ventanilla; saba que esa noche todas las rotativas del mundo llenaran las primeras planas con su nombre y su fotografa, demostrando as un poder de informacin mayor que el de todo el gobierno reunido.

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Vernica, la domstica de Garca Mrquez, contesta con una frase que se prolongar por dos aos?: "No. Don Gabriel no est".

Fotos: Daniel Jimnez

Fuente: http://www.cromos.com.co/especial-gabriel-garcia-marquez/exilio/cromosnotaespecial-150062-el-viaje-de-garcia-marquez-cronica-de-una-salida-anticipada



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