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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2014

El primer reportaje despus del Nobel
Bateman: misterio sin final

Gabriel Garca Mrquez
Semana

Fue su primer reportaje tras ganarse el Nobel de Literatura. Un relato de la desaparicin de Jaime Bateman Cayn, el comandante guerrillero del M-19


Este primer gran reportaje de Gabriel Garca Mrquez despus de haber ganado el Nobel de Literatura, tiene su origen en una reunin informal con la redaccin de esta revista. Durante una discusin sobre la desaparicin de Bateman, Garca Mrquez manifest su extraeza ante el hecho de que semanas despus del accidente, los medios de comunicacin no hubieran realizado la obvia investigacin que impona un suceso de esta naturaleza.

Critic el "sndrome de la chiva" que, segn l, vive el periodismo colombiano y apost que poda demostrar que un tema bien investigado poda ser ms interesante que cualquier "chiva", aun cuando apareciera con retraso. La apuesta, como vern nuestros lectores, la gan Garca Mrquez y aqu est el resultado. El reportaje fue publicado por Semana en la edicin del 6 de agosto de 1983.


Bateman: misterio sin final

La avioneta monomotor Piper PA 28 con matrcula colombiana HK 2139P y piloteada por el poltico conservador Antonio Escobar Bravo, sali del aeropuerto "Simn Bolvar" de Santa Marta a las 7:45 de la maana del pasado 28 de abril con un plan de vuelo visual cuyo destino final era el aeropuerto civil de Paitilla en la ciudad de Panam. Sin embargo, 7 minutos despus aterriz a pocos kilmetros de la poblacin de Cinaga, en una antigua pista comercial fuera de servicio, donde la esperaba un grupo de 10 personas. Tres subieron a bordo: dos hombres y una mujer. El ms alto de ellos, flaco y un poco esculido, con una camisa de mezclilla azul y una gorra de capitn de barco, era el hombre ms buscado de Colombia desde haca 5 aos: Jaime Bateman Cayn comandante mximo del M-19 ..

Slo ellos y unos pocos miembros de la organizacin saban que la avioneta deba hacer una escala clandestina en otro aeropuerto fuera de servicio cerca de Montera, donde estaba prevista una reunin con delegados del Ejrcito Popular de Liberacin (EPL), para discutir los pormenores de un programa de acciones conjuntas. Despus deba proseguir haca Panam, donde se supona que iba a llegar un emisario personal del presidente Belisario Betancur, para entablar conversaciones de paz. La avioneta hizo un ltimo contacto con el control areo de Panam 2 horas y 17 minutos despus de decolar de Santa Marta, y cuando se encontraba a 55 millas nuticas del aeropuerto de Paitilla, pero no aterriz nunca. Esto es todo cuanto se sabe con seguridad absoluta cuatro meses despus de la desaparicin de Jaime Bateman, y al cabo de una bsqueda intensa por tierra, mar y aire durante 70 das. Todo lo dems son suposiciones.

Recogiendo sus pasos

La suposicin ms arraigada --contra toda evidencia- es que no ha muerto. Cada quien tiene un argumento propio y una esperanza distinta para seguir en el engao, como ocurre con Emiliano Zapata en Mxico, como ocurri durante tantos aos en el mundo con Adolfo Hitler, y como ha ocurrido desde siempre con otros tantos que han sido devorados por la leyenda. En cambio, los nicos que creen que en efecto est muerto sin ninguna duda son algunos amigos de la infancia de Bateman que estuvieron con l en Santa Marta en los das previos a su desaparicin. Pero su certidumbre tampoco se funda en ningn anlisis racional, sino todo lo contrario, en la creencia caribe de que hay seres con el privilegio sobrenatural de volver a los sitios de sus afectos y repetir los mismos actos de sus mejores recuerdos en los das anteriores a su muerte. Se dice entonces que esa persona est "recogiendo sus pasos". Bateman, en efecto, se comport en la ltima semana de su vida como si lo estuviera haciendo.

Haba llegado a la costa caribe el 19 de abril, cuando concedi la que haba de ser su penltima conferencia de prensa en algn lugar cercano a Cartagena, con motivo del decimotercer aniversario de su movimiento. Si bien trataba siempre de darle algn contenido histrico a aquella fecha, nunca fue muy cuidadoso con su propio cumpleaos --cinco das despus--, y muchas veces, inclusive, lo olvidaba.

Este 24 de abril sera diferente. A pesa de los riesgos enormes que corra permaneciendo en una regin donde todos los servicios oficiales de seguridad deban saber que se encontraba, se empe en celebrar su cumpleaos en la ciudad de su nacimiento --Santa Marta--, a donde no iba por razones de prudencia elemental desde haca 7 aos. All estaban las querencias de su juventud: nombres y lugares que le revolvan la nostalgia. Las relaciones con su padre eran ms bien inciertas, y las que mantuvo con sus hermanos eran buenas pero ocasionales. En cambio, las que mantuvo con su madre --la brava Clementina Cayn-- tenan la misma esencia pasional de las que tuvieron con las suyas el padre Camilo Torres y el Che Guevara, que parecan condicionadas por una dependencia umbilical al mismo tiempo entraable y conflictiva. Algunos compaeros cercanos de Bateman han contado que en las noches de peligro de la clandestinidad, o en las errticas y solitarias de la selva, soltaba un largo suspiro que le sala del alma: "Ay, Clementma Cayn, qu ser de tu vida!".

Se vean con frecuencia, siempre en lugares distintos y secretos, porque la casa de ella estuvo sometida durante mucho tiempo a una vigilancia constante. Una vigilancia que tena la misma carga de humanidad de quien la soportaba y de la ciudad donde se ejerca, que es tal vez la ms domstica del pas. Clementina Cayn --no se sabe si por indulgencia o por astucia- vea al pobre vigilante parado en la esquina bajo el tremendo sol de las doce, y le ofreca una silla para sentarse, le mandaba un jugo de guanbana, o un plato de sancocho, o un cigarrillo, y al poco tiempo tenan que cambiarlo porque ya se haba vuelto como si fuera de la familia. Con todo, el riesgo del cumpleaos en Santa Marta era enorme, pero Bateman lo decidi de un modo tan terminante, que hasta sus servicios de seguridad, tan contrarios a esta clase de complacencias sentimentales, tuvieron que doblegarse.

El grupo completo que haba asistido a la conferencia de prensa viaj de Cartagena a Santa Marta por carretera al amanecer del 20 de abril. La costa Caribe estaba en tiempo de sequa y el olor de la guayaba era ms intenso en el aire ardiente. Bateman se convirti en un gua nostlgico, en especial de los dos compaeros del comando superior --Alvaro Fayad y Carlos Toledo Plata--, que viajaban en el mismo automvil, y que eran de otros mundos de nostalgias distintas.

En cada sitio del camino hizo una evocacin. Despus del estrecho puente que separa el mar y la Cinaga Grande --muy cerca de donde haba de abordar una semana despus la avioneta de su mal destino-- orden una parada para desayunar con mojarras fritas y tajadas de pltano en una de las fondas de la carretera. Luego no pudo resistir la tentacin de volver a su tierra cmo haba vuelto tantas veces en su juventud, y le quit el volante al conductor y sigui manejando l hasta Santa Marta, con una parada ms para tomarse una cerveza matinal en el Rodadero. Das antes, Bateman haba visto en Panam la pelcula espaola "Volver a empezar", que este ao obtuvo el Oscar de la mejor pelcula extranjera, y que cuenta la historia de un hombre que vuelve, ya maduro y famoso, a su pueblo natal de Oviedo. Aquella maana tuvo de pronto la revelacin --y as lo dijo a sus compaeros- de estar protagonizando una versin viva de aquella pelcula.

Ni en ese momento, ni en ninguno de los das siguientes, Bateman hizo nada por ocultarse ni por disimular su identidad. Visit en Santa Marta todos los lugares que haban dejado algn rastro en su memoria, y tal vez lo nico que no volvi a hacer como en su juventud fue jugar ftbol con bolas de trapo en la playa. Se vio varias veces con su madre, por supuesto, pero nunca en la casa de ella, y le pidi noticias de los amigos ms remotos y de varias novias olvidadas. Recordaba de un modo especial a sus condiscpulos del Liceo Celedn, donde no pudo terminar el bachillerato por su conducta revoltosa. Todos, hasta donde fue posible, recibieron una invitacin verbal para la fiesta de sus 44 aos.

Tiempo de mangos

Cmo no fue descubierto en una ciudad donde todo el mundo se conoce y donde andan por todas partes los agentes secretos de la guarnicin militar, de la polica y de la Direccin Administrativa de Seguridad, es algo que cuesta trabajo creer. Una razn, sin duda, es que Bateman era muy popular en su tierra, y haba muy pocas probabilidades de encontrar a alguien que quisiera denunciarlo, aun si estuviera en desacuerdo con l. Pero haba otra razn real y adems divertida. Uno de los varios hermanos de Bateman se pareca a l como si fuera su gemelo, y al igual que l era un mamador de gallo de los grandes. Desde que aparecieron en la prensa las primeras fotografas del comandante clandestino, el hermano hizo todo lo posible por aumentar el parecido: un peinado afro, un esculido bigote de lampio, una camisa azul, unas botas de monte. Durante un tiempo se burl de los policas amigos, sembr el desconcierto en los lugares pblicos de Santa Marta, se divirti y divirti cuanto quiso, hasta que todo el mundo se acostumbr a la suplantacin. Pero cuando el que apareci fue el Jaime Bateman de verdad, muchos que lo vieron en los mismos sitios de siempre debieron pensar que no era l sino el otro, que haba resuelto seguir mamando gallo con una gorra de lobo de mar. En todo caso, ni el detective ms perspicaz se hubiera atrevido a creer que el Bateman real fuera capaz de andar por la calle con su propia cara.

No es posible concebir una fiesta ms rara que la de aquel cumpleaos. Bateman haba alquilado una casa en una de las tantas playas cercanas a Santa Marta, cuyo acceso en automvil era posible pero difcil. Abril es tiempo de mangos, que era su fruta favorita, y no slo se hizo llevar varias cajas para l y sus invitados, sino que algunos de ellos le llevaron otras de regalo. Haba ron blanco a pasto, y whisky para quien quisiera, pero la bebida oficial era la favorita de Bateman desde mucho antes de que se pusiera de moda: pia colada.

Las rgidas normas de seguridad enrarecieron mucho ms la fiesta. Por lo menos cien invitados estuvieron en ella a lo largo del da, pero nunca hubo ms de 10 al mismo tiempo. En efecto, el nico modo de llegar eran los botes del alquiler al otro lado de la baha, y slo caban ocho personas en cada viaje. Un bote iba y otro vena para evitar aglomeraciones en la fiesta. De todos modos, cerca de la casa haba dos lanchas rpidas, dos automviles, y toda una columna guerrillera de seguridad que hubiera podido enfrentarse a cualquier ataque sorpresivo.

Bateman era un hombre de parranda, pero a su modo. Bailaba bien la salsa y el vallenato, y le gustaba hacerlo, pero era un bebedor moderado. Como buen caribe, era tmido y triste, pero disimulaba esa doble condicin con su simpata natural explosiva. Su comportamiento de cumpleaos fue lo menos convencional que pueda imaginarse. Reciba a sus invitados en pantaln de bao, brindaba con ellos, conversaba entre grandes carcajadas, bailaba un poco con un conjunto de vallenatos contratado, y coma mangos. De pronto se echaba al agua y nadaba por un largo rato mientras sus invitados seguan la fiesta, y tal vez era ese su momento ms feliz, pues desde nio era un nadador rpido y gil. Clementina Cayn lleg hacia el medio da con un cargamento de refuerzo de pia colada, y su presencia alborot la parranda. Alguien grito, en la pausa de un vallenato: "Clementina Cayn: tienes una matriz de oro". Los servicios de seguridad, en todo caso, estuvieron pendientes de que a nadie se le fuera la mano con la pia colada.

Mensaje intempestivo

Hasta ese momento, Bateman no pensaba ir a Panam. Su proyecto era atravesar por tierra todo el pas para entrevistarse con el segundo comandante del M-19, Ivan Marino Ospina, quien diriga las guerrillas del Caquet. Por su parte, Alvaro Fayad ira a Bogot y Toledo Plata a Cali, y todos volveran a encontrarse tres meses ms tarde en las selvas del Putumayo para una reunin plenaria del comando superior. Estos planes cambiaron de pronto porque Bateman recibi un mensaje intempestivo de Panam, segn el cual se esperaba all un emisario personal del presidente Betancur que deseaba entrevistarse con l. Al parecer, el mensaje no era muy explcito, pero haca suponer que se trataba de una personalidad de alto rango y Bateman esperaba una ocasin como esa desde que se frustr la posibilidad de entrevistarse con el presidente de Colombia en Nueva Delhi durante la conferencia de los No Alineados. De modo que en menos de 24 horas cambi todos sus planes inmediatos y decidi el viaje imprevisto que lo condujo al desastre.

El inters que tena Bateman de entrevistarse con Betancur para entablar un dilogo de paz sin intermediarios se haba convertido en una obsesin. Pero en aquel momento estaba convencido, por numerosos indicios, de que el gobierno no quera dialogar con l. El ltimo de esos indicios --el 3 de abril- pareca demasiado evidente. De regreso de Cancn, donde se entrevist con los otros presidentes del grupo de Contadora, Betancur haba hecho una escala breve en Panam. Bateman lo haba esperado ah con la ilusin de verlo, y durante todo el da se mantuvo a la expectativa a muy pocas cuadras del lugar en que Betancur convers por ms de una hora con el entonces coronel Manuel Antonio Noriega, jefe de los servicios de seguridad de la Guardia Nacional de Panam, y su comandante actual. Betancur y Noriega trataron entre otras muchas cosas sobre las actividades del M-19 en Panam, pero en ningn momento se plante la posibilidad de una entrevista con Bateman.

Desilusionado una vez ms, ste le escribi al presidente una carta en la cual insista en la urgencia de una tregua para entablar un dilogo de paz. La carta fue entregada al presidente de Panam, Ricardo de la Espriella, quien se la ley por telfono a Betancur el 21 de abril, cuando Bateman estaba en Santa Marta. Tal vez ste pens que el envo de un emisario presidencial a Panam fuera el resultado de esa carta, y por eso resolvi viajar a Panam con tanta urgencia. Sin embargo, ninguna fuente colombiana ha podido confirmar que en realidad existiera la disposicin presidencial de mandar un emisario a Panam por aquellos das. Lo nico que ocurri fue una diligencia de sondeo que hizo el presidente de la Comisin de Paz, Otto Morales Bentez, --poco antes de su renuncia-- pero era una tentativa tan vaga que el presidente Betancur no estaba enterado de ella ni mereca un viaje tan apresurado de Bateman a Panam.

Piloto de confianza

Durante su semana en Santa Marta, Bateman se vio varias veces con un viejo amigo: el poltico conservador Antonio Escobar Bravo a quien haba conocido muy joven, y con quien haba vuelto a hacer contacto a travs de Toledo Plata, cuando ambos eran representantes a la Cmara. Muy pocos saban entonces que Escobar era un piloto con la experiencia necesaria para andar por cualquier parte del pas en su avioneta monomotor. Haba hecho su curso completo en el Aeroclub del Atlntico, en Barranquilla, donde haba obtenido la licencia de piloto privado nmero 767 por resolucin nmero 3550 de la Direccin Aeronutica Civil en 1976. Esa licencia le permita pilotear una nave con un peso mximo de 5.670 kilos, y su avioneta slo pesaba 1.156. De acuerdo con su hoja de vida, su conducta como aprendiz haba sido buena, su aptitud tambin buena, y adems entusiasta y constante. Su chequeo de vuelo el 15 de febrero de 1983 --dos meses antes del accidente-- haba sido satisfactorio, y su examen mdico fue calificado como perfecto para volar. Sin embargo, en trminos profesionales estrictos, no poda considerarse un piloto experto, pues esta calificacin requiere entre 3 mil y 4 mil horas de vuelo, y Escobar slo tena 800, incluidas las de la escuela.

Su avioneta estaba bien equipada con un sistema doble de radio VHF, un sistema doble de navegacin VOR que permite determinar desde tierra la posicin de la nave, un sistema de radioayuda (ADF) y un sistema ILS para aterrizar por instrumentos. Sin embargo, por su nivel de experiencia, Escobar no estaba autorizado para servirse de este ltimo sistema. La nica falla grande de ese equipo era la falta de un radar, que hubiera sido lo ms til de todo en la emergencia de Panam.

Pero muy pocas avionetas como la de Escobar lo tienen instalado de origen, y su instalacin posterior es de un costo muy elevado. En todo caso, Bateman le tena confianza. De modo que cuando se plante en Santa Marta la urgencia de viajar a Panam lo llam a la playa donde viva, y se pusieron de acuerdo para irse al da siguiente.

La diez personas que esperaban la avioneta en el aeropuerto fuera de servicio cerca de Cinaga, eran las siguientes: Bateman, Toledo Plata, Nelly Vivas, Conrado Marn, dos miembros de la direccin nacional y cuatro miembros de la seguridad del movimiento. Llegaron en varios automviles antes del amanecer, y esperaron la avioneta en un rincn discreto. Aterriz a las 7:52, que era ms o menos la hora prevista. Los tres que la abordaron de inmediato eran Jaime Bateman, Nelly Vivas y Conrado Marn, que iban hacia el frente del Caquet por la va de Panam. Nelly Vivas era una biloga calea, especializada en Pars durante ocho aos, y profesora en el colegio Santiago de Cali. Haba ingresado al M-19 unos 6 aos antes, formaba parte en la actualidad del comando superior, y haba sido la encargada de hacer los primeros contactos con el ex presidente Carlos Lleras Restrepo, cuando ste diriga la Comisin de Paz bajo el gobierno de Turbay Ayala. Conrado Marn era un campesino de Florencia que haba ganado el grado de mayor en las guerrillas del Caquet. Fue uno de los primeros que se acogieron a la ley de amnista del presidente Betancur, pero cuatro compaeros suyos amnistiados junto con l fueron asesinados por desconocidos en el curso de pocos meses en las calles de Florencia.

Temiendo correr igual suerte, Marn se reincorpor al movimiento despus de entrevistarse con Bateman en Santa Marta. Fayad no estaba en el aeropuerto porque haba viajado a Bogot por carretera la noche anterior.

Entre el aterrizaje y el decolaje de la avioneta no deban transcurrir tres minutos, pero hubo un retraso imprevisto, cuando Bateman apareci en la puerta y pidi una cajetilla de cigarrillos a los compaeros que se quedaban. Estaba satisfaciendo sin duda un deseo de ltima hora de alguno de los pasajeros, o tal vez del piloto, porque l haba dejado de fumar desde haca 8 aos. Fue una demora suplementaria de 4 minutos.

Bateman ocup el asiento en que viajaba siempre: el del copiloto. Haba viajado tanto all, que estaba seguro de poder improvisar un aterrizaje de emergencia, slo por lo que haba visto en tantas horas de vuelo. Viajaba tranquilo, con su buen humor de siempre, pero haba declarado alguna vez que era capaz de todo en la vida menos de lanzarse en paracadas. Cuando se mova en automvil llevaba una pistola Browning metida en el cinturn debajo de la camisa, una metralleta, y por lo menos una granada al alcance de la mano. Pero antes de aquel ltimo vuelo le haba dejado la metralleta a Alvaro Fayad, y llevaba slo la pistola y dos granadas.

Su nico equipaje era un maletn de mano con una muda de ropa, dos mil dlares en efectivo, un cassette con las canciones de Celina y Reutilio, y la edicin en espaol de "Doa Flor y sus dos maridos", del brasilero George Amado, que haba querido leer despus de ver la pelcula. Llevaba un walky talky VHF con un alcance de 18 kilmetros, con el cual sola comunicarse desde el aire con algunos comandos de tierra del M-19, como pensaba hacerlo antes de aterrizar cerca de Montera para estar seguro de que no lo esperaba ninguna sorpresa en el aeropuerto secreto. Llevaba tambin un pasaporte colombiano con una foto autntica pero con un nombre distinto. Pero el objeto ms inslito que llevaba era un equipo emisor de seales luminosas, capaz de lanzar bengalas rojas y azules a grandes alturas. Estaba diseado para casos de prdidas en el mar o en la selva, y Bateman lo haba comprado en su ltimo viaje a Panam.

No era extrao, pues su aficin por los juguetes electrnicos fue siempre objeto de burlas cordiales de sus compaeros, pero sus amigos caribes lo habran interpretado sin duda como un acto premonitorio. Ms tarde, durante las bsquedas intiles en la selva, la certidumbre de que Bateman llevaba aquella mquina de salvacin fue una de las esperanzas ms firmes de las comisiones de rescate. Pero cuando la avioneta parti del viejo aeropuerto de Cinaga nadie debi pensar en eso. El cielo era difano y sin una sola nube, como para un viaje feliz. Sin embargo, a esa hora exacta, el satlite meteorolgico de los Estados Unidos estaba fotografiando la vasta extensin desde Urab hasta Nicaragua, que empezaba a cubrirse de espesas nubes e malos presagios.

Otro tipo de contrabando

Alvaro Fayad lleg a Bogot esa misma tarde, despus de una larga noche de carretera, y pens que a esa hora Bateman deba estar tranquilo en Panam. Se alegr de que no lo hubiera acompaado en el largo viaje por tierra, como estaba previsto, porque su automvil haba sido detenido seis veces por patrullas del ejrcito, de la polica de aduanas y del control de trfico de drogas. En todos los casos, los ocupantes haban tenido que identificarse, por lo menos en tres les iluminaron las caras para compararlas con los retratos de las cdulas de identidad, y los sometieron a rpidos cacheos. Tal vez Bateman no hubiera podido pasar por tantos filtros, no slo por su estatura inconfundible y porque ya haba sido visto muchas veces en la televisin, sino porque tena una sea de identidad ms reveladora que las mismas huellas digitales: su pierna derecha.

En efecto, a los 9 aos de edad, Bateman fue atropellado por un camin cuando jugaba ftbol con una bola de trapo en una calle de Santa Marta. La pierna le fue enyesada sobre la herida y con el hueso astillado, y aquella chapucera le caus una gangrena cuyos estragos no sanaron jams. Fueron intiles incontables tratamientos y varios injertos de hueso. Su tibia sin carne estaba apenas cubierta por una piel tensa y apergaminada que volva a ulcerarse al menor tropiezo. Las largas marchas en la selva eran un martirio perpetuo, y en muchas ocasiones tuvo que retirarse de la lucha para someterse a nuevos tratamientos. Era una marca imborrable que todos los servicios secretos conocan, y siempre que encontraban a alguien que pudiera ser Bateman le levantaban la bota del pantaln para ver el estado de su pierna. En la nica ocasin en que era l en realidad, tuvo la suerte inconcebible de que el soldado le levant la bota de la pierna sana, y lo dej seguir.

Fayad durmi aquella noche sin recibir ninguna noticia de Bateman. Al da siguiente muy temprano, dos miembros del equipo de comunicacin de Bogot le avisaron que la avioneta de Escobar no haba llegado a su destino, pero l pens que tal vez haba aplazado el vuelo. Sin embargo, poco despus le confirmaron que en efecto la avioneta haba salido de Santa Marta a la hora prevista, pero no haba hecho la escala en Montera ni haba llegado a Panam. Entonces llam a Toledo Plata, que an estaba en Santa Marta, y ste le confirm la verdad: la avioneta haba sido declarada en emergencia el da anterior a las 12.28 por la Aeronutica Civil de Panam, y la bsqueda area haba empezado de inmediato. Hasta el momento, 24 horas despus, no se haba encontrado el menor rastro. Fayad slo dijo una palabra cuando colg el telfono: "Mierda!". Das despus, hablando con unos amigos, resumi el impacto de aquel da con una frase: "Se me apag la luz ".

El 30 de abril, "El Tiempo" public en su pgina 9 una foto de Escobar, con la noticia de que se haba perdido en su avioneta sobre territorio panameo. No eran ms de 20 personas que saban, al leer aquella noticia, que detrs de ella haba otra mucho ms espectacular. Lo saban, por supuesto, Fayad y Toledo Plata, los miembros de la seguridad que estaban en el aeropuerto de Santa Marta, y los dos miembros del equipo de comunicaciones que haban manejado la noticia en Bogot. Lo saban adems otros seis miembros del equipo de seguridad, los dos miembros de la direccin nacional que seguan con Toledo Plata, el representante del M-19 en Panam y el encargado de la seguridad de Bateman en ese pas que se haban quedado esperando en el aeropuerto, y por ltimo los seis que se quedaron esperando en Montera. Aunque Santa Marta es una ciudad donde resulta casi imposible guardar un secreto tan grande, lo cierto es que ste logro controlarse durante 22 das, hasta que el jefe de redaccin de "El Universal" de Cartagena, Angel Romero, lo descubri por una casualidad que parece inverosmil. Poco antes, sin embargo, la base Howard del Canal de Panam --a la que la Aeronutica Civil de Colombia haba pedido ayuda para buscar la avioneta de Escobar-- contest con un cable que hace pensar sin ninguna duda que all saban quines iban en ese vuelo. "Esa nave no llevaba droga --deca el cable--sino otro tipo de contrabando".

Los minutos que faltan

Lo que ocurri en realidad desde que la avioneta sali del aeropuerto de Cinaga, slo ha sido posible vislumbrarlo por la grabacin de los distintos contactos que hizo Escobar con el control areo de Panam. Gracias a la Direccin de Aeronutica Civil de Colombia, y de sus tcnicos mejor calificados, que nos ayudaron a descifrarla, se puede decir que el primer contacto fue hecho a las 9:52. Despus de identificarse, le preguntaron a qu hora haba salido de Santa Marta, y Escobar contest que a las 7:51. El dato era falso: en realidad haba salido 6 minutos antes, pero el piloto acumul los seis que haba necesitado para recoger a sus pasajeros en el aeropuerto secreto, de modo que no quedara ninguna pista de ese aterrizaje clandestino. Fue su nico dato falso. Nunca dijo que viajaba solo --como se publicara ms tarde--, aunque es probable que lo hubiera dicho si se lo hubieran preguntado, para no entrar en contradiccin con su plan de vuelo de Santa Marta. En cuanto a la escala en Montera, no se sabr nunca por qu no la hizo ni cmo la habra justificado si la hubiera hecho, pero la foto del satlite demuestra que las condiciones del tiempo no eran propicias para un aterrizaje visual.

En su primer contacto inform que estaba ascendiendo de 6 mil pies --que era la altura autorizada sobre el mar- para alcanzar la de 9 mil pies. La maniobra era normal, porque en frente deba estar viendo la serrana de El Darin, que es la ms alta de Panam.

El rumbo que llevaba era correcto para llegar al aeropuerto de Paitilla. A las 9.57, volando ya a 9 mil pies, volvi a hacer contacto para decir que tena mal tiempo en frente. El controlador de vuelo le sugiri que subiera a 10.500 pies, donde el tiempo era mejor, y que se mantuviera all mientras consultaba con el control de radar cul era la ruta con mejor tiempo. El controlador de radar se la comunic a travs del controlador de radio. El problema en ese momento era que la avioneta de Escobar no poda ser identificada en el radar, porque no dispona del equipo adecuado para darse a conocer. En cambio, era posible localizarla en el DF (Direction Finder), mediante una seal de radio emitida desde la avioneta.

Escobar hizo un nuevo contacto a las 10.04 para informar que volaba a 10.500 pies de altura, y que tena mal tiempo adelante, pero que vea algunos huecos en las nubes por donde poda pasar. Su voz era tranquila, y sus clculos y decisiones eran las de un buen navegante. Entonces el control de radio le pidi que oprimiera el botn de radio para localizarlo en el DF, y Escobar lo hizo por un instante, antes de que su seal se interrumpiera para siempre. En ese momento se encontraba a 55 millas al noroeste del cerro de Ancn, que est en el lmite de la ciudad de Panam con la zona del Canal. Esto quiere decir que an tena combustible para volar 2 horas y 40 minutos ms, pero an estaba sobre el Atlntico y a 30 millas de distancia de la serrana del Darin. Si el percance ocurri en el momento en que se interrumpi la seal de radio, no hay ninguna duda de que cay en el mar.

Pero no hay ninguna prueba de esto. Pudo haber volado todava todo el trayecto marino sin hacer un nuevo contacto radial --que tal vez ya no fuera necesario-- y encontrarse con el mal tiempo insalvable cuando ya volaba sobre la serrana del Darin. Entonces no es probable que hubiera podido intentar un nuevo contacto, pues cuando una nave como esa penetra en una mala turbulencia es como si atravesara una batidora inmensa: el piloto ms experto tiene que concentrar sus cinco sentidos en mantener a toda costa la estabilidad del avin, y no tiene ni manos ni alma para ocuparse del radio. Una sacudida demasiado violenta puede arrancarle un ala de cuajo. Pero si penetra por error en un cumulo nimbus, se destroza en pedazos, y sus escombros pueden dispersarse a muchas millas a la redonda.

 

Palmo a palmo

La Aeronutica Civil de Panam hizo la exploracin area de rutina durante 8 das. La familia de Escobar, con toda clase de colaboraciones oficiales y privadas, insisti varias semanas ms. Las patrullas del M-19 cuadricularon un inmenso territorio de casi 50 mil kilmetros cuadrados durante 70 das. Exploraron palmo a palmo el universo deshabitado de la selva de Urab, desde Montera hasta el Tapn del Darin, por el lado de Colombia. Y del otro lado, desde la frontera con el Choc hasta la misma capital de Panam. Slo en esta ltima zona --segn dato de las comisiones de rescate-- han cado entre 20 y 30 aviones desde la Segunda Guerra Mundial, de los cuales se han encontrado cuatro.

Una de las patmllas que buscaban la avioneta de Escobar encontr los escombros de un avin desaparecido en 1963, y estaban enredados entre la maleza, a slo 20 metros de un camino muy transitado. Otras encontraron equipos de comunicaciones de la defensa de los Estados Unidos, perdidos desde quin sabe cunto tiempo. Es un reino sin limites de frondas y pantanos donde apenas si penetran unas gotas de sol, y que se cierran de inmediato tan pronto como alguna nave cae en el fondo de sus entraas.

La nica manera de orientarse, cuando no se tiene una brjula, es observar la direccin de las hojas, que se inclinan siempre hacia el oriente. No es probable que Escobar hubiera podido salir solo, pero Bateman y Marn saban como hacerlo. Este ltimo era campesino del Caquet y lo saba desde la infancia. Bateman lo haba aprendido, y haba demostrado saberlo cuando se perdi con seis de sus hombres en la selva del Caquet, el ao pasado. Lo curioso es que el M-19 no supo en aquella ocasin que estaba perdido, hasta que no aparecieron todos sanos y salvos al cabo de un mes y medio.

En los mtodos de orientacin hay discrepancias entre los guerrilleros urbanos y los campesinos. Aquellos se sienten perdidos si no tiene una brjula. Los campesinos, en cambio, se orientan ms por el instinto, y creen que las brjulas pueden ser alteradas por distintos fenmenos. Los clculos que hizo el M-19 desde el principio indicaban que si Bateman o Marin estaban sanos despus del accidente, podan salir por sus propios medios al cabo de 15 das, que es el tiempo en que podan cruzar completa la selva de Panam. Si quedaban vivos, pero heridos como para no poder moverse, hubieran podido hacer campamento y esperar hasta un mes y medio. Despus de ese tiempo, aun un hombre con la fuerza fsica y psicolgica de Bateman no hubiera podido sobrevivir.

La circunstancia de que Escobar fuera un poltico conocido facilit al M-19 la consecucin de medios para la bsqueda. Trazaron dos planes: uno para la exploracin area, y otro para la terrestre. Para la primera alquilaron, a precios desorbitados helicpteros y aviones particulares que sobrevolaron las selvas durante 25 das continuos. Un piloto colombiano que particip en aquella empresa descomunal ha dicho que habra sido imposible practicar una exploracin ms tcnica y meticulosa en condiciones tan adversas. Para la bsqueda por tierra, que se inici a los 10 das del accidente, se organizaron cuadrillas de 15 hombres al mando de un jefe. Slo ste saba a quin buscaban, no slo para impedir una posible desmoralizacin, sino para mantener al mximo la reserva de la noticia. Fue una bsqueda clandestina, con sistemas guerrilleros, que consisten en dejar seales que slo ellos saben interpretar, y en golpear las races de los rboles ms altos. Este es un sistema de comunicacin ms eficaz que un tiro al aire, o que las bengalas azules y rojas del equipo de Bateman, que no se vieron nunca. A distancias determinadas dejaban signos convencionales para que los perdidos conocieran su rumbo, dejaban campamentos con equipos de comunicacin, lea seca, comida para los tres primeros das, y botiquines de primeros auxilios. Al cabo del primer mes, la bsqueda continuaba con la misma pasin que el primer da.

Los brujos

Por esa poca --el 20 de mayo-- el jefe de redaccin de "El Universal" de Cartagena, Angel Romero, descolg el telfono de su jaula de vidrio para hacer una llamada de rutina a las 7 de la noche, y su lnea se cruz con la conversacin de una mujer y un hombre. Hablaban sin reservas de la angustia que sentan por la desaparicin de Bateman, que segn ellos haba sido vctima de un accidente de una avioneta en Panam. Romero vol a Bogot al da siguiente y trat de establecer algn contacto con el M-19, pero no logr la informacin. Sin embargo, una fuente militar le conto que, en efecto, Bateman estaba desaparecido, pero que la historia de la avioneta era una simple cortina de humo del M-19 para ocultar la verdad. Al parecer, el servicio de inteligencia de las Fuerzas Armadas estaba convencido en ese tiempo de que Bateman haba muerto en el asalto a la poblacin del Pajuil (Caquet), el 9 de mayo, y que el movimiento haba inventado la patraa de la avioneta para no admitir su prdida en combate. Tal vez esta sea la razn por la cual, an hoy, las Fuerzas Armadas siguen observando en este caso una discrecin que se parece mucho a la incredulidad.

Sin embargo, con un criterio certero, Angel Romero prefiri la hiptesis de la casualidad telefnica, y dio por primera vez la noticia de la muerte de Bateman en la primera pgina de su peridico el 30 de mayo. A pesar de la indiferencia con que fue recibida por los otros medios del pas --sobre todo por los ms grandes-- aquella informacin fue sin duda la primicia ms importante y bien concebida en lo que va del ao. Nadie la crey. Sin embargo, los mismos peridicos que la rechazaron como una simple especulacin, cayeron meses despus en la trampa de una noticia sin origen, segn la cual Bateman se haba fugado del pas con los fondos de su movimiento.

Mucho tiempo despus de que la noticia era ya de dominio pblico, en el interior del M-19 continuaba la discrepancia de cmo emitir la confirmacin oficial. Los partidarios de salir al paso de las especulaciones inevitables opinaban que deba darse despus de la primera semana de bsqueda infructuosa. Sin embargo prevaleci el criterio de continuarla dentro del secreto ms estricto, entre otras cosas para impedir que detrs de las patrullas de exploracin aparecieran en la selva las patrullas del ejrcito. De modo que la bsqueda continu, an ms all de toda esperanza, y cuando ya empezaba a invadir las arenas movedizas de la magia.

En efecto, las ltimas ilusiones se fundaron en la visiones de dos brujos. El primero fue uno de Panam, a cuya revelacin espontnea nadie le dio ningn crdito. Pero cuando otro brujo de Colombia que no tena ningn contacto con el primero revel haber tenido una visin idntica, el racionalismo de los revolucionarios, an el de los ms duros, sufri el estremecimiento de la duda. Las dos visiones decan que tres personas estaban en el corazn de la selva. Dos eran muy dbiles y la otra era muy fuerte, pero sta no se atreva a caminar por el temor de ser descubierta. Aquella coincidencia inexplicable por medio de la razn occidental hizo reverdecer las esperanzas en los corazones menos crdulos, y la bsqueda continu, sin pausas ni fatiga, hasta que aun los ms temerarios tuvieron que mirar de frente a la realidad. Slo entonces, nueve semanas despus del accidente, tomaron la determinacin unnime de hacer el anuncio oficial de la muerte de Bateman. Lo nico que faltaba era la opinin de su sucesor, Ivn Marino Ospina, que fue uno de los ltimos en conocer la noticia en el corazn de la selva del Caquet. Esa opinin lleg en el ltimo instante, en un papel escrito de su puo y letra y macerado por el sudor, que alguien llev hasta Bogot escondido dentro del zapato. Marino Ospina aprobaba la divulgacin de la noticia, y mandaba su primera orden: "Insistan en el dilogo".



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