Portada :: Cultura :: En la muerte de Garca Mrquez
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2014

"Un halo rode Cien aos de soledad"

Elena Poniatowska
Milenio

En septiembre de 1973, la autora de Hasta no verte Jess mo le hizo una larga entrevista al ya famoso escritor colombiano.


En septiembre de 1973, la autora de Hasta no verte Jess mo le hizo una larga entrevista al ya famoso escritor colombiano.

La siguiente es una versin condensada de esa charla en la que se descubren el sortilegio y la atmsfera de amistad que rode la creacin de una de las obras mayores de la literatura contempornea

Llegu a Mxico con veinte dlares y sal de aqu con Cien aos de soledad.

Por eso quieres tanto a Mxico?

Aqu hice a todos mis amigos. Sabes quin fue el primer mexicano que conoc? Juan

Garca Ponce, quien un da entr a mi oficina en Nueva York. l tena entonces una beca de la

Guggenheim o de la Rockefeller, y yo estaba encargado de Prensa Latina.

Cmo hiciste Cien aos de soledad?

Ah, bueno!... Anoche me vino un golpe de nostalgia, con Luis Alcoriza [y otros amigos], se me revolvi todo (baja la voz), eran las tres de la madrugada y se me vino encima toda esa poca de los sesentas aqu en Mxico y le dije a Luis y a los otros: "Bueno, ahora se friegan porque voy a hacer un recorrido que tengo que hacer". Tom mi coche y me los llev a todos a pasear frente a la casa donde escrib Cien aos de soledad, en la calle de La Loma nmero 19, en San ngel Inn. Est igualita! Se me revolvieron las tripas, y a las tres de la madrugada y todos borrachos, empec a mostrarles el barrio, la miscelnea, la carnicera, la lechera. T sabes que cuando yo termin de escribir Cien aos de soledad, Mercedes le deba al carnicero cinco mil pesos?

Cmo le dio un crdito tan grande?

Porque l saba que yo estaba escribiendo un libro y que cuando lo terminara, Mercedes le pagara. Lo mismo al dueo de la casa: le debamos ocho meses de renta. Cuando solo le debamos tres meses Mercedes lo llam y le dijo: "Mire, no le vamos a pagar estos tres meses ni los prximos seis". Primero ella me pregunt: "Cundo crees que termines?" Le contest que en aproximadamente cinco meses. Para mayor seguridad ella puso un mes de ms y entonces el propietario le dijo: "Si usted me da su palabra de que es as, muy bien, la espero hasta septiembre".

En septiembre fuimos y le pagamos. Ms tarde, cuando sali Cien aos de soledad, el propietario me llam y me dijo que ahora comprenda por qu yo lo haba hecho esperar y que le agradaba mucho el haberme ayudado. En ese barrio me fiaron todo, hasta los cigarrillos, el azcar, absolutamente todo.

Pero, cmo, Gabo?

Todo el barrio se haba alborotado porque entre ellos un escritor estaba escribiendo un libro; una cosa mgica, un halo rode Cien aos de soledad. Al fin, cuando termin el libro fuimos a ponerlo al correo para Buenos Aires y cuando lo pesaron encontramos que no nos alcanzaba la plata para mandarlo y entonces enviamos solo la mitad, y al da siguiente la otra mitad.

Ese libro ejerci un sortilegio antes de estar escrito?

S, es muy curioso, pero es verdad; cont con una gran solidaridad, con un inters mgico antes de haberlo terminado.

Mira, cuando pens: "Ahora es cuando", lo dej todo, mis trabajos en Walter Thompson y Stanton donde era redactor publicitario; mis guiones de cine (haba escrito El gallo de oro y Tiempo de morir), porque yo haca un poco de todo. Empe el coche [...] y me sent a escribir. Entonces no volv a salir ms; hubo una poca como de tres meses en la que no sal ni a la puerta del jardn de la casa. Toda la noche venan a vernos lvaro Mutis y su mujer, Mara Luisa Elo y Jom Garca Ascot, que vivan muy cerca; traan whisky, pollo frito y papas, y a veces bebamos y hablbamos siempre del libro.

Les leas lo que habas escrito?

Nunca les le nada porque yo no leo absolutamente nada de lo que estoy escribiendo; los borradores jams lo he dejado tocar, ni leer, ni los leo yo, pero s hablaba mucho de lo que estaba haciendo y ellos, enloquecidos con lo que yo les contaba cada noche, decan: "Esto va a ser sensacional!"

Y hubo un momento en que pens: "Caramba, a lo mejor todos estos gritos de lvaro y estos entusiasmos de Mara Luis Elo me han hipnotizado y estoy trabajando en esto apasionadamente, sin darme cuenta que de pronto me he metido en una nube de fantasa acompaado por mis amigos, y esto no sirve para nada ni le va a interesar a nadie!"

Entonces, a m que nunca me haba presentado y todava ahora nunca me presento en pblico ni doy conferencias ni hago lecturas ni nada, me llamaron casualmente en esos das de la OPIC que es algo como la seccin cultural de la Secretara de Relaciones Exteriores, me preguntaron si quera dar una conferencia y les dije que no, que una conferencia no, pero que s quera hacer una lectura de captulos de una novela en preparacin. Para ello, hice una cosa muy curiosa: una lista de gente muy dismil; las personas que conoc cuando hice las revistas Sucesos y La Familia, en las que jams escrib una lnea s, s, las de Gustavo Alatriste, Elena, las dirig durante dos aos. Inclu a los obreros tipgrafos y linotipistas de un taller de imprenta en el cual tambin trabaj, secretarias, estudiantes y toda la gente que haba conocido en alguna parte, en el cine, en la publicidad, adems de mis amigos los intelectuales, personas de todos los niveles culturales y sociales. Realmente configur un pblico dismbolo. En la OPIC no lo supieron. No llev un solo captulo de Cien aos de soledad, sino que seleccion prrafos de distintos captulos porque tena un gran inters de saber si era buena la idea y no algo que lvaro Mutis me haba metido en la cabeza.

Yo quera saber si vala la pena seguirla escribiendo porque ya no vea nada; tena la impresin de que no haba en el mundo ms que lo que escriba y quera poner los pies sobre la tierra. Me sent a leer en el escenario iluminado; la platea con "mi" pblico seleccionado completamente a oscuras. Empec a leer, no recuerdo bien qu captulo, pero yo lea y lea y a partir de un momento se produjo un tal silencio en la sala y era tal la tensin que yo senta, que me aterroric. Interrump la lectura y trat de mirar algo en la oscuridad, despus de unos segundos percib los rostros de los que estaban en primera fila y vi que tenan los ojos as (los abre muy grandes) y entonces segu mi lectura muy tranquilo.

La gente estaba como suspendida; no volaba una mosca. Cuando termin y baj del escenario, la primera persona que me abraz fue Mercedes, con una cara yo tengo la impresin desde que me cas que ese es el nico da que me di cuenta que Mercedes me quera, porque me miro con una cara!... Ella tena por lo menos un ao de estar llevando recursos a la casa para que yo pudiera escribir, y el da de la lectura la expresin en su rostro me dio la gran seguridad de que el libro iba por donde tena que ir.

Para hacer Cien aos de soledad consult mdicos, abogados, y junt en mi casa una enorme cantidad de libros de medicina, alquimia, filosofa, enciclopedias, botnica y zoologa, para que cada dato estuviera muy bien verificado y comprobado; no quera un solo error, a no ser las faltas de ortografa, que quedaban en manos de Pera.1

No poda detenerme en lo que estaba escribiendo para ponerme a estudiar alquimia; entonces escriba inventndolo todo y en la noche buscaba libros sobre la materia, que los amigos me haban conseguido, e incorporaba los datos que all encontraba, pero lo que me resulta curioso es que yo no estaba equivocado o lejos de la verdad en mis invenciones. La obra me llevaba a tal velocidad que yo no me poda parar, y a partir de ese momento se cre una especie de equipo solidario alrededor del libro, y todos mis amigos me ayudaron. Yo le hablaba a Jos Emilio Pacheco: "Mira, hazme el favor de estudiarme exactamente cmo era la cosa de la piedra filosofal", y a Juan Vicente Melo tambin lo pona a investigar propiedades de las plantas y le daba una semana de plazo. A un colombiano le ped: "Haz el favor de investigarme cmo fueron los problemas de las guerras civiles en Colombia", a otro le ped la mayor cantidad de datos sobre las guerras federales en Amrica Latina y siempre tuve amigos hacindome tareas de este tipo. Todo el trabajo potico, por ejemplo, que me hizo lvaro Mutis es invaluable.

Cuando yo llegu en 1961, el grupo que estaba en Difusin Cultural (de la UNAM): Pacheco, Monsivis, Juan Garca Ponce, Juan Vicente Melo, y por otro lado Jomi Garca Ascot y lvaro Mutis, trabajaron para m (se re). Ahora me doy cuenta de verdad que todos ellos estaban trabajando en Cien aos de soledad, y no solo no lo saban entonces, sino que tengo la impresin de que no lo saben todava.

Pero ellos saban que estabas escribiendo un libro?

Los escritores siempre estamos escribiendo un libro, Ele. Cuando ellos me preguntaban para qu quera ese dato tan extrao, les contestaba: "Para una cosa que estoy escribiendo". Tuve investigando a todos los jvenes escritores mexicanos en este libro, y fue una labor estupenda (se re).

Y fuiste feliz cuando lo escribiste?

La poca ms feliz de mi vida fue cuando escrib Cien aos de soledad. Yo viva... yo viva como dice Carlos Fuentes como iluminado.

Gabo, siempre tuviste la certeza de que estabas escribiendo un gran libro?

Sonre.

Lo malo es que yo siempre he tenido esa certeza con mis libros, y creo que sin esa certeza no se puede escribir.

Por qu?

Es que sentarse a escribir un libro, sentarse a escribirlo en serio, es una cosa tan dura, tan difcil, que si uno no tiene la certeza de que realmente est escribiendo El Quijote en cada teclazo que da, no se metera a este oficio, porque hay muchas cosas ms agradables que hacer. Sobre todo uno que no escribe por plata, porque mira que yo haba publicado cinco libros que ni siquiera se conocan y nunca haba recibido un centavo por ellos. Y luego de dejar de trabajar meterme en esto de Cien aos de soledad que result ser un negocio por casualidad, aunque nunca se me ocurri que pudiera serlo! Al contrario, el oficio de escritor es tan rido que uno necesita tenerle mucha fe.

Gabo, para escribir un libro tan ambicioso y que abarcara tantas y tantas generaciones tuviste que hacer un plan muy elaborado, una lista de personajes, situarlos a cada uno dentro del tiempo.

Yo tena una idea general del libro; no hice plan de ninguna clase, sino que un da, yendo a Acapulco [...] Iba manejando mi Opel, pensando obsesivamente en Cien aos de soledad, cuando de pronto tuve la primera frase; no la recuerdo literalmente, pero iba ms o menos as: "Muchos aos despus, frente al pelotn de fusilamiento, el coronel Aureliano Buenda haba de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llev a conocer el hielo". La primera vez que me vino la frase le faltaran uno o dos adjetivos, la redonde; cuando llegu a Acapulco la tena completita de tanto que la haba madurado entre curva y recta, me sent, la anot y tuve la certidumbre irrevocable de que ya tena la novela; fue como un gran descanso; se me quit un enorme peso de encima; el peso de siete aos sin escribir una palabra. bamos a estar en Acapulco una semana de vacaciones y no aguant; a los tres das me vine, me sent frente a la mquina, agarr esa frase y sin un plan previo empec a escribir durante ocho horas diarias, a veces ms y sin detenerme, para que no se me fuera la idea. A medida que aumentaban las cuartillas, aumentaban tambin mis deudas (se carcajea).

Gabo, lo que yo no puedo entender es que escribieras un libro en que suceden tantas cosas en un lapso tan largo como lo son cien aos sin hacer plan alguno. Cmo es posible que no te enredaras con todos los Aurelianos Buenda que se van sucediendo y todas las batallas y las guerras civiles?

Bueno, s tuve unos cuadernitos, as (hace una seal con la mano), unos cuadernitos de colegio que yo uso, como ste que t traes, de hojas que se arrancan. Cuando termin el libro, tena por lo menos cuarenta de estos cuadernitos, porque estaba pasando a mquina el captulo tres, pero en el cuadernito ya iba por el doce, por el quince, porque el libro me llevaba a gran velocidad, no lo poda dejar escapar, entonces en el cuadernito escolar escriba el diario del libro, porque en cualquier momento, cuando necesitaba saber en qu punto del relato iba, consultaba el cuaderno, entiendes?

Pero, apuntabas frases, ideas, como suelen hacerlo los escritores?

No, nada de eso; yo iba controlando la estructura del libro en ese cuadernito. Necesitaba saber si Fulano de Tal era nieto o bisnieto o tataranieto de Zutano porque yo mismo me haba enredado y entonces me remita al cuaderno en donde todo estaba muy claro. Incluso hice un rbol genealgico, pero lo romp.

As es que tus cuarenta cuadernos fueron invaluables?

S. Cuando el editor me mand decir que haba recibido el original de Cien aos de soledad, llam a Mercedes, nos sentamos y rompimos todos, todos, absolutamente todos los cuadernitos.

Por qu?

Por una cosa de pudor. Ahora me dicen crticos y amigos que no deb hacerlo porque esto hubiera tenido un gran inters para los estudiosos.

Justamente por pudor de que alguien viera estos cuadernos, que eran como la costura del libro, la cocina, los desperdicios, las cscaras, los cascarones de huevo, las peladuras de las papas, por eso los destruimos. Incluso a m me daba mucho pudor verlos, encontrarme con ellos; era como ver intimidades que no se deben conocer y por eso los destru por completo. L

*Ttulo de la Redaccin. Publicamos los fragmentos de esta entrevista con autorizacin de la autora.

1 Garca Mrquez se refiere a la secretaria del productor Manuel Barbachano Ponce, llamada Esperanza.

Tambin fue mecangrafa de Carlos Fuentes y la encargada de pasar a mquina y en limpio Cien aos de soledad. En la entrevista con Elena Poniatowska, Garca Mrquez reconoce que a l le fallaba siempre

Sentarse a escribir un libro es una cosa tan dura que si uno no tiene la certeza de que realmente est escribiendo El Quijote en cada teclazo queda, no se metera a este oficio.

Fuente: http://www.milenio.com/cultura/halo-rodeo-Cien-anos-soledad-Gabo-Premio_Nobel_de_Literatura-muere-cenizas_0_283172080.html


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