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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2014

Gabriel Garca Mrquez y Palestina

Saad Chedid
Rebelin


Entre tantos recuerdos, que se acumulan sobre la muerte de Gabriel Garca Mrquez, quiero rescatar dos artculos periodsticos, que l slo se animaba a escribir, por su solidaridad con los pueblos vctimas de las potencias imperiales.

Esos escritos son: el dedicado a su amigo Omar Torrijos, y que vincul cuidadosamente con lo que l denomin las muertes casuales de los presidentes de Bolivia, Jaime Paz Zamora, de Panam, Omar E. Torrijos Herrera, de Ecuador, Jaime Rolds Aguilera, y tambin la del comandante general del Ejrcito Peruano, Omar Hoyos.

 Reflexion Garca Mrquez sobre las muertes de esos cuatro hombres, todos ellos importantes en el contexto de ese momento histrico, la de los presidentes, Zamora (junio 1980), Rolds (mayo de 1981), la del comandante general de Per, Hoyos (junio de 1981), y la del presidente Torrijos (julio de 1981), vinculndolas con el destino trgico de Nuestramrica.

Muchas veces me he preguntado si Garca Mrquez saba que la verdadera causa de la muerte de todos ellos lo fue por haberse negado a firmar su adhesin al Plan Condor, y no lo incluy, por honestidad intelectual, y porque an no haba pruebas fehacientes de ello.

En estos ltimos aos se han escrito, con suficientes pruebas, artculos, ensayos y libros donde se detallan con prolijidad las causas de su muertes, vinculndolas todas a su decisin de no querer participar del Plan Condor.

Los cuatro mueren en accidentes de aviacin. Y an se trata de que permanezcan silenciadas las razones de sus muertes, y slo el presidente Rafael Correa ha reabierto la causa de la muerte de su antecesor Jaime Rolds Aguilera.

Quiero sealar que unos meses antes de la muerte de Rolds, volviendo de un viaje a EE.UU., yo haba visitado en Guayaquil, a una prima, sobrina de mi madre, Martha Bucaram, casada con Rolds, y por eso recuerdo el texto de Garca Mrquez que, por supuesto, le con mucha atencin, por provenir de un hombre cuyos escritos como periodista eran una fuente de informacin absolutamente fidedigna y creible.

Recuerdo que fue publicado el 12 de agosto de 1981, y extraigo el texto de un largo ensayo, en el que Garca Mrquez haca mencin a la muerte de Torrijos y la vinculaba con las otras, haciendo mencin a que su amigo Torrijos confiaba en su intuicin sobrenatural, cada vez que deba viajar:

Sin embargo, tal vez Torrijos no se daba cuenta de que aquella servidumbre a su intuicin sobrenatural, que tal vez le salv la vida muchas veces, termin a la larga por ser su flanco ms vulnerable, pues al final le daba tantas oportunidades a la fatalidad como a sus enemigos. Cualquiera de los dos pudo causarle la muerte.

P ero es imposible no relacionar esta catstrofe con otras similares ocurridas en poco ms de un ao. En junio de 1980, el avin en que volaba el vicepresidente electo de Bolivia, Jaime Paz Zamora, se precipit a tierra envuelto en llamas. Se pens entonces, aunque nunca pudiera comprobarse, que le haban echado azcar en el tanque de la gasolina. Despus fue la tragedia del presidente de Ecuador, Jaime Rolds; ms tarde, la del jefe del Estado Mayor de Per, general Luis Hoyos Rubio, y ahora la del general Omar Torrijos, el hombre providencial e irremplazable de Panam. Cuatro personalidades progresistas, cuya desaparicin slo poda favorecer a las tendencias ms tenebrosas de las Amricas. No es fcil creer que tantos desastres sucesivos sean casuales, porque no es tan selectivo el ndice de la muerte y hasta las mismas casualidades tienen sus leyes inexorables.

Al ao siguiente, luego de la invasin israel al Lbano, le e incorpor a la revista Estudios rabes, en el nmero de octubre-diciembre de 1982, su famoso artculo Begin y Sharon, Premio Nobel de la muerte, publicado en el diario Expreso de Guayaquil, el 3 de octubre de 1982, y que transcribo a continuacin, como un humilde homenaje a la memoria de un hombre ntegro, digno y solidario con las causas justas del mundo.

Porque Gabriel Garca Mrquez, no dej nunca que la fama y la gloria, bien merecidas, lo obnubilaran frente al poder, al que como sealara Edward W. Said, pocos se animaban a enfrentar dicindoles la verdad, y cuyo texto me exime de cualquier comentario.

Begin y Sharon

Premio Nobel de la muerte

Gabriel Garca Mrquez

Lo ms increble de todo es que Menahem Begin sea Premio Nobel de la Paz. Pero lo es sin remedio aunque ahora cueste trabajo creerlo desde que le fue concedido en 1978, al mismo tiempo que a Anwar Sadat, entonces presidente de Egipto, por haber suscripto un Acuerdo de Paz separado de Camp David. Aquella determinacin espectacular le cost a Sadat el repudio inmediato de la comunidad rabe y ms tarde le cost la vida. A Begin, en cambio, le ha permitido la ejecucin metdica de un proyecto estratgico que an no ha culminado, pero que hace pocos das propici la masacre brbara de ms de un millar de palestinos refugiados en un campamento de Beirut.

Si existiera Premio Nobel de la Muerte, este ao lo tendran asegurado sin rivales el mismo Menahem Begin, y su asesino profesional, el general Ariel Sharon.

En efecto, vistos ahora, los Acuerdos de Camp David no tendran para Begin otra finalidad que la de cubrirse las espaldas para exterminar primero a la Organizacin para la Liberacin de Palestina (OLP), y establecer luego nuevos asentamientos israeles en Samaria y Judea. Para quienes tenemos una edad que nos permite recordar las consignas de los nazis, estos dos propsitos de Begin suscitan reminiscencias espantosas, la teora del espacio vital con la que Hitler se propuso extender su imperio a medio mundo, y lo que l mismo llam la solucin final del problema judo, que condujo a los campos de exterminio de ms de seis millones de seres humanos inocentes.

La ampliacin del espacio vital del Estado de Israel y la solucin final del problema palestino tal como las concibe hoy el Premio Nobel de la Paz de 1978 se iniciaron en la noche del 5 de junio pasado, con la invasin del Lbano por las fuerzas militares israeles especializadas en la ciencia de la demolicin y el exterminio.

Menahem Begin trat de justificar esta expedicin sangrienta con dos argumentos falsos. El primero fue la tentativa de asesinato del embajador de Israel en Londres, Shlomo Argov, a fines de mayo. El segundo fue el supuesto bombardeo de Galilea por la OLP refugiada en el Lbano. Begin acus del atentado en Londres a la resistencia palestina y amenaz con represalias inmediatas. Pero Scotland Yard revel ms tarde que los verdaderos autores haban sido miembros de la organizacin disidente de Abu Nidal, que en los meses anteriores haba asesinado inclusive a varios dirigentes de la OLP.

En cuanto al segundo argumento, se comprob muy pronto que los palestinos slo dispararon dos o tres veces contra Galilea y causaron un muerto. Los disparos fueron hechos como represalia de los bombardeos de Israel contra los campamentos de refugiados palestinos que dieron muerte a varios centenares de civiles.

En realidad la guerra sin corazn desatada por Begin con base en aquellos dos pretextos, no era nada nuevo para los lectores del semanario israel Haclam Haze, que haba anunciado con todos sus pormenores desde setiembre de 1981, es decir, nueve meses antes. Contra el refrn segn el cual una guerra avisada no mata a nadie, las tropas israeles que se consideran entre las ms eficaces y las ms armadas del mundomataron en las primeas dos semanas a casi 30.000 civiles palestinos y libaneses y convirtieron en escombros a media ciudad. Sus prdidas en el mismo perodo, no haban pasado de 300.

Ahora la estrategia de Begin es muy clara. Al destruir a la OLP, ha tratado de eliminar al nico interlocutor palestino que parecera capaz de negociar una paz fundada sobre la base de la instalacin de un Estado palestino independiente en Cisjordania y Gaza, que el propio Begin ha proclamado como territorios ancestrales del pueblo judo. Ese acuerdo estaba al alcance de la mano desde el 4 de julio pasado, cuando Yasser Arafat, presidente de la OLP, acept el principio de un reconocimiento recproco de los pueblos de Israel y Palestina, en una entrevista publicada por Le Monde, de Pars, en aquella fecha. Pero Begin ignor esa declaracin, que entorpeca sus proyectos expansionistas ya en pleno desarrollo, y prosigui con el establecimiento del cinturn de seguridad en torno de Israel. Un cambio de gobierno en Siria podra ser el paso inmediato, con la extensin consiguiente de una guerra desigual y sin cuartel, cuyas consecuencias finales son imprevisibles.

Yo estaba en Pars en junio pasado, cuando las tropas de Israel invadieron el Lbano. Por casualidad, estaba tambin el ao anterior, cuando el general Jaruzelsky implant el poder militar en Polonia contra la voluntad evidente de la mayora del pueblo polaco. Y tambin por casualidad me encontraba all, cuando las tropas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas. Las reacciones de los medios de comunicacin antes esos tres acontecimientos, como la de los intelectuales y la de la opinin pblica en general, fueron para m una leccin inquietante. La crisis de Polonia produjo en Europa una especie de conmocin social. Yo tuve la ocasin de agregar mi firma a la de los muy escogidos y muy notables intelectuales y artistas que suscribieron la invitacin para un homenaje al herosmo del pueblo polaco, que se celebr en el Teatro de la Opera de Paris, patrocinado por el Ministerio de Cultura de Francia. Sin embargo, algunos anticomunistas profesionales me acusaron en pblico de que mi protesta no fuera tan histrica como la de ellos. En aquel clima pasional, toda actitud que no fuera maniquesta se consideraba ambigua.

En cambio, cuando las tropas de Israel invadieron y ensangrentaron el Lbano, el silencio fue casi unnime aun entre los ms exaltados jeremas de Polonia, a pesar de que ni el nmero de muertos ni el tamao de los estragos admitan ninguna posibilidad de comparacin entre la tragedia de los dos pases. Ms an: por esas mismas fechas los argentinos haban recuperado las Islas Malvinas y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no esper 48 horas para ordenar retiro de las tropas, ni la Comunidad Econmica Europea lo pens demasiado para imponer sanciones comerciales a la Argentina, en cambio, ni ese mismo organismo, ni ningn otro de su envergadura, orden el retiro de las tropas israeles del Lbano en aquella ocasin.

El gobierno del presidente Reagan, por supuesto, fue el cmplice ms servicial de la pandilla sionista. Por ltimo, la prudencia casi inconcebible de la Unin Sovitica y la fragmentacin fraternal del Mundo rabe, acabaron de completar las condiciones propicias para el mesianismo demente de Begin y la barbarie guerrera del general Sharon. Tengo muchos amigos cuyas voces fuertes podran escucharse en medio mundo, que hubieran querido y sin duda siguen queriendo expresar su indignacin por este festival de sangre, pero algunos de ellos confiesan en voz baja que no se atreven por temor de ser sealados como antisemitas. No s si sean conscientes de que estn cediendo al precio de su alma-- ante un chantaje inadmisible.

La verdad es que nadie ha estado tan solo como el pueblo judo y el pueblo palestino en medio de tanto horror. Desde el principio de la invasin al Lbano empezaron en Tel Aviv y otras ciudades las manifestaciones populares de protesta que no han terminado, y que el 4 de julio haban alcanzado una fuerza emocionante. Eran ms de 100.000 israeles solitarios proclamando en las calles que aquella guerra sucia no es la suya porque est muy lejos de ser la de su Dios, que durante tantos y tantos siglos se haba complacido con la convivencia de palestinos y judos bajo el mismo cielo. En un pas de 3 millones de habitantes, una manifestacin de 100 mil personas equivaldra en trminos proporcionales a una de casi 2 millones en Pars, y 8 millones en Washington.

En con esa protesta interna con la que me siento identificado cada vez que conozco las noticias de las bestialidades de los begines y los sharones en el Lbano, y en cualquier parte del mundo, y a ella quiero sumar mi voz de escritor solitario y por el gran cario, y la admiracin inmensa que siento por el pueblo que no conoc en los peridicos de hoy sino en la lectura asombrada de la Biblia.

No le temo al chantaje del antisemitismo. No le he temido nunca al chantaje del anticomunismo profesional, que andan juntos y a veces sueltos, y siempre haciendo estragos semejantes en este mundo desdichado.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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