Portada :: Cultura :: En la muerte de Garca Mrquez
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2014

Gabriel Garca Mrquez, la palabra contra el olvido

David Becerra Mayor
Mundo Obrero


El deber revolucionario de un escritor es escribir bien, responda Gabriel Garca Mrquez cuando se le preguntaba por la cada vez ms enredada cuestin de la literatura y el compromiso. En su afirmacin acaso retumbaba el eco de una burguesa ilustrada que en Europa renunci de pronto a la funcin revolucionaria de la literatura, tan en auge en los primeros aos de la posguerra mundial, para sostener, a partir de este momento, que el nico compromiso del escritor deba ser con el lenguaje. La poltica desapareci de la literatura. Pero en la afirmacin de Garca Mrquez lata un imaginario distinto. Su literatura y, por extensin, el realismo mgico en su conjunto demostr que no se puede evaluar ni valorar con idntico criterio la escritura que se produca a un lado y otro del ocano.

Lejos de reproducir la frmula reaccionaria del compromiso del escritor con el lenguaje (y nada ms que con el lenguaje), el realismo mgico de Garca Mrquez pretenda ofrecer, del modo ms objetivo posible, un reflejo de la realidad de Amrica Latina. El realismo mgico constitua una reformulacin de la literatura comprometida, pero adecuando su modelo a la realidad hispanoamericana. Lo mgico es parte consustancial de la realidad de su continente, como as lo defini Alejo Carpentier en el prlogo de El reino de este mundo, texto fundacional de lo real maravilloso: Qu es la historia de Amrica Latina sino una crnica de lo maravilloso en lo real? Hechos que se escapan de lo estrictamente racional se instalan en nuestro quehacer cotidiano y se asumen con normalidad.

El elemento mgico, que nutre buena parte de las novelas de Gabriel Garca Mrquez, no es un recurso esttico sin ms, ni una filigrana de quien busca reafirmar con un gesto de buena escritura su condicin de novelista; al contrario, deriva de la estricta necesidad de retratar la vida en Amrica Latina. Pero lo mgico no es sinnimo de bello, ms bien encierra la perversidad de una estructura de dominacin, como es un caso paradigmtico el temor, casi obsesivo, entre los miembros de la familia Buenda de Cien aos de soledad, de ver nacer a un nio con cola de cerdo, como castigo por mantener relaciones incestuosas. Pero el mito del incesto no existe sino como estructura de dominacin patriarcal. Como nos recuerda Simone de Beauvoir, el mito del incesto se funda para legitimar el rapto simblico, por parte del hombre, de las mujeres de la tribu vecina; por su parte Lvi-Strauss sostiene que el matrimonio consanguneo no supone ningn peligro biolgico, pero su condena persigue potenciar el beneficio social que se obtiene de la exogamia.

Los mitos no son inocentes y asimismo sirven para ocultar lo que ocurri realmente. En el plano de lo cotidiano, Garca Mrquez ha explicado en alguna ocasin que el personaje de Remedios la bella, de Cien aos de soledad, quien sube al cielo una tarde mientras ayudaba a tender unas sbanas en el jardn, estaba inspirado en un personaje real. Explica el novelista que haba una chica que corresponda exactamente a la descripcin que hago de Remedios la bella. Efectivamente se fug de su casa con un hombre y la familia no quiso afrontar la vergenza y dijo, con la misma cara de palo, que la haban visto doblando unas sbanas en el jardn y que despus haba subido al cielo.... Lo maravilloso tiene, pues, un componente subversivo, ya que puede servir para escapar de la realidad constituida, pero, en manos de la oligarqua, puede tambin contribuir a la manipulacin de la Historia y de la realidad. Pensemos, por ejemplo, en cmo se borr de la memoria de Macondo la matanza de obreros en huelga (precisamente porque no hubo nadie que escribiera lo que sucedi realmente) o, por muy maravilloso que parezca, el modo en que la empresa bananera, la United Fruit Company, provoc en Macondo una lluvia que dur cuatro aos, once meses y dos das para impedir que, una vez la empresa abandonara la zona, sus habitantes pudieran seguir cultivando el banano en su ausencia.

La realidad se explica a base de mitos, de elementos mgicos y maravillosos. Sealar el mito como constructor de realidades desde la literatura es una forma de compromiso. Pero no slo desde la palabra se comprometi Garca Mrquez con la realidad de Amrica Latina. Tambin con sus gestos, manteniendo siempre firme su apoyo a la Revolucin Cubana y su amistad con Fidel Castro. Hoy mucho dirn que fue un gran escritor aunque fue comunista, como si los trminos fueron excluyentes y con Gabriel Garca Mrquez estuviramos ante una suerte de excepcin que confirma la regla. Quien lamenta su compromiso poltico tal vez deseara padecer la enfermedad de la evasin de la memoria que sumi a Macondo en el ms terrible olvido, impidiendo a sus habitantes recordar el nombre de las cosas ms elementales. Hay quien preferira olvidar que el gran escritor que fue Garca Mrquez fue tambin comunista, como el propio novelista empezara a olvidarlo azotado por esa enfermedad de la evasin de la memoria que escap de sus pginas para afectarle en su propia biografa; pero, como los habitantes de Macondo, nos lo imaginamos dispuesto a luchar contra el olvido, etiquetando cada objeto con su nombre para no olvidar su funcin: Esta es la vaca, que hay que ordearla todas las maanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el caf y hacer caf con leche. Esta sencilla descripcin encierra un complejo planteamiento sobre la funcin de la escritura: la palabra escrita sirve para combatir el olvido, para restituir la memoria. En nuestra lucha contra el olvido tenemos que actuar como los macondianos: escribir en un papel lo que signific Garca Mrquez, poltica y literariamente, y pegarlo con cola sobre su memoria, para que no nos lo arrebaten, para que no inventen un nuevo mito capaz de manipular nuestra Historia: Este es Garca Mrquez, hay que leerlo todas las maanas para que los diarios y la televisin no nos manipulen la realidad. Fue escritor y comunista.

Gabriel Garca Mrquez, que siempre confundi la Historia y el mito, no por capricho esttico, sino porque la realidad de Amrica Latina as se mostraba, ha tenido una muerte coherente y, para terminar de confundirlo todo, ha decidido morir a las puertas de un Viernes Santo. Si tres das despus Jess volvi a la vida, no sera descabellado, siguiendo la lgica de su literatura, que el domingo de resurreccin Gabriel Garca Mrquez volviera a la vida. Como el gitano Melquades, tal vez Garca Mrquez termine regresando de la muerte al no poder soportar la soledad que supone estar muerto.

Fuente: http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=3829


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