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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-04-2014

Mariposas amarillas que vuelan liberadas

Roberto Quesada
Rebelin


Las tristeza de Aureliano, el cuatro;

la belleza de Remedios, violines;

las pasiones de Amaranta, guitarras;

el embrujo de Melquiades, oboes

--Oscar Chvez, cancin Mariposas amarillas.

Era una resonancia encerrada, todo el sonido del mundo acumulado tratando de escapar de aquella casa, en Tegucigalpa. Un cuadro al leo de Felipe Burchard colgado en la pared, que a alguien cual Macondo se le ocurri enmarcar con vidrio, cruji suavecito in crescendo y fue convirtindose como varios caminos desorientados, hasta que los pedazos de vidrio se descolgaban como racimos de bananas desgajados por los campesinos de las bananeras en los pueblos aledaos a Olanchito (Honduras), que con acierto nos cont Ramn Amaya Amador.

Aquel sonido continuaba envolvindolo todo, yo dorma en un cuarto contiguo junto a mi hermano. Y en esa frontera entre el dormir y el despertar, volv a escuchar ya ordenando en mi mente cierto sentido a las palabras: Lisandrooooo, Lisandrooooo, Gabriel Garca Mrquez obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Era Luis Enrique Trundle Fagot, alias Voz de Trueno, que llegaba a casa en una euforia inenarrable a estrellar la noticia en los odos de mi padre. Nosotros solo dijimos Es Trundle, y seguimos durmiendo.

Muchos aos despus, como dira Gabriel Garca Mrquez, vendra yo a comprender a Luis Enrique, aquella emocin era digna de ser compartida, pero en un pas como el nuestro pocos entendan esa dimensin, a l no le qued ms que madrugar en algaraba donde alguien que s lo entendera, mi padre. Lisandro Quesada, y l, emocionados, se quedaron a tomar caf en la sala y a conversar.

1982, entonces tena yo 19 aos y ya cargaba mis primeros escritos clandestinos (nadie que escriba puede contradecirme: esos primeros renglones da vergenza mostrarlos), estudiaba bachillerato en el Instituto Jess Milla Selva, de la Kennedy. Y ya tena referencias de Gabriel Garca Mrquez, gracias a mi otro padre, Jose Adn Castelar, quien me dio ese tipo de educacin literaria all en Monte Cristo, donde vivamos en medio de las plantaciones de pias de la Standard Fruit Company. Pero quera yo ir ms all de las referencias, a leer su obra.

Y fue as como entr en Cien aos de soledady qued maravillado, prendado como con imn por aquella obra y aquella forma de escribir. No obstante yo quera ser yo, con mi propio estilo, y para ello tena que enfrentar esa fuerte influencia garciamarquiana. Y fue as como en una especie de catarsis, de autotratamiento contra las obsesiones como haca Julio Cortzar, que decid enfrentar la situacin escribiendo como Garca Mrquez, pero no imitando sino parodiando (que tambin es arte) y surge El ltimo habitante de Macondo.

As se llamaba mi primer libro El ltimo habitante de Macondo, pero mi amigo y uno de mis primeros maestros, escritor Roberto Castillo, me meti miedo, me dijo que tuviera cuidado con ese tipo de ttulos, entonces lo cambi a El desertor. Y as sali publicado, con ese lindo ttulo, por cierto, pues no tan en el fondo de mi ser yo siempre so con desertar de tanta mediocridad reinante en el pas que me toc nacer.

Y las cosas de la vida! El libro cay en manos del poeta Humberto Senegal, del Quindo, zona cafetera colombiana. Me escribi a Tegucigalpa, diciendo que le enviara dos ejemplares dedicados: uno, para Germn Vargas Cantillo; y el otro para Gabriel Garca Mrquez. As lo hice y tanto el periodista Germn Vargas como Garca Mrquez, se enamoraron del cuento. Aos despus casi imitando a Luis Enrique Trundle Fagot, corr a donde el poeta Rigoberto Paredes, a mostrarle la carta que me enviaba Germn Vargas, el ejemplar de la revista Cromos de Bogot en donde me reseaba y el de El Heraldo de Barranquilla. En la carta Germn me deca: Saludes te manda Gabito y que siempre te tiene en mente. Por supuesto, Rigo invit a bautizar el acontecimiento con una botella de vodka.

Lo mejor estaba por venir, tiempo despus me lleg El Magazn Dominical de El Espectador de Bogot con una nota, en donde don Germn me deca: Gabriel y yo decidimos publicar tu cuento. Y de all en adelante se fortaleci esa amistad con Germn Vargas Cantillo, a quien Rigoberto Paredes conoci en persona, yo casi.

Casi porque Germn Vargas en 1985 me invito a Barranquilla, con todo pagado, pero para esas fechas yo ya haba aceptado una invitacin por dos meses a la entonces Union de Repblicas Socialistas Soviticas (ahora Rusia), eso fue en junio-julio. Al ao siguiente, para el otoo, don Germn me volvi a invitar, pero esta vez para la feria del libro en Bogot. Y entonces yo ya haba aceptado la invitacin del gobierno de los Estados Unidos, por ms de un mes, recorriendo con todo pago, ms de 20 ciudades estadunidenses. Don Germn fue muy comprensivo y me dijo que no perdiera esos viajes y as pas el tiempo, vine a vivir a Nueva york y me comunicaba telefnicamente con don Germn. El y el estudioso Dr. Raymond Williams me llevaran a Colombia, pero en eso lo sorprendi la muerte.

El dia de mi cumpleaos, 17 de abril, estaba en una peluquera, quitndome el pelo para que con ello se vayan las malas vibras y a los enemigos les pase lo que dice el salmo 3. 7, que, por cierto, tengo en mi novela Los barcos: Levntate, Jehov; slvame, Dios mo; Porque t heriste a todos mis enemigos en la mejilla; Los dientes de los perversos quebrantaste. Y as ha pasado. Cuando de pronto interrumpen la programacin en la tele para dar la noticia de la muerte de Gabriel Garca Mrquez. En el instante pens: no muere, se multiplica.

Y as es, las mariposas amarillas de Gabriel Garca Mrquez, vuelan ms liberadas que nunca. Y ya reunidos con don Germn Vargas Cantillo, sonren mirndome escribir el presente, sin tristeza ms bien sonriente, agradecindoles por haberme dado el honor de tener ese pequeo espacio en su mundo de gigantes.

De ahora en adelante cumpliremos aos juntos el 17 de abril, solo que Garca Mrquez ser ms joven que yo, y nuestro poeta hondureo Juan Ramn Molina (gemelo de Rubn Daro ), que cumple el mismo dia, ser el ms viejo de los tres. Y este es el mundo real, de la ficcin, en el que estemos vivos o muertos fsicamente, los escritores hemos desafiado lo que obsesionaba a Jorge Luis Borges, quien tambin lo hizo, el tiempo. Hay rumba en el cielo!

NOTA: este no es un comercial sino un servicio social para facilitarle las cosas al lector/a, si tiene inters en el libro El ltimo habitante de Macondo, bsquelo en www.amazon.com


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