Portada :: Cultura :: En la muerte de Garca Mrquez
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-04-2014

Recuerdos de Gabo

ngel Guerra Cabrera
Rebelin


Se nos ha ido Gabriel Garca Mrquez. Haber gozado de su entraable amistad y sus enseanzas durante casi cuarenta aos es un enorme privilegio y la noticia me ha dejado desolado.

Pese a la enorme admiracin que siempre sent por l, es hasta ahora que una irrefrenable sensacin de vrtigo proyecta antes mis ojos azorados la inslita magnitud de su grandeza. No s si se deba a haberlo tenido tan cerca.

Lo conoc en el verano de 1975 en La Bodeguita del Medio, modesto pero acogedor restaurante de la bohemia habanera desde los cincuenta. Aunque al final no ocupara su cubierto, la invitacin vena del legendario comandante Manuel Pieiro, Barba Roja, encargado por Fidel Castro de la atencin a los movimientos de liberacin nacional, partidos polticos de izquierda de Amrica Latina y el Caribe y algunas pocas personalidades de su inters. Acostumbrados a las reglas de discrecin a que obliga el acoso de Estados Unidos contra Cuba, Pieiro me dio luz verde para hablar sin reservas con el escritor y su hijo Rodrigo, que lo acompaaba.

Como no poda imaginar la clida amistad que nacera con l, con Mercedes, Rodrigo y Gonzalo, acud al encuentro con la emocin de compartir la mesa con el ms grande de mis hroes literarios vivos, aumentada por la angustia de que probablemente fuera una oportunidad irrepetible. As que aunque tena un gran inters en hablar de poltica con el colombiano, mientras manejaba hasta La Habana Vieja intent elaborar un cuestionario con algunas de las dudas y preguntas que me haban suscitado la trama y los personajes de Cien aos de soledad .

Gabo fue extremadamente amable al responder a mi cuestionario pero sus respuestas, lejos de aclarar mis dudas, las aumentaron. O me estaba mamando gallo como dicen los colombianos o en su desmesurada imaginacin Cien aos planteaba niveles de lectura que a mi y a los miembros que conoca de la numerosa cofrada garciamarquiana habanera ni nos haban pasado por la mente.

Pronto pasamos a la poltica latinoamericana, colombiana e internacional aunque tambin hablamos de Cuba. Rodrigo estaba feliz con cientos de fotos que haba tomado en un recorrido realizado de este a oeste de la isla, en el que se interesaron sobre todo por los efectos del bloqueo de Estados Unidos en la vida cotidiana. No solo los haba impresionado el sufrimiento impuesto por la medida punitiva sino la inventiva desplegada por los cubanos y, en particular, las cubanas, para cocinar, hacer los quehaceres y cuidar su aspecto personal en medio de la escasez generalizada.

Yo era a la sazn director del semanario Bohemia y Gabo me explic sus expectativas con la revista Alternativa , que editaba en Colombia(1974-1980) y ya yo conoca. Expectativas cumplidas con creces pues en su corta vida fue una de las publicaciones de izquierda ms renovadoras y contemporneas del continente, que hoy debiramos estudiar. Destrozaba en cada nmero las mentiras de la prensa oligrquica. Son memorables sus trabajos sobre el Chile de Allende, Cuba, Vietnam y las contiendas de liberacin africanas.

Y es que Gabo se entreg casi a tiempo completo a las luchas revolucionarias latinoamericanas en aquellos aos cruciales, sin cuya impronta hoy nuestra Amrica no habra recuperado el rumbo bolivariano. Puso su inmenso prestigio al servicio de la lucha de Torrijos por la devolucin del canal de Panam, hizo cuanto pudo en apoyo al Chile de Allende agredido por el imperialismo y luego en solidaridad con sus presos, desaparecidos y los de todas las dictaduras latinoamericanas. Ya en la ofensiva final contra Somoza pidi armas a Carlos Andrs Prez para el sandinismo hasta cerciorarse que llegaran a su destino.

Es imposible enumerar aqu siquiera una pequea parte de lo que hizo Gabo por la Revolucin Cubana. Vaya como ejemplo la lapidaria sentencia enviada a este diario en medio de la grave amenaza de agresin yanqui contra Cuba de 2003 cuando no pocos flaquearon debido a las drsticas medidas que La Habana se vio obligada a tomar: las muchas declaraciones sobre la situacin cubana - an de buena fe - pueden estar aportando y an magnificando los datos que los Estados Unidos necesitan para justificar una invasin a Cuba". Ms tarde, en su estudio, Gabo me pidi que aadiera su firma a la declaracin de solidaridad con Cuba leda el da anterior por Pablo Gonzlez Casanova en la Plaza de la Revolucin de La Habana. Cuba, me dijo, es nuestro escudo para impedir que Estados Unidos se trague a Amrica Latina.


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