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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2014

Espacios seguros? El reto de enfrentarse al patriarcado en contextos militantes

Nagua Alba Goveli y Luca Alba Martnez
Rebelin


"Era un sbado por la noche despus de una asamblea. Tranquilo. Estaba con unas amigas. En un momento dado se uni a nosotras un compaero suyo. Era simptico. Nos tomamos unas cuantas cervezas y fuimos a casa de una de ellas. Era tarde y tuvimos que quedarnos a dormir. Nos quedamos a solas. Slo haba una cama y por no parecer desconfiada acept dormir con l. Me intent besar. Le dije que no. Me toc. Le dije que no. Pareci que lo asuma, pero en cuanto apagamos la luz sigui insistiendo. Le repet que no quera. Pero hasta las cinco de la maana no pude dormir porque cada vez que cerraba los ojos tena sus manos encima. Me dijo que no me entenda y por fin se durmi."

"Era un compaero al que conoca desde haca tiempo. Compartamos espacios de militancia y de ocio. Haba tensin sexual pero nunca haba ocurrido nada. Una noche no tena donde dormir y me ofreci su casa. Acept. Cuando llegu la cama estaba abierta y haba una botella de vino en la mesilla. l me gustaba. Pero estaba cansada y la situacin me haca sentir incmoda. Nos metimos en la cama y le dije que quera dormir. Empez a tocarme. Le dije que no. Empez a increparme diciendo que si no quera por qu haba ido a su casa. Le dije que no necesitaba justificarme y me di la vuelta para dormir. Sigui tocndome e insistindome. Al final acced. Follamos. As me dejara dormir tranquila."

Estos dos relatos son slo dos ejemplos de algo que vivimos demasiado a menudo. Sabemos que casi todas las mujeres hemos sufrido situaciones parecidas, pero resulta estremecedor pensar hasta qu punto estos episodios se reproducen en espacios que consideramos seguros, es decir, entornos de izquierdas y feministas.

Si una noche vamos por la calle y un desconocido, navaja en mano, nos pone contra una pared y nos agrede sexualmente, casi todas somos conscientes de que lo que tenemos que hacer es ir a comisara y poner una denuncia. Sin embargo, cuando un amigo, un compaero, o incluso nuestra pareja, nos exige hacer algo que hemos dejado claro que no queremos hacer, nuestra reaccin suele ser muy distinta. Lo asumimos como algo normal, le quitamos importancia, procuramos olvidarlo. Y sobre todo, nos sentimos culpables. Doblemente culpables. Primero, porque algo habremos hecho: hemos sido simpaticas con l, puede que incluso hayamos tonteado, hemos ido a su casa, hemos bailado con el toda la noche, tal vez hasta le hayamos dado un beso. Por otro lado, cuando ha comenzado a insistirnos, no nos hemos ido, no le hemos partido la cara, no le hemos dicho todo lo que como feministas radicales le deberamos haber dicho. Cosa que adems hemos hecho mil veces con el imbcil que en el bar se arrima demasiado o con el machirulo que nos suelta un piropo que no es un halago sino una intimidacin.

Y sin embargo, al da siguiente, cuando nos sentimos sucias y violentadas, resulta muy complicado tomar la iniciativa. Tomar la iniciativa de denunciar a alguien en quien confiabas y en quien adems todo tu entorno confa. Sabes que te van a cuestionar, y t vas a acabar cuestionndote a ti misma. Ests segura? y por qu no te fuiste? no le daras a entender lo que no era? pero no me dijiste que te gustaba? Seguro que no fue para tanto, estbamos todos borrachos y ya sabes cmo son estas fiestas, todos nos liamos con todos y al final...

Ests segura? Lo estaba hasta que me lo han preguntado.

Por qu fuiste a su casa? Tantas asambleas, tantas caas debatiendo sobre feminismo me hicieron creer que su casa era un entorno seguro en el que se iba a tener en cuenta lo que a m me apeteca y lo que no.

Por qu no te fuiste? Es difcil de saber. Por miedo, por dudar de hasta qu punto yo me lo haba buscado...

Por qu no le partiste la cara? Por pensar que al no tener una navaja en la mano no se trataba de una violacin, porque no quera parecer una exagerada.

No me dijiste que te gustaba? S, me gustaba. Pero no as. No cuando empez a invadir mi espacio, cuando empez a ignorar mis negativas. Cuando se convirti en una obligacin.

Estamos seguras de que muchas nos sentiremos reconocidas en esto. La pregunta es, qu es lo que pasa exactamente para que mujeres con experiencia poltica, formacin terica, sensibilidad y armas suficientes reaccionen ante estas situaciones precisamente como el patriarcado espera de ellas.

"Durante la violacin, llevaba en el bolsillo de mi cazadora Teddy roja una navaja (...) que yo sacaba con bastante facilidad en esa poca globalmente confusa. (...) Esta noche, la navaja se qued escondida en mi bolsillo, (...) ni siquiera pens en utilizarla. Desde el momento en que comprend lo que nos estaba ocurriendo, me convenc de que ellos eran los ms fuertes. Una cuestin mental. Luego me he dado cuenta de que mi reaccin habra sido diferente si hubieran intentado robarnos las cazadoras. (...) En ese momento preciso me sent mujer, suciamente mujer, como nunca me habia sentido antes y como nunca he vuelto a sentirme despus. No poda hacer dao a un hombre para salvar mi pellejo. Creo que habra reaccionado de la misma manera si hubiera habido un nico chico contra mi misma."

Este fragmento forma parte de la narracin que hace Virginie Despentes de su violacin en "Teora King Kong". Y esto parece contestar a la pregunta que nos hacamos antes: reaccionamos como se esperara de una mujer, precisamente cuando nos agreden como mujeres. Ms an cuando esta agresin tiene lugar en un entorno ntimo y que considerbamos seguro, con las defensas bajadas y desprovistas del apoyo que nos da el grupo, nuestras compaeras. Nos vemos indefensas, no slo porque se nos est agrediendo como mujeres, sino adems porque al tratarse de un compaero nos vemos desprovistas de todas nuestras armas y aflora toda esa carga contra la que luchamos da a da y de la que es tan difcil librarse. Nos volvemos sumisas, inseguras y vulnerables, pero al mismo tiempo, compasivas, preocupadas y culpables.

Y esto nos lleva al da despus, cuando nos vemos en la tesitura de si contarlo, a quin y cmo. Denunciar a un compaero es muy duro. Por todo lo que ya hemos dicho antes, las dudas que suscita tu relato, las dudas que a ti misma te acaba suscitando. El riesgo de que se acabe olvidando y tengamos que convivir con la persona que nos ha agredido. Pero cuando alguna de nosotras decide darle la importancia que debe y da el paso, incluso cuando se la deja de cuestionar, salen a colacin nuevos argumentos disuasorios: las consecuencias que tendra para l, pobrecito, vale la pena destruirle la vida por algo as? Deberamos tener cuidado, no tomar medidas "demasiado drsticas". Lo cual se parece sospechosamente al "histrica" o "exagerada" de siempre: toca enfrentarse a una nueva agresin. Al final, en algn sentido, se acaba convirtiendo al agresor en vctima.

A menudo, estos argumentos hacen mella en nosotras. Como buenas compaeras, comprensivas y solcitas, decidimos darle la oportunidad a nuestro agresor de justificarse, apelamos a su conciencia feminista y esperamos que reflexione. Pero resulta que cuando se acusa de machista a un hombre que se dice feminista su reaccin suele ser doblemente patriarcal. Parece que el feminismo es una parte ms de lo que constituye su ego militante masculino: se siente herido, injustamente tratado o vctima de una malvada conspiracin feminazi. Y nosotras, ilusas!, que pensbamos que el feminismo consistia precisamente en deconstruir tus actitudes a travs de un proceso de reflexin constante, y no en una medallita que colgarse para ser el militante definitivo. Entonces nos sentimos decepcionadas, frustradas y doblemente inseguras.

Pero luego la inseguridad da paso al cabreo. Por qu no podemos ser simpticas sin que nos metan mano?, por qu no podemos quedarnos a dormir sin follar?, por qu no podemos denunciarlo sin que se minimice?, de qu sirve construir espacios feministas si el to que se sienta a nuestro lado en la asamblea es el mismo que por la noche nos va a insinuar que somos unas estrechas?, por qu tenemos que ver cmo en nuestros espacios de ocio supuestamente liberados se reproduce toda la mierda contra la que luchamos?, por qu tenemos que asumir que al ser mujeres ningn espacio es seguro?

Queremos salir, queremos bailar, queremos emborracharnos, queremos tontear, queremos tocar, queremos besar, queremos ser simpticas, queremos poder vestirnos como nos d la gana, queremos quedarnos a dormir sin que esto nos arrebate el derecho a decidir qu nos apetece y qu no nos apetece hacer. Queremos que cuando este derecho nos sea arrebatado, denunciar no sea motivo de ms angustia sino lo justo y lo coherente. Queremos, sobre todo, que nuestros compaeros se den cuenta de que lo realmente coherente es que no sea necesaria ninguna denuncia porque no haya agresin alguna. No queremos ser lo que el patriarcado pretende que seamos: queremos ser libres y ser nosotras mismas, signifique lo que esto signifique.

Pero sobre todo, exigimos que un NO sea siempre un NO, sin interpretaciones ni ambigedades, sin imposiciones ni exigencias. Slo as podremos seguir construyendo espacios que se parezcan al mundo en el que queremos vivir.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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