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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-04-2014

Entrevista a Valerie Bemeriki, una de las presentadoras de la radio que incit al odio en el genocidio de Ruanda, condenada a cadena perpetua
"Decamos que eran los enemigos, que no debamos vivir con ellos"

Jon Cuesta
El diario.es


Era un da normal de mayo de 1994 en Kigali. Los cadveres se amontonaban con una terrorfica naturalidad, y la muerte se haba normalizado de tal manera que formaba ya parte del paisaje cotidiano en la capital de Ruanda. Valerie Bemeriki, una de las presentadoras estrella de la Radio Television Libre Des Mille Collines, tena por aquel entonces 38 aos, y fue personalmente a felicitar a un grupo de jvenes que haban masacrado a toda una familia tutsi. "Vuestro trabajo es un ejemplo para la juventud", les dijo. "Era necesario matar a esta gente y lo hicisteis". Solamente tena una queja. El padre de la familia haba sido asesinado de un tiro en la cabeza. "Deberais haberle cortado en pedazos".

Hoy, 20 aos despus, una seora bajita de mal aspecto camina con dificultad por el patio de la prisin central de Kigali, apoyada en un bastn. Calza unas zapatillas deportivas y viste un uniforme naranja, el mismo color que llevar todos los das de su vida hasta que la muerte le libere de la cadena perpetua. Valerie Bemeriki pasa las horas encerrada en este lugar desde 1999, ao en que fue detenida en el sur de Kivu, en la Repblica Democrtica del Congo, y trasladada a Ruanda bajo acusaciones de planificacin de genocidio, incitacin a la violencia y complicidad en varios asesinatos. Bemeriki se esconda en el pas vecino desde julio de 1994, cuando se vio obligada a huir de Ruanda despus de que Paul Kagame y las tropas del Frente Patritico Ruands ocuparan el pas y pusieran fin al genocidio. Hasta el momento de su detencin, Bemeriki estaba incluida en la lista 100 personas ms buscadas que el Gobierno elabor tras el genocidio ruands.

A pesar de su gesto agrio y de una infeccin labial que le dibuja si cabe un aspecto ms desagradable, es complicado imaginrsela alentando a sus oyentes a coger los machetes. No queda rastro de esa lder meditica que interrumpa los espacios radiofnicos de msica moderna de la emisora RTLM para animar a los radioyentes a salir a matar a sus vecinos. No hay seal de esa presentadora que lea en antena listados con nombres y apellidos de 'inyenzi' 'cucarachas', en ruands para condenar a cientos de seres humanos a una muerte segura. Que desvelaba direcciones de las vctimas y los lugares donde se escondan.

"Realmente estabas de acuerdo con los mensajes que dabas a tu audiencia?", preguntamos. Valerie Bemeriki responde rpido, como si fuera una respuesta aprendida que ha tenido que responder en mil ocasiones. "Desde que tena 4 aos, en el colegio, nos enseaban a odiar a los tutsis. Nos decan que no nos queran, que eran nuestros enemigos y que cuando recuperaran el control del pas nos exterminaran", recuerda. "Aos despus, como presentadora de radio, crea firmemente que estaba haciendo mi trabajo, que tena que defenderme a m misma, a mis familiares, a todos los hutus y a mi pas".

Bemeriki, presentadora estrella de la radio que incit al odio durante el genocidio de Ruanda, nos atendi en una sala de costura de la prisin central de Kigali./ Jon Cuesta

Bemeriki, presentadora estrella de la radio que incit al odio durante el genocidio de Ruanda, nos atendi en una sala de costura de la prisin central de Kigali./ Jon Cuesta

Insistimos en su responsabilidad, en si la educacin y el entorno de aquella poca justifican actos criminales tan brbaros. "Se planteaba como una cuestin de asesinar o ser asesinado", dice. "Instalar el odio en nosotros llev muchsimos aos a travs de las instituciones, la escuela, las canciones. Cuando naces y creces en ese entorno, es difcil distinguir entre el bien y el mal".

15 aos de crcel la han hecho envejecer 30, quiz por las deplorables condiciones de una prisin apodada '1930' en referencia al ao en la que se construy. Sus instalaciones apenas se han renovado desde entonces. Seguramente por ello, la directora de la prisin nos niega una y otra vez la posibilidad de adentrarnos al interior de sus muros y presenciar la miseria y hacinamiento que ya han denunciado distintos organismos humanitarios en varias ocasiones.

"La radio se cre con la idea del genocidio"

Con el nacimiento en 1993 de la RTLM, una emisora financiada por familiares del presidente Juvnal Habyarimana y controlada por la faccin hutu ms extremista del partido en el poder, se inaugur la ms eficaz de las armas de propaganda del rgimen en su propsito de inyectar el odio tnico en la poblacin. Por aquel entonces existan ya varios medios impresos como Kangura que incitaban al odio hacia los tutsis, pero el alto grado de analfabetismo y la facilidad de acceso a los transistores coloc a la RTLM como referencia meditica y fuente de inspiracin violenta para la poblacin.

"La radio fue creada con el objetivo de implementar la idea del genocidio", comenta Bemeriki. "Todas nuestras intervenciones en antena eran discursos de odio en los que decamos que los tutsis no era ruandeses, que eran nuestros enemigos y que no deberamos vivir junto a ellos".

A principios de los 90, uno de cada trece ruandeses tena un receptor de radio. La Radio Television Libre Des Mille Collines ofreca un modelo radiofnico occidental, msica actual y dilogos informales. Su estilo pronto enganch a los jvenes que posteriormente formaran las 'interahamwe' -'aquellos que luchan juntos'-, milicias radicales hutus que protagonizaron algunos de los captulos ms sangrientos del genocidio.

Casi un milln de personas, la mayora de la etnia tutsi o hutus moderados, fueron masacrados en Ruanda entre abril y julio de 1994. Lugares como la iglesia de Nyamata conservan restos de las masacres que se cometieron por todo el pas./Jon Cuesta

Casi un milln de personas, la mayora de la etnia tutsi o hutus moderados, fueron masacrados en Ruanda entre abril y julio de 1994. Lugares como la iglesia de Nyamata conservan restos de las masacres que se cometieron por todo el pas./Jon Cuesta

"Su aspecto es horrible con ese pelo espeso y barbas llenas de pulgas. Se parecen a los animales. En realidad, son animales. Las cucarachas tutsis son asesinos sedientos de sangre. Diseccionan a sus vctimas, extrayendo sus rganos vitales. Son bestias feroces. Pido que os levantis y que luchis usando todo lo que encontris. Coged palos, garrotes y machetes, y evitad la destruccin de nuestro pas".

Con afirmaciones como stas, la semilla del odio se haba mutado para el 6 de abril de 1994 en una peligrosa bacteria inoculada en la mayora de la poblacin, de mayora hutu. Esa noche, Valerie Bemeriki haca guardia en la emisora. El pas viva una tensa calma, pero nada haca presagiar la magnitud de la que se avecinaba. A las 8.20 de la noche, cuando el presidente hutu Juvnal Habyarimana volva junto con el presidente de Burundi, Cyprien Ntaryamira, de firmar los acuerdos de paz de Arusha, el avin presidencial fue derribado por dos misiles en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Kigali. "Cuando me lleg aquella noche la informacin de lo que haba pasado, pens que nosotros [el resto de los hutus] seramos los siguientes en morir y que tenamos que defendernos del enemigo que haba matado a nuestro presidente".

La maquinaria meditica ya haba hecho un buen trabajo previo meses atrs. Ahora slo quedaba pasar a la accin y guiar toda la furia asesina. "Utilizbamos nuestra influencia y la capacidad de llegar a la audiencia para orientar a las masas hacia los lugares donde se escondan los tutsis", reconoce la ex presentadora. "Hacamos llamamientos continuos a las milicias callejeras y a los soldaros del Gobierno para que mataran a todos los tutsis".

A pesar de diversas investigaciones, todava hoy no se sabe si fueron hutus radicales o rebeldes tutsis los responsables de aquello, pero fue la seal para llevar a cabo la mayor atrocidad de la historia reciente: el exterminio de alrededor de un milln de personas a machetazos y en tan solo 100 das.

Reconciliacin obligada

20 aos despus de que el pas quedase totalmente destrozado, Ruanda es un espejismo para el visitante, un ejemplo de reconstruccin en tiempo rcord y un caso sin precedentes en el continente negro. Los coches respetan las normas de circulacin, los autobuses salen puntuales, las carreteras se conservan en buenas condiciones y miles de empleados se afanan por mantener limpias todas las calles. Los parques de la capital, Kigali, no tienen nada que envidiar a los parques de cualquier capital europea, la poblacin es respetuosa y apenas hay robos o crmenes. Todo ello, junto con el espectacular desarrollo econmico del pas, hace que Ruanda sea segn el informe 'Doing Business 2014' el segundo mejor pas para hacer negocios en frica y est incluso por encima de Espaa.

A ojos de la comunidad internacional, todas estas brillantes luces impiden ver la oscuridad poltica de Paul Kagame y la imposicin de una versin oficial, la de los vencedores. En Ruanda, la distincin tnica sigue siendo una gigantesca realidad. Hay casos de matrimonios mixtos y todos los nios juegan juntos en el patio del colegio, pero ha pasado muy poco tiempo y aunque existen casos admirables de convivencia, unos y otros an se guardan las distancias.

Existen leyes que prohiben hablar de las masacres que se cometieron hacia los hutus tras el genocidio, y cualquiera que contradiga al presidente corre el riesgo de ser asesinado, como le pas al ex jefe de inteligencia exterior, Patrick Karegeya, cuyo cadver apareci a principios de ao estrangulado en Sudfrica, donde viva exiliado. Gran parte de la oposicin poltica est refugiada en Blgica, Finlandia o Sudfrica, y la minora tutsi controla los puestos de mayor responsabilidad en el Gobierno, el Ejrcito y la empresa privada.

El miedo a la dictadura de Kagame mantiene una falsa apariencia de reconciliacin, y mensajes oficiales del Gobierno como 'no somos tutsis y hutus, somos slo ruandeses", "perdonamos y creemos en la reconciliacin" o "gracias al liderazgo de nuestro presidente hemos llegado hasta aqu" son repetidos hasta la saciedad delante de un micrfono por supervivientes, asesinos, miembros de organizaciones civiles y polticos.

En este punto, Valerie Bemeriki no es una excepcin. Cuando la detuvieron, se consider a s misma una prisionera de guerra y segua manteniendo sus ideas de odio tnico. "Pens que me iban a torturar hasta morir, que me iban a cortar los dedos, las orejas y que me arrancaran los ojos", dice. Tiempo despus, fue juzgada, pidi perdn por sus actos y se libr de la pena de muerte a cambio de la cadena perpetua. "Acept mi responsabilidad, tom la decisin de cambiar, y ahora considero a los tutsis como a mis hermanos. Tenemos que luchar por la unidad y la reconciliacin, y construir nuestro pas slo como ruandeses".

Fuente: http://www.eldiario.es/desalambre/voz-masacre-gesto-traves-radio_0_253375084.html



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