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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-04-2014

Juan Pablo II, santificacin y milagros olvidados

Rubn Ramos
Rebelin


Para alguien que bati los rcords histricos de audiencias generales (1160), de snodos (30 entre ordinarios, extraordinarios, especiales y de de obispos), de ceremonias de beatificacin (147 para proclamar 1338 beatos), de canonizacin (51 para hacer 482 santos), de consistorios (9 para imponer 231 cardenales), de asambleas plenarias del colegio cardenalicio (6), de visitas oficiales (38), de audiencias con jefes de Estado (737) y con primeros ministros (245), resulta poco menos que vergonzoso que lo santifiquen por dos realty show de sanacin, (uno post mortem), montados por los mercaderes del Vaticano.

Ciertamente, no es algo que me importe. Como seguramente tampoco a millones de los que no confunden fe con estupidez.

A quienes insisten en seguir confundiendo una cosa con la otra, Nietzche los llama corrompidos: Aqullos que cuando eligen, prefieren lo que les es perjudicial (El Anticristo). Y nada ms perjudicial para la fe que la Iglesia y Juan Pablo II.

Y esto, s me importa. No slo por la fe (como necesidad de la naturaleza humana), sino por los hechos que comprometen su falsificacin.

Pedofilia y santificacin

El 28 de noviembre del 2010, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara-Mxico, la periodista mexicana Carmen Aristegui hizo pblico su libro, Marcial Maciel: Historia de un criminal, editado por Grijalbo.

El libro da cuenta de la vida de eucarista que vivi el sacerdote Marcial Maciel. Slo que para ste, la transubstanciacin del vino y del pan en la sangre y cuerpo de Cristo tuvo un contenido y un sentido ms utilitario y prctico, al mismo tiempo que ruin y perverso: cientos de nios, incluyendo sus propios hijos, sistemticamente violados y vejados, mancillados en sus dignidades, destruidos en sus identidades.

Maciel fue un tpico confesor de esos que entran a las casas a manipular las conciencias de las mujeres y algo ms. A los 56 aos, con un largo recorrido por la morfina y otras drogas, pedfilo empedernido, cnico y estafador, enga a una madre soltera mexicana de 19 y la hizo su mujer aprovechndose de su condicin humilde. La enga casi 30 aos inventndose nombres falsos. Con uno de esos inscribi al hijo de la mujer y a los otros dos que tuvo con sta. Al adoptado y al mayor de sus hijos, los viol sistemticamente y someti a las ms aberrantes prcticas sexuales desde los seis aos. Paralelamente, en Espaa, enga a otra mujer con la que tuvo una hija. Usted puede acceder a sus testimonios en: lauracampos.wordpress.com/?s=carmen+Aristegui

En el contexto de lo que han sido las sucesivas denuncias sobre pedofilia a lo largo de lo que va del presente siglo, tanto en Europa como en EEUU, la aparicin del libro podra no ser sino un ladrillo ms en el enorme muro de las aberraciones sexuales de curas y monjas.

Aqu, aparte de subrayar que se trata de un libro que condensa una prolija investigacin de su autora durante ms de diez aos de seguimiento de los hechos y de los actores clave implicados, interesa relievar su entronque con la moral en la que se ceban sacerdotes y monjas de todas jerarquas. Moral que encuentra sus orgenes en el judasmo y que necesit de la transposicin cristiana para asegurar su institucionalizacin corporativa como Iglesia y para poder expandirse en el mundo como moral judeo-cristiana en su versin catlica y romana.

En este sentido, poner al descubierto los vicios y perversidades que vertebran a la curia del catolicismo papal, no es ninguna novedad. Lo que llama la atencin es que tras ms de dos mil aos de saberse cun inmoral es la jerarqua que gobierna el Vaticano y toda su Iglesia, desde los ms altos niveles de gobierno hasta el cura de pueblo, an haya sobre la tierra millones de seres corrompidos que avalen la santificacin de la pedofilia y sus aberraciones, pisoteando la fe.

Y es que no slo se trata de Marcial Maciel a quien protegi Juan Pablo II segn el propio Joseph Ratzinger que lo sucedi en el Papado como Benedicto XVI. Tampoco es el nico protector que, a sabiendas, se identificara con la pedofilia y rechazara rabiosamente la homosexualidad.

Lo que ocurre es que el escndalo de Maciel en Mxico y Espaa, el de Fernando Karadima en Chile, el de los violados de toda Europa y Norteamrica que tuvieron el coraje de pronunciarse, as como el descubrimiento de los crculos de pedofilia, tortura, esterilizacin; trata de nios; comercio de rganos, en Canad y otros lugares, sucedieron durante el tiempo en que Juan Pablo II ejerca el Pontificado de la Santa Madre Iglesia, todo amor y pureza. Durante ese tiempo, se la pas lanzando invectivas contra los gays, el control de la natalidad, el aborto, la planificacin familiar.

La ONU, por su parte y tambin a sabiendas, esper a que se muriera y que su sucesor renunciara para sacar un pronunciamiento sugirindole al Vaticano la conveniencia de que para el 2017 empiece a emitir los informes correspondientes a todas las atrocidades cometidas por la Iglesia durante su historia negra. Nadie duda que no lo har. Mucho menos cuando 27 aos de esa historia le corresponde al ahora San Pablo Il. Lo que es de esperar, es que para entonces Joseph Ratzinger o Benedicto XVI, que supo no slo secundar al santo, sino compartir con l todas las monstruosidades, haya sido tambin santificado o por lo menos entrado en carrera. Total uno y otro actuaron en nombre del magisterio de la Iglesia Catlica, la dignidad de la persona humana y el ejercicio de la libertad religiosa.

De peregrino de la muerte a santo

No fueron slo los crmenes de pedofilia y dems perversidades con los nios de todo el mundo en manos de curas y monjas los que hacen a Juan Pablo II merecedor de la santificacin que otorga esa institucin llamada iglesia y que est cada da ms corroda en sus cimientos por el peso de sus crmenes y atrocidades. Hay que sumarle las guerras y los genocidios que alent con su voz y su accin, cual peregrino de la muerte. Ocurri en el contexto de la globalizacin impuesta por las lites del poder mundial y administradas a su turno por las duplas anglo-norteamericanas Reagan-Tatcher, Bush (padre)-Major, Clinton-Blair, Bush (hijo)-Blair.

Juan Pablo II, posedo de un anticomunismo visceral, apuntal muy bien a la cada del orden sovitico, y a la sucesiva construccin del nuevo orden mundial bajo la hegemona judo-norteamericana. Antes lo haba hecho Po XII, despus de la II GM. Pero Juan Pablo II fue adems un infatigable reconstructor de la estructura corporativa de la iglesia, un tanto remecida en sus cimientos por el Concilio Vaticano II que promovi Juan XXIII.

An cuando declarara que se trataba de un concepto anacrnico, nadie concret de manera tan certera como Juan Pablo II el concepto de Guerra Justa (regular el derecho a la guerra, en la guerra y despus de la guerra). Y aunque Bush (hijo) se lamentara no haber podido discutir con Juan Pablo II los alcances de esa nocin que argumenta sobre la licitud de hacer la guerra para los cristianos y es adems parte del derecho internacional que franquea el terrorismo de Estado, lo cierto es que cada uno de estos dos genocidas hizo lo que le corresponda para llevar a cabo las limpiezas tnicas y religiosas en Europa, frica, Amrica latina, Asia. En la realizacin de los genocidios que le son consustanciales, coincidieron plenamente los propsitos geopoltico-militares, econmicos, e ideolgico-religiosos.

Juan Pablo II tuvo sumo cuidado en elegir y jerarquizar los lugares que visit, a quienes deba dirigirse para sensibilizar o comprometer, con quines se tena que entrevistar para convencer o imponer, qu cosa lea para enardecer a los corrompidos, a quienes reparta besos.

1. As ocurri en el genocidio en Ruanda, donde desde 1900 la iglesia catlica alent el enfrentamiento entre tutsis (10 % de la poblacin ) y hutus (90%). Los primeros considerados como no cristianos, anti-blancos, mentirosos, inteligentes y arteros; y los segundos como trabajadores, dciles, amigos del blanco. En 1994, tras la visita de Juan Pablo II, miles de tutsis entre hombres, mujeres y nios de diferentes edades fueron masacrados, descuartizados, violados, degollados en una centena de iglesias catlicas administradas por monjas y curas incluyendo obispos y otras jerarquas. No hay que olvidar que desde sus inicios la iglesia catlica tuvo el monopolio absoluto de la enseanza, logrando multiplicar la formacin de abates y seminaristas hutus, y consagrar a Ruanda como el reino de Cristo. La conversin obligada al catolicismo de hutus y tutsis se volvi persecutoria, pero los tutsis siempre se resistieron. Hacia 1960, la vicara ruandesa redact un manifiesto segn el cual los tutsis fueron declarados intrusos llegados del Nilo, a donde deban regresar. Se inici as la cacera de tutsis (agricultores) por los hutus (pastores).

En 1997, una comisin parlamentaria belga sobre la base de testimonios recabados acus directamente a la Iglesia catlica y a sus sacerdotes, obispos, arzobispos, abates, curas, misioneros, miembros del Opus Dei de complicidad, pasiva y activa, en el genocidio de 1994.Todo bajo el atento y cmplice seguimiento del Papa Juan Pablo II.

Otra investigacin independiente demostr que ms de mil machetes utilizados en las masacres de tutsis fueron comprados y distribuidos por Caritas-Ruanda en 1993.

2. En Zagreb, la capital de Croacia catlica, ocurri otro genocidio. Esta vez Juan Pablo II acudi a los croatas catlicos conducidos por curas de distintas jerarquas y a monjas. Se trat de continuar el genocidio que tras la II GM instrumentaliz la iglesia de Pio XII de la mano con la CIA. En esta oportunidad, papel relevante le toc al sacerdote Aloysius Stepinac, que lleg a ser obispo, despus cardenal y muri de una rara enfermedad contrada por la ingesta de carne humana. Stepinac fue elevado a la categora de beato por Juan Pablo II en octubre de 1998.

Por su parte Benedicto XVI, en un alarde de cinismo corrupto, dira en 2011 durante su visita de control de daos a Croacia, que Stepinac supo resistir a todo totalitarismo, hacindose defensor de los judos, los ortodoxos y todos los perseguidos en el tiempo de la dictadura nazi y fascista, y despus, en el perodo del comunismo, abogando por sus fieles y especialmente por sacerdotes perseguidos y asesinados. Lo que olvid, es que Stepinac dirigi las hordas de clrigos catlicos para las matanzas y descuartizamientos de ortodoxos, judos, gitanos, marxistas, bajo el terror de los cruzados ustashi.

Para mayor informacin se puede consultar: http://historiayverdad.org/El-Caso-Stepinac-Yugoslavia.pdf

3. En marzo de 1983 Juan Pablo II lleg a Nicaragua invitado por el Gobierno del Frente Sandinista. Un da antes de su llegada los mercenarios armados y pagados por EEUU, haban masacrado a 17 jvenes nicaragenses de diferentes edades.

Durante la misa que ofreci el Papa en la Plaza de la Revolucin presidida por las imgenes del General Sandino y del Comandante y fundador del FSLN, Carlos Fonseca, las madres de esas 17 vctimas del odio y del terror norteamericano para destruir la revolucin, hicieron llegar sus voces pidiendo una oracin por la paz a quien crean estar autorizado para hacerlo. Juan Pablo II simplemente las ignor. Tena claro que su propsito era el mismo que el que lo haba llevado a Polonia en 1979 para apoyar la lucha no violenta contra el rgimen comunista en toda Europa Oriental. El mismo propsito que lo llev a Mxico para articular la ofensiva de recuperacin confesional del nico pas que tena una constitucin anticlerical.

En Nicaragua, se trataba de desestabilizar la revolucin sandinista empezando por atacar a los sacerdotes de diferentes rdenes religiosas que integraban su gobierno. Slo lo pudo hacer con Ernesto Cardenal, pero su aparato de publicidad se encarg de hacer que el reproche y la actitud inquisistorial se divulgara por el mundo entero aprovechando que se trataba de un sacerdote y poeta conocido internacionalmente. Lo segundo era enfrentar al pueblo con los dirigentes de la revolucin y aqu sus asesores y l propio Juan Pablo II se equivocaron diametralmente. Atacar el poder popular, negar la iglesia popular, proclamar una sola fe, un solo Dios, un solo pueblo, un solo bautismo, cuando en nombre de ese Dios y de esa fe se asesinaba jvenes, se secuestraban mujeres y nias, se destruan comunidades, se atacaba una revolucin que haba surgido contra una feroz dictadura que tambin deca lo mismo, rebas la tolerancia de las 700,000 almas que colmaban la plaza de la revolucin. Estas empezaron a hacer sentir su voz de protesta al grito de Queremos la paz! Cual maestrito feudal, el Papa orden silencio y el pueblo lo dej solo. No termin la misa y Monseor Obando, que saba de antemano el propsito de su amo y vena preparando el terreno desde el mismo da del triunfo sandinista, se lo llev presuroso al aeropuerto. Trece aos despus, en 1996, Juan Pablo II volvi a Nicaragua para vengarse de las injurias tal como manda la guerra justa.

No dir ms por ahora y por cuestiones de espacio. Lo que queda claro es que la Iglesia, una vez ms, est cumpliendo con el rito de la falsedad que acredita su nefasta historia. Desde su eleccin como Papa, Karol Wojtyła fue una falsificacin para la fe. Esta tergiversacin, aunque funcional para el orden imperial de muerte y destruccin que comparten por igual OTAN, ONU, Vaticano, CIA, Pentgono, no nos har olvidar los millones de engaados y asesinados de todas las razas y edades en todo el mundo. Ellos sern siempre una realidad que ninguna santificacin podr desclavar.

Blog del autor: www.alizorojo.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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