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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-05-2014

Una democracia digna de su nombre (I)

Antoni Jess Aguil
Pblico


La democracia real se ha convertido en la gran aspiracin colectiva del momento. Resulta casi imposible, en esta poca de indignaciones, encontrar un movimiento emancipador que no enarbole su bandera, que no la reivindique y la defienda como suya.

El ao 2011 marc un hito en la historia de los movimientos sociales contemporneos, dando lugar en todo el mundo a levantamientos populares contra la perversin de la democracia por parte de las oligarquas polticas y econmicas que la utilizan en su propio beneficio. Desde las Primaveras rabes hasta las Marchas de la Dignidad, la eclosin de los movimientos que tomaron las calles y plazas ha supuesto el surgimiento de una conciencia que denuncia la crisis de legitimacin global de las instituciones representativas y cuestiona la manera tradicional de hacer poltica de los partidos, sindicatos y gobiernos de turno. Estos movimientos apuestan por formas insurgentes de poltica que reconstruyen la democracia desde abajo a partir del asamblearismo popular, la horizontalidad, la accin directa, la autogestin sin lderes y la toma de decisiones por consenso.

Pero qu condiciones debe cumplir la democracia real para ser digna de su nombre? Cmo convertir en poder constituyente la indignacin dispersa en calles, plazas y redes sociales para llevarla ms all? Cmo construir, en definitiva, democracias donde quepan la dignidad y los derechos humanos?

Para abordar estas preguntas, presento una serie de reflexiones en forma de tesis que pueden contribuir a impulsar teoras y prcticas democrticas capaces de recuperar el poder usurpado y la dignidad enajenada por los voceros de la falsa democracia.


1) La democracia real es el conjunto de procesos y luchas sociales que construyen poder popular y crean formas contrahegemnicas de poltica a su servicio, transformando, si es necesario, las relaciones y estructuras que impiden el ejercicio de la soberana popular.

No son luchas por conquistar el poder o beneficiarse de l, sino por invertirlo y socializarlo. La democracia real se refiere a formas de organizarse, de vivir y convivir capaces de expropiar el poder de decisin a minoras privilegiadas para promover el autogobierno popular. En palabras de Boaventura de Sousa, son luchas heterogneas que transforman relaciones desiguales de poder en relaciones de autoridad compartida en todos los mbitos: luchas contra formas arcaicas de discriminacin como el racismo, el clasismo y la homofobia, luchas contra la opresin patriarcal, contra la subordinacin de la clase trabajadora al capital, etc.

Estas luchas generan discursos y prcticas democrticas alternativas que, adems de cuestionar la democracia liberal, amplan los espacios y la calidad de la participacin; afirman la primaca de lo pblico y comunitario (la defensa de lo pblico hace vivir la democracia, nos ensea el profesor Emilio Lled); acentan el papel de la deliberacin; destacan la importancia de los movimientos sociales en los procesos cambio social; defienden la politizacin de la economa, orintandola hacia la satisfaccin de las necesidades comunes y ampliando la capacidad de intervencin del Estado; promueven la rendicin de cuentas, el control y la transparencia pblica; reclaman democracia interna en los partidos y organizaciones; y combaten los despotismos sociales e institucionales que persisten.


2) La democracia real se extiende ms all de lo formal.

Esto implica romper con la visin liberal y formalista de la democracia predominante en las instancias polticas y acadmicas. Este modelo reduce la democracia a un mero procedimiento de participacin en la eleccin de representantes, lo que no conlleva, necesariamente, participar en la toma de decisiones, y mucho menos la redistribucin de la riqueza y el poder. Adems, el modelo formal defiende los derechos de manera retrica, jerarquizndolos y limitndolos en funcin de los intereses de las lites dominantes. Slo as se explican los recortes de derechos que padecemos en nombre del mercado y de la democracia liberal.

Pero no basta con dotar de contenido social a la democracia liberal. No se trata de resolver los problemas sociales (alimentacin, vivienda, educacin, etc.) con concesiones paternalistas. La democracia real supone la transformacin profunda de las lgicas polticas imperantes mediante espacios de participacin y protagonismo popular. En el horizonte de la democracia liberal no est la creacin de estos espacios. Por el contrario, sta se basa en estrategias despolitizadoras y dinmicas representativas que permiten a los electos suplantar la voluntad popular.

Como dice Rosa Luxemburgo, la democracia real tiene la responsabilidad de desenmascarar la amarga semilla de la desigualdad social y la falta de libertad oculta bajo la dulce piel de la igualdad y la libertad formales, no para rechazarlas, sino para llenarlas de contenido y superar la escisin entre lo formal y lo real.

 

3) La democracia real celebra la diversidad democrtica del mundo.

Reconocer la diversidad democrtica requiere desaprender las formas de domesticacin poltica liberal que proclaman la centralidad del voto y la representacin como forma de participacin poltica y permiten a las lites reproducir sus sistemas de dominacin, explotacin y acumulacin. Tambin implica valorar experiencias de democracia ms all del parlamentarismo y la democracia electoral; experiencias invisibilizadas por el poder liberal de las que extraer aprendizajes para la democratizacin: los Consejos Comunales en Venezuela, las Juntas zapatistas de Buen Gobierno, los Consejos sectoriales en Brasil, la planificacin participativa en Kerala (India), el asamblearismo barrial del 15M, etc.


4) La democracia real procura formas de complementariedad democrtica orientadas a nuevos tipos de articulacin y decisin.

La complementariedad es un terreno frtil para la creacin de formas participativas de poltica e institucionalidad. Complementariedad significa encuentro, mezcla y/o articulacin social e institucional entre diferentes formas de democracia. Hay distintos tipos de complementariedad, pero para que se den es necesario legitimar la diversidad democrtica y crear espacios participativos que devuelvan el poder a la gente. Existen casos interesantes de articulacin, como el presupuesto participativo o los Consejos sectoriales en Brasil. Son formas de participacin herederas de la tradicin liberal de la ciudadana dotadas de un sentido colectivo que va ms all del liberalismo.

La articulacin de estas prcticas abre nuevos interrogantes para la teora poltica: podran llegar a ser reconocidas como pblicas/estatales las formas de democracia radical? Con qu diseos se pondran en prctica?


5) La democracia real debe contar con una amplia base de apoyo social dispuesta a defenderla permanentemente dentro y fuera de las instituciones.

La democracia real no ser un regalo de las lites. En Europa, el Estado est bajo el control de oligarquas que se han apoderado de la democracia electoral para implantar polticas de saqueo de lo pblico, explotacin y violencia. La desigualdad y la antidemocracia son hoy polticas de Estado. Por eso la democracia real tiene que ser una conquista apoyada en una amplsima (re)accin ciudadana acompaada de lucha popular y accin directa, como lo han demostrado la Marea blanca o los vecinos de Gamonal.

A menos que sean tomadas en serio por la mayora, las demandas de democracia real obtendrn resultados precarios. Es necesario difundir masivamente estas ideas para ganar la batalla del sentido comn. El futuro de la democracia pasa por este reto. En este sentido, el 15M es la infancia de una conciencia y una historia colectiva todava no escrita; una historia apenas susurrada que ha evidenciado el trgico presente de la democracia en este pas y est recuperando fragmentos de nosotros mismos milagrosamente inmunes al sistema, la desmemoria y la ignorancia. De estos fragmentos estn emergiendo un nuevo relato de nuestra historia y una renovacin de la lucha por la conquista de una democracia digna.

 

Fuente original: http://blogs.publico.es/dominiopublico/9847/una-democracia-digna-de-su-nombre-i/

Antoni Jess Aguil es Filsofo poltico y profesor del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Combra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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