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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2014

Mucho ms que una "kale borroka" burguesa
Las guarimbas en Venezuela

Luismi Uharte
Rebelin


Desde fines de enero Venezuela sufre una ola de violencia que ha provocado, hasta el momento, ms de 40 muertos y miles de millones de prdidas por destrozos de infraestructuras pblicas (escuelas, hospitales, viviendas subsidiadas por el Estado). Un recorrido por su capital durante unos das, nos permite rescatar testimonios muy valiosos que certifican que las denominadas guarimbas, parecieran una especie de kale borroka burguesa, o algo mucho peor.

Plaza Altamira. A pesar de que en la capital venezolana podemos encontrar urbanizaciones ms pudientes, no hay territorio ms simblico para la derecha criolla que la famosa Plaza Altamira. Desde que el gobierno bolivariano comenz su andadura, la tambin llamada Plaza Francia ha sido bastin de los grupos reaccionarios. Fue lugar de reunin de militares golpistas, ncleo de apoyo a los paros patronales, y hoy da, centro de encuentro de un puado de jovencitos de clase acomodada -en su mayora-, que juegan a ser rebeldes practicando la denominada guarimba, la kale borroka criolla.

En el centro de la plaza, junto a la fuente, destaca la estatua de una virgen, rodeada de fotografas de las personas asesinadas en las guarimbas de las ltimas semanas, adems de la presencia de una docena de militantes derechistas que rezan fervientemente. Sorprende la instrumentalizacin que hace la derecha de los ms de 40 muertos, tratndolos como si fueran sus muertos, teniendo en cuenta que una gran mayora fueron del bando chavista.

Pero este clima sobrecargado de religiosidad poltica se quiebra cuando vemos pasar a un chamo (joven) con una franela (camiseta) blanca, con unas letras rojas que rezan: yo tambin mat a Chvez. La crueldad del mensaje corta la respiracin, como lo hicieron en su momento otros lemas inolvidables acuados por la burguesa en tiempos de la enfermedad de Chvez, como aquel que deca Viva el cncer. Estos, se intercalan con otros ms frvolos, como los que se pueden ver en los carteles que han pegado en los troncos de los rboles: yo tambin quiero viajar a Europa, yo quiero una urbanizacin (barrio de lujo) propia o Maduro, no me llega la plata ni para hacerme las tetas.

Guarimbas . Las barricadas que se pueden ver en algunos barrios acomodados de Caracas, compuestas por unas pocas bolsas de basura cruzadas en medio de la carretera, no parecen especialmente sofisticadas, pero sin embargo parece que nadie se atreve a quitarlas. Y esto por qu? Una buena respuesta nos la dio una profesora de la Universidad Central de Venezuela. El otro da, cuando pasaba por una conocida urbanizacin caraquea le pregunt a la polica municipal (controlada por la oposicin) por qu no apartaban las barricadas de la calle y dos agentes le respondieron: Seora, tenemos que garantizar el derecho a la protesta. Alguien se imagina esta escena en las calles de Bilbao, Madrid, Berln o Londres?

Otra buena ancdota nos la proporcion una vecina del municipio de San Antonio de los Altos (cercano a Caracas), casualmente tambin gobernado por la derecha. Un da s y otro tambin menos de una docena de jovencitos y seoras mayores de clase bien, se plantan en medio de la carretera para protestar contra el rgimen, provocando atascos de varias horas en la hora punta de salida del trabajo. Esto sucede ante la mirada cmplice de la polica local, se queja nuestra testigo. Agrega adems que cuando llega la Guardia Nacional, la mayora de las veces les invita pacficamente a abandonar la va. Pero por qu tan poca contundencia por parte de la polica, preguntamos sorprendidos. Para evitar que sean sealados como represores, nos responde. El mundo al revs, como dira Galeano. No me imagino una polica tan emptica y solidaria con las causas populares en el Pas Vasco ni en Nueva York.

La otra razn fundamental por la que las barricadas no son en muchos casos apartadas es el miedo a ser disparado por un francotirador. Nos recuerdan que varios de los muertos en las guarimbas han sido asesinados de un tiro en la cabeza proveniente de las azoteas cercanas. Esto, sin duda, va ms all de una simple kale borroka.

Un periodista local nos precisa quienes son exactamente los grupos violentos que estn operando en la guarimba. Por una parte, tenemos a los ya citados niatos de clase acomodada, que juegan a la contrarrevolucin con la complacencia del latifundio meditico internacional, que por arte de magia los convierte en hroes populares contra un rgimen represivo. Por otro lado, estn los paramilitares-francotiradores, asesinos profesionales y verdaderos autores materiales de la mayora de las muertes. Finalmente, aparecen los malandros, delincuentes comunes que cobran sus honorarios por generar violencia y caos.

Acciones violentas . Como es bien sabido, cualquier grupo que prctica la violencia con fines polticos, elige sus objetivos militares previamente y en funcin de un anlisis ideolgico. Hace unas semanas, por ejemplo, los grupos que hicieron uso de la violencia contra la celebracin de la cumbre de exaltacin capitalista en Bilbao, atacaron smbolos del sistema como los bancos y las tiendas de marcas multinacionales. En Venezuela, los grupos violentos de la derecha hacen lo propio, atacando smbolos del proceso de cambio como son las nuevas universidades pblicas, los centros de salud, las viviendas de proteccin oficial, etc.

Los intentos por incendiar consultorios mdicos, incluso cuando los mdicos cubanos estaban en su interior, no solo es un rasgo de la xenofobia de estos grupos sino tambin del desprecio al nuevo sistema de salud pblico. La destruccin de varias instalaciones de la Universidad Bolivariana y el reciente apaleamiento de un estudiante de izquierdas por parte de ms de 50 militantes de derechas en la Universidad Central de Venezuela, llegando incluso a rociarlo con gasolina para intentar quemarlo vivo, es una buena muestra del salvajismo de estas bandas. La quema de una planta del Ministerio de la Vivienda y el posterior desalojo urgente de la guardera ubicada un piso ms abajo, se retrata por s sola. La caracterizacin de estos actos y de aquellos que los practican como fascistas no parece por tanto exagerada. Lo que resulta sumamente significativo es el silencio de los grandes medios internacionales.

Resulta tambin sorprendente la paciencia con la que los sectores populares estn aguantando las agresiones. Un habitante del populoso barrio de San Agustn nos asegura que cada da estn ms arrechos (molestos) con las guarimbas. Espera que con la Conferencia de Paz entre gobierno y oposicin se calme la situacin. Si no, dice, tendrn que terminar bajando de los cerros.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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