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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2014

El incendiario

Camilo de los Milagros
Rebelin


En el ltimo siglo son dos los lderes colombianos caracterizados por su virulencia, por su estilo de concebir el poder exclusivamente como proyeccin sofisticada del crimen. El primero, Laureano Gmez, un tipo empeado en baar el pas de sangre durante los aos 50, colabor funestamente en enterrar la historia colombiana en oleadas sucesivas de violencia, matanzas y arbitrariedades.

El segundo es lvaro Uribe, obsesionado a toda costa en continuar el desangre iniciado por el primero. La trayectoria vertiginosa y meterica de Uribe tiene una cualidad: quiz sea el personaje que ms alianzas con delincuentes haya hecho en Colombia, donde hay demasiados delincuentes y demasiados dispuestos a aliarse con ellos. Tiene un record inmenso.

El exitoso poltico lleva dcadas usando las herramientas institucionales y la ilegalidad, que frecuentemente son la misma cosa, para profundizar un conflicto donde el despojo es el mejor negocio de los suyos. Ingenuos quienes consideran la poltica asunto de individuos o personalidades: Uribe, el nico que super a Laureano en salvajismo, es un producto de su tiempo.

Nunca tuvo la bendicin completa de los norteamericanos, aunque lo usaron como mascota ocho aos. Cunta fidelidad de perro. Ahora el Departamento de Estado declara en pblico que colaborar en el post-conflicto e incluso que ayudar a reorientar las Fuerzas Militares para la paz. Ahora el Washington Post revela secretos desagradables del exmandatario tildndolo de vnculos con grupos ilegales. Ahora la justicia norteamericana captura y enjuicia a la sobrina y la cuada de Uribe por su largusima trayectoria mafiosa entre los carteles de Cali y Medelln. Ahora la Corte Penal Internacional escarba su responsabilidad en crmenes de lesa humanidad.

En Colombia, en cambio, sale electo senador con dos millones de votos.

El expresidente cometi un error grave de clculo al no sopesar los dilogos de La Habana como lo que son, una jugada que lo deja por fuera del escenario. Apostando al guerrerismo y la virulencia sorda con que hace campaa desde que fue gobernador de Antioquia en los 90, no consigui los resultados esperados por una razn obvia: la situacin del pas no es la misma. Con unas desproporcionadas Fuerzas Militares que ya no necesitan escuadrones paralelos, con un Estado que ha recuperado el poder para las multinacionales en amplias zonas del pas, con una ciudadana menos susceptible a esa doctrina del shock basada en el coco de la amenaza terrorista, pero sobre todo con una insurgencia ms prudente y debilitada que la del 2002, una guerrilla que por primera vez supo calcular y no se prest a la nefasta propaganda armada durante las elecciones, Uribe est sin discurso. En la capital ya no necesitan un Mesas. Hoy el caudillo aparece ante la opinin pblica como el mezquino resentido que con su posicin visceral impide la esperanza nacional, la reconciliacin, el progreso.

Ahora slo le quedan dos salidas. La primera es negociar con los dueos del pas su retiro decoroso del escenario poltico, a cambio de impunidad, como hizo Laureano Gmez cuando pact el Frente Nacional. Parece improbable esa impunidad cuando en su carrera por aferrarse al poder se magnificaron todos los escndalos y se revelan gota a gota sus canalladas, pero nuestra nacin ha perdonado a todos los criminales de cuello blanco desde Abada Mndez hasta Belisario.

La segunda, proseguir la visceralidad desesperada que lo tiene convertido ms que nunca en pistolero declarado. Uribe se torna cada vez ms peligroso para un establecimiento que ve aumentar sus beneficios sin necesidad de empearle el poder a los mafiosos. La desestabilizacin, la incertidumbre, no le conviene a nadie que no sea l bajo las actuales circunstancias.

Ciego y sordo, enfermo de violencia, lvaro Uribe no dimensiona tal encrucijada donde su figura sobra incluso dentro de sus propias filas, que gustosas recibiran un mrtir. Delirante por el poder y el culto a su odiosa personalidad, Uribe no quiere entender que de persistir en sta carrera suicida podra acabar sacrificado por esas oligarquas crueles, que ya lo desecharon como caudillo.

Con una seal macabra, de amenaza, el gobierno nacional acaba de reducirle considerablemente la escolta a lvaro Uribe Vlez. Produce miedo recordar cmo hace dos dcadas, en circunstancias similares pero bajo un gobierno muchsimo ms dbil que el de Juan Manuel Santos, el visceral hijo de Laureano Gmez comenz queriendo derrocar un Presidente y termin abaleado en una calle bogotana. Colombia es as. Se lleva por delante a los que aman la candela.

@camilagroso


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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