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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2014

De la expropiacin meditica a la recuperacin del sentido comn

Patricia Rivas
Papeles de FUHEM

Artculo escrito por encargo de la revista Papeles de FUHEM, para el especial titulado "La Gran Involucin", sobre el impacto del neoliberalismo y la deriva autoritaria que ha precedido al estallido de la crisis, publicado en el nmero 124 (febrero-mayo 2014).


El Golpe de Estado que no fue televisado

Pertenezco a una generacin marcada por la palabra Transicin y por las imgenes de la entrada del teniente coronel Tejero en el Congreso de los Diputados al grito de Quieto todo el mundo! Silencio! Todo el mundo al suelo! el 23 de febrero de 1981. Han tenido que pasar ms de tres dcadas para comprender que, mientras el rey haca el parip de rescatar la legalidad y nuestros padres suspiraban aliviados, se estaba dando otro golpe que triunf, ha vaciado de contenido no solamente el Congreso de los Diputados sino todo el ttulo I de nuestra Constitucin vigente, y ha conseguido que la palabra democracia suene a chiste de mal gusto, como sucede con todos los derechos fundamentales que se supone que nuestro Estado debe garantizar: vivienda, trabajo, salud, alimentacin, educacin informacin.

No hemos escuchado los tiros. No han tenido que ocupar militarmente la televisin, la radio y las redacciones de los peridicos. Pero lo cierto es que unos pocos muy pocos- han decidido por todos que la informacin ya no es un derecho fundamental del pblico para conocer e interrelacionar los acontecimientos de forma que le sea posible situarse frente a los temas relevantes y deliberar sobre ellos en el espacio pblico. Tampoco se entiende ya la informacin como un contrapeso imprescindible que ejercen los medios de comunicacin, los mediadores sociales, frente a los poderes polticos y econmicos, en representacin de toda la sociedad, en su deber de investigar, develar lo que se quiere ocultar y denunciar los abusos e irregularidades para velar por el cumplimiento de las leyes y el inters general.

Hoy "el pblico" en los medios hegemnicos es un objeto que se vende a los anunciantes y al que hay que seducir y entretener. Y el poder poltico, el poder econmico y la gran prensa han dejado de vivir en tensin. El gran capital impone su tematizacin, jerarquiza y traza lneas editoriales en los medios de comunicacin, sin que tenga que recurrir a la coaccin o a la censura en la mayor parte de las ocasiones. Sencillamente los medios de comunicacin comerciales son meras correas de transmisin del poder econmico, hasta unos extremos que haran temblar de consternacin a los padres de la gran prensa liberal del siglo XIX: Si Benjamin Franklin volviera de su tumba, no tardara en correr la misma suerte que Julian Assange.

En suma, nos hemos quedado sin medios de comunicacin que cumplan con el deber de brindar informacin veraz, oportuna y pertinente, algo sin lo que no es posible hablar de libertad de expresin ni de democracia. Toda la fachada liberal del edificio institucional se resquebraja. El sistema se queda sin coartadas mientras multiplica el gasto en material antidisturbios y criminaliza la protesta ciudadana.

Crisis y estado de excepcin global

Aunque no es el objeto de este artculo, considero imprescindible entender y caracterizar la crisis, porque ha modificado el escenario, a los actores y en buena medida los valores que tradicionalmente han informado la comunicacin poltica y la mediacin social. Para esbozar en qu consiste y qu es lo que ha entrado en crisis, me baso en el libro de Manolo Monereo De la crisis a la Revolucin Democrticai. Los prrafos que siguen son extractos o sntesis de algunos de sus planteamientos en ese libro esclarecedor y lcido.

Si entendemos el neoliberalismo como la contraofensiva de las clases dominantes ante la gravsima crisis econmica y de hegemona estadounidense desatada en los aos 70, y el agotamiento del capitalismo fordista-keynesiano, encontramos que este proceso de restauracin capitalista, esta contrarrevolucin neoliberal, ha tenido su centro en los Estados Unidos, que han conseguido prolongar su dominio imperial en declive financiarizando la economa. El desafo neoliberal, el nuevo rgimen monetario internacional y la globalizacin financiera tienen que ver con las dificultades de Estados Unidos para perpetuar unas relaciones de poder internacional cuestionadas desde los aos 70. Y desde los aos 80, Estados Unidos (hacia el que el sistema monetario traslada el 50% del ahorro mundial) es una economa parasitaria en decadencia, que usa su poder monetario financiero para perpetuar un sistema econmico injusto, depredador y con una huella ecolgica incompatible con la vida del planeta.

Lo que ha entrado en crisis ahora no es el capitalismo como tal, que ya estaba sumido en una profunda crisis desde los aos 70, sino la respuesta de los poderes financieros a la crisis capitalista, que tom forma desde los aos 80 con la contrarrevolucin neoliberal.

Con la crisis financiera se anudan una crisis energtica, una crisis alimentaria, una crisis de materias primas y una crisis ecolgico-social globales, en un escenario de crisis de hegemona internacional por parte de Estados Unidos. La tendencia es a su desplazamiento de la posicin de dominio econmico y poltico, por parte de potencias asiticas con China a la cabeza, pero dado su poder militar (con un millar de bases militares desplegadas por el planeta y concentrando la mitad del gasto militar mundial), este declive hegemnico puede prolongarse durante dcadas.

No es, entonces, una ms dentro del centenar de crisis financieras que hemos visto sucederse en los ltimos 20 aos (desde el efecto tequila en Mxico, 1994), sino que estamos ante una transicin sistmica, que nos sita en un estado de excepcin global, con amplios espacios del planeta donde el Derecho Internacional, los derechos humanos, estn sencillamente suspendidos.

Este panorama que retrata Manolo Monereo revela la imagen de un golpe de Estado a cmara lenta, si bien muy traumtico, que ha hecho tabla rasa de los derechos laborales y sociales conquistados en siglo y medio de luchas, dejando el terreno abonado para nuevas terapias de choque neoliberales como las describe Naomi Kleinii.

Qu ha pasado, entre tanto, con los medios de comunicacin y con el derecho a la informacin y la libertad de expresin? Por qu no nos han contado los peridicos y las televisiones este golpe de Estado que tan profundas repercusiones tiene para nuestras vidas y para nuestras sociedades? Por qu no conocemos las caras ni los nombres los responsables de la crisis?

En gran medida, porque antes de asaltar las instituciones y la Constitucin, ya nos haban dejado sin medios de comunicacin, los haban subsumido a partir de los mismos procesos de concentracin y financiarizacin que rigen en el mundo empresarial.

En una primera etapa desregularon las relaciones laborales hasta prcticamente hacer desaparecer la figura del periodista con contrato y salario para sustituirlo por el "free-lance", que para comer necesita vender sus piezas y por tanto, si quiere comer, debe ofrecerle al medio "lo que pide" el mercado (lo que a su vez conlleva una tendencia a privilegiar la banalizacin, la espectacularizacin y el sensacionalismo sobre el contexto y la profundidad analtica).

Latifundios mediticos y bancos

A partir de los aos 90, las grandes empresas de comunicacin mutaron en grandes grupos en los que las fusiones y adquisiciones, al calor de las desregulaciones en Estados Unidos y Europa, han configurado un mapa meditico concentrado y marcado por la propiedad cruzada. Los medios de comunicacin espaoles no han sido ajenos a estos procesos, en los que la banca ha adquirido una parte importante del control de su accionariado canjendolo por deuda. Podemos preguntarnos para qu quiere un banco controlar acciones de un medio quebrado como "El Pas" pero seguro que no tardamos mucho en respondernos.

Juan Pedro Masdemont sintetiza bien quines estn detrs de los grupos mediticosiii:

A travs de compras, ventas, fusiones de empresas, etc., hemos llegado a un panorama en el que un puado de conglomerados mediticos domina el mercado mundial de la informacin y la comunicacin. Se estima que en la actualidad seis grandes compaas controlan ms de la mitad del sector a nivel mundial (Time-Warner, Viacom, News Corporation, Comcast, Disney y Bertelsmann). Un escaln ms abajo se encuentran otros grandes grupos mediticos como Pearson, Sony, o los que dominan la estructura meditica en Espaa, algunos de ellos curiosamente sin tener su origen aqu (lo que por otra parte tampoco dice mucho, pues como multinacionales que son tienen sus propietarios y sus clientes repartidos por el mundo). La televisin espaola tiene en este momento, sin contar a RTVE, nicamente dos dueos: Mediaset, el grupo de Silvio Berlusconi (Telecinco, Cuatro, La Siete, Energy), y Planeta, del marqus Jos Manuel Lara Bosch (Antena3, La Sexta, Neox, Nova, Nitro tambin la enorme editorial homnima, en radio Onda Cero, y el peridico La Razn). En prensa, radio y dems encontramos tambin a Prisa (El Pas, Cadena Ser, la plataforma Digital+ ), que pertenece desde finales de 2010 al fondo de inversin Liberty Adquisition Holdings; Unidad Editorial (editora de El Mundo y Marca entre otros), que es propiedad del grupo italiano Rizzoli Corriere della Sera; Vocento (ABC y varios peridicos regionales y locales), participada por varias familias histricas espaolas como los Ybarra y los Luca de Tena junto con, entre otros, el BBVA; o el Grupo Intereconoma (La Gaceta, IntereconomaTV) del empresario Julio Ariza Irigoyen junto a otros grandes empresarios y financieros.

A partir del excelente informe grfico de la propiedad de los medios de comunicacin en nuestro pas, basado en el mapa de medios realizado por la revista "Mongolia", se pueden tirar a la basura todos los manuales de periodismo y deontologa profesional del periodista. Quien paga, manda. No hay tensin. No hay democracia.

Desalambrar la palabra: algunas tareas para la izquierda

Frente a este panorama, considero que hay varias reflexiones que todas las organizaciones y colectivos de la izquierda social y poltica deben hacerse a partir de una constatacin bsica:

La comunicacin y la informacin son aspectos centrales de la batalla poltica, social y econmica. Para que pueda emerger un movimiento de resistencias que pase en algn momento a disputar el poder para la gente, crear poder popular, es imprescindible vernos con nuestros ojos, proyectar los otros imaginarios, articular sentido comn. Eso se hace en el terreno de la comunicacin.

En la izquierda con demasiada frecuencia caemos en la tentacin de la falsa salida de denostar del periodismo, de la institucin del mediador social. Es verdad que los crteles mediticos han convertido la institucin del periodismo en una farsa, recurriendo a mentiras, falsificando imgenes, justificando golpes de Estado, ensalzando a genocidas como demcratas Ellos nos han sumido en un estado de inseguridad informativa, desinformndonos sistemticamente. La aparente pluralidad de enfoques y matices desaparece cuando estos medios abordan los temas polticos en sentido fuerte (basta con comprobar cul es la lnea que todos siguen cuando se trata de "informar" sobre Cuba o Venezuela).

Los medios alternativos han venido desenmascarando los variados mecanismos de desinformacin que operan cotidianamente en los distintos productos que nos entregan estos medios comerciales. Cuando estn en juego los intereses del poder econmico que los controla, estos medios sirven como herramientas desestabilizadoras de guerra psicolgica. Ejemplos sobran en Amrica Latina. Merece la pena hacer un seguimiento a los principales diarios de estos pases y a la Agencia EFE, agrupados en la Sociedad Interamericana de Prensa, para entender hasta dnde los medios "de prestigio" fueron puestos al servicio de la injerencia extranjera, con columnistas pagados por el Gobierno de Estados Unidos, y con una sistemtica campaa de terrorismo meditico, orientada a infundir zozobra y pnico en las mentes de los ciudadanos, con mentiras reiteradas y burdas manipulaciones, buscando preparar las condiciones de un golpe interno o una intervencin exterior.

Presentan a los verdugos como vctimas y a los pobres como una amenaza contra su "democracia". No hace falta moverse de Europa para comprobarlo. La campaa de terror informativo desatada contra la coalicin Syriza en Grecia ante la posibilidad de que se hiciera con el triunfo en las elecciones de mayo y junio de 2012, o la criminalizacin de las protestas sociales en Espaa ante la insoportable depauperacin y desahucio de millones de trabajadores a cuenta de las polticas de "austeridad" (simultneas con la amnista fiscal para los enriquecidos) ponen de manifiesto a quin sirven estos medios y cul es su medida del rigor y su deontologa cuando la lucha de clases no se deja maquillar.

Pero esta farsa, estas prevaricaciones perpetradas en nombre del periodismo por el capital financiero que los controla, no puede llevarnos a tirar el nio con la ropa sucia. En un momento como este es crucial reivindicar la informacin no mercantilizada, que rena las caractersticas que desde el punto de vista de la democracia necesita el ciudadano para poder situarse frente en la realidad social y poltica e intervenir sobre ella, participando en el espacio pblico y contribuyendo activamente a que la institucin de la "opinin pblica" (en el sentido poltico, no psicosocial) opere. Es decir, una informacin rigurosa, que no se venda como objetiva sino que reconozca sus condicionantes, que no sea neutral, sino que tome partido por los dbiles, por la justicia, por los valores y derechos consignados, por ejemplo, en la Declaracin Universal de Derechos Humanos. Que no simplifique, en la medida de lo posible, que no sea vaga y sustituya con "expertos" las voces de los protagonistas de los hechos, que vaya a buscarlos, que no fomente el prejuicio, que no estereotipice, que no desconecte sino que contextualice, que no aliene, sino que haga visibles las causas y las consecuencias, los quines y los por qus. Que conecte el pasado y el presente, y permita dibujar escenarios posibles y alternativas.

La informacin no puede ser objetiva, es importante subrayarlo porque aqu estamos ante un mantra de la teora liberal de la informacin impuesta desde las universidades de Estados Unidos en base al modelo mercantil de prensa. Lo que s nos corresponde es reclamar un periodismo que luche contra la subjetividad, que aspire a superar todos los intereses particulares que presionan hacia la desviacin de la narracin de los hechos reales para acomodarlos a la versin que interesa. El rigor, el apego a la veracidad, la tica y la honradez intelectual es lo que podemos y debemos exigir al periodista, y en este sentido hay una crtica muy seria que debemos hacernos sobre el tipo de mensajes que venimos disparando desde los medios alternativos con la excusa de la guerra informativa. No se trata, como bien ha sealado Santiago Alba, de diferenciarnos de los medios del capital diciendo lo contrario (porque no siempre mienten, y esta tcnica de espejo invertido nos pone en situaciones peligrosas y a cometer graves injusticias) sino de hacer lo contrario que ellos: no ocultar, no engaar, no velar la realidad, incluso cuando no encaje en nuestros esquemas geopolticos.

Rigor en los procedimientos de investigacin, contraste, seleccin; honradez para reconocer los condicionantes; claridad en las intenciones. Eso vendra a ser lo que diferenciara a nuestro periodismo frente a su impostura.

En segundo lugar, la informacin requiere tiempo de trabajo para su elaboracin y canales y soportes adecuados para que llegue al pblico. Hay una tendencia entre la izquierda a confiar demasiado en la capacidad de las nuevas tecnologas para multiplicar los emisores, redifundiendo piezas fragmentarias, entradas de blogs y grabaciones compartidas en la red como si eso bastara para contrarrestar el relato hegemnico, amn de sustituir la informacin que no estamos en condiciones de producir por toneladas de opiniones vertidas sobre los temas, en general aplicando una lente invertida sobre lo que presentan los medios hegemnicos.

Y lo que desde hace al menos 20 aos hacen nuestras organizaciones con demasiada frecuencia es precarizar a sus propios comunicadores, asignando exiguos presupuestos a sus medios de comunicacin (partidos, sindicatos, etc), olvidando que la informacin bien hecha es un producto muy intensivo en trabajo humano, y que debiramos darle ese valor, al menos nosotros.

Es urgente que la izquierda se tome en serio la calidad y el rigor de los mensajes que difunde. Las organizaciones que producen contenidos escritos o audiovisuales deben valorar sus medios y a sus comunicadores, garantizndoles dignidad y posibilidad de entregar un producto cada vez mejor, en lugar de condenarlos a languidecer, con jornadas extenuantes y una permanente falta de recursos.

Guerra meditica

En tercer lugar, para afrontar la guerra meditica que acompaar la guerra social y poltica en la medida en que vayamos ganando terreno, es imprescindible hacer algo ms que responder a sus mentiras, o esperar a que nos mencionen en sus medios. Es urgente articular una suerte de red alternativa de informacin, que en los momentos de conflicto es decisiva, en primer lugar para poder llevar al pblico, a la sociedad, lo que realmente est ocurriendo y los medios no muestran o lo manipulan. Pero automticamente, cuando la gente tiene que acudir a nuestros medios para informarse de acontecimientos relevantes, los medios del sistema quedan desautorizados. Podemos repetir televisin, manipulacin hasta el hartazgo: Cuando hay cientos de miles de personas en las calles de una ciudad, manifestndose, y al encender la televisin estn hablando de cualquier cosa menos de eso o no muestran las imgenes que en pocas horas ya se han regado por la red como la plvora, debido al inters objetivo de los hechos que se han querido ocultar, el ciudadano medio, hasta el menos politizado, ya no se sienta con la misma confianza ante el informativo del da siguiente. Si le han engaado una vez de una forma tan manifiesta pueden engaarle en todo lo dems.

Hasta ahora hemos vivido situaciones de conflicto ms o menos masivo, ms o menos sostenido en el tiempo, pero la guerra meditica no ha hecho sino comenzar sus primeros escarceos. Cuanto ms amenazado se siente el sistema, mayor es el dilema de sus medios, que no pueden contar la verdad, no puede dar voz a los protagonistas de las rebeldas pero sabe que si su ocultacin y su engao se evidencian, su credibilidad, y por tanto su poder sobre las conciencias, se desintegra en tiempos cortsimos.

Es vital preparar nuestras redes alternativas de comunicacin, tejer mecanismos de coordinacin con filtros y mecanismos de comprobacin de las informaciones que redifundimos. Verificar es tan importante como transmitir. Especialmente en situaciones de conflicto. Transmitir slo informaciones contrastadas por fuentes conocidas y que conozcan los hechos de primera mano. Esa ley es oro para la informacin que hacemos y para protegernos de infiltraciones y respuestas inducidas por terceros.

Tan importante como tener miles de personas en nuestras movilizaciones, es contar con salas situaciones (concentradas o no) de personas que estn haciendo seguimiento de los hechos y separando los rumores y los bulos, antes de poner a circular informaciones en nuestros canales de comunicacin. Ello presupone vnculos fsicos, no meramente virtuales, de personas/organizaciones a las que podamos contactar para contrastar aquello de lo que se tiene constancia y transmitir solamente eso.

Para ello es imprescindible la cooperacin horizontal y la complementariedad entre los distintos actores sociales dentro del movimiento popular: cooperar en lugar de solaparnos.

Nuestros medios

En cuarto lugar, debemos recuperar los medios pblicos. A los medios privados podemos denunciarlos cuando mienten, silencian y manipulan, esperando que se den las condiciones de su extincin por falta de incautos que les compren sus productos de psima calidad y alta toxicidad. Pero a los medios pblicos no podemos permitrselo. La denuncia de su manipulacin tiene que ir acompaada de una lucha ciudadana por recuperar lo pblico. Decir esto ahora parece irreal, pero los medios pblicos no son los medios del gobierno estatal o autonmico de turno. Son nuestros medios, somos sus propietarios, y son prestatarios de un servicio pblico, impuesto por ley. La derecha poltica y financiera los ha parasitado y convertido en autnticos esperpentos en muchos casos, amn de llevarlos a la ruina para ahora justificar su cierre dentro del discurso de la austeridad presupuestaria.

No podemos perder de vista que con cada medio pblico que se cierra nos estn expropiando la palabra, a la vez que aumentan el negocio de los medios privados y que es imprescindible contar con medios de comunicacin pblicos, con infraestructura, profesionales y presupuesto para poder hacer la comunicacin y la informacin que necesitamos como sociedad cuando gobiernen los nuestros.

Al respecto hay un camino recorrido por los pases latinoamericanos que han iniciado procesos de transformacin y democratizacin, adems de la trayectoria de los medios pblicos en Europa, con sus distintos modelos de financiacin y control. Es necesario hacer balance y sacar conclusiones de los aciertos y los errores, y tener claro qu modelo de radio, televisin y prensa pblica defendemos, y qu errores no podemos repetir.

En quinto lugar, necesitamos poner en pie medios alternativos de calidad y que puedan sostenerse al margen de la financiacin privada o estatal. Es ms fcil escribirlo que hacerlo, pero es imprescindible.

Los medios alternativos que tenemos son extremadamente inestables y reducidos, y su existencia responde ms a militancias heroicas y obstinadas que a una lgica de crecimiento y fortalecimiento que acompae al conflicto social.

Es una gran paradoja. Los acontecimientos nos estn dando la razn. Est ocurriendo lo que desde la izquierda llevamos diciendo que era inevitable durante el espejismo del crecimiento en la cultura del pelotazo y de las burbujas especulativas. Sin embargo, no estamos a la ofensiva, y no tenemos cmo desmontar su versin del cuento y cantarles unas verdades que nunca han sido ms evidentes y ms dolorosas.

En este momento, los medios alternativos son vitales para poder resistir. Es una pelea por lo esencial: la salud, el trabajo, la vivienda, la educacin de nuestros hijos la vida. Tenemos que poder llegar a los espacios pblicos con nuestros relatos y nuestra visin del mundo. Tenemos que poder comunicar nuestras alternativas y propiciar un clima de entendimiento y una base comn de conocimientos para favorecer procesos unitarios, radicalmente democrticos, que levanten desde la base alternativas de poder (no solamente institucional, que tambin).

Y el da de maana, segn les vayamos desalojando de los espacios de poder y nuestros proyectos y referentes se vayan inevitablemente institucionalizando, necesitaremos, ms que nunca, medios alternativos firmes, que mantengan la tensin con los poderes, aunque manden los nuestros. Al respecto, de nuevo, hay aprendizajes que podemos hacer de lo que viene sucediendo en pases como Venezuela o Ecuador con los medios pblicos y alternativos, y cmo es su relacin con el poder poltico, porque se aprende mucho de las dificultades y los errores. La libertad se ejerce en el espacio del desacuerdo, y no hay proceso de transformacin radical que avance sin debate. Cuando las tensiones se resuelven en falso, y desde nuestros medios se empieza a ocultar lo incmodo, a silenciar las voces disonantes de los sectores populares, lo que se hace es asfixiar, mutilar, y debilitar la revolucin. De nuevo, la exigencia tica, la tensin entre los valores que propugnamos y nuestra prctica cotidiana.

Se trata de construir y fortalecer una cultura poltica nueva, al tiempo que luchamos, en la trinchera comunicacional como en cualquier otra. Las ideas de ayer sirven, repotenciadas, reactualizadas, enriquecidas con la experiencia y el conocimiento de la realidad, contaminadas con otros lenguajes y otras experiencias de lucha. Pero los mtodos de ayer no sirven. Cmo sean nuestros medios depender de nuestro nivel de democracia interna, de nuestra calidad humana y nuestra altura tica. Puede sonar difcil, pero estamos en mejores condiciones que nadie, en mejores condiciones que nunca, para desalambrar el espacio pblico y llenarlo de voces con razones, llenarlo de sentido comn, para que sea posible la poltica.


Notas:

iMonereo, M. De la crisis a la Revolucin Democrtica. Ed. El Viejo Topo. Barcelona, 2013.

iiKlein, N. La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Ed. Paids. Barcelona, 2007.

iii Masdemont, J.P. Qu son los medios de comunicacin ATTAC, julio de 2013 (http://www.attac.es/2013/07/26/que-son-los-medios-de-comunicacion/).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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