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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2014

La Izquierda, el sentido comn y el cristianismo

Carlos Fernndez Liria y Luis Alegre Zahonero
Revista Exodo


La verdad es que la idea de que la pequea propiedad evoluciona hacia el capitalismo es un retrato exacto de lo que prcticamente no sucede nunca (...) El capitalismo es un monstruo que crece en los desiertos.

G.K. Chesterton.


El pasado 22 de marzo llegaron a Madrid las llamadas marchas de la dignidad, dando lugar a una de las concentraciones ciudadanas ms masivas de la historia de la democracia. No cabe duda de que ese clamor popular reclamaba ante todo un cauce poltico que, sin embargo, no se acaba de encontrar. Se acumula indignacin, rabia y desesperacin. Mucha energa que anda a la bsqueda de un procedimiento para plasmarse en alguna realidad capaz de dar un vuelco a este panorama poltico de pesadilla. El FRENTE CVICO y PODEMOS lo han intentado. No sabemos lo que ocurrir con estas iniciativas o con otras semejantes. Tarde o temprano alguna de ellas cuajar y cambiar radicalmente el espectro poltico del bipartidismo. Mejor sera temprano que tarde, porque, de lo contrario, el fascismo podra tomar la delantera y hacer a su manera lo que la izquierda no supo hacer.

Sinceramente, yo no tengo ninguna buena idea 1 . Estas lneas no pueden tener otro sentido que el de mostrar mi admiracin y mi agradecimiento por todas y todos los que se estn dejando la vida en el intento. La solucin no va a llovernos del cielo. Los que estn intentando articular una respuesta poltica slida y eficaz, pueden equivocarse y pueden fracasar una y mil veces, pero estn haciendo lo que hay que hacer.

Quera slo llamar atencin sobre dos peculiaridades de la encrucijada poltica en la que nos encontramos. Se trata de un momento crtico muy peculiar, en el que, por un lado, lo tenemos ms difcil que nunca y, por otro, ms fcil que nunca.

Empecemos por lo difcil. Lo tenemos difcil porque, desde los aos 80 y ahora ms an con la crisis econmica, los poderosos ms ricos del planeta han pasado a la ofensiva y han emprendido una revolucin. S, ahora los revolucionarios son ellos; son ellos los que estn dispuestos a acabar con todas las instituciones que sostienen la vida humana dentro de unos cauces normales de decencia y dignidad. Ni el nihilismo anarquista ms radical haba llegado nunca tan lejos. Con tal de de salvar los intereses de un capitalismo financiero de casino, estn dispuestos a convertir este planeta en un desierto, a matar de hambre a la mitad de la poblacin mundial, especulando en el mercado de los alimentos ms bsicos, a demoler todas y cada una de las conquistas que las luchas revolucionarias de dos siglos han ido plasmando en eso que se llama el Estado de Derecho (que no es algo que nadie nos hayan regalado, sino algo que es sin duda muy precario y muy imperfecto, pero que ha sido arrancado a los poderosos con mucha lucha, mucha sangre y muchos muertos). En suma, la revolucin de los ricos contra los pobres est amenazando todo lo que podramos llamar civilizacin. Y lo tenemos, por tanto, muy difcil, porque -como deca el magnate Warren Buffet- estos salvajes revolucionarios van ganando y podramos decir que van ganando por goleada.

Sin embargo, al mismo tiempo, lo tenemos ms fcil que nunca. Y esta es nuestra gran oportunidad. Porque ahora que los revolucionarios suicidas, nihilistas y salvajes son ellos, ahora que son ellos los terroristas, nosotros podemos empezar a defender cosas muy de sentido comn. Las marchas de la dignidad se aproximaron a Madrid con reivindicaciones muy elementales y comprensibles: NO AL PAGO DE LA DEUDA; PAN, TRABAJO Y TECHO; NI UN RECORTE MS.

Es ms: en esta situacin revolucionaria en la que nos encontramos, nosotros podemos incluso aprovechar parar volvernos muy conservadores. El hombre no puede rebelarse si no es conservador -deca Chesterton-, al menos tan conservador como para haber conservado alguna razn para rebelarse. Cambiar siempre es un riesgo y los cambios revolucionarios son, para la mayor parte de la gente, un riesgo demasiado grande. Por eso la izquierda siempre tuvo muy difcil extender su hegemona entre la poblacin. Pero ahora que los revolucionarios son los ricos ms poderosos, la izquierda puede muy bien trabajar por el sentido comn. Merece la pena conservar la escuela pblica, la sanidad pblica, el derecho a una pensin, a una vivienda, a un trabajo. Podemos, ante todo, insistir en que hay cosas en este mundo muy merecedoras de ser conservadas . Por ejemplo, hay una cosa que hay que conservar a cualquier precio, una cosa que es tan importante que vale ms que la propia vida: la DIGNIDAD. Porque sin dignidad no merece la pena vivir. Los hombres no quieren conservar la vida a cualquier precio. Por encima de la vida, quieren, ante todo, conservar aquello que hace a la vida digna de ser vivida. Por eso, las marchas de la dignidad no podan haber encontrado un nombre mejor.

Esto nos tiene que hacer recordar que en la izquierda, seamos comunistas, anarquistas, anarcosindicalistas, trotskistas, maostas o del frente judaico de liberacin, ante todo siempre hemos sido luchadores por un orden poltico de la dignidad: lo que la filosofa llam un orden republicano, en el que los individuos sean libres, iguales y fraternos. Es decir, ciudadanos independientes civilmente, que no tengan que pedir permiso a nadie para existir con dignidad. Desde luego, para cumplir este ltimo requisito -que es precisamente lo que exiga la idea de fraternidad, ya que se trataba de dejar de depender de cualquier tipo de padre, amo o seor-, hacen falta condiciones materiales de existencia, precisamente esas condiciones materiales que el capitalismo destruy e imposibilit, al expropiar a la poblacin de sus medios de produccin 2 . De ah que, segn pensamos algunos 3 , cualquier proyecto polticamente republicano, se ve inevitablemente forzado a ser anticapitalista. Y entonces, en efecto, la radicalidad de los medios contrasta con la posible moderacin de los objetivos. Somos antisistema para salvar un sistema, el sistema republicano del sentido comn poltico ms elemental. Somos radicales anticapitalistas para poder ser conservadores y reformistas.

He nombrado antes a PODEMOS y al FRENTE CVICO porque creo que son dos iniciativas polticas que han entendido perfectamente el problema. Podramos decir, incluso, que los tiempos han demostrado que, en realidad, quien siempre ha tenido razn desde hace ya tres dcadas ha sido Julio Anguita, el nico poltico de izquierdas, por cierto, que ha tenido en este pas posibilidad real de ganar alguna vez las elecciones (y bien que se empecinaron en impedirlo desde el grupo PRISA). No hay que inventar la plvora, nos deca Anguita ya en los aos ochenta. Bastara, nos bastara a las izquierdas, con obligar a que se cumpliera la Constitucin. No recordamos lo que siempre se le contestaba, desde el PP y el PSOE? Yo no creo que la Constitucin diga lo que dice el seor Julio Anguita... porque, sabe usted?, si dijera lo que l dice, entonces s pienso que habra que cambiarla. Pues s, en efecto, al final, la han cambiado, y lo hicieron durante el mes de agosto de 2012, con nocturnidad y alevosa, en un pacto de criminales del PP y del PSOE que blind el pago de la deuda frente a cualquier decisin soberana de la democracia.

Las potencialidades de esta nueva alianza de la izquierda con el sentido comn son inmensas. Entre otras cosas porque ello permite replantear un dilogo que yo siempre he considerado fundamental: el dilogo con el cristianismo y, sobre todo, con el catolicismo. Es asombroso el modo en que la izquierda regal siempre sus mejores armas al enemigo. Luis Alegre y yo hemos insistido mucho en ello. El mayor error del marxismo fue empearse en que el derecho, la ciudadana, la divisin de poderes, el parlamentarismo, etc., todo el andamiaje, en suma, de lo que llamamos Estado Moderno, no era otra cosa que la otra cara de la moneda de aquello que se pretenda combatir: el capitalismo. Todo la constelacin poltica y conceptual del proyecto republicano se convirti as en una realidad superestructural necesariamente ligada al pensamiento burgus o pequeoburgus. Un negocio brbaro: de este modo, se regalaba al enemigo el cuerpo conceptual polticamente ms irrenunciable de la historia de la humanidad, y el marxismo se abocaba, en cambio, a inventar la plvora, instituyendo algo mejor que la ciudadana, algo ms imaginativo que el parlamentarismo, algo ms autntico que la democracia, algo ms creativo que el derecho. Al final, en lugar de una repblica de ciudadanos, tenamos siempre algo as como un rgimen de camaradas, supuestos hombres nuevos, atletas morales militantes del Partido. No me interesa ahora comentar -como ya he hecho tantas veces- el desastre poltico en el que siempre consiste este experimento. El derecho es la nica escalera que ha inventado el ser humano para elevarse por encima de la religin. Si se pretende dar un paso ms alto, subiendo un peldao ms por encima del derecho, te das de narices con el suelo. El culto a la personalidad, una nueva religin artificial, fue el resultado inevitable.

Ahora bien, entre los increbles patrimonios que la izquierda regal tan alegremente al enemigo, destaca, sobre todo, uno muy especial: el cristianismo. Puestos a acabar por inventar una religin puramente voluntarista y artificial, uno se pregunta si no habra sido ms sensata una alianza seria con una autntica religin. El derecho es racional, pero la razn no moviliza a la gente. La religin quizs sea irracional, pero es capaz de mover montaas. Este dilema lo plantearon, ya en 1795, los jvenes Hegel, Schelling y Hlderlin, en ese famoso escrito conjunto que se conoce bajo el ttulo de Programa. Mientras la razn no sea mitolgica ningn inters tendr para el pueblo. Mientras la mitologa no sea racional, el filsofo tendr que avergonzarse de ella. Necesitamos -decan- una mitologa de la razn o una razn mitolgica. Desde luego, este programa poltico puede interpretarse de maneras muy diversas y ahora no voy a extenderme en sus muchos peligros 4 . En todo caso ese diagnstico del problema responde a una realidad: el pueblo no se moviliza con razonamientos, sino con mitos. As pues, la derecha debi de frotarse las manos satisfecha al ver que la izquierda le regalaba tan alegremente el arma ms poderosa que jams se haya inventado para movilizar a la poblacin. Uno poda ser de derechas y conservar su religin. A la izquierda se le peda, en cambio, el ms difcil todava: movilizar a la gente desde el atesmo.

La cosa resulta an ms insensata si se piensa en concreto en el cristianismo, que es una religin que, al fin y al cabo, se lo pona muy fcil tanto a la izquierda como a la Ilustracin en general. Despus de todo, el hecho de que Jess fuera caracterizado como el lgos hecho carne poda ser ledo ya como un pacto originario con cualquier forma de Ilustracin. Ya no slo es que la propia figura de Jess en los evangelios resulte ms bien simptica para el pensamiento de izquierdas. El asunto es que Jess, al resumir todos los mandamientos en el amars al prjimo como a ti mismo, haba dado en el clavo con lo que podramos considerar una versin mitolgica de la forma misma de la razn. Obra siempre tratndote a ti mismo como si fueras cualquier otro . La Verdad nos obliga a reconocer que lo que estamos diciendo lo diramos igual si fusemos otro, pues el teorema de Pitgoras no es distinto para los esclavos que para los ciudadanos, para los griegos que lo persas. La Justicia nos obliga a reconocer que lo que pretendemos hacer lo haramos igual si fusemos otro, pues no lo hacemos por ser ricos o pobres, hombres o mujeres, espartanos, atenienses o persas, sino porque es justo. Ante la Belleza sentimos que estamos sintiendo lo mismo que el otro, que cualquier otro. Por eso no nos conformamos con decir que nos gusta, sino que decimos con espectacular osada, que es bello, hablando as, no de nosotros, sino de la cosa misma. Verdad, Justicia y Belleza nos sitan en el lugar de cualquier otro. Ante la verdad nos sabemos iguales, porque no podemos evitar que un esclavo deduzca el teorema de Pitgoras al igual que nosotros. Ante la Justicia, nos sabemos libres, porque sabemos que nuestro acto no es imputable, no es un mero efecto de las circunstancias, no se limita a depender de que seamos ricos o pobres, hombres o mujeres, griegos o persas. Un acto que no depende de nada es, precisamente, un acto libre. Ante la Belleza nos sentimos fraternos, porque sentimos que estamos sintiendo lo mismo que el otro, algo as como cuando hacemos el amor, que no sabemos si sentimos en nuestro cuerpo o en el del otro. Ante una puesta de sol es un poco como si estuviramos haciendo el amor con la humanidad entera. Libertad, Igualdad, Fraternidad, son, por tanto, la consecuencia poltica inevitable de una conocida trada platnica que, en resumidas cuentas, no hace otra cosa que despejar esa incgnita a la que llamamos razn. No es fcil saber lo que es la razn. Ser, en todo caso, ese lugar desde el que se ven la cosas a la luz de la Verdad, de la Justicia y de la Belleza. Pero, as iluminado, el mundo se estremece y se agita inevitablemente con tres tensiones polticas: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Podemos hablar, actuar y sentir desde el lugar de cualquier otro . Este es el origen del impulso de cualquier posible Ilustracin de la humanidad. Y consiguientemente de cualquier programa poltico que luche por ese orden poltico irrenunciable -al que llamamos repblica- en el que los legislados sean al mismo tiempo los legisladores.

Forzoso es reconocer que el cristianismo, nos haba puesto las cosas bastante fciles para dotar de carne y de sangre este proyecto. Al plantear una encarnacin del lugar de cualquier otro bajo el signo del amor, se puede decir que el cristianismo prestaba a la razn toda la energa de la religin. Siempre hubo quien lo entendi as, por supuesto. Pero no fueron los que ganaron la batalla en las jerarquas de la Iglesia catlica. Tambin hubo marxistas que lo vieron con claridad, ya en el siglo XX. Asimismo, existi y existe una cosa que se llama teologa de la liberacin. La mejor prueba de que ah se estaba jugando algo muy importante fue que la CIA tuvo que dedicar recursos inconmensurables a financiar y potenciar el evangelismo, en un intento desesperado -que finalmente, por desgracia, ha resultado exitoso- de contrarrestar el auge impresionante de la llamada iglesia de los pobres. Tambin la propia jerarqua de la Iglesia catlica -aliada con los poderes financieros mundiales- tuvo que poner manos a la obra para extirpar de su seno este germen de cristianismo tan comprometido polticamente. El papa Woytila y el futuro Benedicto XVI (el cardenal Ratzinger) fueron implacables en esta cruzada antimarxista (o, quizs se podra decir, sencillamente anticristiana, porque los caminos del Anticristo tambin son inescrutables).

Esto, por supuesto, no significa que la izquierda debera haber establecido una alianza con las altas jerarquas catlicas. Pero s que no debera haberse desentendido de este campo de batalla. Habra que haber plantado cara en el interior mismo de la Iglesia. Es una insensatez haber regalado al enemigo la mayor organizacin de masas de la historia de la humanidad occidental.

El potencial proselitista del cristianismo es, adems, impresionante. Algo que debera haber resultado al marxismo de lo ms interesante. No estoy seguro de en qu consiste el potencial proselitista de otras religiones, como, por ejemplo, el islam, pero siempre me ha parecido que el cristianismo tena truco, que -podramos decir- apostaba sobre seguro. Los misioneros, al predicar un mandamiento que dice amars al prjimo como a ti mismo no estaban, en realidad, exponiendo ningn contenido confesional: estaban predicando la forma misma de la razn . Y cualquier pueblo de la tierra pretende tener razn . De modo que, al pretender tenerla, todos los pueblos daban en el fondo, a priori , la razn al misionero (siempre que no viniera acompaado, naturalmente, del traficante de esclavos). Las conversiones masivas estaban aseguradas, sin necesidad de la espada (ms bien se puede decir que acontecan, muchas veces, a pesar de la espada). As pues, resulta muy fcil volverse cristiano (lo difcil, ms bien, es ser un buen cristiano).

Esto era tanto ms cierto an en virtud de la inmensa receptividad politesta del catolicismo, el cual, ataviado con una legin de santos para todos los gustos, era virtualmente capaz de cualquier sincretismo religioso. La comunidades indgenas latinoamericanas, por ejemplo, han escogido a la carta su santo patrn, fusionando sus dioses ancestrales con el santoral catlico. La sensatez de la teologa de la liberacin al respecto debera valer como una leccin de primer orden para la izquierda. Los prrocos, los sacerdotes de a pie, los cristianos de base, comprendieron perfectamente que lo de menos eran los smbolos en torno a los cuales se movilizaran los pueblos, con tal de que siempre estuvieran claros los principios. En efecto, la gran plasticidad del catolicismo para la construccin de identidades contrasta con la rgida inflexibilidad sectaria de la izquierda.

Lo que, a mi entender, han intentado hacer iniciativas polticas como PODEMOS o como el FRENTE CVICO, sea cual sea al final el resultado, es lo que haba que hacer. La izquierda no tiene que pedir lo imposible, como rezaba el famoso lema de mayo del 68. Lo que es imposible es que podamos seguir aguantando este mundo absurdo y criminal, en el que, por ejemplo, se desahucian familias de sus casas al mismo tiempo que se mantienen millones de casas vacas. Lo que es imposible de soportar es vivir en un mundo en el que el capital financiero puede especular con los precios de los alimentos -como antes especul con la vivienda- creando una burbuja que matar de hambre a millones de familias. Lo que es imposible, incluso, es que el equilibrio ecolgico de este planeta pueda resistir un ritmo de crecimiento como el exigido por el capitalismo. Frente a la utopa suicida del capitalismo, lo que hay que reclamar es un poco de sensatez. Basta, en efecto, poner la Declaracin de derechos humanos sobre la mesa y preguntar con suficiente energa por las condiciones materiales que sera preciso poner en juego para que se cumpliera. Son los capitalistas y sus espadachines a sueldo los que hoy piden la Luna, no nosotros.

En verdad, el lema de la imaginacin al poder significa hoy en da lo contrario de lo que se plante en el 68. Podemos pararnos un momento a reflexionar en el asunto si traemos a colacin el concepto de desnivel prometeico de Gunther Anders. Este gran filsofo utiliz esta expresin, desnivel prometeico, para nombrar la enorme desproporcin que existe actualmente entre lo que podemos hacer tcnicamente y lo que somos capaces de imaginar y de vivir emocionalmente. Esta desproporcin es ya tan grande que entre nuestra voluntad y nuestros actos se abre un abismo sin fondo. Parafraseando a Anders: en la actualidad es imposible saber lo que ests haciendo cuando haces lo que haces. Que llamar por el mvil tenga alguna oscura y misteriosa relacin con el trfico de coltn en el centro africano y con una guerra genocida que ha provocado ms de una decena de millones de muertos, implica pensar en una serie causal que la imaginacin humana, sencillamente, es incapaz de recorrer. En palabras de Anders, en estas condiciones, es como si el hombre se hubiera convertido en un analfabeto emocional. La imaginacin es incapaz de hacerse cargo de lo que la complejidad tcnica del mundo pone en juego. Estrictamente hablando en un sentido kantiano, el problema es tan grave que exigira, en orden a hacer justicia a una reformulacin contempornea del imperativo categrico, reescribir la Crtica del razn prctica sobre la base de que toda la tpica del juicio prctico se hubiera vuelto imposible. Pues, en efecto, ah donde la imaginacin fracasa, lo que se vuelve imposible es el esquematismo de la razn prctica, es decir, la posibilidad misma de ejemplificar los mandatos morales. Por supuesto que este problema es tambin el que verdaderamente se juega en el fondo de la temtica arendtiana de la banalidad del mal. As pues, podramos desembocar en un naufragio inevitable y definitivo de la razn prctica en las condiciones tcnicas contemporneas, sino no fuera porque, como valientemente defiende Anders, es posible reformular el imperativo categrico en el sentido siguiente: obra de tal manera que tu imaginacin no fracase. Se trata, en realidad, de una reformulacin sorpresiva e inesperada del famoso lema sesentaiochista de la imaginacin al poder. Si hay que dar el poder a la imaginacin no es, en este sentido, por lo que esta facultad tiene de desbordante creatividad ilimitada, sino, ms bien, por todo lo contrario: porque su tozuda limitacin, su esculida finitud, se corresponde polticamente muy bien con los lmites de la condicin humana que nos proponemos preservar. Frente a un mundo desbordante en el que, como dira Lacan, todo es posible, la imaginacin humana tiene que ser un ancla y una inercia: la posibilidad de un mundo a la medida de la finitud del ser humano. No hagas nada que desborde los lmites de lo que tu imaginacin es capaz de concebir es lo mismo que comprometerse con un mundo que est hecho a la medida de ese ser chapucero, finito y modesto que es -como toda los trabajos etnogrficos han venido a corroborar- el ser humano.

Aunque yo dira que, an mejor que Gunther Anders o Hannah Arendt, la teologa de la liberacin acert de lleno en el blanco al crear el concepto de pecado estructural. Vivimos un mundo en el que las estructuras matan con mucha mayor eficacia y crueldad que las personas. Es absurdo, por tanto, poner el acento en la maldad o el pecado como un asunto exclusivamente personal. P or muy complejo que se haya vuelto en este mundo distinguir el bien del mal, hay una cosa que seguro que es mala: el hecho mismo de que exista un mundo as. Si vivimos en un mundo en el que es imposible saber qu es lo que realmente ests haciendo cuando haces lo que haces, entonces es que vivimos en un mundo muy malo. El lema de los movimientos antiglobalizacin otro mundo es posible, otro mundo tiene que ser posible se convierte entonces en un imperativo tico insoslayable. Es insoportable vivir en un mundo en el que basta meter los ahorros en un fondo de pensiones para tener que preguntarte con cuntas ignominias y matanzas ests colaborando sin saberlo.

Como ya he dicho otras veces5, creo que el concepto ms interesante que se forj en la reflexin tica y moral del siglo XX fue el concepto de pecado estructural. Hay que recordar que, mientras que un buen puado de curas y monjas se jugaban la vida luchando contra dictaduras terribles e intentando cambiar este mundo injusto, la filosofa acadmica estaba intentando descifrar a Derrida o dndole vueltas y vueltas al insondable misterio que ellos llamaban el dilema del prisionero, algo as como que si todo el mundo se comporta como un autntico hijo de puta, de todos modos, el resultado, incomprensiblemente, no es el mejor de los posibles. La teologa de la liberacin, en cambio, se enfrent a un problema de primer orden: en este mundo las estructuras son peores que las personas. Por mucho mal que se empee en hacer un individuo, siempre resultar un pattico Fu-Man-Ch comparado con el cotidiano y rutinario genocidio estructural de la globalizacin. Cuando las estructuras son inmorales, la cuestin moral es qu responsabilidad tenemos respecto a las estructuras. En un mundo en el que las estructuras violan los mandamientos con una eficacia colosal e ininterrumpida, es inmoral limitarse a respetar los mandamientos y las estructuras. Lo resuma as en el citado artculo: La verdadera cuestin moral es qu responsabilidad tenemos en que determinadas estructuras perduren y qu estara en nuestra mano hacer para sustituirlas por otras. Es obvio que eso pasa por la accin poltica organizada y no por el voluntarismo moral que intenta intilmente apartarse de la maquinaria del sistema. No es a fuerza de no mover las fichas o de moverlas lo menos posible como se consigue dejar de jugar al ajedrez, si eso es lo que se pretende. Para dejar de jugar al ajedrez y comenzar a jugar al parchs hay que cambiar de tablero. Si no, lo nico que se logra es perder el juego, y el juego del ajedrez, no del parchs. No s si se capta el mensaje: vivimos en un mundo tan inmoral que no tiene soluciones morales, aqu no valen ms que soluciones polticas y econmicas muy radicales. Y la nica cuestin moral relevante que todava tenemos sobre la mesa es la de qu tendramos la obligacin de estar haciendo polticamente para que el mundo dejara de jugar en este tablero econmico genocida. La cuestin no es la de si puedo llamar menos por el mvil para participar lo menos posible en la matanza centroafricana que ha provocado el trfico de coltn. La cuestin es cmo y de qu manera atacar los centros de poder que la generan. Mi responsabilidad en la matanza no es la de llamar por el mvil. Mi responsabilidad es la de aceptar vivir en un mundo en el que llamar por el mvil tiene algo que ver no s con qu guerras en el continente africano. Es el mundo lo que es intolerable, no nosotros. Pero s es intolerable que aceptemos de brazos cruzados un mundo intolerable.

Creo que la izquierda anticapitalista deba de haberse tomado muy en serio esta oportunidad de oro que le llova desde las filas del cristianismo. Porque lo que se le brindaba en bandeja no era slo el concepto ms interesante de la reflexin tica del siglo XX. Se le estaba ofreciendo la posibilidad de una movilizacin masiva capaz de fundir la energa popular del cristianismo con un planteamiento poltico que se enfrentaba a las estructuras ms profundas del capitalismo.

Como yo no soy especialmente cristiano, no insistir mucho en ello. Pero creo que debera formarse algo as como un Crculo Cristiano de PODEMOS, capaz de explicar a la poblacin que si este mundo es intolerable para la razn, con mayor motivo lo es para el cristianismo.

(Este artculo ha sido publicado en la revista Exodo, n 123, abril 2014, www.exodo.org)

Notas:

1 Este artculo, pensado y elaborado por los dos autores firmantes, est redactado en primera persona por Carlos Fernndez Liria por una cuestin meramente retrica.

2 Me he ocupado del asunto de la fraternidad en mi libro Para qu servimos los filsofos?, La Catarata, 2013. Para una lectura republicana de Marx, cfr. Fernndez Liria, C. y Alegre Zahonero, L.: El orden de El Capital, Akal, 2012.

3 Cfr. en esta misma revista, mi artculo Comunismo para la ciudadana (xodo, n 119 junio 2013).

4 Me he ocupado de ello en varios sitios, por ejemplo, en Geometra y Tragedia (Hiru, 2002), en el captulo titulado La lgica del exterminio.

5 Cfr. Los diez mandamientos del siglo XXI, El viejo Topo, n 251, diciembre 2008.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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